13/7/09

Triste final para el “petkoff peruano”




Omar Montilla

Pocos imaginaban cuál era el futuro que tendría la carrera política de Yehude Simón, cuando aquel día, el primero del último mes del año 2000, recibía la noticia de que había sido indultado por Valentín Paniagua, el presidente peruano que había sustituido a Fujimori. “Prometedora”, era la constante en las expresiones cuando se referían a Yehude Simón, que emergía a la luz pública tras pasar casi nueve años privado de su libertad. Había sido condenado a 20 años de prisión en un juicio que duró apenas 5 minutos, por un tribunal que elegantemente llaman “sin rostro”, pero que en realidad era una banda de encapuchados que suplantaba a la administración de justicia en el Perú.

Ese prometedor político que emergía de las sombras de las cárceles del fujimorismo, había formado en 1991 un partido político llamado Patria Libre fruto del radicalismo de su pensamiento, pues se sentía profundamente nacionalista con una matriz eminentemente latinoamericana, abrevando, por supuesto en las enseñanzas de Bolívar, y de otros peruanos eminentes como Grau y Cáceres. Poco tiempo duró este experimento porque es 1992 cuando es apresado y aventado en una cárcel.

En esa cárcel, el mismo Yehude confiesa que comenzó a ablandarse y a plantearse interrogantes que más tarde justificarían su salto de talanquera. Entre esa cosas, dice que en aquel momento “Estuvimos muy alejados del país […] Uno no puede hablar del pobre si no siente la pobreza, no puede hablar de divisiones de clase si no siente el significado profundo de ello […] Es evidente que mi interpretación de la época fue errada, el muro de Berlín había caído y nosotros manteníamos principios caducos sin que eso signifique que Marx sea caduco. Él nos dio lineamientos para interpretar la realidad y, al igual que Mariátegui, fue pésimamente interpretado”.

En Perú se había hecho un gran esfuerzo en los ochenta, inédito en ese país, para lograr conformar un movimiento revolucionario, y con ese fin se formó la Izquierda Unida, que prometía conducir las ansias de ese pueblo eternamente oprimido. Yehude Simón llegó a ser Diputado por el departamento de Lambayeque durante esos años. Por supuesto que el más ardiente y radical defensor de ese proceso era Yehude Simón.

Ese proceso de ablandamiento, que pudiera ser natural y comprensible en algunos casos, sería inexplicable en Antonio Gramsci o en nuestro Pío Tamayo, que sólo salieron de la cárcel para morir con dignidad, reconocidos hasta hoy por su temple, su compromiso y su ejemplo. No vamos a detallar paso a paso ese “proceso” que sufrió Yehude Simón. Sólo vamos a destacar que cuando el gobierno de Alan García hacía aguas por el escándalo de corrupción que se suscitó con los contratos con ciertas empresas petroleras, mientras Jorge del Castillo era el primer ministro de ese gabinete de mafiosos, fue llamado el 14 octubre del año pasado para desempeñar ese cargo, del cual ahora está por salir, pero por la más angosta y oculta de las puertas de la trastienda.

Un político que llegó a ser considerado como el de “mayor aceptación” en el Perú, que había logrado alcanzar preeminencia en la presidencia de la región de Lambayeque, donde había sido reelecto derrotando al APRA, el partido de Alan García, ahora es considerado un cadáver político que alcanzó su triste final en la amazonia, por lo que sus escasísimos seguidores deberían estar de luto. Todo sucedió en Bagua. A pesar de ese proceso de reblandecimiento que se había apoderado sin piedad de Yehude Simon, se le tenía en consideración como una posible solución a los problemas del Perú, en las elecciones del año 2011, pero las posibilidades de una mejor opción en la política peruana se hicieron cenizas por convertirse en un servil seguidor de Alan García Pérez.

Todo el torrente de críticas que se han generado por la matanza de Bagua, en la amazonia peruana  contra el gobierno de Alan García van a tener un culpable, y todo parece conducir hacia una persona: Yehude Simón. Este personaje, que hoy arde por los cuatro costados, que renegó de su militancia política, que sirvió de muleta de uno de los gobiernos más corruptos del Perú y encima de eso represor y hambreador de su pueblo, termina con un conflicto, que como a Carlos Ortega, hoy asilado en Lima, “se le escapó de las manos”. Yehude, que siempre presumió de su sapiencia política, cayó en las garras inclementes de Alan García, que con aquel “acercamiento” había matado dos pájaros de un solo tiro, eliminando una amenaza a futuro de Yehude por su papel en Lambayeque, y por el otro, escabullirse del escándalo de los “petroaudios”

Los constantes desatinos de Yehude lo llevaron a tener una popularidad del 1%, ahora, al salir del gobierno, con el rabo entre las piernas, sus cifras serán, seguramente, negativas. Atrás quedó su carrera, aquellos destellos cuando fue electo diputado por Lambayeque (1985-1990), cuando en el Congreso llegó a integrar, ¡oh!, ironías de la vida!, la comisión de Derechos Humanos. Sale por su responsabilidad en la masacre de indígenas en la amazonia peruana, cuyos muertos algunos cuentan por centenares. Nunca se sabrá.

Este renegado y converso es ahora el adalid del neoliberalismo. Los decretos que dieron lugar a las protestas de los peruanos, aún hoy vigentes, son defendidos por Yehude, a sabiendas que los mismos fueron elaborados en bufetes privados para “adecuar” la legislación peruana a los dictados del tratado de libre comercio con los EEUU. Ahora es un enemigo jurado del movimiento popular y ha llegado a los extremos de acusar a Ollanta Humala por los "actos de violencia" en Bagua donde los pueblos originarios protestaban pacíficamente contra la imposición de los decretos aprobados por el Ejecutivo sobre la propiedad de las tierras. En la masacre perpetrada contra la población indígena de Bagua el pasado 5 de junio, 3 helicópteros MI-17 sobrevolaron la parte de la carretera que une la selva con la costa norte que estaba ocupada desde hacía algunos días por unos cinco mil indígenas awajún y wampis. Lanzaron gases lacrimógenos a la multitud mientras un grupo de agentes arremetió en tierra contra el bloqueo disparando con sus fusiles AKM. 

Ese hecho sangriento y las causas que lo motivaron no lo podrán borrar, pero “para variar” un ciudadano venezolano residente en el Perú, de nombre José Francisco Araque, fue detenido cuando presuntamente bloqueaba una vía en el marco de una huelga de transportistas: esa era la “prueba” que faltaba para acusar a Chávez por su “ingerencia”. Alan García publicó un artículo en el diario “Expreso” en el que afirmaba que su país afronta "una guerra fría, en la que participan gobernantes extranjeros", en supuesta alusión a Bolivia y Venezuela, cuyos Gobiernos son acusados con frecuencia de azuzar los conflictos sociales dentro de Perú. Mientras tanto, Yehude aplaude.

Yehude: ya que estarás fuera del gobierno cargando a tus espaldas la masacre de Bagua, la traición a tus principios, tu cobardía frente a los que por ellos sufrías, tu descaro al servir de comodín de un gobernante corrupto, tu enfrentamiento contra aquellos que fueron tus camaradas de lucha, seguramente acudirás a tus nuevos protectores, la derecha oligárquica  y la USAID, para fundar un diario. ¿Qué te parece este nombre?: “Tal Cual”.

Morazán nuestro altivo héroe



Felipe Pérez Cruz   /   La Polilla Cubana

 

El nombre de José Francisco Morazán Quezada ha vuelto a ocupar espacios en esta hora de solidaridad y lucha con la hermana nación hondureña.  Y no es casual que en la actual convocatoria de resistencia frente al golpe fascista organizado por la oligarquía  de ese país centroamericano, se invoque en Morazán la experiencia y la enseñanza de la historia.

Nació Morazán el 3 de octubre de 1792, en una céntrica casa de la Villa de San Miguel de Tegucigalpa, Honduras, y fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora San Miguel de Tegucigalpa, el 16 de octubre del mismo año. Sus padres fueron Eusebio Morazán y Alemán, criollo antillano, descendiente de emigrantes corsos, y la centroamericana Guadalupe Quezada y Borjas.

Como hijo de una familia que disponía de recursos económicos, Morazán realizó sus estudios primarios de la mano de un preceptor, el fraile José Antonio Murga.  Sobresalió desde niño por poseer una clara inteligencia y  terminados sus estudios con Murga, toda su educación posterior fue obtenida por propio esfuerzo. El joven José Francisco se convirtió en un incansable autodidacta que logró superar las barreras que para el acceso a la modernidad, educación y ciencia, imponía el Estado colonialista.   Así estudió Matemáticas y Dibujo, Historia, y principalmente Derecho. Aprendió el idioma francés, lo que le permitió tener un amplio conocimiento de la Revolución Francesa. Sus lecturas sobre la historia antigua y la que le era contemporánea, la atención a las obras de los enciclopedistas, su apasionamiento con el genio de Montesquieu, con el contrato social de Jean-Jacques Rousseau, le dotó de una sólida cultura política.

El cultivo del intelecto tenía en Morazán los encantos adicionales de la gallardía. De complexión delgada y elevada estatura, con un carácter atrayente -fuerte y controversial-,  la sensibilidad del poeta y la magia del buen orador. Sobresalía entre los jóvenes de su tiempo. y se le consideraba  un hombre apuesto, por lo que cariñosamente le llamaban “el niño bonito de Tegucigalpa”. Y no hay dudas de que tales cualidades personales se multiplicarían en  la belleza mayor a la que aquel ser humano dedicaría su vida: La plena entrega a la causa de la emancipación nacional, su compromiso con las necesidades de justicia social, trabajo digno, educación y prosperidad para los indígenas, campesinos y artesanos humildes de la región, y sobre todo una incansable lucha por lograr la unidad e integración centroamericana.

Morazán era poseedor de una gran disciplina propia. A la edad de 16 años se trasladó con su padre a Morocelí, y allí se convirtió en asesor de la municipalidad e inspeccionó el archivo del Juzgado. Después trabajó en la escribanía de León Vásquez, donde adquirió conocimientos de derecho. Cuando se produce la independencia de Centroamérica, Morazán laboraba en el ayuntamiento de Tegucigalpa, como secretario del alcalde y defensor de oficio en casos judiciales en materia civil y criminal. Tales actividades  le permitieron llegar a adquirir un gran conocimiento de la estructura y funcionamiento de la administración pública de la provincia, y le proporcionaron  un contacto íntimo con los problemas de la sociedad colonial.

El Ayuntamiento de Tegucigalpa se opuso rotundamente a la unión con México, y ante la beligerancia de los anexionistas, organizó en Tegucigalpa un ejército de voluntarios, con el fin de defender su opción independentista. Fue durante estos acontecimientos que José Francisco Morazán se alistó como voluntario, y fue designado capitán de una de las compañías. Comenzó así la vida militar de este prócer y su opción contra los intereses conservadores. Desde sus primeras acciones de armas demostró ser un excelente estratega militar, un jefe sereno, austero  y preciso. Poseedor de un certero sentido de la justicia e impuesto de  responsabilidad histórica. 

La Asamblea Constituyente Federal en Guatemala nombra a Morazán miembro Vocal de la Comisión para estudiar la realidad de los países de la Federación en 1823. Algunos documentos históricos lo ubican como integrante de la comisión que dictaminó las bases del poder electoral de la Federación, en una reunión que sostuvo la Asamblea Constituyente de Centroamérica, pero no caben dudas de que con uno u otro nivel protagónico, siguió y apoyó decididamente este proceso de institucionalización de la unidad centroamericana.

En 1824, Morazán fue designado secretario general del gobierno de su tío político y primer Jefe de Estado de Honduras, Dionisio de Herrera. En 1825 José Francisco contrajo matrimonio con una joven viuda María Josefa Lastiri Lozano. De esta unión nacería su hija Adela. A Morazán se le conocieron además dos hijos, José Antonio Ruiz (hijo adoptivo) y Francisco Morazán Moncada.

El 11 de diciembre de 1825, Morazán está entre los firmantes de la primera Constitución de Honduras, en Comayagua. En  1826, pasó a presidir el Consejo Representativo de la República. Un año después, luego de infringir importantes derrotas a las fuerzas conservadoras, se convirtió en presidente de Honduras (1827-1830).

El proyecto unitario

Desde la presidencia hondureña Morazán llevó el peso de las operaciones militares en la guerra civil contra los terratenientes y ricos comerciantes que dominaban la Federación, tomó San Salvador (1828) y luego Guatemala (1829), que además de la capital federal  era el bastión del conservadurismo. En este último estado también es proclamado presidente. Las elecciones de 1830 confirmaron a Francisco Morazán como presidente de la República Federal, triunfo que revalidó en las elecciones de 1834.

El presidente Morazán impulsó un cambio a favor de las mayorías más humildes, y enarboló un proyecto de desarrollo autóctono para la región, que tenía por objetivo la constitución y fortalecimiento de una clase burguesa nacional. Proclama  el libre comercio con una clara concepción de defensa de los intereses de la región. No abre el país a la apetencia desmedida y empobrecedora de los productos extranjeros, sino que se ocupa de la promoción y desarrollo de las exportaciones. Para ello protege la industria textil y  crea un programa de colonización con el propósito de abrir nuevas líneas de productos exportables y fomentar el mercado interno. 

En particular  Morazán fue un renovador de los sistemas educativos de su época. Definió la responsabilidad del Estado en la educación popular y fomentó escuelas y academias. En esta perspectiva la introducción de la imprenta fue una decisión  dirigida a reafirmar la identidad criolla, para fomentar y producir la literatura y los textos de los centroamericanos.

Morazán proclamó en ley la separación de la Iglesia Católica y el Estado, la absoluta libertad de cultos y legalizó el divorcio, con lo que rompía uno de los ejes de la hegemonía ideológico cultural conservadora, y se situaba en la vanguardia del pensadores liberales más avanzados de la época. Frente a la realidad de una jerarquía católica beligerante y comprometida con las fuerzas más reaccionarias, Morazán expulsó del país a sus principales personeros. Luego, con la aprobación del Congreso de la República, confiscó sin indemnización los bienes y propiedades de la curia expatriada y de las órdenes religiosas, y los convirtió en patrimonio del Estado. Además abolió las “primicias” (primera cosecha al clero) y los “diezmos” (10 por ciento del salario al clero). Con tales medidas fracturó el poder económico de la Iglesia, y liberó a los campesinos, trabajadores e indígenas centroamericanos, de las relaciones feudales  de explotación a que eran sometidos por la Iglesia Católica

Los propósitos y reformas impulsadas por  Morazán, se estrellaron contra la activa oposición de los terratenientes en complicidad con el clero reaccionario y las potencias extranjeras. Estas fuerzas como lo habían hecho en el Sur americano, conspiraron para mantener sus privilegios económicos. Los regionalismos y particularismos de las provincias, la bancarrota financiera, las ambiciones personales de los jefes militares, y las críticas al nepotismo y la corrupción de los equipos gobernantes en los estados, fueron otros de los factores que  laceraron la Federación Centroamericana.

En 1837 las fuerzas conservadoras protagonizaron una rebelión que tomó el poder en Guatemala, y tal éxito alentó a los enemigos de la integración a impulsar  estallidos similares en el resto de los estados de la federación. Al terminar en 1839 el segundo mandato de Morazán, la situación de la Federación  era en extrema crítica. No se celebraron elecciones para la presidencia federal y prácticamente  la unión centroamericana se disolvió. Los enemigos del proyecto morazanista, acusaron al gobierno de no tener ninguna base legal porque su período había concluido. Ya en este momento la Federación prácticamente había colapsado.

En tan difíciles circunstancias los salvadoreños ratifican su confianza en el líder unitario. Morazán fue elegido presidente de El Salvador (1839-40), y desde allí se lanzó a reconstruir la unidad política, en lucha contra las fuerzas oligárquicas  concentradas en Guatemala. El ‘General’ –como se le nombraba-, se había convertido en la personificación misma del Estado unitario, era el cuerpo y alma de la Constitución de 1824, eliminarlo significaba terminar con cualquier idea o esperanza de Federación. Por esta razón los enemigos de la unidad no descansaban. El propósito era desalojarlo del mando en  El Salvador, o en cualquier otro estado de la región, y en tal objetivo forman una alianza e inician los ataques armados. Morazán logra defender la integridad del territorio salvadoreño, pero es  derrotado por el ejército pagado por la oligarquía en Guatemala. Para no causar más males de guerra a los salvadoreños, renunció en abril de 1840   y marchó al exilio en la República del Perú.

Desde Perú Morazán continúa atento a los acontecimientos centroamericanos. Cuando los ingleses comenzaron a intervenir en el territorio de La Mosquitia -entre Honduras y Nicaragua-, se apresta a volver ante la amenaza extranjera. Considera su retorno un “deber” y un “sentimiento nacional irresistible” no solo para él, sino que para todos “aquellos que tienen un corazón para su patria”. Definitivamente en abril 1842 desembarcó en Costa Rica, donde tomó brevemente el poder; pero antes de que pudiera consolidar su gobierno e iniciar la reconstrucción de la unidad centroamericana, la oligarquía actúa con rapidez. Estrechan el cerco sobre Costa Rica y amenazan a sus ciudadanos con la desestabilización y la guerra.

En septiembre de 1842 se inició en Costa Rica, un movimiento contra Morazán, que fue capturado y ejecutado el día 15 del propio mes. Minutos antes de abrirse a la inmortalidad de la historia, escribe  un breve  Testamento político. Al estampar la firma en el documento, se incorpora y vuelve a leer: “Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo…”  En su último combate frente a la muerte, Morazán pudo asombrar a sus asesinos, incapaces de arrebatarle el privilegio de mandar la escuadra que lo fusila.

Los restos de Morazán descansan en El Salvador respetando su última voluntad: “Quiero que mis cenizas descansen en el suelo de El Salvador, cuyo pueblo me fue tan adicto”, escribió en el Testamento.

Morazán en la historia

Morazán es sin dudas la figura protagónica e ineludible de la historia de Honduras y toda Centroamérica en el período que va desde la independencia absoluta como República Federal, hasta su muerte. Supo levantar para Centroamérica el proyecto unitario que Simón Bolívar había impulsado en Suramérica, y a tal empeño consagró todas sus energías.

Pionero en subrayar la dimensión histórica y notable continuidad bolivariana, de la obra de Morazán, José Martí, sintió como ningún otro patriota de su época “la sombra de Bolívar que soñó para la América del Sur una sola nación, -la sombra de Morazán incrustando en su espada triunfante las cinco repúblicas de la América del Centro….”.

 “Había en Morazán, a quien los centroamericanos rinden un culto semejante al que los hijos de Hispanoamérica rinden a Bolívar, algo del empuje, del poder excelso, de la fuerza mágica, del valor resplandeciente de nuestro maravilloso héroe”, afirmaba Martí.

 Y no es casual que como Bolívar, Morazán sufriera la traición de quienes se plegaban a los intereses divisionistas y solo defendían apetencias de poder, en tanto el fin del proyecto unionista y  la conversión de la federación en pequeñas repúblicas oligárquicas, garantizaba la continuidad de la explotación latifundista, los privilegios de la jerarquía católica, la segregación racista de los pueblos originarios y el mantenimiento del orden expoliador implantado por el colonialismo.  Tampoco es casual que su vida fuera cortada por la crueldad de los esbirros.

Martí, al rescatar la figura de José Francisco Morazán Quezada a solo cuatro décadas de su muerte, hace gala del tino y la pasión del historiador que reconstruye el pasado –aún el pasado reciente-, con el propósito militante de la prospectiva política:

La Independencia proclamada con la ayuda de las autoridades españolas –considera Martí en sus “Notas sobre Centroamérica”- , no fue más que nominal, y no conmovió a las clases populares, no alteró la esencia de esos pueblos –la pureza, la negligencia, la incuria, el fanatismo religioso, los pequeños rencores de las ciudades vecinas:  solo la forma fue alterad. Un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, el único quizás que haya producido la América Central, el general Morazán, quiso fortificar a esos débiles países, unir lo que los españoles habían desunido, hacer de esos cinco Estados pequeños y enfermizos una República Imponente y dichosa…

Morazán fue muerto y la unión se deshizo, demostrando una vez más que las ideas, aunque sean buenas, no se imponen ni por la fuerza de las armas, ni por la fuerza del genio. Hay que esperar que hayan penetrado en las muchedumbres”.

Martí asume para su proyecto  latinoamericanista y antimperialista el ideal morazanista. Frente al convite imperial de la Conferencia “panamericana” de 1889, declara: “De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del  convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”. Y para tal tarea, junto a Bolívar, el líder cubano se plantea la necesidad de: “Resucitar de la tumba de Morazán a Centroamérica”.

Los oligarcas golpistas vuelven en estos días a enlutar al pueblo hondureño, y la jerarquía católica –ahora secundada por sospechosas iglesias-sectas de matriz estadounidense-, repiten su alineación reaccionarias y antipopular. Una vez más la convocatoria martiana para dar nueva vida a las ideas de Morazán, impone su urgencia.

Contra la oligarquía, el clero apátrida y los militares fascistas, se renueva la sentencia que dejó en su Manifiesto de David: “Hombres que habéis abusado de los derechos más sagrados del pueblo, por un sórdido y mezquino interés… ¡Con vosotros hablo, enemigos de la independencia y de la libertad!”.

José Francisco Morazán Quezada en la actual coyuntura hondureña resulta imprescindible. Proporcionan la única posición que es posible asumir: “Deseo –afirma en su Testamento- que imiten mi ejemplo de morir con firmeza, antes que dejarlo (el país) abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra”.

“El golpe en Honduras puede ser un laboratorio, contra los países que estén pensando mucho en sus libertades”


Entrevista al escritor hondureño Roberto Quesada


Mario Casasús   /   TeleSur

 

En entrevista telefónica desde New York, el escritor Roberto Quesada (Honduras, 1962) habla de la migración, “ los otros exiliados”, analiza las noticias que lee sobre Tegucigalpa y comparte las gestiones diplomáticas que realiza como Consejero de la Misión Honduras ante Naciones Unidas: “ Me encontraba mirando TeleSUR, estaban pasando la balacera en el aeropuerto Toncontín, y en CNN estaba Roberto Flores, ex embajador en Washington que traicionó al Presidente Zelaya, diciendo que todo era paz en Honduras y que no había golpe. Me indigné tanto que primero lo llamé a él para desmentirlo y ponerlo en su sitio. Y luego opté por llamar a varios colegas periodistas y a los candidatos Elvin Santos y Pepe Lobo”

Autor de El desertor (1985); Los barcos (1988); El humano y la diosa (1996); Big Banana (1999) y Nunca entres por Miami (2002). La novela Los barcos, fue traducida al inglés por Hardie St. Martin, quien tradujo las memorias de Neruda Confieso que he vivido (1974) y la edición en español de Big Banana está en el catálogo de Seix Barral (2000). En su faceta periodística, Roberto Quesada fundó los periódicos El Centroamericano(Nueva York) y Nosotros los latinos (Nueva York). Ha colaborado para Cambio 16 (España); La Vanguardia, (España); Rebelión (publicación virtual española); El Diario (Nueva York) y en la actualidad es columnista en diario Tiempo, de Honduras.

Afirma a los lectores de TeleSUR: “Se ha revertido la desinformación, pero también ha ayudado mucho la incapacidad lingüística y de raciocinio de los golpistas, como cuando uno de esos señores se refirió al presidente Barack Obama como: ‘Ese negrito que no sabe nada de nada’. Basta con escuchar esto para darse cuenta que lo que se le hizo a Honduras fue un atraco. Por todo ello no entiendo la terquedad de los golpistas de tratar de convencer al mundo de que no fue golpe de Estado”

Escribió decenas de páginas sobre la migración latinoamericana a Estados Unidos, usted vivió en San Francisco y New York, donde conoció a todo tipo de migrantes: los exiliados chilenos y los espaldas mojadas de México, háblenos de la migración desde su experiencia y observación cotidiana…

Sigo viviendo en Nueva York, o, mejor dicho, entre Nueva York y Honduras. He escrito mucho sobre los inmigrantes, y pienso continuar haciéndolo ya que es un tema inagotable y de mucha, o quizá permanente, actualidad. Sí, tengo amistades chilenas que vivieron la brutalidad del pinochetismo, que huyeron o fueron expulsados de Chile a raíz del golpe de Estado contra Allende. Conozco a Vítor Toro y Aires Nieves, una pareja de activistas pro derechos humanos en Nueva York, que sufrieron en carne viva la tortura fascista-pinochetista. A ella la violaron muchas veces los militares golpistas. Conocí a otro que me contaba todo tipo de torturas físicas y sicológicas, como llevarlos al paredón amarrados de los ojos, disparar cerca de ellos y hacerles creer que ya estaban muertos. Los soldados riéndose y hablando: “Mira cómo quedó éste, ya va camino al infierno”. En realidad he escuchado de muchos exiliados chilenos relatos horrorosos.

“Claro, los otros exiliados, los económicos, pues tienen otras historias, no por ello menos dolorosas o de sufrimiento, ya sea en el largo y peligroso viaje o en las dificultades de sobrevivir en otras tierras en condiciones de anonimato total, como si no existieran. Y de hecho, sin papeles es como que no existan”.

El personaje protagónico de la novela Big Banana (1999), “ Eduardo Lin” se enamora de New York y trabaja de todo un poco antes de cumplir su sueño americano, entre el lúdico frenesí conoce a Casagrande, un chileno exiliado. Usted solicitó visa para ir a los EE.UU., pero Casagrande se vio obligado a emigrar, ¿qué aprendió de los exiliados latinoamericanos?, ¿qué representa Casagrande?

Casagrande es un personaje al que le tengo mucho cariño. Lo inspiré en el cantautor y fotógrafo chileno Alejandro Stuart, quien ha retornado a vivir a Santiago. Alejandro me hablaba mucho de su exilio en Cuernavaca, en San Francisco y su sueño de regresar a Chile, el cual, por cierto, se le cumplió. Y con Casagrande se aprende mucho, porque tal como el personaje, así es Alejandro: a pesar de las vicisitudes, de la nostalgia, de las carencias, Casagrande siempre le encuentra el lado amable a la vida, el lado positivo. El es un experto en sobrevivencia en grandes urbes.

“Tal como en Big Banana, Alejandro nunca dejó Chile, lo anduvo en todas partes. Así como ando yo a Honduras. Tanto así que se prometió volver y allá está. Con Casagrande aprendí lo que realmente significa la palabra solidaridad”.

¿Durante qué períodos regresó a Honduras?, ¿a qué se dedicó después de tantos años fuera del país?

En realidad yo regreso a cada rato. Pero sí estuve un año cuando escribí Big Banana. Fuera del país me he dedicado a escribir mis libros, naturalmente, y a ejercer el periodismo para la sobrevivencia. Por supuesto, también a promover el lado bueno de Honduras, mi país, que sí lo tiene y muy grande, por cierto. Aparte de las zonas turísticas entre playas y montañas, tiene ciudades coloniales bellísimas, también la Ciudad de Copán, que es una de las más grandes e importantes ciudades mayas. Y así existen muchas cosas hermosas por descubrir en Honduras.

Desde el principio condenó el golpe de Estado, usted es una figura pública, sus libros los editan en traducciones del español al inglés y viceversa, ¿rondó el miedo de vivir fuera del país, esta vez, en calidad de exiliado?

Aquí hay una confusión, cuando en Italia se publica la antología de cuentos: Voces inmigrantes (voces del exilio), se incluye un cuento mío. Pero la antología no se refiere solamente al exilio forzado sino a escritores que ya sea por voluntad propia o circunstancial vivimos fuera de nuestros países de origen. Por ahora, por no estar de acuerdo con el golpe, algunas amistades ya me escriben como “escritor en el exilio”, pero la verdad no es esa porque el auténtico, legítimo, gobierno es del presidente Manuel Zelaya. Por tanto cualquier acción de los golpistas, es nula.

En el periódico “Tiempo” de Honduras escribió de forma suspicaz: “Ahora, a través de paga, amenazas y chantaje quieren hacerle creer al mundo que las ‘manifestaciones’ a favor de los golpistas son reales. La verdad es otra” y enumeró las razones. En la opinión pública internacional hubo consenso para calificar de golpistas a las huestes de Micheletti, además se le dio amplia cobertura a los discursos del Presidente Zelaya en la ONU y OEA; ¿se revirtió la desinformación?, ¿cómo afrontará la prensa golpista la pérdida de credibilidad?

Claro, creo que toda persona sensata tiene que estar contra este y cualquier otro golpe de Estado. La historia de América Latina está manchada de sangre producida por los golpes de Estado. Y se ha repetido este golpe de Estado con las mismas características que los anteriores en Latinoamérica, a diferencia de que a los golpistas le fallaron los cálculos en cuanto a los avances tecnológicos. Puede decirse que Internet, los teléfonos celulares, las camaritas de mano, han jugado un papel fundamental en que se revirtiera la desinformación que los golpistas intentaron vender al mundo. Claro que se ha revertido, pero también ha ayudado mucho la incapacidad lingüística y de raciocinio de los golpistas, como cuando uno de esos señores se refirió al presidente Barack Obama como: “Ese negrito que no sabe nada de nada”. Basta con escuchar esto para darse cuenta que lo que se le hizo a Honduras fue un atraco. Por todo ello no entiendo la terquedad de los golpistas de tratar de convencer al mundo de que no fue golpe de Estado (imagínense si eso es por las buenas, qué tal por las malas). Alguien tiene que obsequiarles un vídeo, ya que tenían Ley mordaza en todo el país, para que vean como el mundo en las Naciones Unidas ovacionó de pie al presidente Zelaya.

“No sé que hará la prensa golpista pues el descrédito dentro y fuera del país ha sido grande. Es difícil subsanar este tipo de cosas, creo que ahora la gente estará escuchando o leyendo las noticias y a la vez cuestionando si será verdadero o falso. Lo positivo de esto es que ya la gente no se tragará las noticias como se las daban antes sino que han disparado su capacidad de analizar, de dudar”

¿Cuál es la situación jurídica de los más de 800 detenidos en las cárceles hondureñas ante la falta de garantías individuales?

Hay muchos organismos, auténticos defensores de los derechos humanos, que dentro de todo el desastre que ha producido el golpe, están pendientes denunciando y exigiendo la liberación de estos compatriotas. Pero es un asunto preocupante porque el otrora defensor de los derechos humanos, Ramón Custodio, quien debería ser el Ombudsman se ha convertido en el “Obús-man” (el obús es una pieza de artillería que permite, a diferencia del cañón normal, atacar mediante un tiro curvo o indirecto), así en estás circunstancias pues la ciudadanía está expuesta a que se le violen todos sus derechos.

¿Quién investigará el asesinato de 3 manifestantes antigolpistas?

El presidente Zelaya se reunió con Patricia Mejía, presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Washington. Ella le informó la situación de la violación a los Derechos Humanos que se están cometiendo en Honduras. Ella envió un mensaje claro a las autoridades de facto para que estén al tanto que la justicia internacional "está vigilante, y deja constancia diaria de las denuncias recibidas". Entonces es de suponer que a parte de organismos hondureños participarán las instancias internacionales.

Gracias a su prestigio de periodista logró conversar con dos candidatos presidenciales, ¿qué sensación le dejaron ambos diálogos?, ¿por fin condenaron el golpe de Estado?

En realidad yo no buscaba que condenaran el golpe sino que por ser candidatos y posiblemente alguno de ellos será presidente, digo posiblemente porque después del golpe puede que surja una nueva fuerza política desde los llamados partidos pequeños, hacerles entender que de persistir lo del golpe van a dejar al país en funestas condiciones económicas. Algo que ninguno querría heredar. Me encontraba mirando las noticias, en TeleSUR en vivo estaban pasando la balacera en el aeropuerto Toncontín, y en CNN estaba Roberto Flores Bermúdez, ex embajador en Washington que traicionó al Presidente Zelaya, diciendo que todo era paz en Honduras y que no había golpe. Me indigné tanto que primero lo llamé a él para desmentirlo y ponerlo en su sitio. Y luego opté por llamar a varios colegas periodistas y a los candidatos Elvin Santos y Pepe Lobo, con la idea de hacerles entender que debemos evitar a toda costa el derramamiento de sangre. Pepe Lobo me ha prometido usar toda la influencia que tenga para detener la barbarie y que el Presidente Zelaya sea restituido. Ambos candidatos dijeron que pondrían sus buenos oficios en busca de una salida no sangrienta. Esperamos que así sea, aunque ya hubo sangre, pero no hay duda que puede haber mucho más.

¿Buscará al candidato del Partido de Unificación Democrática?, ¿qué opción tiene la izquierda en las próximas elecciones?

RQ.- El golpe de Estado se da por un miedo horroroso de los golpistas a que haya reformas, digo reformas no revolución. Tanto fue el pavor que decidieron arriesgarlo todo con el golpe de Estado. ¿Entiendes la magnitud ultraconservadora que tiene Honduras? Así que la palabra “izquierda” en Honduras es una muy mala palabra. Y así han “educado” al pueblo a que le tema a esa palabra, por tanto nadie se presenta con ella. Por eso no se puede hablar de opciones de izquierda, aunque sí puede derivarse del golpe un mayor apoyo a los candidatos progresistas o reformistas. De allí la importancia, una de tantas, de una nueva Constituyente, para limpiarla de vicios del pasado y que en realidad los partidos y candidatos vayan a contiendas electorales en igualdad de condiciones jurídicas.

¿Los golpistas intentan comprar conciencias en el país y en el extranjero?, ¿le ofrecieron un trabajo de facto?

El golpe fue el domingo y la mañana del lunes tuve la primera llamada. Utilizaron a un amigo mío con el que acabábamos de estar en Nueva York. Le dije que ya él conocía mi postura contra los golpes de Estado, que un gobierno de facto era ilegal, y que él sabía de mi amistad con el presidente Zelaya y no lo iba a traicionar. Por la tarde volvió a llamarme pero ya entonces sabíamos los pormenores del golpe, o mejor dicho ya a nosotros también nos había golpeado el golpe, y les dije que muchas gracias pero que era una locura haber dado golpe de Estado cuando a todo el mundo se le había olvidado que existía esa vía para obtener el poder. Le recordé lo que le había dicho dos días antes en Nueva York: que si daban golpe de estado al presidente Zelaya solamente se fortalecería dentro y fuera del país. Dicho y hecho, eso es lo que ha sucedido.

Conoce las entrañas del Imperio, ¿cuál es su lectura de la tibia mediación de la Secretaria de Estado Hillary Clinton?, ¿descarta cualquier tipo de respaldo de la base militar norteamericana a los golpistas hondureños?

A veces quisiera pensar más románticamente, quisiera ser más idealista y pensar que con el presidente Obama se superará esa nefasta relación entre Estados Unidos y América Latina, que nos convertiremos en socios y podremos caminar juntos hacia el progreso. Eso es ser muy ingenuo, él podrá ser muy bueno como persona pero preside el imperio, y el imperio sabe como presionar a sus presidentes. A veces pienso que lo del golpe de Estado en Honduras puede ser una especie de laboratorio, y dependiendo los resultados de este pequeño gran país, se decidirá las acciones a tomar en otros países que estén pensando mucho en sus libertades. Habrá que ver. En ese caso el golpe de Estado no ha sido a Honduras sino a América Latina con endosado saludo al resto del mundo.

El Presidente de Venezuela cerró la válvula de petróleo hacia Honduras, el Banco Mundial y el Banco Interamericano suspendieron los créditos, los países de la OEA y la Unión Europea retiraron a sus Embajadores de Tegucigalpa, ¿lo anterior hará recapacitar a los golpistas?, ¿hicieron mal sus cálculos?

A estas alturas los golpistas ya deberían de saber que este golpe pertenecía a otra época, que no sólo el pueblo sino también sus propias empresas serán golpeadas con todas estas medidas económicas que el mundo ya ha empezado a aplicarles. Después de todo el pobre está acostumbrado a subsistir con poco, ellos no.

En Chile, después de la negociación entre los socialistas reciclados y los pinochetistas hubo “Justicia en medida de lo posible”. En Honduras ¿el precio de la democracia será una amnistía para los golpistas?, ¿reconciliación a partir de la Ley marcial de obediencia debida?

Eso creo que era posible antes del domingo, pero ya con ese muchacho muerto, Isis Obed Murillo, ya esta lucha tiene mártires y eso complica las cosas para una amnistía. En las calles la gente está furiosa, son multitudes que no paran de exigir justicia y que a los culpables les caiga todo el peso de la Ley.

Después del anuncio de la mediación del Presidente de Costa Rica, ¿cuál es la atmósfera en Honduras?, ¿diminuyó la tensión y la desesperanza?, ¿qué dicen sus colegas periodistas?

Hay bastante escepticismo, sobre todo porque Michelleti ha anunciado que no permitirá el regreso del Presidente Manuel Zelaya. Pero estamos como el libro de aquel famoso escritor colombiano Alvaro Cepeda Samudio: “Todos estábamos a la espera”.

Finalmente, ¿qué le diría al Presidente Zelaya?, ¿qué será lo primero que le preguntará cuando regrese al país?

Bienvenido a casa, Presidente. Y lo primero que preguntaría es lo que se le pregunta a un guerrero cuando ha andado ausente al frente de la batalla: ¿Qué prefiere, enchiladas o arroz con leche?



Historia del golpe de estado de Honduras



Gonzalo Sánchez   /   Tercera Información

 

 

Antecedentes

José Manuel “Mel” Zelaya Rosales, candidato del Partido Liberal de Honduras, de centro-derecha, ganó las elecciones hondureñas celebradas en 2006 con poco más del 50% de los votos emitidos, superando por un 5% a su inmediato perseguidor, Porfirio Lobo, del derechista Partido Nacional. Estos dos partidos suponían un bipartidismo que blindaba los privilegios de las clases altas hondureñas, que después de estas elecciones respiraba tranquila sin imaginar lo que uno de los suyos podría hacer.

Cuando Zelaya comenzó su mandato se encontró con un país muy empobrecido que necesitaba importar petróleo para funcionar, y que si lo hacía la deuda externa consumiría al país cada vez más. Es entonces cuando Zelaya se empieza a enemistar con la oligarquía de Honduras. Venezuela se encontraba ya promoviendo por aquel entonces el PETROCARIBE, una iniciativa de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América por la que Venezuela vendía su petróleo a un precio justo y con muchas facilidades de pago a los países caribeños que no poseían en su suelo ese recurso hidrocarburo y no podían permitirse importarlo. Zelaya no se lo pensó dos veces y se añadió a la iniciativa para poder pagar el petróleo un 40% más barato de su precio real y poder pagar la mitad de lo que comprase a un 1% de interés a 25 años con opción de pagarlo invirtiendo el dinero en programas sociales.

Más adelante dio ayudas para abaratar el precio de los combustibles para que el pueblo pudiera hacer uso de ellos sin empobrecerse, también ayudó al pueblo reduciendo la tasa de interés en el pago de la vivienda, minorándolo una tercera parte. Esas ayudas estimularon la actividad económica del país ya que los hondureños espoleados por el abaratamiento de los costes de la vivienda empezaron a construirse sus casas comprando los materiales y dando empleo en el sector de la construcción. Zelaya también ha aumentado en los últimos meses el salario mínimo en un 60%.

Todas estas acciones que ha ido desarrollando Manuel Zelaya en su gobierno han ido soliviantando a la oligarquía de la que él mismo proviene, que estaban viendo como Zelaya iba girando su política hacia la izquierda a favor de los pobres de forma decidida. Incluso su propio partido no le apoyaba en el congreso con sus iniciativas, igual que el resto de partidos de Honduras exceptuando a la Unificación Democrática, el único de los cinco partidos existentes en Honduras que, con sus cinco escaños en el congreso apoyaron siempre a Zelaya.

Lo que colmó la paciencia de la derecha capitalista fueron tres cosas. La primera fue la unión de Honduras al ALBA, que le costó un año a Zelaya ya que su ingreso al organismo internacional debía ser aprobado previamente en el congreso, que lo rechazó varias veces. El ALBA le ha proporcionado a Manuel Zelaya fondos para aumentar el gasto social, proyectos conjuntos que han dado trabajo al pueblo hondureño y un nuevo mercado con preferencias comerciales para los productos del país centroamericano. Lo segundo fue que, gracias al ALBA Zelaya quiso acabar con las bases militares norteamericanas en Honduras para convertirlas en aeropuertos comerciales que beneficiasen al pueblo en detrimento de los Estados Unidos, y la última fue la voz que Zelaya quiso darle al pueblo para llevar a cabo una consulta para que los hondureños se pronunciasen sobre si querían celebrar una Asamblea Nacional Constituyente para dotarse de un nuevo texto constitucional. Se hablaba de nacionalizaciones, de democracia participativa, siguiendo el ejemplo de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Para ello se iba a celebrar un referéndum el domingo 28 de junio donde el pueblo votaría sobre si en las elecciones generales de noviembre ponían una cuarta urna, además de la de diputados, alcaldes y presidente, en la que el pueblo votaría si quería que se celebrase una Asamblea Nacional Constituyente.

Zelaya quería incluir el referéndum revocatorio, entre otros muchos aspectos de la democracia participativa, por el que el pueblo podría revocar el mandato de cualquier cargo público. Eso significaba que gente como el presidente del congreso por aquel entonces Roberto Micheletti, del mismo partido que Zelaya, podría no tener asegurado los 28 años que lleva éste en el cargo. También se hablaba de que los partidos no fueran el único medio por el que los ciudadanos influyeran en el gobierno una vez cada cuatro años, sino que en la nueva constitución se establecería que los ciudadanos podrían influir todos los días de año en los asuntos públicos decidiendo aspectos como las obras públicas que se ejecutasen en sus lugares de residencia o incluso las leyes aprobadas con el parlamentarismo social de calle que se da en, por ejemplo, Venezuela, El Salvador y en Nicaragua.

La derecha tuvo que actuar, Zelaya había cambiado radicalmente, no sólo su discurso, sino que lo había acompañado por hechos. Un aviso que dio Manuel Zelaya fue cuando junto con los países del ALBA celebró en Caracas en décimo aniversario de la Revolución Bolivariana. Zelaya se dirigió a los cientos de miles de venezolanos que celebraban el aniversario proclamando que Venezuela era “el ejemplo a seguir” y que había que “tumbar al capitalismo y al imperialismo que por cientos de años habían expoliado a América Latina”.

Antes de dar el golpe, la derecha capitalista dio un aviso. Pensaron que Zelaya se acobardaría cuando el general Vásquez Velásquez se negase, desacatando una orden de Zelaya, a repartir los materiales de la votación sobre la consulta popular que preguntaba al pueblo si quería una Asamblea Constituyente. El argumento era la inconstitucionalidad que suponía el injusto delito de preguntar la opinión del pueblo. Se ha podido observar más adelante que la oligarquía hondureña es consecuente con sus principios ya que por no preguntar al pueblo, han impuesto a Micheletti sin haber sido votado por nadie.

Zelaya destituyó de su cargo al general Vásquez Velásquez, pero la justicia hondureña, integrada por la oligarquía lo volvió a restituir, avisando a Zelaya que por allí no podía pasar. El presidente hondureño era además un líder popular y salió junto con el pueblo literalmente a tomar la base aérea donde se encontraba el material electoral y a repartirlo para efectuar las votaciones. Zelaya estaba irremediablemente del lado del pueblo.

La oligarquía no estaba dispuesta a ceder sus privilegios en beneficio de un pueblo por el que no sentía ni lástima y lo había conducido hasta la extrema pobreza de una forma totalmente egoísta.

El Golpe

El día de las controvertidas elecciones donde el pueblo iba a expresar si quería la cuarta urna que diera paso a una Asamblea Constituyente, la oligarquía se desprestigió ante el mundo: doscientos militares entraron abruptamente en la casa del Presidente de Honduras y violentamente lo secuestraron, llevándolo hasta Costa Rica en pijama y dejándolo tirado en ese país sin avisar a ninguna autoridad del estado costarricense.

Los Golpistas

La oligarquía dejó claro desde el primer momento que lo que habían hecho era parte de un plan muy bien trazado a juzgar por su rapidez en las acciones que vinieron después de secuestrar a Manuel Zelaya.

El congreso se reunió con la excepción de los parlamentarios de Unificación Democrática, que no asistieron por miedo a represalias. En esa sesión legislativa los congresistas golpistas intentaron justificar el golpe de estado como una sucesión constitucional. Para ello se basaron en que Zelaya cometió delito en base a una ley que aprobó el congreso al momento de enterarse de que Zelaya quería preguntar al pueblo sobre la constituyente, aprobaron una ley que impedía la celebración de plebiscitos 180 días antes de las elecciones generales. Presentaron una carta de renuncia supuestamente firmada por Zelaya el 25 de junio, tres días antes de la celebración del referéndum. Zelaya negó rotundamente que él hubiera renunciado. El congreso dando por buenos esos hechos, eligió a Roberto Micheletti, del mismo Partido Liberal de Honduras al que pertenece Zelaya, el mismo partido que votó sin fisuras a favor de Micheletti. Hasta ese momento Micheletti era el Presidente del Congreso de Honduras.

La dictadura que acababa de surgir en Honduras no esperó tiempo para actuar contra el pueblo en busca de un silencio que aparentase la normalidad necesaria para su legitimación por parte de la comunidad internacional. Para ello los golpistas mediante el ejército tumbaron la señal del canal público de Honduras, para dejar al pueblo cercado comunicativamente y poder dividirlo con informaciones en los diarios propiedad de los empresarios hondureños que apoyan el golpe. Inmediatamente después de tumbar esta señal comenzó la caza de brujas contra los medios alternativos favorables a Zelaya y a la “cuarta urna”. Radio Globo Honduras y Canal 36 fueron desalojados por el ejército dejando al pueblo en total oscuridad mediática. Sus locutores están siendo amenzados de muerte para que se callen.

La dictadura del golpista Micheletti pronto se manchó las manos de sangre. El ejército tenía tomados los puntos clave de las principales ciudades hondureñas, como el Palacio Presidencial y el Congreso en Tegucigalpa y comenzó a reprimir al pueblo. El ciudadano Rosel Ulises Peña fue arrollado por un vehículo militar mientras defendía la libertad de prensa en la sede de Hondutel, empresa de comunicación, impidiendo que los militares entrasen en el edificio. Este asesinato se produjo el lunes 29 de junio, un día después del golpe de estado.

La represión desde que los golpistas constituyeron la dictadura no sólo no ha desaparecido sino que, según palabras de la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, se ha endurecido alcanzando altas cotas de violencia. Las garantías constitucionales han sido suspendidas por lo que asesinar, entrar en las casas sin orden judicial, espiar llamadas... es legal, mientras que manifestarse o expresarse es ilegal. Desde el primer día las manifestaciones, primero espontáneas, y luego organizadas, han sido duramente reprimidas dejando miles de heridos, detenidos y varios muertos. Esto puede observarse de manera muy clara cuando el pueblo asistió en una multitudinaria manifestación de casi medio millón de personas a recibir al presidente Zelaya en su regreso a Honduras al aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa. El pueblo marchó y pudo acceder al aeropuerto gracias a que el coronel Mendoza retiró a su regimiento del aeropuerto desobedeciendo las órdenes de Micheletti. Cuando la cabeza de la manifestación colapsó el aeropuerto de manera pacífica, el ejército sin motivo comenzó a disparar a los indefensos manifestantes matando a tres e hiriendo a más de dos decenas de personas. Una de las víctimas, Isis Obed Murillo un joven de dieciséis años fue abatido por un francotirador. Poco después de estos hechos se anunció cuando faltaban diez minutos para las seis de la tarde que se adelantaba el toque de queda a esa misma hora, lo que supuso más de 800 detenidos.

La familia de Isis Obed, sumida en la tristeza le dijo a Xiomara Castro, la primera dama, en una conversación telefónica, que se sienten orgullosos de que su hijo muriera luchando por la justicia y la democracia. Los mismos que asesinaron a su hijo, han detenido a su padre para que no siguiera declarando a la prensa, según ha dicho la propia hermana del fallecido.

La represión ejercida a la ciudadanía no sólo se llevaba a cabo durante las manifestaciones sino que antes de celebrarse el ejército se cebaba con los que identificaba como partidarios de Zelaya. Autobuses y vehículos particulares que transportan “sospechosos”, distinguidos por su apariencia de pobres, a Tegucigalpa para formar parte de las movilizaciones y acciones contra los golpistas eran parados y sus ruedas desinfladas a disparos siendo sus pasajeros reprimidos a su vez para disiparlos e impedir su llegada a la capital que está fortificada desde el día del golpe y rodeada de puntos de control para que no entren en sus inmediaciones nadie que no deba.

Esta persecución no ha sido solamente hacia el pueblo que estaba en la calle, los cargos públicos que se mantuvieron fieles al mandato popular que subió a Zelaya a la presidencia de Honduras también han sufrido la persecución fascista de los usurpadores. El gabinete presidencial que apoya a Zelaya pasó a la clandestinidad, altos mandos del ejército que dieron la espalda al golpe están en las cárceles y muchos alcaldes han sido perseguidos, algunos salvados por el propio pueblo que desde el primer momento fue a los ayuntamientos a protegerlos de las arremetidas del ejército y otros, pese a la protección popular, fueron detenidos como el alcalde de San Pedro Sula, Rodolfo Padilla Sunseri. El ejército entró violentamente en la alcaldía sacando a la gente que protegía al alcalde con bombas lacrimógenas y disparos, deteniendo al alcalde y a decenas de ciudadanos y haciendo, en ese mismo instante, alcalde de San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante de Honduras, al sobrino de Roberto Micheletti, William Hall Micheletti. Después de ir a por el alcalde el ejército la emprendió con el pueblo de igual manera virulenta. Se recibieron denuncias de que en las mismas celdas de las cárceles la policía tiraba bombas lacrimógenas dentro, en un ataque sin sentido contra los presos políticos.

La familia de Manuel Zelaya también está siendo perseguida y haciendo un alarde de valentía Xiomara Castro, la esposa de Zelaya ha salido de “las montañas” donde la protegía el pueblo para manifestarse pacíficamente con la ciudadanía en su lucha diaria por restaurar la democracia en Honduras.

Los golpistas han constituido una dictadura de terror, reactivando, según el gabinete presidencial en la clandestinidad, el escuadrón de la muerte 316 y nombrando como asesores de su “gobierno” a asesinos como Billy Joya que dirigió al nombrado anteriormente escuadrón de la muerte 316 que hizo desaparecer a decenas de personas de izquierda durante los años 80 en Honduras. Billy Joya está acusado por tribunales internacionales de responsabilidad criminal directa en 16 desapariciones y asesinatos. Todo esto Junto con la represión, la censura, las amenazas y la suspensión de las garantías constitucionales el gobierno golpista de Honduras cumple todos los requisitos de la práctica del terrorismo de estado.

Jose Manuel Zelaya Rosales

Cuando el alba de la mañana hondureña estaba a punto de dejar paso al sol que daría comienzo al domingo 28 de junio, el presidente de ese país centroamericano estaba convencido de que su pueblo iba a escribir una nueva página en la historia de Honduras, votando a favor de una cuarta urna que desembocase en una asamblea constituyente basada en la democracia participativa, que diera realmente y sin límites todo el poder al pueblo. Zelaya que durante el día anterior dio por finalizados los problemas que tuvo con parte de su gobierno y las altas instancias del ejército, se vio sorprendido cuando, doscientos militares allanaron su casa violentamente y lo secuestraron en pijama. Lo llevaron en un avión hasta Costa Rica y allí lo dejaron.

El presidente costarricense lo recogió y dieron juntos la primera rueda de prensa de las muchas que Zelaya ha dado desde que fuera secuestrado. Inmediatamente después, Zelaya fue a Managua, capital de Nicaragua para una reunión de la ALBA convocada con carácter urgente. Después de estas reuniones se sucedieron en Managua muchas otras del resto de organismos americanos como la OEA, SICA o el Grupo de Río.

Días después Manuel Zelaya partió a Washington, para hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, pocos días antes de su intento de regresar a Honduras, junto con el Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas Miguel D’escoto, frustrado por los militares golpistas.

Después del intento pasó un día en Nicaragua antes de partir de nuevo a Washington donde se reunió con la secretaria de estado Hillary Clinton. El resultado de esa reunión fue que Óscar Arias, presidente de Costa Rica, mediase en el encuentro que Zelaya va a mantener con los golpistas en San José. Refiriéndose a ese “encuentro” Zelaya sentenció que no es una negociación sino “una planificación de cómo los golpistas van a salir del país”. Zelaya recalcó de cara al encuentro que hay cosas innegociables como su presidencia y la celebración de las elecciones para la “cuarta urna” que abran la puerta a una Asamblea Nacional Constituyente.

Además el presidente legítimo de Honduras declaró a TeleSUR minutos antes de partir hacia San José que los golpistas estaban “saboteando” el proceso porque no dejaban salir de Honduras rumbo a Costa Rica a los dos ministros del Gabinete Presidencial en la Clandestinidad y advirtiendo que serán detenidos en base a la orden de detención en su contra que la justicia golpista hondureña, controlada por la oligarquía, ha emitido como parte de la persecución política que los golpistas llevan a cabo a todos aquellos cargos públicos y periodistas que no apoyan su dictadura sangrienta.

El pueblo de Honduras

Los hondureños contrarios al golpe, el pueblo, nada más saber el secuestro de su presidente salió a las calles e hizo algo mucho más importante que eso: organizarse y unirse para encauzar las protestas, mantenerlas y acrecentarlas. Con ese objetivo se creó en las horas siguientes al golpe el Frente de Resistencia Popular, integrado por las tres Centrales Obreras existentes en Honduras, el Sindicato de Taxistas, los sindicatos magisteriales del país, la mayor organización de campesinos hondureña Vía Campesina, y el único partido de izquierdas en Honduras Unificación Democrática. Todas las organizaciones de izquierdas de la Patria de Morazán están presentes en ese punto común llamado Frente de Resistencia Popular.

Desde el primer día el Frente tuvo claro que los objetivos de su lucha eran restituir al presidente Zelaya en su cargo, juzgar a los golpistas y sobre todo, la realización de las elecciones que fueron interrumpidas por el golpe de estado. También estaba claro cuál era la forma de conseguirlo: pacíficamente. Para ello desde el primer día el Frente de Resistencia Popular llamó al pueblo para que tomase las calles y convocó una Huelga General Permanente que ha paralizado todo el país asfixiando económicamente a los golpistas quienes, pese a que en un primer momento negaron la existencia de una huelga, días más tarde el propio Micheletti llamó a los trabajadores a volver a sus labores, ya que la mayoría de gasolineras, supermercados, restaurantes y todos los colegios públicos se encuentran cerrados. El pueblo respondió que sólo le llegada de Zelaya a la presidencial parará la huelga.

Desde el martes 30 de junio, día en que Zelaya anunció que regresaría a Honduras, los esfuerzos del Frente se centraron en aglutinar a todo el pueblo que luchaba por Zelaya y la cuarta urna en Tegucigalpa, la capital del estado, para recibir al presidente Zelaya y unir fuerzas contra los golpistas. Desde ese mismo día cientos de miles de hondureños marchan hacia Tegucigalpa, un camino difícil porque los golpistas usando el ejército han cerrado todas las carreteras y han blindado Tegucigalpa. Aún así fueron 400 000 personas a recibir a Zelaya en su intento abortado por los golpistas y ahora mismo casi un millón de personas se encuentran en Tegucigalpa manifestándose todos los días. Los dirigentes del Frente de Resistencia Popular mantienen que si los golpistas abren las carreteras se llegarán a los dos millones de personas en Tegucigalpa, superando la población de la ciudad situada en un millón doscientas mil personas aproximadamente.

El Frente ha enviado a Costa Rica una delegación que se reunirá con Zelaya para entregarle al presidente sus puntos esenciales para negociar con los golpistas:

-  Exigiendo “el castigo para los responsables de la muerte de los compañeros caídos y la represión a las movilizaciones y locales del movimiento popular.”

-  Rechazan “la posibilidad de la legitimación de las autoridades de facto y reafirmamos que la única salida aceptable es el regreso al orden institucional.”

-  Exigiendo “la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente.”

-  Además solicitan la integración de su delegación en la de Zelaya durante el encuentro con el sangriento dictador Micheletti.

Pese a la represión violenta, el miedo, la censura y la ausencia de derechos, el pueblo está saliendo cada día desde el 28 de junio en mayor número por la vuelta del presidente Zelaya y la celebración de la cuarta urna.

El Mundo

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América fue la primera organización internacional que se reunió con Zelaya y lo hizo apenas pasadas unas horas de que saltase la noticia del golpe. Los países integrantes del ALBA rompieron las relaciones diplomáticas y comerciales con la Honduras golpista, como presión internacional, sentando el ejemplo que otros países como El Salvador y Paraguay siguieron. Otros muchos como México, Argentina o España simplemente rompieron relaciones diplomáticas con los golpistas.

Los países del ALBA dinamizaron a la comunidad internacional convocando todas y cada una de las cumbres extraordinarias que celebraron el resto de organizaciones mundiales que se reunieron esos días. En palabras del ALBA “dejar que se enfríe la situación beneficiaría a los golpistas”.

Todas las cumbres celebradas dieron un abrumador respaldo al presidente Zelaya exigiendo la restitución del orden constitucional, que pasaba por respetar el mandato que el pueblo le había dado a Zelaya hasta enero de 2010 como su presidente. La Organización de los Estados Americanos, por integrar totalmente a todos los países de América, fue la organización que cargó con el peso de la situación. Para ello la primera medida que tomó fue retrasar la llegada del presidente Zelaya por tres días, dando un ultimátum a los golpistas contradiciendo al propio Zelaya que tenía la intención de volver cuanto antes “por el bien de su pueblo”.

El siguiente paso que tomó la OEA fue concertar un encuentro con los golpistas en Honduras con José Miguel Insulza, el secretario de la organización. Este encuentro tuvo el objetivo de notificar a los golpistas del retraso de la llegada de Zelaya, cosa que ya sabían. Las consecuencias de no acatar el ultimátum sería expulsar a Honduras de la OEA, algo que los propios golpistas hicieron antes de vencer el plazo.

Durante todos estos hechos el único medio de comunicación que impidió que la situación cayera en el olvido fue TeleSUR estando en todo momento en el lugar donde se encontraba el pueblo. Por ello diversos canales del mundo se plegaron a su señal como Radio Televisión Española y CNN en español.

Situación

La oligarquía que anteriormente gobernaba en Latinoamérica muchos países que ahora están en manos del pueblo, no respetan las victorias electorales que no les favorecen, e intentan de manera violenta, retomar el poder. Lo intentó la oligarquía venezolana en el año 2.002, lo lograron en Haití en el año 2.004, lo pretendió la oligarquía boliviana con la teoría de la Media Luna mientras cometió genocidio contra la población indígena y la ecuatoriana en base a esas teorías separatistas reclamó para sí Guayaquil como estado independiente. En Nicaragua y Paraguay difaman a los presidentes que lideran sus países y claman por fraudes electorales que no pueden demostrar. Acabamos de ver lo que ha hecho la hondureña.

Todos estos países guardan cosas en común. Son del ALBA, la organización que establece vínculos de uniones comerciales, culturales y sociales en base a los preceptos socialistas de cooperación, complementación, solidaridad y respeto a la soberanía de los países que lo forma, y que además acabó con el ALCA, la propuesta de los Estados Unidos para las relaciones entre los países de Latinoamérica. Además estos países, mediante sus gobiernos, han establecido, -o se encuentran intentándolo-, cauces para una mayor participación ciudadana que de la posibilidad real al pueblo de influir en los asuntos públicos todos los días del año y no sólo cada cierto tiempo en unas elecciones, donde son los partidos, y no los ciudadanos, los que dirigen los asuntos públicos.

La oligarquía hondureña ha evitado durante ya 13 días que el pueblo pueda decidir. Y ya ha anunciado que adelantará las elecciones de noviembre para así, legitimar su situación revistiendo la dictadura de una imagen democrática que convenciera a la comunidad internacional para que terminase su presión contra los golpistas.

Sufriendo una huelga general y una importantísima presión internacional no se puede explicar que los usurpadores se sostengan en poder sin una ayuda externa. Todas las miradas se han dirigido a los Estados Unidos de América, histórico apoyo económico y estratégico para los golpistas latinoamericanos. En la actualidad el gobierno de los EUA representado por Barack Obama se ha mostrado como un cambio profundo con respecto a sus predecesores. Así lo constatan sus declaraciones respecto al golpe de estado en Honduras, siempre de apoyo a Zelaya y a su restitución. Sus hechos parecen no confirmar sus palabras, ya que, además de no cortar relaciones diplomáticas con Honduras, ni suspender la cooperación militar y económica de la que ahora se benefician los golpistas, y retrasar la llegada de Zelaya a Honduras mediante la OEA, sabían los planes de los usurpadores desde un mes antes del secuestro tal como declaró su embajador y no evitaron el golpe.

En la última reunión que Hillary Clinton mantuvo con el presidente Zelaya, los Estados Unidos dejaron claro que no iban a cortar relación con los golpistas y que antes de eso preferían una negociación donde puedan no perder tanto con la vuelta de Zelaya, por culpa de la rápida movilización del ALBA y TeleSUR que han movilizado e informado a todo el mundo para que este atentado contra el pueblo no cayera, otra vez, en el olvido. Por ello han nombrado al presidente de Costa Rica, Óscar Arias, conocedor también del golpe de estado antes de que sucediera y elogiado por los golpistas hondureños. Al igual que los estados Unidos de América, Óscar Arias también ha condenado el golpe delante de las cámaras y es un perfecto negociador en este caso ya que no puede representar mejor a las empresas que están expoliando su país y están interesadas en que los gobiernos que llevan a cabo reformas de izquierdas en la economía caigan.

Honduras puede sentar un mal precedente para los pueblos que elijan por ellos mismos. Si este golpe triunfa finalmente las oligarquías anteriormente nombradas podrían ver la luz al final del túnel y seguir el ejemplo de Honduras. Ya habrían constatado que cuentan con un apoyo que sería el único sostén que necesitarían para culminar sus golpes.

Una nueva Constitución para Chile


Entrevista con Jorge Arrate, candidato presidencial chileno

Patricia Bravo   /   Punto Final

 

“En mi cuadra gano”, comenta Jorge Arrate McNiven en voz baja, mientras camina en compañía de PF por la calle Domingo Faustino Sarmiento, de la comuna de Ñuñoa, donde vive. Es probable que tenga razón. Sólo en una cuadra -“su” cuadra- lo saludan, sonrientes y entusiastas, cuatro o cinco vecinas y vecinos que se cruzan en el camino. Uno de ellos, incluso, lo saluda amistosamente desde la vereda del frente, a viva voz. 

El candidato presidencial del Juntos Podemos Más, Socialistas Allendistas e independientes confiesa sentirse feliz, porque está “donde debe estar”. Apenas a cuatro meses de haber renunciado al Partido Socialista, fue proclamado candidato de la Izquierda extraparlamentaria el pasado 26 de abril. Con ese acto masivo culminó la Asamblea Nacional de Izquierda en la que dos mil delegados de asambleas de base comunales y sectoriales debatieron propuestas para el programa del candidato único, quien fue elegido con el 81 por ciento de los votos contra el 19 por ciento que obtuvo Tomás Hirsch, del Partido Humanista. La opción de Arrate fue abiertamente favorecida por la bajada de Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista.

En su larga trayectoria política, Jorge Arrate, abogado de 67 años, casado con la escritora Diamela Eltit, fue ministro de los gobiernos de Salvador Allende (Minería), Patricio Aylwin (Educación) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Trabajo y Secretaría General de Gobierno). Durante el gobierno de Ricardo Lagos se desempeñó como embajador en Argentina. Ahora, desde la otra orilla, se ve animoso, llevando adelante su campaña todo terreno.

¿Hubo acuerdo previo para la renuncia de Guillermo Teillier a favor suyo?

“Nunca tuve un signo del Partido Comunista en ese sentido. Y lo aprecio, porque se actuó con mucha rectitud. Teillier es una persona muy honorable, no hubo ningún acuerdo conmigo”.

Cuando aún estaba en el Partido Socialista usted llamó a sectores de Izquierda de dentro y fuera de la Concertación a unir fuerzas para presentar una propuesta y un candidato único en las elecciones presidenciales. ¿Se cumplió ese llamado con el pacto que sustenta su candidatura? 

“No hemos logrado juntar a todos los sectores populares y democráticos -es un objetivo difícil-. Lo que hicimos fue juntar a todo el pueblo que hemos podido, a las fuerzas populares que querían unirse. Estoy convencido que en algún momento -no será este año, pero sí pronto- el Partido Socialista va a estar en la Izquierda”.

¿Una parte del PS?

“Es probable que una parte del PS se vaya al Partido Socialdemócrata Liberal que algunos proyectan formar con los radicales y el PPD, pero tengo la convicción que el grueso del socialismo chileno estará en la Izquierda. También hay sectores populares importantes en el mundo de la DC”.

¿Visualiza un realineamiento de sectores de Izquierda y progresistas?

“Creo que emergerá una opción viable, poderosa, que al mismo tiempo perfore la exclusión parlamentaria”. Simple sentido común

Ha sido bastante complicada la negociación para un pacto parlamentario del Juntos Podemos con la Concertación.

“La Concertación entró a negociar con regla de cálculo. Para ganar. A mi juicio, ha tenido un comportamiento deplorable. Había que hacer un pacto que garantizara a la Concertación no perder parlamentarios y que los cupos que se ganaran fueran para los que han estado excluidos. Esa sería una visión ética, de cumplimiento de una promesa que hicimos como Concertación. La mitad de los chilenos está fuera del sistema político. Fuerzas políticas que con un sistema proporcional podrían elegir ocho o diez diputados, no han tenido ninguno en 19 años. La actitud de la Concertación muestra el deterioro que ha sufrido con la imposición del pragmatismo, del hábito que todo se negocia, de la idea del éxito y la ganancia. Se ha rebajado la calidad y el significado de la política. La política tiene lugares muy oscuros -como todas las actividades humanas-, pero también lados luminosos. Desgraciadamente esa parte se ha ido opacando, y la Concertación tiene una importante cuota de responsabilidad en eso”.

¿Hay partidos más duros que otros?

“Todos los partidos tienen grupos, mesas, clubes; unos más cerrados que otros. Las ideas suben o bajan, pero no circulan. Hablar de partidos en esta negociación es complicado, porque en cada partido hay distintos intereses”.

¿Podría adelantar algunos de los aspectos principales del programa que dará a conocer el 25 de mayo?

“Una cuestión básica, aunque no novedosa, es otra Constitución Política emanada de una Asamblea Constituyente y aprobada en plebiscito. No es novedosa, porque es de puro sentido común. Un país digno tiene que aspirar a una ley fundamental que sea resultado de un ejercicio democrático, y no de un plebiscito brujo como el de Pinochet en 1980. Cambiar el modelo económico significa cambiar las bases de funcionamiento institucional, económico y social que están en la Constitución. Hay que redefinir el derecho de propiedad -al menos como se hizo en la Constitución de 1925, que establecía la función social de la propiedad- e introducir la legítima presencia del Estado en todos los ámbitos de la economía. También esto es de sentido común. Somos partidarios de más Estado, porque queremos mejor salud para el 80 por ciento de los chilenos que se atiende en el sistema público, mejor educación pública y acceso a las universidades sin ninguna limitación por condición económica. Y así. En esa Constitución tenemos que hacer un giro radical en aspectos como la regionalización, con autoridades electas y manejo de recursos propios. Trabajamos la idea de un royalty a los recursos naturales, más allá del cobre -soy partidario de nacionalizarlo- y de la minería. Por ejemplo, un royalty al uso del agua en los cultivos de salmón. Las regiones percibirían el total o un porcentaje de esos royalties. Cada región debe definir su perfil territorial, las actividades económicas posibles de desarrollar. Eso es de gran importancia en materia medioambiental”.

Ilegalizar el lobbysmo

En pocas palabras, ¿qué opina de sus contendores en la carrera presidencial? 

“Primero me interesa aclarar que no tengo enemigos ni contendores en la Izquierda. Quiero una sola candidatura de Izquierda. Pero como es muy probable que no la haya, respeto a quien desde la Izquierda quiere hacer emerger una voz. Por tanto, mis contendores son la derecha y la Concertación. Conozco personalmente a Sebastián Piñera, tengo una relación afectuosa con él. Pero representa la invasión del mercado y el dinero en la política y en la democracia, uno de los peores fenómenos que ha ocurrido en el mundo y particularmente en Chile. Me refiero a los que juegan capicúa -a ganar siempre, por las dos puntas-, a los que salen de los edificios públicos para irse a las empresas privadas y de éstas regresan a los edificios públicos. Tienen una pasarela, un tránsito sin regulación. Es el caso del ex Fiscal Nacional Económico que se fue como jefe del equipo jurídico de las farmacias Cruz Verde. Pero hay muchos otros casos conocidos. Piñera representa eso, el lobbysmo que soy partidario de ilegalizar. Representa más mercado para salvar a un mercado que se ha desmoronado catastróficamente en el mundo entero”.

¿Y Eduardo Frei?

“Lo conozco mucho y lo considero un buen ser humano. Representa el conformismo en la Concertación, es más de lo mismo. También viene del mundo empresarial, aunque no tengo dudas de su corrección. Pero no es sólo él quien tiene lazos muy fuertes con ese mundo, es toda la Concertación. ¿Cuántos socialistas son directores de AFP, presidentes de empresas de transporte que licitan con el Estado, miembros del directorio de grandes transnacionales, lobbystas… ¡Había uno que, siendo socialista, hacía lobby contra el royalty!”.

El surco de Allende

¿Los Socialistas Allendistas son una corriente, un movimiento?

“Es un referente. Agrupa a ciudadanos que han estado afiliados al Partido Socialista y hoy están afuera, a otros que siguen allí y a muchos socialistas no afiliados que crecientemente tienden a identificarse con los Socialistas Allendistas. Hay también otros grupos que están conmigo, el que formó La Surda en su momento, jóvenes que constituyeron la Izquierda 21, ex miristas que se han reorganizado en un comando independiente donde también participan ex populáricos, ex comunistas, gente de la generación de los 80. Ellos nos han acompañado en la pre campaña que culminó exitosamente y de una manera que para mí es muy honrosa”.

¿Espera una buena votación entre socialistas que están en el partido? 

“Sí. No tengo beligerancia con mi partido, al que debo mucho. Fueron 46 años de militancia. No fue fácil salir, pero hice el duelo antes. La situación del partido contribuyó a que mi salida fuera menos dolorosa. Ahora me siento en mis propios zapatos, estoy donde deseo. Y cuando eso ocurre, uno está tiqui-taca”.

Los Socialistas Allendistas hablan de “socialismo del siglo XXI”. ¿Se inspiran en la línea del presidente Hugo Chávez, en Venezuela?

“Todos los procesos en curso en América Latina, distintos entre sí, son referentes importantes para nosotros. Han pasado cosas impresionantes. Lula, un obrero metalúrgico que llega a la Presidencia; Evo Morales, el primer presidente indígena en América Latina. Michelle Bachelet, la primera mujer presidenta en Chile. Cada proceso tiene un ángulo propio, como vemos en Nicaragua, Paraguay, El Salvador. Los procesos de Ecuador, Venezuela y Bolivia tienen en común haber impulsado una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución Política. Son muy inspiradores. No tengo en la cabeza lo que ha estado planteando Hugo Chávez, pero comparto que los Socialistas Allendistas hablen de ese concepto”.

¿No es un modelo definido?

“No. Yo soy muy allendista y una de las cosas que aprendí de Allende es que siempre defendió con fuerza las particularidades nacionales. Fue muy solidario con procesos de lucha armada en otros países, porque respetaba las decisiones de cada pueblo. Y también pedía que solidarizaran con él, que tenía una forma de lucha especial, la vía democrática o pacífica al socialismo. En ese sentido, creo que no hay modelos. Aunque quisiéramos, en Chile no podríamos aspirar a importar un modelo como la revolución bolivariana, o como el proceso que lidera el presidente Evo Morales en Bolivia. Son realidades distintas. Tenemos que inventar nuestro propio camino. Lo que me parece interesante, común a todos estos procesos -el propio Chávez lo ha señalado-, son los ecos de allendismo que hay en ellos. El gran desafío de Allende fue compatibilizar democracia y socialismo, y ahora tenemos procesos socializantes en América Latina que han triunfado en las elecciones. El presidente Rafael Correa fue recientemente reelecto en Ecuador, Chávez ha ganado nueve de diez votaciones y para qué decir Evo Morales. Esa era la perspectiva que tenía Allende y que terminó dramáticamente, quizás porque era otro momento internacional, por los errores que cometimos, por las ambigüedades. Pero dejó un surco”.

Camilo Escalona criticó que cuando usted era ministro de Educación aprobó el sistema de financiamiento compartido, que ha perjudicado a los sectores más pobres. ¿Alguna autocrítica al respecto?

“Si volviera a vivir la misma circunstancia no haría lo mismo. Cometí errores, pero por razones que son largas de explicar no creo que el cambio que se hizo a través de una ley haya significado dañar a los pobres”.

Ahora se exige que los padres paguen en escuelas que antes eran gratuitas…

“Se ha hecho un uso abusivo, porque cometí la equivocación de no exigir que se aplicaran de inmediato las condiciones que puse. He buscado desesperadamente un memorándum de esa época, pero no lo puedo encontrar. 
Eso fue producto de una negociación con la derecha, en 1993, para mantener el IVA. Por un período determinado se había subido el IVA y, vencido el plazo, correspondía bajarlo. Entonces el Ministerio de Hacienda negoció para que la derecha aprobara mantener el nivel del IVA. Una de las cosas que la derecha pidió a cambio fue la ampliación del sistema de financiamiento compartido. Yo puse una serie de condiciones para evitar que se dañara a quienes estaban en una escuela y de repente tenían que comenzar a pagar. Pero no se pudo poner en práctica, no por mala voluntad de Hacienda, sino porque la ley ya estaba en tercer trámite legislativo. 
Pero más allá de esta larga explicación, yo no volvería a hacer lo mismo y creo que Camilo Escalona tampoco volvería a votar a favor esa ley. Porque él era un disciplinado diputado de la Concertación que la aprobó. Me imagino que habrá planteado esto cuando era asesor del presidente Ricardo Lagos y tuvo oficina en La Moneda. Y que también se lo habrá planteado a la presidenta Michelle Bachelet. ¡No entiendo por qué no han terminado con ese sistema!”.

Que los empresarios paguen

¿Qué porcentaje de la votación aspira a obtener en la elección de diciembre?

“No doy cifras. Tal vez los expertos electorales me aconsejarían que no lo diga, pero creo que tenemos que hacer una campaña con verdad si esperamos que nos crean. Es muy difícil que yo pase a segunda vuelta. Sin embargo, no es imposible y debemos tenerlo en la mira. Voy a dar la pelea para juntar la mayor cantidad de votos posible”.

Se habla de llegar a un 10%. 

“Es una cifra importante, el doble del máximo obtenido por la Izquierda en una elección presidencial. Dependerá también de si va sólo un candidato. Todavía hay factores que no están resueltos”.

¿Hay posibilidades de fusión con otros candidatos de Izquierda? 

“No lo sé, espero que sí. Porque yo soy candidato para 2009, no estoy haciendo campaña para 2013 ni para 2017. Los que quieren hacer campaña para entonces, que lo hagan de otra manera”.

¿Qué le parece el crecimiento de Marco Enríquez-Ominami en las encuestas?

“Tengo una reserva general sobre ciertas encuestas, en particular las telefónicas que se hacen semana a semana y nunca son sometidas al test de la realidad. Las encuestas electorales han pasado a ser un instrumento de propaganda. Yo tengo simpatía personal por Marco, conocí a su padre. Pero no sé bien cuál es su proyecto. Tengo la impresión que es bastante más transversal que lo que yo estoy planteando”.

Respecto de la controversia en la Concertación a propósito de una declaración del ministro de Defensa, Francisco Vidal, ¿existe el cuoteo?

“En todo gobierno de coalición existe una negociación entre sus miembros para buscar equilibrios en la estructura gubernamental. Esto es habitual en Europa, donde generalmente los partidos tienen cuadros de muy alto nivel. El problema se presenta cuando no es así, y se designa a una persona por preferencia política y no por su capacidad para ejercer el cargo. Algo de eso ha ocurrido en los gobiernos de la Concertación. También sucedió en el gobierno de la Unidad Popular. No me parece objetable la mantención de equilibrios en gobiernos de coalición. El problema es cómo se hace”.

¿Qué piensa de las medidas tomadas por el gobierno frente al desempleo?

“El gobierno se ha manejado técnicamente bien, dentro de los parámetros del modelo. Tiende a resolver con más mercado la crisis del mercado. El tema de las farmacias se resuelve por la vía de las ‘góndolas’. ¿Y cómo se soluciona el problema de las tarjetas de plástico y el endeudamiento de la gente para comprar medicamentos, a las que se aplican intereses usureros que no existen en otros países del mundo? Pienso que el gobierno debió convocar políticamente a los empresarios para señalarles que son ellos, principalmente, los que tienen que pagar los costos de esta crisis. Y que eso significa bajar sus utilidades. Hacia allá vamos a apuntar nosotros. Además, propusimos un programa nacional de capacitación para los desempleados, que contemple el pago de la mitad de sus salarios”.

Si no pasa a segunda vuelta, ¿llamará a votar por Frei?

“Me he hecho una autopromesa. No voy a expresar, bajo ninguna circunstancia, una opinión personal. Expresaré la opinión que concuerden quienes sustentaron mi candidatura. Y si es distinta a la mía, expresaré la del colectivo”. 

¿Nunca sabremos por quién votará?

“Dejaré eso para que la editorial que publique mis memorias pueda venderlas”.

El PC terminará votando por Frei para que no gane la derecha.

“No lo sé. En esta campaña veo fatigada a la gente de Izquierda de seguir siendo víctimas del mal menor. Es una constante en todas partes. Hay que ver qué pasará con la campaña y con el pacto parlamentario. Una o ambas cosas pueden cambiar el estado de ánimo. Pero la Concertación no la tiene fácil. Y estoy hablando de militantes de partido”.