10/9/10

La hegemonía como arena de lo político


Clarissa Arellano (Nicaragua) La rosilta
 Franco Gamboa Rocabado
    El análisis de los clásicos del marxismo en el siglo XXI puede representar un trabajo que implica solamente una reflexión alrededor de la historia de las ideas, o por el contrario, intentar reinterpretar los principales postulados teóricos a la luz de nuevos fenómenos, tratando simultáneamente de superar los viejos errores que refutaron las teorías originales.

    Se pueden también considerar otros aspectos en torno a ¿cuán útiles son las perspectivas críticas que inauguraron los denominados grandes pensadores de la revolución comunista, para seguir cuestionando nuestra contemporaneidad política? Si bien las diferentes versiones del marxismo-leninismo están devaluadas por la desaparición de la ex Unión Soviética y todo el orbe socialista de Europa del Este, algunas orientaciones crítico-analíticas de autores como Antonio Gramsci, todavía mantienen cierta vigencia, en el sentido de invitar a los líderes políticos y los movimientos sociales, a pensar procesos muy complejos como las raíces en las que prospera la dominación, o los procesos ideológicos que abarca la construcción de hegemonías.
    A pesar de las dificultades intrínsecas que tienen todos los textos teóricos de Gramsci debido a su fragmentación, ausencia de sistematización y los problemas para tener una imagen completa de su pensamiento, los aportes respecto al concepto de hegemonía son bastante sugerentes, pues permiten comprender que la cultura y la sociedad se construyen a través del entrelazamiento de diversos códigos de significaciones, otorgando sentido a todo lo que el hombre puede desarrollar en su vida colectiva. En las ciencias sociales, siempre ha llamado la atención aquel entramado simbólico que no se reduce a meras prácticas económicas o entretenimientos míticos. Los horizontes simbólico-culturales tienen su propia especificidad, su propia vida y autonomía enigmática.
    Aquellas visiones del marxismo (mecanicista y ortodoxo) que, gracias a la extensión acrítica de la teoría del reflejo a las ciencias sociales, reducían todo análisis a los procesos materiales de producción, terminaron por esconder y abandonar en la oscuridad los fenómenos comúnmente conocidos como superestructuras. Gramsci puede ser resucitado con el objetivo de realizar una lectura profunda de los fenómenos hegemónicos, sobre todo relacionados con la producción de la cultura y una serie de procesos de comunicación masivos que hoy en día son bastante cruciales, como las campañas políticas, el desarrollo de la opinión pública y las estrategias para “manufacturar consensos” en las democracias modernas.


    Es en el horizonte de la superestructura política, ideológica y cultural que se desenvuelven los estudios de la hegemonía; en el tratamiento de esta temática, hasta el día de hoy destaca Antonio Gramsci, con un conjunto de reflexiones pertinentes respecto a la identidad de lo político, como espacio propio de conocimiento y construcción de objetos de estudio particulares. El problema ideológico como una estructura de significaciones, conduce a las “formas hegemónicas de la política”, las cuales representan a sutiles basamentos de la dominación del Estado en una sociedad. Por consiguiente, el horizonte de visibilidad teórico para el pensamiento político le debe mucho a las reflexiones gramscianas sobre la hegemonía y los determinantes ideológicos de la dominación política.
    Las relaciones entre el Estado y la sociedad civil pueden ser comprendidas a partir de las influencias de la hegemonía, porque los patrones políticos que caracterizan a las estructuras estatales se originan y asientan en la sociedad, mientras que ésta responde y se subordina al Estado, gracias a las directrices del poder que éste produce. La hegemonía sugiere que el Estado y la sociedad civil son una continuidad de mutua dependencia.
    En esta medida, al estudiar el concepto de Estado, Gramsci entiende un equilibrio entre la sociedad política (dictadura-coerción) y sociedad civil (hegemonía-instituciones). Así, se desemboca en un Aparato de Hegemonía de Clase (A.H.C.) que abarca la educación, cultura, iglesia y la misma vida cotidiana. El concepto de hegemonía se entiende como una cadena “total”, capaz de abarcar muchas dimensiones de la vida colectiva; aunque Gramsci está preocupado por cómo obtener la eficacia hegemónica de la clase social por la cual lucha: el proletariado, se extiende a estudiar la hegemonía como un objeto que incumbe tanto a las clases dominantes como a las dominadas; sus propuestas teóricas intentan extenderse a los rasgos generales de la hegemonía como un instrumento general de dominación en todo momento histórico.
    La hegemonía no llega a constituirse como tal por sí misma, es decir, por la acción omnipotente de las estructuras de una sociedad, sean éstas políticas, ideológicas o económicas. La hegemonía está alimentada por prácticas concretas de sujetos sociales concretos; estos sujetos son los intelectuales. Gramsci trata de entender a los intelectuales a partir de su función social, destacando la acción de un intelectual colectivo y no individualmente considerado; éstos serán comprendidos, además, desde una aproximación “institucional” que conduce hacia los diferentes aparatos en los cuales se sitúan dichos intelectuales para ejercer su función social que contribuye a reproducir la dominación en toda sociedad.
    En Gramsci, la noción de intelectual sufre una ampliación pues se extiende hacia una red de “ordenadores funcionales del sistema social”. No se podrá considerar, entonces, como intelectual solamente al individuo que desarrolla una actividad libresca o ligada a la esfera de la pluma, sino que, cuando se privilegia la función social ampliada de los intelectuales; por lo tanto, es fundamental entender los elementos de cohesión social de un bloque de fuerzas, donde los intelectuales cumplen la función de organizar la hegemonía social de un grupo y su dominación estatal.
    Algunas preguntas de investigación importantes, por ejemplo, son: ¿Cuáles serían los intelectuales que han generado y todavía generan las bases para las “nuevas construcciones ideológicas”? ¿Cómo operan los intelectuales según los ámbitos institucionales del Estado y de la sociedad civil? Las ideas sobre hegemonía e intelectuales nos obligan a observar el papel de los empresarios privados, aquellos que toman las decisiones burocráticas dentro del Estado y los líderes de opinión que operan dentro de los medios masivos de comunicación.
Franco Gamboa Rocabado, sociólogo político, miembro de Yale World Fellows Program, franco.gamboa@aya.yale.edu