4/9/10

Tres aproximaciones a Bolívar


Luis Hernando Palacio
¿Cómo conocer — de un personaje como Bolívar — su faceta humana? Nada fácil, máxime cuando la historiografía lo ha envuelto en una nube de hombre infalible, siempre ganador y ajeno a toda vicisitud. Esto es una contradicción, pues en la historia se le reconoce como el Hombre de las dificultades — Al respecto dice de si mismo: “Yo soy el hombre de las dificultades y no más. No estoy bien sino en los peligros combinados con los embarazos” —. A pesar de ello, en nuestras escuelas y colegios se reduce la enseñanza de la historia a fechas que marcaron un hito y a nombres de personajes que tuvieron una gran influencia en el desarrollo de los hechos. No enseñan a pensar la historia, a mostrar a sus diferentes actores como seres humanos, con sus cualidades y defectos; a mostrarlos como personas con intereses personales y de clase.
En este sentido, en la obra: Acción y utopía del hombre de las dificultades , el venezolano Miguel Acosta Saignes plantea una visión más real y humana del libertador Simón Bolívar. En su extenso estudio, el Dr. Acosta Saignes nos revela un Bolívar con aciertos y fracasos, debilidades y fortalezas, amigos y enemigos, sueños y frustraciones, es decir, nos muestra la faceta del hombre luchador.
En El General en su laberinto, Gabriel García Márquez nos relata las dificultades del último viaje del Libertador y nos lo revela como un hombre derrotado, enfermo y solo. Claro está, al estilo garcíamarquiano. No obstante, nos muestra la imagen de un ser humano que siente y padece la traición, condenado al ostracismo, que siente un profundo dolor por ver su sueño de unidad continental hecho trizas por los intereses mezquinos e individuales de personajes sin escrúpulos.
Por último, una aproximación directa a la faceta humana de Bolívar se encuentra en la obra: LA AGONÍA ERÓTICA de Bolívar, el amor y la muerte, del escritor colombiano Víctor Paz Otero. Esta es una obra de ficción, escrita en primera persona, compuesta por sesenta y un relatos dirigidos a Manuelita Sáenz, su gran amor. En ella Bolívar, a través de la pluma del escritor, desnuda su alma y nos revela sus más profundos sentimientos en sus últimos días, en el viaje de Santafé de Bogotá hasta la ciudad de Santa Marta.
A pesar de la situación en que se encuentra el Libertador; enfermo, desprestigiado por sus enemigos y camino al destierro — pues al cumplir su misión, derrotar al invasor, se convirtió en estorbo para la clase dominante —, los relatos — yo diría cartas — están cargados de erotismo, de una amor hacia Manuela que nunca ha muerto: “Pero no importa, mi Manuela volcánica y arbitraria, pues lo único que para mí tiene futuro en este momento es el reino sagrado de la nostalgia. Nostalgia de ti, de tu ser, de tu cuerpo carnívoro. Nostalgia de este amor enloquecido que pudo ser mucho más de lo que ha sido. Ahora estoy como al margen de todo, de lo que me pertenece y de lo que no me pertenece, pero no al margen tuyo. Estoy en el centro maravilloso de ti misma y es como estar bajo la luz de una lámpara sutil y bienhechora.” (Relato número 3). También estos textos tienen la magia de mostrar al Libertador nostálgico: “Hoy a las horas del mediodía, un grupo de niños ejecutó en mi honor unas danzas. Y por un momento, mientras contemplaba el frenesí rítmico de sus pequeños cuerpos, sentí entre mis carnes esa vibración abscóndita y violenta con la cual el baile hechizó tantas horas de mi vida pasada. Y recordé que esa pasión, esa hermosa pasión que me ha hecho danzar durante tantas horas de mi vida, me llegó en los tiempos lejanos de mi infancia por contacto e influencia de los negros esclavos que convivieron conmigo en la hacienda de San Mateo.” (Relato número 10).
Otro aspecto que nos revela Paz Otero a través de su pluma magistral, es el dolor que siente un ser humano por la pérdida de un ser querido; y el Libertador, como humano que es, no es ajeno a esta clase de dolor. El asesinato del mariscal Sucre causa una gran aflicción en sus más íntimas fibras y, como su única tabla de salvación, se aferra a Manuela para compartir su congoja: “Ay Manuela, Manuela mía, hoy mi corazón es una herida y una llaga y mi alma todo un foso insondable de dolor y de quejidos, algo que ya nunca curará. He recibido esa abominable noticia que nunca hubiese deseado recibir: han asesinado al mariscal Sucre. Al más digno, al más tierno y humano de los generales, al que era como hermano y como hijo de mi sangre y de mis sueños.” (Relato número 20).
Ya en sus últimos momentos, y a pesar de ello, no deja el erotismo cuando recuerda a su Manuela: “Amé en ti el abismo de tus sueños locos y el abismo de tu pubis negro, donde me enamoré del placer y creí en todos los dioses. Contigo viví un éxtasis donde el tiempo se aniquiló y estimuló mis fuerzas para seguir soñando en mi gloria…Amé tu piel y sus sombras, que me mostraron y me hicieron presagiar el paraíso. Amé tu rostro sin máscara; te amé y te conocí desnuda y me abracé a tu cuerpo, donde nunca se engendran los crepúsculos. Amé tus nervios y tus células. Tus enigmas y tus caderas volcánicas. Amé tu desparpajo y tu arrogancia en los que supe dilatar mi quejido de hombre. Por ti fui hombre, Manuela…Te amé y te quise disuelta en mi existencia; te quise mía como mi alma y como mi infatigable anhelo de alcanzar la gloria. Y ahora que estoy muriendo, Manuela, tú eres este delirio que está en mí y con el que me enterraré en la tierra.” (Relato número 60).
Es interesante resaltar como Paz Otero logra una unidad y coherencia en el desarrollo de los diferentes textos, llenos de emotividad y poesía; en donde, a medida que transcurren los días, el Libertador se hace más consciente de su proximidad a la muerte.