25/8/10

Mariátegui: El intelectual que volvió sudamericano al marxismo


Atilio Borón
Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana son, sin duda, el primer gran trabajo de investigación y teorización producido en el interior de la tradición marxista en América Latina y por un autor latinoamericano, lo que le ha conferido a Mariátegui justísima fama como uno de los mayores pensadores de nuestra América a lo largo de todo el siglo XX. Los siete ensayos son un texto que, pese a que fue escrito hace poco más de ochenta años, aporta un luminoso análisis de las grandes tendencias que marcaron la historia del Perú desde la Conquista, el Virreinato y la República, llegando con sus luces hasta finales de la década de 1920.
Claro está que cuando Mariátegui habla sobre el Perú también lo está haciendo de Latinoamérica, pues los problemas que con tanta agudeza examina su obra reaparecen, con algunas ligeras variaciones, en otros países de la región.
Como si lo anterior fuera poco, el libro contiene además algunos pasajes que llaman poderosamente la atención por su asombrosa actualidad. Por añadidura, digamos además que en la Argentina –y, en general, en buena parte de América Latina– una obra tan importante como ésta sólo por excepción es conocida más allá de un reducido círculo de especialistas, pese a que tanto la intención de su autor como la claridad de su argumentación y la amenidad de su prosa la hacen particularmente apta para acceder a un público más amplio. Se trata, en suma, de un texto que por sus propios méritos tiene bien ganado el título de clásico del pensamiento marxista, uno de los muy pocos producidos en esta parte del mundo. El libro reúne “organizados y anotados en siete ensayos, los escritos que he publicado en dos revistas, Mundial y Amauta, sobre algunos aspectos sustantivos de la realidad peruana”. Dice (el autor) que “no es éste, pues, un libro orgánico. Mejor así”. Y así ha sido porque Mariátegui no era un profesor, sino un militante que luchaba por construir una alternativa socialista para el Perú. Sin embargo, para ser viable, este proyecto requería una base firme de conocimientos sobre la realidad peruana, es decir, una cartografía social y económica que le hiciera conocer con todo detalle para, a partir de allí, elaborar las estrategias y tácticas de lucha más adecuadas para la construcción de dicha alternativa. Este realismo político hizo que Mariátegui fuese también un brillante investigador y un teórico de primer nivel, convencido de que para cambiar al mundo, y no sólo contemplarlo, había que conocerlo muy bien. Y para ello nada mejor que apelar al instrumental teórico y metodológico del marxismo y producir, como observa Sánchez Vázquez, “el encuentro entre el marxismo y la realidad nacional”. Resumiendo: el mandato para “cambiar al mundo”, que de modo tan contundente planteó Marx en la undécima tesis sobre Feuerbach, es inseparable de otro, que nos exige “conocer al mundo” hasta en sus menores detalles. Si esta premisa no se cumple, los proyectos de transformación social naufragan en las aguas del romanticismo pseudorrevolucionario, el idealismo o las ingenuas fantasías, que con frecuencia difunde la prensa imperialista y que, poco después, culminan arrojando a los desilusionados revolucionarios a los manuales de autoayuda o, como ha ocurrido en no pocos casos, a militar activamente al servicio de la reacción.
Precisamente, por esta necesidad de conocer profundamente lo que se ha de cambiar, Marx y Engels fueron también notables analistas sociales y económicos del capitalismo de su época. Y seguramente a causa de ello el joven Lenin escribió Desarrollo del capitalismo en Rusia, y Gramsci realizó sus medulares estudios sobre la formación de la sociedad italiana. Entre nosotros, latinoamericanos, el discurso de Fidel Castro en el Juicio del Moncada, “La historia me absolverá”, contiene un notable análisis sociológico y económico de la Cuba neocolonial. Los siete ensayos, por lo tanto, se inscriben en esta venerable tradición del pensamiento y la acción marxistas. Conocer para transformar, porque, conviene recordarlo, la ignorancia siempre es conservadora. Se trata, pues, de ensayos escritos al calor de las urgencias de la coyuntura. Su hilo conductor es la política, no el debate académico. Y, agrega nuestro autor, que ninguno de esos ensayos de interpretación está acabado: “No lo estarán mientras yo viva y piense y tenga algo que añadir a lo por mí escrito, vivido y pensado”. Y son ensayos que tienen como propósito “concurrir a la creación del socialismo peruano”. No hay neutralidad alguna en su diagnóstico, y no pretende ser imparcial ante el espectáculo que ofrece una sociedad tremendamente injusta, racista y opresora. Dice, para que no quede la menor sombra de duda, que “estoy lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario”.
Una última observación antes de pasar al texto propiamente dicho. Mariátegui aborda tempranamente un tema que más de medio siglo después habría de adquirir un carácter central en el debate de las ciencias sociales: la cuestión del “eurocentrismo”. Dice textualmente que “no faltan quienes me suponen un europeizante, ajeno a los hechos y a las cuestiones de mi país. Que mi obra se encargue de justificarme, contra esa barata e interesada conjetura. He hecho en Europa mi mejor aprendizaje. Y creo que no hay salvación para Indoamérica sin la ciencia y el pensamiento europeos u occidentales”.
Afirmación tan taxativa como controversial, que resuena como un cañonazo en la discusión actual sobre la crisis de las ciencias sociales y el papel presuntamente negativo jugado por el “eurocentrismo” al postular como categorías universales de pensamiento y de intelección lo que serían apenas meras formas particulares de desenvolvimiento de la historia europea. Pero si era un tremendo error la insistencia de la Internacional Comunista en hacer del marxismo una filosofía materialista de la historia que identificaba las leyes universales de movimiento que conducirían a la revolución en todos los países, no menos grave es el equívoco –alentado por ciertas versiones de la crítica a la colonialidad del saber eurocéntrico– que remata en el abandono sin más del marxismo por ser aquélla una teoría elaborada en Europa, por un blanco, varón y heterosexual para más señas, lo que desembocaría en una incorregible incapacidad para percibir e interpretar las particularidades de las formaciones sociales de la periferia y la enorme diversidad y pluralidad de sujetos e identidades sociales del capitalismo contemporáneo. Mariátegui adopta una postura muy interesante porque, si bien rechaza una visión como la que propugna la IC, es muy consciente de que no se puede arrojar por la borda toda la herencia teórica europea. Entre otras razones, porque para un “marxista convicto y confeso”, como se autodefinía, esto hubiera equivalido a castrarse teóricamente y renunciar a la cumbre del pensamiento crítico representado por la obra de Marx y sus continuadores. Los siete ensayos son la mejor prueba de que es posible realizar un notable análisis marxista señalado.
El libro comienza con tres capítulos esenciales, donde se trazan las grandes líneas de toda la argumentación mariateguiana: un análisis inicial que presenta un esquema de la evolución económica del Perú; un segundo capítulo, más corto, referido al “problema del indio”, y un tercero relativo a la cuestión agraria, donde se entrelazan buena parte de las anteriores observaciones. Siguen tres capítulos dedicados a la educación, el “factor religioso” y la problemática del regionalismo, el federalismo y el centralismo, para rematar con un extenso ensayo, el más largo de la obra, sobre el tema de la literatura, claramente inspirado en los escritos gramscianos reunidos en Literatura y vida nacional, y en el cual nuestro autor examina las distintas formas de autoconocimiento de la sociedad peruana. Obra inconclusa y en permanente recreación, decía su autor, porque, a pesar de haber pensado en incluir en este libro “un ensayo sobre la evolución política e ideológica del Perú”, el tamaño del libro ya le parecía excesivo y sentía que la problemática política requería un desarrollo que sólo podía producirse en un libro aparte.
No obstante, las referencias a la política se encuentran a lo largo de todo el libro, inextricablemente unidas al tratamiento de los temas particulares abordados en cada ensayo. Quisiéramos cerrar este prólogo señalando algunos pasajes que llaman la atención por su rigurosa actualidad. En el primer capítulo, cuando habla de la debacle producida por la derrota peruana en la guerra del Pacífico con Chile, dice textualmente que “la guerra del Pacífico, consecuencia del guano y del salitre, no canceló las otras consecuencias de estos recursos, cuya pérdida nos reveló trágicamente el peligro de una prosperidad apoyada o cimentada casi exclusivamente sobre la posesión de una riqueza natural, expuesta a la codicia y al asalto de un imperialismo extranjero o a la decadencia de sus aplicaciones por efecto de las continuas mutaciones producidas en el campo industrial por los inventos de la ciencia”. ¿Cómo no pensar, a partir de estas líneas, en los peligros semejantes que hoy se desprenden de la creciente especialización productiva de los países de América Latina, exportadores preponderantes de soja, productos minerales, hidrocarburos, maderas y, en general, commodities de bajo nivel de elaboración y potenciadas a costa de minimizar el papel del mercado interno? ¿No es éste acaso el peligro subyacente a las políticas de “crecimiento basado en las exportaciones” que divulgan las instituciones financieras internacionales en el marco del ya totalmente desacreditado Consenso de Washington? Otro pasaje en ese primer capítulo es igualmente esclarecedor. Al referirse a Nicolás de Piérola, caudillo popular habilísimo en el arte de exaltar el ánimo de las masas, dice Mariátegui que aquél, “que durante tanto tiempo agitó estruendosamente a las masas contra la plutocracia, se esmeró en hacer una administración ‘civilista’. Su método tributario, su sistema fiscal disipan todos los equívocos que pueden crear su fraseario y su metafísica. Lo que confirma el principio de que en el plano económico se perciben siempre con más claridad que en el político el sentido y el contorno de la política, de sus hombres y de sus hechos”. Notable observación, válida como principio metodológico para analizar, en la América Latina de hoy, el comportamiento de tantos políticos y gobernantes, que dicen ser una cosa y son otra; o que agitan al pueblo con una retórica radicalizada para luego, en materias tributarias y fiscales, adoptar un curso de acción decididamente conservador. Conviene no olvidar esta enseñanza. Y, en relación con la cuestión indígena, sostiene que “la reivindicación indígena carece de concreción histórica mientras se mantiene en un plano filosófico o cultural. Para adquirirla necesita convertirse en reivindicación económica y política. El socialismo nos ha enseñado a plantear el problema indígena en nuevos términos”.
Evo Morales parece haber leído atentamente este libro. Respecto del socialismo, afirma que “éste es un instante de nuestra historia en que no es posible ser efectivamente nacionalista y revolucionario sin ser socialista”. El socialismo aparece entonces como el componente inevitable de cualquier proyecto de transformación social; la renuncia al socialismo equivale, lisa y llanamente, a abandonar cualquier pretensión reformista o de transformación social. Una enseñanza particularmente útil en estos tiempos, cuando el capitalismo presenta rasgos que hablan de su acelerada descomposición. Tiempos, no obstante, que no impiden que algunos gobernantes se ilusionen con la esperanza de que “otro capitalismo es posible”, y que habría futuro para América Latina dentro del capitalismo. Ignoran, con esas creencias, que el capitalismo es parte del problema y no de la solución. El capitalismo no sólo se ha demostrado incapaz de desarrollar a los países de la periferia, sino que ha agigantado la distancia que los separaba del núcleo desarrollado del sistema. Además, su descontrolada mercantilización coloca a la humanidad en los límites de su supervivencia debido a la destrucción del medio ambiente, el cambio climático, la opresión y explotación de un número creciente de hombres y mujeres de todo el mundo condenados inapelablemente a la pobreza y la militarización de las relaciones internacionales. En suma: la actualísima discusión en torno al socialismo del siglo XXI se constituye a partir de la imposibilidad, ya entrevista por el notable teórico peruano hace más de ochenta años, de lograr el desarrollo del Tercer Mundo por la vía capitalista. Para concluir: el lector tiene en sus manos un libro extraordinario.