29/7/10

En torno a la dialéctica

Joan Miró (España-Cataluña) El nacimiento del día

Manuel Sacristán
Presentación y notas de Salvador López Arnal
Las relaciones entre la lógica formal y la dialéctica han sido -digámoslo en términos suaves para evitar arrojar leña a este fuego aún encendido- algo amargas. Los lógicos formales han mal oído permanentemente las reflexiones de "los dialécticos". Han pensado, en general, que se trataba de afirmaciones fruto de la simple (e inadmisible) ignorancia. Y ya se sabe, desde Spinoza, que la ignorancia nunca es un argumento. De esa forma no sólo se ha rechazado todo lo dicho en torno a la lógica y a sus principios por parte de "los antidialécticos" sino que, en la mayoría de las ocasiones, se ha menospreciado, todo tipo de reflexión "dialéctica", sobre éste u otra cuestión cualquiera, por alejada que estuviera temáticamente de aquel debate. Los lógicos borrosos, con su lógica difusa, tal vez hayan alterado en parte, en pequeña parte, la situación descrita.
El comportamiento de "los dialécticos" no ha sido siempre mucho mejor. Acaso, lo contrario es más verdadero. Han tendido a ver en la lógica aquello que no es ni pretende ni ha deseado ser. Se ha considerado que algunos principios lógicos de la tradición, como el principio de identidad o el de no contradicción, presuponían una ontología antidinamicista, antidialéctica, que negaba todo tipo de cambio, de "alteración cualitativa". Por consiguiente, y por deducción inexorable, todo cambio, toda transformación socio-política. De ahi a considerar que la lógica no era sino un instrumento de la reacción en el seno del movimiento revolucionario tan sólo había un paso, un disparatado paso, que muy frecuentemente ha sido trazado por "los dialécticos". Aún más, se pretendió construir una lógica dialéctica, alternativa a la "burguesa y fijista lógica formal", cuando no un método dialéctico que, siguiendo el carácter contradictoriamente real del ser en su devenir, diera de sí las verdades materiales ("reales") que la lógica formal clásica, fijista y burguesa, era incapaz de hallar.
La discusión ha sido, ante todo, un debate de sordos. Y de ciegos. Hay excepciones, sin embargo. En España, hemos contado con uno de esos raros casos que confirman esta nefasta regla. Manuel Sacristán Luzón fue un filósofo que estudió lógica formal durante los curso 1954-56 en la Universidad de Müsnter -cuando en nuestro país, en la mayoría de los casos, la lógica quedaba reducida a la silogística aristotélica versión (neo)tomista)- al mismo tiempo que se adentraba en la filosofía marxista e iniciaba su militancia en el PSUC-PCE.
No hay en los escritos de Sacristán tesis alguna que identifique a la dialéctica con una lógica alternativa o un nuevo método cientifico, sin menospreciar por ello todas las reflexiones provenientes de este campo. No hay tampoco desconsideración del papel de la lógica como instrumento para el tratamiento - o disolución- de ciertos problemas filosóficos, o como ciencia formal que analiza la corrección o incorrección de nuestros argumentos. Todo lo contrario. Hay contribuciones de enorme e indudable interés para el desarrollo de esta disciplina en nuestro país. Así, por ejemplo, su Introducción a la lógica y al análisis formal de 1964 o su Lógica elemental, texto de 1965 (editado por vez primera en 1996 por Vera Sacristán Adinolfi), por no hablar de su faceta de traductor-introductor de textos decisivos en este campo o su reconocido papel, cuando pudo ejercerlo, de profesor de la disciplina.
La siguiente antología pretende dar muesta de la original reflexión de este pensador en un campo tan confuso -y confundido- como el que estamos considerando. He añadido dos textos de Mario Bunge y Karl Popper que intentan recoger las principales críticas (y reconocimientos) de estos autores a la dialéctica. Los he acompañado con sendos textos de Marx y Engels y con dos pequeñas muestras de desaciertos marxistas en torno a la lógica formal. Obsérvese, para finalizar, que la polémica no es tema superado. El libro de Woods y Grant , del que se ha seleccionado algunos breves fragmentos, está fechado en 1991.
La mayoría de los textos seleccionados pertenecen a los trabajos de Sacristán editados en Panfletos y materiales. Cuando hago referencia a textos que son transcripciones de conferencias o de sus clases de metodología de las ciencias sociales, el lector/a debería no olvidar su carácter oral y de que, por otra parte, no pudieron ser revisados por el propio Sacristán.
Las referencias las he situado al final de la antología. He acompañado algunos textos seleccionados con notas aclaratorias.
1. La dialéctica en Heráclito y en Platón
En los dos casos, tanto en Heráclito como en Platón, la idea de dialéctica o de interpretación dialéctica de la realidad, tiene curiosamente o notablemente una punta ética, moral. En el caso de Heráclito incluso porque el lenguaje es casi un lenguaje de sermón. Se habla de despertar al dormido por ejemplo, como podría decir un apóstol. En el caso de Platón porque en los dos textos clásicos en los que ha presentado el concepto de dialéctico, el libro VII de la República y el Banquete, el pensamiento dialéctico se presenta no sólo como el método justo para el trato con las esencias de las cosas sino también como resultado de un esfuerzo moral. Esta mezcla de elemento intelectual y elemento moral es otro de los rasgos del nacimiento del concepto de dialéctica.

Nota: Sacristán consideraba necesario, para quien quisiera adentrarse en este campo, el estudio de la obra de Aristóteles y de Kant, amén de las del propio Platón y Heráclito. En la modernidad, Hegel y Marx son los clásicos indiscutibles.
2. Qué no es la dialéctica
La tesis negativa dice que la dialéctica no es lógica. Hay que rechazar la confusión hegeliana entre empiria y lógica. La dialéctica hegeliana es mala lógica (porque exige que la lógica dé de sí contenidos reales) y mala empiria (porque fuerza a la empiria a someterse a un esquema lógico desde dentro, por así decirlo). Reúne lo peor de ambos mundos, el formal y el empírico... La dialéctica no es lógica, y cuando se presenta como lógica, cuando alguien intenta demostrar algo a base, por ejemplo, de la "ley de la negación de la negación" da entre vergüenza y risa, empezando por Engels. Su ejemplo del grano de cebada, según el cual la espiga de ese cereal se explica como "negación de la negación" de la semilla, es el prototipo del mal pensar hegeliano y oscurantista, pues uno empieza conocer cuando se olvida de pseudo-explicaciones así y de pseudo-métodos de esa naturaleza y penetra en el grano de cebada con la química.
Nota: De aquí no debería inferirse menosprecio alguno por este tipo de metáforas. Estas frases filosóficas pueden sugerir preguntas e investigaciones. Sacristán solía poner como ejemplo la afirmación aristotélica según la cual "el alma es en cierto modo todas las cosas", que pretende dar cuenta de cómo la mente humana conoce la realidad. Otras nociones como materia y forma, o acto y potencia, "fijan y subliman experiencia común cotidiana". En todo caso, la famosa ley de la negación de la negación no era de su especial consideración. Sobre estas cuestiones puede verse el texto B del apartado siguiente.
3. La dialéctica en Engels
A. Y las variables del cálculo son simples signos que reservan, en una fórmula, un lugar para valores de una determinada clase, y no, como las ve Engels hegelianamente, "contradictorias" cantidades que pueden hacerse "infinitamente pequeñas" y luego "agrandarse", lo cual es una noción no dialécticamente contradictoria, sino llanamente absurda. Lo que puede variar es el objeto real medido por las cantidades que pueden ocupar en las fórmulas el lugar de una variable, pero no las cantidades mismas que expresan el resultado de cada medición. Estas no cambian, sino que, simplemente, son otras en cada caso. Cuando una persona engorda de 50 a 60 kilos, lo que cambia no es el número 50, sino la persona. El número 50, construcción conceptual de la ciencia, es siempre el mismo.
B. También Engels ha aducido a propósito de los hidrocarburos la ley hegeliana de la mutación de la cantidad en cualidad. Esta frase, como muchas otras verbalizaciones de la historia de la metafísica ("idea", "materia y forma", "potencia y acto", "entelequia". "negación de la negación" etc) es un magnífico receptáculo de la sabiduría de la vida, y hasta puede serlo de poesía. Pero cuando se pretende someter esas frases a un uso científico positivo se las convierte en trivialidades campanudas con las que no se explica nada. Engels, que tampoco hiló muy fino en eso, no lo ha hecho nunca, de todos modos, tan bastamente como Marx en la nota 205 dal capítulo IX del libro I del Capital.
Nota: La nota 205a, añadido a la 3ª edición de El Capital, a la que se refiere Sacristán, versa sobre las "series homólogas" de compuestos hidrocarbonados. Marx sostiene que en compuestos como las parafinas, los alcoholes normales y los ácidos grasos normales (y "muchos otras") el simple añadido cuantitativo de CH2 a "la fórmula molecular forma cada vez" un compuesto químico cualitativamente distinto. Sería un ejemplo de la ley de la transformación de la cantidad en cualidad. Es a estas frases a las que se refiere Sacristán como "trivialidades campanudas con las que no se explica nada.