28/8/09

Papeles inesperados, de Julio Cortázar




Julio Rafael Silva Sánchez

Especial para "Gramscimanía"

En una muy cuidada edición, cuya portada con predominio del blanco pareciera evocar la sencilla lápida que en el cementerio de Montparnasse, al Suroeste de París, no muy lejos del Sena, cubre el alojamiento definitivo del cronopio mayor, la editorial Alfaguara de Madrid acaba de poner en circulación este hermoso libro: Julio Cortázar, Papeles inesperados (486 páginas), presentado como un homenaje al autor en la recién finalizada Feria del Libro Madrid 2009.

La obra, publicada bajo la acertada revisión de Aurora Bernárdez (su primera esposa, albacea y heredera universal) y Carlos Álvarez Garriga (Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona), contiene una variada y deslumbrante colección de textos inéditos y dispersos escritos por el autor a lo largo de su intenso (y extenso) oficio literario. El libro está organizado en tres grandes bloques (¿temáticos?): Prosas, Entrevistas ante el espejo y Poemas: allí están tres historias de cronopios, once episodios que hubieren correspondido a Un tal Lucas (uno de los libros más políticos del autor, publicado en 1979), once relatos que nunca fueron incluidos en libro alguno, cuatro entrevistas o autoentrevistas, trece poemas inéditos y una serie de artículos sobre temas diversos (crónicas y textos para sus amigos). Aquí nos reencontramos, en elegante mixtura y en fulguración creciente, con el universo de Julio Cortázar: un autor (novelista, poeta, cuentista, ensayista), quien siempre se propuso (¡y vaya que lo logró!) superar el falso dualismo entre razón e intuición, materia y espíritu, acción y contemplación para alcanzar la visión de una nueva realidad, más mágica, más real y más humana.

Prosas: la búsqueda ontológica, el anhelo de contacto y vínculo

Esta primera parte del libro está subdividida (por afinidades) en: Historias: Historias de cronopios; De un tal Lucas; Momentos; Circunstancias; De los amigos; Otros territorios y Fondos de cajón. Todos estos textos prolongan los rasgos distintivos de la escritura de Julio Cortázar, entre los cuales debemos destacar la búsqueda ontológica, la búsqueda de la unicidad mítica, el anhelo de contacto y vínculo. Sus páginas revelan una poiesis en intento de ordenar el caos existencial: ante la apariencia de un orden, un caos ordenado, un fulgor pletórico de alegorías, miríadas de rayos apuntando a un sentido, el Gran Sentido, siempre (y por definición) esquivo, inasible. Así lo apreciamos en este fragmento de Peripecias del agua (de Historias): Basta conocerla un poco para comprender que el agua está cansada de ser un líquido. La prueba es que apenas se le presenta la oportunidad se convierte en hielo o en vapor, pero tampoco eso la satisface; el vapor se pierde en absurdas divagaciones y el hielo es torpe y hosco, se planta donde puede y en general sólo sirve para dar vivacidad a los pingüinos y a los gin and tonic. Por eso el agua elige delicadamente la nieve, que la alienta en su más secreta esperanza, la de fijar para sí misma las formas de todo lo que no es agua, las casas, los prados, las montañas, los árboles. (p. 107)

Entrevistas ante el espejo: pasión intelectual, revolución y experiencia plena

En la segunda parte del libro, cuatro ¿autoentrevistas? ocupan nuestra atención. En ellas la realidad estalla en máscaras que plantean más preguntas que respuestas y favorecen las posibilidades del conocimiento. El autor trata de serle fiel a la idea de una literatura inmersa en la historia contemporánea, una literatura revolucionaria, abierta, crítica, dramática y, al mismo tiempo, llena de ternura y amor y esperanza en el hombre nuevo. Aquí y ahora, su escritura se vuelve social y la acción revolucionaria entra explícitamente en el texto. A pesar de esto, unas entrevistas tan comprometidas políticamente, para insertarse en las grandes constantes cortazarianas, no podían de dejar de incluir pasajes humorísticos, escenas eróticas, experimentos de lenguaje y elementos insólitos, tal vez como lo disfrutáramos en su novela Libro de Manuel (de 1973). Estas entrevistas denotan el ideario estético-ideológico de Cortázar: en ellas hace eclosión la carga potencialmente política y revolucionaria del autor, por ejemplo: al tratar de definir el problema de la literatura y el rol del escritor como agente de cambio social, tal como lo observamos en este fragmento de Entrevista ante un espejo:…Lo que sostuvo y multiplicó la fuerza de la revolución (cubana) en sus primeros años fue el fervor y la confianza del pueblo en sus dirigentes; ahora, a esos impulsos primarios de la sangre y del instinto sucede poco a poco otro tipo de apoyo, el que nace de la reflexión, la discusión y la creciente capacidad para manifestar aceptaciones y discrepancias. (p. 468)

Poemas: lo fantástico como mecanismo de reordenación del mundo

Estos poemas incluidos en la tercera parte del libro reafirman la profunda vocación cortazariana de abolir lo real, de dejar testimonio del estremecimiento ante el instantáneo estallido de otra realidad y del fervor ante la intuición o la certeza de una plenitud que puede ser alcanzada: vocación de ruptura y utopía, como lo observáramos en Rayuela, su novela de 1963, narración plena de atmósferas desquiciadas y alucinantes, suerte de descomunal carcajada concebida como una respuesta a una posible interrogación sobre el sentido del arte, un medio de acceso a una visión más profunda del arte y de la realidad. Ese estremecimiento, ese “modernismo visceral”, con un trasfondo romántico y surrealista, en sincronía con la ruta abierta por Borges, está presente, por ejemplo, en el poema Blues for Maggie: Ya ves // nada es serio ni digno de que se tome en cuenta, / nos hicimos jugando todo el mal necesario // ya ves, no es una carta esto, // nos dimos esa miel de la noche, los bares, // el placer boca abajo, los cigarrillos turbios / cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba, // ya ves, / y yo sigo pensando en ti, // no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa / y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube / y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia. // Nos hicimos jugando todo el mal necesario, / el tiempo pone el resto, los oseznos / duermen junto a una ardilla deshojada. (p. 480)

En todo el libro se ratifica la cosmovisión ya conocida del cronopio: una secreta correspondencia entre lo metafísico, lo fantástico y la estética, siendo ésta una magia que se sabe puramente subjetiva. La estética entendida como la expresión de emociones tal vez ineficaces para mover el mundo de la física, pero sí capaces de mover, de conmover, de modificar al ser. Por eso hemos disfrutado este libro, con la delectación que alguna vez sintiera Gabriel García Márquez (1992) ante las obras de Cortázar, las cuales provocarían un estallido descomunal hace más de cuarenta años: …Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Julio Cortázar., Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo. (García Márquez: 1992: 41)

Referencias bibliográficas

Cortázar, Julio (2009). Papeles inesperados. Madrid: Alfaguara.

García Márquez, Gabriel (1992). “El argentino que se hizo querer de todos”, en Manual de cronopios. Barcelona: Ediciones de la Torre.

Monterroso, Augusto (2002). Recordando a Julio Cortázar. Disponible en: http://www.lainsignia.org/2002/junio/cu/_oo5.htm. Visitado: 12/07/2009

Reinoso, Susana (2009). Papeles inesperados: el último legado de Julio Cortázar. Disponible en: http://www.letraslibres.com/index.php?art=13927. Visitado: 18-07-2009

Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio


Decimos lo mismo que dijimos cuando trajimos algunos párrafos del Prefacio de “Imperio”. Para los que el capitalismo deja sin tiempo para leerse un libro. En unos cuantos párrafos, unos minutos, os haréis una idea de quiénes somos la alternativa dentro del Imperio: Todos. La democracia absoluta: la de la multitud: la de todos, hecha por todos y para todos. Para Todos: Todo.

Toni Negri

 

Este libro se enfocará en la multitud, la alternativa viviente que crece dentro del Imperio. Se puede decir, simplificando mucho, que hay dos caras de la globalización. En una cara, el Imperio extiende globalmente su red de jerarquías y divisiones que mantienen el orden mediante nuevos mecanismos de control y conflicto constante. Sin embargo, la globalización es también la creación de nuevos circuitos de cooperación y colaboración que se extienden entre naciones y continentes y posibilitan un ilimitado número de encuentros. Esta segunda cara de la globalización no es un asunto de que todos se vuelvan iguales; en realidad provee la posibilidad de que, mientras nos mantenemos diferentes, podamos descubrir la comunidad que nos permite comunicarnos y actuar juntos. Por ello, también la multitud debe ser concebida como una red: una red abierta y expansiva en la cual todas las diferencias pueden ser expresadas libremente e igualitariamente, una red que provea los medios de encuentro a fin de que podamos trabajar y vivir en común.

Como primera aproximación debemos distinguir a la multitud, desde un nivel conceptual, de otras nociones de sujetos sociales, tales como pueblo, masa y clase trabajadora. El pueblo ha sido tradicionalmente una concepción unitaria. La población, por supuesto, está caracterizada por todo tipo de diferencias, pero el pueblo reduce dicha diversidad a una unidad y vuelve a la población una única identidad: “el pueblo” es uno. La multitud, en contraste, es muchos. La multitud está compuesta por innumerables diferencias internas que nunca podrán ser reducidas a una unidad o una única identidad-diferentes culturas, razas, etnias, géneros y orientaciones sexuales; diferentes formas de trabajo; diferentes modos de vivir; diferentes visiones del mundo; y diferentes deseos. La multitud es una multiplicidad de todas estas diferencias singulares. Las masas también contrastan con el pueblo porque tampoco pueden ser reducidas a una unidad o identidad. Las masas ciertamente están compuestas de todo tipo y clase, pero en verdad no deberíamos decir que las masas están conformadas por diferentes sujetos sociales. La esencia de las masas es la indiferencia: todas las diferencias están sumergidas y sumidas en las masas. Todos los colores de la población se tornan grises. Estas masas son capaces de moverse al unísono sólo porque forman un conglomerado indistinto, uniforme. En la multitud las diferencias sociales permanecen diferentes. La multitud es multicolor, como la capa mágica de José. De modo que el desafío que impone el concepto de multitud es el de una multiplicidad social que tiende a comunicarse y actuar en común, conservando las diferencias internas.

Finalmente, debemos también distinguir a la multitud de la clase trabajadora. El concepto de clase trabajadora ha terminado siendo utilizado como un concepto exclusivo, no solo distinguiendo a los trabajadores de los patrones que no necesitan trabajar para mantenerse a sí mismos, sino también separando a la clase trabajadora de otros que trabajan. En su acepción más estrecha, el concepto es usado para referirse sólo a los trabajadores industriales, separándolos de los trabajadores de la agricultura, los servicios y otros sectores; en la más amplia, clase trabajadora se refiere a todos los trabajadores asalariados, separándolos de los pobres, los trabajadores domésticos impagos y todos aquellos que no reciben un salario. La multitud, en contraste, es un concepto abierto e inclusivo. Intenta capturar la importancia de los recientes cambios de la economía global: por un lado, la clase trabajadora industrial ya no juega un papel hegemónico en la economía global, aunque su número no haya disminuido en el mundo; y por otro lado, hoy la producción debe ser concebida no meramente en términos económicos sino como producción social-no sólo la producción de bienes materiales sino también la producción de comunicaciones, relaciones y formas de vida. La multitud está entonces compuesta potencialmente por todas las diferentes figuras de la producción social. Nuevamente, una red distribuida como Internet es una buena imagen inicial para la multitud, porque, primero, los diversos nodos se mantienen distintos pero están todos conectados en la Red, y, segundo, los límites exteriores de la red están abiertos, de modo que nuevos nodos y nuevas relaciones pueden agregarse.

Dos características de la multitud dejan en claro su contribución a la posibilidad de la democracia actual. La primera puede ser denominada su aspecto “económico”, salvo que la separación de la economía de otros dominios sociales se quiebra rápidamente aquí. En la medida en que la multitud no es una identidad (como el pueblo) ni uniforme (como las masas), las diferencias internas de la multitud deben descubrir lo común que les permite comunicarse y actuar juntas. Lo común que compartimos, de hecho, no es tanto descubierto como es producido. (Nos resistimos a llamar a esto los comunes porque dicho término se refiere a espacios compartidos precapitalistas que fueron destruidos por el advenimiento de la propiedad privada. Aunque más torpe, “lo común” subraya el contenido filosófico del término y enfatiza que no se trata de un retorno al pasado sino de un nuevo desarrollo). Nuestra comunicación, colaboración y cooperación no sólo están basadas en lo común, sino que a su vez producen lo común en una relación en ascendente espiral. Esta producción de lo común tiende hoy a ser central a cada forma de producción social, no importando cuan localmente circunscripta, y es de hecho la característica primaria de las nuevas formas dominantes del trabajo. El trabajo mismo, en otras palabras, tiende, mediante las transformaciones de la economía, a crear y estar inmerso en redes cooperativas y comunicativas. Cualquiera que trabaje con información o conocimiento-por ejemplo, desde agricultores que desarrollen semillas con propiedades específicas a programadores de computación-se basan en el conocimiento común que les llega de otros, y, a su turno, crean nuevo conocimiento común. Esto es especialmente cierto para todo trabajo que cree proyectos inmateriales, incluyendo ideas, imágenes, afectos y relaciones. Denominaremos a este nuevo modelo dominante “producción biopolítica”, para subrayar que no sólo involucra la producción de bienes materiales en un sentido estrictamente económico, sino que también toca y produce todas las facetas de la vida social, económica, cultural y política. Esta producción biopolítica y su expansión desde lo común es uno de los pilares más fuertes en los que se afirma la posibilidad actual de la democracia global.

La segunda característica de la multitud, muy importante para la democracia, es su organización “política” (aunque recordemos que lo político se mezcla rápidamente con lo económico, lo social y lo cultural). Hallamos una primera pista de esta tendencia democrática cuando miramos la genealogía de las modernas resistencias revueltas y revoluciones, que muestran una tendencia hacia una organización cada vez más democrática, desde formas centralizadas de comandos y dictaduras revolucionarios hacia organizaciones en red que desplazan la autoridad por relaciones colaboradoras. La genealogía revela una tendencia de las organizaciones revolucionarias y de resistencia no sólo a ser un medio para alcanzar una sociedad democrática, sino a crear internamente, dentro de la estructura organizacional, relaciones democráticas. Más aún, la democracia a escala global se está volviendo una demanda cada vez más extendida, a veces explícita pero a menudo implícita en las innumerables quejas y resistencias contra el actual orden global. El elemento común que recorre tantas luchas y movimientos de liberación en todo el mundo-a nivel local, regional y global-es el deseo de democracia. Como es obvio, desear y demandar democracia global no garantiza su realización, pero no debemos subestimar el poder que dichas demandas pueden tener.

Tengamos en cuenta que este es un libro filosófico. Daremos numerosos ejemplos de cómo la gente trabaja hoy para detener la guerra y hacer un mundo más democrático, pero no debe esperarse que este libro responda la pregunta ¿qué debe hacerse?, o proponga un programa de acción concreto. Creemos que en vista de los desafíos y posibilidades de nuestro mundo es preciso repensar los más básicos conceptos políticos, tales como poder, resistencia, multitud y democracia. Antes de embarcarnos en un proyecto político práctico para crear nuevas instituciones democráticas y estructuras sociales, debemos preguntarnos si realmente entendemos qué significa hoy (o puede significar) la democracia. Nuestro primer objetivo es trabajar sobre las bases conceptuales sobre las que deberá afirmarse un nuevo proyecto de democracia. Hemos hecho todos los esfuerzos para escribir en un lenguaje que todos puedan comprender, definiendo términos técnicos y explicando conceptos filosóficos. Aunque esto no significa que la lectura será siempre sencilla. Ustedes deberán sin duda hallar en algún momento el significado de una sentencia o incluso de un párrafo no muy claro. Por favor, sean pacientes. Sigan leyendo. A veces estas ideas filosóficas tardan en abrirse camino. Piensen en este libro como en un mosaico del que gradualmente emergerá el diseño general.

Concebimos el movimiento de un libro hacia el otro, desde Imperio a Multitud, como lo opuesto al desarrollo de Tomás Hobbes, desde su De Cive (publicado en 1642) a Leviatán (1651). La progresión inversa habla de la profunda diferencia entre los dos momentos históricos. En el alba de la modernidad, en De Cive, Hobbes definió la naturaleza del cuerpo social y las formas de ciudadanía que eran adecuadas para la naciente burguesía. La nueva clase no era capaz de asegurar por sí sola el orden social; necesitaba de un poder político para afianzarse, una autoridad absoluta, un dios en la tierra. El Leviatán de Hobbes describe la forma de soberanía que se desarrollaría en Europa bajo la forma del Estado-nación. Hoy, en el alba de la posmodernidad, hemos intentado primero en Imperio de delinear una nueva forma global de soberanía; y ahora, en este libro, intentamos comprender la naturaleza de la formación de la clase global emergente, la multitud. Mientras que Hobbes se desplazó desde la clase social naciente hacia la nueva forma de soberanía, nuestro curso es el inverso: trabajamos desde la nueva forma de soberanía hacia la nueva clase social. Mientras que la naciente burguesía necesitó apelar a un poder soberano para garantizar sus intereses, la multitud emerge desde el interior de la nueva soberanía imperial y apunta más allá de ella. La multitud está trabajando en el Imperio para crear una sociedad global alternativa. Mientras que la moderna burguesía debió apoyarse en la nueva soberanía para consolidad su orden, la revolución posmoderna de la multitud mira hacia delante, más allá de la soberanía imperial. La multitud, en contraste con la burguesía y todas las otras exclusivas, limitadas formaciones de clase, es capaz de formar autonómicamente la sociedad; esto, como podemos ver, es central para sus posibilidades democráticas.

No podemos abrir este libro con el proyecto de la multitud y la posibilidad de la democracia. Eso será el foco de los capítulos 2 y 3. Debemos comenzar, en cambio, con el actual estado de guerra y conflictos globales, que parecen ser un obstáculo insalvable para la democracia y la liberación. Este libro ha sido escrito bajo la nube de la guerra, básicamente entre el 11 de septiembre del 2001 y la Guerra de Irak del 2003. Debemos investigar cómo ha cambiado la guerra en nuestra época respecto de la política y la soberanía, y debemos articular las contradicciones que recorren nuestro actual régimen de guerra. Confiamos, sin embargo, que quede claro que la democracia, aún cuando parezca distante, es necesaria en nuestro mundo, que es la única respuesta a las angustiantes cuestiones de nuestro tiempo, y que es la única salida para nuestro estado de guerra y conflictos perpetuos. Debemos convencerlos a ustedes que una democracia de la multitud no sólo es necesaria sino posible.

Diamat


Salvador Dalí  [España] Los elefantes

José María Laso Prieto

 

Inversión abreviada de materialismo dialéctico. Denominación que se ha consagrado en los círculos filosóficos de Europa Occidental y América para englobar nominalmente la orientación peculiar experimentada por la filosofía soviética. Las raíces originarias de su problemática –así como, en parte, las de su específica orientación– se remontan a los clásicos del marxismo. Marx y Engels, en su tarea común de forjar las armas teóricas necesarias para que el proletariado alcanzase su autoemancipación, lograron una perfecta simbiosis. Empero, en su división del trabajo se reflejaron también los rasgos personales derivados de su diversidad de mentalidad y formación. Habiéndose concentrado Marx fundamentalmente en su magna obra de investigación económica e histórica, le correspondió a Engels abordar algunos temas filosóficos. Por desgracia, con premura y al nivel de divulgación que imponían su carácter polémico. De ahí que si bien asombre todavía la altura que –no obstante las limitaciones señaladas– Engels alcanzó en sus divulgaciones, no por ello cabe afirmar que los clásicos del marxismo nos legasen una filosofía plenamente elaborada. Incluso, independientemente de la potente carga filosófica que caracteriza a la obra económica de Marx y que tan decisivamente se manifiesta en los Grundrisse y El capital. Por ello, para Gramsci, la filosofía marxista no se daba todavía en una forma propiamente «filosófica», sino que surgió como aforismos y criterios prácticos debido a que su creador –Marx– se dedicó a las tareas indicadas. Según Gramsci la «filosofía de la praxis» (marxista) existía potencialmente, pero estaba por elaborar ya que incumbía a los seguidores de Marx y Engels desarrollar su germen inicial.

El problema se complicó ulteriormente, en el seno del movimiento obrero internacional, por los intentos revisionistas de fundamentar filosóficamente el marxismo en el neokantismo, el empiriocriticismo, &c. Lenin llevó a cabo la crítica de esas corrientes idealistas en una forma muy operativa. Y sin que ello implicase una actitud dogmática de tipo «monista», ya que postulaba un materialismo muy diversificado y abierto a la infinitud del micro y macrocosmos. La dialecticidad antimecanicista de Lenin, en esta etapa, debe subrayarse, pues corresponde a una fase anterior a su exhaustivo estudio de la Lógica de Hegel que le indujo a valorar su importancia hasta el punto de considerar el dominio de ésta como indispensable para una adecuada comprensión de El capital.

Con la instauración del poder soviético se agudizó en el país el debate filosófico. Inicialmente la lucha se libró entre el conjunto de las tendencias marxistas y los vestigios de la filosofía eslava tradicional. Es decir, las corrientes representadas por V. Soloviev, N. Berdiaeff, L. Shostov y otros. Complementariamente se enfrentaron también las posiciones leninistas con las teorías filosóficas del menchevismo y los discípulos soviéticos de Mach que, como Bogdanov, pretendían «complementar» filosóficamente al marxismo. En 1922 se fundó la revista Bajo la bandera del marxismo y en ella apareció el trabajo de Lenin Sobre el significado del materialismo militante que imprimió un fuerte impulso al desarrollo de la filosofía soviética. Este primer período del poder soviético (1917-1925) se caracterizó en el plano filosófico por la sustitución del profesorado reaccionario, la formación acelerada de cuadros ideológicos y la pluralidad de teorías filosóficas. Esa pluralidad, que reflejaba en el campo filosófico la intensa lucha de clases que en esa fase se libraba en la URSS, se polarizó posteriormente en el conflicto entre mecanicistas y dialécticos. «Es decir, la oposición de una tendencia 'cientificista' (cientificismo) y de otra filosófica más clásica; para la primera, la civilización moderna debería aparecer mecánicamente y a consecuencia del nuevo orden social; para la segunda el marxismo se insertaba en la corriente de la filosofía tradicional y, más espe­cialmente, del pensamiento de Spinoza y Hegel» {1}.

Se entra así en el segundo período (1925-1931) del desarrollo filosófico soviético. En él culminan las pugnas de la etapa anterior. Durante la última fase de ésta se habían integrado en la corriente mecanicista los psicoanalistas sociales –que pretendían una síntesis entre freudismo y marxismo– y los adeptos delproletkult. En su conjunto intentaban, remontándose a Engels, consolidar una concepción románticamente naturalista del marxismo. Con cierto fundamento, evidentemente, pues, como indica G. Bueno, «el materialismo histórico, bajo la influencia de Engels, habría experimentado constantemente una tendencia a desplazarse hacia el materialismo dialéctico (en el sentido naturalista)»... {2} Sin embargo, la tendencia mecanicista (mecanicismo) rebasaba considerablemente las posiciones adoptadas por Engels –a causa de sus apresuradas generalizaciones polémicas– para incurrir, como consecuencia de la insuficiente preparación filosófica de algunos científicos, en posiciones abiertamente positivistas (positivismo). De hecho, «los mecanicistas negaban la significación de la dialéctica materialista como ciencia independiente y la sustituían por una teoría del equilibrio que rebajaba las formas complejas del movimiento a las más simples y las diferencias cualitativas a las cuantitativas» {3}. Fundamentándose en la concepción marxista de la ideología, como falsa conciencia, establecían la incompatibilidad entre ésta y la ciencia. Al inducir la filosofía en el seno de la ideología resultaba automáticamente negada. Así, para S. Minin, «el marxismo es la ciencia; la filosofía resulta superflua, pues es el producto de la burguesía y la quintaesencia de su espíritu de clase» {4}. A su vez, para Bujarin, el materialismo histórico se reducía a la sociología.

La lucha contra el materialismo mecanicista fue dirigida por A. M. Deborin, que, por el contrario, concebía a la filosofía como una ciencia independiente. Según Deborin «la filosofía era indispensable para el desarrollo de las ciencias exactas y experimentales, al igual que éstas y las ciencias humanas son necesarias para la filosofía. No debe en consecuencia, reducirse el papel de la filosofía». La contienda se desarrolló también a través de la opuesta interpretación que del pensamiento de Spinoza y Hegel realizaron ambas corrientes. Para los mecanicistas dichos filósofos pertenecían íntegramente al pasado. No les reconocían ninguna aportación positiva. En contraposición, la tendencia dialéctica deboriana valoraba altamente su contribución al desarrollo de la filosofía marxista.

El ciclo de discusión filosófica se cerró en abril de 1929 (II conferencia de investigadores científicos y filósofos) con la derrota de los mecanicistas. La victoria de la tendencia de Deborin fue efímera. Casi inmediatamente después se inició la crítica de sus posiciones y ésta culminó en un debate en el «Instituto de profesores rojos de filosofías y ciencias naturales», en que Stalin sustituyó el concepto de «desviación formalista» –que contra ella se venía utilizando en la polémica– por la de «idealismo menchevizante» {5}. Según los críticos de Deborin «ese idealismo se reflejaba en la incomprensión del espíritu de partido en la filosofía, en el divorcio entre la teoría y la práctica de la edificación socialista y en la conciliación de la dialéctica materialista de Marx y la idealista de Hegel» {6}.

Con ello se pasa al período dogmático (1932-1956) caracterizado por el «culto a la personalidad» de Stalin. Sus raíces sociales se hunden en las duras condiciones impuestas por el cerco capitalista y el intento soviético de «construcción del socialismo en un solo país». Como expresión de ese proceso histórico, Stalin formuló en 1957 la tesis –combatida en el XX congreso del PCUS– de que la lucha de clases iría agudizándose a medida que el país se acercara al socialismo. La publicación del trabajo de Stalin Sobre el materialismo dialéctico e históricocontribuyó a empobrecer el horizonte filosófico. Se trataba de una obra muy útil desde el punto de vista divulgador, pero que al ser elevada –en las condiciones del «culto»– al rango de «obra maestra de la filosofía marxista» sometía a ésta a un reduccionismo peligroso. Stalin suprimió, de hecho, del método dialéctico la ley hegeliana de la negación y contribuyó a crear unas condiciones donde apenas era posible el debate filosófico. Como así lo evidencia la intervención de A. A. Zhdanov sobre «El frente ideológico y la filosofía» (1947) en la que el adjunto de Stalin trituró la Historia de la filosofía de N. G. Alexandrov {7}. En 1943 alcanzó su culminación la teoría de las dos ciencias: la ciencia «burguesa» y la ciencia «proletaria». Este subjetivismo de clase fue ulteriormente criticado por los filósofos soviéticos. En beneficio de la objetividad es preciso señalar que, reaccionando frente a los perjuicios que ese dogmatismo ocasionó al desarrollo de la ciencia y la cultura soviética, fue Stalin quien originó el viraje corrector. Con la publicación, en 1950, de su trabajo El marxismo y la lingüística se rehabilitó la lógica formal que había sido prácticamente eclipsada por la lógica dialéctica. A juicio de Stalin se incurría en una interpretación vulgar del principio de la posición «partidista» en la ciencia, que trataba con el mismo patrón a las ciencias teóricas de la sociedad –ciencias sociales como la economía política, la sociología, &c.– que por su naturaleza están ligadas a una clase social, y las ciencias que no están conectadas a una clase determinada: como, por ejemplo, la gramática y la lógica formal.

A partir del XX congreso del PCUS (1956) se inicia la etapa actual del desarrollo filosófico soviético que, para Bernard Jeu, «se caracteriza por el antidogmatismo y la descentralización de los círculos filosóficos» {8} La difusión de los métodos colectivos de trabajo, la publicación de obras que sintetizan las investigaciones de los filósofos, sociólogos y científicos de las distintas ramas del saber están a la orden del día. Ha surgido una nueva generación de filósofos, formados después de la guerra, y se llevan cabo regularmente debates acerca de los problemas más candentes de la filosofía ya que la abolición del dogmatismo no debe excluir la lucha ideológica.

En el plano geográfico, la descentralización es un hecho. Hasta hace diez años –declara I. D. Andreev– los libros filosóficos sólo se editaban en Moscú, mientras que ahora se editan en todas las ciudades del país. Para F. V. Konstantinov «es un signo de nuestro tiempo que los trabajos filosóficos sean escritos no sólo por grupos de trabajo, o autores, de Moscú o Leningrado, sino también por filósofos de Kiev y de Minsk, de Rostov y Krasnoiarsk, &c., incluyendo ciudades asiáticas tan alejadas como Perm, Novosibirsk, Tbilissi, Alma-Ata, &c.». Los filósofos soviéticos han roto también con el aislamiento internacional. En 1957 el Instituto de filosofía de la academia de ciencias de la URSS ingresó en la federación internacional de sociedades filosóficas y desde entonces los filósofos soviéticos participan regularmente en los congresos internacionales.

No puede pretenderse que se hayan superado totalmente las consecuencias negativas que para el desarrollo de la filosofía soviética ha tenido el período dogmático. Subssisten todavía reminiscencias que se manifiestan en un cierto escolasticismo y del cual son expresión algunos de sus manuales filosóficos. Contra los que, en su día, reaccionó Fidel Castro e indujeron al profesor M. Sacristán a calificar de «provecto teólogo» a F. V. Konstantinov. No obstante, resulta significativa la declaración del filósofo católico G. A. Wetter –tenaz adversario de la filosofía soviética– al manifestar: «Hay que reconocer que la literatura filosófica de esta especialidad ha adquirido un auge considerable en la URSS desde la muerte de Stalin. Sobre algunos problemas ha habido durante los últimos años discusiones entre los filósofos soviéticos –nos vienen al pensamiento aquí unas discusiones sobre las contradicciones dialécticas– llevadas a un plano considerablemente filosófico. Lo mismo puede decirse de ciertos dominios afines de la filosofía, como, por ejemplo, la filosofía de las matemáticas, la investigación básica, la lógica, &c. {9}

Por su parte, G. Bueno sitúa el problema de la filosofía soviética en su adecuada perspectiva al señalar que... «La inspiración de estos Ensayos no es otra sino la de colaborar a la constitución de una filosofía académica materialista. Esta filosofía no existe todavía, salvo en estado embrionario. La filosofía académica no es, en general, materialista, y el materialismo vive, sobre todo en forma no académica. El Diamat es, ciertamente, el esfuerzo más señalado en la dirección de una doctrina académica (escolástica) materialista, pero las condiciones en las cuales se desenvolvió –y que han marcado profundamente su estado actual– determinaron su aspecto dogmático y simplista, colindante muchas veces con el monismo metafísico (concepción de la realidad como un proceso de desarrollo dialéctico 'ascendente' que culmina en la aparición del hombre) aunque en él se encuentran valiosísimos elementos». Y en una nota a pie de página al párrafo anterior matiza: «Este monismo metafísico puede constatarse, tanto en la corriente a la que pertenecen quienes (como V. P. Tugarinov) entienden la materia como sustancia, cuanto en la corriente de quienes (como I. D. Andreev) entienden la materia como devenir –pero un devenir en el que se subraya la 'concatenación universal de las partes' y la 'causalidad recíproca'. La oposición entre estas dos corrientes de la filosofía soviética, sin perjuicio de su importancia, me parece que debe subsumirse en el marco común de lo que, en este libro se llama 'mundanismo'. Extraída de este marco la oposición se desfigura. No obstante, es necesario constatar que estas tendencias 'monistas' están fuertemente compensadas por la tenaz presencia de la tesis de Lenin sobre la inagotabilidad de la materia en profundidad. Esta tesis suele tomar la forma casi literal de la 'antítesis' de la segunda antinomia kantiana, en cuanto se presenta como oposición a la doctrina del carácter último de las partículas elementales. 'Las partículas elementales no lo son. en modo alguno, en el sentido absoluto de la palabra, sino que poseen una estructura compleja que está aún por descubrirse'» {10}. Para añadir después –a título de conclusión que hacemos nuestra– «el materialismo mundano no es, por tanto, en modo alguno, sinónimo de materialismo vulgar o precientífico. Pueden entrar en su composición importantes trozos del materialismo académico. Pero la silueta del materialismo mundano, en una sociedad determinada, se configura por la efectiva conjunción de los mil estímulos que convergen en la vida real, y que corrigen un aspecto, reducen otro y distorsionan un tercero. Precisamente en estas selecciones, aclaraciones o esclarecimientos, a través de las cuales cobran un significado, muchas veces inesperado, los contenidos, consiste el proceso de la conciencia social. El materialismo como doctrina oficial del estado soviético, por ejemplo, no es, meramente, una interpretación más o menos ortodoxa, de un sistema, sino una mundanización de un conjunto muy fértil de ideas abstractas en el contexto político, económico e ideológico de la Unión Soviética» {11}.

Notas

{1} B. Jeu, La philosophie soviétique et l´occcident, París 1969, pág. 26

{2} Del prólogo a J. M. Laso, Introducción al pensamiento de Gramsci. Madrid 1973, pág. 11.

{3} Instituto de filosofía de la academia de ciencias de la URSS, Historia de la filosofía VI, México 1966, pág. 143.

{4} Ibídem, pág. 135.

{5} Ibídem, pág. 134.

{6} Ibídem, pág. 135.

{7} A. A. Zhdanov, Literatura, filosofía marxismo, México 1968.

{8} B. Jeu, o. c., pág. 21.

{9} G. A. Wetter-W. Leonhard, La ideología .soviética, Barcelona 1964, pág. 20.

{10} G. Bueno, Ensayos materialistas, Madrid 1972, pág. 11.

{11} Ibídem, págs. 42-43.


El legado aterrador



Carlos Varea, Paloma Valverde y Ester Sanz, editores

Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, enero de 2009


“A lo largo de estos años de ocupación del país, pese a la inicial oposición mundial a la guerra, la comunidad internacional ha mirado hacia otro lado mientras Irak era demolido desde sus cimientos, mientras su estructura social se desintegraba fruto de la violencia y del sectarismo que la ocupación y la guerra han provocado. La ocupación de Irak ha generado la mayor y más rápida crisis mundial de refugiados de las últimas décadas (en torno a cinco millones de refugiados y desplazados internos) y la violencia se ha cobrado más de un millón de víctimas. Ante estas cifras aterradoras, el expolio del patrimonio cultural de Irak —que lo es de toda la Humanidad— o la sistemática destrucción de sus bibliotecas pueden servir como epítomes de la voluntad de destruir también la memoria colectiva de este pueblo, construida, pese a los avatares políticos internos y regionales de las décadas anteriores, sobre la integración ciudadana y la secularización de sus habitantes.”


Al éxodo masivo y al cómputo inacabable de pérdidas humanas, al desmantelamiento de las instituciones,  a la destrucción material del país y de los medios de subsistencia de su población, se une la anulación de una memoria colectiva integradora. En la imagen, médicos Irakuíes se concentran ante su centro en protesta por el deterioro de la sanidad pública en el país.

En su discurso de la madrugada del día 5 de noviembre de 2008, pronunciado en Chicago inmediatamente después de la confirmación de su triunfo electoral, el candidato demócrata Barack Obama recordaba que soldados estadounidenses “se despiertan en los desiertos de Irak”. El ya electo presidente de EEUU confirmaba así que desconoce la geografía natural y humana del país que su predecesor invadió en 2003.

Sin embargo, esta imagen orientalista constituye hoy una acertada aproximación a la realidad de Irak, tras todo lo acontecido en estos casi seis años de ocupación. Al éxodo masivo y al cómputo inacabable de pérdidas humanas, al desmantelamiento de las instituciones, y por ende del aparato del Estado, a la destrucción material del país y de los medios de subsistencia de su población, se une la anulación de una memoria colectiva integradora, el deshilachado de la tupida trama social Irakuí. De ello trata este libro, de la destrucción premeditada de un país y de su sociedad o, si se prefiere, de la alteración radical y violenta de todos y cada uno de sus referentes internos, hoy marcados por el sectarismo y la regresión en todos los campos: Irak ya no es reconocible.

La idea de esta obra colectiva surge a raíz del Encuentro “Soberanía, cultura y ciudadanía: Resistir a la ocupación y el sectarismo”, celebrado en 2007 en la Escuela Julián Besteiro de Madrid, y organizado por la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Irak (CEOSI) en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid y con el apoyo de la asociación BibliotecAlternativa. Al libro contribuyen participantes en aquella actividad y otros que no tuvieron oportunidad de hacerlo. Teresa Aranguren abre el libro con la reflexión de la profesional que ha cubierto los principales conflictos internacionales de las últimas décadas y sabe apreciar qué desvela y qué oculta el recorrido de una cámara. El texto de Pedro Martínez Montávez, con su reflexión sobre la identidad árabe e islámica, inserta Irak en el contexto más amplio de Oriente Próximo, lo que permite una más acertada comprensión del conflicto y de la importancia geoestratégica de Irak. El análisis de la sociedad Irakuí recorre los textos de Santiago Alba, Carlos Varea y Bahira Abdulatif, quienes aportan una información decisiva e inédita sobre las estructuras sociales previas a la ocupación y las consecuencias de la guerra sobre la población; consecuencias que también muestran con crudeza en sus textos Fernando Báez y Joaquín María Córdoba Zoilo, quienes abordan el saqueo y la irreparable destrucción del patrimonio cultural de Irak —de sus bibliotecas y museos, de sus yacimientos arqueológicos y monumentos, etc.—, que son la memoria de este pueblo y herencia común de la Humanidad. En el prólogo, Rosa Regàs recuerda una vez más que no hay justificación posible para lo que está ocurriendo en Irak; y en el epílogo, Hana al-Bayati, una joven directora de cine Irakuí, nacida en el exilio, retoma la aspiración de anteriores generaciones de Irakuíes: poder vivir en un país soberano y democrático como hombres y mujeres libres e iguales.

La ficticia ‘pacificación’ de Irak

Irak ha dejado de existir casi por completo en la información diaria. En estos años, el contrapunto informativo que provenía de una sociedad otrora articulada y muy dinámica, ha desaparecido como consecuencia de la destrucción del tejido asociativo y profesional Irakuí. El resultado de ello es que la información sobre Irak oculta —más que desvela—  la terrible realidad de su población e ignora sus aspiraciones comunes.

A lo largo de estos años de ocupación del país, pese a la inicial oposición mundial a la guerra, la comunidad internacional ha mirado hacia otro lado mientras Irak era demolido desde sus cimientos, mientras su estructura social se desintegraba fruto de la violencia y del sectarismo que la ocupación y la guerra han provocado. La ocupación de Irak ha generado la mayor y más rápida crisis mundial de refugiados de las últimas décadas (en torno a cinco millones de refugiados y desplazados internos) y la violencia se ha cobrado más de un millón de víctimas. Ante estas cifras aterradoras, el expolio del patrimonio cultural de Irak —que lo es de toda la Humanidad— o la sistemática destrucción de sus bibliotecas pueden servir como epítomes de la voluntad de destruir también la memoria colectiva de este pueblo, construida, pese a los avatares políticos internos y regionales de las décadas anteriores, sobre la integración ciudadana y la secularización de sus habitantes.

La ficticia y momentánea pacificación de Irak se cimenta en la aniquilación absoluta del enemigo, es decir, en la destrucción completa de una sociedad y en la anulación de su memoria, como fue el caso de la España republicana tras el fin de la contienda civil en 1939 y las largas décadas de dictadura. Ignorando este hecho, hoy se afirma neciamente que la violencia en Irak ha disminuido y que el país se encamina hacia una estabilización interna que permitirá la retirada de las tropas de ocupación, más de 150.000 efectivos, según cifras oficiales. Sin embargo, la desestructuración provocada en Irak desde la invasión de 2003 es de tal magnitud que el debate sobre la retirada de las tropas de ocupación esta viciado, no porque no sea el primer paso ineludible para la recuperación de Irak, sino porque, tras la salida del último soldado extranjero del país, será preciso desmantelar el sistema derivado de la invasión en su conjunto, un sistema —como lo define Santiago Alba en su contribución a este libro— de “violentas minorías organizadas”, que seguirá sirviendo a intereses concretos y alimentando lógicas contrarias a las aspiraciones de los Irakuíes.

Hoy Irak es muerte y exilio, olvido y desolación absoluta: nada permite un atisbo de esperanza, salvo mantener la confianza en sus hombre y mujeres. Reconstruir Irak significa hoy reinventar Irak, permitiendo que se reencuentre con su propia Historia y con la historia de sus gentes y, para ello, lo primero es mantener y recuperar la memoria de lo acontecido en estos pocos años transcurridos, recuperar el recuerdo de lo que era este país y de lo que podría haber sido, de cómo eran sus habitantes y cuáles eran sus expectativas. A ese reto esencial, ingente, han querido contribuir quienes han participado en este libro, todos ellos, todas ellas, heridos por el destino infausto de Irak.

La destrucción de una civilización


La conquista de Irak se construye a partir de la destrucción de una república laica moderna. Quedan los que mercenarios que se hacen pasar por “autoridades irakíes”

James Petras / La Haine

Los siete años de guerra y ocupación estadounidenses en Irak han estado manejados por varias fuerzas políticas importantes e impregnados de toda una variedad de intereses imperiales. Sin embargo, esos intereses no explican por sí mismos la profundidad ni el alcance de la sostenida, masiva y continuada destrucción de toda una sociedad ni su reducción a un permanente estado de guerra. El ámbito de fuerzas políticas que contribuyeron a orquestar la guerra y la subsiguiente ocupación de EEUU incluye las siguientes (por orden de importancia):

La fuerza política más importante fue también de la que menos abiertamente se habló: La Configuración del Poder Sionista (ZPC, por sus siglas en inglés), que incluye el importante papel de los partidarios, persistentes e incondicionales de línea dura, del Estado de Israel que lograron puestos importantes en el Pentágono de Bush (Douglas Feith y Paul Wolfowitz), operativos clave en la oficina del Vicepresidente (Irving –Scooter- Libby), en el Departamento del Tesoro (Stuart Levy), en el Consejo de Seguridad Nacional (Elliot Abrams) y toda una falange de asesores, escritores de los discursos presidenciales (David Frum), funcionarios secundarios y asesores políticos en el Departamento de Estado. Esos comprometidos “insiders” sionistas estaban apoyados por miles de funcionarios con dedicación exclusiva de “Ante Todo, Israel” de las 51 organizaciones judías más importantes, agrupadas bajo su Presidente (PMAJO, por sus siglas en inglés). Todos declararon abiertamente que su más alta prioridad era avanzar en la agenda de Israel, concretada, en este caso, en una guerra de EEUU contra Irak para derrocar a Saddam Hussein, ocupar el país, dividir físicamente Irak, destruir su ejército y su capacidad industrial e imponer un régimen-titere pro-Israel/pro-EEUU. Si Irak era étnicamente limpiado y dividido, como defendía el ultraderechista Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu y el Presidente Emérito “Liberal” del Consejo de Relaciones Exteriores y sionista-militarista Leslie Gelb, habría entonces varios “regímenes clientelistas”.

Los altos políticos pro-Israel que promovieron la guerra no tenían directamente al principio la política de destruir sistemáticamente lo que, en efecto, constituía toda la civilización Irakuí. Pero su apoyo y diseño de una política de ocupación incluía el desmembramiento total del aparato del estado Irakíy el reclutamiento de asesores israelíes que proporcionaran su “pericia” en técnicas de interrogatorio, represión de la resistencia civil y contrainsurgencia. Ciertamente, los expertos israelíes jugaron un papel importante al fomentar el enfrentamiento étnico y religioso entre los Irakuíes, que Israel tanto ha puesto en práctica en Palestina. El “modelo” israelí de guerra colonial y ocupación –la invasión del Líbano de 1982- y la práctica de la “destrucción total” utilizando la división sectaria y étnico-religiosa fue ya evidente en las infamantes masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en Beirut, que tuvieron lugar bajo supervisión del ejército israelí.

La segunda fuerza poderosa en pos de la Guerra de Irak estaba constituida por los militaristas civiles (como Donald Rumsfeld y el Vicepresidente Cheney) que buscaban extender el alcance imperial de EEUU por el Golfo Pérsico y fortalecer su posición geo-política eliminando a un nacionalista fuerte, laico y partidario de la resistencia anti-imperialista árabe en el Oriente Medio. Esos militaristas civiles buscaban ampliar las bases militares estadounidenses para envolver a Rusia y asegurarse el control de las reservas petrolíferas como elemento de presión contra China. Los militaristas civiles estaban menos movidos por los pasados lazos del Vicepresidente Cheney con la industria del petróleo y más interesados en su papel como Director Ejecutivo de la gigantesca filial de Halliburton, la contratista de bases militares Kellog-Brown and Root, que ha ido consolidando el Imperio Estadounidense a través de la expansión de bases militares por todo el mundo. Las compañías petrolíferas estadounidenses más importantes, que temían salir perdiendo frente a sus competidoras europeas y asiáticas, estaban deseando negociar con Saddam Hussein, y algunos de los partidarios de Bush dentro de la industria petrolífera estaban ya embarcados en operaciones de comercio ilegal con el embargado régimen de Irak. La industria del petróleo no se sentía muy inclinada a promover la inestabilidad regional mediante una guerra.

La estrategia belicista de conquista y ocupación se diseñó para establecer una presencia militar colonial a largo plazo bajo la forma de bases militares estratégicas dotadas de un importante y sostenido contingente de asesores militares coloniales y unidades de combate. La brutal ocupación colonial de un estado laico independiente con fuerte historia nacionalista y avanzada infraestructura que disponía de un aparato policial y militar sofisticado, extendidos servicios públicos y mínimas tasas de analfabetismo impulsó el crecimiento de una amplia colección de movimientos militantes y armados contra la ocupación. En respuesta, los oficiales coloniales estadounidenses, la CIA y las Agencias de la Inteligencia de Defensa idearon una estrategia de “divide y vencerás” (la denominada solución “El Salvador”, asociada al ex Embajador en zonas calientes y ex Director de la Inteligencia Nacional estadounidense John Negroponte) para fomentar los conflictos armados de base sectaria y promover los asesinatos interreligiosos para así debilitar cualquier esfuerzo por lograr un movimiento unido nacional anti-imperialista. El desmantelamiento de la burocracia civil laica y del ejército fue diseñado por los sionistas de la administración Bush para incrementar el poder de Israel en la región y fomentar el surgimiento de grupos militantes islámicos, que habían sido reprimidos por el depuesto régimen baazista de Saddam Hussein. Israel había perfeccionado esta estrategia antes: Patrocinó y financió en sus orígenes a grupos militantes islámicos sectarios, como Hamas, como alternativa a la laica Organización para la Liberación de Palestina, creando un marco que favorecía las luchas sectarias entre los palestinos.

La consecuencia de las políticas coloniales estadounidenses financiando y multiplicando una amplia variedad de conflictos internos fue la proliferación de los mullah, los líderes tribales, los gángsteres políticos, los señores de la guerra, los expatriados y los escuadrones de la muerte. La “guerra de todos contra todos” servía a los intereses de las fuerzas ocupantes estadounidenses. Irak se convirtió en un lodazal de jóvenes armados, sin empleo, entre los que era fácil reclutar un nuevo ejército de mercenarios. La “guerra civil” y el “conflicto étnico” proporcionaron un pretexto para que EEUU y sus títeres Irakuíes despidieran a cientos de miles de soldados, policías y funcionarios del régimen anterior (especialmente si eran de familias sunníes, mixtas o laicas), socavando la base del empleo civil. Bajo la cobertura de una generalizada “guerra contra el terror”, las Fuerzas Especiales estadounidenses y los escuadrones de la muerte dirigidos por la CIA implantaron el terror dentro de la sociedad civil Irakuí, persiguiendo a cualquier sospechoso de criticar al gobierno-títere, especialmente entre las clases educadas y profesionales, precisamente los Irakuíes más capaces de reconstruir una república laica independiente.

La guerra de Irak estuvo dirigida por un influyente grupo de ideólogos neoconservadores y neoliberales con fuertes vínculos con Israel. Valoraron el éxito de la guerra de Irak (por éxito ellos entendían el desmembramiento total del país) como la primera ficha de “dominó” de una serie de guerras para “recolonizar” el Oriente Medio (en sus palabras: “volver a trazar el mapa”). Disfrazaron su imperial ideología con un fino barniz de retórica sobre “promover las democracias” en Oriente Medio (excluyendo, por supuesto, las antidemocráticas políticas de su “patria” Israel sobre los subyugados palestinos). Al confluir las ambiciones hegemónicas regionales de Israel con los intereses imperiales de EEUU, los neoconservadores y sus compañeros de viaje neoliberales del Partido Demócrata apoyaron en primer lugar al Presidente Bush y después al Presidente Obama en su escalada de las guerras contra Afganistán y Pakistán. Secundaron unánimemente la feroz campaña de bombardeos de Israel contra el Líbano, el ataque por tierra, mar y aire y la masacre de miles de civiles atrapados en Gaza, el bombardeo de instalaciones sirias y el gran impulso (de Israel) hacia un ataque preventivo militar y a gran escala contra Irán.

Los defensores estadounidenses de múltiples guerras secuenciales y simultáneas en Oriente Medio y en el Sur de Asia creían que no podrían desplegar todo el potencial destructivo masivo que poseen hasta no haberse asegurado el control total de su primera víctima: Irak. Confiaban en que la resistencia Irakíse vendría rápidamente abajo tras trece años de brutales y exterminadoras sanciones impuestas contra la república por EEUU y las Naciones Unidas. Para consolidar el control imperial, los políticos estadounidenses decidieron silenciar permanentemente a todos los disidentes civiles independientes Irakuíes. Se dedicaron a financiar a clérigos chiíes y asesinos tribales sunníes y a contratar decenas de miles de mercenarios privados entre los señores de la guerra pesmergas kurdos para que perpetraran los asesinatos selectivos de los dirigentes de los movimientos de la sociedad civil.

EEUU creó y entrenó un ejército-títere colonial Irakíde 200.000 miembros, compuesto casi enteramente de pistoleros chiíes, excluyendo a los experimentados militares Irakuíes con antecedentes laicos, sunníes o cristianos. Un resultado poco conocido de todos esos escuadrones de la muerte financiados y entrenados por EEUU y de su ejército-títere Irakífue la destrucción virtual de la antigua población cristiana Irakuí, que fue desplazada, sus iglesias bombardeadas y sus dirigentes, obispos e intelectuales, académicos y científicos asesinados o forzados al exilio. Los asesores israelíes y estadounidenses eran bien conscientes de que los cristianos Irakuíes habían jugado un papel clave en el desarrollo histórico de los movimientos laicos, nacionalistas antibritánicos y antimonárquicos y su eliminación como fuerza influyente en los primeros años de la ocupación estadounidense no fue algo accidental. El resultado de las políticas estadounidenses llevó a eliminar a los movimientos y a los dirigentes antiimperialistas más democráticos y laicos y a presentar a una red asesina de colaboradores “étnico-religiosos” como “socios” incontestables para sostener la presencia colonial estadounidense a largo plazo en Irak. Con sus títeres en el poder, Irak serviría como plataforma de lanzamiento para su búsqueda estratégica de otros “dominios” (Siria, Irán, las Repúblicas Centroasiáticas…).

La continuada purga sangrienta de Irak bajo la ocupación estadounidense ha conseguido acabar con la vida de 1,3 millones de civiles Irakuíes durante los primeros siete años de la invasión de Bush de 2003. Hasta mediados de 2009, la invasión y ocupación de Irak le ha costado al tesoro estadounidense más de 666.000 millones de dólares. Este enorme gasto da fe de su carácter central en la más amplia estrategia imperial de EEUU en relación a todo el Oriente Medio y a la región del Sur y Centro de Asia. La política de Washington de politizar y militarizar las diferencias étnico-religiosas, armando y fomentando la rivalidad de los líderes étnicos, religiosos y tribales para que estén siempre enzarzados en mutuas sangrías sirvió para destruir la resistencia y la unidad nacional. Las tácticas de “divide y vencerás” y la confianza en organizaciones religiosas y sociales retrógradas es la práctica más común y mejor conocida cuando se trata de conquistar y subyugar a un estado nacionalista avanzado y unificado. Romper un estado nacional, destruir la conciencia nacionalista y promover las primitivas lealtades regionales, feudales y étnico-religiosas requería de la sistemática destrucción de los principales proveedores de la conciencia nacionalista, de la memoria histórica y del pensamiento científico y laico. Al provocar los odios étnico-religiosos se destruyeron los matrimonios, las comunidades y las instituciones mixtas con sus perdurables lazos profesionales y amistades personales de orígenes diversos. La eliminación física de académicos, escritores, profesores, intelectuales, científicos y profesionales, especialmente físicos, ingenieros, abogados, juristas y periodistas fue decisiva para imponer un gobierno étnico-religioso bajo una ocupación colonial. Para establecer el dominio a largo plazo y sostener a unos gobernantes clientelistas étnico-religiosos, todo el edificio cultural preexistente fue destruido físicamente por EEUU y sus marionetas Irakuíes. Esto supuso la destrucción de las bibliotecas, las oficinas del censo y los depósitos de todas las propiedades y archivos judiciales, los departamentos sanitarios, laboratorios, colegios, centros culturales, instalaciones médicas y, por encima de todo y al completo, las clases profesionales, los científicos sociales, los humanistas, los literatos... Cientos de miles de profesionales Irakuíes junto con sus familias, fueron empujados mediante el terror al exilio interno y externo. Se cortó cualquier tipo de financiación destinada a las instituciones nacionales, seculares, científicas y educativas. Los escuadrones de la muerte se emplearon a fondo en el sistemático asesinato de miles de académicos y profesionales sospechosos de la menor disidencia, del menor sentimiento nacionalista; se eliminó a todo aquel que tuviera la mínima capacidad para colaborar en la reconstrucción de la república.

La destrucción de una moderna civilización árabe

El Irak laico e independiente tenía el más avanzado orden científico-cultural del mundo árabe, a pesar de la naturaleza represiva del estado policial de Saddam Hussein. Había un sistema nacional de atención sanitaria, educación gratuita universal y generosos servicios sociales, combinado todo ello con niveles de igualdad de género sin precedentes. Esto marcó la avanzada naturaleza de la civilización Irakíde finales del siglo XX. La separación entre iglesia y estado y la protección estricta de las minorías religiosas (cristianos, asirios y otros) contrasta agudamente con lo que ha resultado de la ocupación estadounidense y su destrucción de las estructuras gubernamentales y civiles Irakuíes. El duro gobierno dictatorial de Saddam Hussein presidía una muy desarrollada moderna civilización en la que el avanzado trabajo científico iba de la mano de una fuerte identidad nacionalista y anti-imperialista. Esto se notó especialmente en el pueblo Irakíy en las expresiones de solidaridad del régimen con la causa del pueblo palestino bajo el dominio y ocupación israelí.

Un mero “cambio de régimen” no podía extirpar esta profundamente incrustada y avanzada cultura laica republicana en Irak. Los planificadores estadounidenses de la guerra y sus asesores israelíes eran bien conscientes de que la ocupación colonial aumentaría la conciencia nacionalista Irakía menos que la secular nación fuera destruida y de ahí el imperativo imperial para arrancar y destruir a los portadores de la conciencia nacionalista, eliminando físicamente a los talentosos, a los científicos, a los elementos más laicos de la sociedad Irakuí. El énfasis en todo lo retrogrado se convirtió en el principal instrumento para que EEUU impusiera en el poder a sus títeres coloniales, con sus primitivas y “pre-nacionales” lealtades, en un Bagdad culturalmente purgado y desnudado de sus estratos sociales más sofisticados y nacionalistas.

Según el Centro de Estudios Al Ahram de El Cairo, durante los primeros dieciocho meses de la ocupación estadounidense, 310 científicos Irakuíes fueron asesinados, una cifra que el ministerio de educación Irakíno discute.

Otro informe recogía un listado con más de 340 intelectuales y científicos asesinados entre 2005 y 2007. Las bombas colocadas en los institutos de educación superior habían hecho bajar la tasa de matrículas un 30% respecto a las cifras anteriores a la invasión. En una bomba colocada en enero de 2007 en la Universidad Mustansiriya de Bagdad, 70 estudiantes fueron asesinados y cientos de ellos resultaron heridos. Esas cifras obligaron a la UNESCO advertir que el sistema universitario Irakíestaba al borde del colapso. Las cifras de importantes profesionales y científicos Irakuíes que habían escapado del país rondaban los 20.000. Los Angeles Times informó que en octubre de 2008, de los 6.700 profesionales universitarios Irakuíes que tuvieron que huir a partir de 2003, sólo 150 habían regresado. A pesar de las proclamas de EEUU de que ha mejorado la seguridad, la situación en 2008 contempló numerosos asesinatos, incluyendo el del único neurocirujano que quedaba en la segunda mayor ciudad Irakuí, Basora, cuyo cuerpo fue arrojado a las calles de la ciudad.

Los datos no procesados de los académicos, científicos y profesionales Irakuíes asesinados por EEUU y las fuerzas ocupantes alidadas y las milicias, así como de las fuerzas en la sombra controladas por ellas, se reflejaron en una lista publicada por el Pakistan Daily News (www.daily.pk) el 26 de noviembre de 2008. Esta lista levanta ampollas acerca de la realidad de la sistemática eliminación de intelectuales en Irak bajo la trituradora de la ocupación estadounidense.

Asesinatos

La eliminación física de un individuo mediante el asesinato es una forma extrema de terrorismo, que tiene un efecto dominó de largo alcance a través de la comunidad de la que procede la persona, en este caso el mundo de los líderes intelectuales, académicos, profesionales y creativos de las artes y las ciencias. Por cada intelectual Irakíasesinado, miles de educados Irakuíes escapaban del país o abandonaban su trabajo en búsqueda de una actividad más segura, menos vulnerable.

Bagdad era considerada el “París” del mundo árabe en términos culturales y artísticos, científicos y educativos. En la década de los setenta y los ochenta, sus universidades eran la envidia del mundo árabe. La campaña de “conmoción y pavor” de EEUU que arrasó Bagdad, evocó emociones similares a las del bombardeo aéreo del Louvre, la Sorbona y las bibliotecas más importantes de Europa. La Universidad de Bagdad era una de las universidades más prestigiosas y productivas del mundo árabe. Incluso bajo el letal colapso producido por las sanciones económicas impuestas por EEUU y Naciones Unidas, que aniquilaron a Irak durante los trece años anteriores a la invasión de 2003, miles de estudiantes licenciados y de jóvenes profesionales llegaban a Irak buscando formación especializada. Jóvenes médicos de todo el mundo árabe recibían formación médica avanzada en sus instituciones. Muchos de sus académicos presentaban documentación científica en las conferencias internacionales más importantes y publicaban en revistas de prestigio. Y lo que es más importante, la Universidad de Bagdad formaba y mantenía una cultura laica científica altamente respetada y libre de discriminación sectaria, con académicos de todos los orígenes religiosos y étnicos.

Ese mundo fue para siempre destrozado: Bajo la ocupación estadounidense, hasta noviembre de 2008, han sido asesinados 83 académicos e investigadores que enseñaban en la Universidad de Bagdad, haciendo que varios miles de colegas suyos, sus familias y estudiantes se vieran obligados a huir.

La selección de académicos asesinados por disciplinas

El artículo publicado en noviembre por el Pakistan Daily News ofrecía un listado de un total de 154 importantes académicos de Bagdad, famosos en su especialidad, que habían sido asesinados. Además, un total de 281 bien conocidos intelectuales que enseñaban en las mejores universidades de Irak cayeron víctimas de los “escuadrones de la muerte” bajo la ocupación estadounidense.

Antes de la ocupación estadounidense, la Universidad de Bagdad poseía la facultad de medicina de enseñanza e investigación más importante de todo el Oriente Medio, que atraía a cientos de jóvenes doctores en búsqueda de formación avanzada. Ese programa ha sido devastado durante el surgimiento del régimen de los escuadrones de la muerte estadounidenses, con pocas perspectivas de recuperación. De los asesinados, el 25% (21) eran los catedráticos y profesores más importantes de la facultad de medicina de la Universidad de Bagdad, la que tiene el más alto porcentaje de asesinados entre las facultades. El segundo más alto porcentaje de las facultades masacradas fueron los profesores e investigadores de la renombrada facultad de ingeniería de la Universidad de Bagdad (12), seguidos de primerísimos académicos en humanidades (10), ciencias sociales y físicas (8 catedráticos en cada una), educación (5). Los restantes altos académicos asesinados en la Universidad de Bagdad pertenecían a las facultades de ingeniería agrícola, economicas, educación física, comunicaciones y estudios religiosos.

En las otras tres universidades de Bagdad fueron asesinados 53 importantes académicos, entre ellos, 10 que pertenecían al campo de las ciencias sociales, 7 a la facultad de derecho, 6 a medicina, 6 a humanidades, 9 a ciencias físicas y 5 a las ingenierías. El 20 de agosto de 2002, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld bromeaba antes de la invasión: “… Uno tiene que asumir que ellos (los científicos) no han estado jugando a las canicas” (justificando la sangrienta purga de científicos en ciencias físicas y químicas). Una ominosa señal de la sangría de académicos que iba a seguir a la invasión.

En todas las universidades situadas en el resto de las provincias se perpetraron purgas sangrientas similares de académicos: 127 catedráticos y científicos fueron asesinados en las diversas y bien consideradas universidades de Mosul, Kirkuk, Basora y otros lugares. Las universidades ubicadas en otras provincias con la cifra más alta de profesores y catedráticos asesinados estaban en las ciudades en que los ejércitos británico y estadounidense y sus aliados y mercenarios kurdos fueron más activos: Basora (35), Mosul (35), Diyala (15) y Al-Anbar (11).

El ejército Irakíy sus aliados de los escuadrones de la muerte perpetraron la mayoría de los asesinatos de académicos en las ciudades que estaban bajo control estadounidense o “aliado”. El asesinato sistemático de académicos se llevó a cabo por toda la nación, en todas las disciplinas a fin de destruir los cimientos educativos y culturales de una civilización árabe moderna. Los escuadrones de la muerte que cometieron la mayoría de los asesinatos eran grupos étnico-religiosos primitivos, premodernos “actuando por sí mismos” o instrumentalizados por los estrategas del ejército estadounidense para eliminar a cualquier intelectual consciente políticamente o a cualquier científico nacionalista que pudiera empeñarse en una agenda de reconstrucción de una sociedad laica moderna y una república unificada e independiente.

En su pánico para impedir la invasión estadounidense, el Directorado Nacional de Control Irakípresentó el 7 de diciembre de 2002 ante las Naciones Unidas, una lista que identificaba a 500 científicos importantes Irakuíes. No hay prácticamente duda alguna de que esa lista se convirtió para el ejército estadounidense en un elemento central a la hora de confeccionar la lista de personas a eliminar entre la elite científica Irakuí. En su infame discurso anterior a la invasión ante las Naciones Unidas, el Secretario de Estado Colin Powell citó una lista de 3.500 científicos y técnicos Irakuíes a quienes habría que “contener” para impedir que su sabiduría fuera utilizada por otros países. EEUU había incluso creado un “presupuesto” de cientos de millones de dólares, sacado del dinero Irakídel programa “Petróleo por Alimentos” de Naciones Unidas a fin de establecer programas de “reeducación civil” para volver a entrenar a los ingenieros y científicos Irakuíes. Estos tan aireados programas nunca se llevaron a cabo. Formas más baratas de contener lo que un experto en política estadounidense denominó como el “exceso de científicos, ingenieros y técnicos” de Irak aparecen claramente en un documento del Carnegie Endowment (actualización de la política RANSAC, abril de 2004). EEUU había decidido adoptar y ampliar, a escala industrial, la operación secreta del Mossad israelí para asesinar a los científicos Irakuíes más importantes.

Las campañas estadounidenses de “Incremento” y “Asesinatos Máximos” (2006-2007):

El momento terrorista más álgido contra los académicos coincide con la renovación de la ofensiva del ejército estadounidense en Bagdad y en las provincias. De la cifra total de académicos asesinados en Bagdad hay recogidas unas fechas (110 intelectuales famosos asesinados), casi el 80% (87) se produjeron en 2006 y 2007. Una pauta similar se siguió en las provincias, perpetrándose en esa época el 77% de un total de 84 académicos asesinados fuera de la capital durante el mismo período. La pauta está clara: la proporción de asesinatos de académicos crece cuando las fuerzas ocupantes estadounidenses organizan un ejército Irakíde mercenarios y fuerza policial, y proporcionan dinero para el entrenamiento y reclutamiento de miembros de tribus y milicias rivales chiíes y sunníes como medio de reducir las bajas estadounidenses y de purgar a los potenciales críticos disidentes de la ocupación.

La campaña de terror contra los académicos se intensificó a mediados de 2005 y alcanzó su pico en 2006-2007, provocando la fuga masiva de decenas de miles de profesionales, científicos, académicos Irakuíes y de sus familias al extranjero. Facultades universitarias enteras se han convertido en refugiados de Siria y otros países. Aquellos que no pudieron permitirse abandonar a sus ancianos padres o parientes y permanecieron en Irak, tuvieron que adoptar medidas extraordinarias para ocultar su identidad. Algunos eligieron colaborar con las fuerzas ocupantes o con el régimen-títere esperando que les protegieran o permitieran inmigrar con sus familias a EEUU o Europa, aunque los europeos, especialmente los británicos, no se sienten muy inclinados a aceptar a académicos irakíes. Después de 2008, se produjo un agudo descenso en el asesinato de académicos, con sólo 4 asesinados ese año. Esto refleja la huida masiva de intelectuales irakíes hacia el extranjero o que tuvieron que esconderse antes que confiar en ningún cambio de política por parte de EEUU y sus títeres mercenarios. Como consecuencia, las instalaciones dedicadas a la investigación en Irak se han visto diezmadas. Las vidas de los integrantes de los equipos de apoyo que aún permanecen, incluidos técnicos, bibliotecarios y estudiantes se han visto devastadas, con muy escasas perspectivas de poder conseguir un empleo en el futuro.

La guerra y ocupación de Irak por EEUU, como los Presidentes Bush y Obama han declarado, es un “éxito”: una nación independiente de 23 millones de ciudadanos ha sido ocupada por la fuerza, colocándose en ella un régimen-títere, con tropas mercenarias coloniales que prestan obediencia a los oficiales estadounidenses y campos petrolíferos puestos en venta. Todas las leyes nacionalistas de Irak que protegían su patrimonio, sus tesoros culturales y sus recursos naturales han sido anuladas. Los ocupantes han impuesto una “constitución” que favorece al Imperio estadounidense. Israel y sus lacayos sionistas en las administraciones tanto de Bush como de Obama celebran la desaparición de un adversario moderno… y la conversión de Irak en un desierto político-cultural. En línea con un supuesto contrato efectuado entre el Departamento de Estado de EEUU y los oficiales del Pentágono con coleccionistas influyentes del Consejo Americano para la Política Cultural en 2003, los saqueados tesoros de la antigua Mesopotamia han “encontrado” un camino en las colecciones de las elites de Londres, Nueva York y muchos más lugares. Los coleccionistas pueden ahora también anticiparse al pillaje en Irán.

Advirtiendo a Irán

La invasión, ocupación y destrucción por EEUU de una civilización científico-cultural moderna, como la que existía en Irak, es un preludio de lo que el pueblo de Irán puede esperar si llega a producirse un ataque militar por parte de EEUU/Israel. La amenaza imperial a los cimientos científico-culturales de la nación iraní ha estado totalmente ausente de la narrativa de los manifestantes y estudiantes iraníes y sus ONG financiadas por EEUU durante sus protestas post-electorales de la “Revolución Pintalabios”. No deberían olvidar que en 2004, los educados y sofisticados irakíes de Bagdad se consolaban con un fatalmente equivocado optimismo de “al menos, no estamos como en Afganistán”.

Esa misma elite se encuentra ahora en miserables campos de refugiados en Siria y en Jordania y su país se parece más a Afganistán que ningún otro lugar del Oriente Medio. Se ha cumplido la escalofriante promesa de Bush de abril de 2003 de transformar Irak en la imagen de “nuestro recién liberado Afganistán”. Y los informes de que los asesores de la administración estadounidense habrían revisado la política del Mossad israelí de asesinatos selectivos de científicos iraníes, debería hacer que los intelectuales liberales pro-Occidente de Teherán ponderen seriamente la lección de la campaña asesina que sobre todo en 2006-2007 eliminó prácticamente a todos los científicos y académicos irakíes.

Conclusión

¿Qué es lo que ganan EEUU (y Gran Bretaña e Israel) al establecer un régimen clientelista retrogrado en Irak basado en estructuras socio-políticas étnico-religiosas medievales? Primero y principal, Irak se ha convertido en un puesto de avanzada para el imperio. En segundo lugar, es un régimen débil y atrasado incapaz de desafiar el dominio militar y económico israelí en la región e incapaz de cuestionar la continuada limpieza étnica de los nativos palestinos árabes de Jerusalén, Cisjordania y Gaza. En tercer lugar, la destrucción de los cimientos legales, culturales, científicos y académicos de un estado independiente supone incrementar su dependencia de las corporaciones multinacionales occidentales (y chinas) y su infraestructura técnica, facilitando así la penetración y explotación económica imperial.

A mediados del siglo XIX, tras la revolución de 1848, el conservador sociólogo francés Emil Durkheim reconoció que la burguesía europea se veía enfrentada por un creciente conflicto de clases y una clase trabajadora cada vez más anticapitalista. Durkheim señalaba que, cualquiera que fueran sus recelos filosóficos sobre religión y clericalismo, la burguesía tendría que usar los mitos de la religión tradicional para “crear” cohesión social y rebajar la polarización de clases. Hizo un llamamiento a la educada y sofisticada clase capitalista parisina para que superara su rechaza del obscurantista dogma religioso a favor de instrumentalizar la religión como herramienta para poder mantener su dominio político. De la misma forma, los estrategas estadounidenses, incluidos los sionistas en el Pentágono, han instrumentalizado a las fuerzas étnico-religiosas, tribales y mullahs para destruir el liderazgo político nacional laico y la avanzada cultura de Irak para consolidar su dominio imperial, aunque esa estrategia exigiera la matanza de las clases científicas y profesionales. El dominio imperial contemporáneo estadounidense se basa en apoyar a los sectores más atrasados social y políticamente de una sociedad y aplicar la tecnología bélica más avanzada.

Los asesores israelíes han jugado un papel importante a la hora de instruir a las fuerzas ocupantes en Irak en las prácticas de la contrainsurgencia urbana y represión de civiles, basándose en sus sesenta años de experiencia. La infame masacre en 1948 de cientos de familias palestinas en Deir Yasin fue emblemática de la eliminación sionista de cientos de pueblos agrícolas productivos, que habían sido poblados durante siglos por un pueblo nativo con su civilización endógena y vínculos culturales con el suelo, a fin de imponer un nuevo orden colonial. La política de aniquilación total de los palestinos es un elemento base en el asesoramiento de Israel a los políticos en Irak. Su mensaje ha sido traslado por sus acólitos sionistas presentes en las administraciones Bush y Obama, ordenando el desmembramiento de toda la burocracia estatal y civil moderna Irakíy utilizando los premodernos escuadrones de la muerte tribales compuestos de extremistas chiíes y kurdos para purgar las modernas universidades e instituciones de investigación de esa masacrada nación.

La conquista imperial estadounidense de Irak se construye a partir de la destrucción de una república laica moderna. El desierto cultural que queda (un “páramo” empapado de la sangre de los preciados sabios Irakuíes) es controlado por mega-estafadores, chorizos y mercenarios que se hacen pasar por “autoridades Irakuíes”, analfabetos culturales étnicos y tribales y personajes religiosos medievales que actúan bajo la guía y dirección de los graduados de West Point que llevan los “planos del imperio” formulados por los licenciados de Princeton, Harvard, Johns Hopkins, Yale y Chicago, ansiosos de servir a los intereses de las corporaciones multinacionales europeas y estadounidenses.

Eso se denomina “desarrollo desigual y combinado”: El matrimonio de los mullahs fundamentalistas con los sionistas de la Ivy League [*] al servicio de los Estados Unidos.

[*] Ivy League: el grupo de ocho universidades más prestigiosas de EEUU.
Texto original en inglés: http://petras.lahaine.org/articulo.php?p=1786