22/7/10

Israel-Palestina: El debate sobre un Estado desmiente el mito de la izquierda sionista


Jonathan Cook
En la corriente política principal de Israel se está produciendo un debate fascinante sobre un tema que antes era tabú: el establecimiento de un único Estado como resolución del conflicto, un Estado en el que judíos y palestinos puedan vivir potencialmente com ciudadanos iguales. Sorprendentemente, quienes defienden esta solución se encuentran principalmente entre la derecha política de Israel. 
El debate, que desafía la actual ortodoxia de un futuro de dos Estados, está desmintiendo rápidamente las concepciones tradicionales acerca de la derecha e izquierda sionista. 
La mayoría de los observadores (incluyendo varios gobiernos estadounidenses) han supuesto que los constructores de la paz israelíes se encontrarían exclusivamente entre la izquierda sionista al descartarse la derecha como incorregible oponente de los derechos palestinos.
Manteniendo esta asunción, el presidente estadounidense Barack Obama trató hasta hace poco de marginar al primer ministro israelí Benjamin Netanyhau, el primer ministro de la derecha de Israel, y reforzar en vez de él a Ehud Barak, su ministro de Defensa del Partido Laborista de izquierda, y a la dirigente de la oposición Tzipi Livni, del partido de centro Kadima.
Pero, como a menudo señala la derecha israelí, los partidos de izquierda y centro supuestamente “favorables a la paz” tienen un largo e ignominioso historial de no haber hecho avanzar el Estado palestino mientras estaban en el poder, incluyendo durante el proceso de Oslo. Cuando más creció la población de colonos, por ejemplo, fue en la corta época en que Barak fue primer ministro hace diez años.

Lo que revela el debate sobre un único Estado es que mientras algunas personas de la derecha (e incluso entre los colonos) están demostrando que ahora están abiertos a la idea de compartir un Estado con los palestinos, la izquierda sigue oponiéndose categóricamente a esta salida.
En un suplemento de este fin de semana del periódico liberal de Israel Haaretz dedicado a este tema, Yossi Beilin, ex dirigente del partido de las “palomas” a ultranza Meretz y artífice de Oslo, hablaba por la izquierda sionista calificando la solución de un Estado de “disparate”. Añadía desdeñosamente: “No me interesa vivir en un Estado que no es judío”.
La izquierda israelí todavía se mantiene firmemente fiel al objetivo que ha defendido desde que Barak asistió a las fallidas negociaciones de Camp David en 2000: la anexión a Israel de la mayoría de las colonias de Cisjordania y de todas las de Jerusalén Oriental. La opinión general de la izquierda es que el muro de separación, que es creación de Barak, garantizará que la mayoría del medio millón de colonos se queda mientras se acorrala a una población palestina llena de amargura en una serie de guetos a los que engañosamente llamarían Estado palestino. El propósito de esta separación, afirma la izquierda, es proteger la condición judía de Israel de la invasora población palestina si no se divide el territorio.
El problema de la solución de la izquierda lo ha resumido Tzipi Hotoveley, una veterana legisladora del Likud, que recientemente declaró su apoyo a un sólo Estado. “Hay en esto un fracaso moral [por parte de la izquierda]. …El resultado es una solución que perpetúa el conflicto y nos transforma de ocupantes en perpetradores de masacres, por decirlo sin rodeos. La izquierda es quien nos convierte en una nación más cruel además de poner en peligro nuestra seguridad”.
La derecha está empezando a entender que la separación exige no sólo abandonar los sueños del Gran Israel, sino convertir Gaza en el modelo para Cisjordania. Excluidos y asediados, los palestinos tendrán que ser “pacificados” por medio de ataques militares regulares como el ataque a Gaza del invierno de 2008 que hizo caer el oprobio internacional sobre la cabeza de Israel. Algunas personas en la derecha creen que Israel no sobrevivirá mucho tiempo causando semejantes atrocidades.
Pero si la derecha está repensando su postura histórica, la izquierda sigue empeñada en su defensa tradicional de la separación étnica y de la construcción de muros.
Fueron los ideólogos del Sionismo Laborista anteriores a [la creación del] Estado [de Israel] los primeros que argumentaron en favor de la segregación bajo las consignas de “trabajo hebreo” y “redención de la tierra”, y después adoptaron la política de transferencia. Fueron los fundadores laboristas del Estado judío quienes llevaron a cabo la expulsión casi total de palestinos bajo la cobertura de la guerra de 1948.
Por otra parte, para la derecha la creación de un territorio judío “puro” nunca ha sido un santo grial. Al principio se resignaron a compartir la tierra. La muy incomprendida doctrina del “muro de acero” de Vladimir Jabotinsky, el padre intelectual del Likud, se presentaba en realidad como una alternativa a las políticas del Sionismo Laborista de segregación y expulsión. Él esperaba vivir con los palestinos, pero prefería que un muro de fuerza los intimidara para que fueran sumisos.
Los sucesores de Jabotinsky están luchando contra los mismos dilemas. La mayoría de ellos, como Netanyahu, sigue creyendo que Israel tiene tiempo de expandir el control israelí comprando a los palestinos con bagatelas como menoscheckpoints e incentivos económicos menores. Pero cada vez más dirigentes del Likud admiten que los palestinos no aceptarán siempre este modelo de apartheid.
Entre ellos el más destacado es Moshe Arens, ex Ministro de Defensa y gurú del Likud, que recientemente escribió que la idea de dar la ciudadanía a muchos ciudadanos palestinos bajo la ocupación “merecía considerarse seriamente”. Reuven Rivlin, el presidente del Parlamento, ha reconocido que “el mal menor es un Estado único con iguales derechos para todos los ciudadanos”.
No debemos idealizar a estos conversos del Likud. No están hablando del “Estado de todos sus ciudadanos” que pide un diminuto grupo de judíos no sionistas. La mayoría podrían exigir a los palestinos que aceptaran vivir en un Estado dominado por judíos. Arens, por ejemplo, quiere excluir al millón y medio de palestinos de la ciudadanía para manipular su Estado de mayoría judía unos cuantos decenios más. Parece que nadie está considerando incluir el derecho al retorno de los millones de refugiados palestinos. Y casi todos ellos esperarían que la ciudadanía esté condicionada a la lealtad, con lo que se recrearía para los nuevos ciudadanos palestinos la misma relación problemática con un Estado judío que sufre la actual minoría palestina dentro de Israel.
Con todo, la derecha está demostrando que puede estar más dispuesta a redefinir sus paradigmas que la izquierda sionista. Y al final, la derecha puede desconcertar a Washington proporcionando unos constructores de paz más capaces que los artífices de [los acuerdos de] Oslo.
Jonathan Cook es un escritor y periodista que reside en Nazareth, Israel. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel's Experiments in Human Despair, (Zed Books). Su página web es www.jkcook.net
Una versión de este artículo se publicó originalmente en The National (www.thenational.ae), publicado en Abu Dhabi.
Fuente: 
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=20213