2/8/09

Rosa Luxemburgo: Democracia Socialista


No se puede arrojar contra los obreros insulto más grosero ni calumnia más indigna que la frase “las polémicas teóricas son sólo para los académicos”: Rosa Luxemburgo: “Reforma o revolución

Hildemary Vizcaya (Venezuela) Entre calas

Javier Biardeau

¿Es el proyecto socialista la mayor ampliación de la hegemonía democrática, o es la liquidación de toda democracia, en manos de una hegemonía autoritaria y burocrática? Esta pregunta encierra una polémica teórica con profundas consecuencias en la praxis política de cualquier proceso revolucionario. Los doctrinarismos llevan agua al molino de la disciplina compulsiva y de los estereotipos negativos, al descalificar a quienes osen con problematizar, preguntar y cuestionar sobre aspectos del proceso de transformación. Olvidan aquella frase del cubano Jorge Fraga en su polémica de 1963 contra la ortodoxia en el terreno de las formas ideológicas y expresiones culturales: “El «culto a la personalidad» no es otra cosa que la fase superior del sectarismo”. Una cosa es el apoyo crítico al liderazgo político (si es amplio, crítico-dialógico y colectivo, mejor), otra el fanatismo y el establecimiento del culto a la infalibilidad del liderazgo político, mucho más si se concentra en un sola persona. Tal vez omite esta “fase superior del sectarismo”, que todas las expresiones del marxismo crítico destacaron la impugnación al personalismo, al bonapartismo y a cualquier culto del “principio del líder”, de cuño populista, despótico y fascistoide. 

Lo hemos planteado reiteradamente: la exaltación ideológica de cualquier mito cesarista es un componente central de una tendencia de pensamiento reaccionario. El estalinismo puede transfigurarse en cualquier figura de “grandes timoneles” y “padres providenciales”, reposando en el desconocimiento de una teoría crítica de la subjetividad social, reforzando la profunda debilidad de un proceso revolucionario que no se sustente en el protagonismo popular, organizado, movilizado y con conciencia crítica del proyecto de emancipación social, articulado a centros de dirección política y liderazgo ético-cultural, incluso encarnado en rostros visibles, pero no a “personajes totémicos”, que se proyectan “más allá de lo humano y lo divino”. No hacemos concesiones a la adulancia, ni a la sumisión ni a los promotores de un mito reaccionario. Una revolución socialista es un inédito acto de liberación del cuerpo y la palabra, de la subjetividad y de la intersubjetividad histórica, de multitudes en movimiento. Es la más profunda subversión de las cadenas de la dominación, la represión y la opresión social, sedimentadas en la memoria de los cuerpos. “La vida socialista exige una completa transformación espiritual de las masas degradadas por siglos de dominio de la clase burguesa. 

Los instintos sociales en lugar de los egoístas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento.” Que todo esto encalle en formas de estadolatría o en cultos a la personalidad, constituyen tragedias no ausentes de la experiencia histórica. De allí la importancia del pensamiento crítico de Rosa Luxemburgo como aporte para animar una cultura socialista democrática. Sin una amplia democracia socialista, como base de la vida política creciente de las masas trabajadoras, sólo resta la consolidación de una burocracia estatal. Esa democracia socialista no es algo que comienza después de construidas las bases de la economía socialista, sino que se desarrolla simultáneamente en la construcción del socialismo. Decía Luxemburgo: “[...] la democracia socialista no es algo que recién comienza en la tierra prometida después de creados los fundamentos de la economía socialista, no llega como una suerte de regalo de Navidad para los ricos... La democracia socialista comienza simultáneamente con la destrucción del dominio de clase y la construcción del socialismo. 

Comienza en el momento mismo de la toma del poder por el partido socialista. Es lo mismo que la dictadura del proletariado.” Confiaba Luxemburgo en aquel momento, que la “dictadura revolucionaria del proletariado”, como la denominó en una ocasión Marx, no se transformaría en una dictadura sobre el proletariado. Muchas lecciones se han acumulado desde aquel momento. A diferencia de quienes contraponían con simpleza la dictadura del proletariado a la democracia liberal-burguesa (Lenin contra Kautsky, y viceversa), Luxemburgo planteó: “[...] siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa; siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a éstas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder político, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia.” Para Luxemburgo, la democracia es un valor sustancial que no puede comprenderse en el sentido abstracto de la tradición liberal, en el que la universalización de la ciudadanía y el voto bastarían para constituir una entidad política en “democrática”. La crítica de Rosa está configurada como advertencia a los riesgos derivados de una revolución que suprime derechos y libertades, no ya para los restos de la burguesía, sino incluso para los miembros de las clases subalternas que esa revolución encarna: “La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. 

La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial.” ¿Cómo debe desenvolverse, entonces, la vida pública en el socialismo? Elecciones generales, irrestricta libertad de prensa y reunión, libre debate de opiniones... Lo contrario es la muerte de la vida política y la entrega del poder, por omisión, a una burocracia formada por unos pocos dirigentes, con una parte de la clase obrera sometida al rol de “órgano de aclamación”, habilitado únicamente para aprobar por unanimidad las decisiones de los jefes. Para Luxemburgo, se trataría de una dictadura de un grupo de políticos, es decir una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos... Democracia socialista es construcción de una economía socialista junto al gobierno de multitudes, gobierno de mayorías populares, con pleno ejercicio de garantías, libertades políticas y derechos democráticos.

Algunos pareceres de Nietzsche


Jorge Luis Borges   /   La Nación

 

A modo de introducción

Sabemos que el impolítico Borges en su juventud tuvo una deriva anarquista egotista e individualista. Los biógrafos coinciden en una cosa: su padre siempre promovió en el vástago un "anarquismo literario" y que en febrero de 1917 adhirió con entusiasmo y pasión a la caída del Zar y al octubre rojo. Borges que llegaba de Ginebra estaba "ebrio de Whitman, pertrechado de Max Stirner, secuente de Romain Rolland" (cuenta Guillermo De Torre, 1925), sin rubor declaraba mejor poeta alemán de la época al izquierdo-expresionista Johannes Becher, "quien supo rimar la gesta de la guerra y la revolución, compañero de Liebknecht, desde las barricadas de Berlín nos tiende sus poemas" (sic, la revista "Die Aktion" , cuyos poemas tradujo Borges, era totalmente anarquizante) . Borges devoró de la generosa biblioteca familiar la obra de Max Stirner (según Feuerbach, "el escritor más genial y libre que he conocido"), simpatizando con la corriente anarco-sindicalista, que participó ampliamente en la revolución, aunque después su aporte fuera infravalorado. Stirner lo llevó a Schopenhauer y acto seguido a Nietzsche. Quizá el destino de Der Einzige und sein Eigentum ( El Único y su Propiedad ), nos explique algunos comportamientos equívocos o la metamorfosis ideológica del último Borges. Marx escribió un furibundo anti-Stirner en el libro colectivo que redactó con Engels, Die deutsche Ideologie (1845) : en el capítulo "Sankt Max", Stirner, era críticado como parte de la ideologia alemana y como representante del individualismo abstracto de los jóvenes hegelianos que habían abandonado la acción política. A la abstracta antítesis entre "humano" y "único", el joven Marx le contraponía la antítesis concreta e histórica de autonomía y emancipación. No se trata de que "Yo" me desarrolle sino de liberarse de un modo determinado de desarrollo: el de la sociedad clasista. Por lo tanto sólo los individuos que se desarrollan en un plano universal, unidos orgánicamente (organización), ya no los "Únicos" stirnerianos que se "utilizan", se "devoran" o "consuman" mutuamente, pueden aspirar a emanciparse del dominio de las relaciones y la casualidad, al desarrollo de todas las facultades humanas. El problema de descender del mundo de los pensamientos al mundo real, dirá Marx, se convierte así en el problema de descender del lenguaje a la vida. Borges era un stirneriano vergonzante. Como Nietzsche, ocultó la influencia de Stirner por motivos idénticos: habría quedado desacreditado para siempre entre las personas formadas de todo el mundo si hubiera dejado notar algún tipo de simpatía por un burdo y desconsiderado Stirner, que hace alarde de un desnudo egoísmo y anarquismo, un tosco individualismo extremo, que lo hizo un leproso en la historia del pensamiento. Nada hay en su autobiografía, ni en sus hagiógrafos, nada en sus constantes autointerpretaciones de su obra y vida sobre la huella de la obra "más audaz y consecuente desde Hobbes" (Nietzsche). No es casualidad la recepción de Nietzsche en esta revista y en ese momento: el Nietzschéisme era en Francia una potencia cultural y Sur su transfert político-cultural en Argentina. Es el llamado deuxiéme moment français de la divulgación de Nietzsche. Su influencia abarcaba desde la izquierda, Jean Paul Sartre (que intentó escrivir un roman nietzscheano), Henri Lefebvre (y su curioso sincretismo llamado marxo-nietzschéisme) , Albert Camus, pasando por Antonin Artaud, André Breton, Georges Bataille, Michel Leiris, Gaétan Picon, Roger Callois (colaborador de Sur ) hasta el extremo ideológico de la herradura: Drieu La Rochelle (otro habitual articulista en la revista ) , Robert Brasillach, Louis Ferdinand Céline (muchos libros editados bajo el sello editorial de Sur ) y Maurice Blanchot. El escritor y publicista fascista Drieu La Rochelle, amante de la directora y dueña de Sur , Victoria Ocampo, llegó escribir un artículo titulado "Nietzsche contre Marx", luego incluído en un libro seminal del fascismo francés Socialisme fasciste de 1934. Una anécdota: en agosto de 1933 publicó un elogioso comentario sobre la erudición del escritor argentino en la revista Megáfono , en el que declara que Borges vaut le voyage (“Borges vale el viaje”). La Rochelle apoyaría el golpe de 1934 contra la República francesa, se alegraría de la derrota de Francia a manos del IIIº Reich en 1940, colaboraría con la ocupación nazi y el regmien fascista de Petain para terminar su vida mediante el suicidio en 1945. Pues bien en Francia se estaban editando con enorme suceso editorial las obras completas de Nietzsche, oeuvres complètes editadas por Mercure de France, las primeras fuera de la propia Alemania. Y además hay un boom editorial de las obras secundarias de Nietzsche, recopilación de aforismos, selección de cartas o testominios de quienes lo conocieron. Borges no dejó atrás su fascinación por el filósofo del martillo y por sus premisas reaccionarias y conclusiones aristocratizantes. Su primer ensayo se titula "La doctrina de los ciclos", apareció en la revista Sur de mayo de 1936. En ese artículo Borges elogia la teoría de Eterno Retorno, que apuntaba a combatir y aniquilar la idea de progreso de la Ilustración y la Modernidad. En ella ve un gesto heroico "una ética de la felicidad valerosa", aunque señala sus incongruencias, su explicación exotérica y las enormes debilidades lógicas. Borges le pregunta a Nietzsche. "¿Basta la mera sucesión, no verificada por nadie? A falta de un arcángel especial que lleve la cuenta, ¿qué significa el hecho de que atravesamos el ciclo trescientos veintidós con el exponente dos mil? Nada, para la práctica, lo cual no daña al pensador. Nada para la inteligencia, lo cual es grave." Criticando la facilidad de una lectura superficial, débil, afirma que "el optimista flojo suele imaginar que es nietzscheano..." Borges retomará su personal nietzschéisme en este artículo que presentamos, escrito para el diario conservador de Buenos Aires, La Nación , en febrero de 1940. Se trata de una (¿auto?) defensa de Nietzsche contra las naturales deducciones que lo hacían precursor del nacionalsocialismo y contra la pretensión del IIIº Reich de hacerlo su filósofo oficial. Borges esgrima una hermeneútica de la inocencia con argumentos externos y buenos deseos similares a las defensas in extremis de Bataille o Klossowski. Su crítica apunta a la edición de textos de Nietzsche realizada en Alemania por Alfred Baeumler, una de las autoridades máximas sobre Nietzsche durante el IIº Reich , autor de un libro muy importante sobre el pensamiento político de Nietzsche, Nietzsche, der Philosoph und Politiker y amigo de Martin Heidegger. Se trataba de una de las primeras publicaciones de escritos póstumos titulada Die Unschuld des Werdens. Der Nachlass, ausgewählt und geordnet von Alfred Baeumler, editada en Leipzig por Kröner en1931. Utilizando esta colección y un método hermeneútico más que cuestionable, Borges intenta exorcizar a Nietzsche, y a su propio nietzschéisme personal. Volverá una vez más sobre Nietzsche: en octubre de 1994 escribirá un ensayo con el título "El propósito de Zarathustra", en el mismo diario. Nunca más volvera sobre el filólogo-filósofo, salvo para seleccionar un pequeño texto en el Libros de Sueños (1976) y algunas citas importantes en El idioma de los argentinos y en Historia de la Eternidad . Borges seguramente coincidía con Nietzsche en que no había hechos, sólo interpretaciones, en su metafísica del artista-genio, la idea de una identidad repetible (se repiten series jerárquicas, nunca individuos), jamás idéntica y quizá su confuso pathos reaccionario, pesimista y antidialéctico. (Nicolás González Varela)

Algunos pareceres de Nietzsche 

Siempre la gloria es una simplificación y a veces una perversión de la realidad; no hay hombre célebre a quien no lo calumnie un poco su gloria. Para América y para España, Arturo Schopenhauer es primordialmente el autor de El amor, las mujeres y la muerte: rapsodia fabricada con fragmentos sensacionales por un editor levantino. De Friedrich Nietzsche, discípulo rebelde de Schopenhauer, ya observó Bernard Shaw (Major Barbara, Londres, 1905) que era la víctima mundial de la frase «bestia rubia» y que todos atribuían su renombre y limitaban su obra a un evangelio para matones. A pesar de los años transcurridos, la observación de Shaw no ha perdido en validez, si bien hay que admitir que Nietzsche ha consentido y tal vez ha cortejado ese equívoco. En sus años finales aspiró a la dignidad de profeta y sabía que ese ministerio es incompatible con un estilo razonable o explícito. El más famoso (no el mejor) de sus libros es un pastiche judeo-alemán, un prophetic book más artificial y harto menos apasionado que los de Blake. Paralelamente a la composición de su intencionada obra pública, Nietzsche apuntaba en otros cuadernos los razonamientos capaces de justificar esa obra. Esos razonamientos (y toda suerte de meditaciones afines) han sido organizados y editados por Alfred Baeumler y componen dos tomos de cuatrocientas y quinientas páginas cada uno. La obra general se titula -algo torpemente- La inocencia del devenir y ha sido publicada en 1931 por Alfred Kröner. «En los libros publicados», escribe el editor, «Nietzsche habla siempre ante un adversario, siempre con reticencias; en ellos predomina el primer plano, como lo ha declarado el mismo autor. En cambio, su obra inédita (que abarca de 1870 a 1888) registra el fondo de su pensamiento, y por eso no es obra secundaria, sino obra capital».

Este fragmento -el 1072 del primer volumen- es un testimonio patético de su soledad: «¿Qué hago al borronear estas páginas? Velar por mi vejez: registrar para el tiempo, cuando el alma no puede emprender nada nuevo, la historia de sus aventuras y de sus viajes de mar. Lo mismo que me reservo la música para la edad en que esté ciego.»
«Es común identificar a Nietzsche con las intolerancias y agresiones del racismo y elevarlo (o denigrarlo) a precursor de esa pedantería sangrienta; veamos lo que Nietzsche -buen europeo, al fin- pensaba hacia 1880 de tales problemas. «En Francia -anota- el nacionalismo ha pervertido el carácter; en Alemania, el espíritu y el gusto: para soportar una gran derrota -en verdad, una definitiva- hay que ser más joven y más sano que el vencedor».

La reserva final no debe impulsamos a creer que las victorias de 1871 lo regocijaban con exceso. El fragmento 1180 del segundo volumen declara: «Para entusiasmarnos por el principio, Alemania, Alemania encima de todo, o por el imperio alemán, no somos lo bastante estúpidos»; poco antes observa: «Alemania, Alemania encima de todo, es quizá el lema más insensato que se ha propalado jamás. ¿Por qué Alemania -pregunto yo- si no quiere, si no representa, si no significa algo de más valor que lo representado por otras potencias anteriores? En sí, es sólo un gran Estado más, una bobería más en la historia.»

El antisemitismo lo mueve a las siguientes observaciones: «Encontrar un judío es un beneficio sobre todo cuando se vive entre alemanes. Los judíos son un antídoto contra el nacionalismo, esa última enfermedad de la razón europea... En la insegura Europa son quizá la raza más fuerte: superan a todo el occidente de Europa por la duración de su proceso evolutivo. Su organización presupone un devenir más rico, un número mayor de etapas que el de los otros pueblos... Como cualquier otro organismo, una raza sólo puede crecer o perecer: el estancamiento es imposible. Una raza que no ha perecido, es una raza que ha crecido incesantemente. La duración de su existencia indica la altura de su evolución: la raza más antigua debe ser también la más alta. En la Europa contemporánea los judíos han alcanzado la forma suprema de la espiritualidad: la bufonada genial.»

«Con Offenbach, con Enrique Heine, la potencia de la cultura europea ha sido superada: las otras razas no tienen la posibilidad de ser ingeniosas de esa manera... En Europa son los judíos la raza más antigua y más pura. Por eso la belleza de la mujer judía es la más alta.»

Examinado con alguna imparcialidad, el párrafo anterior es muy vulnerable. Su propósito es refutar (o molestar) al nacionalismo alemán; su forma es una afirmación y una hipérbole del nacionalismo judío. Este nacionalismo es el más exorbitante de todos; pues la imposibilidad de invocar un país, un orden, una bandera, le impone un cesarismo intelectual que suele rebasar la verdad. El nazi niega la participación del judío en la cultura de Alemania; el judío, con injusticia igual, finge que la cultura de Alemania es cultura judía. Por lo demás, el pensamiento de Nietzsche debe haber sido más imparcial que sus afirmaciones; sospecha que se dirigía, in mente, a alemanes incrédulos e indignables.

En otro lugar escribe proféticamente: «Los alemanes creen que la fuerza debe manifestarse por el rigor y por la crueldad. Les cuesta creer que puede haber fuerza en la serenidad y en la quietud. Creen que Beethoven es más fuerte que Goethe; en eso se equivocan.»

Este fragmento -el 1168- no carece tal vez de actualidad y aun de futuridad: «Todos los verdaderos germanos emigraron; la Alemania actual es un puesto avanzado de los eslavos y prepara el camino para la rusificación de la Europa.» Inútil agregar que esa doctrina puede congregar escasos prosélitos en la Alemania de hoy. El país está regido por germanistas que preconizan la anexión de ciertos vecinos porque son de raza germánica y de ciertos otros vecinos porque son de raza inferior. Esos peligrosos etnólogos afirman un predominio germánico en Escandinavia, en Inglaterra, en los Países Bajos, en Francia, en Lombardía y en Norteamérica: hipótesis que no les prohíbe atribuir a Alemania la exclusiva representación de esa ubicua raza.

En otro lugar dice Nietzsche: «Bismarck es un eslavo. Basta mirar las caras de los alemanes: emigraron todos los que tenían sangre varonil, generosa; la lamentable población que no se movió, el pueblo de alma servil se mejoró después con alguna adición de sangre extranjera, principalmente eslava. La mejor sangre de Alemania es la sangre aldeana: por ejemplo, Lutero, Niebuhr, Bismarck.»

Movilizar contra Alemania el párrafo que acabo de trasladar sería una ligereza y una injusticia. Una de las capacidades geniales del intelectual alemán -no sé si del francés- es la de no ser accesible a las supersticiones del patriotismo. En trance de ser injusto, prefiere serlo con su propio país. Nietzsche -no nos dejemos desviar por su nombre polaco- era muy alemán. Una de las amonestaciones que hemos leído nos exhorta a no confundir la mera violencia y la fuerza: así no hubiera hablado Zarathustra si hubiera tenido presente esa distinción.

En el fragmento 1139, Nietzsche condena con plenitud la obra de Lutero; en el fragmento 501 escribe, sin embargo: «El hombre hace que un acto sea meritorio, pero es imposible que un acto dé méritos a un hombre.» También es imposible formular con menos palabras la doctrina que opuso Martín Lutero a la doctrina de la salvación por las obras.

En aquel ruidoso y casi perfectamente olvidado volumen -Degeneración- que tan buenos servicios prestó como antología de los escritores que el autor quería denigrar, Max Nordau vio en el carácter fragmentario de las obras de Nietzsche una demostración de su incapacidad para componer. A ese motivo (que no es lícito excluir y que no es importante) podemos agregar otro: la vertiginosa riqueza mental de Nietzsche. Riqueza tanto más sorprendente si recordamos que en su casi totalidad versa sobre aquella materia en que los hombres se han mostrado más pobres y menos inventivos: la ética.

Excepto Samuel Butler, ningún autor del siglo XIX es tan contemporáneo nuestro como Friedrich Nietzsche. Muy poco ha envejecido en su obra, salvo, quizás, esa veneración humanista por la antigüedad clásica que Bernard Shaw fue el primero en vituperar. También cierta lucidez en el corazón mismo de las polémicas, cierta delicadeza de la invectiva, que nuestra época parece haber olvidado.

Fuente: Diario "La Nación", Buenos Aires, 11 de febrero de 1940.

Perú sigue sumido en la extrema pobreza


Wari Zárate [Perú] Sin título

Abel Cruz Gutiérrez   /   ArgenPress


En el Perú del total de niños adolescentes, 1 millón 359 mil trabajan representando el 16,1% de la población de 6 a 17 años. En el mundo mas 1.000 millones de personas viven en la pobreza extrema. En el Perú 7 millones, en extrema pobreza, en el mundo 11 millones de niños mueren al año por enfermedades que se pueden prevenir, en el Perú 3,600.

El Cambio Climático es la amenaza más importante jamás conocido para la biodiversidad en la Tierra, sus recursos naturales, la agricultura el acceso al agua y a los alimentos, la erradicación de la pobreza y la disponibilidad de agua. La humanidad necesita alcanzar un gran acuerdo basado en la equidad, la integridad medioambiental y la apertura a todos los diferentes medios de los que disponemos para alcanzar el objetivo, para detener el calentamiento global y asegurar las capacidades necesarias para resistir los escenarios climáticos más probables en el futuro, nadie puede ignorar que la mayor amenaza que padece la humanidad, es la falta de cobertura de agua y desagüe, a esto tenemos que añadir, la explosión demográfica, con sus secuelas de biodegradación, de enfermedad, hambre, tenemos que añadir, no hay trabajo, mientras los gobernantes, se pasan pensando como administrar la pobreza, o en reuniones de te de tías, como que hasta la fecha se ha visto en nuestra patria llamado Perú, seguiremos sumidos en la extrema pobreza, así indican todas las organizaciones mundiales como(PNUD, OMS, UNICEF) esto fue agravado con, la llegada de la fiebre porcina, y de la crisis financiera mundial, en el Perú según los informes estadísticos mueren aproximadamente 10 personas al día, esta sea, por consumir agua contaminada, por los cambios climáticos (friaje en la sierra) contaminación ambiental, o porque sobreviven en el umbral de la extrema pobreza.

Según los informes, el grado de cumplimiento de los Objetivos del Milenio, por parte de los países comprometidos, no se vienen cumpliendo adecuadamente, en el mundo más de mil millones de niños en extrema pobreza, en el Perú del total de niños adolescentes, 1 millón 359 mil trabajan representando el 16,1% de la población de 6 a 17 años.

En el mundo mas 1.000 millones de personas viven en la pobreza extrema. En el Perú 7 millones, en extrema pobreza, en el mundo 11 millones de niños mueren al año por enfermedades que se pueden prevenir, en el Perú 3,600.

Las estadísticas mundiales, no son ajenas al Perú, medio millón de mujeres fallecen en el parto, casi 1.000 millones de personas no disponen de vivienda digna, en el Perú se vive en asentamientos humanos, en terrenos invadidos, y con traficantes de terrenos, 115 millones de niños están sin escolarizar, en el Perú esta es deficiente mucha demagogia, mientras más de 10.000 especies animales sobreviven amenazadas, en el Perú se vienen destruyendo a velocidades increíbles.

Lejos de que el mundo globalizado se convierta en un mundo más igualitario, las diferencias entre los países ricos y pobres crecen cada día más.

Esto quiere decir que nuestros gobernantes de turno jamás, se han preocupado en resolverlos seriamente, (alguien dijo la pobreza no se resuelve si no se administra, porque los politicastros viven de la demagogia engañándolos) por ello es imprescindibles, acceso a la educación al trabajo, lo más elemental, a los servicios básicos, hay personas que han aceptado su inhumana situación con un fatalismo espantoso, que obedecen y se arrastran y padecen porque no tienen fuerza ni para rebelarse y exigir lo que por naturaleza les corresponde, la situación ha rebasado la esfera de lo social y se ha convertido en inhumana.

Gritos que anunciamos, con marchas, movilizaciones, hace exactamente 4 años atrás, con Informes escalofriantes, aquí tenemos que agradecer a los señores periodistas, quienes nos ayudan para poner en la agenda nacional, de cómo vivíamos las personas en los asentamientos humanos, realmente en condiciones infrahumanas, madres y niños desnutridas, desde la organización hemos tratado de garantizar la salud, nutrición, agua potable y saneamiento para todos, de allí surge este programa “agua para todos” programa que a la fecha esta tratando, de revindicar nuestros derechos, pero no a la velocidad que se requiere para poder mitigar la sed de los asentamientos humanos.

¿Fue realmente Churchill el hombre del Siglo XX?


Foto: Winston Churchill con su inseparable habano "Romeo & Julieta"

El penúltimo capítulo del libro, el Nº 14, “Churchill, Hitler and the Unnecessary War”, de Pat Buchanan, el autor se dedica a evaluar la figura histórica de Churchill, quien fue aclamado como el hombre del siglo XX. Buchanan considera que aunque muy brillante, su conducta fue muy poco juiciosa, y a veces imprudente.

Examinado en detalle, su mayor logro fue conseguir la evacuación de Dunkerque (que la pasividad alemana hizo posible) y resistir el acoso de Alemania hasta la entrada en guerra de los EE. UU.

¿Fue Churchill indispensable en la derrota de Hitler?

Buchanan se pregunta si Churchill fue indispensable en la derrota de Hitler. Para empezar descarta que Hitler tuviera planes para invadir Inglaterra, su pretensión era firmar la paz con Inglaterra para atacar Rusia. Como no lo logró atacó a Rusia, su principal objetivo. Si hubiera acabado con Rusia, la toma de Inglaterra hubiera sido cuestión de preparación y tiempo. Es decir, Churchill pudo resistir porque Rusia aguantó la embestida alemana. El frente occidental estuvo bastante inactivo hasta Normandía, para desesperación de Stalin.

Es decir, Churchill dependía de la entrada de los EE. UU. y de la resistencia de la URSS. No estoy de acuerdo sin embargo con su afirmación según la cual si hubiera firmado la paz con Inglaterra se hubieran evitado cuatro años de guerra, porque Hitler hubiera atacado a Rusia en todo caso.  Sí es cierto que el comunismos podría haber sido eliminado, pero al coste de asentar el nazismo en centro Europa. En todo caso, el coste del nazismo hubiera sido menor que el de la Segunda Guerra Mundial más el del comunismo.

El costo de la victoria

La anterior propuesta es atrevida, ya que va contra la “historia oficial” que dice que el nazismo es el mal absoluto, mientras que el comunismo, mucho más mortífero, siempre ha tenido defensores, al menos parciales. Ese es el problema. Cuando se acusa a algo de mal absoluto, hay que combatirlo a cualquier coste. Pero en un mundo material no hay mal absoluto, ni puede haberlo. Por lo tanto, una historiografía seria, tiene que analizar las alternativas y contar las víctimas.

Desde este punto de vista, la política de Churchill fue un fracaso. Además, Churchill, que había advertido sobre el peligro bolchevique en los más duros términos, tuvo que contemporizar y hacer varias visitas a Stalin, incluso llegó a alabarlo en los más elogiosos términos ante el parlamento británico. Sin embargo, las víctimas de Stalin anteriores a la SGM se estiman entre 17 y 22 millones, mil veces más que las de Hitler hasta aquel entonces.

Churchill llegó a aceptar el Plan Morgenthau, un judío germanófobo, que pretendía quitar a Alemania toda su industria y convertirla en un país agrícola, aun después de calificarlo de “antinatural, anticristiano e innecesario”. Lo aceptó cuando se le advirtió que la ayuda a Inglaterra tras la postguerra dependía de ello. Afortunadamente, el plan -calificado de “salvaje venganza semítica”- fue abandonado tras publicarlo la prensa.  La calificación de venganza semítica se debe a que Morgenthau era judío.

En todo caso, las concesiones a Stalin serían mucho mayores que las hechas a Hitler en Munich. Y hay que tener en cuenta que si no llegó a someter a toda Europa fue porque el ejército norteamericano no se retiró, como estaba previsto. Polonia, en cuya defensa había ido Inglaterra a la guerra, fue traicionada y acabó como una de las mayores perdedoras.

En Yalta, Churchill brindó a la salud de Stalin

“Voy por la vida con más ánimo cuando me encuentro en una relación de íntima amistad con este gran nombre, cuya fama se extiende no solo por toda Rusia, sino también por el mundo”

En Munich no hizo falta decir esas cosas de Hitler. Sin embargo, en marzo de 1946, un año después, daría el famoso discurso del “telón de acero”.

Limpieza étnica y régimen de trabajo esclavo

La URSS se anexionó los tres estados bálticos y el 40% de Polonia. Además, realizó una auténtica limpieza étnica de alemanes: entre 13 y 15 millones tuvieron que abandonar las zonas en las que habían vivido durante siglos para irse a lo que quedó de Alemania. Dos millones de ellos se quedarían en el camino. Ciudadanos de “origen ruso” que habían luchado con los alemanes, como los cosacos, fueron entregados a Stalin, es decir, a la muerte.

El progreso moral de Churchill

En la PGM ordenó acciones contra naciones neutrales, violando las convenciones militares aceptadas. Pero sobre todo aplicó sobre toda Alemania un bloqueo de alimentos que llevó a unos 750.000 civiles a la muerte por hambre y enfermedades relacionadas. No hay precedentes de nada parecido.

En la SGM, Gran Bretaña usó los bombardeos aéreos con el fin principal de matar civiles alemanes. Veinticuatro horas después del ataque de Alemania a Francia (Mayo de 1940), Gran Bretaña envió un comando de aviación nocturno a bombardear Westfalia, alejada del frente. Con ello rompió con la regla fundamental de la guerra civilizada: atacar al enemigo combatiente. La decisión de bombardear masivamente áreas alejadas del combate fue una de las primeras decisiones de Churchill en el gobierno. Churchill alardeó de estos bombardeos a civiles en una de sus reuniones con Stalin.

El artífice de estos bombardeos arrasadores de ciudades fue Frederick Lindemann, al que Churchill llevó a su gabinete de guerra como asesor científico. Sobre los bombardeos:

According to James M. Spaight, the principal Assistant Secretary of the Air Ministry and an author of several books on bombing, the strategic bombing was started by the British, and: “It was a splendid decision. When Churchill began to bomb Germany, he knew that the Germans did not want a bombing war. Their air force, unlike that of the British, was not made for heavy bombs. Churchill went on bombing, even though he knew that reprisals were unavoidable.”

En la cita no se incluye la parte anterior que indica que empezaron los bombardeos el 11 de mayo de 1940.

También se pensó en bombardear con ántrax, para acabar con las vacas. Y se trata del bombardeo de Dresde: Un crimen de lesa humanidad.

Los principios de Churchill

Dada su ferocidad, Buchanan afirma que a Churchill se le puede considerar más pagano o postcristiano que cristiano. Al final de su vida se mostró como un ateo sin esperanza. Atención a esto (p. 400):

“El rápido y antinatural crecimiento de los débiles mentales y los desequilibrados, a la vez que el continuo estancamiento de las razas sobrias, enérgicas y superiores es un peligro para la nación y la raza imposible de exagerar”.

Suena 100% hitleriano. Una curiosidad. Buchanan muestra que Churchill tenía la misma opinión que Hitler sobre las raíces del bolchevismo: los judíos ateos. No veo nada escandaloso en esa apreciación. El marxismo y el comunismo no se pueden entender sin la contribución de los judíos ateos.

Buchanan afirma que como “caudillo guerrero” Churchill fue capaz de inspirar en los ingleses el espíritu de resistencia necesario para aguantar, pero como hombre de estado falló estrepitosamente, ya que no se paró a pensar en las consecuencias de la derrota de Alemania por Rusia, cuyo brazo poderoso llegó al corazón mismo de Europa, y si no acabó en la ocupación entera fue, como hemos dicho, porque los americanos suspendieron el plan de retirada inmediata tras ganar la guerra.

El legado de Churchill: Churchill vivió el derrumbe del poder imperial británico. Cuando entró estaba en todo su esplendor, cuando se fue no quedaba nada. Además se tuvo que rebajar humildemente ante Stalin y Roosevelt. En Teherán y Yalta, este le tomaba el pelo para que Stalin se divirtiera.

¿Social-democracia o socialismo?


Alirio Palacios (Venezuela) Mujer en azul leyendo una carta Nº 4

José A. González Casanova   /   Diario “Público”, Madrid

 

Suelen confundirse ambos términos desde que la experiencia neozarista del socialismo real soviético permitió a los socialdemócratas reclamar para sí en monopolio el verdadero socialismo. Para que no se le confundiera con el comunismo totalitario, se le añadió el adjetivo democrático. Pero ¿es la misma cosa el socialismo democrático que la socialdemocracia?, ¿una democracia social equivale a una democracia socialista? Desde el siglo XIX, la lucha del movimiento obrero obligó a las fuerzas conservadoras a aceptar el sufragio universal y a intentar algunas tímidas mejoras sociales. Con el tiempo, las derechas llegaron a presumir de que también ellas eran demócratas y partidarias del bienestar social de los ciudadanos.

En Cataluña, sin ir más lejos, la derecha nacionalista de Jordi Pujol se presentó a las primeras elecciones democráticas (1977) con un programa socialdemócrata. Cuando le conviene a su sucesor, Artur Mas, aparecer con tal signo, se olvida de cuando se presentaba como liberal-conservador. También el partido democristiano del señor Duran i Lleida se llama ahora socialcristiano, pese a su defensa del capitalismo.

En fin, Aznar hizo creer a los votantes en 1996 que estaba más a la izquierda que el PSOE, y así engañó a la gente que le creyó de centro. Por todo eso se ha impuesto el tópico de que la izquierda apenas se diferencia de una derecha moderna. ¿Serán los socialistas, por un casual, la mano izquierda del capitalismo en el doble sentido de la palabra: su diplomacia dialogante y su apagafuegos en los momentos críticos para el sistema? Tras los estragos de la II Guerra Mundial, la población europea necesitaba como nunca una política social avanzada y votó que gobernara la izquierda. El capital lo consideró tan inevitable como útil. Con una URSS amenazante y dos poderosos partidos comunistas en Italia y Francia, había que apartar al pueblo trabajador de la tentación revolucionaria. Por seguridad nacional y por confundir el capitalismo depredador con la libertad de empresa y de mercado, el labour británico y sus colegas continentales reconciliaron a la ciudadanía con el capital mediante un cierto bienestar y a costa de los países pobres.

Con los años, la socialdemocracia se convirtió en la mano izquierda del sistema, practicó el neocoloniaje y demonizó al comunismo. ¿Qué fue de la democracia socialista propugnada por su fundador? Marx nunca fue comunista; reconoció no saber cómo sería el socialismo futuro; recomendó reformas que hoy nos parecerían superadas por la realidad. Pero la base de su análisis es inequívocamente anticapitalista. Si la socialdemocracia del provenir dejara de combatir el régimen imperante, no podría llamarse a sí misma, no ya marxista (Marx decía no serlo), sino socialista. Tal adjetivo sólo correspondía a quien, por impulso democrático, hiciera desaparecer el capitalismo del Planeta. Todo lo contrario, pues, de una socialdemocracia que, so pretexto de darle paliativos a un régimen agonizante, acabara reanimándolo y prolongando su turbia vida.

Fue el renegado Karl Kautsky (como lo llamó Lenin) quien, como marxista, formuló el criterio, ambiguo pero certero, para juzgar una posible rendición de la izquierda. Cuando se haya logrado que la mayoría social anticapitalista alcance la mayoría política, habrá que proceder a la revolución de la mayoría, consistente en emprender unas reformas del sistema que acaben con él, no que lo fortifiquen. Nada de paliativos. Eutanasia pura y simple, si bien con todos los requisitos legales. Este es el criterio (¿quién lo diría?) recogido en el artículo 9.2 de nuestra Constitución. En él se hace responsables a todos los poderes públicos de la remoción de cuantos obstáculos impidan que la libertad y la igualdad de las personas y sus colectivos sean reales y efectivas. Es decir, desmontar el tinglado de la vieja farsa democrática del capitalismo. Dicho texto casi nadie se lo ha tomado en serio.

Excepcional fue el discurso ante las Cortes del socialista catalán Joan Reventós al calificar la norma constitucional de auténtica base legitimadora de un tránsito del capitalismo al socialismo. Aunque Marx no extendía recetas para enfermedades venideras, su ideal era la Commune (Ayuntamiento) parisina de 1871: autogobierno popular local, autogestión obrera y propiedad social (nunca estatal); algo que sólo lo intentó la revolución yugoslava entre los años 50 y 60 del pasado siglo.

Al caer el imperio soviético, la derecha creyó innecesario seguir teniendo mano izquierda con el nuevo proletariado, ya inducido del todo al consumo a crédito. La socialdemocracia fue acusada, por si acaso, de “comunismo rosa” para desprestigiar una hipotética democracia socialista. La Realpolitik de los Mitterand, et alii, no hizo nada que justificase aquella interesada falsedad. Las derechas volvieron a gobernar por el desencanto de unas masas que seguían confundiendo en el socialismo las reformas paliativas con las eutanásicas. ¿Para qué votar a la izquierda si la derecha le ha arrebatado de las manos los trastos de torear?

Una y otra, por mucho que se distingan en cuestiones democráticas muy importantes, no dejarían de ser las dos manos de un coloso al cual, en su injusta irracionalidad bien demostrada, no se le hacen los dedos huéspedes en su mano derecha porque le hayan recortado los de la izquierda. Todo lo contrario. Debiera acabar, por tanto, la confusión. Ni la socialdemocracia es el socialismo ni un socialismo retórico es ya una democracia socialista. De momento y hasta tiempos mejores, la única palabra que no confunde ni engaña es la palabra anticapitalismo.

La vergonzosa campaña neoliberal


Yobel Parra (Venezuela) Fotos de otros cuadros

Edmundo Fayanás Escuer   /   Rebelión               

 

La fuerte crisis económica que estamos sufriendo actualmente ha puesto en cuestión el modelo económico en el cual estamos insertos y que está teniendo consecuencias pavorosas sobre todo en las clases más débiles y desprotegidas.

¿De quién es la responsabilidad de la crisis actual?

La responsabilidad es de los mercados financieros (bancos, bolsas, aseguradoras, etc). Especuladores delincuentes de cuello blanco, banqueros poco escrupulosos, que presentan ganancias del 30% siendo fruto de la usura con que se rigen, muchísimos dirigentes y partidos políticos que han avalado de hecho este capitalismo especulativo sin ley alguna.

Políticos y millonarios nos han hablado sistemáticamente del Dios del mercado , que todo lo puede y todo lo regula.. Parten del principio de cuanto menos Estado mejor, y con el grito de abajo lo público, intentan hacer desaparecer el estado del bienestar, pensiones, privatización de la sanidad y la educación. Los mismos que siempre defienden la bajada de los impuestos directos (que son los que les perjudican) pero que siempre piden el aumento de los impuestos indirectos que los pagamos todos.

Para ellos, todas la empresas debían obtener rentabilidades entre un 20/30%, alejado de cualquier principio ético y basado en la usura pura y dura. Está claro a estas alturas de la crisis, que el capitalismo especulativo en que nos han sumergido están desconectadas de la realidad económica.

Este capitalismo traído de la mano de Reagan y de la Thacher y que posteriormente todos los partidos conservadores y socialdemócratas han adoptado, provoca que muchas veces resulte difícil diferenciarlos, tal es el caso en España entre el Partido Popular y el PSOE

¿Tienen nombre y apellidos la crisis en nuestro país?

Evidentemente que sí, Tanto partidos como el PP, PSOE, PNV, CIU que han llevado políticas radicalmente neoliberales del más rancio estilo conservador y que siempre nos lo han vendido como la única política económica posible, acallando otras políticas económicas. Recuerden las cosas que han dicho los Aznar, Rajoy, Esperanza Aguirre, Zapatero. Sería bueno, que todos volviéramos a las hemerotecas y leyéramos lo que decían hace solo ocho o cuatro años y a lo que nos han llevado estas políticas divinas que nos han estado practicando estos años.

El neoliberalismo que hemos vivido y sufrido y que se niegan a enterrar, está totalmente alejado del capitalismo social que vivimos entre el final de la II Guerra Mundial y principios de la década de los ochenta, donde las empresas además del beneficio tenían una función social importantísima y fue el periodo en el que se generó el actual estado del bienestar que tenemos y que los neoliberales intentan hacer desparecer (entiéndase las medias de alargar la jubilación, menos prestaciones, despidos libres…………..), convirtiendo este mundo en una selva.

Ahora podrán entender mejor cuando los multimillonarios norteamericanos como Warren Buffet, Bill Gates y otros se oponían a la política fiscal de Bush que favorecía a los millonarios. Se oponían porque esta política fiscal provocaría una gran desigualdad social y en consecuencia podría poner en peligro el propio sistema capitalista, y es esto lo que nuestros empresarios de la CEOE y los políticos del PP no entienden.

Todavía los políticos y empresarios españoles no han entendido que para que el capitalismo pueda sobrevivir, debe haber un equilibrio entre las distintas clases sociales, es decir, entre ricos y pobres. Uno de los errores neoliberales, entre otros muchos, es que apoyan descaradamente a los ricos y se olvidan de la mayoría, los pobres, lo que genera tensiones, odios y toda una serie de injusticias que acabarán con graves consecuencias para todos. Les recomiendo que lean un poco de la historia de los siglos XVIII-XIX-XX para que entiendan que ha sucedido en periodos de grandes desigualdades..

¿Cómo salir de la crisis actual?

Hay dos visiones de cómo salir de la grave crisis actual, la de los responsables de la misma y la otra la de las víctimas. Los responsables de la crisis después de un tiempo escondidos ante la magnitud del desastre provocado (incluso plantearon dejar en suspenso por un tiempo el neoliberalismo), vuelven al discurso de siempre, es decir, que los pobres y los trabajadores paguen la crisis. Después que los políticos les hayan entregado más de tres Billones de euros a nivel mundial, en España rondará los 150.000 millones de euros y eso que nuestro sistema bancario era genial. Ahora reclaman austeridad porque el déficit se dispara. Hace falta tener cara. El déficit se dispara porque ellos se han llevado nuestro dinero y niegan que los pobres y los trabajadores auténticos paganos de al crisis sean atendidos por el Estado

Los Sres Trichet, presidente del Banco Central Europeo y Fernández Ordóñez presidente del Banco de España, que no se enteraron de la crisis, ni cumplieron su función que era velar por la salud del sistema financiero; en vez de hacer autocrítica e intentar arreglar lo que a ellos compete y estar callados en otros temas, se ponen a la cabeza para pedir lo que siempre demandan los neoliberales: reformas del mercado de trabajo, claro siempre a la baja, menos salarios, precariedad, etc. Nunca se les oye hablar de la desaparición de los paraísos fiscales que mueven el 14% del dinero mundial, según la OCDE, ni del control de los escandalosos beneficios bancarios, ni como llevar acabo la regulación del sistema financiero mundial.

En definitiva, plantean simple y llanamente que los pobres y los trabajadores paguen la crisis, mientras ellos se oponen a las regulaciones financieras y exigen a los Estados que paguen los debacles financieros con el dinero de todos.

En España, con Fernández Ordóñez a la cabeza, PP, CIU y la CEOE plantean con toda su cara rebajar el coste de los despidos, rebajas de las cotizaciones sociales de las empresas (para cargarse las pensiones y así beneficiar a los bancos), mayor flexibilización laboral, menos salarios. Pretenden que, todavía aumenten mas el número de trabajadores que ganen menos de 1.000 euros al mes, cuando está ya en el 50 % el número de estos que ganan menos.

La salida que debemos proponer las victimas debe pasar necesariamente por oponernos con todas las fuerzas a estas demandas. Exijamos que se suban los salarios, aumentando así la demanda como proponen muchos economistas de reconocido prestigio. Garantizar la llegada del crédito a todo el sistema productivo. Buscar un nuevo sistema productivo y económico más racional, tanto ecológicamente como económicamente donde la base de este sea la persona y no el mercado.

Los que creemos en un mundo mejor y más justo para todos nosotros y para nuestros hijos debemos oponernos nuevamente a estas políticas que los todopoderosos de siempre nos pretenden imponer¿ Nos dejaremos?

Honduras



Ignacio Ramonet   /   Le Monde Diplomatique

 

Con inmenso gozo (1) recibieron la noticia del golpe de Estado en Honduras, los grupos conservadores del mundo y sus propagandistas habituales (2). Aunque éstos criticaron retóricamente el golpe, avalaron y justificaron los argumentos de los golpistas, repitiendo que "el Presidente Manuel Zelaya había incurrido en múltiples violaciones de la Constitución al querer organizar un referéndum para mantenerse en el poder" (3). 

Tales afirmaciones son falsas. El Presidente Zelaya no vulneró un sólo artículo de la Constitución (4). Ni organizó ningún referéndum. Ni deseaba prolongar su mandato que termina el 27 de enero de 2010. Su intención era organizar una consulta, no vinculante (es decir un simple sondeo o una encuesta de opinión), preguntándoles a los ciudadanos: "¿Está usted de acuerdo que, en las elecciones generales de noviembre de 2009, se instale una cuarta urna (5) para decidir sobre la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que emita una nueva Constitución de la República?". O sea, se trataba de una pregunta sobre la eventualidad de hacer otra pregunta. Ningún artículo de la Constitución de Honduras le prohíbe al Presidente la posibilidad de consultar al pueblo soberano.

Es más, suponiendo que una mayoría de hondureños hubiese contestado positivamente a esa demanda, la "cuarta urna" sólo se hubiese instalado el 29 de noviembre de 2009, día de la elección presidencial, a la cual -en virtud de la Constitución vigente- Manuel Zelaya no puede de ningún modo presentarse. 

Entonces, ¿por qué se dio el golpe? Porque Honduras sigue siendo la "propiedad" de una quincena de familias acaudaladas que lo controlan todo: poderes ejecutivo, legislativo y judicial, principales recursos económicos, jerarquía de la Iglesia católica, medios de comunicación de masas y fuerzas armadas. La mayoría de sus gobiernos han sido tan corruptos y tan sumisos a los intereses de las empresas extranjeras que, para designar a Honduras, el humorista estadounidense O. Henry acuñó el término "República bananera" (6). En 1929, queriendo explicar lo fácil que era comprar a un congresista, Samuel Zamurray, alias "Banana Sam", presidente de la Cuyamel Fruit, empresa rival de la United Fruit, afirmó: "Un diputado en Honduras cuesta menos que una mula". Al final de los años 1980, el Presidente José Azcona del Hoyo admitió el sometimiento de Honduras a la estrategia de Estados Unidos confesando: "Un país tan pequeño como Honduras no puede permitirse el lujo de tener dignidad". Y un grupo de empresarios llegó a proponer que pasara a convertirse en un Estado Libre Asociado de Estados Unidos, como Puerto Rico... 

La relación económica con la gran potencia norteamericana es de dependencia casi absoluta; hacia allí va el 70% de sus exportaciones (plátanos, café y azúcar); y de allí llegan unos 3.000 millones de dólares que envían a sus familias 800.000 hondureños emigrados. Y el capital principal (40%) de las fábricas maquiladoras (de mano de obra barata) en zonas francas es estadounidense. 

Hace 30 años, al vencer la revolución sandinista en Nicaragua, Washington decidió convertir Honduras en una suerte de portaaviones para combatir militarmente a las guerrillas revolucionarias en Guatemala y El Salvador, y apoyar a la "Contra" antisandinista. Una de las primeras medidas consistió en implantar una "democracia controlada" en Tegucigalpa. En 1980, hubo por primera vez "elecciones libres"; un año después fue elegido Roberto Suazo Córdova quien dio paso a una era siniestra de terror, "escuadrones de la muerte", "desapariciones" y eliminación de activistas de izquierdas. En tales circunstancias se promulgó la Constitución de 1982, actualmente vigente. 

Una Constitución redactada por los principales grupos económicos que desean mantener para siempre a su favor uno de los repartos de riqueza más inequitativos del mundo, con el 60% de los habitantes por debajo de la línea de pobreza y más de un tercio por debajo de la línea de pobreza extrema. Un país empobrecido, en el que la tasa de desempleo se sitúa en torno al 30%.

Eso es lo que ha querido transformar el Presidente Manuel Zelaya. Perteneciente a una de las grandes familias latifundistas de Honduras y miembro del Partido Liberal, el mandatario trató de reducir las desigualdades. Aumentó el salario mínimo un 50%; detuvo la privatización de empresas públicas (energía eléctrica, puertos, sistema de salud) y se pronunció a favor de una mayor participación ciudadana en las políticas públicas. Y esto, aun antes de acudir a Petrocaribe en 2007 y de integrar el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) en 2008.

 La poderosa oligarquía se escandalizó y trató a Zelaya de "traidor a su clase". Aunque él afirma: "Yo pensé hacer los cambios desde dentro del esquema neoliberal. Pero los ricos no ceden un penique. (...) Todo lo quieren para ellos. Entonces, lógicamente, para hacer cambios hay que incorporar al pueblo" (7). 

El itinerario intelectual de Manuel Zelaya y su "conversión" a una concepción progresista de la sociedad son ejemplares. En el ejercicio del poder, constata que "el Estado burgués lo componen las elites económicas. Están en las cúpulas de los ejércitos, de los partidos, de los jueces; y ese Estado burgués se siente vulnerado cuando yo empiezo a proponer que el pueblo tenga voz y voto" (8). Y viene a descubrir esta idea revolucionaria: "La pobreza no se acabará hasta que las leyes no las hagan los pobres" (9). 

Es mucho más de lo que pueden soportar los "dueños" de Honduras. Con el apoyo de viejos "halcones" estadounidenses -John Negroponte, Otto Reich- traman entonces el golpe del 28 de junio que ejecutan las Fuerzas Armadas. Todas las cancillerías del mundo lo han condenado. Porque la época de los "gorilas" ya ha acabado. Y ha llegado la hora de los pueblos. 

Notas

(1) "Con inmenso gozo" se titulaba el mensaje de Pío XII, el 16 de abril de 1939, en el que se congratulaba por la victoria de Franco en la Guerra Civil. 

(2) Mario Vargas Llosa, "El golpe de las burlas", El País, 12 de julio de 2009; y Álvaro Vargas Llosa, "Zelaya, el gran responsable del golpe", CNN en español, 1 de julio de 2009. 

(3) El País, 1 y 5 de julio de 2009. 

(4) Francisco Palacios Romeo, "Argumentos de derecho constitucional primario para una oligarquía golpista primaria", Rebelión, 3 de julio de 2009. 

(5) En las elecciones generales se colocan tres urnas: la primera para designar al Presidente, la segunda a los diputados y la tercera a los alcaldes. 

(6) En su novela Cabbages and Kings, 1904. 

(7) El País , 28 de junio de 2009. 

(8) Ibídem. 

(9) Ibídem.

Marx, la ciencia y la ideología


Enrico Armas (Venezuela) Acto cultural

El problema de la relación entre ciencia e ideología en Marx es uno de los que me resultan más interesantes, si no el más interesante, personalmente. Y es también uno de los problemas teóricos que más problemas prácticos genera, porque de la epistemología que se encuentra detrás del marxismo se desprenden muchas de las pretensiones de legitimidad de su acción práctica. Puesto bien esquemáticamente, Marx considera que lo que él hace es ciencia, mientras que lo que todos los demás hacen se ideología. La diferencia radica en la separación entre la infraestructura económica, y la supraestructura ideológica: la primera está conformada por el aparato productivo de una sociedad, y las relaciones sociales que se construyen para manejar ese aparato. Por ser lo que Marx considera la base material de la sociedad, es a partir de allí desde donde se determina el contenido de la supraestructura ideológica, el ámbito de lo religioso, lo jurídico, lo político, lo cultural, lo filosófico, y demás. En otras palabras: toda aquella teoría que se instale en el ámbito de lo materialmente efectivo, de lo medible, es decir, en el ámbito de lo económico, podrá considerarse como ciencia, mientras que toda teoría que se instale, más bien, en el orden de todo aquello que deriva de la economía, no podrá ser sino ideología.

De allí que la principal crítica de Marx a los neohegelianos de izquierda sea que antepongan los productos de la consciencia a la base material de la sociedad. Como señala en La ideología alemana, para distinguirse de ellos:

Las premisas de que partimos no tienen nada arbitrario, no son ninguna clase de dogmas, sino premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica.

A partir de esta pretensión epistemológica se puede entender por qué Marx se considera aún como un pensador de la modernidad: en el fondo, Marx considera que con el método adecuado se puede penetrar profundamente en el núcleo mismo de lo real, que es en este caso la manera como una sociedad produce. Desde ese núcleo de lo real puede denunciarse científicamente que toda forma que no se derive de ese núcleo, es una forma ilusoria, un engaño. Desde la infraestructura económica se hace ciencia; cualquier otra cosa no es más que ideología, y por tanto, la ideología no puede ser sino un enmascaramiento de la realidad, una legimitación del orden establecido que se juega estrictamente en el plano de lo económico y lo productivo.

Mi problema con este problema deriva, por supuesto, de la crítica filosófica del siglo XX a estos grandes sistemas totalizantes que pretenden tener la llave para alcanzar el núcleo íntimo de la realidad. Sin entrar mucho en detalle, se trata de preguntar, ¿por qué? ¿Qué hace que este punto de vista sea el privilegiado, y no otro? ¿Qué hace que este punto de vista, históricamente constituido como cualquier otro, tenga la facultad de alzarse por encima de lo históricamente constituido? Y la verdad es que no encuentro, realmente, el asidero a partir del cual esto pueda sustentarse. Esto no es trivial, porque de esto se desprende para el marxismo la posibilidad de denunciar en cualquier otra forma teórica o práctica el estar engañados y no ver la realidad como realmente es. Pero, si lo analizamos hasta el fondo, el marxismo mismo tampoco tiene el fundamento para decir que conoce la realidad como realmente es, pues su perspectiva es, también, un producto de la historia, y no de la iluminación divina espontáneamente brillando sobre el buen Karl.

De lo cual se desprenden, me parece, dos conclusiones igualmente interesantes. La primera es que el marxismo no es ciencia. Y eso es bueno. Porque significa que como tal, es un pensamiento mucho más móvil, mucho más dinámico y mucho más prometedor que si intentamos congelarlo bajo el estandarte de la ciencia, y ni siquiera de cualquier ciencia, sino de la ciencia decimonónica, positivista de su época. Es decir, reconocer que el marxismo no es ciencia, sino otra cosa (cualquiera que sea esta otra cosa) permite descartar una serie de críticas y dejar de lado una serie de problemas que buscan reconciliar internamente la teoría marxista de tal modo que cuadre perfectamente, que sea lo suficientemente consistente como para ser denominado ciencia. Y coincido (creo que es con Popper, si mal no recuerdo) en que el marxismo es tanto ciencia como lo es el psicoanálisis – es decir, que ninguno realmente lo sea. Sólo que no creo que eso sea un problema: creer que lo es sería, de nuevo, medir las teorías bajo la valla del cientificismo propio del siglo XIX que, me parece, podemos cómodamente dejar atrás.

Lo segundo sería que, entonces, caería bajo su propia concepción de la ideología. Lo cual nos permite reivindicar el ámbito de lo ideológico como uno mucho más interesante y rico de lo que Marx le otorgaba. Porque, para empezar, nos permite reconocer que no hay construcción teórica o práctica que pueda suscribirse plenamente de lo ideológico, y nos plantea también que la relación entre infraestructura económica y supraestructura ideológica (términos que se vuelven un tanto obsoletos) se vuelve algo un poco más complejo. La Escuela de Frankfurt en los años 20 y 30 empezará a considerar, por ejemplo, que la relación entre ambas dimensiones es más bien dialógica, lo cual guarda también relación con el trabajo de Max Weber a principios de siglo. El marxismo ortodoxo, en cambio, optará por continuar la defensa de la separación rígida entre ciencia e ideología, en parte por una cuestión de consistencia teórica y en otra parte por una cuestión de consistencia política.

Esto ha hecho, también, que el espacio de exploración del terreno ideológico se vuelva mucho más rico en las últimas décadas, con resultados mejores y peores. Quiero seguir volviendo sobre este tema, pero quiero compartir dos nociones sobre la ideología que me resultan sumamente sugerentes. La primera es la del filósofo pragmatista estadounidense Richard Rorty, quien en el peor de los casos considera la categoría de lo ideológico como innecesaria, y en el mejor como necesitada de reformulación. En su artículo Feminismo, ideología y deconstrucción: una perspectiva pragmatista, Rorty señala sobre la ideología:

Este representacionalismo no concuerda ni con la insistencia pragmatista en que la verdad no es una cuestión de correspondencia con la naturaleza intrínseca de la realidad, ni con el rechazo deconstruccionista de lo que Derrida llama “la metafísica de la presencia”. Los pragmatistas y los deconstruccionistas están de acuerdo en que todo es un constructo social, y que no tiene objeto intentar distinguir entre lo “natural” y lo “meramente” cultural. Están de acuerdo en que la cuestión es qué constructos sociales desechar y cuáles mantener, y en que carece de sentido apelar al “modo en que las cosas son realmente” durante las luchas alrededor de quién consigue construir una cosa u otra.

La otra perspectiva que me parece sumamente ilustrativa sobre el sentido que se le puede dar a la noción de ideología es presentada por Jon Elster (haciendo referencia a Douglas North), un heredero contemporáneo del marxismo que ha buscado por muchos caminos su actualización, en su libro Ulises y las sirenas:

Aquí sólo mencionaré el argumento de Douglas North en el sentido de que una ideología es “un modo de economizar los costos de información y por consiguiente es en general una respuesta racional”, porque nos ahorra la molestia de evaluar cada situación por separado y sobre sus propios méritos.

No creo que el ámbito de lo ideológico se reduzca a eso, pero me parece una perspectiva sumamente interesante para entender la función que cumple la ideología en nuestras vidas cotidianas, así como la manera como podemos tener acceso a la re-construcción de esta categoría más bien abstracta. No podemos ver la ideología; sólo podemos ver sus prácticas cotidianas manifiestas, y a partir de ellasre-construir lo que podría ser una descripción convincente de una construcción ideológica. El camino tiene un poco el mismo sentido de ida y vuelta: intentar dar cuenta a partir de las decisiones que tomamos de los mecanismos que operan cuando tomamos decisiones. El sentido, si queremos ampliarnos un poco más allá, alcanza la misma manera como le damos sentido a nuestras vidas para orientar el curso de estas decisiones. Pero esto ya es ponernos demasiado existencialistas para este momento.

Tiembla la sagrada Inquisición


Oscar Casanova (Venezuela) Mirador

Me preguntaba al respecto del ultramontano de Aguer el porque de la repercusión en los medios, que hubo de nuevo en realidad en sus ridículas posiciones? Decía yo ¿a quien carajo le importa lo que diga ese tipo para que salga un ministro incluso a responderle?

Dijo lo mismo aca el 24/6 y no se hizo tanta alharaca, recuerdo haber escuchado de Eduardo Aliverti en su momento aprovechar las declaraciones del ultramontano para hablar sobre que es el neomarxismo del cual Torquemada habla y realmente es interesante indagar que será lo que le da tanto miedo y a 30 años de la muerte de Herbert Marcuse

Herbert Marcuse (Berlín ,19 de Julio de 1898 - Berlín, 29 de Julio de 1979), filósofo y sociólogo alemán, fue una de las principales figuras de la primera generación de la Escuela de Frankfurt.

La crítica fundamental que realiza Marcuse a la sociedad moderna, desarrollada en El Hombre Unidimensional, es que el sujeto unidimensional es víctima de su propia impotencia y de la opresión continua de un método de dominación más complicado de lo que Adorno y Horkheimer imaginaron. 

Esta es la concepción del poder por la que Marcuse se considera como puente entre la primera y la segunda generación de la escuela de Frankfurt. 

Esta crítica implica que la sociedad moderna es capaz de asimilar cualquier forma de oposición que surja al interior de sí misma, y por tanto no existe ningún movimiento individual ni colectivo capaz de oponérsele o de socavar sus raíces socioeconómicas. Este hecho se contrasta fundamentalmente con el capitalismo temprano, en que el movimiento proletario era una fuerza con el potencial efectivo de derribar al régimen. El capitalismo avanzado que describe Marcuse, en cambio, ha generado a través de los estados de bienestar una mejora en el nivel de vida de los obreros, que es insignificante a nivel real, pero contundente en sus efectos: el movimiento proletario ha desaparecido, y aún los movimientos antisistémicos más emblemáticos, como el movimiento punk-anarquista o el movimiento bohemio han sido asimilados por la sociedad y orientados a operar para los fines que la sociedad coactiva reconoce como válidos.

El motivo de esta asimilación, según Marcuse, consiste en que el contenido mismo de la conciencia humana ha sido fetichizado (en términos marxistas) y que las necesidades mismas que el hombre inmerso en esta sociedad reconoce, son necesidades ficticias, producidas por la sociedad industrial moderna, y orientadas a los fines del modelo. En este contexto, Marcuse distingue entre las necesidades reales (las que provienen de la naturaleza misma del hombre) y las necesidades ficticias (aquellas que provienen de la conciencia alienada, y son producidas por la sociedad industrial). La distinción entre ambos tipos de conciencia sólo puede ser juzgada por el mismo hombre, puesto que sus necesidades reales sólo él las conoce en su fuero más íntimo; sin embargo, como la misma conciencia está alienada, el hombre ya no puede realizar la distinción.

La principal necesidad real que Marcuse descubre es la libertad, entendida como el instinto libidinal no sublimado (en términos freudianos). Para Marcuse, lo que la sociedad industrial moderna ha hecho con el instinto libidinal del hombre es desublimarlo, y reducirlo al exclusivo ámbito de la genitalidad, cuando en realidad el cuerpo mismo del hombre es sólo ansia de libertad. La desublimación del instinto libidinal y su encasillamiento en su genitalidad permiten a la sociedad industrial moderna disponer del resto del cuerpo humano para la producción capitalista, así como de todas las energías de los hombres.

Lo que Marcuse quería destacar era una culturalización de la teoría de la felicidad de Freud: principio de realidad y principio de placer no tienen porqué ser opuestos si se consiguen revelar las causas de la infelicidad. Marcuse se opone a lo abstracto del pensamiento racionalista cartesiano, que entiende al individuo como sujeto ideal, descartando el valor de lo corporal y de lo erótico, precisamente estos dos factores son imprescindibles para analizar el paso del ser al deber ser en lo cotidiano del ser humano. Esto coloca a Marcuse en una posición de vitalismo integral, entendiéndolo como una actitud de liberación tanto individual como colectiva, sacar a la luz lo más alejado de las convenciones, entendido por Freud como el "ello".

Para Marcuse, la instancia fundamental de formación de la conciencia humana está en la niñez, tal como se vive al interior de la familia: En esta etapa, el hombre que se está formando adquiere sus categorías normativas y todo su marco de referencia para enfrentar el mundo. Lo que la sociedad industrial moderna ha trasmutado es precisamente ese ámbito familiar, en que la sociedad misma alienante se ha introducido a través de los medios de comunicación de masas, reemplazando a la familia, y formando a los hombres con categorías que no salen de él mismo, sino del capitalismo. Las necesidades del hombre, así como sus anhelos, sueños y valores, todo ha sido producido por la sociedad, y de esa manera se ha asimilado cualquier forma de oposición o movimiento antisistémico. En este punto está la principal diferencia entre la forma de alienación que describe Marx y la que describe Marcuse. Mientras en Marx la alienación está focalizada en el ámbito del trabajo, donde al hombre se le arrebata su plusvalor (y por tanto su condición humana), en Marcuse la alienación está enfocada en la conciencia misma del hombre moderno, y por tanto no hay forma alguna de escapar a la coacción.

A pesar de identificar en el hombre una forma de sumisión mucho más desarrollada y difícil de penetrar, Marcuse remarca los valores de la vanguardia en el arte cuando habla de Bertolt Brech o dice por ejemplo: "La lucha por hallar este medio, o más bien dicho la lucha contra su absorción en la unidimensionalidad predominante, se muestra en los esfuerzos de la vanguardia por crear un distanciamiento que haría la verdad artística comunicable otra vez"(Hebert Marcuse, “El hombre unidimensional”, pág 96). Este distanciamiento que pretende realizar Marcuse está marcado por la intencionalidad de alejar al ser humano del dominio que está impuesto en toda la sociedad. Y pretende reorientar el rumbo de la cultura hacia el arte, hacia lo estético. Marcuse muestra un análisis muy profundo y duro en cuanto a los procesos de cambio, a pesar de eso el reconoce "la posibilidad de alternativas" y los diferentes caminos y sobre todo la tarea de la filosofía en este aspecto. Una nota al pie muy curiosa de su libro "el hombre unidimensional" dice: “Todavía existe el legendario héroe revolucionario que puede derrotar incluso a la televisión y a la prensa: su mundo es el de los países ‘subdesarrollados’” (Hebert Marcuse, “El hombre unidimensional”, pág 101, nota 14). Pero la pretensión de hacer posible el distanciamiento a través del arte para evitar la dominación, muestra claramente un problema que impide utilizarlo como medio de evasión. Según Marcuse, el arte es capaz de sacarnos de la vida diaria, nos hace ver la realidad de otra forma porque nos coloca en otra posición. Sin embargo, el arte está distanciado, pero no separado de la realidad porque está mercantilizado, por lo tanto, no se puede utilizar como medio de evasión porque está bajo el control de la clase dominante, como el resto de los ámbitos de la sociedad. En diferentes pasajes se evidencia su idealismo que luego se traduce a su militancia política. Esta contradicción es reconocida por Marcuse, quien vivió en una eterna disputa teórica acerca de la interrogante fundamental de si la sociedad tenía la posibilidad o no de cambiar desde adentro y por tanto de trascender el statu quo. Está clara la existencia de esperanza en su pensamiento, aunque el análisis de la realidad y los acontecimientos se contrapongan a este tema. Para ilustrar esta contradicción, en sus concluisiones sobre el "hombre unidimensional" Marcuse cita al final una frase de Walter Benjamin que dice lo siguiente: "Sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza" (Hebert Marcuse, “El hombre unidimensional”)

Problema psicológico, problema político

En la era presente, dice Marcuse, se han invalidado las fronteras entre la psicología por un lado y la filosofía social y política por el otro, gracias a la condición actual del hombre. Por eso en Eros y Civilización hace uso de categorías psicológicas, ya que antes los procesos psíquicos, antiguamente autónomos e identificables ahora están siendo absorbidos por la función del individuo en el estado, por su existencia pública. Por lo mismo los problemas psicológicos se transforman en problemas políticos: el desorden privado refleja más directamente que antes el desorden de la totalidad, y la curación del desorden personal depende más directamente que antes de la curación del desorden general. La psicología puede ser elaborada y practicada entonces como una disciplina especial tan sólo en tanto la psique pueda mantenerse a sí misma contra el poder público, en tanto la vida sea realmente deseada y construida por sí misma, y afirma Marcuse, que si el individuo no tiene ni la habilidad ni la posibilidad de ser para sí mismo, los términos de la psicología llegan a ser los términos de las fuerzas sociales que definen la psique.

Sobre liderazgos, populismo y democracia


José Guédez (Venezuela) Sin título Nº 2

Esteban de Gori   /  Diagonal

 

Hoy, dentro de sectores de la izquierda, asistimos a un intenso debate sobre los liderazgos, el populismo y la democracia. Por ejemplo, el encuentro, en junio, de unos 30 intelectuales revolucionarios en Venezuela, abordó el tema. Y como, a veces, a partir de algunos presupuestos y antinomias teóricas, suelen presentarse estos tres conceptos como antagónicos, creemos que podemos aportar algunas ideas que tensionen estas interpretaciones.

Producto genuino

Los liderazgos no son una ‘anomalía salvaje’ de la política ni de los sistemas políticos en América Latina y mucho menos de los regímenes democráticos. Sus estilos políticos no sólo deben buscarse en las formas en que se constituyeron los liderazgos a partir de los ensayos de autogobierno hacia 1812 y, luego, durante luchas independentistas a principios del siglo XIX, sino que ‘se generan’ en los contextos en que se desarrollan hoy las contiendas políticas en nuestros países: no son un residuo del pasado. Por lo tanto, los liderazgos son una forma de ejercer el poder político que no proviene de ningún ‘mundo externo’. En vez de ‘aparecer’ como tales, son producto de transformaciones del conflicto político, de y en condiciones concretas: cuando y donde se producen una significativa reconfiguración o fragmentación de lealtades y adhesiones políticas tradicionales paralelamente a un empeoramiento de las desigualdades sociales y económicas; por ejemplo, la crisis de la IV República en Venezuela y el surgimiento del chavismo.

Los liderazgos son el resultado y representación de aquellas mayorías y actores políticos que los acompañan. Por lo tanto, no existe un líder en absoluta autonomía y soberanía en la toma de decisiones. Suponer tal cosa es negar la sustancia política de los actores sociales y de los movimientos populares.

Contienda social

Los obstáculos y las potencias de la transformación social son propios, inherentes a las formas que asume, en cada caso, la disputa política y, por consiguiente, la configuración de fuerzas sociales. El ‘avance’ o el ‘retroceso’ político no son una condición intrínseca del liderazgo. Tampoco lo es un supuesto carisma que se utilizaría para engañar a algunos y congraciarse con otros.

Tanto las formas de la identificación establecidas en los procesos de conflicto, como los lenguajes políticos utilizados, se construyen en relación a las expectativas de reparación y justicia social generadas en los sectores populares y a las memorias sociales de los pueblos. En relación a las líneas que siguen, estos liderazgos igualitaristas y bienestaristas ‘hacen política’ con otros actores hasta ese momento ‘acallados’. Y para transformar sus sociedades, para construir sus decisiones, se instalan ellos mismos en un campo político complejo: la frontera donde se tensiona lo instituido y lo instituyente. En esa frontera conflictiva es que los liderazgos se inscriben en esa ‘razón populista’ que divide la sociedad. Es ahí donde se instituyen como liderazgos y se vuelven representantes de las expectativas populares. Es su propia presencia en una disputa con adversarios identificados como oligarquía, grupos económicos, poderosos, etc., la que establece una dinámica política donde se desarrolla una compleja dialéctica entre el líder y los actores sociales.

Republicanismo

Los líderes que están inscritos en una lógica política –la que divide a la sociedad al buscar realizar las expectativas populares de justicia social– no son contrarios a cierta tradición del republicanismo. Su preocupación por la realización del bien común los emparenta con la razón populista.

Esta lógica política que divide la sociedad –la realización de los intereses populares supone como mínimo rediscutir, poner en duda, los privilegios de las élites– se emparenta con un proyecto que persigue la supremacía del bien común sobre los intereses individuales.

A veces, liderazgos, populismos y republicanismos se articulan y entrelazan en una lógica y un lenguaje político común. Esto se da de bruces con las perspectivas que construyen una antinomia entre populismo y república.

Democracia

Estos liderazgos llevan adelante procesos constituyentes y reformas constitucionales o legales apelando a la soberanía popular como la única y genuina fuente de poder político. Además, logran a posteriori estructurar representaciones a través de parlamentos. Lo que nos habla a las claras de que estos liderazgos pueden articularse con el parlamentarismo.

Es paradójico, pero en ocasiones estos liderazgos –donde el decisionismo es una de sus características–, logran fortalecer experiencias parlamentarias y congresos nacionales. Populismos, liderazgos y democracia constituyen una ‘fórmula política’ posible para la enunciación y desarrollo de transformaciones sociales, lo que es muy importante después de los padecimientos sociales y políticos provocados por órdenes sociales tan excluyentes como el neoliberalismo.

Más allá

Muchas de las políticas realizadas en estos procesos revisten un carácter iconoclasta. Las expectativas de reparación y justicia social, expresada por estos liderazgos, conducen los procesos a poner en cuestión lo que había sedimentado en la historia política de nuestros países.

Muchos de estos procesos han ‘implosionado’ las férreas estratificaciones sociales, han impulsado reformulaciones culturales y discursivas que parecían indiscutibles y han intentando convertir a las ciudades en espacios más democráticos e igualitarios; pero, fundamentalmente, han promovido la presencia y la palabra de nuevos actores políticos –los indígenas en Bolivia y Ecuador, las afrodescendientes en Venezuela y Brasil.

Estos procesos incorporan a vastos sectores políticos en la escena política y producen ‘fisuras’ sociales. Reivindicaciones y experiencias de lucha que persistirán más allá de los propios liderazgos.

Liderazgos sometidos

En los procesos actuales, como en otras experiencias anteriores, podemos observar una compleja dialéctica entre líderes y sujetos colectivos. Este vínculo va configurando una dinámica política particular donde la sustancia de la misma no puede explicarse sólo a partir de los gestos u obrares políticos del líder. Por ello no existen ‘maxi’ o ‘mini’ liderazgos sino liderazgos sometidos a los destinos y a los tiempos de realización de las expectativas populares.

Politización

Según la particularidad de estos procesos nacionales, estos líderes articulan lenguajes políticos que anudan las tradiciones emancipadoras, ‘bienestaristas’ e igualitaristas. E inevitablemente construyen escenarios que desvelan que el conflicto es inherente a la política y no un atributo externo que se introduce en una sociedad.

Por lo tanto, debemos resaltar que estos liderazgos politizan a las sociedades y ponen de manifiesto que la intervención en los asuntos públicos es la más propicia de las actividades para exigir y resolver las necesidades sociales.

Otras raíces

Estos liderazgos ‘vuelven a la historia’ de sus países o regiones para recrear los fundamentos de sus políticas. Del legado histórico son recuperados líderes indígenas, independentistas, republicanos y federales pero, a diferencia de otras recuperaciones históricas, éstas prescinden de cualquier perspectiva esencialista de la nación.

Así, no sólo se produce una vinculación de estos procesos con los legados históricos, sino que inevitablemente se historizan las sociedades.

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