23/7/09

Mario Roberto Santucho


Foto: Mario Roberto Santucho

Carlos Revello   /   La Fogata

 

Las generaciones de precursores del movimiento revolucionario en América Latina presentan –para los historiadores- ciertos problemas. Era tal la presión por el cambio social y el ritmo que la situación política demandaba que los dirigentes y las ideas se renovaban unos y otras. Cambios que, en tiempos pacíficos, llevan generaciones enteras. La solución de problemas teóricos y prácticos, la respuesta a las tácticas del enemigo, el afinamiento de las respuestas nacionales a los problemas del cambio, están en la base de todas estas mutaciones. La teoría de que las revoluciones eran exportadas se demuestra completamente falsa. Si los partidos comunistas hubieran estado a la altura de las circunstancias y no en un seguidismo estéril y mecánico la historia hubiera sido bien otra. Que las revoluciones son las locomotoras de la historia se aplica perfectamente en el caso latinoamericano.

Mario Roberto Santucho es uno de esos precursores en la Argentina, pero su acción y su obra lo trasciende y tiene importancia y referencia para toda América Latina. Nació el 12 de agosto de 1936, murió, en combate, el 19 de julio de 1976. Tenía 40 años de edad. Hasta el día de hoy una parte inmensa de la documentación sobre su vida está oculta. De la misma manera sus restos físicos no tienen sepultura legal y sólo se sabe que los paladines de la democracia, los hombres del uniforme, los supuestos caballeros honorables, no se conformaron con la muerte de un adversario sino que se ensañaron con los restos físicos, como los cobardes sin honor que siempre han sido. Reclaman aún sus hijos los restos.

El silencio oficial –la terca voluntad de los oficiales superiores, todos con escuela de Estado Mayor- les responde.

¿Qué es lo que motiva estos odios, tanta irracionalidad, la absoluta incapacidad de los mandos superiores de actuar profesionalmente?

– El odio de clase

Los mismos militares que son capaces de rendirse como lo hicieron en las Malvinas o de tomar prisioneros con respeto a las normas de la guerra, son capaces de la caballerosidad con los extranjeros (que antes fueron amos), pero incapaces del más mínimo respeto con sus compatriotas que los enfrentan con las armas en la mano. La caballerosidad, en nuestras guerras civiles, siempre ha estado por el lado de los insurrectos, los otros, los hombres del entorchado, se han comportado siempre como bestias. Y como bestias que se olvidaron de los manuales y de las convenciones deberán ser juzgados cuando el momento llegue. Por criminales de guerra.

¿Hemos reflexionado alguna vez sobre ese aparente comportamiento mecánico? Cómo era posible que los civiles en armas, que aprendieron sus rudimentos militares en los ejércitos, de su breve pasada por ellos, tomaran el espíritu de la caballerosidad y del respeto al enemigo vencido? ¿Cómo es posible que los militares de escuela, lo olvidaran? Hay algo que tiene que ver con la esencia humana, que perdura más entre los civiles y que es más fuerte que el odio hacia el enemigo. Que sabe distinguir entre adversario vencido y sus derechos humanos. Todo militante, todo hombre o mujer honesta, dispuesto a impulsar un cambio social, por una sociedad más humana y más justa, deberá tener presente este antecedente que nos viene desde los mismos albores de nuestra historia. "No escatime sangre de gauchos –decía epistolarmente Sarmiento- es lo único que tienen de humano".

Y aquellos pensamientos atroces, bestiales, fueron formulados como teoría a una práctica que viene desde antes de 1811. Son el acerbo de la denominada historiografía liberal argentina, lo que algunos denominan "El Eje, Mayo-Caseros". Practicaron -todos estos "civilizadores" los Pueyrredones, los Soler, los García, los Alvear, Lavalle, Mitre, el gacetillero Sarmiento y muchos otros que vinieron después- como método constante el asesinato de sus enemigos, la violación de sus mujeres, la violencia contra las familias (ni la madre de Quiroga se salvó de que la pasearan en cadenas, como una fiera). Y esa tradición se cultiva en las escuelas militares, en los cursos, en los Estados Mayores. Videla y toda la patota de atorrantes de uniforme han mamado en esa escuela. Los poquísimos oficiales que reconocen estas vergüenzas deben saber que son sus propios compañeros de promoción las bestias y que cualquier regeneración pasa por reconocer los hechos, condenar moralmente los excesos y someter los individuos a la justicia por los previstos penales en los que han incurrido. Y debería ser agravante, la circunstancia, de que los delitos los practicaran con sus propios compatriotas.

Y en cambio, cuánta nobleza en los caudillos populares, los "bárbaros", empezando por el primero de todos ellos, nuestro oriental: Don José Gervasio Artigas!!! De ellos viene el" Clemencia para los vencidos" de lo que se olvidaron en la Banda Oriental, los denominados Tenientes de Artigas, esa liga miserable de masones, que la juega a distribuir análisis entre la izquierda, a ver si "cazan", cuando los cambios lleguen. El revisionismo histórico, que en el Río de la Plata tiene a Luis Alberto de Herrera como precursor reconocido por todos, se ha encargado muy mucho de levantar a aquellos héroes que luchaban defendiendo las provincias, sus producciones, el trabajo humano que en ellas se generaba y la sociedad civil a la que la actividad económica daba lugar. Los liberales de entonces, eran los neo-liberales de ahora. La misma raza maldita del sometimiento y del vasallaje. Absolutamente los mismos cipayos al servicio entonces de Inglaterra, hoy de los Estados Unidos y mañana de cualquier extranjero.

Mario Roberto Santucho viene, en la Argentina, desde ese mismo interior. Donde entre el pueblo, al lado de la historia oficial que se enseña en los manuales escolares, vive en la memoria popular la otra historia, la que oficialmente no se reconoce nunca. La que es tabú, herejía y está proscripta. El indigenismo es parte de ese caudal y a él estuvo ligado Santucho en sus primeros años. Pero también el radicalismo. Cualquier análisis del origen político familiar de los principales jefes y responsables de lo que después será el PRT-ERP lo muestra.

¿Y lo moderno, lo que produce la sociedad industrial? –También está presente en el pensamiento socialista del cual el trotskismo es una parte. Pero atención: el trotskismo de la lucha y de la resistencia, no el trotskismo del aparatismo, de la paja teórica y de los caudillejos  y maniobreros con pretensiones de Gran Bonete. El del "vasco" Bengochea, el de Luis Pujal, el de Pedro Bonet, el de Lionel MacDonald, el de Clarisa Lea Place, el de Eduardo Raul Merbilhaá, porque en el Río de la Plata no somos tantos que no nos conozcamos bien. Ni las palabras de homenaje nos brotan de las circunstancias. Son más bien gritos que nos vienen del corazón (el "soronca" como decimos los orientales).

Santucho, por méritos propios, fue el artífice principal de aquella organización política. Y en los meses previos a su muerte, la figura más importante entre los jefes revolucionarios argentinos. ¿Como medir, la vocación revolucionaria que sembraba entre los militantes de su organización? -No la medirán nunca las palabras –ni las nuestras ni las de otros- las mide el enemigo. Para los militantes del PRT-ERP había solamente exterminio. El enemigo sabía perfectamente bien que eran completamente irrecuperables, que habían atado su vida completamente a la revolución socialista en la Argentina. Era el mayor compromiso de todos aquellos: los que murieron y los que -por azar- salvaron sus vidas.

Mucho más habría para decir de este precursor, de este combatiente, de este jefe destacado. Está el tema de la unidad con las otras corrientes del movimiento popular, la creación de la JCR, los militantes chilenos y uruguayos que cayeron en la Compañía del Monte, el tema del paralelo con Raúl Sendic. Inclusive el tema de la desviación militarista final, que en más de un aspecto es paradójico y que exige un análisis. Terminemos sin embargo estas notas recordatorias con las palabras de un adversario, del general Fausto González, publicadas en el libro de María Seoane

"Todo o nada"

"Santucho era uno de los enemigos más notorios, más representativos, más tenaces. En cómo terminó esa historia se pueden ver otros elementos: los dirigentes montoneros en su mayoría escaparon del país. Los del ERP murieron combatiendo. Esto, marca dos filosofías diferentes: en cuanto Montoneros ve que ha fracasado su intento busca una salida hacia el exterior. Hay gente del ERP que también salió del país, pero Santucho muere acá, en su ley. Su obsesión no le permitía ver que todo estaba perdido. Eso sí, era un producto de esta sociedad. Virtuosos o equivocados, todos ellos fueron un producto de la Argentina, como Rosas, Urquiza, Sarmiento. A la larga, dentro de muchos años, Santucho será entendido como un producto del país como lo fue Alejandro Lanusse. A lo mejor, fue mucho más representativo de la sociedad argentina Santucho que el Che Guevara. Más aferrado a su tierra, aunque estaba equivocado, dados los problemas del país, y por la situación internacional, Santucho buscó la salida de la revolución. Entonces despreció la democracia (¡?) fue antisistema. Veo improbable –porque estaba menos contagiado por el poder económico que Firmenich- que Santucho hubiera aceptado un indulto. Era más militar en ese sentido, tenía que morir peleando. Era como un héroe de la tragedia griega. Curioso, porque a pesar de estar el ERP en contra de los fascistas, su acción también derivó en un viva la muerte. Y a partir de 1974 comenzó una lucha a muerte de ambos lados. La salida política estuvo ausente y triunfó la lógica de la violencia y perdió la Nación porque desangra a una generación y a las FF.AA. La muerte de Santucho fue sólo un acontecimiento porque existía el convencimiento de que él era sólo la cabeza de un núcleo que iba a seguir accionando Y justamente uno de los errores de las FF.AA. en esta guerra, que fue fundamentalmente política, por el poder, fue quedarse con la derrota militar de un sector y no establecer un pacto político con las otras fuerzas de la sociedad. Por eso las consecuencias posteriores. Y el momento de sentarse con todas las fuerzas políticas para discutir qué hacer con la Nación fue 1974, pero no se hizo. En 1976 ya fue tarde"

Son palabras del enemigo –con todo lo que esto conlleva- pero también Mitre escribió sobre su contemporáneo Artigas, su particular enemigo, palabras que palabra más, concepto menos- han soportado la prueba del tiempo. El resto, lo que falta, el verdadero homenaje, lo escribirá la gente trabajadora argentina, cuando derrote definitivamente a los parásitos que la explotan.


Mi último día con Santucho

Luis Mattini 

El 18 de julio de 1976 –un domingo que precedió a lo que sería el nefasto lunes 19– estábamos reunidos el resto del Buró Político del PRT, en el departamento del Gringo Mena, en un cuarto piso de la calle Venezuela, en Villa Martelli, frente al cruce del Acceso Norte con la Avenida General Paz: Mario Roberto Santucho, Domigo Mena, Benito Urteaga y yo.

Santucho se despedía

Al día siguiente, después de la reunión de constitución de la OLA (Organización para la Liberación de Argentina, el muy original nombre que propuso Firmenich para la unidad entre PRT, Montoneros y Poder Obrero), saldría para La Habana. Ya le habían hecho algunos retoques para enmascarar su rostro, enrulado un tanto el pelo y con algún matizador que suavizaba su tono renegrido. 

Pasajes y pasaportes, todo listo. Saldría más o menos a las cinco de la tarde junto con Liliana. Los esperaba un intrincado itinerario hasta llegar a Cuba. 

Se instalaría en La Habana más o menos un par de años y cada dos meses viajaría uno de nosotros para mantener el vínculo directo con el Buró Político. Benito Urteaga sería el titular interino del organismo durante su ausencia. 
Santucho no iría, precisamente, de descanso. En Cuba establecería un plan de actividades que abarcaba todo el globo terrestre, principalmente estrechando vínculos con el campo socialista y el tercer mundo. La misión fundamental era conseguir entrenamiento a nivel de oficiales para un centenar de cuadros del PRT-ERP 

Aunque me resulte extraño ahora, al recordarlo, el ambiente en esa despedida era de gran optimismo. Creíamos que habíamos pasado lo peor, que habíamos aprendido mucho con los severos golpes recibidos. Entendíamos que la nueva política del PRT de repliegue hacia el movimiento de masas, para consolidarse y estar en condiciones de dirigir la próxima ofensiva del movimiento popular, implicaba una enorme maduración política. 

Ese domingo transcurría entre reunión formal del organismo y charlas informales entre amigos. Una picada, algunos brindis, recomendaciones y más recomendaciones de Roby. Ante todo cuidar, la unidad del partido, el funcionamiento aceitado de sus organismos, la regularidad de la prensa, el incremento de la penetración en el movimiento obrero y la dosificación de las operaciones armadas –en hostigamiento permanente a la dictadura–, pero sin arriesgar grandes fuerzas hasta tanto no empezara el nuevo auge de masas calculado en un par de años.

El crepúsculo está cayendo

Desde la semipenunbra de este cuarto piso, vemos el tránsito de la Panamericana, mientras mantenemos la que será –y lo ignoramos– la última conversación de este grupo. 

El Gringo Menna ha salido, como siempre, como un ventarrón. Benito prepara sus cosas canturreando tangos de la Rinaldi por lo bajo. Roby y yo quedamos hablando de su misión en La Habana, de Fidel, de Ochoa y de Piñeyro, de cómo tratar con cada uno de estos hombres claves en Cuba. Discutimos también la composición del Buró Político. Yo sostengo que el mejor cuadro para cubrir la vacante es Eduardo Merbilhá (quien funciona como adscrito, sin ser miembro pleno). Roby insiste con Julio Oropel, un obrero de Córdoba, para mantener "el peso de clase", que se ha debilitado mucho con las caídas. 

Yo estaba participando – ¡y lo ignoraba en ese momento!– de la última conversación con Roby, el Comandante, el hombre a quien apenas seis años atrás había escuchado, por primera vez y enmascarado, en un departamento del Barrio Norte.: "... Julio Oropel", "es importante el peso de clase, Luisito..." 

Palabras más, palabras menos –hasta donde me es fiel la memoria–, me revisitan cada tanto, al trasluz de ese crepúsculo final de Villa Martelli.) 

Por la noche Benito y yo nos retiramos, conviniendo en que nos encontraríamos al día siguiente, después del mediodía, cuando se suponía terminada la entrevista de Santucho con Firmenich. Un encuentro breve, tan sólo para informarnos del resultado de la reunión y darle a Roby el abrazo de despedida. 

En el departamento quedaron Santucho, Liliana, Mena, su compañera Ani y el pequeño Ramiro, hijo de Mena. Un piso más abajo vivía Eduardo Merbilhá con su mujer y sus hijos. En la casa no había guardia y no más armas que una pistola Browning de alza y mira especial, que los cubanos le habían regalado a Roby, las Browning comunes, que utilizábamos cada uno para autodefensa, y un pesado Magnus, orgullo del Gringo Mena, que manejaba a dos manos. 

Al día siguiente, 19 de julio de 1976, Santucho no salió de la casa como estaba previsto porque la reunión con Firmenich abortó. Enrique Gelhter, secretario de Santucho, fue a la cita previa con el delegado de los Montoneros y no apareció nadie. Esas cosas solían suceder y no causó demasiada alarma. 

A media mañana, según parece, habría regresado Benito Urteaga con su pequeño hijo. Mientras tanto, los dueños de casa, el Gringo y Ani, continuaban con citas y otras actividades. En uno de esos encuentros habría sido detenido Mena, en la estación Lisandro de la Torre, muy cerca de allí. 

Entre las dos y la tres de la tarde de ese día, salía yo de una de las casas de recambio para el Buró Político ubicada en Martínez. Iba acompañado por Guillermo, con intención de dejarlo en la Panamericana y dirigirme a la casa. 
Me detuve en una estación de servicio y llamé al departamento de Mena dando mi santo y seña, para activar la señal de peligro, es decir la medida de precaución que tomábamos siempre antes de ir a una casa. En este caso era el teléfono y la palabra "Flores". 

– Hola, habla Flores. 

Del otro lado de la línea, una voz desconocida y muy suelta de cuerpo me respondió más o menos así: 
– ¿Flores? ¿Qué dice, Flores, cómo anda? Lo estamos esperando. 

Por una de esas jugarretas de la mente, pensé que los teléfonos se habían ligado. Insistí un minuto más y después colgué porque teníamos la información de que la Policía Federal podía llegar a cualquier teléfono en menos de diez minutos. 

De inmediato instruí a Guillermo que suspendiera toda actividad y se concentrara a la espera de órdenes, y me dirigí a cambiar de central telefónica para volver a llamar. 

Al acercarme a la Av. General Paz por la Panamericana, miré hacia la ventana del cuarto piso y la vi totalmente abierta, con una luz encendida. No necesitaba más. 

Pero, de todos modos, busqué otro teléfono en el barrio de Saavedra. 

– Hola, habla Don Luis. 

Y otra voz, también desconocida, me respondió. La catástrofe se confirmó. 

Después supimos que una patrulla del Ejército, al mando del Capitán Leonetti, había asaltado el departamento y que en el tiroteo murió el propio capitán y cayeron heridos de muerte Benito Urteaga y Mario Roberto Santucho. Liliana Delfino, Domigo Mena y Liliana Lanciloto, su compañera, integran la larga lista de detenidos-desaparecidos. En otro extremo de la región, por la tarde, era secuestrado Enrique Gelther, también destinado a la nefasta lista. 

Se me ha preguntado muchas veces que sentí en ese momento. No me es posible responder. Mis sentimientos quedaron anulados, escondidos por la urgencia de la acción inmediata. Fue como si la artillería enemiga hubiera hecho blanco en el Estado Mayor y las trinchera hubieran cedido. 

Asumí el mando, automáticamente, y me dediqué a cerrar las brechas. Yo era un cerebro que pensaba y un cuerpo que actuaba. 

La sensación de que el enemigo había llegado tarde es el único sentimiento que registro de aquellos días subsiguientes, reorganizando la dirección con Eduardo Merbilhá y otros compañeros. Así lo escribí, incluso, en el primer editorial de nuestro periódico El Combatiente referido a los hechos: "El enemigo llegó tarde con su golpe mortífero porque el Comandante Santucho había logrado formar un cuerpo colectivo que era su herencia…". (Cito de memoria) 

Sé que hoy pueden sonar grandilocuentes o patéticas estas palabras, pero entonces eran la expresión de un legítimo sentimiento consciente. 

Y, si nos salimos de la visión lineal de "victoria" o "derrota" –más aun, "éxito" o "fracaso", o de otros posibles desenlaces–, no me equivocaba. Todos los demás dirigentes, y yo mismo, seguíamos siendo –como he dicho en otra parte– hombres y mujeres con mayores o menores talentos. Santucho seguía siendo diferente. Desde luego, también como él, habíamos aprendido mucho y acumulado experiencia, y así la distancia con Roby se había ido diluyendo en un espíritu colectivo que lo excedía y que trascendió la época. 

Se ha dicho más de una vez que la ascendencia de Roby estaba dada porque él era la síntesis de la conciencia colectiva del PRT por encima de la diversidad de sus componentes. 

Sin embargo, creo que –aun siendo lo anteriormente dicho parte de la verdad– es al menos insuficiente hablar sólo de "conciencia". 

Porque Mario Roberto Santucho –el sucesor del Che en Argentina–, más que la conciencia, erala encarnación del deseo, la pasión colectiva inconsciente que, por medio de una práctica peculiar –en este caso y por las circunstancias, la lucha armada– pugnaba por transformarse en pensamiento consciente, en forma de conciencia social que demanda a cada generación ser fiel a su época.

Superación revolucionaria o superación regresiva


Oscar Casanova (Venezuela) Maizal

Edgar Bolaños Marín / Socialismo Peruano

 En la lucha de clases encontramos no sólo burguesía, proletariado y el antagonismo entre uno y otro, sino también su síntesis (capitalismo o socialismo), que no es – dice Marx – una fórmula sino un movimiento. Lenin, años después, comentaba que todas las cosas son contradictorias en sí mismas (capital-trabajo, burguesía-proletaria do, capitalismo- socialismo) y que debemos captar la antítesis en su unidad. Y como toda unidad es movimiento contradictorio, la identidad y antagonismo, producen un resultado (síntesis) que no es ni puede ser nulo o cero. Este resultado, o superación de la contradicción, debe ser positivo o negativo. Razón de más para que Gramsci sostenga que en "la historia real, la antítesis tiende a destruir la tesis, la síntesis será una superación, sin que se pueda establecer 'a priori' lo que de la tesis será 'conservado' en la síntesis...." [1] Con Marx o sin Marx, comprobamos que dos son los actores principales del tinglado humano: burguesía y proletariado, capitalismo y socialismo. Dos, y solamente dos, son también los posibles resultados: reforma y revolución. Y, como es natural, en la vida real, el victorioso como el derrotado saca conclusiones. A esto se refiere, en sus Cuadernos de la Cárcel, cuando afirma que la síntesis puede realizarse ya sea con reabsorción de parte de la antítesis en la tesis o, viceversa, con conservación de elementos de la tesis en la antítesis. "La antítesis-hecha- síntesis tiene significado objetivamente progresista en tanto representa lo 'nuevo', mientras que la tesis-hecha- síntesis es regresiva, en cuanto apunta a consolidar lo 'viejo'."[2] En el socialismo, la superación progresiva es la superación de los antagonismos de clase que conduce a la acracia. Sin embargo, en el caso de la desintegración de la URSS: la negación de la negación, en términos de Hegel [3], es una superación-regresiva (síntesis) de la tesis. El pasado se aferra al presente e intenta sobrevivir al inevitable futuro.

A finales del siglo XX, la superación-regresiva del socialismo puso en evidencia que la propiedad "social" de los medios de producción, por sí misma, es incapaz de generar conciencia socialista ni resuelve los problemas sociales. Ninguna medida económica origina, como por arte de magia, la desintegración final de un orden social ni asegura el triunfo definitivo del comunismo. La administración del poder, sea burgués o proletario, se rige por las mismas reglas porque el Estado existe para que una clase pueda ejercer su dominio sobre otras clases. La desaparición de ese dominio implica la desaparición de la maquinaria estatal; pero, mientras el Estado tenga vida la propiedad social sólo puede ser propiedad estatal. Durante la construcción del socialismo, la propiedad estatal se irá transfigurando en propiedad social en la misma medida que el Estado se vaya extinguiendo.

Necesidad y voluntad se combinan en los procesos de transformación social. Issac Deutscher, hace 42 años, recordaba que la revolución socialista en la vieja Rusia estaba y no estaba madura. Los obreros, dirigidos por los bolcheviques, expropiaron a los capitalistas y traspasaron el poder a los Soviets; pero no podían establecer una economía socialista y un modo de vida socialista. En 1917 se producen dos revoluciones en una que hacen posible la alianza obrero-campesina. Nikolái Ivánovich Bujarin, en su Informe en la sesión recordatoria por el 5to aniversario de la muerte de Lenin 21 de enero de 1929, refiere que Marx en los años 50 del siglo XIX consideró "la combinación de la guerra campesina con la revolución proletaria", como la más ventajosa para la conquista del Poder. [4] En esa dualidad reside el secreto del poder de los bolcheviques pero a la vez su debilidad. La revolución proletaria que los bolcheviques "consumaron tenía por objeto la abolición de la propiedad." Pero, su primer acto, para asegurar el apoyo campesino, "fue la repartición de las tierras de la aristocracia." [5] Esto creó una potencial y amplia base para el desarrollo de una nueva burguesía rural. Y la Rusia rural era, -como reconoció Lenin-, el vivero de un capitalismo en general. Los campesinos, temerosos de que una contrarrevolución pudiera propiciar el regreso de los terratenientes, se comprometieron sólo por interés con el régimen bolchevique. La combinación de dos revoluciones hizo posible la alianza obrero-campesina, permitió a los bolcheviques ganar la guerra civil, resistir la intervención extranjera y más tarde derrotar al nazismo en la II Guerra Mundial.

Entre 1917 y 1928 la necesidad de sobrevivir del Estado Soviético, sostiene Charles Bettelheim, impulsó el afianzamiento de la tendencia que identifica socialismo "con un rápido desarrollo de las fuerzas productivas." [6] En 1959, Mao Zedong comentando Problemas económicos del Socialismo en la URSS de Stalin escribe lo siguiente: "Del comienzo al fin de su libro, Stalin no habla en ninguna parte de la superestructura. No toma al hombre en consideración. El ve las cosas pero no al hombre." ¡El hombre no figura en sus propósitos! "Los soviéticos no se interesan más que en las relaciones de producción. Ignoran la superestructura, la política y el papel del pueblo. Si no hay movimiento comunista es imposible pasar al comunismo." ¡Y eso es avanzar sin avanzar! "Para ellos la técnica decide sobre todo, los cuadros deciden sobre todo. Ponen el acento sobre el aspecto "experto" y no sobre el aspecto "rojo", sobre los cuadros y no sobre las masas. También aquí caminan con una sola pierna."[7] ¡Sí! ¡También en eso la unilateralidad prevalece! Esta tendencia reduce el marxismo a una teoría económica. Lenin, combatió esa inclinación en los líderes de la II internacional. Asimismo, desenmascaró la tendencia menchevique de circunscribir los objetivos del movimiento obrero a la mera lucha económica y, más tarde, en la predisposición a privilegiar la economía subordinando la política. En 1921 Lenin responde a sus críticos: "El desatino teórico es imponente. La política es la expresión concentrada de la economía, repetí yo en mi discurso, pues ya había oído antes este reproche, absurdo y totalmente inadmisible en boca de un marxista, a mi enfoque 'político'. La política no puede menos que tener supremacía sobre la economía (…) Trotski y Bujarin presentan la cosa de manera como si ellos se preocuparan del aumento de la producción y nosotros sólo de la democracia formal. Este planteamiento es erróneo, pues la cuestión se plantea (…) únicamente así: sin un enfoque político adecuado de la cuestión la clase dada no mantendrá su dominación y, por consiguiente, tampoco podrá cumplir su tarea de producción."[8]

De 1918 a 1921 el Estado Soviético tuvo que enfrentar la agresión externa de una coalición internacional (Japón, EEUU, Alemania, Polonia, Checoslovaquia con el apoyo de todo el occidente capitalista). La intervención extranjera obligó a la aplicación de una política de excepción, conocida como comunismo de guerra. Culminada la guerra, Trotski, Bujarin y otros dirigentes preferían mantener esta rígida política ("militarización del trabajo", requisa y distribución de los productos agrícolas) de guerra para continuar la evolución hacia el comunismo. Pero, Lenin, mejor que nadie, sabe que el marxismo no obedece a un voluntarismo obsesivo ni a un determinismo pasivo y rígido; sabe, como el instinto de la masa, la necesidad de los virajes en la política y la economía. En 1921 se produce un viraje histórico, los acontecimientos protestaban, los hechos exigían, pedían a gritos tomar decisiones ante una nueva realidad.

Desde Marx se sabe que entre capitalismo y comunismo existe un periodo de transición. "Este período no puede dejar de reunir los rasgos o las propiedades de ambas formaciones de la economía social, no puede dejar de ser un período de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente; o en otras palabras: entre el capitalismo vencido, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido, pero muy débil aún." [9] Lenin, después del triunfo de Octubre, abogó incansablemente por la organización estatal de la gran producción industrial. El Estado debía ser la palanca que impulsara la industrialización para la transición socialista de una economía semifeudal al comunismo. Así, un capitalismo monopolista de Estado debería servir para consumar las tareas que la burguesía no había podido cumplir. Rosa Luxemburgo, en Reforma o revolución, señala que "el desarrollo capitalista modifica esencialmente la naturaleza del Estado, ampliando su esfera de acción, imponiéndole nuevas funciones constantemente (sobre todo en lo que afecta a la vida económica), haciendo cada vez más necesaria su intervención y control de la sociedad. En este sentido, el desarrollo capitalista prepara poco a poco la fusión futura del Estado y la sociedad." [10] En manos de qué clase está el poder estatal determina si éste "capitalismo de Estado" sirve para estabilizar más capitalismo o para abrir paso hacia el socialismo. "Pues el socialismo no es más que el paso siguiente después del monopolio capitalista de Estado. O dicho en otros términos, el socialismo no es más que el monopolio capitalista del Estado puesto al servicio de todo el pueblo y que, por ello, ha dejado de ser monopolio capitalista."[11]

En 1921, la estabilidad de la alianza obrero-campesina, se ve seriamente amenazada por los problemas internos derivados del periodo conocido como comunismo de guerra. Lenin, conciente de la necesidad de un viraje en la política económica, se inclina por reducir la gravosa economía de guerra impuesta a los agricultores, para estimular la producción agraria; asimismo, se propone mitigar los controles sobre la industria y el comercio y permitir la creación de pequeñas empresas con el objetivo de incrementar la producción. Lo cierto es que "el campesinado obligó al gobierno de Lenin a proclamar su respeto por la propiedad privada y a restaurar el comercio libre." [12] Esta política fue conocida como la Nueva Política Económica (NEP) aplicada desde marzo de 1921 hasta su abandono a principios de 1929. Lenin muere en 1924. El "político ágil, flexible, dinámico, que revisa, corrige y rectifica sagaz y continuamente su obra" [13] cesa de contestar a los grandes virajes de la historia social. La situación interna de la URSS, de 1918 al inicio de la II guerra mundial, determina la tendencia a priorizar el crecimiento económico como una cuestión de vida o muerte. Limita la mirada de la vieja guardia bolchevique. Los errores estaban social y económicamente condicionados. Y los hombres, matices más matices menos,  coinciden en atribuir al desarrollo de las fuerzas productivas la función de motor de la historia. Esta apreciación olvida que las contradicciones son el motor de la economía, la política y la sociedad. En los manuscritos de La Ideología Alemana de 1846, Marx y Engels dicen "hasta ahora no hemos examinado más que un solo aspecto de la actividad humana: la transformación de la naturaleza por los hombres. El otro aspecto es la transformación de los hombres por los hombres." Y ciertamente la transformación de los hombres por los hombres es el problema de que "las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que éste hace a las circunstancias." [14] Y, ¿cuál es la base de las circunstancias formativas del hombre? No otra que la contradicción (unidad y lucha de contrarios): motor del progreso humano.

El revolucionario, como educador, es producto de las circunstancias y la educación y, al mismo tiempo, como negador de una sociedad enajenada, es decir, como actor de circunstancias y educación modificadas necesita ser educado. En la Unión Soviética, caminar sobre un solo pie, privilegia la masificación de la instrucción pública. Un nuevo orden requiere expertos y competentes pero, sobre todo, rojos y calificados. Al experto lo producen las instituciones educativas. Al revolucionario lo produce las circunstancias (lucha de clases) y la educación modificada (nueva matriz reproductiva). El capitalismo brota espontáneamente porque tiene en la familia su célula reproductiva. El socialismo tiene, en consecuencia, que modificar las condiciones materiales para la reproducción del hombre social. Los dirigentes de la Segunda y la Tercera Internacional, con muy pocas excepciones, estaban convencidos de que cambiando el régimen de propiedad de los medios de producción cambiaría todo. Pero, está probado que no basta que la propiedad de los medios de producción pase a manos del Estado. El Estado es una entidad abstracta que representa el poder de la clase que lo ejerce mediante medidas coercitivas o subliminales. El pueblerino siente o percibe el Estado a través de instituciones legislativas, ejecutivas, judiciales y policiales. El Estado es el garante de la propiedad (privada o colectiva) y la propiedad es poder. Mientras existan Estado y propiedad existirán gobernantes y gobernados, mando y subordinación, dirección y obediencia, elementos inseparables de la contradicción Estado – Comunidad. Percibir la unidad y lucha, entre esos elementos en las relaciones de clase, nos cura contra la unilateralidad. Por ende, mientras subsista la contradicción Estado – Comunidad, es ingenuo creer en un Estado o propiedad de todo el pueblo.

El economismo marcó "profundamente la forma en que se aplicó la NEP y explica la concepción de la colectivización (forzada) y la industrialización que ha prevalecido en la Unión Soviética. Tal concepción, en efecto, confería un papel privilegiado a la acumulación y trataba la técnica como si se encontrase 'por encima' de las clases." [15] Mariátegui en su conocida Defensa del Marxismo arremete contra esa tendencia que reduce el marxismo a un determinismo económico. Haciendo suya la interpretación de Adriano Tilgher, la incorpora a su discurso sin regatearle una coma: "La táctica marxista es, así, dinámica y dialéctica como la doctrina misma de Marx: la voluntad socialista no se agita en el vacío, no prescinde de la situación preexistente, no se ilusiona de mudarla con llamamientos al buen corazón de los hombres, sino que adhiere sólidamente a la realidad histórica, más no resignándose pasivamente a ella, antes bien, reaccionando contra ella siempre más enérgicamente, en el sentido de reforzar económica y espiritualmente al proletariado, de acentuar en él la conciencia de su conflicto con la burguesía, hasta que habiendo llegado al máximo de la exasperación, y la burguesía al extremo de las fuerzas del régimen capitalista, convertido en un obstáculo para las fuerzas productivas, pueda ser útilmente derribado y sustituido, con ventaja para todos, por el régimen socialista".[16] Economía y política en Marx no son concebidas una fuera de la otra ni mucho menos contrapuestas. Todo lo contrario, son los dos pies sobre los que camina la sociedad. El ser social necesita alimentar el cuerpo y  el espíritu. El hombre total (pensante y operante) es criatura pretérita pero también hechura del fermento social que le toca vivir. El hombre erguido sobre sus dos pies explora nuevos horizontes para sí mismo y, por ende, para la especie.

En la Unión Soviética "los productores continúan siendo asalariados que trabajan para la valorización de los medios de producción, los cuales funcionan como un capital colectivo administrado por una burguesía de Estado. Esta burguesía -como cualquier clase capitalista- constituye el cuerpo de los 'funcionarios del capital', según la expresión empleada por Marx para caracterizar a la clase capitalista. El partido en el poder se limita a proponer a los trabajadores soviéticos la reproducción indefinida de estas relaciones sociales. Es prácticamente, el partido de los 'funcionarios del capital', y como tal actúa tanto en el plano interno como en el internacional."[17] Stalin en 1951 admite que en la URSS el tema es objeto de discusión: "Hoy, en nuestro régimen, resultan bastante absurdas las palabras acerca de la fuerza de trabajo como mercancía y de la 'contrata' de obreros. Parece como si la clase obrera, dueña de los medios de producción, se contratara a sí misma y se vendiera a sí misma su fuerza de trabajo."[18] Pues sí. Parece como si la dueña de la pelota no pudiera hacer uso de la pelota. Palabras, palabras y más palabras reza la canción popular. Las teorías son teorías, pero "la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas" [19], decía Marx a los 26 años. Importa, entonces, sí el hombre hace suya esa teoría. Importa el cómo posicionarse en el cerebro de los individuos. Importa cómo lograr que la masa se apodere de esa teoría. Importa la psicología de la masa, el sentimiento del "sujeto individual" y la práctica del "sujeto social". Issac Deutscher recuerda una observación de un oteador occidental: "Mientras que en nuestras clases medias la regla consiste en vivir a la altura del prójimo, en la Unión Soviética los privilegiados siempre deben recordar que hay que mantenerse tan abajo como el prójimo". [20] En la URSS de Josep Stalin el hombre social brillaba por su ausencia. ¿Se necesita alguna prueba de esa ausencia? Que más prueba que la indiferencia de más de 55 millones de obreros [21] en 1991. Año de la desintegración y demolición del edificio socialista de Lenin y Stalin.

La superación regresiva de la Unión Soviética y la desintegración del campo socialista mundial son el desenlace obligado de la crisis del modelo de democracia socialista. El modelo de construcción socialista (URSS) pone el acento en el desarrollo de las fuerzas productivas y simplifica la historia en el culto a la personalidad. Pero, socialismo es un movimiento de hombres contra hombres (lucha de clases), de intereses contra intereses (lucha económica) y de ideas contra ideas (lucha ideológica). El socialismo es la última revolución política contra otra revolución política que ha cesado de ser útil pero que se resiste a perecer: democracia proletaria versus democracia burguesa. "La idea de democracia soviética, tal como la habían expuesto Lenin, Trotsky y Bujarin, presuponía la existencia de una clase activa, eternamente vigilante, que hiciera valer sus derechos no sólo contra el antiguo régimen sino también contra cualquier nueva burocracia que pudiera abusar del poder o usurparlo."[22]  

En 1846, los fundadores del socialismo proletario se preguntan: "¿cómo explicarse que el comercio, que no es sino el intercambio de los productos de diversos individuos y países, llegue a dominar el mundo entero mediante la relación entre la oferta y la demanda —relación que, como dice un economista inglés, gravita sobre la tierra como el destino de los antiguos, repartiendo con mano invisible la felicidad y la desgracia entre los hombres, creando y destruyendo imperios, alumbrando pueblos y haciéndolos desaparecer—, mientras que, con la destrucción de la base, de la propiedad privada, con la regulación comunista de la producción y la abolición de la enajenación que los hombres sienten ante sus propios productos, el poder de la relación de la oferta y la demanda se reduce a la nada y los hombres vuelven a hacerse dueños del intercambio, de la producción y del modo de sus relaciones mutuas?" [23] En estas líneas, Marx y Engels, nos precisan tres condiciones básicas para la extinción del poder de la economía sobre los hombres: 1. Destrucción de la propiedad privada, 2. Regulación (planificación) de la producción, 3. Abolición de la enajenación. La clave, sin embargo, reside en la tercera condición sin la cuál la posibilidad de regresión pende cual espada de Damocles. No les falta razón a quienes sostienen que mientras la fuerza de trabajo sea enajenada, la tendencia a reproducir y multiplicar las relaciones capitalistas sigue viva. Es que jurídicamente se podrá eliminar la propiedad privada de los medios de producción; pero, no se la puede borrar, como por arte de birlibirloque, de los cerebros de los hombres. Es que la célula económica del capitalismo mantiene intacta su potencia de vida, en tanto, la existencia depende de la venta de la fuerza de trabajo. A los trabajadores en su relación con el capital (empresa privada o estatal) "les interesa: primero vender para comprar, esto es, vender el uso de su fuerza de trabajo (mercancía), percibir un salario (dinero) para luego con él adquirir los productos para su consumo (mercancía). El circuito es mercancía-dinero- mercancía. Esto señala la segunda circunstancia: los trabajadores necesitan acceder a los valores de uso mercantiles sin los cuales no podrían subsistir ni ellos ni su familia." [24]

En 1844 Marx decía: "Si el hombre es formado por las circunstancias, será necesario formar las circunstancias humanamente. Si el hombre es social por naturaleza, desarrollará su verdadera naturaleza en el seno de la sociedad y solamente allí, razón por la cual debemos medir el poder de su naturaleza no por el poder del individuo concreto, sino por el poder de la sociedad."[25] Formar las circunstancias humanamente en el seno de la sociedad es entonces la clave. Marx nos lleva con sus razonamientos a la conclusión de medir la naturaleza social por el poder de la sociedad. Y, ¿cuál es el poder de la sociedad en última instancia? ¿No reside éste poder en las unidades básicas de reproducción individual o social? Pues sí. El poder se desprende del individuo concreto o de la sociedad. Así, el poder del individuo concreto reside en la familia, célula básica de las sociedades clasistas. En el capitalismo, la célula económica, produce en serie el hombre individual (poder del individuo concreto), potencialmente para la competencia. De allí que el Estado burgués sea el administrador de los negocios de un puñado de familias. Por eso, el problema fundamental de nuestro tiempo es encontrar la puerta de escape a la "eternidad" del dominio de la economía sobre los hombres.  En la Introducción a la crítica de la economía política de 1857, Marx analiza la relación entre el individuo y el entorno social; ahí concluye que "la enajenación solamente se supera si 'los individuos se reproducen como individuos, pero como individuos sociales'. Así, en opinión de Marx, el individuo en una sociedad socialista no disuelve su individualidad dentro de las determinaciones sociales generales. Al contrario, debe encontrar una salida para la plena realización de su propia personalidad. En una sociedad capitalista, los individuos solamente pueden reproducirse como individuos aislados. En una sociedad burocráticamente colectivizada, por otra parte, no pueden reproducirse como individuos, mucho menos como individuos sociales (...) Según Marx, al contrario, la realización de la personalidad implica necesariamente la reintegración de la individualidad y la sociabilidad en la tangible realidad humana del individuo social." [26] Se trata, conforme al método de Marx, de descubrir en el curso de los acontecimientos la matriz básica que vigoriza la potencia del hombre social. Soñar despierto con modelos que la experiencia del proletariado internacional puso en un primer plano es simplemente un sueño irrealizable. Se trata, más bien, de liberar la potencia del individuo concreto, que se multiplica en la fuerza del hombre social, a través de organismos que la propia experiencia social va creando. Esa es la razón de porqué el socialismo tiene una tarea ineludible: sustituir la unidad básica de reproducción del orden individualista por un organismo social (poder de la sociedad) que engendre al hombre social para el entendimiento y la colaboración humanamente natural. Es el poder social, como potencia revelada de la fuerza de producción multiplicada, que brota de la comunidad y se sostiene en la cooperación de individuos distintos pero universales.

Marx y Engels, creen que "el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual." [27] La historia avanza en espiral precisamente porque los humanos somos inéditos, irrepetibles [28], por las circunstancias que modelan al hombre concreto. La marcha de la historia nos presenta un espejismo en la reiteración de "hechos y personajes". Pero, lo cierto es que nada puede ser absolutamente idéntico. La vida no es un circuito cerrado. No es la repetición de la repetidera. Todo pasa y todo cambia en la marcha continua de los tiempos, decía nuestro Federico Barreto. Las experiencias pasadas nos sirven para no volver a incurrir en los mismos errores. La historia ilustrada nos vende la ilusión de hechos y personajes que se repiten. Pero, la historia real nos enseña que nada ni nadie es copia fiel de hechos o personajes de antaño. La organización de la sociedad futura no es un arquetipo elaborado por geniecillos será creación congénita de hombres y mujeres (masas) en medio de los conflictos de clase. El orden ácrata, no será un simple reemplazo sino un proceso creativo, largo y complejo. Marx en su Crítica del Programa de Gotha adelanta lo siguiente: "De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino, al contrario, de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede." [29] Precisamente, esa circunstancia de un nuevo orden que emerge de la desintegración del capitalismo hace imperativo reemplazar la célula económica (familia) por una matriz reproductiva que cumpla funciones defensivas, judiciales, productivas y administrativas. Así el poder de la sociedad que emana de células totipotentes hará con el tiempo innecesarias las clases y absolutamente inútil el Estado.

Marx siguiendo el curso de los acontecimientos en la Francia revolucionaria de 1871 proclama alborozado: "He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo."[30] Marx, había descubierto la célula motora de la emancipación del hombre cosa, la matriz reproductiva que hace posible la emancipación integral del hombre social (en la economía, la política y la sociedad). Lenin, años después, encontraría en los soviets la solución rusa. Los soviets en 1921 por razones externas (bloqueo imperialista) pero sobre todo internas fueron abandonados sin que sus continuadores retomaran esa creativa experiencia. Como descargo los defensores de la obra bolchevique pueden acotar: "Los hombres obraron como obraron porque no podían hacerlo de otra manera."

China de 1966 a 1976 es el escenario de la mayor batalla ideo política de todos los tiempos: la Gran Revolución Cultural Proletaria. Como el marxismo es un ismo de forcejeos; pues, trata de contradicciones y lucha de clases. El discurso Sobre diez grandes relaciones (Mao Zedong, 1956), marca el inicio de un proceso en medio de contradicciones y a través de contradicciones "concluye" en 1976. Esta disertación orienta la ofensiva contra la esencia del mecanismo de reproducción de las relaciones de producción capitalistas; y, abandona (conserva y supera) el modelo de "acumulación" soviético ("ponen unilateralmente el acento en la industria pesada y descuidan la agricultura y la industria ligera"[31]) que prevalecía en la URSS desde 1929 y en China desde 1949. No se separa de la URSS, pero si de su brújula. Sus contribuciones enriquecen el acervo marxista; asume el activo y, el pasivo, lo deja donde debe quedar, en la mochila de los desechos. Redescubre las propuestas [32] de Lenin –de los años veintes– en debate hasta 1928: tomar la agricultura como base y la industria como factor dirigente, de un lado; y, la comuna como estructura base de una redistribución global del poder, de otro lado. Siete años después de la proclamación de la República Popular China, en condiciones de enormes dificultades, se intenta un camino diferente al de la Unión Soviética. El parte anuncia: por una parte. La idea de "producir todo a la vez en la misma unidad local", "asumiendo una totalización de las fuerzas productivas frente a la tendencia a su progresiva dispersión." Tiene como contrapelo que "el modelo productivo no puede desmigarse como el pan en micromodelos, caracterizado cada uno de ellos por una relativa autarquía, con el fin de aproximar productor y producto, plan y ejecución, ciudad y campo, agricultura e industria." Por otra parte, el parte continúa. Con la gestación de las "Comunas se ha producido una redistribución del poder estatal del centro a la periferia, un paso de la estructura vertical a la horizontal". Y, el partido, como "gestor" de la sociedad, "tiende a chocar con aquello que pone en peligro el mantenimiento de los equilibrios vigentes".[33] Lo cual no es extraño porque toda burocracia anhela seguridad para sí misma y estabilidad para el aparato estatal del cuál depende. Y la burocracia, por lo mismo, está interesada en prolongar el status de los trabajadores.

En la lucha por el poder, el partido proletario, cumple una función revolucionaria; pero, en la administración del poder –malgrado sus fautores–, obedece a una función "conservadora". En agosto de 1966, Mao Zedong,  al rescatar la Revolución Cultural del control de los "grupos de trabajo", estaba trasladando fuera del partido el motor que "corregirá" el partido. Podemos decir, con la experiencia histórica en la mano, que dictadura del proletariado no es y es lo mismo a dictadura del Partido de la clase obrera (PCCh); y no, precisamente, la mejor manera de ejercerla. (En el siglo XX la alianza obrero-campesina ha sido el soporte social del socialismo. Esa singularidad ha impedido que los soviets o las comunas sean la base del nuevo poder y, en cierto modo, ha justificado la continuidad del Partido de clase.) Mao estaba convencido que toda revolución proletaria vive con una espada de Damocles (volver a aquello que la ha precedido); es decir, que una superación revolucionaria puede ser víctima de una superación-regresiva. Y, que el Partido es el lado más feble, en el ejercicio de la dictadura proletaria, en la administración del poder. En tanto la fuerza de trabajo sea enajenada, la tendencia a reproducir y multiplicar las relaciones capitalistas sigue viva por lo mismo que el trabajo sigue siendo sólo un medio de vida y no  una necesidad vital ni mucho menos una realización personal. La "conquista" del partido es, por lo mismo, la manera más fácil de restaurar el poder burgués. Tras los epítetos, de uno u otro bando, estaba la disyuntiva: mantener a los obreros y campesinos en su lugar como bueyes agradecidos o liberar el ilimitado poder creativo de las masas, es decir, capitalismo o socialismo. El que uno u otro camino prevalezca, depende del ritmo de la historia, la personalidad de los dirigentes, su coincidencia con el sustento de su generación y la continuidad en la discontinuidad del relevo generacional; en buen romance, como diría José Carlos Mariátegui, de la identidad entre un sentimiento colectivo y un ideal histórico. "Ya en el invierno de 1967 los obreros de Shangai –dirá Mao, mediante su dirigente y mediador, Chang Chun-Chiao, uno de los "cuatro"– se alejan demasiado del nivel que el resto del país está en condición de asumir: la Comuna de Shangai, según el modelo de la Comuna de París, tentativa del autogobierno total, no puede ser la forma en que el cuadro institucional chino se reestructure." [34] Los tiempos no estaban maduros para el autogobierno obrero. Forzar lo inmaturo no era su norma. En 1927 había escrito: "Son los propios campesinos quienes instalaron los ídolos y ellos, cuando llegue el momento, los tirarán con sus propias manos; no es necesario que otros lo hagan en su nombre antes de tiempo (…) es erróneo que otros lo hagan por ellos." [35]

Toda clase social se define por su modo de existencia y su modo de existencia deriva del modo de distribución de la propiedad o de posesión de los medios de producción. Una clase social cuando es incapaz de imponer su interés de clase en su propio nombre y no puede representarse a sí misma, no constituye una clase. En el caso del campesinado, por sus características sociales y ubicación en el proceso productivo, constituyen una clase social latente, ó como señalara Marx, una clase en sí. La conversión de clase en sía clase para sí (conceptos del viejo Hegel traídos al cuento por Marx) es un proceso en que intervienen individuos, generalmente desde fuera de las filas del campesinado o el proletariado, y que tiene como resultado la fundación de un partido que da sentido y dirección a la clase. Pero las clases sociales no sólo se originan o definen por el modo de existencia. Marx, observa, en el modo de producción asiático, que las clases también se originan como consecuencia de la distribución del poder. Y el Poder tiene que ver con el uso de la propiedad de los medios e instrumentos de producción. Toda propiedad de bienes muebles o inmuebles indica determinado grado de poder. Y todo poder es señorío en las relaciones humanas. Mariátegui recuerda que Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, señala que todo monopolio engendra infaliblemente una tendencia a la estagnación y a la corrupción. [36] Si hacemos extensiva esta tesis del terreno de la economía a la política comprenderemos el final de la crónica anunciada de los Partidos Comunistas.

Después de octubre de 1917, el desarrollo del camino socialista en la URSS enfrenta dos grandes obstáculos: primero, la guerra civil y la intervención extranjera que obliga a recurrir a los servicios de la burocracia zarista; y, segundo, para sobrevivir, se tuvo que implementar la Nueva Política Económica (NEP). Esta política que estableció concesiones a la ganancia privada tenía, como la moneda dos lados: una positiva como fuerza motivadora y otra negativa que favorecía la continuidad del capitalismo. Asimismo, por la extrema centralizació n con que se enfrentaron los problemas, "la justicia como la distribución de los recursos disponibles eran administrados desde arriba". Estas circunstancias  empujó a "adoptar cada vez más un doble nivel de vida: uno para especialistas y funcionarios del partido, y otro para la gran mayoría de la población".[37] A las clases sociales sobrevivientes del zarismo se le suma una criatura ("funcionarios del capital") que emerge de la misma entraña del régimen soviético. La clase obrera en la administración de la cosa pública enfrenta el tema del poder como una dificultad. A diferencia de las clases sociales que le han precedido en la historia. La clase obrera no busca eternizarse en el poder político. Pero, el poder político lo conquista la clase dirigida por su vanguardia (partido). Una vez en el control del aparato estatal, el partido debería diluirse en los organismos del nuevo poder (Soviets, Comunas o Municipios). Sin embargo, la experiencia internacional expone todo lo contrario: de una parte, el fortalecimiento de los partidos; y, de otra parte, el monopolio del poder que conduce irremediablemente al estancamiento y la descomposición.

El poder soviético tuvo que conceder a los campesinos la propiedad. Y mientras se mantenga en pie la propiedad privada, todo tiende hacia la competencia. La propiedad privada engendra competencia y la competencia tiende necesariamente al monopolio; pues, como dicen los economistas, todo lo que no puede monopolizarse carece de valor. Monopolio no significa cese de hostilidades. La competencia renace, en nuevos términos, sin poder escapar al circuito cerrado, retorna al punto por "toda la eternidad" hasta que agotadas sus fuerzas las mayorías desposeídas terminen por abolir definitivamente la madre de todas las distorsiones: la propiedad privada.

La historia del socialismo es la historia de las singularidades humanas (Comuna de París, Revolución Bolchevique, Revolución China, Revolución Cubana, etc.) pero también es la historia de las parodias, los plagios, las imitaciones, las copias, que siempre han llevado a los fracasos. Algunos sostienen que la clase obrera tiene en su haber innumerables batallas pérdidas. Sin embargo, el tiempo y la experiencia acumulada no han sido en vano. Reforma o revolución es la encrucijada de la humanidad. Desde que Marx y Engels iniciaron su gestión política ha pasado casi dos siglos. En los mil ochocientos la experiencia de la Comuna de París fue el punto más alto de la generación de los fundadores. En los mil novecientos, los soviets en la URSS y las comunas en China, constituyen las batallas más relevantes en la lucha por el socialismo. El siglo XXI, contra todo pronóstico, será el siglo de la batalla definitiva. En efecto, ha sido totalmente necesario que los monopolios terminen por barrer las fronteras nacionales, para que la lucha de nuestro tiempo se generalice, para que la inmoralidad contenida en el sistema económico se "viera llevada a su ápice por el intento de negarla." [38] Hace 163 años Marx observó, más allá de su tiempo, las condiciones básicas para esa batalla decisiva: "Con esta enajenación sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder insoportable, es decir, en un poder contra el que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente desposeída y, a la par con ello, en contradicción con un mundo existente de riquezas y de cultura, lo que supone en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas constituye una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generaría la escasez…"[39] Cabe alguna duda. Hoy es pan de cada día: los mercados globales, la opulencia y miseria, un alto grado de desarrollo tecnológico, etc., etc. La marcha de esos magníficos miserables, en un mundo deslumbrado por el lujo y la riqueza, pone a la orden del día el fantasma del Manifiesto.

Tacna, 20 julio 2009

Notas

[1] Antonio Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Ediciones Nueva Visión, 1971, Bs. As., Pág. 193

[2] Cuadernos de la cárcel, A. Gramsci,  Ediciones Era, Tomo 4, Pág. 124. Véase: Giuseppe Prestipino, en La dialéctica en Gramsci: "Ya Lenin había insinuado la posible superioridad de una dialéctica "tetrádica" o cuatripartita."

[3] Vladimir Ilich resume a Hegel así: "Esta negación de la negación es el tercer término, dice Hegel –"si es aplicable numerar" –, pero también puede ser entendida como cuarto (Quadruplicitat) , contando dos negaciones: la "simple" o ("formal") y la "absoluta"." A ese propósito Lenin acota en recuadro "La diferencia no me resulta clara: ¿lo absoluto no es equivalente a lo más concreto?". Cuadernos Filosóficos, Tomo XLII, Ob. compl., Pág. 217 Lo absoluto en Hegel es "equivalente" a lo concreto. Pero, lo concreto es la singularidad y la singularidad es la base de la universalidad, de lo absoluto. Por eso, lo singular sólo existe en el nexo que lo une a lo universal (Lenin).

[4] Nikolái Ivánovich Bujarin, El testamento político de Lenin, Informe en la sesión recordatoria por el 5to aniversario de la muerte de Lenin, 21 de enero de 1929, Versión electrónica.

[5] Issac Deutscher, La revolución inconclusa, Ediciones Era, 1967, Pág. 31-34

[6] Charles Bettelheim, Las luchas de clases en la URSS, Parte II, enero 1974, versión electrónica.

[7] Mao Zedong, Acerca de los Problemas económicos del Socialismo en la URSS de Stalin, Versión Electrónica.

[8]  Lenin en Insistiendo sobre los sindicatos, el momento actual y los errores de Trotski y Bujarin, de Enero 1921, Ob. Escogidas 3 tomos, ver tomo 3 Pág. 544 – 545.

[9]  V. I. Lenin, La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado, Versión Electrónica

[10] Rosa Luxemburgo, Reforma o revolución, Versión electrónica.

[11]  V. I. Lenin, La catastrote que nos amenaza y como combatirla, Ob. Es. en 3 Tomos, Tomo 2  Edit. Progreso, 1970, Pág. 276

[12] Issac Deutscher, La revolución inconclusa, Ediciones Era, 1967, Pág. 36

[13] JCM, Lenin publicado en Defensa del Marxismo La emoción de nuestro tiempo y otros temas, Ediciones nacionales y extranjeras de 1934, Pág.116

[14] Marx y Engels, La Ideología Alemana, Ediciones Pueblos Unidos Montevideo, Uruguay, Tercera Edición, Pág. 41

[15] Charles Bettelheim, Las luchas de clases en la URSS, Parte II, enero 1974, versión electrónica.

[16] JCM, Defensa del marxismo, Versión electrónica.

[17] Charles Bettelheim, Las luchas de clases en la URSS, Parte II, enero 1974, versión electrónica.

[18] José Stalin, Problemas económicos del socialismo en la URSS, Nativa Libros, Uruguay, 1969, Pág. 23

[19] Marx, En torno a la critica de la filosofía del derecho de Hegel, pp. 9-11

[20] Issac Deutscher, La revolución inconclusa, Ediciones Era, 1967, Pág. 70

[21] Issac Deutscher en su Revolución inconclusa informa que para 1967 en la URSS habían más de 55 millones de obreros, véase páginas 50-56

[22] Issac Deutscher, La revolución inconclusa, Ediciones Era, 1967, Pág. 39

[23] Marx y Engels, La Ideología Alemana, Ediciones Pueblos Unidos Montevideo, Uruguay, Tercera Edición, Pág. 37

[24] Fernando Hugo Azcurra, La experiencia socialista de la URSS, versión Electrónica

[25] Karl Marx, La Sagrada Familia o critica de la critica critica contra Bruno Bauer y consortes,  Editorial Grijalbo, S:A., México, D.F., 1967, Pág.  197

[26] István Mészáros, La Teoría de la enajenación de Marx, Ediciones Era, 1978, Pág. 254

[27] Marx y Engels, La Ideología Alemana, versión electrónica

[28] El hombre clonado podrá biológicamente ser idéntico a la matriz; pero, psicológica, social y políticamente será diferente. La imposibilidad de clonar a los padres de Adolf Hitler en las circunstancias del tiempo que les tocó vivir hace que el experimento tenga por resultado un Hitler diferente.

[29] Karl Marx, Crítica del Programa de Gotha, versión electrónica. Charles Bettelheim, en Las luchas de clases en la URSS, dice: "Estas observaciones no significan que la sociedad soviética no lleve las marcas de la sociedad zarista de la que salió. En la medida en que la obra revolucionaria no ha sido profundizada, una serie de relaciones sociales características de la antigua Rusia no ha sido destruida. De ahí las sorprendentes semejanzas entre la Rusia de hoy y la 'Santa Rusia'."

[30] Marx, La Guerra civil en Francia, versión electrónica

[31] Mao Zedong, Sobre diez grandes relaciones, Obras Escogidas, Tomo V, Ediciones en lenguas extranjeras Pekín, 1977, Pág.. 309

[32] En 1926, Stalin en la XV Conferencia del partido dice: "si la industria es el elemento dirigente de la economía nacional, la agricultura, por su parte, es la base sobre la que la industria puede desarrollarse". De otra parte, el intento de tomar los Soviet, como células de la sociedad, tropieza con los mismos problemas que más tarde Mao habría de enfrentar. En octubre de 1920 Lenin escribe: "El Estado socialista puede surgir únicamente como una red de comunas de producción y consumo, que calculen concienzudamente su producción y consumo, economicen el trabajo, aumenten incesantemente la productividad del mismo y consigan con ello reducir la jornada de trabajo hasta siete, seis horas y aun menos." V.I. Lenin, Las tareas inmediatas del poder soviético,  Escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1969, Pág. 432

[33] Rossana Rossanda, El comunismo difícil, (extraído de Il Manifesto, Italia, 1977), en la Compilación: China después de Mao, el Viejo Topo,  Barcelona, 1978, Pág. 18-19.

[34] Rossana Rossanda, Ob. Cit.., Pág. 10

[35] Mao Zedong, Informe sobre una investigación del movimiento campesino de Junan, Ob. Escogidas, Tomo I, Ediciones Lenguas Extranjeras, 1968, Pág. 46

[36] JCM, Defensa del Marxismo, Versión electrónica.

[37] István Mészáros, La Teoría de la enajenación de Marx, Ediciones Era, 1978, Pág. 256

[38] F. Engels, Esbozo de crítica de la Economía política, fines 1843 y enero de 1844, Escritos económicos varios, Edit. Grijalbo, S.A., México, 1962, Pág. 5.

[39] Karl Marx, La ideología Alemana, Versión electrónica.