“Hay que hablar de una lucha por una nueva cultura, es decir, para una vida moral nueva que no puede dejar de estar íntimamente conectada a una nueva intuición de la vida, hasta que se convierte en una nueva forma de sentir y ver la realidad” | Antonio Gramsci

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17/7/10

El autoritarismo visto desde la Escuela de Frankfurt

Joan Miró (España-Cataluña)  Pájaros en el espacio

¿Una nueva racionalidad como vía de escape?

Germán Maldonado Cisneros, M. A.
La escuela de Frankfurt vuelca toda su actividad intelectual a la transformación del mundo. Esto significa una reflexión eminentemente crítica de la sociedad: la formación de una teoría crítica de la sociedad. Entre los temas que le preocupan a los frankfurtianos, estaban la estructura cambiante de la sociedad, de la familia y el papel del individuo en ellas; la razón como tal y la lógica de la sociedad, es decir, responder a la interrogantes que dejaban las guerras mundiales, el holocausto judío, el nacional socialismo, etc. de la Europa civilizada y racional.
En esa búsqueda, asumen una pregunta, que caía por su propio peso del momento histórico que vivían, ¿Qué ha sucedido con la razón? ¿A dónde nos ha llevado? El proceso de sociedad, ¿ha tenido momento de aberración o consecuencias lógicas en los momentos de autoritarismo? Se sospecha ya de alguna conexión directa entre la razón y el autoritarismo. Estas interrogantes se pueden resumir en un tono de preocupación por si la razón está enferma o es ella misma una enfermedad tal como se la concibe. Responder a esta pregunta implicará decir lo que ha significado el autoritarismo, de dónde viene y mirar brevemente su carácter mismo.
Para este recorrido por el autoritarismo, pondré los ojos en varios pasajes de frankfurtianos, pero me centraré en la crítica a la Industria de masas que realizan Max Horkheimer y Theodor W. Adorno para mostrar el desarrollo de la razón, el advenimiento del autoritarismo y una posible superación de la razón instrumental desde un nuevo tipo de racionalidad.

La noción de autoridad se disuelve para los frankfurtianos en el concepto de autoritarismo, que pese a versiones de distinta índole de los integrantes de Frankfurt, tienen el mismo carácter negativo al referirse a ella. La autoridad traerá, tarde o temprano, un autoritarismo que niegue toda posibilidad en el hombre. Se concibe la autoridad como represiva y coercitiva, como elemento destructor de la libertad. Pero, para llegar a ese punto hay que entender primero la relación entre la autoridad y la razón instrumental, que es la que da fuerza a todo el movimiento social de nuestro tiempo, y a la que se ve como la caja de Pandora.
El proyecto de la Modernidad, con pensadores de base como Descartes y Bacon, otorga a la historia y a la filosofía un carácter indudable de dualismo, que será llevado a su máxima expresión con Kant. La constitución de sujeto - objeto hace pensar la naturaleza como un objeto distinto del yo subjetivo que se mueve por la razón: el individuo aparece como tal. La razón se convierte en el estandarte y en la herramienta de este individuo para la destrucción de los mitos y de todo tipo de supersticiones. Sin embargo, la razón no tiene un origen racional: algo distinto a ella la construyó.
La racionalización, es decir, el modo mismo de cómo la razón se expresa en la sociedad, según Max Weber , empieza en el miedo que producen las fuerzas de la naturaleza y la necesidad de acallar ese temor. La magia es solo un primer momento de escape al miedo, que con su carga animista pretende doblegar o por lo menos apaciguara lo desconocido a través de ritos. Luego, la mitología elabora estos primeros pasos y aparecen taxonomías divinas y formas de convivir con los dioses en el mundo, pero en un orden no sometido a criterios de culpa ni pena.
El paso fundamental lo dan las religiones de salvación, en las que se ligan la vida del individuo con la divinidad mediante contratos de tipo ético: el comportamiento del sujeto debe ser una respuesta personal, correcta y debida a la divinidad. De esta manera, el hombre se convierte en un instrumento de la voluntad divina para cambiar el mundo. Aparece el individuo en cuanto tal y se ve obligado a responder por su propia vida.
La ratio tiene una connotación muy interesante desde la Ilustración al reemplazar a la religión de salvación, a la que se vuelve a ver como una superchería más. Max Horkheimer dice: "la separación entre la razón y la religión señaló el paso más en el debilitamiento del aspecto objetivo de ésta y un grado mayor de formalización, tal como se hizo patente luego en el período del iluminismo". La razón se convierte en el nuevo centro del universo y pretende ocupar todos los ámbitos del pensamiento y de la vida humana: Se respira en un ámbito cultural distinto.
Weber distingue dos tipos de racionalidad: material (de valores), es decir, los juicios se elaboran desde valores predeterminados por la tradición y formal (según fines), es decir, el fin hace las formas. La sociedad moderna optó por la segunda: formas sin contenidos. La postura se radicaliza en el momento en que Kant separa los discursos de la razón, y sin querer, hace del discurso de la razón científica el único camino válido para legitimar la verdad, aparece la razón formal, que abrirá el paso a la razón instrumental (aunque son prácticamente lo mismo). La razón se instrumentaliza y pierde la noción de todo valor, para poner sus ojos en fines y poner el énfasis en la elaboración de formas y normas.

Los tipos de racionalidad tienen un correlato en formas específicas de dominación, que indican la necesidad del desarrollo de un proceso de autoridad en la estructura social. La convivencia exige el manejo de la misma razón para implementar formas de acción conjunta. La dominación es un caso especial de ejercicio del poder legítimo en las que unos imponen su voluntad sobre otros. Ella se da en tres fases distintas pero interrelacionadas en su sucesión:
• Dominación por autoridad: en la que se comprende la dominación tradicional (personas investidas con poder por la tradición) y la dominación carismática (personas que obedecen un orden por el carisma infundido por un líder). Estas dominaciones son más personales, en la que se confieren privilegios o se priva de ellos arbitrariamente, acorde al que tiene la investidura de poder y a sus valores.
• Dominación según una constelación de intereses: se cree en el sistema social porque se lo ve como medio para realizar mis intereses personales, desde la conciencia de que solo no se puede. Las normas formales se vuelven imprescindibles, pero aún se quedan en el contrato.

• Dominación legal - racional: se basa en la legalidad de unas normas formales, legalidad que también es formal. Es la creencia en un orden impersonal de un sistema sin rostro. En este tipo de dominación, la transmisión de la información es menos oral. La eficacia y la eficiencia se vuelven criterios cotidianos y se abre el paso a la aparición de la burocracia.
Las tres fases de dominación comienzan en el monasterio, siguen en la Reforma y terminan en la economía y la política de la sociedad moderna. Es fácil comenzar a sentir como el sistema social, producto de una racionalización instrumental, sin contenidos ni valores tiende a una deshumanización total y a una pérdida completa, pero disimulada de la libertad de los individuos en aras de un todo regido por la autoridad.
Theodor Adorno en Dialéctica Negativa dice que "sería casi imposible fundamentar teóricamente la sociedad organizada sin recurrir de algún modo a la libertad. Ello no obsta para que la libertad sea luego mutilada por la sociedad". Autoritarismo y libertad, e incluso, sociedad en sí misma se oponen. La idea de libertad siempre estuvo asociada a la idea de utopía, pero la pregunta por la posibilidad de la utopía se niega en tanto desaparece la inquietud por la pregunta, cuando la dominación elimina el campo de la indagación de la lbertad como modus vivendi y operandi. Podríamos pensar incluso en un instinto de libertad en el hombre, pero ¿por qué no se da cuenta de la progresiva pérdida de la libertad y el enclaustramiento en modelos sociales que le impiden ver más allá de lo que el autoritarismo pretenda presentar como propio? ¿Por qué el hombre no es capaz de sentir el devenir del liberalismo ilustrado hacia una forma de autoridad dura y absoluta? ¿Está ciego?
Marcuse da una pista para entender este fenómeno: "la dominación -disfrazada de opulencia y libertad- se extiende a todas las esferas de la existencia pública y privada, integra toda oposición auténtica, absorbe todas las alternativas" . La Ilustración deviene en una nueva mitología. La pretensión del proyecto de los ilustrados no parece ser quitar sueños dogmáticos, sino introducirnos en otros más fuertes y sutiles. A pesar de la aparente coherencia y brillante envoltura del sistema social inventado por la racionalidad instrumental, éste resulta del todo falso, por lo menos desde la perspectiva de lo que promete a sus miembros. Los valores -si se les puede llamar así- que en él se promulgan permiten percibir cada vez con mayor desvergüenza, el verdadero interés netamente económico en el que se soporta, el cual está construido sobre la base de una racionalidad de dominio, de una racionalidad técnica. La racionalidad instrumental crea una Industria cultural, que logra homogeneizar necesidades y bienes de los individuos, engañarlos con la diversión y la publicidad y llegar a la aniquilación del individuo y su transformación en ser genérico.
El individuo se hace cada vez más dependiente del poder del capital y en esta dependencia progresiva pierde finalmente todo residuo de autonomía. La falsa ecuación entre lo universal y lo particular, impuesta por el sistema, impide toda ulterior diferenciación entre particulares. La armonía queda garantizada pero resulta pura caricatura. Al falseamiento de lo subjetivo acuden la privación del pensamiento y de la imaginación, el quebrantamiento de toda espontaneidad, la pérdida del propio nombre, y tantos otros mecanismos que la industria despliega a favor de sus índices de rentabilidad.
Los mecanismos de premio y castigo esgrimidos por el sistema obligan a la sumisión abnegada, frente al peligro de la exclusión inmisericorde. La omnipotencia de la industria exige fidelidad a la misma ideología que esclaviza. Los oprimidos se adelantan miserablemente a los deseos y astucias de sus opresores y se conforman a la insolencia de la producción sin la menor objeción de conciencia. A aquellos que se logra dominar por completo, se los vuelve dependientes mediante la creación de “tipos ideales”, es decir, algunos afortunados seleccionados periódicamente por la misma industria, para compartir temporalmente los privilegios de los poderosos, y cuya suerte crea la ilusión en la masa de tener la misma posibilidad de ser escogido algún día.
El efecto homogenizador aplicado por la industria cultural logra transformar al hombre en un ser genérico, perfectamente sustituible, un ejemplar más sin diferencias del resto de la especie. La ideología de la esencial igualdad provoca el cambio de paradigma. El esfuerzo y el trabajo son reemplazados por la confianza en el azar, pues finalmente no se necesita ser distinto de los demás para tener cupo en la ruleta de posibilidades; frente a ella todos están plenamente facultados.
Todo el interés del sistema por el hombre se reduce a su mera objetivización estadística en tanto cliente o empleado o ciudadano, bien para integrarlo a la organización racional, bien para hacerle entrar en el juego de libertad de elección como consumidor. La disciplina moral se logra reiterando a la masa su condición de superflua ante los procesos técnicos de producción. En esta panorámica, se apela a la exigencia de abandonarse al poder colectivo, y de tomar conciencia de la propia nulidad, pues la fortaleza de lo social se nutre de la debilidad de sus miembros. La sociedad acoge en su seno a aquel que no oponga resistencia y que haya renunciado convenientemente a sus pretensiones personales de felicidad. Se ve la pugna entre la libertad tan proclamada por el sistema y las situaciones reales que se generan.
Horkheimer y Adorno llamarán “sistema de la no-cultura” a esta dominación, que tiene cierta unidad de estilo, de una barbarie estilizada. Se parece a una caricatura de estilo donde imperan las formas reales de lo existente, el culto a la imitación, la ausencia de trascendencia. Se inaugura una barbarie estética que destruye las verdaderas creaciones espirituales, al entregarlas a un proceso administrativo, al modo propio de la industrialización y de las leyes del mercado. Es la función civilizadora que la industria cultural quiere adjudicarse y que ofrece una “libertad para lo mismo”, en tanto constituye el simple resultado de una coacción económica. Ese proceso administrativo podemos denominarlo burocratización.
La burocratización es un fenómeno clave para entender las sociedades modernas y la supremacía de una sociedad que canoniza los procesos de ese tipo de racionalidad. Burocracia es un nuevo tipo de organización de la administración pública, cuya herramienta es el cálculo racional (empresa), y se apoya en bases jurídicas (instituto). Es un tipo de acción racional con arreglo a fines de gran formato. Hoy en día, y tal vez peor que en los setentas, se puede sentir la burocracia que tienen todos los procesos, la impersonalidad que los caracteriza, el aspecto puramente formal en el que se desenvuelve, es decir, la inutilidad casi evidente de la misma, aunque no podamos vivir sin ella.
La burocratización impone simultáneamente una forma suprema de racionalización y una subsunción más completa y eficaz de los sujetos agentes bajo el poder objetivo de un aparato autonomizado por encima de sus cabezas. La vida de trabajo de los hombres se somete desde aquí. Esta patología permite ver más claramente la pérdida de la libertad.
La burocratización convierte en piezas de una máquina a los miembros de la sociedad y los convence de que son individuos, de que son algo, de que son alguien, o que por lo menos, que pueden llegar a serlo. Michel Foucault, desde su visión genealógica de la historia, denuncia que este mecanismo de poder que solo individualiza para vigilar y dominar, para crear la ilusión de que se puede elegir un lugar en el sistema, que se puede ser alguien, que se puede ser diferente domina en tanto da la idea de libertar.
Los más fervientes anhelos de la ilustración quedan aquí derruidos por efectos de su propio desarrollo. Ante el ideal del hombre libre, justo e igual, se amotina una turba de esclavos, seres sometidos y homogenizados. Ante el profundo anhelo de conocimiento, se oye el grito sordo de conciencias y pensamientos reprimidos, silenciados. Ante el deseo de autosuficiencia, la constatación de absoluta dependencia. Ante el proyecto de una cosmovisión racional, un confuso y desesperanzado panorama de futuro. La Ilustración, la misma modernidad, fracasaron como proyecto.
Al parecer el advenimiento de la razón instrumental registra el paso del hombre de una mitología oscura y angustiosa a otra de carácter mucho más nefasto, en cuanto ahora sí se tiene clara conciencia de la omnipotencia del poder amenazador, así como de su letal capacidad destructora. El encuentro con este nuevo ídolo es cara a cara y la certeza del peligro radicaliza la angustia.
Si por autoritarismo entendimos, en un primer sentido, tan solo fascismo político gubernativo, se puede sentir que visto de esta manera es mucho más radical y poderoso, en tanto inunda con dominio hasta el ámbito privado del ser humano de una manera muy sutil y peligrosa. La industria cultural de masas solo es parte de un proyecto que fracasó gracias a la racionalidad que la desarrolló. La racionalidad instrumental inunda todo comportamiento humano burocrático, en el que no importa mucho el qué, sino el cómo. Podríamos hablar de la técnica, la confianza absoluta en el discurso formal, o en la automatización, pero con los dos aspectos queda claro de que manera funciona ese pensamiento.
¿Queda alguna salida? La misma razón muestra sus nexos y su colaboración con el devenir hacia el autoritarismo. Y de ella nos hemos fiado siempre, ¿cómo volverlo a hacer? Si necesita pensar la sociedad nuevamente o se necesita un nuevo tipo de sociedad en occidente para pensar una vía de solución. La salida tiene que ser de otro tipo, debe corresponder a otra racionalidad que genere otros sistemas de dominio. El devenir del proceso se puede detener con el uso de otro tipo de racionalidad distinto hasta el usado a este momento. La sociedad opulenta muestra conflictos y tensiones cuando quiere asumir sus problemas , ¿no podría ser porque pretende solucionar sus problemas con ella misma, con su racionalidad, provocó? Pero el primer paso fundamental se ha dado: reconocer la estrecha vinculación del autoritarismo con la racionalidad instrumental imperante en occidente.
El cambio de racionalidad tendrá que ver entonces con una racionalidad nueva de tipo estético, que se puede encontrar en el arte y en su apreciación del mismo. El arte, en tanto individual, es un arte negativo: crea en substracción a la homogeneidad y presenta un ser hombre no reconciliado consigo mismo y muestra los matices diferenciadores innegables de una vida humana. Es un arte que va más allá del mercado, que supera el mecenazgo y los compromisos económicos. Es un arte que se opone a la cultura de masas.
La industria cultural nos reconcilia en nuestro rol en el sistema a la manera de una tragedia con final feliz: la aceptación de las reglas del sistema. El arte verdadero, como salida, es una negación de lo existente y una utopía nuevamente formulada. El arte verdadero permite pensar una sociedad emancipada e invita a la reflexión y apreciación de las contradicciones. Permite escapar de la inmersión en lo inmediato y se distancia frente a lo dado. Este arte cultiva la individualidad y proclama la preeminencia de hombres libres y autónomos que son capaces de crear, que son inventores de nuevos lenguajes. Es un arte que invita a pensar y repensar el mundo, sin paradigmas previos, sin jaulas en el fondo.
Se abre el campo a una nueva racionalidad que podríamos llamar poética. Lo importante no es solo la propuesta del establecimiento de una nueva racionalidad, que permita encontrar otra salida al hombre y a su historia, de tal manera que su devenir no conduzca a formas de consecuencia lógica autoritarias y fascistas -como lo hecho en el pasado lejano y cercano-, sino que se mira la posibilidad del manejo de racionalidades, de varias racionalidades, y no de una sola, única, absoluta en la vida cotidiana, y en el juicio que se hace de ella. Es reconocer la complejidad de la vida del hombre y la imposibilidad de medirla desde un criterio reduccionista dictado por la racionalidad instrumental.

Es reconocer que no vivimos en un mundo unívoco, sino en una polisemia que no necesita ser descifrada, en una ambigüedad que no es un crimen y puede buscar la verdad. Los griegos nunca le negaron a la razón poética la posibilidad de indagar por la verdad. Devolverle al arte su capacidad de ámbito del conocimiento es una manera de destronar a la racionalidad instrumental y de erigir nuevas propuestas sociales y políticas. Y lo interesante sería que se haga antes de que la destrucción nos pese, antes de que Kosovo se vuelva la Última Guerra, porque esta propuesta implica educación y formación, quiere decir compromiso radical con la vida, significa un nuevo proceso lento. Es creer en una nueva creación.

Notas

1. No quiero decir que Max Weber sea frankfurtiano, pero que sí sirve como punto de partida de la reflexión sobre el autoritarismo.
2. HORKHEIMER, Max. Crítica de la razón instrumental. P. 25.
3. ADORNO, Theodor W. Dialéctica Negativa. Madrid. Taurus. 1975. P. 217.
4. Dice Horkheimer: "cuando la racionalidad se instrumentaliza, adopta una especie de materialidad y ceguera, se torna fetiche, entidad mágica, más aceptada que experimentada espiritualmente." (Cf. HORKHEIMER, Max. Crítica de la razón instrumental. P. 34)
5. MARCUSE, Herbert. El hombre unidimensional. Barcelona. Seix Barral. 1972. P. 48.
6. Cf. HORKHEIMER, Max. ADORNO, Theodor. Dialéctica de la Ilustración. "La industria cultural Ilustración como engaño de masas". Madrid. Trotta. 1994.
7. Cf. HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Madrid. Taurus. 1987. P.434 ss. Aunque J. Habermas dejó el redil frankfurtiano, en algunos momentos de lucidez conserva algo de la inspiración primigenia. Desde mi punto de vista, uno de ellos, es su crítica a la burocratización. Me he basado en el capitulo 8 del Tomo II para exponerla.
8. Cf. FOUCAULT, Michel. Sujeto y poder, en la traducción de Santiago Carassale y Angélica Vitale, en Revista de Ciencias Sociales No. 12. Departamento de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de la R. O. del Uruguay
9. Cf. MARCUSE, Herbert. La agresividad en la sociedad industrial avanzada. Madrid. Alianza. 1981. P. 108.