22/9/10

Evo Morales: Una importante casualidad histórica

Foto: Evo Morales Ayma

José Justiniano Lijerón
En el Marxismo no existen fenómenos sin explicar, encontramos consideraciones con respecto a la casualidad, en el sentido de que: “detrás de una necesidad hay una casualidad y viceversa”, o sea que reflexiona que al suceder hechos históricos especialmente en la sociedad, no hay la tal predestinación, sino que los hechos están librados a una serie de factores, contradicciones internas y externas, lo que explica porque los fenómenos en el transcurso del tiempo, se sucedan de una manera y no de otra.Y cuando habla de los “llamados grandes hombres”, Engels añade: “El hecho de que surja uno de éstos, precisamente éste y en un momento y un país determinados es, naturalmente una pura casualidad”.
No es de nuestro interés aquí hacer una apología sobre Evo Morales, sólo se intenta dar una sencilla explicación del porque un dirigente sindical, como muchos dirigentes políticos sindicales, obreros y campesinos, con mayor o igual trayectoria y capacidad política y sindical, llega a la primer magistratura de la nación, con el voto mayoritario del pueblo boliviano en el año 2005.
Tampoco pretendemos hacer una biografía sobre la vida del señor Presidente, pues ya bastante se ha escrito sobre su vida corriente de un niño campesino pobre, y luego su migración familiar a la zona del chapare (Departamento de Cochabamba) al cultivo y comercialización de la hoja de coca, sus aptitudes deportivas así como los comienzos de su vida sindical, aprendiendo en la práctica luchando y defendiendo a su sector, ante las políticas de represión de los gobiernos neoliberales, en sus planes obedientes a los EE.UU. de “luchar” en contra la producción de la cocaína, pretendiendo eliminar todos los cultivos de la hoja de coca, como base principal de la fabricación de esta droga. Y sin contemplar las costumbres ancestrales de consumo por herencia cultural de la “hoja sagrada” por gran parte de la población boliviana.
El auge de la hoja de coca en el trópico de Cochabamba, especialmente en el Chapare, (existen también grandes cultivos en la zona de los Yungas departamento de La Paz ) se acrecentó en la década de los años 70 al 80, cuando las dictaduras militares, regían en nuestro país apoyadas por los EE.UU., el cultivo y fabricación de la cocaína casi se convirtió en un negocio legal socapado por esos gobiernos, luego en la dictadura (1980) de García Meza y Arce Gómez, llamado “ministro de la cocaína”, (hoy ambos cumpliendo una condena de 30 años de prisión) se incrementó aún más tanto el cultivo de la hoja de coca, así como la fabricación y trafico de la cocaína.
Entendidos en la materia, aseguran que la coca producida en la zona del Chapare es más apta para la fabricación de la cocaína, que la cultivada en Los Yungas que es la más preferida, para su masticación. Ahora de que siempre hay un excedente de hoja de coca que siempre fue y va hacia el narcotráfico, es evidente, buscar una solución global a este problema, es una tarea sumamente delicada que continua pendiente, y tendrá que ser encarada resueltamente por el gobierno.
En el tiempo de dictaduras y por convenir a sus intereses, no había que reprimir a ese sector, sólo al movimiento obrero y campesino que luchaba por las libertades políticas y democráticas conculcadas por los mandos sangrientos de la época.
Recuperada la “democracia” por las luchas del pueblo, a inicio de los años 80. La clase obrera y sus aliados salían de largas dictaduras militares y golpes de estado, se iniciaba el periodo democrático con un gobierno llamado de “izquierda”, que el pueblo esperanzado y agobiado por las dictaduras pasadas, hizo respetar el voto y con movilizaciones y presión popular, llevó a la Presidencia a Siles Zuazo, que desde sus inicios se planteó solucionar la crisis en que se encontraba el país, obedeciendo ciegamente al Fondo Monetario Internacional. Lo que ocasionó rechazo general por su incapacidad y su falta de consciencia del momento político, y con un parlamento en minorías, se agudizaron las contradicciones con el pueblo, lo que culminó con su acortamiento casi voluntario de su mandato, y nuevas elecciones nacionales, situación que determinó el inicio y la sucesión de gobiernos neoliberales.
Las migajas y prebendas que otorgaban estos gobiernos a ciertos sectores y en especial a la clase media, hace florecer el oportunismo que inclusive toca a algunos sectores sindicales, más atrasados políticamente. Es el tiempo en que además, inclusive vuelve a gobernar el dictador Hugo Banzer, (1997) con el voto en las urnas.
En aquellas elecciones nacionales Banzer sólo logró un 22.3% de los votos en todo el país y en contubernio con otras mayorías relativas de la derecha, en el parlamento, lo eligieron Presidente.
No olvidemos que es el momento del famoso Decreto retrógrada 21060 del gobierno de Víctor Paz, una de las causas del retroceso que sufrió el movimiento obrero entre 1985-1986, ya que el 21060 fue la imposición por la fuerza y represión del neoliberalismo, ante la resistencia tenaz de la clase obrera, y el comienzo el despido masivo de trabajadores, en especial en el sector minero y demás sectores laborales, así como las consiguientes migraciones de mineros, y campesinos hacia las ciudades, y a la zona cocalera del Chapare especialmente con el objetivo de ser parte del atractivo negocio del cultivo de la hoja de coca , y a otras zonas del oriente boliviano. El cultivo y comercialización de la hoja de coca de aquella época, y aun hoy en día, sigue siendo un lucrativo negocio. Sólo para conocimiento del lector, sin tomar en cuenta otros factores que no son objeto de este comentario, el precio de un kilo de hoja de coca para la masticación es en promedio nacional 11,31 dólares americanos y el precio de un kilo de carne vacuna, es de 4,14 dólares americanos.
El gobierno “democrático” Banzerista y sus continuadores, (al iniciarse el año 2.000) siguieron con sus políticas privatizadoras, arremetiendo contra las protestas, y grandes movilizaciones campesinas en el Departamento de La Paz con proposiciones políticas nacionales y no sólo sectoriales, dirigidas por el líder campesino Felipe Quispe “el Mallku”. Los cocaleros del chapare y el dirigente fabril Olivera a la cabeza del movimiento en Cochabamba, quienes fueron la principal resistencia en la “guerra del agua”, (que fue el resurgir de las luchas obreras y campesinas en el país) y que obligó al gobierno a retroceder en la concesión de ese liquido elemento a una transnacional, y fue forzada a abandonar el país, con el costo de vidas humanas de parte del pueblo cochabambino.
Recordemos aquí que el sector cocalero, es decir el compañero Evo Morales, que entre sus más cercanos seguidores constaba con experimentados ex dirigentes nacionales del sindicalismo obrero, vieron correctamente que para tratar de consolidar un movimiento sectorial como los cocaleros y su líder, en una alternativa nacional, era necesario no sólo plantearse pedidos sectoriales, sino reivindicaciones de problemas nacionales, que engloben las luchas de otros sectores del país, y eso fue elemental para el futuro de Evo Morales, para las Federaciones del trópico y la organización política del MAS, sigla que fue adquirida, y para el Instrumento por la Soberanía de los Pueblos (IPSP) fundado en 1995 por el sector cocalero.
Las luchas del pueblo se desparramaron por todo el país, en contra del gobierno de Sánchez de Lozada, con la conducción de la Central Obrera Boliviana especialmente en las ciudades de la Paz y El Alto, en contra de la entrega y exportación a EE.UU. del gas y además por el rotundo rechazó a su salida por Chile.
Hechos que culminaron, con la masacre de más de 70 personas y centenares de heridos (octubre del 2003), como respuesta a las protestas principalmente del pueblo y con la llegada masiva de campesinos, mineros y pueblo de diferentes lugares a la ciudad de La Paz , movilización que obligó al responsable de la masacre, Sánchez de Lozada, a presentar su “renuncia” a la presidencia, ante un parlamento que no tenía otra salida que aceptar su fuga “legal” del país, pues el pueblo estaba en las calles con toda su decisión de seguir exigiendo la salida del mandatario y frente a un ejército dispuesto a seguir reprimiendo y masacrando. No se podrá negar que en esos momentos importantes de esta historia, era pueblo en las calles con la orientación de la Central Obrera Boliviana, cuya dirigencias sindicales y vecinales se la veía en todos los lugares de esa insurrección popular.
La historia juzgará si en ese momento concreto, con una correcta dirección política y mejor organización con condiciones materiales para resistir y vencer, pudo haber surgido un gobierno verazmente popular o si la sucesión constitucional de la presidencia, era lo más correcto. Creo que ante la falta de una dirección y organización, considerando los sucesos que habían ocurrido hasta llegar a ese instante, la sucesión constitucional fue la solución más correcta para esa situación.
Después viene la Presidencia de Carlos Mesa, con bastante expectativa de dar un rumbo diferente a la situación imperante, dado su capacidad de periodista y crítico político reconocido. Pero sus compromisos con la derecha y su falta de coraje, y al pretender hacer un gobierno por encima de las clases y su incapacidad, debió renunciar ante el Congreso de la Nación , y por sucesión le correspondía tanto al Presidente de la Cámara de Senadores o al de la Cámara de Diputados, (ambos eran parte responsable de lo que estaba ocurriendo en el país), o en su caso al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, la presión popular del pueblo en las calles, obligó al Parlamento a nombrar al Presidente de la Corte Suprema, Rodríguez Veltzé como Presidente de la Republica (junio de 2005) y la convocatoria perentoria a elecciones nacionales para el 4 de diciembre del año 2005.
En los sufragios del año 2002, Evo Morales había sacado una votación expectante de 22.3%, habiendo logrado dar un salto cuantitativo muy importante, con relación a su anterior votación del año 1997 donde sólo logro ser electo Diputado junto a 3 de sus compañeros.
Después de todo lo ocurrido, la incapacidad de la derecha de administrar las crisis del sistema, que duraba desde las dictaduras y la etapa de los gobiernos neoliberales y toda la secuela de entreguismo, corrupción y al coronar sus fechorías con la última masacre de “la guerra del gas” del 2003, era suficiente para el pueblo boliviano y un basta a tanto latrocinio de una derecha entregada al interés de la voracidad extranjera.
Dado que la crisis de aquel momento ya no resolvería en las calles, el pueblo no debía equivocarse en las elecciones nacionales establecidas para el 4 de diciembre del 2005, para enfrentar a la derecha en las urnas. Aquí surge la perspectiva de la candidatura de Evo Morales que ya tenía una excelente base electoral de un 22.3% en elecciones anteriores, y era ya una personalidad política importante y aparece como una alternativa popular seria y posible en ese momento, ante tanto desbarajuste, económico, político y moral de las clases dominantes.
El 54% del contundente resultado a favor de Evo Morales en dichas elecciones, reflejó en el momento, el hastío especialmente de las capas populares en contra de la derecha boliviana y todos sus seguidores. Además fue una respuesta contundente a la intromisión norteamericana que había expresado su rechazo público a la candidatura de Evo Morales.
Así mismo fue una esperanza en la oportunidad que se presentaba para el pueblo de que un dirigente sindical campesino honesto, de los productores de la hoja de coca y que tuvo la capacidad de abrazar las demandas de todo un pueblo en el momento indicado, aspiraba a la presidencia de la República de un pueblo que quería - y aun quiere- ser el dueño y gestor de su propio destino. Esa esperanza aún sigue latente con el nuevo triunfo contundente de diciembre del año pasado por otro periodo Presidencial.
Las vicisitudes por las que ha tenido que pasar la anterior gestión del gobierno, por el acoso permanente de la derecha y sus amos del norte, demostró que su principal sustento político con el voto en las urnas, son las mayorías pobres y explotadas de este país y también en las calles que fue donde se resolvió y se resolverán los conflictos futuros, es la clase obrera, los campesinos y sus aliados naturales, junto al trabajo de los partidos revolucionarios y las tendencias, corrientes y personalidades políticas y sindicales, que creen que este proceso de cambios debe desembocar en una transición hacia una sociedad de iguales.
Y eso sólo se logra en una sociedad socialista, combatiendo el maldito y egoísta interés privado, en beneficio del interés de todos. Sigamos apoyando toda medida que beneficie a la clase obrera y las mayorías nacionales con su proyecto histórico, y critiquemos y rechacemos cualquier medida o actitud de favorecer a la derecha y a sus amos del norte.
La necesidad histórica, del momento concreto, hizo que Evo Morales y no otro, sea la oportunidad de una mejor alternativa para el pueblo boliviano que aún se está desarrollando. Lo reiteramos, este proceso no es todo lo que queremos, pero hoy en día es lo mejor que tenemos. No lo desperdiciemos.
José Justiniano Lijerón es ex Dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB) 
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113446