15/7/10

La agonía anti-zombie de José Carlos Mariátegui


Foto: Mariátegui en silla de ruedas, poco antes de su muerte

Un detalle poco explorado, y sobre el cual no existe mucha evidencia, es la del famoso viaje de José Carlos Mariátegui a Europa.  Ese viaje, para muchos, significó un antes y después para el famoso intelectual y político de inicios del siglo XX.  Antes, era un periodista algo irresponsable y bohemio; luego, después de haberse puesto en contacto con el socialismo europeo, y sobre todo, con el socialismo italiano, se dedicó a organizar a la población: promovió la fundación de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), fundó poco antes de morir el Partido Socialista (que, a su muerte, se le cambió de nombre por el Partido Comunista del Perú), etc.  Mientras en la imagen de muchos quedó la del hombre con la silla de ruedas, afectado por la polio y que murió a temprana edad, y no la del organizador y hombre de campo.
Porque Mariátegui, más allá de lo que hayan dicho sus detractores como Víctor Raúl Haya de la Torre, era eso, un hombre de campo, político y sobre todo, un peruano responsable.
La Iniciativa Valhalla ya ha visibilizado parte de la historia del joven Mariátegui, que junto con los Colónidas, realizó una serie de performances y acciones para llamar la atención sobre la amenaza zombie.  Es interesante, para el historiador avispado, que Abraham Valdelomar haya muerto en circunstancias algo extrañas.  La vida del socialista peruano no lo fue menos.
Sabemos que Mariátegui viajó a Europa con su esposa, Anna Chiappe (de ascendencia italiana) para nutrirse del “espíritu de la época”.  Sabemos que se puso en contacto con el sector más heterodoxo de la izquierda italiana (el destino no hizo que conociera personalmente a Antonio Gramsci), y sabemos que a su regreso se puso a escribir, a bajar línea (es decir, a adoctrinar en su lectura heterodoxa del marxismo), a formar nuevos cuadros y a organizar a la población.  Su visión sobre la historia peruana y su futuro, se basaba en el rescate de la tradición andina, no para venerarla como un objeto de museo, sino para tomarla como punto de partida para la acción política.  Heterodoxia de la tradición le llamó.  Sabemos también de su lucha contra el fascismo italiano y sus escritos sobre Benito Mussolini.
Esa misma forma particular (el socialismo para Mariátegui debía ser original y no calco ni copia del estalinismo ruso, es decir, creación heroica) de entender la praxis, lo llevó a pelearse con mucha de la izquierda a nivel regional e internacional.  Mariátegui era, aunque muchos ahora no lo sepan, un izquierdista proscrito.  Es así que el manuscrito original del libro “Ideología y política” se perdió en algún lugar y nunca vio la luz.  Lo que se publicó con el mismo nombre (por algunos amigos cercanos como el médico Carlos Roe, César Falcón y César Lévano) fue la recolección de algunos escritos periodísticos, pero no el libro tal como lo pensó Mariátegui.
¿Qué pasó en su viaje por Europa, para que Mariátegui luego desarrolle una parálisis que lo llevara a la muerte? ¿Qué vio en el fascismo italiano que lo llevó a llamar la atención? ¿Por qué se perdió el manuscrito original de Ideología y Política? ¿Qué había en ese libro y quién hizo que el texto “se fondee”?
Hay muchos indicios que nos llevan a sospechar que Mariátegui se encontró con la izquierda anti-zombie italiana (que estaba peleando contra el fascismo italiano, quienes ya venían realizando experimentos con zombies).  Es altamente posible que Mariátegui haya sido infectado con un virus zombie, y que él, sabiendo de su peligrosidad, se haya amputado aquellas partes del cuerpo para que el virus no avance.  Hay algunos testigos de la época que hablan mucho del trabajo dedicado del amigo y médico Carlos Roe para ver la evolución del virus en el cuerpo de Mariátegui.
En Italia, el fascismo avanzó y gente de la heterodoxia (es decir, no cercanos a la línea dura de Stalin, quien también comenzó a experimentar con zombies dentro de su idea de la expansión del comunismo) como Antonio Gramsci, cayó presa y murió en la cárcel.  El fascismo hizo un trabajo muy severo para que Gramsci y otros no alertaran a la población de la amenaza zombie que oscurecería el panorama los años siguientes con Mussolini a la cabeza.  Las famosas cartas de la cárcel merecen otra lectura, pero eso es para otra oportunidad.
Mariátegui se dio cuenta, desde su punto de vista, que la única manera para frenar a la amenaza zombie era organizando a los obreros y estudiar la tradición anti-zombie preinca (no prehispánica en general, sino, sobre todo, preinca).  Si había evidencia (estaba al tanto de los primeros descubrimientos de Tello) de trampas anti-zombie en Paracas, era claro que el Perú podía estar listo para una terrible eventualidad.  Había que rescatar ese pasado y armar a la población, a través de sindicatos, células, etc.
Lamentablemente, su libro programático se perdió entre Italia y Perú (¿alguna oscura organización saboteó la llegada a Perú de ese libro?).  Nunca vió la luz todo lo que Mariátegui aprendió en Europa.  Y el virus zombie, aún cuando fue detenido todo lo posible por Carlos Roe (quien realizaba amputación tras amputación, como se ve en la foto anterior) terminó destruyendo todo lo poco de humano que le quedaba.  Cuando ya no hubo nada que hacer, Roe terminó con la vida del Amauta.  Al año siguiente, la línea estalinista tomó el control del Partido Socialista y lo convirtió al comunismo duro y recalcitrante de la Unión Soviética post-Lenin.  No por gusto, Javier Mariátegui Chiappe, hijo de José Carlos y Ana, se hizo doctor siquiatra, para observar el avance del virus en la masa cerebral, fundando centros de investigación importantes como la Universidad Cayetano Heredia y el Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado-Hideyo Noguchi”.  En su hijo el legado de investigación y lucha anti-zombie prosiguió.
Así, cuando Alberto Flores Galindo llama a su libro “La Agonía de Mariátegui”, no lo hizo por pura casualidad o cuestión estética.  Agonía, según el diccionario de la Real Academia Española, quiere decir “angustia y congoja del moribundo; estado que precede a la muerte”.  Ahora sabemos qué quizo decir Tito Flores con eso.