6/7/09

Perú: Un gobierno en ruinas


Wari Zarate [Perú] Simbolos de la fertilidad

La Asociación Cultural César Vallejo-Canadá se acercó a Carlos Angulo Rivas logrando una entrevista alrededor de los últimos acontecimientos peruanos y la convulsión político-social en la amazonía.

A continuación las respuestas de Angulo Rivas, ex director del Diario Marka de Lima (1984-1987), analista político, escritor y poeta. Ha publicado dos novelas: Norte siempre… Norte, 432 páginas en 2007 y recientemente, mayo 2009, La danza del “chino” Kenya, 532 páginas donde en material de ficción pinta los avatares de la sociedad peruana y sus políticos; además tiene publicados dos libros de poesía: Palabras que el viento ha de llevar (2005) y Poemas Color de Guerra (2007.) La revisión editorial de la última novela menciona: La danza del “chino” Kenya nos presenta una galería de políticos peruanos de características tan peculiares que colindan con lo patológico, personajes inverosímiles llevados a la ficción sin detenerse frente a una realidad soportada por la mayoría ante la ausencia de una alternativa diferente. Francisco Delima, terco en la búsqueda de la pureza del espíritu, emerge pintando la profundidad del alma humana de seres retorcidos y contradictorios, quienes se utilizan unos a otros con el objetivo de conservar el poder político en las mismas manos, sin advertir su propia servidumbre frente a los poderes fácticos del país. El perspicaz fondo de la trama narrativa lleva al lector a descubrir la verdadera historia, los detalles perdidos en el estruendo de una aparición repentina impulsada desde Palacio de Gobierno. La presencia exótica de Kenya, necia y desvalida, pobre de espíritu, se alza luego sobre la tosquedad de quienes le ridiculizan, y llega en el reparto abundante de la inmoralidad a dominarlos a todos a través del apego a los réditos pecuniarios procedentes de los caudales del Estado. Las situaciones planteadas no sólo absorben la atención del lector sino, en lo fundamental, explican el por qué un japonés resulta presidente de una nación distinta a su origen, tradiciones y costumbres.

El Perú está en una difícil encrucijada ¿qué puede decirnos en relación al gobierno del presidente Alan García?

En primer lugar debemos estar claros en que Alan García ha puesto su gobierno al borde del abismo; y en segundo lugar que a pesar de su arrepentida presentación en la televisión, llamando papelito en mano a la reconciliación del país, después del etnocidio en la amazonía, vemos que no tiene capacidad de enmienda. Insiste en la imposición de un modelo económico neoliberal extremista, la venta indiscriminada de los recursos naturales, la expropiación de tierras comunales andinas y nativas de la selva, las concesiones mineras y forestales, etc. sin conversar con los pobladores afectados que son los más vulnerables. Todo este esquema impositivo antinacional se viene dando, además, en un mar de corrupción de políticos apristas y sus seguidores, funcionarios de alto rango, empresarios, jueces, periodistas y altos mandos militares. Después de tres años de gobierno, donde Alan García incumplió todas sus promesas electorales del “cambio responsable” a fin de incursionar desembozadamente en la afirmación de la tercera etapa del neoliberalismo en el Perú, luego de Fujimori y Toledo, los resultados son inmensamente negativos a pesar de la propaganda de “ser un país líder en crecimiento.” Crecimiento promedio de 8 o 9% que como sabemos no llega ni llegará nunca a los más pobres del país. Este crecimiento estadístico es hacia fuera debido a la exportación de capitales ganados en el país, es decir, de riqueza que no se queda en él. Los bolsones de extrema pobreza y de necesitados que supera ampliamente el 50% de la población nacional no sienten ninguna mejora y encima se sienten despojados de lo poco que tiene mediante decretos legislativos inconsultos, ilegales y lesivos; de ahí el caldo de cultivo de la violencia que se observa a lo largo y ancho del Perú, causa de los últimos acontecimientos en la selva, Junín, Andahuaylas, Ayacucho, Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna. En este panorama resulta risible el artículo escrito por Alan García: “A la fe de la inmensa mayoría” porque lejos de asumir culpas y responsabilidades trabaja la teoría del “complot internacional” contra su gobierno donde él es el centro del universo.

Sí, pero el presidente Alan García tiene derecho a defenderse ante el cerco político a su gobierno ¿no le parece?

Por supuesto, tiene derecho a defenderse razonablemente. Pero no tiene derecho a mentir dirigiéndose “a la fe de la inmensa mayoría” que justamente no cree un ápice del gobierno aprista y menos en el jefe del estado. Mire usted, en la última encuesta de CPI el 73.9 % en el medio urbano nacional desaprueba la gestión de Alan García, pero cuando se va al medio rural y campesino la desaprobación sube entre 90 y 94 %. La representatividad del gobierno está absolutamente mermada y sin embargo por sucios enjuagues parlamentarios, corruptos e inmorales, el gobierno maneja al Congreso y cree tener la razón. La violencia está presente en la vida nacional no por culpa de “agentes y finanzas” internacionales, complots o maquinaciones, sino exclusivamente a razón de respuestas poblacionales cada vez más agresivas contra los designios arbitrarios de un gobierno no representativo de los intereses nacionales y ciudadanos. Los lamentables hechos en Bagua colmaron el recipiente de la paciencia, la muerte de 25 policías y un número indeterminado de pobladores y nativos, el gobierno habla de diez oficialmente; los vicariatos católicos de más de un centenar, las organizaciones de derechos humanos cuentan en primera instancia de 60 desaparecidos y el semanario ¡Nor Oriente! del último domingo 21 de junio afirma, realizado un censo, la desaparición de 935 nativos. En concreto, estos sangrientos acontecimientos configuran un punto de quiebre. La misma encuesta de la Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública (CPI) señala que el 82.2% de la población rechaza la forma en que se trató el tema de la amazonía; y el 92% dice que se debió conversar con los nativos. Y conste que para mí no son errores del gobierno sino una manera premeditada de actuar en el conflicto luego de 54 días de diálogo con la AIDESEP y el líder amazónico Alberto Pizango, hoy exiliado en Nicaragua. Al gobierno no se le pasó la mano en la brutal acometida; por el contrario, quiso amedrentar en cabeza de los nativos a todos los demás. Los decretos legislativos de criminalizar las movilizaciones populares, embestir con la policía y el ejército y tener los militares órdenes de matar amparados en la impunidad, no pueden ser casualidades. Está escrito. La masacre de la selva pudo suceder antes y en la costa de Moquegua, recordemos que gracias a un general honesto de la policía, Jordán, quien se negó a disparar a mansalva a los pobladores, por orden del gobierno, se evitó una tragedia.

Pero la responsabilidad es de los ministros y la incapacidad de resolver los conflictos…

Bueno, los ministros deberían resolver los conflictos siempre y cuando fueran ministros y no simples secretarios de la presidencia de la república. Además, debemos preguntarnos ¿quién crea los conflictos y quién no permite que se resuelvan de la mejor manera? Alan García ha retrocedido con la derogación de los decretos legislativos 1090 y 1064, momentáneamente, porque su cabeza estaba en juego. Las mesas de diálogo no van a resolver el problema de fondo, ya existieron antes y no creo que cumplan mejor papel ahora. El gobierno está jugando con fuego a la política del “jaque mate” como se dice en ajedrez. Se establecen las mesas de diálogo a diestra y siniestra, después de la toma de carreteras y la movilización popular, la paralización regional y tomas de aeropuertos, marchas poblacionales y huelgas indefinidas. ¿Sobre qué se va a dialogar en vivo y directo como dice el todavía primer ministro Yehude Simon? ¿Acaso el gobierno o más precisamente Alan García está dispuesto a cambiar el modelo económico con un giro de 180 grados; y en vez de apuntar al norte, hoy apuntar al sur? ¿Acaso existe alguna intención de revisar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? Porque en las mesas de diálogo de eso se trata cuando los pobladores de la selva han logrado la derogatoria de dos decretos legislativos y quedan otros 20 por seguir el mismo camino; o cuando las comunidades de Andahuaylas, Cusco y Puno exigen la nulidad de las concesiones mineras, la derogatoria de la ley de aguas y la paralización de ciertas obras reñidas con el medio ambiente. Téngase en cuenta que Alan García no va a cambiar de rumbo y en su artículo “a la fe de la inmensa mayoría” llega a alucinaciones mayores y hasta a un llamado de combate de las “masas contra las masas.” Fíjese que la válvula de escape ha sido cerrada con premeditación y alevosía, Alan García sintiéndose el gran componedor no ha dejado caer a su gabinete ministerial, junto a él responsable penal y político de la masacre de policías y nativos en Bagua.

Sin embargo ha existido, como dice un parlamentario opositor, una “censura técnica,” por cuanto siete parlamentarios opositores estaban suspendidos arbitrariamente y con ellos se hubiera superado los 61 votos necesarios… Además, el gabinete seguro se va a recomponer.

A mi manera de ver todo ha sido un juego de marionetas. La interpelación a los ministros Yehude Simon y Mercedes Cabanillas es una burla al país por ambas partes, Ejecutivo y Congreso. Nunca se ha visto que frente a un genocidio premeditado no existan culpables. Nunca se ha visto que masacren a 25 policías y a un número indeterminado de peruanos y la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, se lave las manos de sangre diciendo que ella nunca dio la orden de desalojar a los nativos de las carreteras tomadas. Esa misma declaración, lavada de manos al estilo Pilatos, sería suficiente para la censura en cualquier país civilizado, puesto que si el comando general de la policía se le disparó sin órdenes de ella, por su cuenta y riesgo como se dice, significaría un desafío a la jefatura del sector y una inaceptable insubordinación en términos policiales. Por otra parte, durante la interpelación, Yehude Simon ha defendido a capa y espada la agresión armada del gobierno de Alan García contra los nativos de la selva, prácticamente la masacre habida, sin ningún arrepentimiento o sentimiento cristiano por la sangre vertida. Y todo bajo la escuálida premisa de “reestablecer el orden.” Unos dicen que se desestimó la censura al gabinete, otros dicen que el gabinete salió airoso en el congreso. Y Alan García se siente triunfador. Me parece que la manipulación de la verdad es absoluta y vergonzosa. Desde un comienzo ni el primer ministro Yehude Simon ni la ministra del Interior, esbozaron siquiera un “mea culpa” ante la representación nacional; la autodefensa para justificar el crimen de lesa humanidad cometido en Bagua no tiene nombre. Para mí no existe una “censura técnica” sino una censura real y concreta; la censura fue aprobada por 56 votos contra 32 y 11 abstenciones; por las acostumbradas maniobras apristas corruptas no se alcanzó 61 votos, es cierto, pero ello agrega mayor inestabilidad al gobierno en tanto Alan García defiende un gabinete ministerial censurado por el 82.2 % de la población y además por el Congreso.

Por lo visto usted no tiene fe en el crecimiento y el desarrollo del país, con inversión y empleo; sin caer en la “trampa” del derrotismo de quienes promueven el desorden, con amenazas y bloqueos de carreteras, según proclama el presidente Alan García.

Yo tengo mucha fe en el país, en sus habitantes y potencialidades. Por supuesto, no tengo ninguna fe en Alan García ni en el gobierno aprista infestado de políticos corruptos enriqueciéndose a la vista del público. A tanto sufrimiento y sacrificio, no creo que el pueblo peruano sea derrotista y menos que promueva el desorden simplemente por el gusto de hacerle la vida imposible a los gobernantes. Lo que pasa es que históricamente el pueblo no se merece a los gobernantes que ha tenido. Y Alan García a la par de Alberto Fujimori son los peores por su capacidad de cinismo, asalto al estado y crímenes cometidos. Las marchas y los bloqueos de carreteras son una respuesta a la agresión institucional, lo repito, no se deben a intervenciones extranjeras ni a los sectores radicalizados que Alan García en su artículo cuantifica en una minoría de 50,000 ciudadanos. La lectura de las encuestas privadas, generalmente proclives a los gobiernos, muestran un rechazo contundente a Alan García, de los no “radicalizados” que superan la caprichosa cifra de 50,000 señalada para llegar a millones de ciudadanos hostiles. En este aspecto Alan García pretende justificarse a sí mismo como un gobernante incomprendido, cuando es precisamente él quien protagoniza la violencia contra el pueblo a través de las medidas expropiadoras, contaminantes, depredadoras y represivas. De repente los radicales son 50,000 como afirma García Pérez, pero ellos son quienes defienden a la patria, a la nación y sus recursos naturales, única riqueza en un país empobrecido de arriba abajo siendo rico en demasía como decía el sabio italiano Antonio Raimondi. En cambio los líderes de la derecha, incluido Alan García y sus secuaces, llegan apenas a 10,000 que se han apoderado del país para, a través de sustanciosas comisiones y participaciones, venderlo al mejor postor. El desorden no está provocado por “manos extranjeras” ni la agitación de los radicales sino por la política económica seguida, la pobreza contumaz, el hambre, la falta de educación y salud, la falta de empleo y la usurpación de tierras comunales en los Andes y la Amazonía. En consecuencia, el “levantamiento general de los pueblos aprovechando la crisis mundial” como señala García Pérez, es bueno lo reconozca, pues hace poco decía que el país estaba blindado contra cualquier crisis, se debe a la ineptitud de su gobierno y a la imposición violenta del neoliberalismo extremista. Echar mano a los complots extranjeros es una forma grosera y destemplada de eludir sus responsabilidades.

Usted nos quiere decir que el chavismo no está atrás de las movidas radicales en el Perú como afirma el presidente Alan García, quien que según explica lo vivido en las últimas semanas forma parte de un “conflicto continental” que enfrenta a “la democracia política y económica y “el estatismo económico y la demagogia que detiene a los países…” para él se vive una guerra fría en la que participan gobernantes extranjeros…

El “chavismo” es un invento de los sectores oligárquicos venezolanos. Un invento perverso de quienes han perdido sus privilegios y el arte de manipular las elecciones para favorecerse de modo privado con el estado, la corrupción, los contratos leoninos y las prebendas. El presidente Hugo Chávez es el líder de una revolución bolivariana cuya visión se extiende a distintas formas de integración económica y social en América Latina, donde antes que el dinero, las utilidades en las inversiones, prima la solidaridad entre los pueblos. La consulta popular permanente (más de diez elecciones y referendos en ocho años) es una característica democrática del avance del proceso bolivariano o socialismo del siglo XXI como se ha venido en llamar o democracia participativa como señalan otros. A este proceso no se le puede llamar intervencionista, pues es un conjunto de ideas y resoluciones que no tienen fronteras. Y menos caer en el ridículo de llamarlo “guerra fría” como si estuviéramos en la década de los años cincuenta del siglo pasado. Cada país tiene sus propias características y sus propias soluciones, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Chile, Brasil, Argentina, Nicaragua, etc. Para Alan García durante las elecciones del 2006, su opción fue el “cambio responsable” y con la ayuda de la derecha empresarial, el fraude y el apoyo abierto de la embajada norteamericana en Lima, volvió, con las justas, a ser presidente. Pero el “cambio responsable,” si se quiere alternativo a las ideas bolivarianas, nunca se produjo y de las promesas electorales de Alan García no se cumplió ni una sola. Ahí tenemos los resultados porque quien siembra vientos cosecha tempestades; desde el inicio del segundo gobierno aprista la gran mayoría ciudadana se ha visto estafada en grande ¿tienen Chávez, Morales o Correa la culpa del viraje total y absoluto de Alan García hacia el neoliberalismo extremista? La política interna de Alan García es desastrosa y la internacional peor, pues hemos llegado a aislarnos completamente. La revolución bolivariana va a continuar por sus propios medios en cada país, de ello no cabe la menor duda; pero no por la intervención de Chávez, Morales o Correa, sino porque tiene mayores cimientos en cuanto a política sociales y de desarrollo, y los pueblos despiertan por sí solos. La política es el arte del convencimiento no de la imposición. El gobierno aprista cuenta con los medios de comunicación masivos, radio y TV pero no convence; en cambio Chávez no cuenta con esas enormes ventajas pero es un gobernante de enorme respaldo popular.

¿Se declara usted chavista?

Parece que no entendió mi respuesta anterior, el chavismo no existe. Ahora, si ustedes quieren mi opinión sobre el presidente Hugo Chávez yo se la doy con todo gusto. Chávez impulsa una revolución bolivariana que trasciende las fronteras de su país y cuyos logros sociales en Venezuela son reconocidos por la Naciones Unidas y conste que no se trata sólo de los llamados “petrodólares” porque petróleo siempre ha habido en ese país, pero Carlos Andrés Pérez y los oligarcas no hicieron nada, excepto, enriquecerse con la inmoralidad y la corrupción. Y si hablamos de economía, la peruana es más grande por la minería y la industria extractiva que la venezolana con todo su petróleo; y bien podrían tenerse programas sociales de envergadura en el Perú, claro está, si los gobernantes no fueran Alan García y un conjunto de secuaces como él. Podríamos seguir hablando de la revolución bolivariana, la visión del ALBA, el Banco del Sur, las campañas Milagro de educación y salud, el esfuerzo integracionista con MERCOSUR, etc. pero a ustedes les interesa más la situación peruana, la gigantesca crisis político-social, la inestabilidad y la ingobernabilidad, porque viéndolo bien tenemos, en realidad, un gobierno en ruinas.

¿No le da a futuro ningún chance al gobierno de Alan García? En sus artículos usted casi siempre plantea la vacancia presidencial, ¿no le parece un exceso de su parte?

No hay exceso alguno, los excesos provienen del gobierno aprista a cada momento. La concepción de Alan García, de la existencia de una “guerra fría” favorece a los extremos, a la confrontación y a la falta de ecuanimidad. Promociona la violencia como medio de lograr propósitos y proyectos de parte de la población; como mencioné, existe una política de “jaque mate” y absoluta ausencia de gobernabilidad. No se puede gobernar en la dicotomía de retroceso o “mecedora.” La imposición de un modelo económico neoliberal extremista no da para más, durante el gobierno de Toledo ya estaba agotado, y continuar con él con mayor fuerza, brutalidad e incompetencia, nos ha llevado a la situación actual de conflictos sociales de envergadura. Si a todo ello le agregamos la corrupción y la inmoralidad de Alan García y su pandilla, estamos hablando de un país ingobernable. El gobierno se ha trasladado a las calles, donde un extremo pide represión y asesinatos y el otro retroceso y derogación de decretos legislativos. La vacancia presidencial es la solución, de ninguna manera un cambio de gabinete sin cambio de política económica. Además, los crímenes de la amazonía no pueden quedar impunes en medio de los enjuagues parlamentarios y las instituciones manejadas por palacio de gobierno que no quieren reconocer la sangrienta masacre del etnocidio en Bagua. Son las organizaciones internacionales, los organismos de derechos humanos y las comisiones investigadoras imparciales las que emitirán los juicios de rigor y el conteo censal del número de nativos muertos y desaparecidos.

El presidente Alan García ha mencionado que los radicales “antisistema” quieren derrotar al sistema democrático.

Esa cantaleta es otra de las maneras de no reconocer errores, similar a la del “complot internacional” contra el mejor gobierno del continente, al menos eso nos quiere decir Alan García. Antes de entrar en detalles visitemos las definiciones ¿qué es un sistema democrático? En principio un sistema democrático no nace de la imposición ni de las medidas de fuerza para sostenerse; la autoridad ante todo es una autoridad moral y respetada, no la que nace de las bombas lacrimógenas y las balas; los gobernantes que reciben la delegación del pueblo deben ser representativos y no tránsfugas de cualquier pelaje; el poder judicial debe ser imparcial e independiente del poder político; la consulta popular debe estar en primer plano mediante diálogos constructivos; la ley debe servir a la colectividad no a los grupos de poder económico; la corrupción y la inmoralidad deben ser abolidas; la redistribución de la riqueza del país debe ser equitativa; el respeto a la vida humana, a los hombres mujeres y niños es responsabilidad del estado en cuanto a alimentación, salud y educación; etc. etc. ¿Cumple el gobierno de Alan García con estos prerrequisitos primarios para llamarse a sí mismo sistema democrático? Si no es así, de qué sistema estamos hablando ¿pueden la soberbia, el cinismo, la intransigencia, la corrupción generalizada y la inmoralidad, constituir un sistema democrático? En el Perú actual no existe sistema de gobierno alguno sino caos y desbarajuste; por consiguiente no puede existir “antisistema” como tal. Justamente la tarea del futuro en el país será construir un sistema de gobierno respetado por todos en aceptación de los principios democráticos.

¿Piensa posible la caída de Alan García?

Es una posibilidad nada distante. Alan García está empecinado con una visión arcaica, graciosamente opuesta a la de su primer gobierno; sus compromisos y negocios particulares son enormes. No va a retroceder y sus manos se han vuelto a manchar de sangre. Repito su gobierno está en ruinas. Cada país tiene sus propias salidas a la crisis política-social. Tres ejemplos recientes: Argentina del presidente De la Rúa; Ecuador de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez y Bolivia de Sánchez de Losada, nos muestran la creación de situaciones nuevas frente a mandatarios que habiendo perdido la representatividad ciudadana tuvieron que renunciar. Ese es el caso actual en el Perú. O Alan García retrocede y gira en 180 grados mirando al sur o simplemente sucumbe en su alocado empeño. No hay cabida para un gobierno exclusivo de los ricos y de migajas para los pobres. El Frente Nacional por la Vida y la Soberanía realizará de un paro nacional los días 7, 8 y 9 de julio en el interior del país, y en Lima se efectuará una movilización multitudinaria. La paralización nacional y la movilización popular exigen la derogatoria de todo el paquete legislativo que emitió el Ejecutivo a propósito de la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Además la renuncia de todo el gabinete de Yehude Simon, la vacancia presidencial y un cambio de gobierno y la solución a todas las demandas regionales, campesinas, laborales y sociales, suscritas para ser resueltas luego de la instalación de las famosas mesas de diálogo convertidas en múltiples y diversas “mecedoras.” El doble discurso de Alan García no tendrá como subsistir en medio de la inestabilidad permanente y la inmoralidad pertinaz de la mayoría de los congresistas.