26/7/10

Datos sobre Herbert Marcuse

Kurt Seligmann (Alemania) Ritos de iniciación

Herbert Marcuse, (Berlín, 19 de julio de 1898 – Berlín, 29 de julio de 1979) filósofo norteamericano de origen alemán (1898-1970) constituyó la base de la nueva izquierda y de su agenda para los tiempos por venir. A poco más de tres décadas del Mayo Francés de 1968, puede hacerse un balance sobre sus concepciones que constituyeron el credo crítico de aquellas jornadas parisinas que se extendieron luego por todo el mundo. Demostró que el marxismo podía tener otra cara menos dogmática y burocrática y que sus libros eran una lectura crucial y cruzada de Hegel, Marx y Freud.
Fue como un relámpago en medio de la tormenta. Cuando la rebelión estudiantil-obrera de 1968 se extendió por toda Francia y sus ecos resonaron en Europa y América, el nombre de Herbert Marcuse fue enarbolado por las masas insurrectas. En Rosario, en junio de ese año, los estudiantes enfrentaron a la dictadura del general Juan Carlos Onganía, preanuncio del Cordobazo que llegaría un año después.
¿Quién era Marcuse? ¿Por qué se lo reclamaba a ese intelectual de edad madura como paradigma de los rebeldes? El viejo profesor de Harvard, de Columbia, de Brandeis y de la Universidad de California tenía, a los setenta años, una vida dedicada al trabajo científico. Había sido el más combativo intelectual entre los integrantes de la llamada Escuela de Frankfurt, el centro que a partir de 1923 reunió a la conciencia del marxismo crítico centroeuropeo, que no cedió por aquellos años al dogmatismo estalinista.

Curiosamente, el Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt, al que pertenecieron Marcuse, Karl Korsch, Walter Benjamin, Erich Fromm, Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, entre otros, fue financiada por el empresario cerealero argentino, Félix Weil.
En América latina, la revista cubana Pensamiento Crítico, de Fernando Martínez Heredia que apareció entre 1968 y 1970, fue la expresión más importante de esta concepción creadora del marxismo.
De Hegel a Marx y la Revolución
Marcuse había nacido en Berlín, el 19 de julio de 1898, culminando sus estudios en 1921, en Friburgo de Brisgovia, bajo el influjo de Edmund Husserl, Martín Heidegger y Guillermo Dilthey. Los dos primeros fueron los representantes más lúcidos del idealismo alemán poshegeliano. Husserl fue un antipositivista racionalista; Heidegger un irracionalista ganado por el nazismo.
En 1932 publicó su Ontología de Hegel y teoría de la historicidad y al año siguiente, con el triunfo hitlerista, junto con sus amigos de la Escuela de Frankfurt, emigra primero a Suiza y luego a Francia y los Estados Unidos. El macarthismo lo persiguió en los cincuenta y sesenta; el gobernador de California, Ronald Reagan, lo hizo expulsar de la Universidad.
Cuando se produjo el Mayo Francés, Marcuse, que en 1965 había condenado la escalada norteamericana en Vietnam, expresó: "Creo que los estudiantes se rebelan contra nuestro modo de vida, y rechazan las ventajas de esta sociedad, así como sus males, y aspiran a un mundo donde la concurrencia, la lucha de las personas, entre ellas, el engaño, la crueldad y la represión no tendría razón de ser".
Marcuse fue en esa época lo que Michel Foucault fue en los ochenta, un avivador de ideas renovadoras antitotalitarias. En El marxismo soviético anunció la debacle del régimen posestalinista; y en las obras El hombre unidimensional; Eros y civilización y El final de la utopía, conjuntamente con La sociedad carnívora y Razón y revolución, formuló un diagnóstico crítico del mundo capitalista, vaticinando su ocaso.
La respuesta del comunismo oficial, de la vieja socialdemocracia y, curiosamente, de los liberales y capitalistas, fue que se trataba de un intelectual "anarquista", que se había vuelto "loco".
De la mano de Hegel, de Marx y Sigmund Freud estudió las sociedades industriales avanzadas, los peligros de la tecnocracia deshumanizadora, el surgimiento de sociedades excluyentes de las grandes masas y "cerradas", obturadas por un "positivismo cientificista" que negaba el pensamiento científico auténtico en nombre de determinismos totalitarios.
Tecnocracia, posmodernidad e irracionalismo
El pensador alemán reveló la naturaleza irracionalista de una supuesta "racionalidad" tecnocrática, no desde el punto de vista del medioevo sino teniendo en cuenta todo el pensamiento y la historia del humanismo.
Para él, la filosofía, como el individuo y la sociedad misma, se volvió unidimensional, y copia acrítica del discurso de las ciencias sin reflexionar sobre las implicancias sociales e individuales de ese discurso.
Ante el mundo de la posmodernidad, Marcuse advirtió tempranamente: "Los individuos y las clases reproducen la represión mejor que en ninguna época anterior, pues el proceso de integración tiene lugar, en lo esencial, sin un terror abierto: la democracia consolida la dominación más firmemente que el absolutismo, y libertad administrada y represión institiva llegan a ser fuentes renovadas sin cesar de la produtividad".
Reclamó hasta su muerte, el 29 de julio de 1979, por la toma de conciencia de las nuevas generaciones, trascendiendo los mitos y los dogmas. Habló de formas de opresión y no solo de "proletarios"; abogó por las minorías discriminadas y por las mayorías marginadas. Revalorizó el papel de los intelectuales, solicitándoles su compromiso por los débiles y los indefensos.
Tampoco se hizo ilusiones. Sobre los intelectuales dijo que "nuestro papel es un papel limitado. En ningún caso debemos hacernos ilusiones. Pero todavía es peor sucumbir al derrotismo ampliamente difundido que presenciamos".
Vislumbró el derrumbe soviético y la crisis del mundo occidental capitalista. No era pesimista aunque no creía en el paso automático a nuevas formas de poder, de la sociedad y de cultura.
Diagnosticó un período de barbarización creciente, violencia, marginización, segmentación social, destrucción del medio ambiente y señaló el "paralelismo histórico con los bárbaros amenazando el imperio continuado de la civilización" y agregaba: "pero existe la posibilidad de que en este período, los extremos históricos se encuentren otra vez: los extremos históricos se encuentren otra vez: la conciencia más avanzada de la humanidad y la fuerza más explotada". Recordó, entonces, las palabras de Walter Benjamin escritas en los comienzos del nazismo: "sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza".
Enlaces a Libros de Herbert Marcuse
Razón y Revolución (1941) - (p1 A 246) Pdf
http://www.4shared.com/file/31920404/24a9e04f/34599.html
Razón y Revolución (1941) - (p247 En Adelante) Pdf
http://www.4shared.com/file/157928197/98c6ea23/23483.html
Eros y Civilización (1955) Pdf
http://www.4shared.com/file/160201101/8640211b/30398.html
El Hombre Unidimensional (1964) Pdf
http://www.4shared.com/file/159045864/839c9b31/28664.html
El Final de la Utopía (1968) Pdf
http://www.4shared.com/file/153470743/6b0dbc97/765.html
La Sociedad Industrial y el Marxismo (1968) Pdf
http://www.4shared.com/file/159024298/37d9dcc6/28540.html
Un Ensayo Sobre la Liberación (1969) Pdf – Doc
http://www.4shared.com/file/159758463/c6ed3623/29605.html
Cultura y Sociedad (1970) Pdf
http://rapidshare.com/files/74721250/Herbert_Marcuse_-_Cultura_y_Socieda...
Ensayos Sobre Política y Cultura Pdf
http://rapidshare.com/files/74725594/Herbert_Marcuse
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Marcuse y la generación de la protesta
Hugo E. Biagini
Jürgen Habermas, en vísperas del septuagésimo cumpleaños de Herbert Marcuse, calificó a su colega como «maestro celebrado de la Nueva Izquierda» y como «el filósofo de la rebelión juvenil». Refrendando ambas filiaciones nos detendremos en analizar la segunda caracterización. Previamente se bosquejará el encuadre marcusiano dentro del cual se inserta nuestra temática específica.
Marcuse se rehúsa a ver la filosofía como un ejercicio intelectual o justificativo ideológico que permite jugar con los dados cargados. Tampoco admite la sado-masoquista tradición occidental donde dicho saber tiende a hundirse en la desdicha. Ya desde sus primeros escritos sostiene que la filosofía posee la misión concreta de defender la existencia amenazada por un capitalismo alienante y deshumanizador cuya superación exige la transformación social. La filosofía, como pensamiento crítico, debe abocarse a rescatar la sensibilidad y a desenmascarar el discurso ilusorio de la soberanía popular. Frente a la cultura del poder, donde las necesidades colectivas están dislocadas por los grupos dominantes, se trata de acceder realmente a otro escalón civilizatorio donde no abunde la agresividad, la explotación y las privaciones mundanas. Se cuestiona el credo moderno del progreso como conquista de la naturaleza, como postergación de satisfacciones y como un crecimiento material desprovisto de moralidad. El ideario liberal –de la libertad, la igualdad y la justicia ecuménicas– resulta impracticable tanto dentro del capitalismo, con una clase dueña de la producción, como en un régimen que condena una teoría comprobada científicamente si parece nociva para la ética comunista, sustitutiva así de la religión. Sólo resta transitar entonces el arduo sendero de la sublevación, una vía plagada de grandes adversarios al servicio del statu quo: desde las corporaciones monopólicas y los partidos políticos unificados hasta la burocracia sindical y las mismas masas sojuzgadas. El escollo por antonomasia en el proceso de liberación no reside tanto para Marcuse en la potencia del imperialismo para establecer gobiernos dictatoriales en el exterior y para tratar a sus minorías internas como ciudadanos de tercera sino en la fuerza engañosa de la sociedad industrial que idolatra él éxito y la eficacia, convierte todo en mercancía y hace imprescindible lo superfluo: en pocas palabras, que la gente encuentre «su alma en su automóvil».
Apuntes sobre Herbert Marcuse
Lilian Elphick
Síntesis
a.- Las propuestas de Marcuse[2] se enfocan en diseñar un camino hacia un futuro determinado. Esta guía para la acción plantea una convergencia entre el sicoanálisis y el marxismo.
b.- En el centro de su escritura está la felicidad humana como objetivo central. Este tema, sin embargo, trasciende el sicoanálisis y el marxismo.
c.- Los sentidos son un camino para la construcción de la significación. La estética es el campo de los sentidos. Marcuse busca invertir el orden autoritario-paterno.
d.- La estética -como teoría general sobre el arte- tiene que ver con un proceso formativo del ser humano.
Sobre Estética y cambio social. Conferencia dictada por H. Marcuse en la Universidad de Toronto, 1975. (Gentileza Prof. Manuel Jofré).
a.- Marcuse critica al capitalismo. Para él la catástrofe no es el cambio social sino la continuidad del orden actual. El capitalismo continúa fomentando la inequidad, la violencia y la destrucción.
b.- No hay progreso. Desaparecen los radicalismos, las posiciones avanzadas. Se incrementan los métodos que se usan para la dominación; incrementa la burocracia.
c.- La sociedad actual parece estable no siéndolo. El poder concentrado en una minoría otorga esta aparente estabilidad.
d.- Es trágico el hecho de que los valores del sistema social el individuo los considere como propios.
e.- Frente a esto se ha creado la visión de una sociedad desalienada, fundada en la solidaridad. Según Marcuse, esta imagen de la sociedad no es utópica porque los recursos para construir una sociedad así están disponibles.
1.- Así, el arte tendrá un rol revolucionario. El arte conserva valores que han sido suprimidos por el sistema social.
2.- El arte es el lugar en el cual afloran los deseos reprimidos, perdidos por el proceso de represión que el sistema ocasiona en el ser humano.
3.- El arte, en su esencia verdadera, supera el Real. Propone algo más válido que la propia realidad. Al alejarse de la realidad se convierte en instancia crítica.
4.- “El arte es la expresión de una lucha sin cansancio por la satisfacción integral”. En el arte es central la subversión.
5.- “La experiencia mutilada cae y da paso a una nueva visión.”
6.- “El siglo XX debe transformar el proceso tecnológico en progreso humano y esta es la visión del arte.
7.- El mayor valor del arte es el de ser reformador de la conciencia. Esto causa una ruptura con la jerarquía de los valores capitalistas.
1.3.- La nueva sensibilidad
"La nueva sensibilidad", capítulo II del libro Un ensayo sobre la liberación, publicado en 1969, es una incitación a la utopía desde una posición política y cultural, es, por esto mismo, una apertura hacia el futuro. El mundo sigue necesitando este ideario, sobre todo por la diversidad infinita de estrategias globales (neoliberales) que despojan al ser humano de la memoria, atrayéndolo hacia un presente amnésico y de goces inmediatos, pero efímeros. Esta realidad fracturada debe ser unida, la oposición imaginación- razón debe ser invalidada, para así dar paso a la creación de una nueva sensibilidad o ethos estético. Esta es la visión estética de Marcuse.
“Mayo del 68 y sus secuelas representan un parteaguas en las apreciaciones marcusianas, tan ligadas a la dinámica histórica. El entusiasmo de Marcuse por las convulsiones parisinas se tradujo en un extenso coloquio que mantuvo con su alumnado californiano de cara al acontecer en cuestión, interpretado como una campaña para trastocar estructuras académicas obsoletas que terminó por convertirse en un espontáneo movimiento de masas contra todo el establishment socio-cultural y bajo la ostensible conducción estudiantil. En su reexamen al concepto de revolución, Marcuse evocaría la importancia de tales episodios porque debilitaron al sindicalismo conciliador y permitieron forjar una nueva alianza con la clase obrera. Posteriormente, aquél confesará que el mayo francés vino a acreditar una hipótesis suya acerca de que el movimiento estudiantil no reflejaba un mero conflicto generacional sino que poseía ingredientes políticos más fuertes que los de cualquier otro sector social, al punto de inducir a la huelga a diez millones de trabajadores. En suma, que las jornadas del 68 simbolizaron una fecunda expresión en la disputa con el capitalismo, donde se conjugó a Marx y Breton, dándosele cabida a la razón estética y al socialismo como un modus vivendi cualitativamente diferenciado”.