“La posición de los católicos está en marcado contraste con la nuestra. Ellos esperan a que la redención llegue por la gracia divina, invocan la buena voluntad de los santos, cuando sería más apropiado hacer un llamamiento a la de los hombres. No esperamos nada más que de nosotros mismos: nuestra conciencia de hombres libres nos impone un deber, y nuestra fuerza organizativa lo cumple. Sólo lo que es trabajo, nuestra conquista, tiene valor para nosotros. Por lo tanto, no es sólo por el rechazo del rito, para lo externo, por el simbolismo vacío de todo contenido de fe que, a pesar de los esfuerzos de una dialéctica casuística especializada, nos mantiene alejados del catolicismo. Es la antítesis de ideas irreconciliables” | Antonio Gramsci

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15/7/09

Los talibanes hablarán con sus armas



Syed Saleem Shahzad   /   Asia Times Online

En medio de un creciente furor en Gran Bretaña por las muertes en los últimos días de ocho soldados británicos en Afganistán, la iniciativa de buscar el diálogo con los talibanes al nivel superior de su dirección está ganando fuerza.

El líder talibán Mullah Omar es ahora el centro de la atención. Se informa que los militares paquistaníes dicen que está dispuesto a actuar como intermediario para ayudar al gobierno del presidente de EE.UU. Barack Obama en una “nueva propuesta diplomática para encontrar un fin al prolongado conflicto” en Afganistán.

Sin embargo, no se cree que Mullah Omar esté de humor para conversaciones. Durante los últimos meses, ha consolidado su control sobre varios grupos de resistencia, dispersos pero poderosos, en todo Afganistán y en las áreas tribales de Pakistán. Su objetivo en última instancia, como lo ha sido desde que los talibanes fueron derrocados en la invasión de 2001 dirigida por EE.UU., es la victoria militar contra las fuerzas extranjeras.

En la provincia Helmand en Afganistán, el principal teatro de la ‘oleada’ de la OTAN, 15 soldados británicos fueron muertos en los primeros 11 días de julio – incluidos ocho muertos en 24 horas el viernes – llevando la cantidad de bajas mortales de los británicos en el país desde octubre de 2001 a 184, cinco más que las vidas perdidas por las fuerzas británicas en Iraq. En la mayoría de los casos, las muertes han sido el resultado de artefactos explosivos improvisados y de bombas a control remoto, en lugar de ataques de la guerrilla.

Las bajas británicas han provocado una discusión política sobre el futuro del papel de Gran Bretaña en Afganistán. Liam Fox, secretario de defensa del gabinete fantasma, dijo que el primer ministro Gordon Brown ha equipado insuficientemente de manera ‘catastrófica’ a las fuerzas armadas.

En las provincias alrededor de la capital afgana, Kabul, los talibanes han vuelto a establecer un firme control en las cruciales provincias de Ghazni, Logar y Wardak, paralizando virtualmente el control de las administraciones locales.

El sábado, el gobernador de la provincia Ghazni escapó apenas a un ataque dirigido por los talibanes. En provincias fronterizas como Kunar y Nuristan, donde hace sólo unos pocos meses la OTAN y las fuerzas de seguridad paquistaníes (al lado paquistaní en las agencias Mohmand y Bajaur) habían cantado victoria sobre los talibanes gracias a la Operación Corazón de León, los talibanes vuelven a aparecer.

En esta coyuntura crucial, y con elecciones nacionales programadas en Afganistán para el próximo mes, el establishment militar de Pakistán ha salido a la palestra. Durante los últimos años fue reducido al papel de un Estado cliente de los países occidentales para eliminar el lío en las áreas tribales de Pakistán, que sirven de trampolín para la insurgencia en Afganistán.

Antes de los ataques contra EE.UU. del 11 de septiembre de 2001, y el subsiguiente lanzamiento de la “guerra contra el terror”, las comunidades militares y de inteligencia de Pakistán habían jugado un papel dominante en Afganistán, con estrechos lazos con los talibanes y otras organizaciones yihadistas.

La semana pasada, el general Athar Abbas, portavoz de las Relaciones Públicas Inter-servicios de Pakistán (ISPR) dijo en una entrevista con CNN, que no sólo “Pakistán está en contacto con el líder talibán afgano Mullah Omar, sino que puede llevarlo a él y a otros comandantes a la mesa de negociación con EE.UU.”

Abbas dijo que a cambio de cualquier rol como mediador entre EE.UU. y los talibanes, Pakistán quiere concesiones de Washington respecto a las preocupaciones de Islamabad respecto a su rival, India, ya que teme que esté ganando demasiada influencia en la región.

Como reacción, Richard Holbrooke, enviado especial de EE.UU. para Afganistán y Pakistán, dijo según CNN: “Hace tiempo que hay afirmaciones sobre continuos contactos [entre Pakistán y los talibanes]. Y creo que es un paso adelante que los paquistaníes digan en público lo que todos han asumido permanentemente.” Holbrooke no excluyó la posibilidad de conversaciones con los talibanes.

La decisión, sin embargo, depende de Mullah Omar.

El resurgimiento de Mullah Omar

Diferentes agencias de inteligencia, incluyendo la de Pakistán, categorizaron la resistencia nacional afgana como dependiente del comando de diversos grupos. Estos incluyen al grupo Qari Ziaur Rahman en Kunar y Nuristan en Afganistán y Mohmand y Bajaur en Pakistán; la red Haqqani en Ghazni, Paktia, Paktika y Khost y en el área tribal de Waziristán del Norte en Pakistán; Anwarul Haq en Nangarhar, aparte de la red en el norte de Afganistán dirigida por comandantes leales a Gulbuddin Hekmatyar.

En general se aceptaba que Mullah Omar, aunque sea el líder espiritual y simbólico, había sido reducido a ser un comandante regional de las provincias del sudoeste afgano de Kandahar, Helmand, Urzgan, Zabul y Farah. A pesar de la extensión de la resistencia a todo Afganistán, se pensaba que la estructura central de comando que los talibanes habían adquirido en 2006 había sido perdida y que la coordinación dentro de los grupos de resistencia había sido reducida a un mínimo.

Esto ocurrió cuando la OTAN envió más tropas a Afganistán a principios de año, en tándem con operaciones conjuntas con la ayuda de Pakistán para impedir la infiltración a través de la frontera. Las operaciones militares en las agencias Mohmand y Bajaur de Pakistán redujeron significativamente la cantidad de combatientes infiltrados hacia Afganistán.

Los ataques de drones Predator sin tripulación en las áreas tribales ayudaron a mantener en fuga a los dirigentes de los combatientes y de al-Qaeda, mientras las operaciones contra el jefe talibán paquistaní Baitullah Mehsud y los combatientes en el área de Swat causaron mucho daño a la resistencia dirigida por los talibanes.

En el proceso de correr de lugar a lugar, sin embargo, los combatientes buscaron apoyo mutuo y establecieron nuevas líneas de cooperación y coordinación – y Mullah Omar volvió a entrar en actividad.

Una gran shura (consejo) fue convocada en el sudoeste, que reunió a comandantes grandes y pequeños, incluyendo a Abdullah Saeed, comandante en jefe de al-Qaeda para Afganistán.

Mullah Omar, dijo una fuente del campo de al-Qaeda a Asia Times Online, subrayó que cada grupo debía establecer una estrategia coherente de combate, y su preferencia debía ser Afganistán.

Significativamente, se previó un rol importante para al-Qaeda y la guerra afgana será ahora su objetivo primordial. Al-Qaeda seguirá transfiriendo su personal de Oriente Próximo al teatro de operaciones bélicas en el sur de Asia, especialmente desde Iraq. Esos hombres llevan consigo considerable experiencia, en especial en el campo de los artefactos explosivos improvisados y de las técnicas de emboscada.

La shura también integró a varios pequeños comandantes de las provincias Logar y Kabul a las estructuras principales de los talibanes. Previamente, esos protagonistas habían recibido un financiamiento mínimo, pero ahora, debido a su posición estratégica, recibirán fondos y recursos humanos de comandantes importantes como Sirajuddin Haqqani. El objetivo es lanzar ataques en conjunto contra las arterias principales de la OTAN, como ser la línea de aprovisionamiento de Jalalabad a la base aérea Bagram en las afueras de la capital Kabul.

A la luz de estos eventos, queda poco sitio para la idea de un proceso de diálogo con alguien – menos todavía con EE.UU.

El año pasado, Arabia Saudí patrocinó esfuerzos para acercarse a los talibanes. Esa iniciativa de paz, sin embargo, consistió sobre todo de antiguos talibanes y gente que no estuvo involucrada directamente en la insurgencia armada en Afganistán.

Este año, los esfuerzos saudíes parecieron estar a punto de entrar a una fase significativa cuando el jefe de la inteligencia saudí, príncipe Muqrin bin Abdul Aziz, participó directamente en el proceso de mediación.

Un afgano-estadounidense, Daoud Abedi, estrecho colaborador del comandante afgano Gulbuddin Hekmatyar, se involucró en negociaciones con los estadounidenses. El príncipe Aziz se proponía contactar a Mullah Omar a través del antiguo embajador talibán en Pakistán, Mullah Abdul Salam Zaeef. A pesar de muchos esfuerzos, no tuvo éxito, aunque hubo contactos con Mullah Bradar, supremo comandante de los talibanes, nombrado por Mullah Omar y su lugarteniente de máxima confianza.

El diálogo se desarrolló hasta el punto en el que los dirigentes de al-Qaeda comenzaron a sentirse amenazados – sobre todo comandantes talibanes en el sudoeste estaban desesperados por llegar a acuerdos de paz con la OTAN y hablaron de al-Qaeda como de un lastre. El príncipe Aziz se sintió suficientemente optimista como para decir que hasta fines de año se habría preparado la escena para que EE.UU. y los talibanes comenzaran a discutir fórmulas de paz.

Después de la gran shura y la consolidación militar en Afganistán, sin embargo, Mullah Omar envió un claro mensaje al príncipe Aziz en el sentido de que una victoria militar es la única opción posible para los talibanes y que nada puede detener la guerra excepto una clara derrota de los ejércitos de ocupación occidentales en Afganistán.

Tal vez sea el motivo por el cual el departamento de Relaciones Públicas Inter-Servicios de Pakistán se haya sentido obligado a emitir una declaración que “negaba enérgicamente” las observaciones hechas por Abbas de que “Pakistán está en contacto con el líder talibán afgano Mullah Omar, y puede llevarlo a él y a otros comandantes a la mesa de negociación.”

Syed Saleem Shahzad es jefe del Buró Pakistán de Asia Times Online. Su correo es: saleem_shahzad2002@yahoo.com 

 http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KG14Df01.html

Una temporada de parodias


Noam Chomsky   /   La Voz del Interior

 

Algunos de los recientes episodios que conmovieron el mundo a través de las noticias –las elecciones en Líbano e Irán, el golpe de Estado en Honduras– han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse. Incluso, la falta de reacción frente a otros casos, como el secuestro de una embarcación por parte de Israel, también tiene mucho que decir. Las elecciones en Líbano e Irán y el golpe de Estado en Honduras son importantes no sólo inherentemente sino también por las reacciones internacionales que han suscitado. La ausencia de reacción ante un acto de piratería israelí en el Mediterráneo es un pie de página... El Líbano. Las elecciones del 7 de junio en el Líbano fueron recibidas con euforia por la corriente principal de opinión pública.

“Me encantan las elecciones libres y justas”, escribió el 10 de junio el columnista del New York Times Thomas Friedman–. “En Líbano, fue algo genuino, y los resultados fueron fascinantes: el presidente Barack Obama derrotó al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad”, apuntó. Crucialmente, “una sólida mayoría de todos los libaneses –musulmanes, cristianos y drusos– votó por la coalición del 14 de Marzo encabezada por Saad Hariri”, candidato respaldado por Estados Unidos e hijo del asesinado ex primer ministro Rafik Hariri.

Debemos dar crédito a quien se lo merece por este triunfo de elecciones libres (y de Washington): “Si George Bush no se hubiera enfrentado a los sirios en 2005 –forzándolos a salir del Líbano después del asesinato de Hariri– estas elecciones libres no hubieran sucedido”, escribió Friedman. “Bush creó el espacio (durante su discurso en El Cairo), Obama ayudó a avivar la esperanza”, precisó. Dos días después, los puntos de vista de Friedman tuvieron eco en una columna de opinión del Times escrita por Elliot Abrams, reconocido integrante del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos que anteriormente fue funcionario de alto rango en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George Bush hijo: “La votación en el Líbano pasó cualquier prueba realista (...). Los libaneses tuvieron la oportunidad de votar contra Hizbollah y la aprovecharon”.

Cualquier “prueba realista”, no obstante, podría incluir la votación real. La coalición 8 de Marzo, basada en Hizbollah, ganó aproximadamente con la misma proporción que Obama contra McCain en noviembre, con cerca del 54 por ciento del voto popular, según cifras del Ministerio del Interior libanés.

Por consiguiente, según el argumento Friedman-Abrams, deberíamos estar lamentando la victoria de Ahmadinejad sobre Obama.

Al igual que otros, Friedman y Abrams se están refiriendo a los representantes del Parlamento. Estas cifras son tergiversadas por el sistema de votación confesional de Líbano, que reduce drásticamente el número de asientos otorgados a la más grande de las sectas, los chiítas, que respaldan abrumadoramente a Hizbollah y a su aliado Amal.

Sin embargo, como lo han señalado algunos analistas de los más serios, las reglas fundamentales “confesionales” de Líbano afectan negativamente “las elecciones libres y justas” en formas aún más importantes. El analista político Assaf Kfoury observa que las reglas fundamentales no dejan espacio para los partidos no sectarios y erigen una barrera que evita la introducción de políticas socioeconómicas y otros temas reales en el sistema electoral.

Para Kfoury, esas reglas abren la puerta a “interferencia externa masiva”, menor participación de votantes y “manipulación y compra de votos”, todo ello peculiaridades de las elecciones de junio, aún más que antes.

Por tanto, en Beirut, la capital que alberga a casi la mitad de la población del Líbano, menos de una cuarta parte de los votantes elegibles pudo votar sin regresar a sus normalmente remotos distritos de origen. El efecto es que los trabajadores migrantes y las clases más pobres efectivamente son privados de sus derechos civiles en “una forma extremadamente injusta, al estilo libanés”, favoreciendo las clases privilegiadas y pro occidentales.

Irán: Al igual que el Líbano, el propio sistema electoral de Irán viola derechos básicos. Los candidatos deben ser aprobados por clérigos gobernantes, facultados para prohibir políticas con las que discrepan, y de hecho lo hacen.

Los resultados electorales del Ministerio del Interior de Irán carecieron de credibilidad tanto por la forma en que fueron publicados como por el mismo resultado, disparando una enorme protesta popular brutalmente reprimida por las fuerzas Aarmadas de los clérigos gobernantes. Tal vez Ahmadinejad pudo haber ganado la mayoría si los votos hubieran sido contabilizados justamente, pero los gobernantes aparentemente no estaban dispuestos a arriesgarse.

Desde las calles de Teherán, la corresponsal Reese Erlich escribió: “Es un genuino movimiento de masas iraní integrado por estudiantes, trabajadores, mujeres y gente de clase media” y, posiblemente, la mayoría de la población rural. Eric Hooglund, catedrático y experto en Irán rural, describe un respaldo “abrumador” para el candidato opositor Mir Husein Musavi entre la gente de las regiones que ha estudiado, y un “ultraje moral palpable por lo que llegó a creerse como el robo de su elección”.

Es altamente improbable que las protestas dañen al régimen clerical-militar a corto plazo pero, como observa Erlich, “está sembrando las semillas para luchas futuras”.

Israel-Palestina: No deberíamos olvidar unas elecciones auténticamente “libres y justas” realizadas recientemente en Oriente Medio –en Palestina, en enero de 2006, ante las que Estados Unidos y sus aliados respondieron castigando a la población que votó “equivocadamente”–.

Israel impuso sitio a Gaza y, el invierno pasado, atacó sin misericordia.

Apoyándose en la impunidad que recibe como cliente de Estados Unidos, Israel ha reforzado una vez más su bloqueo secuestrando a Espíritu de Humanidad, embarcación del movimiento Gaza Libre, en aguas internacionales, y forzándolo a atracar en el puerto israelí de Ashdod.

La embarcación había salido de Chipre, donde se inspeccionó el cargamento: medicinas, materiales de reconstrucción y juguetes. Entre los defensores de derechos humanos a bordo se encontraba la ganadora del Premio Nobel Mairead Maguire y la ex congresista norteamericana Cynthia McKinney.

El crimen a duras penas evocó un bostezo –con cierta justicia, se podría argumentar, dado que durante décadas Israel ha estado secuestrando botes que viajan entre Chipre y Líbano–. Entonces, ¿para qué molestarse en reportar este último ultraje de un Estado bribón y su jefe?

Honduras: Centroamérica también escenifica un crimen relacionado con elecciones. Un golpe militar en Honduras ha depuesto al presidente Manuel Zelaya y lo ha expulsado del país.

El golpe repite lo que el analista en asuntos latinoamericanos Mark Weisbrot llama “una historia recurrente en Latinoamérica”, enfrentando a “un presidente reformista respaldado por sindicatos laborales y organizaciones sociales con una elite política corrupta, mafiosa, gobernada por las drogas, acostumbrada a escoger no sólo la Suprema Corte y el Congreso sino también al presidente.

La corriente principal de opinión pública describe al golpe como un desafortunado regreso a los malos días de hace décadas. Pero eso es equívoco. Se trata del tercer golpe de Estado en la última década, todos ellos conformando la “historia recurrente”.

El primero, en Venezuela en 2002, fue respaldado por la administración de Bush que, empero, se retractó luego de agudas críticas latinoamericanas y de la restauración del gobierno elegido a través de manifestaciones populares.

El segundo, en Haití en 2004, se concretó a manos de los torturadores tradicionales del país, Francia y Estados Unidos. El presidente electo, Jean Bertrand Aristide, fue llevado en secreto a África Central.

Lo novedoso del golpe en Honduras es que Washington no lo ha respaldado. En cambio, Estados Unidos se unió a la OEA y se opuso a la toma de poder, aunque vociferó una condena más suave que otros, y no ha actuado al respecto. Contrariamente a lo que han hecho países vecinos, Francia, España e Italia, Estados Unidos no ha retirado su embajador.

Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la asistencia estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos.

Las relaciones militares han sido estrechas desde la década de los ’80, cuando Honduras fue base de la guerra terrorista del presidente Reagan contra Nicaragua. Que la “historia recurrente” se repita una vez más depende en gran medida de las reacciones dentro de Estados Unidos.

Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.