30/8/10

Dialéctica en Gramsci


Renato Guttuso (Italia) Reporte de Vietnam
Giuseppe Prestipino
1. Las fuentes principales y el contexto
El término hegeliano aufheben, traducible por "superar" -verbo familiar al léxico gramsciano- expresa el hacerse de lo nuevo: conservar y al mismo tiempo poner fin a lo otro de sí ("Algo es eliminado sólo en cuanto ha llegado a ponerse en la unidad con su opuesto").
Gramsci muestra la involución, en sentido "reaccionario", que la dialéctica hegeliana (sustanciada en un robusto sentido de la historia) sufre en la "reforma" de Croce y de Gentile. También las referencias a Marx (a su crítica de la "dialéctica" pseudo-hegeliana de Proudhon) apuntan a subrayar esa involución crociana.

Materialismo dialéctico y lógica dialéctica


Consuelo Méndez (Venezuela) Orikí
 A. G. Spirkin
El materialismo dialéctico es la ciencia que estudia las relaciones entre la conciencia y el mundo material objetivo, las leyes más generales del movimiento y desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del conocimiento. La filosofía del marxismo se llama materialismo dialéctico porque constituye la unidad orgánica del materialismo y la dialéctica. Es materialista porque parte del reconocimiento de la materia como base única del mundo, considerando la conciencia como una propiedad de la material altamente organizada, como una función del cerebro, como un reflejo del mundo objetivo; es dialéctico porque reconoce la concatenación universal de los objetos y fenómenos del mundo, el movimiento y desarrollo de éste como resultado de contradicciones internas que actúan dentro de él.

29/8/10

Marx sobre España


Salvador Dalí  (España) Espalda

Manuel Sacristán Luzón
Nota: “Marx sobre España” fue escrito con ocasión del primer centenario del fallecimiento de Marx y fue publicado en Papeles de Economía Española, nº 17, 1983, pp. 110-118. Posteriormente fue reimpreso en Enrique Fuentes Quintana (dir.), Economía y economistas españoles, Vol. 5: Las críticas a la economía clásica, Barcelona, Galaxia Gutenberg–Círculo de Lectores, 2001, pp. 803-814, y Albert Domingo Curto lo ha incorporado a su edición de Manuel Sacristán, Lecturas de filosofía moderna y contemporánea, Madrid, Trotta, 2007, pp. 205-215

Los “Manuscritos Matemáticos” de Marx


Karl Marx por David Levine

“Marx y yo fuimos, por cierto, casi los únicos que salvamos la dialéctica consciente de la filosofía idealista alemana para traerla a la concepción materialista de la naturaleza y de la historia. Más para enfocar a la par, dialéctica y materialísticamente, la naturaleza, hay que conocer las matemáticas y las ciencias naturales. (…)” (Friedrich Engels)

Julio Mosquera
Marx y Engels le dedicaron un tiempo y esfuerzo considerable al estudio de las ciencias y las matemáticas. Ellos reconocían su importancia para una interpretación correcta de la realidad. En particular Marx reconoció la importancia de las matemáticas y se dedicó a estudiarlas, aún en momentos en que su salud se debilitaba, con seriedad. Él consideraba que con las matemáticas podría modelar aquellos fenómenos de su interés para develar el comportamiento del capitalismo.
Al estudiar las matemáticas avanzadas de su época se encontró que éstas eran tratadas de manera “mística” en los textos que tuvo a su alcance. Se dedicó entonces a escribir sus propias interpretaciones de los límites y las derivadas, como dice Paulus Gerdes (1983), quitándoles el velo de misterio.

La teoría de la revolución en el joven Marx


Autor: Michael Löwy
Michael Löwy nació en Brasil en 1938. Es director de investigación emérito en el Centre Nationale de la Recherche Scientifique; fue profesor en la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Sus obras han sido publicadas en 24 idiomas. Entre sus libros más recientes se encuentran Redención y utopía; El judaísmo libertario en Europa central (1988); Rebelión y melancolía;  El romanticismo como contracorriente de la modernidad (1992); Walter Benjamin: aviso de incendio (2001); Kafka, soñador insumiso (2004); Sociologías y religión. Aproximaciones insólitas (2009).
Nueva traducción realizada para esta edición por Silvia Nora Labado desde el original en francés La théorie de la révolution chez le jeune Marx

El Marx enamorado


Roberto Mamani (Bolivia) Ave del Oriente

Francisco Fernández Buey 
1. La poesía escrita por Karl Marx en sus años de juventud apenas ha interesado en España. Que yo sepa, hasta ahora sólo contábamos con una breve antología de diecinueve poemas de Marx a Jenny von Westphalen: la preparada por Tanja Grass para S. Ediciones en la colección "Selecciones de Poesía", que fue publicada en Barcelona, en edición bilingüe (alemán-castellano), en 1991. La edición de las Obras de Marx y Engels (OME), dirigida por Manuel Sacristán para la Editorial Crítica, quedó truncada a mediados de la década de los ochenta y el volumen en el que previsiblemente habrían sido recogidos los poemas juveniles de Marx no llegó a publicarse.

Diez respuestas sobre Marx y los marxismos


Paul Klee (Austria) Angelus Novus
Francisco Fernández Buey 
1. ¿Se puede establecer una línea de separación tajante entre la obra de Marx y los ismos posteriores?
No sólo se puede establecer una línea de separación (dejemos a un lado lo de "tajante") entre la obra de Marx y los marxismos posteriores, sino que se debe. Es la única forma de estudiar en serio a Marx: ir a sus textos y contextualizarlos. Lo mismo que se hace cuando se quiere saber lo que escribió o hizo cualquier otro fundador (o pretendido fundador) de cualquiera de los -ismos que figuran en el Diccionario, desde Jesús de Nazaret a J.S. Mill y desde Malthus a Lenin o a Mao (por hablar sólo de ismos culturalmente consolidados).
En el caso de la relación entre Marx y el marxismo hay tres razones más para establecer una línea de separación. Primera: que Marx se quejó explícitamente en vida de lo que entonces empezaba a navegar con el nombre de marxismo.

27/8/10

Un marxista revolucionario y realista que adoraba la música de Mozart


Salvador López Arnal
“El criterio de Kuhn (las reglas para la resolución de problemas definidos) y su juicio sobre el marxismo se compenetran muy bien con mi entendimiento de este último: el marxismo no es una ciencia, sino la mejor construcción existente del socialismo, el cual es una pretensión de innovación cultural.” Manuel Sacristán

Antonio Gramsci / Enseñanzas



Las conclusiones que pueden sacarse del desarrollo de esta manifestación del 1º de mayo son reconfortantes.
La manifestación ha sido un éxito como intervención de masas, como extensión de solidaridad. Ha demostrado cómo el proletariado italiano a pesar de la reacción es rojo. Y ha sido también lograda como prueba del espíritu de combatividad que se despierta en las filas de los trabajadores.
Los fascistas se han preocupado de demostrar con su comportamiento y con sus mismas declaraciones que se trataba de una manifestación antifascista. Y tal ha sido el significado de la abstención en el trabajo y de la intervención en las demostraciones de amplísimas masas, de una punta a otra de Italia, y sin excluir las zonas más influenciadas por el fascismo. Si no se han realizado los cortejos se debe a la imposición del gobierno; si se hubiera realizado, hoy tendríamos un mayor número de obreros muertos, pero también un mayor número de fascistas muertos.

El Partido y la masa


Antonio Gramsci
La crisis constitucional en que se debate el Partido Socialista Italiano interesa a los comunistas en cuanto es reflejo de la más profunda crisis constitucional en que se debaten las grandes masas del pueblo italiano. Desde este punto de vista, la crisis del Partido Socialista no puede ni debe considerarse aisladamente: forma parte de un cuadro más amplio, que abarca también al Partido Popular y al fascismo.
Políticamente, las grandes masas no existen sino encuadradas en los partidos políticos. Los cambios de opinión que se producen en las masas por el empuje de las fuerzas económicas determinantes son interpretadas por los partidos, que se escinden primero en tendenecias, para poder escindirse en una multiplicidad de nuevos partidos orgánicos; a través de este proceso de desarticulación, de neoasociación, de fusión entre los homogéneos se revela un más profundo e íntimo proceso de descomposición de la sociedad democrática por el definitivo ordenamiento de las clases en lucha para la conservación o la conquista del poder del Estado y del poder sobre el aparato de producción.

El Partido Comunista y la agitación obrera en curso


Antonio Gramsci
Un estremecimiento de lucha recorre las filas del proletariado italiano. La máxima depresión de la actividad del proletariado decisivamente se ha sobrepasado y la lucha de clase va readquiriendo el ritmo imponente que tenía antes de los acontecimientos de finales del año 1920. La ofensiva capitalista, cuyo inicio se puede reconocer en los episodios del 21 de noviembre -hace un año- en Bolonia[1], se ha movido al paso, en sus diversas formas, acelerando solamente después que sobre la moral de las masas había tenido su maléfico influjo la desastrosa política del Partido Socialista y de la Confederación del Trabajo y también aprovechando sobre todo los errores y culpas de los dirigentes proletarios, no perece que haya sido tan perniciosa como éstos, si a su mayor ensañamiento la clase obrera responde levantándose de nuevo al combate.

El materialismo dialéctico


Alejandro Obregón [Colombia]  Amanecer
Gustavo Bueno
Las relaciones entre Marx y el materialismo dialéctico sólo pueden ser establecidas por vía de interpretación, puesto que Marx no sólo no escribió tratado alguno sobre el particular, sino que ni siquiera utilizó la expresión materialismo dialéctico (una expresión que, insinuada por Engels, habría sido acuñada por Kautsky –según decía Lefèbvre– o por Plekhanov –como cree Kolalowski–). Pero esto no significa que las relaciones de Marx y el materialismo dialéctico sean externas y anacrónico el mero planteamiento de la cuestión.
Si las interpretaciones externalistas no son gratuitas, tampoco carece de fundamento todo un conjunto de interpretaciones que convienen en defender la existencia de un nexo interno y profundo entre el pensamiento de Marx y el materialismo dialéctico (y esto sin necesidad de identificar el materialismo dialéctico con la versión consagrada como doctrina oficial, por la Unión Soviética, con el Diamat).

26/8/10

Alienación y fetichismo: Bases para la crítica de la sociedad burguesa y el Estado clasista a escala global

Enrique Bustamante [Perú] Palomas

Antonio Romero Reyes
A primera vista, la riqueza burguesa aparece como una inmensa acumulación de mercancías; y la mercancía tomada aisladamente, como la forma elemental de esta riqueza. (Marx 1973: 15)
La sociedad capitalista y burguesa nació y se reproduce como sociedad alienada, en un proceso que el capitalismo histórico ha extendido hasta nuestros días a escala planetaria. Por eso, valga la redundancia, la alienación es también un fenómeno mundial. (1) Esta misma categoría puede y debe tener un rol destacado en la explicación de la llamada crisis civilizatoria del capitalismo.
La “aldea global” de la que tanto se habla es ante todo capitalista, está teñida de capitalismo, y de todos sus poros brota capital a través de sus expresiones más fetichistas (mercancías y dinero, cosas y objetos, productos del trabajo).

25/8/10

Antonio Gramsci / La Revolución contra el capital


José Córdova (Venezuela) Sin título
La revolución de los bolcheviques se ha insertado definitivamente en la revolución general del pueblo ruso. Los maximalistas, que hasta hace dos meses fueron el fermento necesario para que los acontecimientos no se detuvieran, para que la marcha hacia el futuro no concluyera, dando lugar a una forma definitiva de aposentamiento -que habría sido un aposentamiento burgués- se han adueñado del poder, han establecido su dictadura y están elaborando las formas socialistas en las que la revolución tendrá finalmente que hacer un alto para continuar desarrollándose armónicamente, sin exceso de grandes choques, a partir de las grandes conquistas ya realizadas.

Notas sobre la revolución rusa

Kasimir Malevich (Rusia) Por si mismo

Antonio Gramsci
¿Por qué la Revolución rusa es una revolución proletaria?
Al leer los periódicos, al leer el conjunto de noticias que la censura ha permitido publicar, no se entiende fácilmente. Sabemos que la revolución ha sido hecha por proletarios (obreros y soldados), sabemos que existe un comité de delegados obreros que controla la actuación de los organismos administrativos que ha sido necesario mantener para los asuntos corrientes. Pero ¿basta que una revolución haya sido hecha por proletarios para que se trate de una revolución proletaria? La guerra la hacen también los proletarios, lo que, sin embargo, no la convierte en un hecho proletario. Para que sea así es necesario que intervengan otros factores, factores de carácter espiritual.

Un partido de masas

George Wirth (Panamá) Silueta de mujer

Antonio Gramsci
El Partido Socialista se presenta en el Congreso de Milan con 80.000 inscritos. Puede ser útil un pequeño razonamiento sobre las cifras, más que cualquier razonamiento teórico, para tener una exacta comprensión de la naturaleza y de las actuales funciones del Partido Socialista Italiano.

Antonio Gramsci / La poda de la historia


Celso Zamora (Nicaragua) 
Llevando fruta al mercado
Qué reclama aún la historia al proletariado ruso para legitimar y hacer permanentes sus victorias? ¿Qué otra poda sangrienta, qué más sacrificios pretende esta soberana absoluta del destino de los hombres?
Las dificultades y las objeciones que la revolución proletaria debe superar se han revelado inmensamente superiores a las de cualquier otra revolución del pasado. Estas tendían tan sólo a corregir las formas de la propiedad privada y nacional de los medios de producción y de cambio; afectaban a una parte limitada de los elementos humanos.
La revolución proletaria es la máxima revolución; porque quiere abolir la propiedad privada y nacional, y abolir las clases, afecta a todos los hombres y no sólo a una parte de ellos. Obliga a todos los hombres a moverse, a intervenir en la lucha, a tomar partido explícitamente. Transforma fundamentalmente la sociedad; de organismo unicelular (de individuos-ciudadanos) la transforma en organismo pluricelular; pone como base de la sociedad núcleos ya orgánicos de la sociedad misma. Obliga a toda la sociedad a identificarse con el Estado; quiere que todos los hombres sean conocimiento espiritual e histórico. Por eso la revolución proletaria es social; por eso debe superar dificultades y objeciones inauditas; por eso la historia reclama para su buen logro podas monstruosas como las que el pueblo ruso se ve obligado a resistir.

La revolución rusa ha triunfado hasta ahora de todas las objeciones de la historia. Ha revelado al pueblo ruso una aristocracia de estadistas como ninguna otra nación posee; se trata de un par de millares de hombres que han dedicado toda su vida al estudio (experimental) de las ciencias políticas y económicas, que durante decenas de años de exilio han analizado y profundizado todos los problemas de la revolución, que en la lucha, en el duelo sin par contra la potencia del zarismo, se han forjado un carácter de acero, que, viviendo en contacto con todas las formas de la civilización capitalista de Europa, Asia y América, sumergiéndose en las corrientes mundiales de los cambios y de la historia, han adquirido una conciencia de responsabilidad exacta y precisa, fría y cortante como las espadas de los conquistadores de imperios.
Los comunistas rusos son un núcleo dirigente de primer orden. Lenin se ha revelado, testimonian cuantos le han conocido, como el más grande estadista de la Europa contemporánea; el hombre cuyo prestigio se impone naturalmente, capaz de inflamar y disciplinar a los pueblos; el hombre que logra dominar en su vasto cerebro todas la energías sociales del mundo que pueden ser desencadenadas en beneficio de la revolución; el hombre que tiene en ascuas y derrota a los más refinados y astutos estadistas de larutina burguesa.
Pero una cosa es la doctrina comunista, el partido político que la propugna, la clase obrera que la encarna conscientemente y otra el inmenso pueblo ruso, destrozado, desorganizado, arrojado a un sombrío abismo de miseria, de barbarie, de anarquía, de aniquilación en una prolongada y desastrosa guerra. La grandeza política, la histórica obra maestra de los bolcheviques consiste precisamente en haber puesto en pie al gigante caído, en haber dado de nuevo (o por la primera vez) una forma concreta y dinámica a esta desintegración, a este caos; en haber sabido fundir la doctrina comunista con la conciencia colectiva del pueblo ruso, en haber construido los sólidos cimientos sobre los que la sociedad comunista ha iniciado su proceso de desarrollo histórico; en una palabra: en haber traducido históricamente en la realidad experimental la fórmula marxista de la dictadura del proletariado. La revolución es eso, y no un globo hinchado de retórica demagógica, cuando se encarna en un tipo de Estado, cuando se transforma en un sistema organizado del poder. No existe sociedad más que en un Estado, que es la fuente y el fin de todo derecho y de todo deber, que es garantía de permanencia y éxito de toda actividad social. La revolución es proletaria cuando de ella nace, en ella se encarna un Estado típicamente proletario, custodio del derecho proletario, que cumple sus funciones esenciales como emanación de la vida y del poder proletario.
Los bolcheviques han dado forma estatal a las experiencias históricas y sociales del proletariado ruso, que son las experiencias de la clase obrera y campesina internacional; han sistematizado en un organismo complejo y ágilmente articulado su vida íntima, su tradición y su más profunda y apreciada historia espiritual y social. Han roto con el pasado, pero han continuado el pasado; han despedazado una tradición, pero han desarrollado y enriquecido una tradición; han roto con el pasado de la historia dominado por las clases poseedoras, han continuado, desarrollado, enriquecido la tradición vital de la clase proletaria, obrera y campesina. En eso han sido revolucionarios y por eso han instaurado el nuevo orden y la nueva disciplina. La ruptura es irrevocable porque afecta a lo esencial de la historia, sin más posibilidad de vuelta atrás que el desplomamiento sobre la sociedad rusa de un inmenso desastre. Y era esta iniciación de un formidable duelo con todas las necesidades de la historia, desde las más elementales a las más complejas, lo que había que incorporar al nuevo Estado proletario, dominar, frenar, en las funciones del nuevo Estado proletario.
Se precisaba conquistar para el nuevo Estado a la mayoría leal del pueblo ruso; mostrar al pueblo ruso que el nuevo Estado era su Estado, su vida, su espíritu, su tradición, su más precioso patrimonio. El Estado de los Soviets tenía un núcleo dirigente, el Partido comunista bolchevique; tenía el apoyo de una minoría social, representante de la conciencia de clase, de los intereses vitales y permanentes de toda la clase, los obreros de la industria. Se ha transformado en el Estado de todo el pueblo ruso, merced a la tenaz perseverancia del Partido comunista, a la fe y la entusiasta lealtad de los obreros, a la asidua e incesante labor de propaganda, de esclarecimiento, de educación de los hombres excepcionales del comunismo ruso, dirigidos por la voluntad clara y rectilínea del maestro de todos, Lenin. El Soviet ha demostrado ser inmortal como forma de sociedad organizada que responde plásticamente a las multiformes necesidades (económicas y políticas), permanentes y vitales, de la gran masa del pueblo ruso, que encarna y satisface las aspiraciones y las esperanzas de todos los oprimidos del mundo.
La prolongada y desgraciada guerra había dejado una triste herencia de miseria, de barbarie, de anarquía; la organización de los servicios sociales estaba deshecha; la misma comunidad humana se había reducido a una horda nómada, sin trabajo, sin voluntad, sin disciplina, materia opaca de una inmensa descomposición. El nuevo Estado recogió de la matanza los trozos torturados de la sociedad y los recompuso, los soldó; reconstruyó una fe, una disciplina, un alma, una voluntad de trabajo y de progreso. Misión que puede constituir la gloria de toda una generación.
No basta. La historia no se conforma con esta prueba. Formidables enemigos se alzan implacables contra el nuevo Estado. Se pone en circulación moneda falsa para corromper al campesino, se juega con su estómago hambriento. Rusia se ve cortada de toda salida al mar, de todo intercambio comercial, de cualquier solidaridad; se ve privada de Ucrania, de la cuenca del Donetz, de Siberia, de todo mercado de materias primas y de víveres. En un frente de diez mil kilómetros, bandas armadas amenazan con la invasión; se pagan sublevaciones, traiciones, vandalismo, actos de terrorismo y de sabotaje. Las victorias más clamorosas se convierten, mediante la traición, en súbitos fiascos.
No importa. El poder de los Soviets resiste. Del caos que sigue a la derrota, crea un poderoso ejército que se transforma en la espina dorsal del Estadio proletario. Presionado por imponentes fuerzas antagónicas, encuentra en sí el vigor intelectual y la plasticidad histórica para adaptarse a las necesidades de la contingencia, sin desnaturalizarse, sin comprometer el feliz proceso de desarrollo hacia el comunismo.
El Estado de los Soviets demuestra así ser un momento inevitable e irrevocable del proceso ineluctable de la civilización humana; ser el primer núcleo de una nueva sociedad.
Y puesto que los otros Estados no pueden convivir con la Rusia proletaria y son impotentes para destruirla, puesto que los enormes medios de que el capital dispone -el monopolio de la información, la posibilidad de la calumnia, la corrupción, el bloqueo terrestre y marítimo, el boicot, el sabotaje, la impúdica deslealtad (Prinkipo), la violación del derecho de gentes (guerra sin declaración), la presión militar con medios técnicos superiores- son impotentes contra la fe de un pueblo, es históricamente necesario que los otros Estados desaparezcan a se transformen al nivel de Rusia.
El cisma del género humano un puede prolongarse mucho tiempo. La humanidad tiende a la unificación interior y exterior, tiende a organizarse en un sistema de convivencia pacífica que permita la reconstrucción del mundo. La forma de régimen debe ser capaz de satisfacer las necesidades de la humanidad. Rusia, tras una guerra desastrosa, con el bloqueo, sin ayudas, contando con sus únicas fuerzas, ha sobrevivido dos años; los Estados capitalistas, con la ayuda de todo el mundo, exacerbando la expoliación colonial para sostenerse, continúan decayendo, acumulando ruinas sobre ruinas, destrucciones sobre destrucciones.
La historia es, pues, Rusia; la vida está, pues, en Rusia; sólo en el régimen de los Consejos encuentran adecuada solución los problemas de vida o de muerte que incumben al mundo. La Revolución rusa ha pagado su poda a la historia, poda de muerte, de miseria, de hambre, de sacrificio, de indomable voluntad. Hoy culmina el duelo: el pueblo ruso se ha puesto en pie, terrible gigante en su ascética escualidez, dominando la voluntad de pigmeos que le agreden furiosamente.
Todo ese pueblo se ha armado para su Valmy. No puede ser vencido; ha pagado su poda. Debe ser defendido contra el orden de los ebrios mercenarios, de los aventureros, de los bandidos que quieren morder su corazón rojo y palpitante. Sus aliados naturales, sus camaradas de todo el mundo, deben hacerle oír un grito guerrero de irresistible eco que le abra las vías para el retorno a la vida del mundo.
Aparecido en L’Ordine Nuovo, 7 de enero de 1919 

Antonio Gramsci / La Internacional Comunista


Carmen Rodríguez (Venezuela) 
Prisma natural
La Internacional Comunista ha nacido de y con la revolución proletaria y con ella se desarrolla. Ya tres grandes Estados proletarios, las Repúblicas soviéticas de Rusia, Ucrania y Hungría, constituyen su base real histórica.
En una carta a Sorge del 12 de septiembre de 1874, Federico Engels escribía a propósito de la I Internacional en vías de disolución: "La Internacional ha dominado diez años de historia europea y puede contemplar su obra con orgullo. Pero ha sobrevivido en su forma anticuada. Creo que la próxima Intrenacional será, una vez que los trabajo de Marx hayan hecho su labor durante unos cuantos años, directamente comunista e instaurará nuestros principios".

Antonio Gramsci / El Estado y el socialismo


Carlos Mérida (Guatemala) Las nueve musas
Publicamos este artículo de For Ever aunque se trate de una colección de despropósitos y de divertida fraseología. Para For Ever, el Estado de Weimar es un Estado marxista; nosotros, los del "Ordine Nuovo" somos adoradores del Estado, queremos al Estado ab aeterno (For Ever quería decir in aeternum, evidentemente); el Estado socialista es lo mismo que el socialismo de Estado; han existido un Estado cristiano y un Estado plebeyo de Cayo Gracco; el Soviet de Saratov podría subsistir sin coordinar su producción y su actividad de defensa revolucionaria con el sistema general de los Soviets rusos, etc.
Afirmaciones y necedades semejantes se presentan como una defensa de la anarquía. Y sin embargo publicamos el artículo de For Ever. 

Antonio Gramsci / Carta al Comité Central del Partido Comunista Soviético



Queridos camaradas:
Los comunistas italianos y todos los trabajadores conscientes de nuestro país han seguido siempre con la mayor atención vuestras discusiones. En vísperas de cada congreso y de cada conferencia del P.C.R. hemos estado siempre seguros de que, a pesar de la aspereza de las polémicas, la unidad del Partido no se hallaba en peligro; aún más, estábamos seguros de que al alcanzar una superior homogeneidad ideológica y orgánica, a través de tales discusiones, el Partido estaría mejor preparado y dotado para superar las múltiples dificultades inherentes al ejercicio del poder en un Estado obrero.

Hoy, en vísperas de vuestra XV Conferencia no tenemos la misma seguridad que en el pasado; nos sentimos irresistiblemente angustiados; nos parece que la actual postura del bloque de las oposiciones y la dureza de las polémicas en el P.C. de la URSS exigen la intervención de los partidos hermanos. Es precisamente esta profunda convicción la que nos impulsa a dirigiros esta carta. Podría suceder que el aislamiento en que nuestro Partido se ve forzado a vivir nos haya llevado a exagerar los peligros que se refieren a la situación interna del Partido Comunista de la URSS; en todo caso no son exagerados nuestros juicios sobre las repercusiones internacionales de esta situación y, como internacionalistas, queremos cumplir con nuestro deber.

Las izquierdas ante el capitalismo en caída y la amenaza de guerra


Juan del Prete (Argentina) Abstracción
Luis Bilbao
"Ellos, los creadores, se han rendido ante sus criaturas": Carlos Marx y Federico Engels, La Ideología alemana)  
Introducción
Desde el 17 al 20 de agosto próximo se realizará en Buenos Aires el XVI° Encuentro del Foro de São Paulo. La consigna convocante propone “Consolidar la unidad de los partidos populares, progresistas y de izquierda en América Latina y Caribe, para profundizar los cambios, consolidar la integración y derrotar la contraofensiva de la derecha”.
El FSP inició su recorrido en julio de 1990, en una reunión convocada por el Partido dos Trabalhadores (PT) de Brasil como Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda de América Latina y el Caribe. Representantes de 48 organizaciones protagonizamos un vivo debate de ideas (1). En ese entonces comenzaba el derrumbe de la Unión Soviética. Y el PT acababa de perder la elección presidencial por escaso margen.

Mariátegui: El intelectual que volvió sudamericano al marxismo


Atilio Borón
Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana son, sin duda, el primer gran trabajo de investigación y teorización producido en el interior de la tradición marxista en América Latina y por un autor latinoamericano, lo que le ha conferido a Mariátegui justísima fama como uno de los mayores pensadores de nuestra América a lo largo de todo el siglo XX. Los siete ensayos son un texto que, pese a que fue escrito hace poco más de ochenta años, aporta un luminoso análisis de las grandes tendencias que marcaron la historia del Perú desde la Conquista, el Virreinato y la República, llegando con sus luces hasta finales de la década de 1920.
Claro está que cuando Mariátegui habla sobre el Perú también lo está haciendo de Latinoamérica, pues los problemas que con tanta agudeza examina su obra reaparecen, con algunas ligeras variaciones, en otros países de la región.