22/7/10

Sí: Sacristán contra Marx (o al menos contra su dialéctica, que es lo mismo)

Juan Gris [España] Violín y guitarra

Jordi Soler Alomá
Cuando prácticamente tenía terminada la segunda parte de mi análisis de la crítica de la dialéctica de Marx por parte de Sacristán ha aparecido en Rebelión (16/07/2010) una crítica a mi crítica, por parte de Salvador López Arnal, quien conoce muy bien la obra de aquél. Pienso que conviene, antes que nada, darle respuesta.
Vaya por delante que no discuto los méritos de Manuel Sacristán, tanto los que aduce SLA en el ámbito académico, que son sobradamente conocidos, como los que le distinguieron como persona honesta y coherente. Mis observaciones recaen sobre el hecho de que la crítica de la dialéctica de Marx por Sacristán no está bien fundamentada ni bien argumentada y, por lo tanto, no tiene validez. Es el mismo tipo de crítica en la que se empantana, por ejemplo, Mario Bunge: más que críticas (en el sentido etimológico de la palabra kriticós, que significaba juicio objetivo, fundamentado y desinteresado) son simples opiniones, en el caso de Sacristán, si se quiere, mejor vestidas.
Siguiendo el hilo de la crítica de SLA, me veré obligado a tener que recalar de vez en cuando en la anécdota: como, por ejemplo, cuando presta atención al hecho que aduzco de la percepción de Althusser y Sacristán como gurúes del marxismo. Bien, es un modo metafórico de decirlo (también hubiera podido decir “iconos” o cualquier otra expresión equivalente. En cualquier caso no me parece relevante, y no entiendo como SLA puede reparar en tamaña trivialidad, como no sea por un malentendido). En todo caso, si mi expresión resulta ofensiva, no tengo el menor reparo en retirarla, ya que no es elemento de mi análisis.

SLA se extraña del título del artículo. No me extraña que se extrañe. El título es deliberadamente provocativo (como lo sería titular “Lenin contra Marx” o “Engels contra Marx”, aunque se podría escribir sobre ello, y seguro que López Arnal estaría de acuerdo). A continuación, para expresar esta perplejidad, SLA aduce sendos méritos (que nadie le discute, sino todo lo contrario) de Sacristán: precisamente porque tiene estos méritos (como en el caso de Mario Bunge) es por lo que pienso que es necesaria mi crítica (no me molestaría en criticar las afirmaciones sobre Marx de un vulgar neoliberal), y con más motivo por el hecho de que el grueso de su trabajo recae sobre Marx y el marxismo.
Celebro que SLA coincida conmigo, por lo que deduzco de su comentario, en la no intocabilidad de los iconos del marxismo como Lenin (arduo mérito que también honra a Sacristán). Y supongo que coincidirá, en consecuencia, conmigo, en que el marxismo-leninismo no tiene nada que ver con Marx, salvo el comienzo de la primera palabra. Espero que este digno espíritu librepensador lo haga extensivo, también ¡por qué no! a Sacristán, aunque percibo en su tono eufemístico un cierto agravio personal.
Prosiguiendo con su análisis, SLA me reprocha “meter en el mismo saco” a Bunge y Popper por un lado y a Althusser, Colleti, Lenin y Stalin por el otro. Estoy de acuerdo con él en que son dos sacos heterogéneos, pero la definición de los conjuntos que hago admite dicha heterogeneidad: en el primer saco están algunos elementos que pertenecen al conjunto de los que no pertenecen o a la órbita marxista o a la marxiana (que pueden, naturalmente, discrepar entre ellos, como es el caso) y en el segundo saco están algunos elementos del conjunto de los que pertenecen a la órbita o del marxismo o del marxianismo (que, indudablemente, discrepan entre ellos). De todos modos, no es, la de SLA, una observación no trivial.
En lo que discrepo abiertamente de SLA es en su afirmación de que Bunge y Popper por un lado y Sacristán por el otro se distancien significativamente por lo que hace a la apreciación de la dialéctica de Marx. Creo que este distanciamiento es más simbólico que real, y no me cabe duda de que la crítica de Sacristán a la dialéctica marxiana la subscribirían tanto Bunge como Popper, y que quizás en lo que discreparían de Sacristán sería su pretensión de salvarla (aunque neutralizándola) al concederle, al menos, un estatuto “heurístico”.
Concedo a SLA que mi expresión “superar a Marx desde el marxismo” en lo referente a Sacristán (que no en lo tocante a Habermas, ya que uno de los puntos del “programa” de la Escuela de Frankfurt era precisamente éste) es poco afortunada: su intención era la de manifestar metafóricamente un oxímoron en el que sucumbieron el eurocomunismo y otras especies más académicas. Sé que la relación de Sacristán con Marx no era la estereotipada de los marxismos.
Por lo que hace a la economía, sea de la “escuela” que sea, no la considero una ciencia, y es por ello por lo que la presento del modo que me reprocha SLA (si la tuviera que describir figurativamente diría que la economía es un castillo lleno de fantasmas). No es más que un conjunto de “postulados” impregnados de unas u otras tendencias ideológicas que no cumplen la mayor parte de los requisitos que se exige a una ciencia para ser considerada como tal. Obviamente, la matematización no tiene nada malo, cuando se la usa adecuadamente (no cuando se la usa para jugar con otros seres humanos, como hicieron los Chicago Boys en varios países de Latinoamérica), pero el uso de la matemática no implica el carácter científico. El problema principal de la economía es que suele olvidar que detrás de los símbolos de sus más o menos afortunadas ecuaciones hay personas (o debería haberlas). Esta es una de las razones por las que carece de capacidad predictiva: sus referentes son o entes imaginarios o conjuntos sesgados que no se corresponden con la realidad (como en todos los ámbitos, empero, hay raras excepciones).
Sigamos. López Arnal se refiere a mi observación de que el texto objeto de mi crítica va ligado a la traducción del conocido libro de Zelený. Pienso que hay una relación de influencia; éste es el motivo del comentario de paso. SLA me reprocha centrarme sólo en un texto; pues bien, si me centro en este texto es porque es donde se ve con más claridad que Sacristán, por lo que hace a la dialéctica de Marx, se encuentra empantanado en un conjunto de problemas que no puede resolver, debido al hecho de que no encuentra una argumentación científica “normal” (como él suele decir) para desmantelar la dialéctica marxiana; y no puede ir más allá de expresar sus opiniones, que pueden ser muy respetable, pero que no son impugnaciones de carácter científico, lo cual hace más grave que el texto en cuestión se titule, precisamente, “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”. Sacristán no encuentra el modo de, o bien encajar la dialéctica marxiana dentro de su metodología científica, o bien descartarla como parte de la misma y situarla como elemento accesorio. Al final parece decantarse más por esto último y adjudicarle el status de herramienta “heurística”, pero en un sentido más “artístico” que científico, saliendo del paso otorgando a Das Kapital el estatuto de “obra de arte”.
López Arnal se detiene en el momento en que empieza mi crítica, por lo que yo haré lo mismo. Sí quiero, antes de despedirme, dejar claro que sólo son objeto de mi crítica pensadores a los que reconozco y aprecio en su trabajo (por eso no voy a criticar nunca, a no ser que sea absolutamente necesario, a elementos como Habermas o Althusser).
Aprovecho la ocasión para felicitar a Salvador López Arnal por sus colaboraciones en Rebelión.
Afectuosamente,