20/9/10

Los últimos días de la República española


Manuel Tagüeña Lacorte
Los delegados de Casado, teniente coronel Antonio Garijo y mayor Leopoldo Ortega, volaron a Burgos el 23 de marzo. Los representantes del enemigo les exigieron la entrega simbólica de la aviación republicana el 25 y la rendición del resto de nuestro Ejército el 27. Otro viaje de dichos delegados a Burgos, el día 25, fue infructuoso; no les aceptaron excusas por no haber llegado los aviones y los obligaron a regresar apresudaramente a Madrid, a pesar del mal tiempo. Casado envió un radiograma pidiendo una prórroga de 24 horas, a sabiendas de que los pilotos ya no le obedecían; pero le contestaron pidiendo al Consejo que ordenara a las fuerzas republicanas de primera línea que levantaran bandera blanca.
El día 26 de marzo, el Cuerpo Marroquí atacó Extremadura, en el sector de Peñarroya, teniendo que vencer alguna resistencia, la última que ofreció el Ejército Republicano, pero las líneas fueron rotas y las columnas motorizadas penetraron hasta Almadén. A su derecha, el Cuerpo de Andalucía ocupó Pozoblanco. Al día siguiente, tres cuerpos de ejército (del Maestrazgo, Navarro e Italiano) invadieron sin dificultad alguna toda la provincia de Toledo, en simple paseo militar. Ese mismo día, los soldados republicanos abandonaron en masa todos los frentes. Un ejército de más de medio millón de hombres desapareció en pocas horas.
El día 28 de marzo, Casado dio orden de comunicar al enemigo la rendición del Ejército del Centro y salió en avión hacia Valencia. Al mediodía, las tropas enemigas, que durante tantos meses se tuvieron que contentar con ver la capital de lejos, entraron por fin en Madrid. Los demás miembros del Consejo abandonaron también la capital, excepto Besteiro, convencido de que no corría ningún peligro, y que trataba de persuadir de lo mismo a los que le pedían ayuda para huir. El anarquista Melchor Rodríguez, que desempeñaba el cargo de alcalde de Madrid, dio la bienvenida a las fuerzas enemigas, que le permitieron continuar en su puesto duarnte varios días.
El día 29 de marzo se derrumbó verticalmente toda la zona republicana. Casado siguió dando órdenes superfluas de rendición y prometiendo al pueblo que nadie sería perseguido "si no había cometido crímenes" y que la evacuación sería permitida. Mientras tanto, oleadas de fugitivos se esforzaban en llegar a los puertos de Levante. Ese mismo día, Casado abandonó Valencia, ya en manos de la quinta columna, y embarcó en Gandía en el buque de guerra inglés Galatea, junto con un centenar de jefes, oficiales y funcionarios. El general Miaja voló a Argelia en su avión personal. Oficiales y soldados escogidos de la 10ª División se apoderaron por la fuerza de dos campos de aterrizaje cercanos a Cartagena y en varios aviones pudieron salir para África los dirigentes comunistas y de la JSU, junto con varios jefes de dicha División (...)
(...) No nos equivocamos juzgando la magnitud de la catástrofe. En la mayoría de las localidades, la quinta columna, adelantándose a la llegada de sus tropas, se apoderaba de las emisoras de radio, por las que lanzaban mensajes de adhesión al generalísimo Franco y los locutores improvisados se felicitaban mutuamente y repetían sin cesar los vítores falangistas y tradicionalistas. A caba momento salía al éter una nueva ciudad, aeródromo o base militar. Las emisoras de la zona enemiga intervenían alborozadas y no había frecuencia en las bandas que no estuviera lanzando voces de alegría y de victoria.
Las columnas motorizadas ocuparon ese día Jaén, Ciudad Real, Sagunto, Albacete y otras muchas ciudades de menor importancia. El 30 de marzo, entraron en Valencia y los italianos alcanzaron Alicante, donde cayeron prisioneros muchos miles de fugitivos reunidos en el puerto en la angustiosa espera de los buques prometidos para la evacuación. El 31 fueron ocupadas Almería, Murcia y Cartagena. La guerra civil, ahora sí, había terminado.
De: “Testimonio de dos guerras.”