28/10/10

Cayendo en el abismo


Paul Krugman

Esto es lo que sucede cuando uno necesita saltar sobre un abismo económico –pero uno no puede o no quiere saltar lo suficiente, así que solo cubre la mitad del espacio.

Si en las elecciones de la próxima semana a los demócratas les va tan mal como se espera, los expertos se apresurarán a interpretar los resultados como un referéndum en ideología. El presidente Obama se fue demasiado a la izquierda, dirá la mayoría de ellos, a pesar de que su actual programa –un plan de servicios de salud muy similar a propuestas republicanas anteriores, un estímulo fiscal que consistió principalmente en reducciones de impuestos, ayuda a los desempleados y a estados en apuros— era más conservador que su plataforma de campaña.

Unos pocos comentaristas señalarán, con mucha más justicia, que el señor Obama nunca se comprometió por completo con políticas progresistas, que constantemente disminuyó su propio mensaje, que estaba tan preocupado por haber puesto nerviosos a los banqueros que terminó olvidando la ira popular y cediendo ante la derecha.

Pero la verdad es que si la situación económica fuera mejor –si el desempleo hubiera disminuido sustancialmente durante el último año— no estaríamos discutiendo esto. En su lugar, estaríamos hablando de modestas pérdidas demócratas, no más que lo acostumbrado en unas elecciones parciales.

Entonces, la verdadera historia de estas elecciones es la de una política económica que no funcionó. ¿Por qué? Porque era muy inadecuada para el problema.

Cuando el señor Obama tomó posesión, heredó una economía en graves apuros –más graves, al parecer, de lo que él o sus principales asesores económicos comprendían. Ellos saben que Estados Unidos está en medio de una grave crisis financiera. Pero no parece que hayan aprendido la lección de la historia, que a las grandes crisis económicas normalmente sigue un prolongado período de muy alto desempleo.

Si se mira en retrospectiva al pronóstico económico que originalmente se usó para justificar el plan económico de Obama, lo que llama la atención es el optimismo del pronóstico acerca de la capacidad de la economía para curarse a sí misma. Incluso sin su plan, los economistas de Obama predijeron que la tasa de desempleo llegaría a un máximo de 9 por ciento y luego disminuiría rápidamente. El estímulo fiscal era necesario solo para mitigar lo peor –como un “paquete de seguro contra el fracaso catastrófico”, como se dice que escribió al presidente electo en un memorándum Lawrence Summers, más tarde el principal economista de la administración.

Pero las economías que han experimentado una grave crisis financiera, generalmente no sanan rápidamente. Del Pánico de 1893 a la crisis sueca de 1992, pasando por la década perdida de Japón, a las crisis financieras les han seguido consistentemente largos períodos de penuria económica. Y eso ha sucedido incluso cuando, como en el caso de Suecia, el gobierno actuó rápida y decisivamente para arreglar el sistema bancario.

Para evitar esta suerte, Estados Unidos necesita un programa mucho más fuerte de lo que en realidad obtuvo –un aumento modesto del gasto federal que apenas alcanzó para compensar las reducciones a niveles estatal y local. Esta no es una retrospectiva 20-20: lo inadecuado del estímulo era evidente desde el mismo inicio.

¿Pudo haber obtenido del Congreso un mayor estímulo la administración? Incluso si no lo hubiera logrado, ¿estaría en mejor situación para proponer un plan mayor, en vez de pretender que lo que había obtenido era suficiente? Nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que lo inadecuado del estímulo ha sido una catástrofe política. Sí, las cosas están mejor de lo que hubieran estado sin la Ley para la Recuperación y Reinversión Norteamericana: la tasa de desempleo probablemente ahora estaría cerca del 12 por ciento si la administración no hubiera obtenido la aprobación a su plan. Pero los electores responden a los hechos, no a los que hubieran sido, y la percepción es que las políticas de la administración han fracasado.

La tragedia en esto es que si los electores dan la espalda a los demócratas, en realidad estarán votando para que empeoren las cosas.

Los resurgentes republicanos no han aprendido nada de la crisis económica, excepto que hacer todo lo que pueden por socavar al señor Obama es una estrategia política ganadora. Las reducciones de impuestos y la desregulación siguen siendo el alfa y omega de su visión económica.

Y si se apoderan de una o de ambas cámaras del Congreso, den por seguro una completa parálisis de políticas –lo cual significará, entre otras cosas, la eliminación de la ayuda desesperadamente necesaria para los desempleados y una congelación de la ayuda adicional a los gobiernos estatales y locales. La única pregunta es si también tendremos o no caos político, con los republicanos paralizando al gobierno en algún momento durante los próximos dos años. Y las probabilidades están a favor de que suceda.

¿Hay esperanzas de un mejor resultado? Quizás, solo quizás, los electores lo pensarán dos veces antes de entregar otra vez el poder a la gente que nos metió en estos problemas, y una presencia republicana en las urnas menor de la esperada daría al señor Obama una segunda oportunidad para arreglar la economía.

Pero en estos momentos parece como si el intento demasiado cauteloso de saltar sobre el abismo económico ha quedado corto –y estamos a punto de caer hasta el fondo.

Fuente: The New York Times http://www.nytimes.com/2010/10/25/opinion/25krugman.html?_r=2&hp