19/9/10

Simón Rodríguez. Maestro de América


Alfonso Rumazo González (Ecuador)
Presentación: José Ramón Medina / Cronología: Lupe Rumazo Bibliografía: Horacio J. Becco / Materias: Biografía / Páginas: XVII + 391 / Biblioteca Ayacucho
La vida del maestro caraqueño, ensanchada largamente hasta los ochenta y tres años, se divide en cuatro etapas nítidamente diferenciadas: un cuarto de siglo en Caracas; otro, en siete países de Europa; un tercer lapso –siete años– desde sus retorno del viejo mundo hasta la muerte de Bolívar; y, un cuarto de siglo final, en el que publica sus obras. No hay cortes en esa existencia, a pesar de los múltiples viajes, sino del vigor de un plan que se desenvuelve en rígida unidad, dominadas soberbiamente todas las hostilidades, la pobreza tenaz y todas las peripecias adversas. Labora sin término, descubre, innova, intuye, crea, percibe a distancia de cien años hacia el porvenir. Pero no le comprenden; y en ello va su drama gigante.
“Hay ideas –expresa, analizando su propia problemática– que no son del tiempo presente aunque sean modernas, ni de moda aunque sean nuevas. Por querer enseñar más de lo que todos aprenden, pocos me han entendido, muchos me han despreciado y algunos se han tomado el trabajo de perseguirme”.
Desde los veinte hasta los ochenta años dio clases el maestro venezolano, casi ininterrumpidamente. Y logró descubrir y modelar un gran discípulo: Simón Bolívar, forja fundamentalmente suya. Hubiese bastado eso sólo para perennizar el nombre del educador, a quién el discípulo le dijo por escrito: “Yo he seguido el sendero que usted me señaló: No puede usted figurarse cuan hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado. Siempre presente a mis ojos intelectuales, las he seguido como guías infalibles”.

Alfonso Rumazo González (Ecuador)
Presentación: José Ramón Medina / Cronología: Lupe Rumazo /  Bibliografía: Horacio J. Becco / Materias: Biografía / Páginas: XVII + 391 / Biblioteca Ayacucho
La vida del maestro caraqueño, ensanchada largamente hasta los ochenta y tres años, se divide en cuatro etapas nítidamente diferenciadas: un cuarto de siglo en Caracas; otro, en siete países de Europa; un tercer lapso –siete años– desde sus retorno del viejo mundo hasta la muerte de Bolívar; y, un cuarto de siglo final, en el que publica sus obras. No hay cortes en esa existencia, a pesar de los múltiples viajes, sino del vigor de un plan que se desenvuelve en rígida unidad, dominadas soberbiamente todas las hostilidades, la pobreza tenaz y todas las peripecias adversas.
Labora sin término, descubre, innova, intuye, crea, percibe a distancia de cien años hacia el porvenir. Pero no le comprenden; y en ello va su drama gigante. “Hay ideas –expresa, analizando su propia problemática– que no son del tiempo presente aunque sean modernas, ni de moda aunque sean nuevas. Por querer enseñar más de lo que todos aprenden, pocos me han entendido, muchos me han despreciado y algunos se han tomado el trabajo de perseguirme”. Desde los veinte hasta los ochenta años dio clases el maestro venezolano, casi ininterrumpidamente. Y logró descubrir y modelar un gran discípulo: Simón Bolívar, forja fundamentalmente suya. Hubiese bastado eso sólo para perennizar el nombre del educador, a quién el discípulo le dijo por escrito: “Yo he seguido el sendero que usted me señaló: No puede usted figurarse cuan hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado. Siempre presente a mis ojos intelectuales, las he seguido como guías infalibles”.