29/7/10

¿Qué diría Karl Marx? ¿Qué dice Paul Krugman?

Foto: Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández
 
Marcelo Zlotogwiazda
Diría Karl Marx que Néstor Kirchner tiene bastante chance de ganar la elección presidencial el año que viene? ¿Qué respondería Paul Krugman sobre la probabilidad de reelección de Cristina? La opinión del difunto intelectual comunista alemán sólo puede ser conjeturada. Y al Premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times se le preguntó vía correo electrónico pero aún no contestó.
La idea de consultarlo a él surgió luego de leer la columna que publicó hace diez días en la que teoriza y especula sobre la reelección de Barack Obama. Lo critica por preocuparse más en cómo los medios tratan sus políticas que en el efecto que esas políticas tienen sobre la economía. Krugman sostiene que el gobierno estadounidense debería haber aplicado un programa de estímulo más ambicioso y “acorde a la magnitud de la crisis”, y considera lógico que la imagen de su presidente haya caído bastante. En este sentido, se burla de los sabelotodo que plantean la “paradoja de Obama”, la que surgiría del contraste entre las grandes victorias que ha obtenido en el Congreso (reformas en la salud y en la legislación financiera) y su bajo nivel de aprobación.
Krugman los descalifica y contradice. Primero, apoyándose en la ya famosa frase “Es la economía, estúpido”, que James Carville, el jefe de campaña de Bill Clinton, usó como slogan en 1992 para convencer de que eso era más determinante para los votantes que los logros que George Bush se adjudicaba en política exterior (fin de la Guerra Fría y Guerra del Golfo).
Krugman luego cita al politólogo y profesor de la Universidad de Princeton Larry M. Bartels: “Las condiciones económicas objetivas –no la propaganda política inteligente, ni la performance en los debates, ni alguna otra cuestión efímera del día a día de la campaña– son la cuestión singular que más influye para la perspectiva de reelección de un presidente”. Krugman subraya: “Si la economía está mejorando fuertemente en los meses previos a una elección, al presidente en ejercicio le irá bien; si está estancada o retrocediendo, le irá mal”. Aunque lo que se le viene a Obama es la elección legislativa de mitad de mandato, donde la economía no influye tanto como en la presidencial, Krugman es igualmente pesimista sobre la performance de los demócratas, en base a los flojos resultados económicos y, en particular, por haber hecho demasiado poco para crear empleos. En Estados Unidos se habla de la jobless recovery (recuperación sin empleo).
El enfoque de Krugman y Bartels fue cazado al vuelo por Rolando Astarita, un teórico del marxismo que enseña en la UBA y en la Universidad de Quilmes, que escribió en su blog: “Los profesores están sustentando la tan rechazada teoría de la historia de Marx y Engels”. Se refiere al materialismo histórico, que según él resume “dice que lo económico tiene prioridad explicativa de los fenómenos sociales y políticos”.
Pues, entonces, si lo que más importa son las condiciones económicas objetivas, ¿Krugman, Bartels, Marx y Astarita apostarían por el triunfo del kirchnerismo en 2011 si de aquí hasta entonces la economía se expande a altas tasas?
Los pronósticos indican que 2010 cerrará con un alza del Producto Bruto Interno muy significativa. El Relevamiento de Expectativas de Mercado que elabora el Banco Central arroja un aumento promedio del 6 por ciento; Economía dice que ese es el piso. Miguel Bein, que viene corrigiendo su predicción hacia arriba casi todos los meses, ahora la ubica cerca del 8 por ciento, y para el año próximo vislumbra un crecimiento de casi el 5 por ciento. Algo por encima del 4,4 por ciento de alza en el PBI del 2011 que surge de la encuesta del Banco Central. Se espera que el consumo suba casi el 5, y un leve descenso en la desocupación.
¿Alcanza para vaticinar como muy probable una victoria kirchnerista?
Los cuatro mencionados podrían cubrirse señalando que la economía es la “cuestión más influyente” y la “prioridad explicativa”, pero no es una determinante mecánica o automática. Y además podrían aclarar que la variable económica no se agota en el crecimiento, ya que, por ejemplo, puede registrarse un alza considerable del Producto Bruto Interno pero con elevada inflación y baja creación de empleo.
Ahora bien, la experiencia argentina desde la restauración democrática muestra que la correlación entre el PBI y los resultados electorales es muy alta, aunque no exacta. Respecto de las presidenciales, y dejando de lado la de 1983 por razones obvias, se observa:
-  El radicalismo perdió la de mayo de 1989 en un contexto recesivo e hiperinflacionario.
-  El peronismo no retuvo el poder en 1999 con la economía cayendo.
-  De la Rúa se fue antes en medio de la debacle.
- El kirchnerismo renovó con comodidad en 2007 luego de cuatro años de aumento récord del PBI.
Sin embargo, en mayo de 1995 Carlos Menem fue reelecto con el 50 por ciento de los votos pese a que desde el segundo trimestre la economía estaba en recesión (el año cerró con una caída de casi el 3 por ciento en el PBI). No obstante, hay que considerar dos elementos que atenúan la falta de correlación: Menem recibe el “voto cuota” en apoyo al mantenimiento de la Convertibilidad y a la continuidad del 1 a 1, y descarga responsabilidad por el malestar económico en el “efecto tequila” derivado de la crisis mexicana de finales de 1994.
Difícilmente alguien se anime a jugarse entero por una victoria oficialista sobre la única base de un elevado crecimiento económico. Pero la cuestión también puede plantearse a la inversa. ¿Hay alguien que se atreva a apostar a ciegas por una derrota de un gobierno que busca la reelección tras dos años de fuerte aumento en el PBI?
En la Argentina no hay antecedentes. Pero tampoco se puede descartar que haya una primera vez.