6/9/10

Jürgen Habermas cumplió 81 años


Foto: Jürgen Habermas
Suzanne Islas Azaïs
En días pasados Jürgen Habermas, sin duda uno de los filósofos más importantes, cumplió ochenta años. Nacido el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, Alemania, su obra filosófica acompaña gran parte del siglo XX, un siglo particularmente violento marcado por dos guerras mundiales y del que bien a bien el mundo no ha logrado recuperarse. La vasta obra de Habermas puede analizarse desde varias perspectivas. Lo que nosotros queremos destacar aquí es precisamente el diálogo que ha mantenido con la sociedad en los que pueden considerarse los dos momentos más importantes de su desarrollo filosófico.

Formado inicialmente en la tradición hegeliano-marxista, el joven Habermas se incorporaría a la Escuela de Frankfurt de la que pronto, sin embargo, tomaría distancia. Así, en 1981 publicaría una de sus obras más importantes: Teoría de la acción comunicativa. Diagnóstico de la modernidad y teoría social al mismo tiempo, Habermas presentaba allí un paradigma de “racionalidad comunicativa” desde el que se podían re-interpretar los procesos de modernización evitando la tesis de la total burocratización y cosificación de las sociedades que tanto Weber, como Horkheimer y Adorno, habían sostenido en sus respectivos trabajos. Modernización, para Habermas, significaba así no sólo racionalización instrumental, sino también racionalización comunicativa y del mundo de la vida, vale decir, racionalización moral y social. Se trataba, desde su perspectiva, de salvar los contenidos normativos de una modernidad que no podía –ni debía- entenderse únicamente en términos de una paulatina imposición de la relación medio-fin en todas las esferas de la vida. En Teoría de la acción comunicativa, además, Habermas afirmaba haber alcanzado una teoría crítica sin filosofía negativa de la historia. Buscaba, con lo anterior, superar específicamente el diagnóstico de Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la ilustración.
Cabe decir aquí que este enfoque distinto sobre la modernidad fue además posible por la apertura de Habermas a los distintos desarrollos filosóficos en Europa y en Estados Unidos: filosofía del lenguaje, hermenéutica y sociología son algunas de las disciplinas y enfoques filosóficos de los que abreva la teoría de la acción comunicativa. Y es precisamente este diálogo con las distintas tradiciones el que habría de dar lugar al otro momento importante en el desarrollo de la obra de Habermas.
En efecto, fue la teoría de la justicia como imparcialidad o equidad de John Rawls (1921-2002) la que en gran medida habría de orientar los temas principales de Facticidad y Validez (1992), una filosofía política y del derecho que constituye una defensa del Estado democrático de derecho. Con este propósito, Habermas introduce la idea de una democracia deliberativa en la que los procesos de formación discursiva de la voluntad juegan un papel fundamental. En la implicación comunicativa orientada al consenso, los ciudadanos asumen una serie de presupuestos normativos que, según Habermas,  el propio medio lingüístico impone. La constante, entre Teoría de la acción comunicativa y Facticidad y Validez, es la preocupación de Habermas por lo público y su interés por indagar en torno a las fuentes de racionalidad normativa en las sociedades actuales.
Otras obras de Habermas que conviene tener presente son las siguientes:Historia y crítica de la opinión pública (1962), Teoría y Praxis (1963) Ciencia y técnica como ideología (1968), Problemas de legitimación en el capitalismo tardío (1973), Conciencia moral y acción comunicativa (1983), El discurso filosófico de la modernidad (1985), Pensamiento Postmetafísico (1988), Más allá del Estado nacional (1995), La inclusión del otro (1996) y, por supuesto, elDebate sobre el liberalismo político que, publicado en español por Paidós en 1998, recoge el diálogo Rawls-Habermas con importantes artículos de ambos. En los libros de Habermas siempre es posible encontrar, además del análisis propio del tema en cuestión, balances y reflexiones importantes sobre el estado de la filosofía moderna y contemporánea.
¿Por qué es Habermas un pensador fundamental? Por su reivindicación del punto de vista filosófico frente a quienes llegaron a plantear incluso la abdicación de la filosofía en nombre de otro tipo de lenguajes. Y también porque, en el contexto de un siglo trágico que ha sembrado la desesperanza con respecto al futuro de la humanidad, Habermas ha estado del lado de la razón, el proyecto ilustrado, la libertad, el Estado de derecho y la democracia.
Pero la filosofía de Habermas no ha sido tampoco inmune a esta experiencia convulsa y sus consecuencias en la reflexión contemporánea. De aquí que se empeñe, por ejemplo, en sostener un discurso filosófico “post-metafísico”. En el espacio propiamente académico, y por señalar sólo uno de los temas, todavía habrá que reflexionar a profundidad en torno a su propuesta del paso de una conceptualización básica ligada a la “razón práctica” a una conceptualización ligada a la “racionalidad comunicativa” de carácter más bien procedimental, según se argumenta en Facticidad y Validez.