20/9/10

Una explicación Derecha de la Izquierda

Manuel Felguérez (México) Leda

Eduardo Zeind Palafox
"El amor, que nace del amar como el placer, / se instala en mi corazón, / y crea una nueva persona partiendo del deseo": Guido Cavalcanti
La palabra es la cosa más bella y más confusa que existe. Para que una palabra tenga un significado, antes hay que aclararla, hay que pulirla, comprenderla y quererla. La palabra Izquierda jamás ha gozado de nuestro amor. ¿Por qué? Tal vez porque la mayor parte de la población es diestra. Pocos son los zurdos. A nosotros, los diestros, nos parece que la mano izquierda es un simple adorno. Pero se nos olvida que con la zurda se tiran jabs, que son los golpes más importantes en el box. Con la izquierda ceñimos la cintura de nuestra amada en los bailes. Con el cuchillo en la derecha cortamos un jugoso bistec, pero con la izquierda lo detenemos para que esto sea posible. Con la diestra hacemos los cambios de velocidad en nuestro automóvil, pero con la izquierda lo dirigimos. El corazón late del lado izquierdo. Con la izquierda detenemos el libro que estamos subrayando. Nuestro mejor deportista les pateaba el orgullo a los europeos con la zurda. Entonces, ¿por qué tanto odio contra la Izquierda?
A los izquierdistas de todo el mundo, les ha faltado ser más derechos en sus promesas. Como dice el sabio chino Jan Fei Dsi, para que un arquero sea certero, éste tiene que saber usar, lo mejor posible, tanto el arco como la flecha, tanto la mano izquierda como la derecha. Los socialistas siguen prometiendo lo mismo de siempre. Ellos nos quieren vender una vida igualitaria, una existencia en la que cada quien tendrá lo que necesite y según sus capacidades y requerimientos físicos y culturales. Pero esto es imposible. El ser humano no quiere parecerse a los demás, pues es un organismo competitivo, agresivo y persuasivo por naturaleza (Bellenger).
Cualquier experto en Comunicación o en Teoría política, sabe que es inútil el tratar de cambiar la ideología de las masas. Lo único que se puede hacer, es reforzar las nociones populares ya existentes. El papel del político es simplemente el de dirigir las ideas, el de convertirlas en una decisión o en un voto. Cuando alguien ve amenazadas sus ideas, se pone a la defensiva automáticamente. Entonces, lo que hay que hacer, es tratar de influenciar al prójimo sin que éste se dé cuenta. Para esto, existen dos tipos de técnicas comunicativas, que son la Persuasión intencional y la Persuasión espontánea. Demostrar nuestras buenas intenciones o nuestra inocencia, resulta muy efectivo para manipular la opinión de alguien.
El edificio del pensamiento socialista, fue cimentado por el maestro de obra Karl Marx. Das Kapital, su obra cúspide, es prácticamente un clásico de la literatura. Y esa es su mayor debilidad. El escritor inglés, Chesterton, decía que un libro clásico es aquél del que todo el mundo habla sin haberlo leído. Pues todo el mundo habla sobre Marx con la ligereza con la que se habla acerca de las compras en el supermercado. Pocos, muy pocos, se han puesto a estudiar Das Kapital con seriedad. Dice Gabriel Zaid que ni Fidel Castro lo ha leído a fondo. Explicarle a un obrero la compleja teoría económica del amigo de Engels, es como querer explicarle a un niño la Teoría de la Relatividad. Los niños hablan sobre los agujeros negros con la misma facilidad con la que el proletario habla sobre el Socialismo. Para que esto cambie y el izquierdismo tome fuerza, hacen falta pensadores que se dediquen a explicar, de manera sencilla y eficaz, qué fue lo que descubrió Karl Marx con sus indagaciones.
Las masas creen que los izquierdistas (no hablaremos sobre la diferencia entre el Socialismo y el Comunismo) son vagabundos barbados que siempre cargan un machete y que no saben ni leer bien. Pues sépase que Karl Marx pasaba horas, días y meses en la sala de lectura del Museo Británico. Este filósofo, estudió Historia, Derecho y Filosofía en las universidades de Bonn, de Berlín y de Jena. Es claro y evidente que este señor sabía más que cualquier egresado del Tecnológico de Monterrey con maestría en el ITAM y con doctorado en Harvard. El sistema que inventó Marx para tratar de hacerle la vida más justa a los obreros, se divide en seis puntos: 1) La teoría del valor del trabajo; 2) La teoría de la explotación; 3) La acumulación del capital y la tendencia descendente de la tasa de ganancia; 4) La acumulación del capital y las crisis económicas; 5) La centralización del capital y la concentración de riquezas; y 6) La lucha de clases.
Analicemos, sin complicaciones y paso a paso, la ideología marxista. Meditemos por qué la Izquierda no ha logrado conquistar la mente de los hombres. Empecemos con La Teoría del valor de trabajo. Esta teoría afirma que el valor de un producto, el cual ha sido diseñado para satisfacer una necesidad humana, se obtiene sumando el "tiempo de trabajo socialmente necesario" para fabricarlo. Todos los productos se fabrican combinando tres factores: a) maquinaria; b) materia prima; c) fuerza de trabajo. Si contamos con una máquina veloz, con materia prima barata y con una mano de obra poco calificada, el precio de los productos será muy bajo.
Una máquina más sofisticada aprovechará mejor la materia prima y hará casi todo el trabajo de transformación, provocando que los obreros simplemente se dediquen a la inspección o a la administración. Es por esto que las universidades educan a sus estudiantes para que sean simples observadores de la ciencia y de la tecnología en acción. Estas instituciones educativas, se encargan de que la cantidad de egresados siempre sea mayor al número de empleos disponibles. De esta forma, se va conformando un "ejército de desempleados", el cual asegurará que ninguno de sus miembros pretenda o pueda ganar un salario por arriba del promedio. ¡Eso sí que es igualitarismo! Cualquiera puede adquirir los conocimientos necesarios para mantener a las máquinas en funcionamiento. Es decir, que todos los empleados son substituibles. Y como son substituibles, no pueden exigir un salario elevado, pues en un "ejército de desempleados", siempre habrá alguien dispuesto a suplir al que se vaya por inconformidad económica.
Pero supongamos que los salarios sean cada vez más altos. Un salario mayor no es el sinónimo de una vida mejor. Muchos profesionales no son sino simples autómatas incapaces de penetrar las cosas con el pensamiento. Por ejemplo, miles de ingenieros pertenecientes a la industria petrolera, ignoran por qué el carbón, el gas, la energía atómica y los reactores nucleares, son benéficos para la sociedad. Ellos saben utilizar los motores de combustión interna, pero no saben cómo construir otro tipo de tecnología para no desperdiciar tanto petróleo. La mayoría de los líderes corporativos y sindicales de la industria automotriz, desconocen los hechos históricos que hicieron, en los años setentas, que Japón, los E.U.A. y Europa occidental, se convirtieran en potencias económicas. Si lo anterior se ignora, es imposible determinar cuáles han sido las causas de las constantes crisis financieras. Estos hombres saben cómo mejorar el rendimiento del personal aplicando las teorías de E. Deming, pero no tienen ni la más remota idea de qué clase de ideología política es aquella para la que trabajan. Más. Muchos comerciantes pequeño-burgueses, no han comprendido cómo competir contra los productos chinos y japoneses. Estos hombrecillos, saben cómo distribuir sus productos, pero no se han detenido a pensar que esta situación no es nueva, y que hace décadas existió algo llamado el "Shock de Nixon", shock en el que los norteamericanos no supieron cómo responder ante la oleada oriental de calidad total que se les venía encima.
El izquierdista es alguien que conoce los hechos históricos, alguien que no se deja impresionar por el presente ni por las falsas esperanzas capitalistas del futuro. El izquierdista ama a su progenie. Y el que ama a su gente ama a su país. Y el que ama a su país también ama sus ideas, y le dice a su bandera, con Manuel de Magallanes, "tú eres la patria, y también/ eres el amor, pues quien/ dice patria dice amor". Según Louis Althusser, es a través de los diferentes AIE o Aparatos Ideológicos de Estado, como lo son la Iglesia, la Universidad, la Familia, el Derecho, los Partidos políticos, los Sindicatos, los Mass Media, la Literatura económica y el Deporte, como se asegura que el proletario desee, con fervor, reproducirse, y todo para seguir trabajando generación tras generación.
Esto quiere decir que todo el medio ambiente está configurado para que las personas piensen, crean y sientan, que el hecho de integrarse a la fuerza laboral, es algo loable. Son muy pocos los izquierdistas que publican sus pensamientos. Y la población, idiotizada a base de alcohol, televisión, mundiales de fútbol y chismes políticos, no se entera de que existen formas de pensamiento alternativas. Althusser, en su magnífico libro Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado, dice: "Tal como dijo admirablemente San Pablo, es en el 'Logos' (entendamos, en la ideología), donde tenemos 'el ser, el movimiento y la vida' ". El izquierdismo no debería de prometer el derrumbamiento del orden actual. El izquierdismo debería de ser la representación de la libertad, sea cual sea el sistema político que se adopte. Leer a Marx despierta nuestra conciencia de clase, y nos hace reflexionar sobre los verdaderos orígenes de nuestra postura política. Una famosa máxima de Pierre Joseph Proudhon, afirma que "gobernar a las personas siempre será engañar a las personas". Esta máxima seguirá vigente hasta que las masas sepan que las monedas, además de un lado derecho, también tienen un lado izquierdo.
Hablemos ahora sobre La teoría de la explotación. ¿Qué es la explotación? La misma palabra lo dice muy bien. Explotar es destruir. Pero los seres humanos, en vez de explotar, se fatigan. Hacer que alguien trabaje y dé más de lo que puede, u obligar al pueblo a que termine exhausto y sin ganas de nada, es explotación. Cuando un hombre pasa más tiempo en el lugar de trabajo que en la biblioteca, que en el salón de fiestas o en el taller de pintura, se convierte en una mercancía, decía Marx. Pero, ¿por qué la gente se deja explotar? En primer lugar, porque existen severos castigos para el que trata de evitarlo. La tonta reina Isabel castigaba a los vagabundos con la pena de muerte. En 1854, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Kansas-Nebraska Act, acta en la que se ampliaba el territorio esclavista hasta estos dos estados. La represión siempre nos ha acompañado. Al igual que la señorita Cannabich, que fue una alumna del gran Mozart, el ser humano tendría que dedicar sus días a practicar las artes, y no a la estúpida tarea de rellenar decenas de libros contables.
Todo el que no trabaje, será tachado de perezoso. En vez de que nos hagamos llamar "tovarich", que en ruso significa "camarada", nos vigilamos, celosamente, para que nadie deje de hacer su trabajo dentro de la fábrica. La opinión pública, que siempre ataca directamente a la moral de las personas, se encarga de hacerle mala fama al que se echa a descansar. Así, los individuos, para mantener su buena reputación, aceptan trabajos ridículos. En segundo lugar, está la explotación sutil. A los empleados se les obliga a memorizar ciertos métodos de trabajo, y cuando lo logran, se les aplaude. Para que los sindicatos de trabajadores se mantengan contentos, se escriben para ellos deliciosas canciones nacionalistas. Así, terminan creyendo que trabajan para la patria, cuando en realidad están trabajando para un hijo de puta. Cantando en voz alta se estimula el sentido de pertenencia. Por ejemplo, la "Hé Sloveny" o "Arriba los Eslavos", que era una canción popular, se convirtió, en 1945 y terminando la Segunda Guerra Mundial, en el himno nacional de Yugoslavia. ¡Es magnífico el poder de la música para domar los espíritus! Echando mano de estas argucias, el trabajador jamás se da cuenta de que está siendo manipulado.
En tercer lugar, muchos obreros son amenazados dentro de las fábricas. El "pajalovista" o "por favor" de los rusos, ha sido sustituido por un "si no lo haces, te largas". Y en cuarto lugar, está el dilema entre trabajar y ganar algo de dinero o no trabajar y caer en la miseria. Casi todos los hombres, por su falta de educación y de talento, eligen ser explotados. Estas personas han olvidado lo que es el honor. El "Nec Spe Nec Metu", que significa "ni por la esperanza, ni por el temor", y que era el lema de cierta familia italiana de aristócratas, se ha convertido, para la clase obrera, en un "trabajo por la esperanza y por el temor, no por mi honor".
En la Teoría de la explotación, se analiza tanto la fuerza de trabajo como la jornada laboral de los workers. La fuerza de trabajo es la energía corporal del hombre más la energía creada por el combustible necesario para que una máquina funcione. Al individuo se le ve como si fuera una tuerca más del gran mecanismo de producción. Cuando se le contrata, no se le considera un ser humano, sino una pieza. Y como a toda pieza, hay que aceitarla. El aceite de las tuercas proletarias, es la ignorancia, y su energía, el tiempo presente, el hoy, pues sin lecturas, el proletario es impotente para imaginar qué desea que suceda con su existencia en el futuro.
El ignorante rara vez percibe que se le maltrata, pues vive como un animal. Ni Cayo Licino Verres cometió tantas injusticias como las que cometen los gerentes de McDonald´s o de Deportes Martí. Una empresa es como una cárcel. Pero lo preocupante no es que los trabajadores estén encerrados, sino que tengan la mente cerrada. Cuenta I. Levinas que Léon Blum, aprisionado en Bourassol, en el año 1941, terminó un libro en el que dijo lo que sigue: "Trabajamos en el presente, no para el presente. Cuántas veces en las reuniones populares he repetido y comentado las palabras de Nietzsche: que el porvenir y las cosas más lejanas sean la regla de todos los días presentes". Pero lo único que quieren los obreros, es tener algo para comer hoy. Para estas personas, y según las palabras de Schopenhauer, "el domingo representa el aburrimiento y los seis días de la semana la miseria".
Es necesario que las fuerzas de producción se reproduzcan. Promoviendo la idea de la familia, se multiplican los recién nacidos. Estos bebés serán las próximas abejas que trabajarán para la Reina Riqueza, y no precisamente para la Commonwealth. Es importante, para los industriales, que los trabajadores se alimenten bien, que se vistan correctamente, que duerman las horas necesarias y que se diviertan. Sí, pero es sólo para que lleguen llenos de energía y con ánimos de trabajar al rascacielos, a la bodega o a la fábrica. Y así podrán pasar los años, y ni el proletario ni el profesional con licenciatura y posgrado, meditarán sobre el abuso que padecen, prefiriendo "mejor obrando olvidar, sin indagarlo, este enorme misterio del universo", como escribió el poeta Carducci en su Idilio Maremmano.
Los trabajadores saben y pueden más de lo que creen. Lo que les falta es más ciencia, más arte y menos ambiciones monetarias. El proletario promedio es como Hitler, el cual, según Spengler, era un hombre que poseía "todos los defectos del hombre de partido sin ninguna de las virtudes del hombre de estado". Esto se traduce en que más que un espíritu gregario, al izquierdista lo que le falta es un espíritu visionario y revolucionario, y aferrarse al peñasco de sus ideales "con garras encorvadas,/ cerca del sol, en tierras solitarias", como dice El Aguila de Tennyson. Cuando estos workers se enteren de que los dueños de las fábricas se llevan el ochenta por ciento de las ganancias con el veinte por ciento de esfuerzo, habrá una revolución. Cuando se sepa que todas las investigaciones científicas se llevan a cabo únicamente para aprender cómo explotar más al hombre, los libros de Economía y de Ingeniería terminarán por ser ignorados.
Para realizar tales investigaciones científicas, se necesitan cerebros capaces y creativos. Los E.U.A., para atraer a las inteligencias más brillantes, siempre han ofrecido salarios elevados, buenas condiciones de trabajo y excelentes prestaciones. A sabiendas de esto, los genios de todas las naciones terminan trabajando para las universidades norteamericanas o para los mecenas de la ciencia. Somos un país al que le falta gente interesada en el conocimiento. Por ejemplo, Cosimo Medici le pidió a Marsilio Ficino que estudiara todos los clásicos, y que estuviera al frente de la Academia Platónica de Florencia. Muchos emperadores, en el siglo XI, le encargaron al gran escritor bizantino Miguel Pselo la recuperación de las doctrinas de Platón. Ezra Pound, proveniente de las provincias norteamericanas, tras recibir su Master of Arts, fue enviado a Madrid para estudiar a Lope de Vega. En cambio, cuando Vasconcelos quiso que todos los mexicanos leyeran a los clásicos, se le expulsó del país. ¿Cuáles son los beneficios de la explotación, de mantener al pueblo idiotizado y de la importación de cerebros? Pues que los E.U.A puedan invertir, aproximadamente, más de 150 mil millones de dólares en la creación de armamento militar. Y todas estas armas son inventadas, claro está, por mexicanos, italianos o peruanos que han sido rechazados de su país. Mexicano lleno de genio, "por tu demasiada confianza en la serenidad del cielo y del mar vas a yacer insepulto en ignorada arena", te dictan los versos de Virgilio.
En la política exterior, la milicia ha sustituido al Estado. Hoy, si se tienen las armas y los recursos necesarios, cualquiera puede explotar a cualquiera y sin importar su ubicación geográfica. A este fenómeno se le llama offshoring. Colocar las manufacturas en el interior de los países más pobres, hace posible que los costos de mano de obra sean paupérrimos. Actualmente, y gracias a los avances tecnológicos de la comunicación, los call center están en la India y no en los países desarrollados. Los E.U.A, Japón y la Unión Europea, han pensado en todo para mantener a raya a los países socialistas o en vías de desarrollo. Sin embargo, el capitalismo, con todo y sus grandes corporaciones, está en crisis. La cohesión social no se logra mediante la distribución equitativa de las riquezas, sino a través de un plan general y estructurado (bien le decía Hitler a Strasser que "en Europa no existe solidaridad, sino solamente sumisión").
Se supone que el Estado tiene que ser una institución unificadora, y que debe de preocuparse porque la naturaleza humana sea cada día mejor. "La naturaleza humana trabajaba para Dios, y sólo se requerían tres instrumentos -el sufragio, las escuelas públicas y la prensa- para llevar una vida virtuosa, útil y abnegada", dijo Henry Adams en una carta del 17 de febrero de 1909 (él sabía de lo que hablaba, pues era familiar de los siguientes grandes hombres: John Adams, J. Quincy Adams, Charles Francis Adams y Brooks Adams… toda una dinastía política). Pero hoy la política, la educación y los medios de comunicación, son parte integral de los Aparatos Ideológicos de Estado, y sirven para reprimir más que para liberar. Si el Sabio de Concord, Ralph Waldo Emerson, viera lo que hacen los dirigentes de su amada nación, se volvería a morir.
Los hechos históricos nos dicen que la idea de Estado está en decadencia. Los políticos de todo el mundo, creen que hacer política es hacer discursos. Cambiar del capitalismo al socialismo, como decía Martin Buber en su Pfade in Utopia, "no es cuestión de llevar a la práctica cualquier sistema utópico, sino de colaborar conscientemente en el proceso histórico de transformación de la sociedad que se opera ante nuestros ojos". ¿De qué manera han colaborado nuestros líderes para generar un cambio en el mundo? Estos parlanchines, para empezar, no comprenden muy bien la idea keynesiana del "Estado de bienestar". Por ejemplo, en 1979, M. Thatcher eliminó de las industrias la seguridad social para los trabajadores. Todo el gasto, al parecer, tiene que estar destinado a ganar la carrera armamentista.
Los países desarrollados, saben que para adueñarse de los recursos naturales, se necesitan tres cosas: buenas armas, grandes ideas e instituciones poderosas. El problema está, y como afirmaba Alexander Abusch en su Der Irrweg einer Nation al hablar del holocausto, en que el desarrollo político y ético no va al mismo ritmo que el desarrollo técnico que estamos viviendo. Por ejemplo, para que el pueblo norteamericano esté satisfecho y despreocupado por lo que pasa en el mundo, el gobierno de los E.U.A. le pone al alcance todo tipo de tecnología, así como casas, automóviles y alimentos. Sin embargo, ni la ciencia ni el dinero han logrado evitar las crisis económicas. Las bajas en la industria de la construcción se siguen sufriendo cada cuatro o cinco años. Digamos que la Economía es como la Meteorología actual, un campo del saber impredecible. Y como dice Campoamor, "busqué la ciencia, y me enseñó el vacío./ Logré el amor, y conquisté el hastío". No son suficientes las buenas intenciones cuando hace falta el conocimiento, así como el conocimiento es dañino cuando lo poseen personas malintencionadas.
Todos los esfuerzos intelectuales de las naciones, han sido usados para explotar más y mejor a los obreros. Es por eso que la literatura económica es tan abundante. Nadie critica lo que dicen estos libros. Estos libros, escritos por personas que jamás han sufrido la explotación, están llenos de pensamientos en contra del ser humano. "Bástale su malicia al pensamiento/ sin darle tú el puñal para que hiera", y más cuando lo que se piensa no se siente. El Izquierdismo, en el poder, tendría que ser una especie de gobierno dedicado a mejorar la vida de todos los hombres, y no a hacer más ricos a los más ineptos. En su Political Economy and the Philosophy of Government, Simonde de Sismondi escribe: "El gobierno debería acudir en ayuda de los hombres y no de la industria". Pero pasa todo lo contrario. Todas las instituciones capitalistas invierten su dinero para saber cómo sacarle más provecho a los workers. Lo que le interesa al capitalista no es vender más, sino lograr que sus empleados quieran hacer más por menos. Es decir, que "la condición final de la producción es la reproducción de las condiciones de producción", como afirma Althusser.
Expliquemos ahora La acumulación de capital y la tendencia descendente de la tasa de ganancia. ¿Qué clase de personas son las que poseen la mayor cantidad de riqueza? Aparentemente, los que más tienen son los más carismáticos, comprometidos, prestigiados y bien parecidos. Estas cuatro características son fundamentales para lograr una Persuasión espontánea. Es triste ver cómo las personas invierten todo su dinero en parecerse a los supuestos millonarios que aparecen en los Mass Media. ¿Nadie se ha puesto a pensar que tal vez Slim, Jobs o Gates sean actores? Un poema, llamado "Canción de otoño en primavera", de Rubén Darío, podría ser el lema de la sociedad actual: "Juventud, divino tesoro,/ ¡ya te vas para no volver!/ Cuando quiero llorar, no lloro,/ y a veces lloro sin querer". La gente quiere mantenerse joven, y eso está muy bien. Lo malo es que también quieren seguir pensando como preparatorianos. Mientras un incauto está preocupado por hacerse más sociable, más responsable, más famoso y más guapo, el verdadero multimillonario está estudiando y pensando en cómo hacer progresos en el desarrollo científico, técnico y tecnológico de su corporación.
Lograr que la gente realmente se trague el cuento de que ser amigable, fiel, famoso y atractivo, es indispensable para llegar al éxito económico, genera millones de dólares en ventas. Tal vez por lo anterior, es que dos terceras partes del gasto individual están destinadas al consumo personal. Productos y servicios como cremas, perfumes, masajes, cirugías, cursos de oratoria, peluquerías, libros de redacción o de superación personal, conferencias, zapatos, horóscopos, relojes y más, son devorados por las masas. Las multitudes están ávidas de certidumbre. Y para darle certeza a los clientes, está la persuasión.
"Cada imagen publicitaria, por ser letrero o pie, reduce la polisemia angustiosa del mundo", escribió J. Baudrillard en su Sistema de los Objetos. Esta polisemia o ambigüedad la experimentan más los que menos cultura y lecturas tienen, los que más se han creído lo que dijo Summer Redstone en 1994, un ejecutivo de Viacom, empresa propietaria de MTV: "MTV está asociada con las fuerzas de la libertad y la democracia en todo mundo". Yo diría que MTV mantiene sentados a nuestros hijos en un sofá, que los hace sentir rebeldes, originales e izquierdistas, mientras los sociólogos corporativos los examinan como a simios de zoológico. Nadie reconoce una composición de Franz Liszt, pero todos cantan las canciones de Paulina Rubio. Nadie a oído nada sobre Pierre Bayle, pero todos aclaman a Thierry Henry.
Todos los negocios tienen su fundamento en la usura. Ya nadie, como Thaddeus Coleman Pound, suda sangre por los demás. Las empresas le quitan el dinero a las personas por medio de la retórica (publicidad). Con todo este dinero, dinero extraído de los bolsillos de las masas manipuladas por la verborrea del agente de crédito, El Pentágono fabrica, por medio de compañías como Boeing, MacDonnell-Douglas, United Technologies, Lockheed, Northrop o Cessna Aircraft, desde cohetes hasta aviones de guerra, los cuales son usados para obligar a los países de Oriente a ceder su petróleo. Si le agregamos a esta situación que los obreros cada vez están peor educados, que cobran menos y que trabajan más y peor, obtenemos la catastrófica tendencia descendente de la tasa de ganancia, pues la calidad baja, el consumidor lo percibe y las ventas disminuyen. Pero estas pérdidas las pagan los obreros y los compradores, no los capitalistas.
¿Qué hacen los capitalistas para que sus porquerías se sigan vendiendo? Bajan, como ya dijimos, la calidad de todas las cosas. Cuando Valturio necesitó de un buen dibujante para que plasmara sus ideas gráficamente, contrató al escultor y grabador veronés Mateo de Pasti, y no a un simple dibujante. Cuando Hitler requirió de alguien que se encargara de la fuerza aérea, contrató al político, militar y genio de la aviación, Hermann Goering, y no a un técnico cualquiera en aeronáutica. Y si la Capilla Sixtina luce así, fue gracias a Buonarroti y no a un decorador de interiores. En cambio los empresarios, al ser ellos mismos unos ineptos, contratan a Leo Burnett y no a alguien con la capacidad de Goebbels para hacer su publicidad.
Pero a pesar de todo, se logra que la gente compre baratijas a precio de oro. Como ejemplo, oigamos a Christian Lacroix hablando para la revista Vogue: "Es terrible decirlo, pero muchas veces los atuendos más interesantes son los de los pobres". La población compra basura creyendo que es arte. Si Zeuxis o Parrasio, pintores antiguos, engañaban a los espectadores con su realismo, también la publicidad actual engaña a sus audiencias con su excentricismo. ¿Qué significa esto? Que más que productos, los capitalistas venden publicidad. La publicidad, más que un discurso sobre un producto, es un producto en sí misma. Así es como se venden las ideas, se fabrican sueños y se inventan paraísos. Para sacar lo que se quedó en el inventario, los empresarios ya no apelan al dumping, sino que elevan los precios. Y como pagar mucho dinero por productos destinados a la belleza le da fama y prestigio a las masas, éstas los compran. El prestigio, como decía Barthes, "es la primera forma de la naturalización", es decir, de la mimesis con el medio ambiente.
Como decía Riesman, lo que la gente compra no son ni materias primas ni objetos, sino personalidades. Cada producto o servicio le transfiere a su usuario una forma única de enfrentar al mundo. Los objetos configuran nuestra relación con el exterior. No es lo mismo caminar por la calle con una chamarra de piel que con una camisa de obrero. "Todos andan bien vestidos/ y quéjanse de los precios;/ de medio arriba, romano,/ de medio abajo, romero", dice un romance de Lope de Vega que ilustra perfectamente el fenómeno del que hablo. El caminado y hasta la actitud, cambian según la ropa que portemos. Y como siempre he dicho, fumando desaparecen los imbéciles. Véase cómo cualquier idiota, al encender un cigarrillo, pone cara de interesante o de ganador. Si "de sol a sol es tu jornada/ y tu jornal es el sudor", como dice un verso de Octavio Paz, yendo de objeto a objeto pierdes tus días, querido consumidor. Y "si el dinero sólo es la grasa del cuerpo político", como afirmaba Sir William Petty, la búsqueda de la personalidad es la grasa del consumismo. De aquí que la política o la participación ciudadana sea imposible, pues de un país en el que abundan los hombres que no saben ni quiénes son, no podemos esperar mucho.
Es hora de que hablemos sobre La acumulación de capital y las crisis económicas. Para que una nación progrese y abunde en hombres valiosos, tanto cultural como económicamente, un país tiene que ofrecerle a sus habitantes cuatro grandes servicios: a) Continuidad en los planes; b) Congruencia en los discursos públicos; c) Coherencia entre las acciones y los discursos; y d) Consistencia ética y moral en los gobernantes. Fusionando todo esto se moldea, poco a poco, el espíritu del pueblo. Cuando todo un pueblo se rige por las mismas ideas, éste no necesita tener un gobernante. Cuando una sociedad habla por sí misma, es libre. La sociedad es como la Rosalinda de A vuestro gusto, de William Shakespeare, que dice así: "¿No sabes que soy mujer? Cuando pienso, tengo que hablar". El buen gobernante entiende cuándo es el "tempus loquendi" o el "tempus tacendi". Y para entenderlo, hay que ser prudentes. Y como el Anfitrión de Plauto, todo líder tiene que saber que así como las mujeres juran con audacia, las masas también lo hacen.
Los cuatro requisitos antes mencionados, son parte de la Persuasión intencional. ¿En qué nos beneficia el hecho de que el Estado exponga a la luz sus intenciones? En que le da certeza a la gente para gastar su dinero. Cuando no sabemos qué pasará mañana, ahorramos como lo hacen las hormigas. Cuando ahorramos, acumulamos riqueza. Pero los obreros no ganan lo suficiente como para ahorrar. Así, los únicos que pueden guardar su dinero, son los que tienen los salarios más altos. Esto se parece a la Doctrina Monroe. Si América es para los americanos, el ahorro del capital es sólo para los capitalistas. De esta manera, son los que ganan más los que ahorran, y son los pocos que ahorran los que se quedan con el poder. Pero para lograr que la gente compre cuando no tiene con qué, se inventó el crédito. Pero el principio que dicta que para cualquier país "a public debt is a public blessing", no ha convertido a los países de Latinoamérica en potencias.
El hecho de que los empresarios vendan sus productos, no significa que vivimos en la opulencia económica. ¿Cómo sabemos cuándo gastarán su dinero los comerciantes? Esto no lo podemos averiguar. Lo que sí sabemos, es que casi todo el dinero que se invierte de nuevo, es utilizado para crear más empresas, es decir, más centros de poder. Mientras más centros de poder existan, más diferente será el medio ambiente del planeta. Las ciudades se parecen cada vez más a un gran centro comercial y menos a un buen museo. Esto produce que el ser humano tenga, según el darwinismo, que adaptarse a las nuevas condiciones. El poder de adaptación, hoy en día, se mide por el poder compra. Morirán (de vergüenza) los más pobres. Dice un viejo libro que trata sobre la Evolución: "Cuando cambia el ambiente, las características de la población se modificarán a medida que esta se vaya adaptando a aquel". La población, y sobre todo la mexicana, se hace cada vez más estúpida. Y aunque el científico japonés Motoo Kimura sugirió que muchas mutaciones carecen de efecto benéfico o perjudicial, al mexicano el consumismo lo está volviendo, como decía Gómez de la Serna, un búho, un gato emplumado, un cuervo que se tiñe, un vagabundo que huele a dinero.
Mientras más corporaciones tengamos regadas por el mundo, más estandarizado estará el plantea ideológicamente. Pero esto, no nos engañemos, nos lleva a la desigualdad. Lo único que nos conduce a la equidad, es la educación. Pongamos un ejemplo. Cualquiera conocía a las viejas 7 Hermanas. Las siete compañías más importantes de la industria petrolera a nivel mundial, eran las siguientes: 1) Esso; 2) Royal Dutch Shell; 3) British Petroleum; 4) ExxonMobil; 5) Chevron; 6) Gulf Oil Corporation; 7) Texaco. Pues estas empresas no han invertido tanto en educación como lo han hecho en capital fijo. El capital fijo sobre el que han puesto sus esperanzas, son las máquinas y no los hombres. Los E.U.A, el Reino Unido y Los Países Bajos, han perdido su liderazgo ante las empresas que sí se han preocupado por atraer a los mejores cerebros. De aquí que el Ordine Nuovo, como decía Gramsci, sigue cambiando. Las nuevas 7 Hermanas, son: Aramco (Arabia Saudita), Gazcom (Rusia), CNPC (China), NIOC (Irán), PDVSA (Venezuela), Petrobras (Brasil) y Petronas (Malasia). PEMEX, de México, no figura, pues gracias a sus ingenieros incompetentes, a sus trajeados lamebotas y a la mala Madre Naturaleza, su producción está en declive.
Para que una institución tenga credibilidad, tiene que demostrar que es capaz de cumplir con lo que promete. Al capitalismo ya nadie le cree, pues ha fallado en todo. Para que el Izquierdismo pueda funcionar, es menester que sea dirigido por personas que comprendan todas las ideologías y ciencias existentes. Hacen falta personajes como Benjamin Franklin (1706-1790), que no sólo era un gran político, sino además impresor, filósofo y científico. A este hombre se le atribuye el descubrimiento de la naturaleza eléctrica del relámpago, así como la invención del pararrayos. Otro ejemplo es Jefferson. Este gran hombre, además de ser un gran líder y de tener la capacidad para intercambiar ideas con un Thomas Paine, sabía de arquitectura. A este héroe se le pidió hacer los planos para el edificio de El Capitolio en Richmond, Virginia. ¿Son nuestros políticos así de talentosos? ¿Habrá leído el inepto de Fox a Hegel para entender algo sobre Estética? No. Sus botas lo delatan. ¿Comprende el gángster de Felipe Calderón algo sobre lingüística? No. No sabe ni hablar en público. Estos son como Napoleón, hombres que ponen a sus siervos en rectus in curia, pero que son neófitos en teoría política, en comercio, en economía y en gobierno civil. No deberíamos de votar por esta clase de generales, pues aterran al pueblo mediante "bold presumption", como decía Jefferson.
El economista L. Kline creó, hace muchos años, un modelo unificador llamado LINK. Con este modelo se pretendía abarcar toda clase de posturas económicas. Lo que LINK hacía era explicar, describir y pronosticar fenómenos económicos sin excluir los mecanismos gubernamentales y sociológicos de los países socialistas o en vías de desarrollo. Como se ve, se desea con fervor transformar los sentimientos de los pueblos en datos útiles para hacer negocios. Sin embargo, "todo auténtico sentimiento es intraducible", como bien dice la bella frase de Antonin Artaud. Lo más que se puede hacer para que la información esté estandarizada entre todas las naciones, es crear un organismo único y respaldado por alguna institución internacional. Por ejemplo, el Partido Socialista Italiano tenía el periódico Avanti!, impreso para mantener informados a todos los miembros del grupo. Pero toda la información que esté destinada a unificar las mentes, tiene que ser útil. Si esto no es así, si la información ha sido distribuida para entretener o para distraer, caemos en la manipulación. Manipular es obligar a las personas a que elijan en tanto se les oculta la información (como en México). Todo esto me recuerda a Plutarco, que cuenta que Foción le dijo a Leostenes que sus discursos eran "parecidos a los cipreses, que siendo altos y elevados, no dan fruto" .
Para evitar las crisis económicas y las concentraciones de poder, es decir, de información, todos deberían de tener un buen empleo y una buena educación filosófica. Para que el dinero y las ideas fluyan, es necesaria la libertad de expresión. Y para que la gente quiera expresarse, hay que enseñarle a hablar con propiedad y claramente. Pero el mexicano, como dice en la Divina Comedia, es como aquél que "no nos decía una palabra,/ mas nos dejaba andar, sólo mirando/ a guisa de león cuando reposa". Así es el mexicano, como un león que ha nacido enjaulado, como un felino que nunca ha visto la libertad ni aprendido el lenguaje de los leones. ¿Por qué un país que se expresa mejor se hace más rico? Porque todos los consumidores estarán seguros de que su voz y de que sus quejas serán escuchadas. Porque los empresarios sabrán en qué están fallando. Porque las grandes ideas e inventos fluirán sin tapujos. Porque el pensamiento, cuando está bien articulado, se convierte en un plan y sirve para la acción. De aquí que Wittgenstein se preguntara, en su Philosohsiche Bemerkungen: "Wie wird dieser Satz in praxi wirklich angewandt?" ("¿Cómo se aplica de hecho esta proposición en la praxis?").
Para que en un país exista la libre competencia, hacen falta competidores que sean libres (de pensamiento). Todos deberíamos de luchar por ser los líderes de nuestra sociedad. Y esta carrera tendría que ser una batalla de las ideas, una en la que los hombres cabalguen sobre sus proyectos en Módena, en San Petronio, en San Zorzo o en el Palio de Milán, "devorando la distancia", como decía Licónides. Pero, ¿qué desean ganar nuestros políticos? Ellos desean prostitutas, camionetas, cuentas en Europa, viajes, drogas, poder y cualquier clase de perversión imaginable. En cambio, el buen Jefferson soñó con que en su epitafio dijera algo así: "Autor de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, del Estatuto de Virginia para la libertad religiosa y Padre de la Universidad de Virginia". ¡Qué grandes sueños! Y todos estos proyectos fueron proyectos creados para la gente, para que los afroamericanos, los niños y las mujeres pudieran andar libres por las calles, olvidando, así, la vieja "Mason-Dixon Line". El izquierdismo, visto verticalmente, no es otra cosa que la aceptación del Sur en el Norte.
Sin esta clase de hombres que aboguen por la libertad, la población mexicana tendrá que andar "a oscuras y segura/ por la secreta escala, disfrazada/ ¡oh dichosa ventura!", como dicen los versos de San Juan de la Cruz. El izquierdismo no es la doctrina de las buenas intenciones, sino el renacimiento de las cosas olvidadas. Ser izquierdista es recordar que existe el Oriente, Confucio, Buddha y la gran filosofía. El socialista o sociólogo experto en teoría política, más que actuar, tiene que pensar. René Descartes, al invertir el orden de las cosas, al afirmar que primero pensamos y que luego existimos, estaba haciendo una apología del ser y una crítica de la materia o del capital. René, del latín renatus, significa "renacido". El obrero que llega a comprender los libros de Karl Marx, se da cuenta de lo que está viviendo. Y así, meditando sobre el alto "price of life in the occident, según el verso de Pound, renace.
Mientras no cambiemos de ideología política, o mientras sigamos haciéndolo todo con la derecha, seremos como el manco, un ser incapaz de defenderse en el ring mundial. Sólo los filósofos como Louis Althusser, han podido percibir la invisibilidad de los Aparatos Ideológicos de Estado. El mismo Althusser nos explica cómo es que el Estado nos mantiene controlados: "Todos los aparatos de Estado, funcionan a la vez mediante la represión y la ideología, con la diferencia de que el aparato (represivo) de Estado, funciona masivamente con la represión como forma predominante, en tanto que los aparatos ideológicos de Estado funcionan con la ideología como forma predominante". ¿Qué nos quiere decir el pensador marxista? Que nos reprimen de dos maneras: mediante la coerción física y mediante la manipulación intelectual. Ambos Aparatos son represivos. Un Aparato Ideológico de Estado es, por ejemplo, una iglesia. No por nada J. Adams, en una de sus cartas al gran Jefferson, sostenía que la Basílica de San Pedro, en Roma, era un "increíble monumento de la hipocresía y el fanatismo". Mientras más religioso es un pueblo, menos ideas propias tiene, y mientras menos ideas propias tenga una nación, más atada estará a las creencias populares, a las enfermizas ideas de Dios, de los Santos o de las Vírgenes. Y por el otro lado, la policía y el ejército son aparatos de represión física.
Para que un pueblo se revele contra su ejército, no tiene que temerle a la muerte. Sólo el filósofo, dijo Sócrates, enfrenta el hecho de volver al polvo con valentía ("I am afraid of the life after death", le dijo Eliot a Pound dentro del castillo de Excideuil). Para entender que somos polvo, hace falta leer buenos libros de filosofía. La filosofía nos enseña a ser incrédulos, a preguntarnos si tal vez sí existan las "cosas pensativas", los "nous".
Oigamos de nuevo al segundo presidente de los E.U.A, a John Adams, que fue un hombre que creía en el poder de los noúmenos: "Una historia de las operaciones militares desde el 19 de abril de 1775 hasta el 3 de septiembre de 1783, no es una historia de la Revolución Americana… La revolución estaba en las mentes y en los corazones del pueblo", dice en The Works of Jonh Adams. ¿Qué hacer para que la población se libere intelectualmente y no le tema a la muerte? Podemos enseñarle las antiguas fábulas chinas. Cuenta Lie Yui-kuo que hace siglos, un viejo tonto trató de mover las montañas de Taijang y de Wangwu. Este viejo les pidió a sus hijos que le ayudasen a acarrear, poco a poco, las piedras de las montañas hacia otro lugar. Un sabio, enterándose de las torpes ideas del viejo tonto, se reía. Un día, le dijo al obstinado anciano: "¡Basta de esta tontería! ¡Qué estúpido es todo esto! Tan viejo y débil como es Usted, no será capaz de arrancar ni un puñado de pasto de esas montañas. ¿Cómo va a remover tanta tierra y tantas piedras?". A esto, el viejo tonto le respondió: "¡Qué torpe es usted! No tiene Usted ni siquiera la intuición del hijito de la viuda. Aunque yo muera, quedarán mis hijos y los hijos de mis hijos; y así, sucesivamente de generación en generación. Y como estas montañas no crecen, ¿por qué no vamos a ser capaces de terminar por desmontarlas?". Y el sabio no tuvo nada que decir. Bueno, pues imaginemos que los Aparatos Ideológicos de Estado son como las montañas de Taijang y Wangwu. Pongámonos a trabajar. O como dijo Marx, si "el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones", vamos a removerlas y a colocar, en su lugar, acciones valiosas, pues tal vez así nos desviemos del camino.
Pasemos a La centralización del capital y la concentración de riquezas. Para no caer en sofismas, en metáforas o en pomposos discursos, tenemos que dejar en claro que cualquier centralización, sea de la información o del oro, es una injusticia. Es nuestra obligación, como dice la máxima de Lasalle, la de "decir lo que hay". O como sostenía Lenin, es necesario hacer una "apreciación concreta de la situación concreta". El principal problema de nuestras ciudades, es que en algunos sitios se aglomera la información, mientras que otros simplemente son salpicados con el ruido que hace dicha información. Si los dueños de las grandes empresas se han apoderado del inconsciente colectivo, no es porque sean hombres brillantes o audaces. Esto sucede porque la población así lo ha querido (porque se conforma con el ruido u opinión pública).
Digamos que los grandes líderes de Latinoamérica no son los mejores, sino los menos peores o los medianamente educados. Un buen gobierno nace en las universidades. Jefferson, para mejorar sus acciones políticas, dialogaba constantemente con el Dr. Samuel Latham Mitchell, de la Universidad de Columbia. Clinton recurrió al profesor J. Stiglitz para que le llevara algunos asuntos económicos. En cambio, en México a los profesores se les desprecia. Sigamos. ¿Por qué se degeneran tanto las multitudes dentro de las grandes capitales? Porque entran en contacto con la información basura. La información basura es toda aquella que sólo se compone de dos dimensiones (información larga y ancha, como la de la televisión). La información útil, en cambio, es la que consta de tres dimensiones (información larga, ancha y profunda, como la de los libros, que exige el uso de la imaginación). Los niños, expuestos a toda esta mierda visual y auditiva, envejecen velozmente, y hasta parece que nacen con ochenta años de edad, como le sucedió a Lao Tsé. El Logos está atestado de basura, y esto debilita el sistema sensorial de la población. Y una población fatigada, no puede pensar.
Las metrópolis son, como dice el relato Bchit Bdolhe, "puestos nocturnos de brillantes". Pero de brillantes falsos. Todo en ellas, brilla. Entre las sombras de los rascacielos, todo es deslumbrante. En los centros nocturnos, todo tiene más colorido de lo normal. La gente, al contemplar estas imágenes preciosas, desea trabajar para comprarlas o para parecerse a ellas. El mundo simula estar a los pies del consumidor, que asegura que "matter is the lightest of all things". Todo esto es una especie de Kraft Durch Freude o "Fortaleza de la alegría", en la que se le obliga al obrero y al profesional, dopo lavoro, a fatigarse más de lo que ya está. Por ejemplo, hay millones de idiotas que van a Las Vegas a perder su tiempo, su dinero y su energía. ¡Vaya entretenimiento para insectos buscadores de luz! ¿Por qué la gente no deja de acudir a estos centros de diversión? Porque el puro hecho de pronunciar Las Vegas, París, Londres o Moscú, le da al proletario el prestigio deseado. Como podemos ver, todos en América quieren ir a divertirse a la Derecha, pero muy pocos a la Izquierda.
Michel Foucault dijo, en su cátedra inaugural en el College de France, lo siguiente: "Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa". Es verdad, casi nadie puede pararse frente a un montón de anticuados seres humanos y decirles que Dios no existe, sin correr el riesgo de ser apedreado. Por ejemplo, el pobre de F. Nietzsche siempre se vio despreciado, en el siglo XIX, por proferir tales discursos futuristas. México, que vive en el siglo XVII, es aún más peligroso que la Alemania del creador de El Anticristo. El hecho de que la gente se quede callada, impide que la verdad y que el conocimiento salgan a la luz y lleguen a todos los ciudadanos. Se supone que las instituciones estatales, que invierten tanto en la investigación demográfica, deberían de compartir lo que saben con toda la raza.
Las grandes corporaciones hacen uso de las instituciones gubernamentales para enterarse de todo lo que sucede en el país. Smith Wildman Brookhart, un viejo senador de Iowa, en un discurso ante el Senado pronunciado en 1931, habló sobre los beneficios que los gigantes capitalistas obtienen al tener acceso a la información concerniente al pueblo. Esta información provoca que las pequeñas empresas, las cuales desconocen la situación global de los mercados, no tengan un parámetro de medición ni una guía que les permita saber si están tomando buenas decisiones. El FMI, la Reserva Federal, la O.N.U., el IFE, el INEGI, el Facebook, el Twitter y demás mamarrachadas, como buenos Aparatos Ideológicos de Estado, son las herramientas con las que los industriales cuentan para saber qué piensan y qué sienten los consumidores. Todos estos datos son intercambiados entre banqueros, aseguradoras y fabricantes. Estos grupúsculos cuidan celosamente sus secretos, pues la información es poder. Cuando el conocimiento no esté centralizado, el imperialismo se acabará.
Y para concluir, meditemos sobre La lucha de clases. Muchos burgueses se sienten aristócratas. Pero los únicos aristócratas son los hombres que llevan, en sí mismos, la llamada "Virtue and Talent", como decía Adams. Ser el presidente de una nación o ser el propietario de un Ferrari, no nos convierte en hombres de valor. J. Quincy Adams, el hijo de Jonh Adams, al citar un ejemplo de hombre virtuoso, hablaba sobre el Conde Nicolás Petrovich Romanzoff. Este político, que fue Ministro de Asuntos Exteriores del Zar Alejandro I, se interesaba por Shakespeare, Milton y Virgilio. En cambio, nuestros héroes nacionales son "half educated, like almost all eminent men in this country", según los versos del Cantar XXXIV, de Old Ez. Nadie de verdad culto o inteligente, deseará jamás gobernar un país en el que se valora más al que cuenta un chiste que al que fundamenta lo que dice en el Arte, en la Ciencia y en la Filosofía.
Gobernar desde la Izquierda es dejar de gobernar con mano dura o con la mano derecha. Pasarse del lado del Socialismo es pasarse del lado de la sociedad o del pueblo. Apoyar al Comunismo es apoyar la comunión de ideas. "La única meta de nuestros pensamientos y de nuestros esfuerzos, debe ser la clase de organización más favorable para la industria", dijo Saint-Simon. Para lo único que deberíamos de ser industriosos, es para la generación de ideas. ¡Viva la libre competencia! Sí, pero la competición tiene que ser intelectual. Hasta hoy, hemos vivido en un mundo de mediocres que sólo saben acumular monedas. El lema de los empresarios sería el verso que dice "thing is to find something simple". Todos los capitalistas son iguales, unos simplones de corta inteligencia que sólo saben hacerse ricos mediante la ignorancia de los que son más estúpidos que ellos.
Goethe, siempre visionario, escribió unos versos que dicen que "nadie llegar pretende a lo más grande;/ solo a su igual envidia el ciudadano;/ y no hay en este mundo peor envidia/ que la que cada cual tiene a su hermano". Lo primero que tenemos que hacer, es reconocer que sí existen hombres superiores. Y a estos hay que obligarlos, entre todos, a gobernar. Después, tenemos que enseñarle a nuestro pueblo a transmitir sus ideas. A los niños hay que acuciarlos para que mezclen todo tipo de pensamientos. Mezclando ciencias siempre se obtienen grandes adelantos, pues se provocan explosiones epistemológicas. Ezra Pound, en una entrevista, explicaba lo que viene: "El tránsito de la recepción de los estímulos a su registro, a la correlación, eso es lo que requiere toda la energía de una vida". Es decir, que para que construyamos nuestro propio gobierno, tenemos que tejer primero nuestro propio lenguaje. O mejor dicho, para ser libres tenemos que urdir nuestras propias ciencias. "El mal lenguaje está condenado a producir (…) mal gobierno", dice el poeta norteamericano.
Experimentando con lenguajes biológicos, químicos, físicos, poéticos o políticos, tal vez lleguemos a descifrar la fórmula correcta para explicar quiénes somos, así como para entender cómo gobernarnos y qué leyes de la naturaleza podemos o no podemos cambiar. Haciéndolo, pensaremos en mundos nuevos. Y como dijo Foucault en su libro El Nacimiento de la Clínica, "lo que cuenta en los pensamientos de los hombres no es tanto lo que han pensado, sino lo no pensado". ¿Por qué? Porque volviendo a pensar lo ya pensado, lo único que logramos es reabrir las viejas cicatrices de nuestros errores pasados. De aquí que el economista Mark Blaug sostuviera que "la teoría contemporánea lleva las cicatrices de los problemas del ayer ahora resueltos".
Tenemos, como decía Nietzsche, que mudar de piel como lo hace la serpiente. Es tiempo de que cicatricen los cerebros. Es hora de que luzcamos una piel tersa, pero sin consumir las cremas que la publicidad nos vende. ¿Cómo? Mezclando. Marx mezcló las teorías biológicas de Darwin (y Darwin las de Malthus con las de Charles Lyell), las ideas económicas de Feuerbach y los sistemas filosóficos de Hegel, para crear su Materialismo Histórico. Por el valor que tuvo para enfrentarse a las tradiciones y para unificar lo que tenía en ambas manos, Marx es para mí, junto a Wittgenstein, Nietzsche, Kant y Heidegger, uno de los filósofos más brillantes de toda la historia de las ideas. Y no olvidemos que la obra más grande que tiene el Socialismo se llama, irónicamente, Das Kapital.