21/8/09

Radicalmente Rosa


Rosa Luxemburgo habla a los trabajadores alemanes

Esther Andrade | La Jornada

 

Rosa Luxemburgo, la más democrática de las revolucionarias, antimilitarista y feminista, censurada por los comunistas por sus críticas a Lenin, criticada por los socialistas por su radicalismo, enarbolada tanto por el régimen como por opositores en la antigua República Democrática Alemana (RDA): su pensamiento ha logrado sobrevivir a su muerte. “La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensan diferente”, su frase emblemática escrita desde la cárcel en junio de 1916, sigue siendo tan actual como polémica. Noventa años después de su asesinato, la figura de Rosa Luxemburgo es un icono que se resiste a ser estampado en una camiseta. ¿Quién fue esta mujer cuya sola evocación convoca multitudes y provoca discusiones?

En la noche del 15 de enero de 1919, un grupo de soldados de la tropa de asalto arresta en Berlín a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, dirigentes del recientemente fundado Partido Comunista alemán. Ella, menuda y pequeña, no mide más de un metro y medio de estatura, tiene el pelo gris, está demacrada. Un defecto congénito en una pierna la discapacitó físicamente para toda su vida. Cojea. Pero los jóvenes militares en vez de llevar a los detenidos a la cárcel, los trasladan al Hotel Edén, en las cercanías del Jardín Zoológico y del Parque Tiergarten, y luego de torturarlos y golpearlos hasta la inconciencia, los arrastran moribundos, los cargan en un automóvil y les descerrajan un tiro a quemarropa. Poco después la mujer es arrojada a las aguas del Landwehrkanal, posiblemente todavía con vida. A Karl Liebknecht lo tiran al Neuen See, unos cien metros más allá. Un zapato de Rosa queda en el camino como símbolo de esa barbarie.

Es probable que aquel enero de 1919 haya sido tan frío como este invierno, y que las aguas del Landwehrkanal y el Neuen See tuviesen una capa de hielo en su superficie; entonces al solo choque de los cuerpos se habrá astillado en mil pedazos como un cristal. Cuando los restos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron recuperados varios meses más tarde, en mayo de 1919, una multitud los acompañó hasta su sepultura y nació un culto. Cada año, el segundo domingo de enero, tanto en el este como en el oeste de Berlín, se suceden homenajes, rituales, disputas. Se reeditan sus libros, se reescribe su biografía y su vida inspira obras de teatro y películas. Rosa Luxemburgo se mantiene indeleble al paso del tiempo. Es más, se radicaliza con los años.

¿Quién fue verdaderamente Rosa Luxemburgo? Dietmar Dath, alemán nacido en 1970, y el más joven de sus biógrafos, cuyo libro se publica en esta primavera europea, replica:

Rosa Luxemburgo no era de ninguna manera ese cliché de ángel pacifista con que la identifica cierta izquierda. Era capaz de burlarse increíblemente de sus adversarios, poniéndolos en ridículo con su réplica atroz, una inteligencia verbal superior, un sentido del humor y una ironía a toda prueba. ¡Cómo se extraña esa capacidad en las discusiones actuales! Era una convencida de que el trabajo intelectual debía relacionar la teoría con la práctica. Para ella no existía ninguna doctrina inamovible, sino un maravilloso equilibrio entre lo que ocurría en la calle, aquello que movilizaba a la gente, y un programa político a largo plazo. Y su lengua era temible.

Por eso, para sus simpatizantes era la “divina”, mientras sus opositores la odiaban por la misma razón. En su último artículo, casi un testamento, los desafiaba. “El orden reina en Berlín...pobres imbéciles. El orden de ustedes está construido sobre la arena. Mañana la revolución volverá a levantarse y tronará con sus trompetas: yo fui, soy y seré.”

Rosa Luxemburgo nació el 5 de marzo de 1871 en el seno de la familia de un comerciante maderero judío en un pequeño poblado de Polonia. Creció en Varsovia, y apenas egresada del colegio secundario a sus dieciocho años, sus inclinaciones izquierdistas amenazaban con llevarla a la cárcel. Entonces emigró a Suiza donde estudió economía y derecho. En 1893 participó en la fundación del Partido Socialista polaco y se vio implicada en una insurrección contra la ocupación soviética (sic). Fue arrestada y condenada a ocho meses de prisión. Se casó por primera vez con un socialista alemán para acceder a la nacionalidad, y en 1898 llegó a Berlín, donde escribió: “Aquí los prusianos caminan por la calle como si se hubieran tragado su bastón.”

En 1914 se opuso a la participación de Alemania en la primera guerra, pero el Partido Socialista –al que pertenecía– votó en el parlamento a favor de la intervención armada. Poco después abandonó las filas partidarias junto a Karl Liebknecht, Clara Zetkin y otros disidentes.

Justo a la salida de la estación del Metro, en un costado de la espléndida y flamante Potsdamer Platz de Berlín, un cubo de cemento de unos dos metros de altura y oscurecido por los años rememora el lugar donde Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo –infructuosamente– llamaron al pueblo alemán a negarse a participar en la guerra. Es la base de un monumento que la ex rda alguna vez prometió levantar y nunca cumplió.

Poco después Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fundaron el grupo Espartaco, en memoria del esclavo y gladiador tracio que supo poner en jaque a Roma entre los años 71 y 73 aC. Rosa fue nuevamente arrestada por sus arengas antimilitaristas y antibelicistas, y condenada a prisión, esta vez por dos años y medio, desde julio de 1916 hasta noviembre de 1918. Entretanto, como era usual entonces, en ese mundo sin teléfonos ni computadoras, las cosas se revelaban y agitaban por correspondencia.

Cartas sacadas clandestinamente desde la cárcel por su fiel amiga y secretaria Mathilde Jacob. Cartas donde Rosa criticaba el autoritarismo del camarada Lenin, al mismo tiempo que pedía a Mathilde el cuidado de sus plantas, discurría sobre música y poesía, o enviaba mensajes cifrados a Leo Jogiches, su compañero y segundo esposo. También llevaba un calendario, el registro de sus días y noches de cautiverio, el primer mirlo anunciando la primavera, el último cuervo del invierno, los sonidos del afuera, la luz, la oscuridad, la nieve, la lluvia o el rayo de sol. Y el deterioro de su salud. Sus cartas desde la cárcel son literatura, documento histórico y novela de suspenso a la vez.

A esa época pertenecen también aquellos artículos que escribió bajo el seudónimo de Junius, publicados ilegalmente. Entre ellos, el titulado “La Revolución Rusa”, de junio de 1916, donde Rosa Luxemburgo la criticaba ampliamente, y con lúcida anticipación advertía del peligro de que se desarrollase una dictadura según el criterio bolchevique. La desautorización de Lenin no se hizo esperar: la trató de “águila con vuelo de gallina”.

En octubre de 1917 triunfó la revolución en Rusia y los bolcheviques tomaron el poder. La guerra en Europa se acercaba a su fin y Alemania estaba al borde de la bancarrota. El 9 de noviembre de 1918 estalló la revolución en Berlín, el miedo tomó cuerpo, renunció el canciller imperial, el emperador Guillermo II abdicó y nació la República de Weimar con el socialista Friedrich Ebert a la cabeza. El 31 de diciembre de 1918, la agrupación Espartaco se transformó en el Partido Comunista alemán, dispuesto a instaurar el socialismo en el país tan pronto como fuera posible. Pero la insurrección fracasó y sus dirigentes, comenzando por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fueron asesinados.

Nunca se llegó a aclarar el hecho en su totalidad, y Waldemar Pabst, el entonces joven oficial de guardia de caballería prusiana, quien dio la orden de arresto, murió en su cama a los noventa años en Düsseldorf, después de haber ejercido con éxito el comercio de armas, haber colaborado con el régimen nazi y sin haber sido acusado jamás por el destino de Rosa y los revolucionarios de 1919.

Rosa Luxemburgo es la desconocida más conocida de Alemania, se dice. No hay prácticamente nadie en este país que no haya oído su nombre por lo menos una vez. Y aunque pocos conocen a fondo su pensamiento, su asesinato la convirtió en figura emblemática a uno y otro lado de la ideología, en manos de notables y gente de a pie. Su famosa frase “La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensan diferente”, fue emblema de los opositores en la ex RDA para diferenciarse de los panegíricos con que la cúpula del régimen momificaba a Rosa Luxemburgo.

Y cada año, clavel rojo en mano, miles y miles se movilizan en torno a su monumento, en el cementerio socialista de lo que era el sector oriental de la ciudad. En este XC aniversario sumaron ochenta mil. Llegaron de todas partes a venerarla, cual virgen socialista. Su tenaz oposición a la guerra y su lucha por la justicia social siguen teniendo un carácter ejemplar.

Su legado no ha tenido, sin embargo, un devenir apacible, ni siquiera entre sus propias filas. Lenin trató de suavizar la disputa donde la define como gallina; Stalin la acusó de centrista, y seguramente, si no la hubieran matado en 1919, él se habría encargado de hacerlo más tarde.

Trotsky la reivindicó como inspiradora de la revolución permanente, y aún hoy, cuando los dirigentes de La Izquierda , el partido más joven de la Alemania unificada, fundado en 2007, quieren deslizar una irónica crítica a la diputada Sahra Wagenknecht, de gran capacidad de réplica y oratoria, murmuran: “Sólo le falta cojear para ser como Rosa.”

La radicalidad del pensamiento de Rosa Luxemburgo resiste a la inmovilidad del mármol, atributo de los héroes. El primer monumento que se destinó a su memoria fue diseñado nada menos que por Mies van der Rohe en 1926, y por encargo de la socialdemocracia gobernante, es decir, por quienes indirectamente eran acusados de no haber impedido su asesinato.

Van der Rohe, identificado con el movimiento Bauhaus y lejano a contiendas políticas, declaró que para él se trataba de un homenaje artístico a las víctimas. En 1933 los nazis se encargaron de hacer tabula rasa, destruyendo el mausoleo y reuniendo a comunistas y socialistas en los mismos campos de exterminio.

Una barra de hierro, mitad sumergida en el agua, mitad erguida en el aire, talla el nombre de Rosa Luxemburgo en el monumento a su memoria en el Parque Tiergarten y a orillas del Landwehrkanal, en el lugar donde su cuerpo fuera arrojado a las aguas. Algo más allá, en la ribera del Neuen See, una escultura que semeja una columna en construcción, recuerda a Karl Liebknecht. Ambos monumentos fueron erigidos en 1987 en lo que entonces era el sector occidental de la ciudad y –vale decirlo– durante el gobierno de la democracia cristiana.

El nuevo monumento para Rosa en pleno centro de Berlín, una estatua de bronce de tamaño natural, concebida por el escultor Rolf Biebl, fue instalado en 1999 cerca de la plaza que lleva su nombre y de la Casa Karl Liebknecht, sede del Partido Comunista desde 1926. Pero esto generó más de una bronca entre las corrientes políticas de la izquierda y fue desterrado de allí por varios años. Recién hace unas semanas ha sido restituido a su lugar de origen.

En 1986 la cineasta Margaret von Trotta filmó la historia de Rosa Luxemburgo con Bárbara Sukowa en el papel de Rosa, y Otto Sanders como Karl Liebknecht, y recientemente el elenco teatral Grips puso en escena el musical Rosa, con proletarios en vestidos de tweed bajo el leitmotiv “Soy un ser humano, no soy un símbolo.”

Al tradicional Congreso, que se organiza cada año en su memoria, asistieron esta vez alrededor de dos mil participantes; gente joven, estudiantes y mujeres que cultivan el look Rosa, con melenas recogidas en rodetes, faldas y botines de corto tacón ajustados al tobillo.

Voces de miradas diferentes reunidas en torno al pensamiento dinámico de esta radical contemporánea, convencida tanto del valor de la espontaneidad como de la organización de la multitud, amante apasionada, intolerable para todo dogma y ortodoxia. Imposible de resumir en un logo.

El marxismo a examen


Iñaki Gil de San Vicente  / Rebelion

 

Hace poco, una noticia de prensa decía que las ventas del Manifiesto Comunista se han multiplicado un 900% desde el comienzo de la actual crisis del capitalismo. Desde hace meses leemos comentarios sobre la “venganza de Marx”, “vuelta de Marx”, “resurrección del marxismo”, etc., a raíz del desplome económico mundial hacia una crisis de acumulación que será, si se profundiza, cualitativamente superior a las anteriores crisis sistémicas. Dejando de lado el componente sensacionalista de algunas de esas afirmaciones, también el hecho de que otras provienen de quienes hasta hace poco daban fe del “fracaso del marxismo”, lo cierto es que para comprender qué está sucediendo en el mundo hay que recurrir al método marxista. No hay otra alternativa. Pero esto es sólo una parte del problema, y la menos importante porque la otra, la decisiva, es saber cómo impedir que la humanidad trabajadora pague los costos de la hecatombe, cómo lograr que el imperialismo no salga feliz, sonriente e impune, de la catástrofe que únicamente él está generando.

No basta con decir que “Marx tenía razón”, que pese a que no se han cumplido algunas de sus “profecías”, su tesis básica sobre la irracionalidad del capitalismo vuelve a demostrarse cierta. Estas y otras frases tópicas, repetidas mecánicamente, además de carecer de rigor no llegan a la raíz del problema que no es otro que, en estos momentos, el hecho de que el marxismo de nuevo se enfrenta a un examen especial. Por cuanto que es la praxis de la revolución comunista, el marxismo está sometido a examen en todo momento, de forma permanente, sin respiro ni tregua. No puede ser de otro modo, y es bueno e inevitable que sea así. Se trata del dictado de lo que Lenin definió como “el criterio de la práctica”, que consiste en que, al final, es la materialidad de los hechos históricos la que decide sobre la corrección teórica. Y aunque los hechos históricos son interpretados de formas opuestas dependiendo de las subjetividades e intereses socialmente antagónicos, no es menos cierto que, al final, lo material e inmaterial termina girando alrededor de algo tan inhumano como es la explotación de la fuerza de trabajo en cualquiera de sus formas por una minoría propietaria de las fuerzas productivas.

Esta visión científico-crítica de la historia, es decir, la objetividad de la explotación, opresión y dominación al margen de la capacidad de comprenderlo que tengan de los sujetos que las sufren, es la que otorga al marxismo su originalidad y superioridad cualitativa con respecto a la ideología burguesa. Sin embargo, constatarlo no deja de ser un consuelo vano si no se avanza un paso más, el de saber que al contrario de la ideología burguesa, de la sociología por ejemplo, la teoría marxista está sujeta a varios tipos de exámenes según la gravedad de los problemas que quiere transformar. Por ejemplo, nadie niega la existencia de crisis menores, parciales, de corta duración, meramente industriales, o financieras, o de consumo, aunque se les denomina de otra forma para no concederle a Marx ningún atisbo de razón. Por ejemplo, para escabullirse de la teoría del plusvalor y de la plusvalía, el burgués divaga sobre el “valor añadido”, y para huir de la ley tendencial de la caída de la tasa media de beneficio, habla de “caída de la rentabilidad”, “recesión” y hasta “depresión”; y para no citar la ley de concentración y centralización de capitales, farfulla sobre “deslocalización y fusiones empresariales”, y así en todo. Exámenes puntuales de este tipo los superó el marxismo desde su origen, y tenemos la demostración en las vergüenzas sonrojadas de los keynesianos sinceros.

La fuerza del marxismo radica en los exámenes prácticos decisivos, en impedir que la burguesía haga de la crisis una autodepuración, una expurgación del capitalismo que abra otra fase expansiva a costa de represiones y crímenes sin par y de enormes destrucciones de fuerzas productivas. La burguesía lo ha logrado otras veces destrozando sin piedad a las clases y pueblos trabajadores con el terrorismo contrarrevolucionario, fascista y militarista. Aun así, aprendiendo de estas derrotas, el marxismo ha demostrado en menos de dos siglos una muy superior capacidad resolutiva comparada con lo poco que ha demostrado la burguesía tras más de cuatro siglos. Lo que ahora está en juego no es tanto una confirmación teórico-abstracta del marxismo, sino la demostración de que las izquierdas podemos orientar el creciente malestar popular hacia el socialismo, avanzar en el debilitamiento estructural de la dictadura del salario y de la mercancía, en el aumento del contrapoder popular hasta llegar a situaciones de poder obrero capaces de detener el avance del caos y reorientar la historia hacia la emancipación humana. El capitalismo actual es un volcán, un polvorín con más fuerzas destructivas que nunca antes, con sus contradicciones estructurales tensionadas hasta grados inimaginables hace un siglo y medio, cuando se escribió ese Manifiesto Comunista que ahora se estudia con avidez casi desesperada. El examen consiste en impedir que este monstruo irracional siga lanzado hacia el caos generalizado. No será nunca el “examen final”, a no ser que estalle un holocausto nuclear, sí puede certificar el paso de la humanidad de una fase a otra de su historia.

Para las naciones oprimidas, esta visión aporta una base teórica y práctica imprescindible ya que recalca el papel del pueblo trabajador y de la independencia nacional organizada en Estado. Una característica del marxismo es la dialéctica entre conciencia revolucionaria e independencia política de las clases explotadas, es decir, la reafirmación del poder colectivo como único garante de la socialización de las fuerzas productivas. Toda la experiencia histórica acumulada hasta ahora, es decir, el “criterio de la práctica”, enseña que la opresión nacional es uno de los métodos más efectivos de enriquecimiento de la burguesía, en primer lugar de la invasora y ocupante, y luego de la autóctona y colaboracionista. Ninguna de las dos está dispuesta, por tanto, a reducir sus beneficios cediendo a las justas demandas populares, y ambas se aferran al Estado ocupante, muy especialmente en los contextos de crisis como el actual. Frente a esta realidad, los pueblos oprimidos no tienen, no tenemos, otra opción que avanzar en nuestra independencia nacional, en la creación de un Estado propio que nos sirva, entre otras cosas, para establecer alianzas internacionalistas con otros pueblos soberanos, para decidir nuestro futuro en base a criterios humanos y sociales, que no mercantiles y egoístas. La actual crisis está confirmando la tendencia a la autoorganización de los pueblos en sí mismos y entre ellos, y en contra del imperialismo pese a su extrema ferocidad criminal. ¿Aprobaremos el examen? De cualquier modo, intentaremos tomar el cielo por asalto, una y otra vez, hasta lograrlo.

La revolución alemana: cómo una insurrección obrera puso fin a la Primera Guerra Mundial


Entierro de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht

Volkhard Mosler / Socialist Worker

 

Es un lugar común afirmar que la revolución de noviembre de 1918 en Alemania fracasó. Pero tuvo éxito en poner fin a la Primera Guerra Mundial, el mayor y más sangriento conflicto de la historia de la humanidad hasta aquel entonces. También consiguió algunas reformas importantes que el movimiento de la clase obrera no logró conseguir en más de medio siglo de lucha. Estas reformas incluyeron: el sufragio universal, la jornada laboral y una legislación para la negociación colectiva.

El levantamiento de noviembre de 1918 empezó con un motín de soldados de los navíos de guerra de Kiel y Wilhelmshafen, al norte de Alemania. Se había ordenado el traslado de unos 80.000 marineros a Skageragg para una “maniobra”, pero éstos creyeron que en realidad se les enviaba a una batalla en el momento mismo que el nuevo gobierno había aceptado iniciar las negociaciones de paz.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, la inmensa mayoría de la gente común se creyó las mentiras de sus respectivos gobiernos, a saber: que la guerra se libraba en su interés y que la victoria traería una vida mejor para todos. Pero en este momento la rabia contra la guerra había conducido al desencanto hacia la política institucional. El Partido Socialdemócrata Alemán, el SPD, apoyó la guerra, haciendo que la resistencia quedase confinada a un pequeño número de socialistas revolucionarios reunidos alrededor de las figuras de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, único miembro del Reichstag que se declaró en contra de la guerra. La antigua creencia en los beneficios de la guerra se tornó en desesperación. Para los soldados, esta desesperación se convirtió en odio hacia sus oficiales a medida que millones de soldados alemanes morían y eran mutilados en los campos de batalla.

En agosto de 1917 el primer motín en la marina fue aplastado y sus líderes, arrestados. Dos de ellos fueron ejecutados. Pero sólo un año después los soldados demostraron que habían aprendido la lección de aquella derrota. Tras el levantamiento de los soldados, los oficiales se apresaron a arrestar a 300 insurgentes. En respuesta, los socialistas de izquierda que había entre los soldados abandonaron sus puestos para reunirse con los obreros del puerto. Escogieron a sus delegados y anunciaron una manifestación unitaria en noviembre.

Esta manifestación se convirtió en una demostración de fuerza de las masas: cerca de 10.000 soldados armados y obreros desfilaron por las calles de Kiel reclamando la liberación de sus camaradas. Un grupo de oficiales disparó contra ellos, asesinando a las mujeres y niños que encabezaban la marcha. Los soldados devolvieron los disparos, acabando con la vida del oficial que había ordenado fuego. Y aquí se cruzó el punto a partir del cual no hay retorno. La manifestación se convirtió en un levantamiento. Las prisiones fueron asaltadas y se liberaron a los 300 soldados.

Al día siguiente los soldados eligieron a sus delegados en asambleas masivas y formaron un consejo de soldados para tomar y coordinar las decisiones con las que dirigir las naves de acuerdo con sus intereses. Esa misma tarde el consejo de soldados reunió y puso bajo su mando a cerca de 40.000 marineros armados.

El 5 de noviembre una huelga general sacudió los muelles y las fábricas de Kiel. Se izó la bandera roja en los barcos y en el puerto. Sólo el navío "König" (el “Rey”) se mantuvo al mando de sus oficiales. Pero en una breve escaramuza su primer oficial recibió un disparo y la situación se giró a favor de los insurrectos. En dos días el levantamiento en Kiel fue seguido por motines con éxito en todos los grandes puertos, incluyendo Hamburgo, Wilhelmshafen, Cuxhafen y Rostock. La insurrección se fue extendiendo por todo el país, y para el 9 de noviembre ya había alcanzado la capital, Berlín. Los marineros estaban a su cabeza y en todos los sitios los obreros respaldaron su lucha. Fue un levantamiento espontáneo, pero las ideas que había detrás habían sido avanzadas por Karl Liebknecht y el grupo en torno a su persona.

El 1 de mayo de 1916 Karl Liebknecht y la Liga Espartaco habían organizado la primera manifestación de masas en contra de la guerra en Berlín. Fue arrestado, a pesar de la inmunidad que tenía como parlamentario. Sólo fue capaz de gritar “¡Abajo la guerra!” antes de ser arrestado y encarcelado hasta el fin de la contienda. En mayo de 1915 Liebknecht escribió un panfleto que fue ampliamente distribuido de manera ilegal en las fábricas y entre los soldados. Decía que “en este momento nuestra tarea es la lucha proletaria internacional. El enemigo principal de cada pueblo se encuentra en su propio país. El principal enemigo del pueblo alemán es el imperialismo alemán.”

El internacionalismo y la lucha de clases son armas esenciales en la lucha contra el imperialismo. Las lecciones del levantamiento de 1918 contra la sangrienta maquinaria de guerra siguen siendo válidas hoy.

Textos fundamentales sobre marxismo


Queremos facilitar una guía de lectura de materiales teóricos marxistas para todos los jóvenes y trabajadores. Los temas reseñados engloban una parte destacada de la producción teórica del socialismo científico aunque, obviamente, la lista de libros y documentos es muy abundante. En los próximos meses los iremos ampliando con nuevas categorías y materiales.

Para facilitar la selección, hemos agrupado los textos por secciones, las que se muestran a conti9nuación.

Materialismo Dialéctico

El Anti-Dühring (primera parte. Filosofía). Federico Engels

Ludwig Feuerbach y el fin de la Filosofía Clásica Alemana. Marx y Engels.

Introducción a la dialéctica de la naturaleza. Federico Engels.

Tesis sobre Feuerbach. Federico Engels

Feuerbach, oposición entre las concepciones materialista e idealista. Capítulo 1º de la Ideología Alemana. Federico Engels

Materialismo y Empirocriticismo. V. I. Lenin.

En defensa del marxismo. León Trotsky.

Razón y revolución. Alan Woods y Ted Grant.

¿Qué es el materialismo dialéctico? Cuadernos de Formación Marxista Nº 1. Edición FFE

El materialismo dialéctico y la ciencia. Marxismo Hoy Nº 15, Fundación Federico Engels.

Materialismo Histórico

El Manifiesto Comunista. Marx y Engels

Introducción a El Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Alan Woods

La ideología alemana. Marx y Engels

El origen de la Familia, la propiedad privada y el estado. Federico Engels

Del socialismo utópico al socialismo científico. Federico Engels

El Anti-Dühring (tercera parte. Socialismo). Federico Engels

El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Federico Engels

El papel de la violencia en la historia. Federico Engels

El materialismo histórico. Plejanov

La concepción materialista de la historia. Plejanov

El papel del individuo en la historia. Plejanov

Cuestiones fundamentales del marxismo, Plejanov

A 90 años de El Manifiesto Comunista, León Trotsky

Economía Política Marxista

El Capital. Carlos Marx

Teorías sobre la plusvalía. Carlos Marx

Contribución a la crítica de la economía política. Carlos Marx

El Anti-Dühring (segunda parte. Economía política). Federico Engels

Miseria de la Filosofía. Carlos Marx

Trabajo asalariado y Capital. Carlos Marx

Salario precio y ganancia. Carlos Marx

El pensamiento vivo de Marx. León Trotsky

El marxismo y la teoría de ‘ondas largas'. Alan Woods

La curva de desarrollo capitalista. León Trotsky

Teoría Marxista del Estado

El Estado y la revolución. V.I. Lenin

Introducción a El Estado y la revolución de Lenin. Ted Grant

La Guerra Civil en Francia. Carlos Marx

El 18 brumario de Luis Bonaparte. Carlos Marx

La lucha de clases en Francia. Carlos Marx

La lucha contra el Fascismo. León Trotsky

Democracia o bonapartismo en Europa. Respuesta a Pierre Frank. Ted Grant

La amenaza del fascismo, que es y como combatirlo. Ted Grant

Anarquismo y Comunismo. E. Preobrazenski

Contra el reformismo y el revisionismo

Crítica Programa Ghota/Crítica Programa Erfurt. Marx y Engels

Reforma o Revolución. Rosa Luxemburgo

La dictadura del proletariado y el renegado Kautsky. Lenin

Terrorismo y Comunismo. León Trotsky

Huelga de masas, partido y sindicato. Rosa Luxemburgo

Construcción del Partido. Táctica revolucionaria

La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo. V.I. Lenin

Prólogo a La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo de Lenin. Alan Woods

¿Qué hacer? V. I. Lenin

El programa de transición. León Trotsky

Clase, partido y dirección. León Trotsky

Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista

El ABC del comunismo. Bujarin/Preobrazenaki

Bolchevismo, el camino a al revolución. Alan Woods

Historia del trotskismo americano. J.P. Cannon

El imperialismo

El imperialismo fase superior del capitalismo. V. I. Lenin

La crisis de la socialdemocracia. Rosa Luxemburgo

La teoría marxista de la revolución

Revolución y contrarrevolución en Alemania. Federico Engels

Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas. Marx y Engels

Las Tesis de Abril. V.I. Lenin

1905. Resultados y perspectivas. León Trotsky

La revolución permanente. León Trotsky

Prólogo a La revolución permanente de León Trotsky. Alan Woods

La Internacional comunista después de Lenin. León Trotsky

¿A dónde va Francia? León Trotsky

Historia de la revolución rusa

Las Tesis de abril. V.I. Lenin

Los bolcheviques deben tomar el poder. V.I.Lenin

El marxismo y la insurrección. V.I. Lenin

Consejos de un ausente. V. I. Lenin

Historia de la Revolución Rusa. (Tomo I) León Trotsky

Historia de la Revolución Rusa (Tomo II) León Trotsky

Lecciones de Octubre. León Trotsky

El triunfo del bolchevismo. León Trotsky

Bolchevismo, el camino a al revolución. Alan Woods

En defensa de la revolución de Octubre, VVAA

Stalinismo

La revolución Traicionada. León Trotsky

La revolución desfigurada. León Trotsky

En defensa del marxismo. León Trotsky

Stalin. León Trotsky

Una historia gráfica del bolchevismo. León Trotsky

Rusia de la revolución a la contrarrevolución. Ted Grant

Contra la teoría del capitalismo de Estado. Ted Grant

El estalinismo en el mundo de posguerra. Ted Grant

Lenin y Trosky qué defendieron realmente. Alan Woods y Ted Grant

Estado Obrero, Thermidor y Bonapartismo. León Trotsky (Marxismo Hoy Nº 8)

León Trotsky, su pensamiento más vigente que nunca (Marxismo Hoy Nº 8)

Marxismo y guerra

El programa militar de la revolución proletaria V.I. Lenin

Pacifismo burgués y pacifismo socialista, V. I. Lenin

El voto contra los créditos de guerra. Karl Liebknecht

El enemigo principal está en casa. Karl Liebknecht

A los trabajadores y soldados de los países aliados. Karl Liebknecht

La internacional y la guerra. León Trotsky

Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial. León Trotsky

60º Aniversario del Día D -La verdad sobre la Segunda Guerra Mundial. Alan Woods (Marxismo Hoy Nº 14)

El marxismo y la cuestión nacional

El derecho de las naciones a la autodeterminación. V.I. Lenin

El marxismo y la cuestión nacional. Ted Grant y Alan Woods

Euskal Herria y el socialismo. Eloy Val del Olmo

La dialéctica de la revolución

Escritos sobre la revolución española. León Trotsky

Textos sobre la revolución española. VVAA (Marxismo Hoy Nº 3)

La Comuna Asturiana de 1934, La insurrección proletaria y la República. Juan Ignacio Ramos (Marxismo Hoy Nº 13)

La revolución Bolivariana. Alan Woods

Lecciones de Chile. Alan Woods (Marxismo Hoy Nº 5)

La revolución portuguesa. Rui Faustino (Marxismo Hoy Nº 12)

La Transición ¿Qué ocurrió realmente? David Rey (Marxismo Hoy Nº 9)

Revolución proletaria y guerra campesina en China (1925-1949). Bárbara Areal (Marxismo Hoy Nº 16)

Antonio Gramsci y la revolución italiana. Claudio Villa (Marxismo Hoy Nº 11)

Sindicalismo marxista

Acerca de los sindicatos. León Trotsky