26/7/10

María Eva Duarte de Perón: Otro aniversario de su nacimiento y muerte 1952 - 2010

María Eva Duarte de Perón, Evita

Elena Luz González Bazán
26 de julio de 1952, muerte de María Eva Duarte de Perón. Pensamiento y acción, una vida de lucha... María Eva Duarte de Perón, Evita, pasó a la inmortalidad, aquel 26 de julio de 1952, cuando la voz lacónica oficial, a las 20.25 horas, anunciaba que había fallecido.
Eva Perón, mujer que se caracterizó por tener un pensamiento que la llevó a la acción, a la práctica concreta, toda una coherencia de vida. Actitud que la condujo a la lucha por sus ideales sin claudicaciones.
Hace un tiempo se dice, se afirma, que Evita tenía raíces y conexiones con anarquistas de la zona de Junín, a los cuales conoció y con quienes compartió ideas, pensamientos y lecturas.
Y por qué no, si el anarquismo irradió a los pueblos, al movimiento obrero, a los trabajadores rurales y al campesinado en general. Pensar en las masacres en la Patagonia, en las largas luchas obreras y en las primeras conformaciones de centrales obreras, más conocidas como la FOA o luego la FORA, Federación Obrera Argentina y posteriormente la Federación Obrera Regional Argentina.
Por ello, esos cientos de discursos pronunciados por Evita, nos ayudan a rescatar conceptos y planteos que nos hace pensar en sus ideales.
El 24 de agosto de 1949 pronunciaba un discurso en la clausura de la Asamblea Extraordinaria de la Comisión Interamericana de Mujeres, en uno de sus tramos sostenía: “Aquellos pueblos que buscan apoyo en la cordialidad de una mano amiga, encontrarán siempre en el corazón argentino los beneficios de un orden material y moral que desciende en línea recta desde nuestra propia nacionalidad, y puede ofrecer al mundo un programa de liberación económica, soberanía política y justicia social”.
En otra parte afirmaba: “No podríamos renunciar a ningún derecho conquistado sin dar el paso retrógrado que implique inseguridad y paralización del bien general”.
El 15 de febrero de 1950 habla ante los niños, en el Congreso Nacional, cuando los participantes en el Torneo Infantil Evita se llegan al recinto, allí decía: “Quiero expresarles, por otra parte, que deben ustedes tener en su mente la idea de que el equipo que obtenga el triunfo representa al conjunto a toda la niñez argentina, pues en este Campeonato infantil no hay vencidos ni vencedores, solamente existe el esfuerzo de ustedes, de todos los niños argentinos, que han jugado tratando con su entusiasmo y voluntad de dar brillo a este campeonato. Como buenos deportistas y como futuros astros del deporte futbolístico, les pido que sigan adelante sin desmayo porque el deporte se ha de llevar solamente como tal y con la satisfacción de que se ha jugado lealmente y pensando que, si se triunfa, se saborea la victoria y, si se pierde, debe saborearse también el triunfo del compañero, puesto que en este campeonato yo entiendo que todos representan hoy a sus provincias y gobernaciones…”.
El 10 de junio de 1950, Evita disertaba en el acto inaugural de las modernas Escuelas Fábricas, esta fue en Florida, provincia de Buenos Aires, allí afirmaba: “Niños y niñas que entráis aquí a aprender un oficio, ved en esta escuela el resultado de la acción tesonera y anónima de todas las mujeres argentinas que luchamos por la grandeza de la Patria…”.
En los meses finales, cuando ya el cáncer la postraba, Evita hablaba el 20 de febrero de 1952, en la residencia de Olivos, se hacía un agasajo a los delegados obreros latinoamericanos que intervinieron en la creación del Comité de Unidad Sindical Latinoamericano realizado en Asunción, allí decía palabras que trascendieron: “Estamos librando una batalla: la batalla de los pueblos. Yo creo que la hora de los pueblos ha llegado”.
Además concluía: “Ha llegado la hora de los pueblos. La batalla se está librando en todas partes. Es necesario que pensemos que la justicia y la libertad no nos la va a dar nadie, sino que debemos conquistarlas nosotros mismos. Es necesario que pensemos que para lograr esa justicia debemos organizarnos (…)
“Los pueblos han de gobernarse por sí mismos; ha de llegar el momento en que han de hacer valer su voluntad y la voluntad de los pueblos que son soberanos, ha de prevalecer, cimentando la justicia social, la independencia económica y la soberanía de sus patrias”.
No es caprichosa la selección de estos fragmentos del pensamiento de Evita, tienen una integración y conexión de una acción permanente de esta mujer que relució en aquellos años del siglo XX y ha trascendido mundialmente.
En esta capacidad por abarcar los distintos espacios nacionales, regionales y sociales, María Eva Duarte de Perón se subió a un tren, a un avión, a un coche para cubrir los espacios geográficos de este amplio país para decir lo que pensaba y consideraba.
Le habló con sencillez a los niños, cuando en los campeonatos Evita los motivaba en el deporte, en la superación, pero no en la competencia estéril y egoísta. Cuando en las Escuelas Fábricas, dependientes de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, tan poco conocidas, que fueron parte del primer y segundo plan quinquenal, que fomentaron los oficios y trabajos variados, formando a los niños y niñas en una educación integral que los llevara hacia otras disciplinas y un oficio para lograr el trabajo que les posibilitara una vida digna.
La justicia social, la independencia económica y la soberanía política eran las banderas de Evita, porque eran los apotegmas del peronismo, esto es indudable. Porque, además, esa independencia económica tenía íntima relación con el movimiento obrero, la justicia social era la “felicidad” del pueblo, la soberanía política era mantenerse independiente de los poderes centrales mundiales.
Evita fue una mujer diferente, distinta, sembró y cosechó profundos amores, también su fidelidad a Perón le valió odios acérrimos, llenos de ironía y gozo ante su muerte. Nunca pasó desapercibida. Marcó un tiempo esencial de la historia Argentina, se jugó por sus ideales, no dejó de nombrar a Perón en ningún discurso, pero de cada uno de ellos se puede sacar un perfil que la mostró activa, comprometida y haciendo del trabajo un tiempo sin horarios y sin desmayos. Un ejemplo que resplandeció, porque era mujer, y porque las mujeres ganaron, en nuestro país, el voto femenino cuando había transcurrido más de cincuenta años del siglo XX.
Sin duda fue intrépida y esa osadía también le costó cara.
Así como discutió con el doctor Ramón Carrillo sobre el destino de los hospitales públicos, del pueblo o del Estado, así se pronunció ante los pueblos de América sobre la posibilidad que en algún momento los pueblos pudieran gobernarse, mandarse a sí mismos. No era una utopía, seguramente era una necesidad que en estos tiempos debiéramos pensar, analizar y en algún momento sintetizar: los pueblos tenemos una potestad, la de organizarnos por nuestros derechos, reclamar contra las injusticias, y no ser condenados por nuestra protesta.
Evita fue siempre, y lo muestran sus discursos y su ejemplo, contundente: “Ha llegado la hora de los pueblos. La batalla se está librando en todas partes. Es necesario que pensemos que la justicia y la libertad no nos la va a dar nadie, sino que debemos conquistarlas nosotros mismos. Es necesario que pensemos que para lograr esa justicia debemos organizarnos (…)
Elena Luz González Bazán es autora de “Mujer, Sociedad y Política”, Editorial La Rosa Blindada, 2007.