18/9/10

Charles Dickens: “Nuestro amigo común”

Francisco Vélez Nieto
Traducción de Damián Alou / Grandes Clásicos Mondadori
“Nuestro amigo común” se considera como una de las mejores novelas de Dickens. Fue su última obra en vida escrita entre 1864-1865. Otra novela maestra de la literatura universal Crimen de Dostoyevski se escribió entre 1865-1866. El autor ruso era un verdadero admirador de Dickens pero no había leído Nuestro común amigo cuando escribió su Crimen y Castigo. Italo Calvino lo define como “La extraña providencia que gobierna la literatura”. Carambola de la creación literaria que resulta sorprendente, emocional, para el buen lector.
Sin duda alguna se puede afirmar que es la más crítica de todas sus obras porque con ella vuelve, como señala su apasionado lector, crítico y compatriota Shesterton, retorna a lo que amaba, a su propio ser literario, los orígenes de la razón del escritor.
Siempre con su fino y agudo sentido del humor y la mordacidad delirante para enjuiciar personajes y situaciones de la época victoriana, logrando el retrato de una burguesía que ha iniciado su decadencia ante el empuje avaricioso desmedido y sin escrúpulo de una nueva clase.
Aquí ese malvado personaje que sabe leer y logra chantajear a un sencillo hombre analfabeto sediento de cultura que le pide le lea a él y su mujer la “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” obra magistral del también ciudadano inglés Gibbon. Así van surgiendo, sucediéndose, esos singulares personajes, presuntuosos e ignorantes, los nuevos ricos de una emergente clase poseída de ostentosa riqueza, inculta, despiadada y explotadora del hombre por el hombre. Historia que se repite mientras abajo se encuentra el pobre para soportarla y percibir sus migajas.
Un retrato social que como señala Edmund Wilson, muestra “su juicio final sobre la proeza victoriana con un estilo tan impresionante que nos cuenta del escaso poder que tuvieron las distracciones de esta época para apartarlo del propósito primordial de su vida: el serio ejercicio del arte”.Algo que nos puede parecer semejante, dentro del tiempo transcurrido, a este desventurado, asfixiante y tenebroso siglo XXI con los conceptos sociales y políticos de una sociedad salvaje, donde el humanismo y la ética andan escasos de espacio.
Aquí, una vez más, como en todas sus historias, la grandeza literaria de este maestro de la novela mostrando sin sentimentalismos baratos, una imagen real y viva de la sociedad de su tiempo con toda su crudeza y mal olor. A igual que gran parte de sus novelas Nuestro amigo común fue publicada por capítulos mensuales en aquellos grandes tabloides de su tiempo, sucesión seriada que siempre lograba crear una impaciente espera en sus miles y fieles lectores.
La historia no puede ser más simple y cotidiana, más que a medida que va desarrollando el campo de sus vivencias, adquiere esa plenitud propia del insobornable literato, siempre exigente consigo mismo por encima de los placeres y el ego de ser famoso. Aquí, su calidad y estatura de creador magistral de lo entendido como simple y sencillo, plasma la decadencia y degeneración de la alta sociedad paralelamente al nacimiento de una conciencia obrera que ha iniciado sus primeros balbuceos para intentar dejar de ser “Los humillados y ofendidos” de Dostoyevski.
La historia es un enrevesado y complejo laberinto, que sigue el modelo de todas sus novelas seriadas, poderosa maestría manejada con increíble habilidad en una compleja madeja de personajes, ejemplares siempre vivos, palpables retratos individuales. Ahí está la fuerza de su creatividad. Personajes distorsionados, que actúan de viva voz y que el lector consigue sentirlos hablar, expresar sus ambiciones y necesidades, las miserias y las bondades, donde el poderoso don dinero es el arma mortal para escalar puestos de alturas social, objetivo de ese nuevo espécimen social desafiante, vulgar e ignorante, prototipo del rico ostentoso, semejante, tal vez más cruel, que esa otra casta que va en declive.
Ahí está Veneering prospero acaudalado sin sentido del ridículo, carente de ética; junto a los especuladores, los serviles políticos y aduladores. Todos son tratados con la consideración que merecen por el autor, pero sin exageraciones, simplemente mostrando su desnudez mental. Cuán poco les importa a ellos la ética y la estética, también el amor y el trabajo honesto sentido por los humildes, capaces pese a todo de creer en el amor y el calor solidario de la familia. Todo con el fino humor y la sorna sin concepciones de un Dickens que muestra la vileza de unos y la humanidad solidaria de otros.
Londres con su niebla y lluvia, el Támesis como eje central de la historia; todo transcurre en su cauce, aguas y orillas, el Londres de la City y la miseria de los barrios pobres. La sobrecogedora imagen envuelta en la oscuridad y la niebla de esas calles con el comercio cerrado y las sombras monumentales de sus iglesias flotando. Cuando una noche un extraño y miserable pescador, que se gana la vida repescando cadáveres del río para antes de entregarlos a la policía, vaciar el dinero de sus bolsillos, mientras su tierna hija, sin querer mirar tan macabro cuadro, rema atendiendo las vastas y coléricas órdenes del padre.
Un cadáver misterioso, una herencia. La presencia de un joven que arriba a Londres para tomar posesión de una herencia paterna, quien en su día lo expulsó de su casa. La hermosa joven de nombre Bella se sucederá tras este primer capítulo, insuperable, para atrapar totalmente al lector hasta convivir con los personajes y participar en tirar de ese hilo del ovillo que conduce al final. Final que no se puede comentar pues sería una traición imperdonable tanto por el autor como por los lectores.