16/7/10

Argentina: Ganó la igualdad

Frida Kahlo (México) Embarazo de amor







La ley de matrimonio para todos nos pone en un selecto podio.
Nacho Rodríguez 
Qué bueno que el Senado de la Nación se dio cuenta finalmente de que si no ganaba la igualdad se estaba cometiendo una injusticia. Sin dudas lo que paso con la aprobación de la ley de matrimonio igual para todos los ciudadanos argentinos es un gran paso en materia de derechos civiles y nos pone en un selecto podio de un pequeño puñado de países del mundo que han avanzado con decisión y mirada igualitaria en este tipo de asuntos. De América somos el segundo país del mundo en haberlo logrado, primero lo hizo Canadá. En otros países americanos hay reconocimientos pero no con el alcance del nuestro. 
Y finalmente terminó imponiéndose la corriente que sugería la ex jueza Aída Kemelmajer de Carlucci (citada en su discurso por el senador mendocino Ernesto Sanz) de optar por la solución española frente al mismo problema. Iguales institutos, derechos y obligaciones para todos los ciudadanos del país sin distinción de su orientación sexual. Lo que correspondía, nada más y nada menos, que hiciese el Congreso de la Nación para terminar con la ambigüedad en materia de interpretación que se ha dado entre los jueces del país. Ya no habrá dudas. Todos podremos casarnos sin distingos. Aquel que quiera hacer uso de ese derecho podrá.



Quizá pretendieron evitar lo que sería muy seguramente un duro traspié para sus largas carreras políticas y con el olfato propio de los viejos en el asunto Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Reutemman y Juan Carlos Romero se levantaron antes de emitir sus votos y se eximieron de decir explícitamente NO a algo que ellos saben sería inevitable en el tiempo. 
En la histórica jornada legislativa del 14 de julio de 2010 ganaron los argumentos y quedó demostrado que no hay nada ‘de piedra’ en una sociedad. Que las cosas se mueven. Un mensaje por elevación a una Iglesia que, y voy a citar a un hombre católico con convicciones firmes, como dice el cura cordobés Nicolás Alessio “se pierde la oportunidad de haber tenido una mirada igualitaria sobre este asunto”. La mirada dominante de la Iglesia Católica infundiendo el miedo a todos y a todas se impuso a la mirada alternativa que representan hombres como Alessio y eso quedó plasmado en muchos de los discursos que parecían armados para las épocas más oscurantistas de la historia. 
Por suerte primó el criterio. El socialista Rubén Giustiniani se dio el lujo de citar al extraordinario filósofo alemán de la Escuela de Frankfurt Jürgen Habermas, y aportó un dato vital: “el 51.9% de las familias argentinas no tienen la conformación de cuentos de hadas que vendió la iglesia en sus pancartas hasta el hartazgo con la frase ‘queremos papá y mamá’. Más de la mitad de las familias de nuestro país son monoparentales, homoparentales o tienen alguna otra conformación como crianzas por abuelos y otros familiares. 
La senadora Liliana Negre de Alonso, legisladora nacional se enojó con el secretario parlamentario por haberla hecho esperar en su despacho lo que le impidió participar de un programa de televisión. ¡Qué cosa seria! Al final, cuando las cartas estaban echadas y Negre de Alonso abatida, lloró. 
Impecable el tratamiento que Miguel Ángel Pichetto hizo del artículo que preveía en el proyecto de Unión Civil la posibilidad de que los empleados públicos actuantes en esa unión pudieran pedir ‘objeción de conciencia’. Pichetto fue contundente “la objeción de conciencia es propia de estados totalitarios. El funcionario público debe cumplir la ley”. 
Extraordinaria demostración de manejo de la ley de nuestro comprovinciano Ernesto Sanz desmenuzando los artículos 16 y 19 de la Constitución Nacional con dotes de profesor universitario y poniendo sobre el tapete la cuestión central: se trata de extender un derecho, hacer de todos algo que era de algunos. Bien por Sanz que formó parte del lote de los cinco radicales que se animaron a saltar el cerco en el que intentaron meterlos algunos referentes de algunos cultos de provincias mediante presiones muy obvias. 
Luis Juez fue uno de los primeros en hablar y su forma fue típicamente cordobesa. Puso colorado a José Pampuro –quien actuó correctamente como Presidente provisional del Senado- cuando le aseguró que su lengua era tan filosa que le podría rebanar un salame en varias fetas con ella. Sus argumentaciones a favor del proyecto que ganó también fueron sólidas. 
Lo aprobado defiende claramente un derecho que una minoría no tenía frente a una mayoría que sí lo poseía. Esa lógica no tiene demasiado contraste. Las cuestiones relacionadas con Dios y la interpretación que de Dios han hecho muchos demuestran que no hay argumentos sólidos para rebatir la idea de que la igualdad debe imponerse a cualquier asunto y que los legisladores están para garantizar eso. Felicitaciones a los 33 que lo hicieron posible y gracias por mirar para donde había que mirar.