22/7/10

Mariátegui y la propuesta socialista

Wari Zárate (Perú) Wari Willka

Grajocamaso
Estando en Facebook me ocurrió algo gracioso. Un joven estudiante de Antropología me pregunta “quién es el segundo, después de Marx”. Intentando ser honesto y no defraudar al espontáneo interlocutor reflexioné rápidamente y le contesté que el Socialismo como aspiración y como realidad era una creación colectiva y de ningún modo individual. Sin embargo, él no se refería a los emuladores históricos de la doctrina socialista sino al orden de los personajes de la caricatura que simboliza nuestra cuenta en esa red social.
Hecha la aclaración y explicado que la segunda figura es Federico Engels, seguido de Lenin, y luego José Carlos Mariátegui, pensé que valdría la pena poner en escrito y desarrollar aunque sea una breve reflexión sobre el carácter colectivo del Socialismo y la reivindicación del mismo que hizo nuestro gran amauta.
“Lo que pasa -me dijo el jóven estudiante-, es que la gente asocia el Socialismo con el terrorismo, con los apagones. Por eso nadie se atreve a hablar de Socialismo en la universidad y estamos perdiendo la oportunidad de conocer todo este pensamiento”.

Y esto es muy cierto. Han contribuído a desprestigiar el Socialismo Marxista o Científico el dogmatismo de los tradicionales partidos de izquierda y el ultraizquierdismo gonzaliano.
Esas dos expresiones políticas han hecho y seguirán haciendo mucho daño para que el Socialismo recupere el espacio que siempre debió tener, especialmente a partir de la escuela ejemplar aplicada por el amauta José Carlos Mariátegui La Chira, quién supo ganar la hegemonía ideológica y el liderato político en el proceso social peruano, allá en la década del 20 del siglo pasado.
Los supuestos herederos políticos de Mariátegui no han sabido superar el dogmatismo febril y se han fraccionado en luchas intestinas por la pureza ideológica hasta auto-pulverizarse políticamente.
Ya Mariátegui lo advertía proféticamente:
“Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y excomuniones recíprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes.”
El 1º de Mayo y el Frente Único
Estos resabios de dogmatismo aún se encuentran vitales incluso entre quienes reivindican a Mariátegui y deslindan con el gonzalismo ultraizquierdista. Está muy bien zanjar y marcar diferencia con el oportunismo aventurero de izquierda. Pero la mejor forma de hacerlo no es quedarse únicamente en la crítica ideológica-teórica, sino en la afirmación y construcción de una propuesta política y orgánica que sobre todo responda a las necesidades frente a la realidad concreta.
La juventud honesta y conciente espera de los mayores una propuesta socialista políticamente solvente, viable, que teniendo asidero en el método marxista sepa hallar en la realidad las contradicciones sobre las cuales hay que operar para transformarla.
La forja y construcción del Socialismo, así, en grande y con mayúscula, es una necesidad entrañable en la propia realidad. No es la invención teórica de un dogma  ni una construcción ideología con autoría. Al Socialismo han contribuído en diversas épocas los diversos esfuerzos civilizatorios por construir una sociedad humanizada, con valores sociales, donde el individuo encuentra su pleno sentido de realización en la comunidad.
Carlos Marx y muchos otros han contribuído a sentar los cimientos del Socialismo científico o moderno, forjado como respuesta al decadente y deshumanizador sistema capitalista. Pero el socialismo -como lo advierte Mariátegui- también está en la tradición de nuestras comunidades indígenas.
“El socialismo, en fin, está en la tradición americana. La más avanzada organización comunista, primitiva, que registra la historia, es la incaica” (JCM: Aniversario y Balance)
Por esto el amauta propone el socialismo indoamericano como una fórmula más asimilada a nuestra realidad:
“No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heróica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva.” (Ibidem).
La vigencia del Socialismo
Mariátegui fue muy claro y muy específico acerca de la vigencia de la denominación Socialista de la propuesta política marxista en el Perú.
“En nuestra bandera inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo.” (Ibidem.)
Así lo escribió en el editorial de la revista Amauta de septiembre de 1928, un momento trascedental en el proceso de “criba de la vanguardia”, y una forma de anunciar públicamente el proceso de gestación del partido revolucionario.
A quién tenga alguna duda acerca de la propuesta de Mariátegui, reflexione sobre la siguiente y contundente afirmación:
“La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: “antiimperialista”, “agrarista”, “nacionalista-revolucionaria”. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos.” (Ibidem.)
Y es que para Mariátegui el problema de nuestra época se resume en dos opciones:
“Capitalismo o socialismo. Éste es el problema de nuestra época.” (Ibidem.)
La reivindicación del término Socialista responde a que para Mariátegui el Socialismo como propuesta y denominación estaba plenamente vigente para países como el Perú, donde el reformismo parlamentario no se había degenerado como sucedió en Europa.
“En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. Lo guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido.” (Ibidem.)
Quienes reivindicamos el Camino y el Pensamiento de José Carlos Mariátegui también reivindicamos la denominación de su propuesta política. Esta posición no nos hace menos comunistas, ni menos marxistas-leninistas. Estamos muy claros que Mariátegui optó por esta formulación luego de un profundo análisis marxista de nuestra realidad social, cultural y política, cuyos basamentos esenciales no se han modificado.
Si el oportunismo de izquierda u otros núcleos marxistas -ya sea por historia, por tradición partidaria o por no parecer menos revolucionarios o radicales que otros-, prefieren otra denominación, tienen la libertad de asumirla pero deben admitir que esta no es la opción que eligió Mariátegui. Y si piensan que Mariátegui se equivocó o que las condiciones en las que se apoyó para sostenerla se han modificado lo deberían sustentar con propiedad.
Lo cierto es que el pueblo peruano tiene más empatía, comprende mejor los valores y contenidos y asimila con mayor facilidad la propuesta Socialista y desconfía, recela y rechaza la denominación “comunista” que Sendero Luminoso ha asociado -como lo advierte el jóven estudiante de Antropología- con terrorismo, apagones y dinamitazos, y esto no es lo que caracteriza o distingue al Socialismo.
La búsqueda del Socialismo no solo se expresa en el Perú donde vienen surgiendo diversos movimientos étnicos y regionales que incorporan con diversos matices y adjetivos la grande palabra Socialismo, como Socialismo Comunitario, Socialismo Plurinacional, etc.; sino también en países vecinos como Bolivia, donde actualmente gobierna el Movimiento Al Socialismo (MAS). Incluso el experimento de Hugo Chávez ha adoptado la autodenominación de Socialismo del Siglo XXI o Socialismo Bolivariano.
Mariátegui lo tenía muy claro:
“A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: “antiimperialista”, “agrarista”, “nacionalista-revolucionaria”. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos.” (Ibidem.)
Todo lo cual demuestra que Mariátegui no se equivocó en este delicado tema y su intuición estratégica aún está plenamente vigente.