2/8/10

Socialismo burgués y socialismo proletario

Alejandra Alcala Fariñez (Venezuela) Pétalos del alma
 
(Este artículo, escrito hace 3 años, ha tenido como objetivo inicial confrontar las tesis neorevisionistas de Hans Dieterich Steffan, co-fundador germano-venezolano de la presentada nueva estrategia revolucionaria superadora de aquella del Socialismo Científico, la rimbombantemente llamada “Socialismo del Siglo XXI”. 

A la vez que, hemos buscado refutar, sobre la base de la crítica de la misma, la variante socialista nacional presentada en nuestro medio como artículo de debate en las páginas de DEBATE, órgano que fue de la camarilla revisionista dirigente del Partido del Pueblo. He decidido darle publicidad, ahora, con ligera modificaciones, dado que mantiene toda su actualidad. Habido el hecho, además, que desde diversas corrientes del pensamiento marxista-leninista se ha dado inicio a una multifacética campaña ideológica contra tal versión del revisionismo postmoderno).

Artículo Primero
El socialismo es Teoría y Pensamiento-guía de nuestro camino, nuestro Programa Fundamental, nuestra Línea Política General. ¿Cuál es éste camino? Que otro, sino aquel del Octubre ruso de 1917.
En otras palabras, quede establecido, el socialismo es el pasaje revolucionario del poder de la minoría de los explotadores a la mayoría de los explotados; el paso de la barbarie a la civilización; de la vieja sociedad basada en la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre a una sociedad basada en la propiedad colectiva sobre los medios de producción. El socialismo es la clase obrera organizada como clase dominante; es el reino de la democracia, de la libertad y el bienestar para los trabajadores; la premisa material, política y cultural del comunismo. El socialismo barriendo drásticamente con el viejo modo de pensar, los viejos valores y las viejas concepciones generales del mundo, mandando al basurero de la historia a todas las viejas instituciones estatales, partidos burgueses y revisionistas; construyendo una nueva organización económica, social y política representa la sociedad más progresista, más justa y humana de la historia. El paso último de la sociedad dividida en clases sociales antagónicas a la sociedad sin clases ni lucha de clases.
Fieles, por ende, a la opinión tradicional de que el socialismo implica la expropiación de los actuales propietarios y la abolición de la forma burguesa de apropiación de lo producido, plusvalía y salario, y su transferencia a la sociedad; lo que entraña como su elemento fundamental la instauración de la dictadura del proletariado luego del triunfo de la guerra civil proletaria, así como la continuidad de la lucha de clases hasta completar la construcción de la primera etapa del comunismo, es decir la edificación de la sociedad socialista.
Toda otra concepción del socialismo que no contenga tales elementos esenciales es una mistificación, un engaño dirigido a perpetuar la esclavitud asalariada de los trabajadores y la dictadura de la burguesía. Esto es cubrir el propio pasaje ya el socialreformismo burgués, ya al utopismo pequeño burgués de derecha o de “izquierda”.
Nosotros, en consecuencia, nos batimos por ese socialismo clásico, auténtico, ideado por Marx y Engels, conquistado y construido por Lenin, Stalin y Mao, cuya misión cumplida ha sido derrocar el semi-feudalismo, el capitalismo y el imperialismo.
Pese a la experiencia de la realización del socialismo como sistema social por bien sesenta años, Debate, órgano de los souzistas para obreros, invalidando eso escribe: “El socialismo es un proyecto antes de ser un concepto. Por esa razón es necesario abordar el contenido, como paso preliminar a la utilización de la palabra”. Y haciéndose el ingenuo pregunta provocadoramente: “¿Qué es el socialismo? ¿Se trata del stalinismo, del maoísmo, Pol Pot, de la socialdemocracia, de la tercera vía?”, y concluye, “Estamos en plena ambigüedad”.
Bajo el marbete colectivo “stalinismo” y “maoísmo”, más la malintencionada personificación (“Pol Pot”)de la aplicación concreta de su experiencia histórica en Kampuchea Democrática –proyecto destruido e internacionalmente difamado por los hegemonistas regionales vietnamitas, el socialimperialismo soviético y el imperialismo yanqui coligados- zurrarnos un ataque al Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo. A la vez, que una distorsionante visión y línea del socialismo marxista-leninista como sistema social una vez existente y cumplido a los ojos y mente de las masas explotadas, hacernos tragar aquella línea burguesa escenificada, teórica y políticamente, por la socialdemocracia, el eurocomunismo y más allá… por el fascismo.
Sorprendente resulta, después de una cacareada militancia “comunista” en Panamá de medio siglo, el señor Souza nos venga con eso de un vaciado dudismo. ¿”Ambigüedad?” Esto es, más bien, evitar pronunciarse francamente ante tan importante cuestión, escapar tras una frase huera y sin sentido. Una tal actitud recuérdame un cuento rememorado por J. V. Plejánov: “Llevaron a un joven a la cárcel. Le encerraron en una celda y le pusieron guardia ante la puerta. El joven no hacía más que sonreír; en un momento dado, el sonriente joven sacó del bolsillo una tiza y dibujó en la pared un bote; se montó en él y allá va. Cuentan que en el ancho mundo, por allí anda el joven sonriente”. Bueno, es un cuento y como todos los cuentos subjetivo.
Osemos asomarnos, aunque sea por un momento, en los vericuetos de la dialéctica subjetivista de Houdini-Souza. Dice, "el socialismo (un concepto) es un proyecto (un conjunto de conceptos) antes de ser un concepto”. Entiéndalo Javeh. Un definición del socialismo, como teoría y sistema social una vez existente en el mundo, tan amplia, pero tan amplísima, que dentro de ella cabría cualquier interpretación. Sería algo así como, en este saco de cangrejos caben tantos cangrejos como quieras meter… y aun muchas otras extravagancias más.
Pero, ¿qué opinión se puede tener de un escritor que embarazado por una interrogante que él mismo ha formulado, en vez de afrontarla toma la de villadiego? Una muy mala, seguramente. Este otrora espadachín del “socialismo real” y de la “comunidad socialista”de breshnevianas memoria, escupiendo sobre su no reciente pasado, hoy, además reafirma su renegamiento de todo ese largo período de la historia actual de la humanidad que va de la revolución y construcción de la sociedad socialista en la URSS (1917-1953), China popular (1949-1976) y de los demás países de democracia popular, y vaya a mal cubrirse con los harapos del “socialismo bolivarista y no-marxista” propugnado por el socialburgués Chávez. Presentando a ésta reedición de la “vía nacional al socialismo” como postmoderna alternativa al socialismo marxista-leninista, hoy maoísta.
Suplantar éste último con un dulzón “socialismo humanista”, de “todos y para todos”, subespecie ideológica de ese socialismo burgués ya en su momento estigmatizado por Carlos Marx con las palabras siguientes:
“Una parte de la burguesía desea remediar los males sociales con el fin de consolidar la sociedad burguesa. A esta categoría pertenecen los economistas, los filántropos, los humanitaristas, los que pretenden mejorar la suerte de las clases trabajadoras, los organizadores de la beneficencia, los fundadores de sociedades de templanza, los protectores de animales, los reformadores domésticos de toda laya. Citemos como ejemplo La Filosofía de la Miseria de Proudhon.
“Los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna, sin las luchas sociales y los peligros que surgen fatalmente en ella. Quieren la sociedad actual sin los elementos que la revolucionan y descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado… Cuando invita al proletariado a llevar a la práctica su sistema y a entrar en la nueva Jerusalén, no hace otra cosa, en el fondo, que inducirle a continuar en la sociedad actual, pero despojándole de la idea odiosa que se ha formado de ella”.

“Intenta apartar a los obreros –prosigue Marx- de todo movimiento revolucionario, demostrándole que no es tal o cual cambio político el que podrá beneficiarles, sino solamente una transformación de las condiciones materiales de vida, de la relaciones económicas. Pero, por transformación de las condiciones materiales de vida, este socialismo no entiende de modo alguno, la abolición de las relaciones de producción burguesas (lo que no es posible más que por vía revolucionaria), sino únicamente reformas administrativas realizadas sobe la base de las mismas relaciones de producción burguesa, y que, por tanto, no afectan a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo únicamente, … , para reducirle a la burguesía los gastos que requiere su dominio y para simplificarle la administración de su Estado”. (Marx y Engels, El Manifiesto del Partido Comunista. O. E., tomo 1, pp.55-56. Editorial progreso. Moscú).
Nuestro articulista al verse retratado en estas palabras de Marx, se indigna sobremanera y exige “depurar de todo misticismo ideológico” al movimiento obrero. ¿Por qué, pues, indignarse si se le llama renegado del marxismo-leninismo.
Desde cuando Marx rubricaba esa importantísima obra, 1848, y habiéndose dado las condiciones materiales para su realización, el Socialismo, superando a aquel utópico, devino una doctrina y una ideología bien clara y definida –y no más esa guabinosa fórmula acuñada por los reformistas, revisionistas y posmodernistas para gusto de la burguesía-, concebida para salvaguardar la naturaleza de clase de una sociedad socialista proletaria.
Por lo que el socialismo, desde Marx y Engels, a Lenin y Stalin, a Mao, resulta ser la única doctrina auténticamente revolucionaria, ideología y objetivo materializado que ha tenido cabal cumplimiento y que avanzará aun más con las futuras experiencias enmarcadas en éste socialismo proletario auténtico.
El socialismo es ciencia, no sueño utópico.
Pero, he aquí a su vez, atronando el mundo de las ideas socialista se haga presente en Panamá y en toda América Latina, una “nueva” teoría para la conquista del socialismo propulsada por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, líder de la “revolución bolivariana”. Una revolución impulsada desde arriba, desde los engranaje del viejo Estado burgués, y presentada como una alternativa a la estrategia revolucionaria del proletariado y basada toda ella en el rechazo del “dogma marxista-leninista y de la concepción de la centralidad de la clase obrera” (Hugo Chávez, en aló presidente. www.youtube, “Chávez reniega el marxismo-leninismo”).De ahí, se trataría de un socialismo “originario, democrático, bolivariano y cristiano”. Todo otro que aquel socialismo proletario, científico, creado por Carlos Marx y Federico Engels y continuado y aplicado por Lenin, Stalin y Mao.
Idea que ha recogido Dieterich y elaborado en corposo volumen intitulado “El socialismo del siglo XXI”. Y que de seguido apuntaremos algunos rasgos medulares de la misma:
(a) Marx y Engels, dice Dieterich en un subcapítulo de su magna obra intitulado Imposibilidad histórica del proyecto, “No dejaron un programa concreto de una economía socialista, por la simple razón de que ni el conocimiento científico ni el avance de las fuerzas productivas lo permitieron”. (O. cit., pág. 36). Mucho irresponsable valor teórico se tiene que tener para sostener eso. Es echar en saco roto todos los apuntamientos guías hechos en el Manifiesto del Partido Comunista, La Crítica del Programa de Gotha y otros escritos de dichos autores; y sobre todo El Capital en la en el transcurso del diseccionamiento de la economía capitalista descubren y exponen las sus leyes internas y el cómo debe la clase obrera actuar para derrocarlo y construir el socialismo.
Es de destacar que, para base de su invalidación de Carlos Marx y lo fracazante de su “proyecto socialista”, él va recalar en eso de la inexistencia de un desarrollo científico comparable al de los paradigmas de la física o la biología.Generándose así un vacío teórico-científico, que sólo con el “socialismo del siglo XXI” será colmado. Paga, pues, tributo a la aseveración de la primordialidad del desarrollo técnico-científico respecto a las soluciones políticas -ruego al lector retenga esta idea que volveremos a encontrar en su forma acholada más adelante- a los entrabamientos básicos del sistema capitalista.
(b) “La salida estratégica al Neoliberalismo es, por supuesto, el socialismo, es decir una civilización postcapitalista, pero en estos momentos tú no tienes condiciones para hacer el socialismo, porque en primer lugar no tienes el proyecto histórico del nuevo socialismo divulgado masivamente, ... si no tienes la teoría divulgada entre la gente, si no tienes movimientos de masas ni vanguardias para implementarla, será una quimera hablar del socialismo como una alternativa al capitalismo neoliberal. La alternativa inmediata es el keynesianismo, el capitalismo desarrollista de Estado...se tienen que combinar los dos elementos, porque los campesinos, los desempleados quieren una respuesta inmediata y no puede ser el socialismo la respuesta inmediata. Se tienen que vincular los dos proyectos históricos: el keynesianismo y el Socialismo del Siglo XXI”. (Entrevista hecha a Dieterich por la de la Revista Mariátegui de Perú, agosto de 2009). Lea y relea, amable lector, ésta cita. Entonces, se le hará clara toda la mistificación que dicha doctrina “socialista” encierra. Primero que todo está eso de la “salida del neoliberalismo”, y no del capitalismo en su etapa imperialista y la obligante emancipación de la esclavitud asalariada, elementos claves de la doctrina marxista-leninista-maoísta.

De seguido, lo del Keynesianismo y el socialismo matrimoniados. ¿Pero qué es el Keynesianismo? Una dada política económica imperialista, nacida en período de Crisis general del Sistema Capitalista Mundial, la que ha tomado vuelo luego de los inicios de la II postguerra mundial y de la guerra fría. Respuesta reaccionaria al reto histórico y actual que le ha planteado a la clase burguesa el proletariado en lucha por llevar a la victoria a la revolución proletaria socialista. Conjuntar eso, sueño utópico de todo socialista pequeño burgués de siempre, se traduce poner todos los huevos en la canasta del retorno del capitalismo popular, de la sociedad de bienestar. Si ello es posible, ahora, entonces es de concluir que la revolución socialista y la violencia revolucionaria salen sobrando.
(c) "Si la propiedad del Estado fuese socialismo, ya con (el rey) Carlos V tendríamos socialismo en América Latina”. Nunca ni en ningún lugar los comunistas, aquellos de verdad y fieles discípulos de los Cinco Maestros, han equiparado propiedad estatal y socialismo. La estrechez del apunte viene al público, si recordamos el prólogo al Problema de la Vivienda de Engels. Dieterich “olvida”: (1) En el socialismo han existido básicamente la propiedad colectiva, en la formas de propiedad social del Estado y propiedad social de los productores; (2) Aquella social se expande sistemáticamente, mientras que la estatal se contrae en la medida del avance de la edificación del socialismo. La propiedad colectiva de los trabajadores se desarrolla hacia su desaparición en el paso al estadio superior de la sociedad comunista, mientras la privada-estatal es liquidada en el transcurso de la revolución bajo las condiciones de la dictadura del proletariado; (3) Lo que es más importante, el Estado, que es un nuevo Estado o mejor un “no-Estado”, se encuentra en manos de las clases trabajadoras y no en las de ninguna otra clase explotadora.
(ch) “La única vía posible es una economía mixta, que tendría tres sujetos, el Estado, la empresa privada y la propiedad social, como cooperativa". ¡Vaya socialismo este! Coexistiendo Estado (de hecho burgués, dado que no ha sido destruido por la revolución, sino que “refundado”), propiedad privada de terratenientes, capitalistas y monopolistas y propiedad social cooperativa de trabajadores al final sólo tendremos capitalismo (ya que las relaciones sociales de producción capitalistas siguen vigentes y reproduciéndose). Más aún, las antiguas clases propietarias y explotadoras siguen explotando colectivamente a los trabajadores a través de las empresas estatales, privadas y cooperativas (todas burguesas en el sentido más lato). Economía mixta, sin los obreros en posesión del poder del Estado, pese al rótulo con que se le bautice, sigue siendo capitalismo rampante y dominante.

Las leyes económicas del capitalismo, que se pretende haber tirado por la puerta de entrada, colándose por la de la cocina, continúan rigiendo la economía social. Dado que, capitalistas no son únicamente aquellos poseedores a título privado de los medios de producción, sino que existe las facción de la burguesía burocrática perceptora y usufructuaria de la plusvalía generalizada que el Estado exprime a toda la población trabajadora. Si la eliminación de la propiedad privada significase el fin del capitalismo, la afirmación del socialismo, entonces, por ejemplo, tanto México como Inglaterra serían ejemplos de socialismo.
(d) “La democracia participativa como nueva calidad de convivencia pacífica de los ciudadanos”. Esto es, la idea burguesa tradicional de la democracia como valor universal y suprahistórico. La referencia directa a la capacidad de todos los ciudadanos a participar en todos los asuntos públicos de la nación, soslaya la real pertenecía y posición de clase a los que se adsquibren cada uno de ellos. Tratase, aquí, de una democracia colocada por encima de las clases sociales y de la lucha de clases.
Demás está decirlo, es la negación de la democracia como forma de gobierno y de Estado (dictadura de una clase o conjunto de clases y violencia organizada contra sus enemigos) y la proclamación de la reconciliación entre las clases históricas en pugna. Sueño de opio de los demócratas pequeñoburgueses, los que de siempre han buscado la superación, según ellos, de ese mal entendido existente entre las clases sociales, con intereses antagónicos y enfrentadas en mortal lucha de clases. Cuando la realidad social, más en nuestros días, póngasele el adjetivo que se quiera, nos indica o es dictadura capitalista o es dictadura del proletariado, y en esto no hay una tercera visión de la democracia y del socialismo.
(e) “En este entorno institucional el ciudadano se convierte en sujeto pleno… de la condición humana”. El humanismo nunca ha sido inocente, la ciudadanía conculca a los proletarios y demás oprimidos su derecho más fundamental: la emancipación de la propia clase y demás clases explotadas. Resulta, en esta entrada del siglo XXI, la más descarada negación del valor universal de la experiencia histórica del glorioso Octubre ruso de 1917, tanto como senda obligada para la emancipación de la humanidad trabajadora y explotada; como, por cuanto, invalida la aserción científica de la misión histórica de la clase obrera, sepulturera que es del capitalismo imperialista.
(f) El papel clave asignado a los capitalistas en este “socialismo”, anula la dirección del proletariado en todos los asuntos de la sociedad. “La capacidad de administración. Si un ente administra adecuadamente un bien -sostiene Dieterich- no tienes realmente motivo para quitarle la propiedad o posesión, si abusa es otro asunto. Yo asumiría una visión funcional”. En otras palabras, continuidad del despotismo empresarial en los centros de trabajo y obligatoriedad subordinada de los trabajadores. Los capitalistas siempre tendrán mejor y mayor capacidad de gestión administrativa en la producción, y por qué no en la gestión del Estado, que los trabajadores hasta tanto estos no descubran y dominen los “secretos” del funcionamiento de los mecanismos de la economía política concreta y del poder político. De ahí, es de concluir, este “socialismo” pone al mando a la burguesía y no a la clase proletaria.
Como podemos constatar, esta “teoría” de Chávez y sus ideólogos (Arno Peters, Hans Dieterich y Gardini) que se pretende presentar como una visión nueva del socialismo y como nueva estrategia para la conquista del poder por parte del proletariado y sus aliados sociales y políticos, en su conceptualización y contenido nada tiene que ver con la doctrina del socialismo creada por Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-tung. No es más que una remasticadura de viejo revisionismo, revisionismo moderno y neorevisionismo.
De ahí que con decisión y orgullo revolucionario estamos obligados a gritar al rostro de los capitalistas y sus lacayos nuestro repudio a sus intentos infames de ensuciar tan sagrada enseña con vaciedades, tales como pintar de rojo a los “jueguitos republicanos de los generales suramericanos” (Lenin).
El socialismo proletario, marxista-leninista, hoy maoísta, es y será siempre bandera de combate y meta de la clase obrera y de todos los oprimidos de Panamá, de toda América y del mundo. Esa bandera ni es sustituible, ni refundable. Como justamente lo ha afirmado el camarada Giovanni Scuderi, Secretario General del Partido Marxista Leninista Italiano,
“El abatimiento de los primeros países socialistas no significa que el capitalismo haya sido reconocidocomo la sociedad de los trabajadores, que hayan desaparecido como por encanto las contradicciones entre el proletariado y la burguesíay que la lucha por el socialismo halla acabado definitivamente.
Con todo que el proletariado haya sido empujado por los falsos comunistas y por los renegados reciclados como socialistas hacia caminos equivocados al final reencontrará aquel del socialismo. Comprenderá en la práctica que el socialismo y el comunismo no son refundables porque eso es imposible. Ellos son lo que son: tómalos o déjalos. Sus principios son aquellos establecidos por los Maestros, cuya justeza ha sido comprobada por la práctica, y se pueden aplicar dialécticamente según las condiciones específicas de los diversos países y de las situaciones concretas internacionales. Quién les quiere refundar es simplemente un embaucador que remastica y revomita viejas teorías trotskistas, socialdemocráticas y reformistas.
Por el Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao y por la historia –continúa Scuderi- hemos aprendido que el socialismo no se conquista pacíficamente, legalmente y por la vía parlamentaria sino a través de la revolución proletaria. Esta revolución no es ni un golpe de Estado, ni una serie de actos terroristas de pequeños grupos, aún menos del solo Partido Marxista-Leninista o de este Partido a la cabeza de masas inconscientes. La revolución proletaria es una insurrección de masas guiadas por el proletariado encabezado por el Partido. Porque se trata de cambiar radical y totalmente la sociedad sería absurdo y desatino lanzar la revolución proletaria sin que el proletariado y sus aliados sociales y políticos estén completamente coenvueltos y conscientes de las tareas que les esperan sea en el curso de la insurrección que en el socialismo.”.