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25/7/10

El concepto de clases sociales de Marx

Francisco Amighetti (Costa Rica) El Mundo Felíz

Marisol Cabrera Sosa


El concepto de clases sociales de Marx está estructurado a partir del componente estrictamente económico como es la posesión o no de capital (1): “nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico–natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas”. (Marx: 2001: 3). Esto supone la existencia de personas que integran las clases sociales como representantes de determinados intereses pero como parte de un proceso al que caracteriza como histórico y natural, que constriñe al sujeto a un sistema de relaciones que lo crean como sujeto genérico y como clase. Y es desde esta perspectiva que el análisis se transforma en genérico y deja de ser individual, la concepción de Marx, descarta las responsabilidades individuales y las remite a lo general, partícipes de relaciones e intereses de clases.



Existe un problema en cuanto a la construcción de la categoría conceptual de Marx de clase y es que no proporciona una definición estrictamente formal de la categoría, dado que la definición parte de la existencia de dos clases sociales, antagónicas, enfrentadas directamente: la burguesía y le proletariado.

La "clase" es definida a partir de la relación de los grupos con los medios de producción, conectado a la división del trabajo, debido a la necesidad de la creación de los excedentes productivos, que son el sustento de las clases sociales. A esto se le agrega una situación de las clases, no solo están en lucha y en conflicto sino que dependen una de la otra, pero en una relación de asimetría, y que provoca en definitiva la existencia del conflicto permanente como mecanismo de relacionamiento: una se apropia de la plusvalía de la otra.


En El Manifiesto del Partido Comunista, Marx le otorga a una de las clases, la burguesía, un “papel altamente revolucionario” (Marx: 2001: 41) por su destrucción de las relaciones económicas existentes sustituyendo las explotaciones ocultas por una explotación “abierta, descarada, directa y brutal”. Su papel “altamente revolucionario” lo relaciona con las la producción, con las modificación de las condiciones sociales, y con un movimiento constante.


Estas características no han dejado de existir, aunque en la actualidad el movimiento no es constante sino vertiginoso y lo que Marx describía como una interdependencia universal de las naciones, con una visión prometeica del sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, hoy adquiere dimensiones impensadas para un teórico decimonónico. Lo que Marx analizaba como la corriente civilizatoria incluía como producción no solo la producción material sino la intelectual. 


Es interesante como Marx considera la organización del proletariado en clase, y lo relaciona como partido político y a partir de los intersticios que deja la burguesía, la obliga “a reconocer por la ley algunos de los intereses de la clase obrera”, (Marx: 41) que en aquel tiempo significaba la ley de jornada laboral de diez horas.

¿Cuánto hay de actual en estos planteos? Le adjudica a los ideólogos burgueses la “comprensión teórica” de ese proceso histórico-natural, en donde está presente el conocimiento, la ciencia y indiscutiblemente la participación de los intelectuales. 

Es en este punto medular la comprensión de que para Marx la lucha de clases es “una lucha política” (Marx: 2001:40) y la participación de los intelectuales en una u otra clase social es participar en esa lucha política. No es una acción neutra o desprovista de sentido dado que el sector de los ideólogos burgueses y la clase social en general, proporciona entre otros aspectos a la clase proletaria, “los elementos de su propia educación, es decir, las armas contra ella misma” (Marx:2001: 40) que se vinculan a la educación política y general, según el autor. 

¿Dónde se encuentran los intelectuales en estos procesos? 

La construcción del intelectual orgánico, desde la concepción gramsciana prevé la posibilidad de que si los modos de pensar siguen permaneciendo estáticos cualquiera sea el proyecto será absorbido, por las estructuras hegemónicas. Las prácticas permanecerán silenciosas, por “el instinto de clase”, que no liberará el pensamiento sino que lo atará a la permanencia a una ideología de la clase dominante: el capitalismo será el único horizonte posible. Se “trata de desentrañar los elementos que en el seno de la sociedad civil operan como "cemento" de las relaciones sociales vigentes, a partir de las prácticas cotidianas de las clases fundamentales” (Thwaites: ed. Digital: 12).

Rebellato aporta elementos teóricos para la comprensión de esos elementos que operan como cemento de estas relaciones que perpetúan la división del trabajo, y lo relaciona a “esquemas de comportamiento más eficaces” (Rebellato: 1995: 25) y aborda el concepto de bloque histórico de Gramsci para la posibilidad de la transformación de la sociedad. En este sentido, comparte con Marx y Gramsci la importancia de la educación como herramienta de transformación, a la que incluye en la tríada: “Ética, política y educación son tres dimensiones fundamentales de los procesos de construcción social de poder: la educación es política porque elabora conflictos mediante una opción ética; política porque promueve un análisis grupal de la alienación; ética porque propone valores éticos solidarios que se concretan en procesos dialógicos de aprendizaje y desaprendizaje colectivo.” (Tani: 2004: 1).

El papel del intelectual en la clase social se redimensiona dado que queda incluido en los procesos de aprendizaje y desaprendizaje, a través de la elección de una opción ética, que reflexiona sobre la “ceguera” del instinto de clase y como ética propositiva dado que la solidaridad emerge desde la reflexión de la explotación que según Marx constituye su vida cotidiana.


Es en ese proceso de aprendizaje y desaprendizaje, que existe la posibilidad de que el intelectual se integre a movimientos sociales, lo que implicaría una nueva visión del concepto clásico de clases sociales de Marx.

Los movimientos sociales serían definidos como “a aquellas conformaciones que, con distintos grados de consolidación y con alguna permanencia en el tiempo, se estructuran en torno a intereses comunes y a un fuerte componente identitario; que emergen en la sociedad con alguna capacidad de colocar temas, demandas, propuestas, etc. que no son tenidas en cuenta por el orden social vigente. En ese sentido son fuertemente disruptivos y encarnan la posibilidad de desarrollar procesos de transformación social.” (Goldar: 2008: 8). Es en esa irrupción de las demandas sociales en torno a los intereses comunes que la participación del intelectual dentro del bloque histórico se hace posible y visible: la liberación del pensamiento, la búsqueda de una nueva forma de pensar para transformar las estructuras injustas existentes.

La participación a partir de demandas comunes, del elemento de la identidad, de pertenencia a temas que atañen a las condiciones injustas de entre la tensión de lo que es actualmente con lo que desde la ética solidaria se convierte en urgente. En este sentido Bourdieu reclama la “no hay tarea más urgente que la invención de formas de pensar y de actuar nuevas” Bourdieu: 1999: 10).

Pero el hecho de que exista descontento con las condiciones injustas actuales no implica necesariamente, la construcción de un bloque histórico (2).


La primera y segunda condición anteriormente explicitada necesita de “una red política, económica y cultural de dependencia reciproca que pueda poner en cuestión la forma de control y distribución de la propiedad existente y desarrollar otra forma de control y distribución, es decir otra forma de propiedad” (Narbondo: 1997:143).


“La práctica cotidiana de estos movimientos en muchos casos, expresan otros modos y otras maneras de hacer y entender la política” (Goldar: 2008:12), y es desde este aspecto que adquieren un “papel altamente revolucionario” en la categoría marxista como clase, y en el sentido político de la acción transformadora. El hecho de compartir ciertos valores éticos de solidaridad grupal no implica que no se produzca dentro de la conformación de un bloque alternativo, luchas por las “diferencias de capacidad de los actores (…) por sus diferentes necesidades e intereses” (Narbondo: 1997: 145).

El problema radica en que dentro de ese bloque histórico, la toma de conciencia no es completa porque “el gran problema radica en cómo podrán los oprimidos, como seres duales, inauténticos, que “alojan” al opresor en sí…” (Freire: 1996: 26) revertir las condiciones actuales de existencia injustas. La necesidad de superar dicha contradicción, de erradicar el opresor inserto en los hombres, propenderá a revertir un orden injusto considerado como un proceso histórico-natural en la concepción marxista por “La lucha por la liberación, por el trabajo libre, por la desalienación, por la afirmación de los hombres como personas, como “seres para sí” (Freire: 1996: 25). 

Podemos cuestionarnos, la actualidad de los planteos de Marx, de Gramsci y aún de los autores críticos, pero en esencia la lucha de clases pervive y las consecuencias de un sistema injusto permanece: “el capitalismo sigue siendo el régimen de la esclavitud asalariada y de la marginación social, de la sumisión de la sociedad y los individuos a las leyes de la producción de plusvalía; sigue siendo la forma de organización de las relaciones entre los hombres que se construye sobre la contradicción flagrante entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación; el espacio de la concentración y centralización progresiva de la riqueza, la propiedad y el poder; de la reproducción cada vez ampliada del Estado como una maquinaria de violencia material y espiritual sobre los seres humanos, acorazada (invirtamos la expresión gramsciana) de hegemonía cultural e ideológica; de la igualdad formal ante la ley de grupos sociales e individuos profundamente desiguales por su posición en el sistema de la producción social y las formas y cuotas de apropiación de la riqueza; de la conversión de los productos de la actividad en fuerzas hostiles e incontrolables que oprimen a sus propios productores”. (Zardoya: 2003:2).

Es decir, la categoría clase social marxista, entendida como posesión o no de capital, y sus derivaciones teóricas, plusvalía, concentración de la riqueza, desigualdad y opresión permanecen intactas y mejoradas. Esta actualidad del planteo marxista no implica la no existencia de los movimientos sociales como manifestaciones actuales de la pertenencia a una clase social oprimida.

Estos movimientos producen la visión de la posibilidad de la ruptura de un modelo único, y que no “es el único de los mundos donde podremos vivir” (Rebellato: 1995: 27) y aporta desde la acción “el reconocimiento del ser humano como ser de necesidades y deseos”, le reconoce “su corporeidad viva”, según las categorías manejadas por el autor. Este reconocimiento, promueve entre otras cosas el reconocimiento de la desigualdad, que participa en la vida activa, que incluye “la solidaridad y la fraternidad” (Rebellato: 1995: 27), y que rescata la recuperación de la corporeidad y de la categoría “utopía, que supone la capacidad y potencialidad de deseos, sueños y proyecciones”. (Rebellato: 1995: 26). Significa destruir los lazos que convierten a la “inmensa mayoría de los hombres (…) adiestramiento que los transforma en máquinas” (Marx: 1914:49) y explicitar una nueva concepción de la realidad, en la que el intelectual orgánico participe en los movimientos sociales, como un espacio de resistencia, como espacio de posibilidad, “como construcción de realidad (…) más que la simple reflexión de la realidad” (Mc Laren: 1991: 14). El objetivo es desorganizar y poner en tela de juicio el conocimiento de la burguesía, la integración a movimientos que promuevan la vinculación de la acción con un sentido, es tarea de los intelectuales el compromiso con la verdad, no sólo en palabras sino en actos.


“Miles de personas agraviadas en todo el mundo son testigos del proceso de explotación, regidos por leyes, al cual se conoce como acumulación de capital; del desarrollo inequitativo denominado progreso, (…) la negación absoluta de la humanidad, de la personalidad y la libertad (…). (McLaren: 2005: 56-57).

Este proceso de explotación, deja una enseñanza y es que “los privilegios y las diferencias sociales, puesto que son producto de la sociedad y no de la naturaleza, pueden sobrepasarse” (Gramsci: 1910:3) y que la utopía como posibilidad de sobreponerse a un pensamiento único, reconoce que la clase dominante no sabe dar cuenta de las diferencias sociales y económicas ni los privilegios y sus formas sociales que se revelan conflictivas. 


Por eso una categoría dentro de este proceso transformador, de movimiento social debe incluir una participación que supere la dicotomía del saber/sentir disociados. “Gramsci comprender quiere decir “saber” pero también “sentir”, lo que lo lleva a la preocupación por suturar la separación entre intelectuales que suelen “saber” pero no “comprender” ni “sentir”, y una esfera popular que “siente” pero no comprende”. (Santucci: 2003:6).

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Notas

(1) El Capital es, pues, el poder de Gobierno sobre el trabajo y sus productos
El Capital es una fuerza social, es un producto colectivo.
(2)Carlos Emilio Bentacourt elabora un abordaje sobre dicha categoría de análisis: “El concepto de bloque histórico implica una concepción teórica-práctica del materialismo histórico, a partir de la crítica de los entendimientos mecanicistas y deterministas del marxismo en cuanto a las relaciones economía-política y cultura-política. En particular Gramsci supera interpretaciones marxistas sobre el Estado que ubican a éste como epifenómeno o como instrumento neutral susceptible de usarse por cualquier clase social. En el contexto de bloque histórico, el Estado no es sólo un aparato de dominación de una clase por otra, sino que refleja la síntesis coerción-consenso y la síntesis hegemonía dominación que caracteriza el ejercicio del poder político”