19/7/10

La Filosofía como arma de la Revolución de Louis Althusser



Los ensayos del marxista francés Louis Althusser tienen una evidente unidad de temas y propósitos y expresan nuevas elaboraciones de los puntos de vista expuestos en La Revolución Teórica de Marx y Para Leer El Capital. Muestran la continuidad de un trabajo teórico empeñado en establecer las coordenadas fundamentales de la filosofía marxista, concebida como una “Teoría de la producción de conocimientos”.
Para Althusser dicha teoría está aún por elaborarse y las respuestas obtenidas hasta el presente son insatisfactorias. Las razones de esta ausencia deben buscarse en el mismo Marx y no sólo en las circunstancias histórico-políticas que rodearon el desarrollo del movimiento socialista mundial, en especial en el stalinismo, al que Althusser critica duramente en la autobiografía que prologa su libro sobre Marx. “La filosofía marxista -afirma- fundada por Marx en el mismo acto de fundar su teoría de la historia, aún debe ser constituida”.
Sus escritos y los de sus colaboradores tienen el propósito de contribuir a elaborarla.
Debido a ello el fondo del análisis althusseriano es epistemológico y se manifiesta concretamente en una “relectura” de las obras teóricas fundamentales de Marx, en especial de la Introducción a la Crítica General de la Economía Política ,1857 (Cfr. Cuadernos de Pasado y Presente nº 1, Córdoba, 1968) y de El Capital.
A la lectura “literal” de esos textos realizada hasta el presente por la gran mayoría de los teóricos, Althusser opone una lectura que denomina “symptomale” y que parte del reconocimiento del texto de Marx no como un “gran libro abierto”, donde todo está dicho de manera clara y definitiva y al que sólo basta glosar mediante  una “lectura inocente”, sino como un discurso que inaugura una nueva problemática con conceptos todavía inadecuados.

“Marx no ha pensado teóricamente, bajo una forma adecuada y desarrollada, el concepto y las implicancias teóricas de su investigación revolucionaria desde el punto de vista teórico”. Esto explicaría el “coqueteo hegeliano” en que ocurre algunas veces en El Capital y con excesiva frecuencia en los Grundrisse. Para esta lectura crítica, Althusser se vale de los recursos que le aportan la lingüística (Jackobson), la antropología estructural (Lévi-Strauss) y el psicoanálisis lacaniano.  
Aunque estamos sin duda frente a un pensamiento teórico en proceso de elaboración (“Nuestros textos y fórmulas son provisorias y están destinadas a ser rectificadas”, dice Althusser con modestia), ya podemos verificar los enormes efectos positivos que ha provocado en el actual debate teórico marxista. Constituye ya una escuela interpretativa del pensamiento de Marx que se despliega en multitud de campos de trabajo y que influencia de manera decisiva la cultura francesa y Europa actual. Pero además, y esto aparece superficialmente como un hecho bastante paradójico, aunque las elaboraciones althusserianas se mantienen en el plano epistemológico, concitan la adhesión y hasta el entusiasmo de los jóvenes intelectuales  revolucionarios. No en vano es en Cuba donde sus obras y escritos circulan profusamente y obtienen el reconocimiento de algunos aparatos de elaboración cultural.
En un artículo que le dedicara el Suplemento  Literario del TIMES, al señalar el éxito sorprendente de sus obras, se intentaba explicarlo más que por las innegables dotes de inteligencia, lucidez y estilo del autor, por la precisa oportunidad de su aparición. “La atmósfera del Barrio Latino es tal que todo alumno secundario o estudiante de izquierda que se respete a sí mismo es maoísta o por lo menos castrista”. En ella, Sartre y Henri Lefevre son monumentos arcaicos y las auto-laceraciones de los intelectuales excomunistas de 1956 son tan incomprensibles como el “oportunismo” de Waldeck-Rochet y Roger Garaudy. Una nueva generación de rebeldes necesita una nueva versión de ideología revolucionaria, y Althusser es esencialmente un “duro” que desafía el ablandamiento político e intelectual que lo rodea… Pero esto no lo convierte en un neo-stalinista” como sostienen sus detractores”. Como lo demuestran palmariamente los ensayos incluidos en el presente volumen, sería más exacto hablar del “leninismo” de Althusser.
Aunque se mantiene en el plano teórico, su problemática no es manera alguna neutral. Sus consecuencias políticas deben ser indagadas, pero no de una manera abstracta sino aplicadas en el marco general de la teoría política (como lo Nicos Poulantzas en un libro de próxima aparición dedicado al examen del concepto de hegemonía en el Estado (Nicos Poulantzas, Introducción al concepto de hegemonía en el Estado, Editorial Universitaria de Córdoba, Eudecor, Córdoba, 1968) y en el particular de situaciones políticas concretas, como nos proponemos hacerlo en el Anuario de Pasado y Presente, en preparación. Sin embargo, hay en Althusser un elemento muy significativo, teórico y político, que aparece sistemáticamente en estos ensayos y que Luporini precisa así: “Es la fidelidad de Althusser a la crítica leninista de toda concepción espontaneísta. Es preciso elaborar de una manera teórica y crítica la visión de clase revolucionaria, si se quiere que ella devenga revolucionaria. Esta visión revolucionaria tiene por fundamento, y también con vistas a la acción, el análisis teórico en su universalidad y no una confianza mística en una conciencia de clase concebida como preexistente, a la que bastaría interpretar para obtener la ciencia revolucionaria. Me parce que aquí se funda toda la investigación de Althusser” (en L´homme et la societé, nº 4, p. 35). Y esta conclusión justifica plenamente que hayamos decidido presentar estos escritos con el título de La Filosofía como arma de la Revolución.