5/7/10

Centralismo y jacobinismo


Joan Miró (España-Cataluña) Letras y cifras atraídas por una centella


Salvador López Arnal
El profesor Vicenç Navarro ha señalado en un reciente artículo -“La Transición inmodélica” [1]-, con razones muy atendibles, que la versión dominante de los hechos ocurridos en España en los años de la transición “se ha ido cuestionando más y más a medida que se han podido comprobar las enormes deficiencias de la democracia española”. La entrevista con Juan Andrade que rebelión publicó el 1 de julio es una documentada muestra de ello.
Dos hechos recientes muestran, en opinión del catedrático de Políticas Públicas de la Pompeu, lo enormemente incompleta que es la democracia española: el enjuiciamiento de Baltasar Garzón, el único juez “que se ha atrevido a intentar llevar a los tribunales a los asesinos y responsables del encubrimiento de los asesinatos por causas políticas de más de 150.000 personas” y el reciente dictamen del Tribunal Constitucional, “que ha eliminado del Estatut elementos claves que habían sido aprobados por el Parlament, por las Cortes españolas y refrendados por el pueblo catalán en un referéndum”.
El profesor Navarro señala a continuación una de las razones que explican la sentencia y la situación política que ya estamos viviendo: “el dominio de tal tribunal por la derecha española, próxima al PP, y por otros jueces que comparten la cultura jacobina del régimen anterior”, dominio que ha dado pie “a un resultado predecible que ha invalidado decisiones tomadas por los representantes del pueblo catalán y del pueblo español”. La decisión, prosigue Navarro, ha sido un regalo a dos nacionalismos: “para los jacobinos españolistas, herederos de la cultura centralista de la dictadura, centrados predominantemente (pero no exclusivamente) en el PP y en UPyD, tales tensiones favorecen la movilización chauvinista anticatalana, que es muy rentable políticamente en sectores de España” [2]. En Catalunya, prosigue el profesor de la Pompeu, la decisión del Tribunal se presenta por las derechas nacionalistas catalanas como una decisión “de España contra Catalunya, ignorando maliciosamente que los representantes del pueblo español (excepto el PP) votaron a favor de tal Estatut”. Navarro señala, con absoluta corrección y acierto políticos, que a consecuencia de ello, “en el momento más grave que España y Catalunya están viviendo, con un ataque frontal a los derechos sociales y laborales de las clases populares de todas las naciones de España”, las luchas nacionalistas absorberán de nuevo “todo el espacio político y mediático, llevando a un segundo plano el tema de la reducción del Estado del bienestar”. Todo o casi todo, pero, casi con certeza, eso es lo que va ocurrir, y ya está ocurriendo de hecho, en el escenario político catalán en los próximos meses: ¡tema central cuando no único de las próximas elecciones de otoño! [3]
No es este, sin embargo, el punto que quería comentar brevemente. Lo que pretendo señalar en esta nota es la inconsistencia de las afirmaciones del profesor Navarro sobre el jacobinismo español: que hable de “cultura jacobina” del régimen anterior es, si se permite el desahogo, una afirmación impropia de un informado profesor socialdemócrata como es él, un disparate político; que use la expresión “Régimen anterior” para hacer referencia al fascismo español, a la dictadura militar nacional-católica encabezada por el general golpista, es contradictorio con las excelentes ideas sobre lenguaje y política que nos ha enseñado y enseña en sus artículos y libros; que vuelva a hablar de jacobinos españolistas, herederos de la cultura de la dictadura, para referirse del PP y de la UpD es otro despropósito, no ya por el oxímoron sino por la contradicción explosiva que representa usar la expresión “jacobinos españolistas” para hacer referencia a esos dos partidos de derecha extrema.
Los jacobinos, como el profesor Navarro sabe bien, fueron una cosa muy distinta. Asociar su historia, su nombre, su significado y finalidades políticas a la dictadura de Franco y a partidos españolistas de derecha desbocada, centralistas y neoliberales como son el PP y la UpD, es un dislate impropio de un intelectual con su sensibilidad política e histórica.
“Volkgeist”, nos advertía Sacristán en sus clases de metodología, era una palabra que solía traducirse erróneamente al castellano. Se solía traducir en los años setenta y ochenta del siglo pasado por “espíritu del pueblo”. Era una pésima traducción: “Geist” quería decir Espíritu, pero “Volk”, en las lenguas germánicas, recordaba Sacristán, quiere decir pueblo “en un sentido completamente contrapuesto al sentido de la Revolución francesa”. No es el pueblo soberano que interviene políticamente, que discute, que elige, que vota, que firma un contrato social; “pueblo”, en “sentido germánico” quiere decir nación, tribu, raza, un colectivo humano casi biológico. Por ello, apuntaba el autor de Sobre Marx y marxismo, una buena traducción de “Volkgeist” no sería “Espíritu del pueblo” sino “Espíritu nacional”, “genio de la raza”, este tipo de nociones.
Los jacobinos no abonaron este sendero romántico conservador pero, sin atisbo para ninguna duda razonable, tampoco transitaron por caminos que condujeran a centralistas dictaduras militares nacional-católicas ni a españolismos opresores, ciegos e interesados que niegan la sal y el pan de la tierra a ciudadanos y ciudadanas que tienen también, obviamente, derechos y vindicaciones lingüísticos y nacionales. La herencia jacobina abona las filas de la emancipación de pueblos y ciudadanos; no habita en las filas de la reacción.
Notas
[1] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=108939
[2] Las cursivas son mías.
[3] El jueves mismo, 1 de julio, TV3 emitía, en horario de máxima audiencia, un especial de más de 1 hora de duración sobre el tema.