28/6/09

Un comentario sobre la autobiografía de Trotsky


Diego Rivera (México) Vendedora de flores

François Mauriac


François Mauriac (1885-1970) fue un célebre escritor francés católico heterodoxo –fue uno de los firmantes contra la “Cruzada” militar-fascista española junto con Jacques Maritain, George Bernanos y otros-, ingresó en la Academia Francesa en 1933, y recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1952. Admirador del general De Gaulle, y autor de una serie de novelas que fueron muy apreciadas en su tiempo, y fueron muy leídas en España. Sus notas sobre Mi vida, de Trotsky, aparecieron en su obra Memoires interieurs (Flammarion, París, 1959. 
 

Yo había metido la nariz en la autobiografía de Trotsky con ideas preconcebidas, y confieso que éstas no eran muy inocentes. Las coyunturas actuales de la Unión Soviética y la desintegración de Stalin me incitaron a abrir este libro voluminoso. Pues bien esta extraordinaria novela política (ya que nunca la historia fue más fabulosa me hizo descubrir un gran escritor, y creo, una obra maestra.

Un libro voluminoso, sin duda; mas de seiscientas y densas páginas. Hacía dos años que lo había llevado al campo y volvía a encontrarlo cada vez que regresaba; estaba allí, sobre la mesa, pero su extensión me desanimaba.

Llego a Málaga en medio de un torrente de papel impreso. y tan abundante es el tiempo del que dispongo que cada libro tiene una pequeña posibilidad de ser leído. No porque aquí haya más tiempo que en la ciudad. Como ningún día se diferencia del otro, esta semejanza crea una similitud entre semana y semana; en una casa de campo, las jornadas son largas y el tiempo es corto. El alumno de escuela que fuimos, y que jugó en este jardín, sigue allí, con nuestros propios hijos, que hace mucho han dejado de ser niños, y en este instante una de mis nietas es la que merodea en torno a mi sillón. ¿ Cómo establecer una diferencia entre mi estadía de hace veinte años, de diez años atrás, o la del año pasado? Aparte de los muertos nada cambió en los últimos cincuenta años, pero no es verdad que ellos se fueron muy velozmente. No volverán. Cada. habitación de esta casa está habitada por uno de ellos. Carecemos de la noción de velocidad por falta de puntos de referencia. Sabemos, pero no sentimos que estamos precipitados. . . .

Lo que da su posibilidad en el campo a los libros que llevamos en nuestras valijas es que no hay ninguno al que no podamos recurrir, como un hombre que se ahoga se aferra al primer salvavidas. Mi madre solía decir (me parece oírla) "en el campo la tristeza se apodera de uno". Sí, nos invade cuando menos la esperamos, nos aprieta la garganta y sin prevenirnos y dejándonos sin fuerza para buscar en nuestra biblioteca algún consuelo, algún moralista que pueda brindarnos razones irrefutables para no estar más tristes en el campo que en la ciudad. El primer libro que encontramos es la mejor solución porque nos desorienta y no guarda relación con lo que se parece a nuestra tristeza, si estamos tristes. Pero gracias a Dios, no es la tristeza la que en el tiempo gris de esta primavera tardía me hizo recurrir a la espesa biografía de Trotsky. La desintegración de Stalin desenmascaró en cierto modo la estatua insultada de su más ilustre víctima. Con la muerte de Trotsky el campo quedó libre ante la burocracia encarnada por Stalin: la burocracia, es decir, la Rusia eterna.

Insisto en mi convicción de que desde el punto de vista de la Europa liberal, fue una suerte que el apóstol seductor (para los socialistas) de la revolución permanente haya sido remplazada por el horror estalinista: Rusia se convirtió en una nación poderosa, pero la Revolución ( en Europa) fue reducida a la impotencia.

Hay en Trotsky una seducción evidente. En primer término, el lector burgués siempre se sorprende de que un revolucionario conserve algún parecido con el común de los mortales. Me sentí arrebatado desde las primeras páginas como me habían arrebatado Tolstoy y Gorky. Si Trotsky no hubiera sido el militante de Ia revolución marxista habría ocupado su sitio entre esos maestros.  Lo seres viven en torno suyo, nos imponen su fisonomía singular Pero sobre todo él, este niño atento y grave, abre los ojos al mundo, ¿con que extraña fijeza! Su universo es el de una pequeña explotación rural donde la injusticia social aparece poco, donde es corta a distancia entre obreros y patrones

¿Que ocurre en el interior de este niño judío educado al margen de toda religión? ¿y no es precisamente por esto que la pasión por la justicia acapara toda su energía ? Escritor nato, a medida que crece, el adolescente no se convierte en el pequeño Rastignac que todos conocemos. Ni siquiera ambiciona hacer carrera en la revolución o por ella. Simplemente, quiere cambiar el mundo.

En este niño colmado de talento, este niño siempre primero de la clase en todas las materias, ¿ qué mano misteriosa corta una tras otra las raíces del interés personal, lo desprende y finalmente lo arranca de un destino normal para precipitarlo en un destino casi siempre trágico donde las prisiones, las deportaciones, las huidas sirven de intermedio a un interminable exilio?

A medida que avanza el relato y que se aleja la infancia, la vida personal se diluye y se confunde con la historia de la revolución en marcha, pero sin que el héroe pierda nunca el sentimiento del hombre que es y de eso que Trotsky, con Lenin, es el único capaz de realizar. Se habría encogido de hombros oyendo hoya la gente de Moscú denunciar el culto de la personalidad. Lo que le causaba horror, en Stalin, no era el hecho de que fuera una "personalidad" dominadora, sino que hubiera sido tan baja y tan cruel, y no otra clase de persona. 
En 1918, durante la batalla en torno a Kazan, Trotsky denuncia el pusilánime fatalismo histórico que, en todas las cuestiones concretas y privadas, se refieren pasivamente a leyes generales, dejando de lado el resorte principal: el individuo vivo y actuante. 

Este Trotsky vivo y actuante nos parece menos inhumano que su sangriento adversario. Pero después de todo puede ser porque gracias a su autobiografía Io conocimos cuando niño y seguimos la trayectoria de su infancia hasta reconocerlo en el hombre implacable que no titubeará un instante en derribar, cada vez que lo considere útil, a los socialistas revolucionarios. 

Es por esta vertiente que Trotsky se vincula con el resto de la humanidad corriente: plantea la cuestión, se interroga ante la sangre vertida, nos da sus razones (algunas de las cuales parecen válidas) de su implacabilidad. 
"La revolución es la revolución, escribe, porque lleva todas las contradicciones de su desarrollo a una alternativa: la vida o la muerte."' Sí, pero es de dicha alternativa que surgió Stalin al derrotar a Trotsky. Es ésta la que sirvió de excusa a todas las hecatombes, y los inocentes sacrificados sé convirtieron en aquellos penitentes que se acusaban a sí mismos y daban la razón a sus verdugos. 

Es verdad que Trotsky recusa a priori nuestras indignaciones burguesas: a sus ojos, nosotros somos mucho más feroces que cualquier terrorista. "Estas reflexiones, escribe no tienen por objeto justificar el terror revolucionario. si. intentáramos justificarlo significaría que se tiene en cuenta la opinión de los acusadores. ¿Pero quiénes son ellos? Los organizadores y los explotadores de la gran carnicería mundial. ¿Los nuevos ricos que en honor de soldado desconocido queman el incienso de su cigarro después  de la cena?. ¿Los pacifistas que negaban la guerra mientras ésta no se ha la declarado...?" ¿Es preciso leerlo de corrido: ni un trazo que tiembla ante el objetivo?. 

Hombre duro este Trotsky, cuyo endurecimiento voluntario no destruye la secreta humanidad. Desde el principio de su lucha contra Stalin es evidente que se trata menos de un conflicto de intereses que de una oposición carnal, entre dos naturalezas. Ya que en vida de Lenin, Stalin merodeó en torno de Trotsky, lo buscó, aspiró a entrar en su círculo familiar. "Pero, dice Trotsky, me repugnaba, por los rasgos de su carácter que luego constituyeron su fuerza: estrechez de intereses empirismo psicología  grosera, un extraño cinismo de provinciano emancipado de muchos prejuicios por el marxismo, pero sin remplazarlos... 

Trotsky sería devorado por Stalin. El verdadero tiburón, el tiburón auténtico, triunfó sobre aquel que conservaba algo humano bajo sus escamas.  ¡cómo se traiciona Trotsky en ciertas encrucijadas de su vida! Por ejemplo en su cariño por Markine, un marinero del Báltico que se había convertido en su guardaespaldas y en el de su mujer y de sus dos hijos. Los hijos de Trotsky adoraban a Markine. ¡Cuánto dolor cuando su padre se entera de la muerte de Markine! "Sobre la mesita de los niños estaba su retrato. Llevaba su gorra con las cintas que flotaban. ""Muchachos, muchachos, mataron a Markine..." En mi presencia, dos rostros pálidos, tensos por la crispación de un dolor repentino. El trato de Markine con nuestros hijos era igual a igual. Les confiaba sus proyectos y los secretos de su vida. A nuestro Serioja, que tenía nueve años, le había contado que una mujer que él amaba profundamente desde hacía mucho tiempo lo había abandonado. Se rioja, con los ojos llenos de lágrimas, había confesado el secreto a su madre..." Pero es preciso leer toda esta historia que el indómito Trotsky concluye de este modo: ""Dos pequeños cuerpos temblaron largo rato bajo sus mantas, en la noche calmada, cuando recibimos la siniestra noticia. Sólo la madre escuchó sus inconsolables sollozos"'. 

Cuando más pienso más me convenzo que un Trotsky triunfante habría influido sobre las masas socialistas de la Europa liberal y que habría atraído todo lo que rechazó el estalinismo en una oposición irreductible: Stalin fue, literalmente “repugnante”. Pero es por esto también que fue el más fuerte, y los rasgos que nos brindan la imagen de un Trotsky casi fraternal son los mismos que lo debilitaron y lo perdieron. 

Natalia Sedova, una vida de revolucionaria


Natalia Sedova, esposa de Trotsky

Marguerite Bonnet

 

Marguerite Bonnet fue amiga íntima de Natalia durante muchos años y gestionó después de su muerte el legado literario de Trotsky. Especialista en el surrealismo, en particular en André Bretón del que publicó una Antología (1913-1966) (Ed. Siglo XXI, Madrid-México-Bogotá, 1973 y 1977), así como la edición de sus Obras Completas que están apareciendo en Éditions La Pleyade, París. El presente texto fue publicado en Hommage a Natalia Sedova-Trotsky ( 1882-1962), París, 1962, edición fuera de comercio propiciada por un "grupo de amigos de Natalia Sedova- Trotsky", con prólogo de Maurice Nadeau, y aportaciones de André Bretón, Margarite Bonnet, Pierre Naville, Laurent Schwartz, Isaac Deutscher, Joseph Hansen, Pierre Frank, Livio Maitán, con testimonios y recuerdos de Alfred Rosmer, Michel Pablo, Jack Weber, Laurent Orfila, Sara Weber, Raya Dunayevskaya (Rai Spielgel), Gerard Rosenthal, así como el texto de Natalia sobre el asesinato de Trotsky y las notas de éste sobre Natalia aparecidas en su Journal d' exil. 

Natalia Ivanova Sedova- Trotsky, muerta en Córbeil el 23 de enero de 1962, no hablaba nunca de ella misma. Su vida estaba hasta tal punto confundida con la de su compañero que todo lo que precedió su encuentro y su combate común, parecía separado. Sin embargo, un paisaje, una silueta, revelaban a veces un pasado adormecido, y ella sabía revivirlo, con una frescura y un humor delicioso. Había nacido en abril de 1892, el 14 del antiguo calendario, en Rommi, una pequeña ciudad ucraniana. En 1955 pude ver a Natalia emocionarse al recuerdo de esta Ucrania convertida para ella en algo tan lejano --en el tiempo y en el espacio--, cuando la conduje durante las vacaciones en las montañas de Forez; ella señalaba, con una especie de sorpresa dichosa e incrédula, la extraordinaria semejanza que encontraba entre este país y Ucrania: como en Ucrania, las praderas, los bosques, como en Ucrania los valles abiertos y las montañas a la redonda... Me hablaba también, el mismo día, del Cáucaso, de las largas excursiones que hizo a pie con el que llamaba invariablemente L.D. (1). La gran naturaleza caucasiana, los picos, sus precipicios, sus torrentes, sus árboles desplomados sobre sus frutos, sus tormentas terroríficas, habían dejado en ella un deslumbramiento nostálgico.

Su familia pertenecía a la pequeña nobleza pobre. Su padre, Iván Sedov, era de origen cosaco; su madre OIga Kolchevsky de origen polaco. Tuvieron seis criaturas, varios murieron jóvenes. Natalia recordó una vez delante mío que uno de sus hermanos participó en la gran revolución de 1917 y ocupo un puesto Importante en provincia, pero murió  poco después.

Los padres murieron muy pronto: a los 18 años Natalia era huérfana. Fue educada por su abuela de la que evocaba con admiración la firmeza de su energía. Recordaba también con humor y afecto a una de sus tías, la primera mujer "modernista" de la familia, ganada a las ideas revolucionarias y a los cigarrillos. Muchos de sus familiares estuvieron implicados en el movimiento de los "norodnikis" en lucha contra la opresión zarista, muchos, entre ellos su tía, conocieron el exilio en Siberia... Criada en este ambiente, Natalia no podía escapar a la fermentación revolucionaria que se gestaba en la Rusia de final del siglo XIX. Así, desde su adolescencia, manifestó su revuelta. Alumna en Karkov de una institución para jóvenes muchachas nobles, organiza colectas para el apoyo de los prisioneros políticos y agita a sus camaradas para manifestarse contra la presencia obligatoria en los oficios religiosos, después de haberlos persuadidos de que la lectura de los folletos revolucionarios clandestinos eran preferibles a la Biblia. Como es fácil imaginar esta acción implica su expulsión.

Estudiante en una Universidad femenina en Moscú, entro más completamente en el movimiento revolucionario adhiriéndose a un grupo de estudiantes socialdemócratas. Pronto se trasladó a Ginebra para estudiar botánica. La vida debía de llevarla bien lejos de la paciente observación de las plantas, aunque hasta el final de su existencia no cesó de interesarse en ellas. Sus conocimientos en este dominio continuaron siendo importantes. Muy a menudo, en el curso de un paseo, en Francia o en México, me preguntaba: "¿Cual es el nombre de esta planta en francés?". Yo le confesaba mi total incompetencia. Natalia insistía: "Pero venga, sí usted lo sabe". Me mostraba las características de la planta para añadir, como para decidirme a descubrir el nombre rebelde: "En ruso le llamamos...". Entonces se acordaba que yo no sabía del ruso más que de botánica y nos poníamos a reír. Pero la pequeña escena recomenzaba pronto. Sin duda su amor por las plantas era muy grande para que se resignara ante mi ignorancia.

Cuando, estos últimos años su nieto, apasionado por la química instaló en el fondo del jardín de Coyoacán un pequeño laboratorio, Natalia se puso desolada: "El ácido mata el césped. Las plantas que trepaban por el muro están muertas. El rosa florece mal...." También quería defender sus camelias contra las empresas de sus biznietas, Verónica y Norita, que entonces con cuatro y tres años sentían el delicioso placer de arrancar de un zarpazo unos granos florecientes...

Pero Ginebra no aportó únicamente a Natalia una iniciación en la botánica; los problemas sociales continuaron apasionándola. Allí, Plejanov, el teórico marxista, había organizado un círculo de estudiantes. Natalia se incorporó a éstos ya los emigrados que se agrupaban alrededor del periódico ““Iskra””, en el que Lenin era uno de los animadores. Natalia, con 19 años, recibió del grupo su primera misión: transportar a Rusia textos revolucionarios ilegales.

Abandonó Ginebra por París donde compartió la existencia de los emigrados políticos que, para poder mantenerse mejor, ponían en común todos sus recursos, y tomaban juntos sus comidas en un alojamiento de la calle Lalande. Fue entonces, en otoño de 1902, cuando se encontró con Trotsky. Lo cuenta ella misma en un pasaje de su "diario" (2) del que Trotsky citará numerosos extractos en la autobiografía que publicó en 1930 con el título de “Mi vida” (3):

"El otoño de 1902 fue rico en conferencias en la colonia rusa de París. El grupo de “Iskra” al que pertenecía envió primero a Martov y después a Lenin. Este había luchado contra los "economicistas" y los socialistas-revolucionarios.

En nuestro grupo se hablaba de la llegada de un joven camarada, evadido de la deportación. Se había instalado en casa de Catherine Mikhallova Alexandrova, antigua militante de la Libertad del Pueblo que se había unido a “Iskra”. Las jóvenes queríamos mucho a. Alexandrova, y las escuchábamos con interés y estábamos bajo su influencia. Cuando el joven colaborador de “Iskra” llegó a París, Alexandrova se encargó de buscarle un apartamento entre la vecindad. Había uno libre en la casa donde yo vivía, costaba doce francos al mes, pero era muy pequeño, estrecho, sombrío, y parecía una cueva. Cuando hice la descripción a Alexandrova, esta me cortó la palabra:

-! Está bien!  iEstá bien!... Es inútil hablar tanto... Le irá bien. iQue lo coja!: .

Luego Natalia añadía:

"Cuando el camarada joven, del que no diremos el nombre, se instaló en dicho apartamento, Alexandrova me preguntó:

-Bien, ¿,prepara su conferencia? .

-No lo sé, le respondí. Probablemente... Esta noche, al subir la escalera, lo he oído silbar en su cama.

-Dile que se prepare bien en vez de silbar. Alexandrova estaba muy inquieta con "él", se preguntaba sí hablaría con éxito. Pero su ansiedad no estaba justificada. La conferencia fue muy lograda, la colonia estaba entusiasmada, el joven militante de “Iskra” sobrepasó las expectativas".

Trotsky señala lo que le debía a Natalia: su primera iniciación al arte. Fue gracias a Natalia, que guardará hasta su último día un interés vibrante por todos los dominios donde se desplega la creación humana --pintura, escultura, música, literatura--, que Trotsky cesa, nos lo dice él mismo, de ser un "bárbaro", aunque reconoce no haber nunca superado en el conocimiento del arte los límites del diletantismo. Natalia tomó nota de cómo él se mostraba, en un principio, recalcitrante ante el arte (4):

"La impresión general que hizo de París: "Se parece a Odessa, aunque"Odessa es mejor". Esta conclusión que iba en contra del buen sentido se explica así: L.D. estaba completamente absorbido por la vida política y no se daba cuenta de otras cosas de la vida más que en la medida en que se le imponían. Entonces las percibía como inoportunidades de las que tenía que escapar. Yo no admitía sus juicios sobre París y me burlaba de él".

La revolución de enero de 1905 los lleva a Rusia. Natalia sale primero por Kiev con el fin de establecer las relaciones y encontrar alojamiento. Trotsky llega en febrero. Durante un cierto tiempo tuvo que esconderse en una clínica oftalmológica, donde redacta textos y proclamas. La pareja llega a continuación a Petrogrado. Natalia fue arrestada el Primero de Mayo en el curso de una reunión clandestina en el bosque. Trotsky fue obligado a vivir con una falsa identidad en Finlandia. Natalia permanece encarcelada seis meses y luego fue deportada a Tver. Pero la revolución, por un tiempo contenida, toma en octubre un nuevo aliento. Natalia y Trotsky regresan a Petrogrado donde fue pronto elevado a la presidencia del Soviet.

La detención de los miembros del Soviet de Petrogrado, el 3 de diciembre de 1905, señala el aplastamiento del movimiento. Trotsky, condenado en 1906 a una deportación perpetua, parte en enero de 1907 para la residencia que se le había asignado, un poblado siberiano por debajo del círculo polar. Pero incluso antes de llegar a su destino se evade y se junta con Natalia en Petrogrado, desde donde partirán hacia Finlandia con su hijo León, nacido durante la estancia de Trotsky en prisión, en febrero de 1905.

Una nueva emigración que debía de durar diez años comienza para ellos, les lleva para empezar a las afueras de Viena donde nacerá en 1908 su segundo hijo, Serge. Aunque Trotsky aseguró su colaboración con la prensa democrática rusa, en particular con el “Diario de Kiev”, la vida de la familia conocerá sin embargo momentos difíciles. Trotsky escribe en este sentido:

"Los honorarios que yo recibía de la ´Kievskaia Mysl´ habrían sido de hecho suficiente para nuestra modesta existencia. Pero en los meses que le dediqué a “Pravda” me impidieron escribir una sola línea retribuida. Por lo tanto sufrimos una crisis. Mi mujer conocía muy bien el camino del Monte de Piedad, y yo vendí más de una vez a los libreros algunos de los libros comprados en días más afortunados. Llegó un momento en el que nuestro humilde mobiliario fue embargado como garantía del alquiler. Teníamos dos niños pequeños, y no había una ayuda para guardarlos. Nuestra vida pesaba doblemente sobre mi mujer. A pesar de todo, ella encontraba todavía tiempo y fuerzas para ayudarme en mi trabajo revolucionario".

Las amistades sólidas, en particular la de la familia Kliatchko, emigrados rusos, endulzó sin embargo el exilio. En noviembre de 1914, el “Kievskaia Misl” pide a Trotsky que sea su corresponsal de guerra en París. Su familia se le unirá en mayo de 1915 y se instalan en una pequeña casa de Sévres después en la calle Oudry, en el barrio de los Gobelinos. En París, Trotsky reencuentra a Martov entre los emigrados rusos, se relaciona con los sindicalistas revolucionarios, Monatte, Merrheim, Bourderon, Loriot y sobre todo Alfred Rosmer, al que le atará, como escribe él mismo, "un sentimiento de amistad que ha permanecido a través de todas las pruebas de la guerra, de la revolución, del poder soviético y de la derrota de la Oposición". La amistad de las dos parejas, Alfred y Marguerite Rosmer, León y Natalia Trotsky, durará el resto de sus vidas. Se afirma incluso en la  muerte: Marguerite falleció el 20 de enero de 1962, tres días antes que Natalia. Para todos aquellos que la han conocido, no hay duda que la inquietud que sentía por la enfermedad de Natalia aquel gran corazón generoso no hizo más que adelantar su propio fin.

En septiembre de 1916, Trotsky es expulsado de Francia, a petición del gobierno zarista, y conducido a la frontera española. Después de diferentes altercados con las autoridades españolas, se unió finalmente con su familia en Barcelona tres meses más tarde, y el 25 de diciembre de 1916, se embarcaron todos para Nueva York a donde llegaron el 13 de enero de 1917. Trotsky cuenta en “Mi vida”, esta llegada, el acogimiento de Bujarin que, desde que pusieron los pies en tierra, los acompaña, a pesar de la fatiga ya la hora tardía, a visitar la biblioteca. Natalia había guardado de este incidente un recuerdo muy vivo y me ha hablado de él en muchas ocasiones con una emoción divertida: New York por la noche, los niños se esforzaban en contar los pisos de los rascacielos y recomenzaban sin cesar sus cálculos, el aturdimiento del viaje, Bujarin amigable y voluble, desbordante de entusiasmo delante de la riqueza y la organización de la biblioteca...

En lo sucesivo, la vida de Natalia y de Trotsky se confunden con la de la revolución: encarcelados después de las jornadas de julio, Trotsky se convierte, desde su liberación, con ocasión de la tentativa de Komilov, ya en el mes de agosto, en el presidente del Soviet de Petrogrado. Natalia trabaja en un sindicato. De lo que fueron la fiebre de aquellos días, su tensión, sus esperanzas, nos pueden dar una idea las líneas siguientes. Natalia escribe:

"En los últimos días de los preparativos para el movimiento de octubre, nos fuimos a vivir a la calle de Taurida, L.D. se pasada los días en el Smolny. Yo seguía trabajando en el Sindicato de Obreros de la madera, en que tenían mayoría los bolcheviques y donde se respiraba una atmósfera muy caldeada. Las horas de servicio se nos pasaban discutiendo la cuestión del alzamiento. El presidente del Sindicato compartía el "punto de vista de Lenin y Trotsky" (que era como se decía entonces), y yo le ayudaba en la campaña de agitación. En todas partes y por todo el mundo se hablaba del alzamiento: en las calles, en los establecimientos de comidas, en las escaleras de Smolny entre la gente que se cruzaban. La comida era escasa: el sueño, corto; la jornada de trabajo, de veinticuatro horas. Casi nunca veíamos a los chicos, y durante aquellos días de octubre no me abandonó un momento la preocupación de )o que pudiera ocurrirles…"

Y más lejos, añade:

"L.D. y yo no parábamos un momento en casa. Los chicos, cuando volvían de la escuela y no nos encontraban allí, se echaban también a la calle. Las manifestaciones, los disturbios callejeros, los tiroteos, que eran frecuentes, me infundían en aquellos días mucho miedo, por ellos; téngase en cuenta que eran la mar de revolucionarios... Los pocos ratos que pasábamos juntos se ponían a contarse, muy contentos:

-Hoy fuimos en el tranvía con unos cosacos que iban leyendo la proclama de papá, "Hermanos cosacos".

-¿Y qué?

-Pues la leían, se la pasaban unos a otros, era muy hermoso...

-¿Os gustaba eso?

-Si mucho."

Los niños confiados a unos amigos ya que la revolución absorbía plenamente totalmente a Natalia y a Trotsky (5)

"…Tarde por la noche, regresábamos a nuestra casa de la calle Tuarida para separarnos otra vez a la mañana siguiente, bien temprano, L.D. camino de Smolny y yo a mi Sindicato. Cuando ya los acontecimientos fueron creciendo, no salía de Smolny ni de noche ni de día, L.D. se pasaba días y días sin aparecer por la calle de Taurida, ni siquiera a tumbarse un rato a dormir. Yo me quedaba también muchas veces en el Smolny, donde pasábamos la noche recostados en un sofá o sillón, sin desnudarnos. No hacía calor; era un tiempo otoñal, seco, gris, y soplaba un airecillo frío. Las calles principales estaban desiertas y silenciosas. En este silencio palpitaba una tensión de desasosiego. El Smolny hervía de gente. La magnífica sala de fiestas, en la que brillaban las mil luces de sus espléndidas arañas, estaba abarrotada de gente día y noche. En las fábricas y talleres reinaba también una intensa actividad. Pero las calles seguían silenciosas, mudas, como sí la ciudad muerta de miedo, hubiese escondido la cabeza debajo del ala..."

En marzo de 1918, el gobierno central fue transferido a Moscú. Trotsky cuenta en estos términos su instalación en el Kremlin (6):

"En la "Casa de los caballeros", que da frente al "Palacio de las Diversiones", vivían antes de la revolución los funcionarios del Kremlin. Todo el piso bajo lo ocupaba el alto comandante. Ahora su vivienda estaba dividida en varios cuartos. En uno de ellos vivía yo, separado por un pasillo de Lenin. El comedor era común a los cuartos. La comida que daban entonces en el Kremlin era rematadamente mala. No se comía más que carne salada. La harina y la cebada perlada con la que hacían la sopa estaban mezcladas con arena. Lo único que abundaba, gracias a que no podían exportarlo, era el caviar encarnado. El recuerdo de este inevitable caviar tiñe en mi memoria --y seguramente que no solo la mía- la idea de aquellos primeros años de la revolución".

Comisario del Pueblo de la guerra, Trotsky estará la mayor parte del tiempo en el frente. Natalia trabajaba en el Comisariado de Instrucción Pública del que se encargaba Lunatcharsky, dirigiendo el servicio de museos y de los monumentos históricos. Pesada tarea en un período como el de la guerra civil. Como recuerda Trotsky (7):

"Mi mujer trabajaba en el Comisariado de Instrucción Pública, donde tenía a su cargo la dirección de los museos, monumentos históricos, etc. Le cupo en suerte defender bajo las condiciones de vida de la guerra civil los monumentos del pasado. y por cierto que no era empresa fácil. Ni las tropas blancas ni las rojas sentían gran inclinación en preocuparse del valor histórico de las catedrales de las provincias ni de las iglesias antiguas. Esto daba origen a frecuentes conflictos entre el Ministerio de la Guerra y la dirección de los museos. Los encargados de proteger los palacios y las iglesias echaban en cara a las tropas su falta de respeto por la cultura; los comisarios de guerra reprochaban a los protectores de los monumentos de arte el dar más importancia a objetos muertos que a hombres vivientes. El caso era que, formalmente, yo tenía que estarme cada paso debatiendo en el terreno oficial con mi propia mujer. Este tema daba lugar a buen número de chistes y de bromas".

Y está fuera de duda que, a pesar de los peligros a los que Trotsky se encontró permanentemente expuesto, a pesar de las dificultades numerosas. Natalia conoció entonces los años más exaltantes y los más ricos de toda su existencia: la revolución era victoriosa y su actividad personal respondía plenamente a sus aspiraciones.

Pero aquel tiempo fue corto: pronto comenzó en Rusia la reacción burocrática que la muerte de Lenin, el 21 de enero de 1924, debía precipitar. Desde enero de 1925 Trotsky fue relevado de sus funciones en el Comisariado del Pueblo para la guerra y tuvo que sostener una áspera lucha en el interior mismo del partido. Al final de 1927, todavía apesadumbrado por el suicidio de Joffé, su colaborador y amigo, vivió su derrota. La Oposición de Izquierda en su conjunto fue excluída del partido en su XVº Congreso. El último período de su existencia común, que concluirá trágicamente en México el 20 de agosto de 1940, se abre entonces: doce años dramáticos, marcados por la deportación, el exilio, las persecuciones más variadas, los duelos más crueles... doce años durante los cuales Natalia, discreta y eficaz, se mantiene siempre al Iado de León Trotsky, aportándole un sostén infatigable con su presencia, con su energía y su amor. Las notas sacadas del “Journal d'exil” (8), permite adivinar lo que fue Natalia para Trotsky en unos años negros, y la profundidad de su unión.

Nada más empezar conocieron la deportación, en enero de 1928, en Alma-ata, en el Asia Central, sobre la frontera de China, a 4.000 kilómetros de Moscú, donde les acompañó su hijo mayor, León Sedov, que había entrado como su padre en la lucha política. Una novedad cruel, la primera de una larga serie, les llega pronto: el 9 de junio se apaga en Moscú, Nina una de las dos hijas que Trotsky había tenido de su primer matrimonio con Alexandra Lvovna. Nina cuyo marido, miembro de la Oposición, había sido arrestado poco antes de la deportación de Trotsky, muere de tuberculosis a la edad de veintiséis años. Esta muerte fue tan dolorosa para Natalia como para Trotsky, no solamente porque ella tomaba parte en todas las pruebas sufridas por su compañero, sino también porque un afecto muy profundo le unía a las dos hijas de Trotsky, Nina y Zina, así como con Alexandra Lvovna. Ella me habló en muchas ocasiones de esta última militante de gran envergadura, que defendía con firmeza los puntos de vista de la Oposición y que fue deportada a Siberia en el momento de los procesos de Moscú. Su suerte no cesó de atormentar a Natalia hasta sus últimos años.

Trotsky, incluso aislado en una región lejana, se mantenía irreductible frente a Stalin. Queriendo golpear a la izquierda con un nuevo golpe, este último decidió por una orden de 18 de enero de 1929 la expulsión de Trotsky fuera de las fronteras de la URSS. El 12 de febrero de 1929, un vapor soviético desembarca en Constantinopla a Trotsky, Natalia y a su hijo mayor León. El más pequeño, Serge, ingeniero muy apasionado por su trabajo científico y que no tenía ninguna actividad política, había decidido permanecer en la Unión Soviética. Nadie podía prever entonces que el odio de Stalin le golpearía simplemente por ser el hijo de Trotsky.

Acompañados por algunos amigos de los grupos de la Oposición de Izquierda, Trotsky y los suyos se instalaron por razones de seguridad en Prinkipo, una de las islas del Bósforo. Trotsky se puso inmediatamente a trabajar: artículos, libros, correspondencia, folletos. Es en esta época cuando escribe su autobiografía, a petición de un editor alemán. Ampliamente ayudado por León Sedov, publica cada mes un capítulo en ruso, y continuará haciendo entre 1929 y 1940 el boletín de la Oposición que aparecerá en París y luego en New York.

Si exceptuamos un corto viaje a Noruega el otoño de 1923 en base a la invitación de una asociación de estudiantes socialdemócratas que pidieron a Trotsky una conferencia sobre la revolución rusa, Trotsky y Natalia permanecieron en Prinkipo sin interrupción hasta julio de 1933. Un nuevo duelo les golpeará: la represión contra la Oposición de Izquierda y la familia de Trotsky se acentúa en Rusia; su hija mayor, Zina, llegara a Berlín para curarse acompañado por su hijo Sieva. Había dejado en Rusia a su marido Platón Volkow y su hija pequeña. Volkow no consiguió la autorización para dejar Rusia. Enferma, agotada su resistencia nerviosa, Zina se suicida. El niño, recogido por su tío León Sedov y su compañera, Jeanne Martín, vivió tanto con ellos como con sus abuelos.

La existencia de Trotsky y de Natalia a partir de 1933 hasta su llegada a México en enero de 1937 no fue más que una larga errancia. El 20 de enero de 1932 el gobierno ruso le quitó la nacionalidad soviética a Trotsky ya los miembros de su familia que vivían en el extranjero: en estas condiciones la estancia de Trotsky en Turquía, cerca de la URSS, parecía peligrosa.

Las iniciativas destinadas al gobierno francés concluyeron con la concesión de un visado, acompañado empero de diversas restricciones. El 24 de julio de 1933, Trotsky, Natalia y sus amigos desembarcaron en Marsella. En un principio vivieron muchos meses en Saint Palais, cerca de Royan, y luego fueron autorizados en noviembre a aproximarse a París. Pero la Seine y la Seine-et-Oise permanecieron prohibidas. Se instalaron en Barbizón, en una casa situada al borde del bosque (Será en Barbizón cuando el 4 de noviembre de 1962, Natalia efectúa su último paseo: quiso volver a ver el bosque en otoño y una de sus moradas del exilio).

Al comienzo de 1934, un accidente de motociclista ocurrido a un joven camarada encargado del correo, revela su retiro. ¡La prensa se desencadena!. El ministro del Interior, Albert Serrault, cediendo a esta campaña hostil, firma el 6 de febrero de 1934 una orden de expulsión, Trotsky y Natalia encontraron un asilo provisional en Domene, cerca de Grenoble. Es en la primavera de 1933 cuando otra pesada inquietud viene a atenazarles: su hijo Serge, que permaneció en la URSS, no responde más a sus cartas. La angustia y el sufrimiento de Natalia y de Trotsky se expresa sobriamente en algunas notas del “Journal d'exil”.

Todos los gobiernos extranjeros rechazaron el acogimiento de los exiliados: más que nunca, para León Trotsky y su compañera, el planeta está sin visado. Finalmente el gobierno laborista de Noruega le concede una autorización de estancia. Al final de junio de 1935, Trotsky y Natalia y dos amigos que cumplen el papel de secretarios llegan a Oslo y reciben a unos sesenta kilómetros de la ciudad la hospitalidad de un socialista, Konrad Knudsen. Natalia no hablaba nunca sin emoción de la familia Knudsen cuyo acogimiento afectuoso fue para ellos, en este período sombrío, de un gran reconfortamiento. Sin embargo, la apertura del primer proceso de Moscú, el de Zinóviev, en agosto de 1936, convierte este asilo en precario, con el relanzamiento del gran ataque contra el trotskysmo. El gobierno soviético amenaza con boicotear el comercio noruego. Trotsky y su mujer son detenidos, confinados en una residencia vigilada. Planeta sin visado, una vez más... Solamente México, bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, le concede el derecho de asilo.

El 9 de enero de 1937, los exiliados desembarcan en Tampico. Natalia describe en los siguientes términos este momento (9):

"La llegada de un vaporcillo disipa nuestras dudas. Los rostros conocidos o desconocidos, pero todos honestos, nos, sonreían. Diego Rivera, inmovilizado en una clínica, no pudo venir, pero su mujer, Frida Kalho, estaba aquí así como los periodistas, los funcionarios mexicanos, los camaradas, amigables y afectuosos, alegres por recibimos. Una ola de nuevos entusiasmos nos llega de New York. Más que en ningún otro lugar del mundo el crimen perturbaba las conciencias. Respiramos un aire purificado... Un tren ofrecido por el gobierno mexicano nos transporta a través de los campos de palmeras y de cactus. Un auto que nos recoge en la estación nos lleva a las afueras de México. Una casa azul, un patio lleno de plantas, las salas frescas, las colecciones de arte precolombino, las pinturas en profusión. Estamos en un nuevo planeta, en casa de Diego Rivera y Frida Kalho".

Había encontrado finalmente un abrigo natural. Por poco tiempo... el 23 de enero se abre en Moscú el segundo de los grandes procesos que se centra enteramente sobre Trotsky y sobre su hijo León Sedov que preparan activamente cartas y documentos para esclarecer a la opinión mundial. Una comisión que se constituye bajo la presidencia del filósofo John Dewey, conocido por sus trabajos y su integridad, examina las acusaciones levantadas contra Trotsky, se instala en México para analizarlas y, después de varios meses de investigaciones minuciosas, declara a Trotsky y Sedov inocentes de los crímenes que les imputa Stalin. La alegría fue grande en Coyoacán, pero no iba a durar mucho. En febrero de 1938, llega el golpe más terrible e inesperado que se abate sobre Trotsky y Natalia: su hijo León Sedov, operado en una clínica parisiense de una banal apéndice, muere brutalmente en el momento mismo en que se preparaba para volver a su casa. ¿Desgracia del azar, una imprudencia o un crimen de la GPU? . Bastantes elementos permiten plantearse la última hipótesis. Las autoridades judiciales francesas no llevaron su investigación con mucho celo y el "dossier" del caso parece haber desaparecido durante la guerra. Trotsky y Natalia, aplastados por el dolor vivieron ese 16 de febrero, según las palabras de Trotsky, "la jornada más negra de su vida privada".

La herida que esta muerte y la desaparición de Serge traspasó el corazón de Natalia no se cicatrizó jamás. Veinte años después, no podía hablar de ello sin que le temblara el sonido de la voz, revelando la profundidad de su desgarro. Por más grande que fuera la grandeza de su alma, esta se doblaba bajo la atrocidad de un dolor siempre vivo. Sus ojos se humedecían...

Dos años después, Stalin que no podía dejar vivo aquel que, incluso exiliado, constituía para él un peligro ya que encarnaba la causa misma de la revolución, lanza contra Trotsky un primer ataque directo. Al alba del 24 de mayo de 1940, una banda armada, dirigida por el pintor estalinista Siqueiros, ataca la casa de Coyoacán, barrio de México en el que viven Trotsky, su mujer y algunos camaradas, secretarios y guardianes. Uno entre ellos, el joven norteamericano Robert Sheldon Harte, fue raptado por los asaltantes. Un mes más tarde se encontrará su cadáver cubierto de cal viva en una casucha campesina. Esta vez será gracias a su sangre fría que, cuando escucharon las primeras ráfagas de balas, les inspiró la idea de lanzarse fuera de su cama en un ángulo de la habitación --Natalia empujando a Trotsky contra la pared, lo protegió con su cuerpo-- y también gracias a un azar casi milagroso, que Trotsky y Natalia escaparon a la muerte.

Pero los asesinos no descansaban: apenas tres meses más tarde, golpearían de nuevo y seguramente esta vez siguiendo otro método.

El asesino conocido entonces con el nombre de Jacson, había conseguido intimar en París con una joven trotskysta neoyorkina, Silvia. Cuando él se instaló en México con el pretexto de su trabajo, ella se vino a vivir con él y naturalmente reemprendió sus relaciones amistosas con Trotsky y Natalia. Al final de un cierto tiempo, ella les presentó su compañero que, sin hacerse familiar por la casa, hizo algunas visitas. El 20 de agosto, con el pretexto de pedir consejo a Trotsky en relación a un artículo, consiguió aislarse con él en su despacho para golpearle salvajemente en la cabeza con un piolet, Natalia ha contado el drama en un texto emotivo (1O). El 21 de agosto a pesar del intento de operación, Trotsky falleció. El pueblo mexicano le ofreció unas exequias grandiosas. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas reposan en el jardín de Coyoacán donde vivió sus últimos años. Es aquí donde, siguiendo su voluntad, han sido trasladados los restos de Natalia. Una alta estela rectangular se levanta en el centro del jardín. Lleva simplemente el nombre de Trotsky, la hoz y el martillo entrecruzados y arriba, ondea la bandera roja. Todo alrededor, del césped de los árboles, de los cactus que Trotsky había plantado, de los rosales que Natalia cuidaba con amor. Cada año después del crimen, ella regresaba por la casa cada 20 de agosto, esperando los mensajes, arreglando la tumba con nuevas flores, plantando nuevos rosales, siempre animada por el sentimiento de fidelidad a la misión que se había dado: mantener viva la memoria de Trotsky. Tan grande, fue esta voluntad de continuidad que quiso que toda la casa permaneciera sin cambios. Se impuso una existencia inconfortable con el fin de que los amigos y los visitantes en el presente y en futuro, pudieran, contemplando el decorado de los últimos días de Trotsky, revivir la gran tragedia y posiblemente sentir las lecciones de su excepcional destino...

La casa es una vieja mansión, una simple planta baja ligeramente alzadas sobre las que las habitaciones altas se abrían antiguamente por grandes ventanales sobre el jardín o por vastos huecos sobre la calle. Debía de ser soleada y alegre, a pesar del poco confort. Pero después del atentado del 24 de mayo, se transforma: las ventanas que daban sobre la calle fueron totalmente o en su mayor parte amuralladas. Se reemplazaron los grandes ventanales y las puertas de comunicación entre cada habitación por estrechas puertas blindadas, cerradas por pesados candados de metal. Solamente el despacho y la biblioteca mantuvieron su apertura sobre el jardín. Los muros de la propiedad, fueron alzados y cortaron toda comunicación con el exterior. El portalón fue igualmente amurallado, no se podía entrar más que por una pequeña puerta de hierro en la que se abría una ventanilla: Tenía ciertamente algo de convento y de prisión, y se volvió fría y sombría. Después de la muerte de Trotsky, Natalia se negó a devolverla a su estado primitivo, pensaba que ya se había convertido en historia, en un mudo y fuerte testimonio. Ella vivió en sus habitaciones austeras, pobremente amuebladas, en las que la única riqueza era, en el despacho y en la biblioteca, los libros, las colecciones de revistas y de diarios, y en el comedor algunas vasijas de arte popular. La vuelvo a ver, estrechamente envuelta en su tocador gris, leyendo, escribiendo en la biblioteca o con su pequeña y frágil silueta, ensimismada en los trabajos del jardín --regando, cortando las malas hierbas-- que le permitían, decía, el reposo de los ojos. Quería que el despacho de Trotsky permaneciera tal como quedó en el día del crimen, con sus papeles revueltos, sus gafas que se habían roto en la lucha.

La personalidad del asesino que, sin ninguna duda, pertenecía a la GPU y que fue condenado a veinte años de prisión, permaneció durante bastante tiempo en el misterio. Los estados civiles que ofreció --Frank Jacson, canadiense, Jacques Mornard, belga-- no resistieron la verificación. Largas investigaciones llevadas en diferentes lados parecen haber probado hoy que se trata de un español de nombre Ramón Mercader cuya madre, militante del partido comunista, estuvo estrechamente ligada a la GPU. Quienquiera que sea, los sucesores de Stalin han reconocido implícitamente el crimen ya que, cuando Jacson-Mornard fue liberado en 1960, algunos meses antes de la expiración de su pena, recibió un pasaporte checoslovaco y partió para Praga. Es inútil decir que su huella se perdió inmediatamente.

Después de la muerte de su compañero, Natalia continua viviendo en Coyoacán con el nieto de Trotsky, Sieva, que ella había criado y que consideraba como su propio nieto. Pasó aquellos años en una gran soledad, aligerada solamente por la presencia en México de algunas amistades seguras y por las visitas, muy raras, de amigos europeos y norteamericanos. El nacimiento de cuatro niñas en el hogar de su nieto aportan a su alrededor, en los últimos años, la alegría y la animación de la vida. En ocasiones tenía que defenderse de las instrucciones turbulentas de las que llamaba "queridas pequeñas enemigas " y que desordenaban alegremente sus libros, sus papeles. Pero ella las veía crecer y vivir con interés y ternura, siempre apasionadamente ebria por conocer y comprender, un poco ansiosa delante de lo desconocido y de las promesas que llevaban en sí aquellos pequeños seres.

También tuvo la alegría de tener, desde noviembre de 1954 a diciembre de 1955, una larga estancia en París, ciudad a la que la ataban bastantes recuerdos y presencias amistosas. En la primavera de 1957, consiguió obtener un visado de entrada en los Estados Unidos y visitar con placer, alegre de reencontrar, después de tantos años, la ciudad un poco fantástica que era para ella New York, y de reencontrarse con amigos queridos. Pero esta estancia concluyó de una manera brutal: Natalia no aceptó entrevistarse, tal como se le pedía, con un diputado miembro de la Comisión de Actividades antinorteamericanas. Le retiraron entonces su visado y tuvo que volver inmediatamente a México.

En diciembre de 1960 regresó a París. Su salud había declinado mucho y no pudo extraer de su estancia el mismo provecho que la que le precedió. Le resultaba ya difícil pasear sólo a través de la ciudad, de visitar como habría querido los museos y las exposiciones. Sin embargo su voluntad le permitió todavía superar su debilidad hasta que recibió el último golpe. Ya que, al parecer, nada se le podía ahorrar: la compañera de su hijo, Jeanne Martín, falleció en menos de un mes por enfermedad, en el verano de 1961. Uno de sus últimos ligámenes con el pasado desaparecía también. Todos los amigos de Natalia comprendieron que ya no soportaría un nuevo duelo. En septiembre y en octubre se fue debilitando de más en más. Debía de regresar a México en noviembre pero ha de guardar cama definitivamente algunos días antes de "la fecha prevista para su retorno. Envuelta en los cuidados devotos del doctor Zakine y de su familia, del afecto de todos sus amigos, se apaga después de una agonía de tres días el 23 de enero de 1962.

Su entierro tuvo lugar en Columbarium de Pere Lachaise el 29 de enero. Sus cenizas fueron a juntarse con las de León Trotsky en México.

Natalia consagró los últimos veinte años de su existencia en defender la memoria de León Trotsky, de su hijo León Sedov, de todos los comunistas víctimas de Stalin. Siguió de cerca las actividades de la IVª Internacional, creada por Trotsky, y al desarrollar sus propias posiciones, con divergencias muy serias que la alejaron desde el final de la guerra de las posiciones defendidas por este movimiento. Expresó sus desacuerdos en una carta al Comité Ejecutivo, el 9 de mayo de 1951, carta que constituye el documento de ruptura con la IVª Internacional. En dicho texto, reprocha a los dirigentes de la organización trotskysta de mantenerse en las posiciones que eran las de Trotsky en el momento de su muerte. Consideraba que la evolución de la URSS obligaba a una nueva apreciación. No podemos, decía, continuar considerando al Estado soviético como un Estado obrero. A sus ojos "los estalinistas, el Estado estalinista, no tenían nada en común con un Estado obrero y con el socialismo". Estaba convencida de que León Trotsky habría cambiado de posición sobre este punto. De esta divergencia fundamental, surgían otras: Natalia se negaba a ver en los países de la Europa Oriental dominada por el estalinismo algún Estado obrero. Condenaba el apoyo de la IVª Internacional al régimen yugoslavo que caracterizaba como una simple réplica de "la vieja burocracia estalinista", finalmente se separó de la IVª Internacional en relación a la cuestión de la defensa de la URSS en la hipótesis de una tercera guerra mundial. Estas divergencias, por profundas que fueran, no llegaron a romper empero las relaciones personales de estima y afecto que unían a Natalia con la mayor parte de los trotskystas tanto europeos como americanos. Pero el respeto a la verdad y a la persona de Natalia prohíbe el silencio sobre este punto.

En los últimos años de su vida, con ocasión del XXº y del XXIº Congreso del PC de la URSS, Natalia pide a las autoridades soviéticas la rehabilitación de Trotsky y Sedov y de otras víctimas de los procesos de Moscú. Nunca esperó una respuesta, a sus ojos, la "desestalinización" operada por una fracción de la burocracia no podía permitir el restablecimiento total de la verdad histórica y no marcaba realmente el comienzo de una nueva era. Pero estimaba que, delante de las revelaciones de Jruschev, no debía de callarse y que había que recordar al mundo la dura lucha llevada por Trotsky.

Así, hasta el final, prosiguió el combate: su valor que los más crueles desgarros no consiguieron reducir, su fe en la vida y en el triunfo de las ideas a las que había dado todo, no pueden más que imponer la admiración y el respeto, incluso entre las que no le han conocido. Los otros, los que han tenido el privilegio de ser sus amigos, no cesarán de pensar en ella con veneración y amor. También con reconocimiento; porque su recuerdo es de esos que ayudan a vivir en la confianza y en la esperanza. 

Notas

(1) Iniciales de León Davidovich, nombre de Trotsky.

(2) Un día le pregunté a Natalia sí entraba en sus intenciones publicar este diario. Le dije que había mucha vida en estas páginas que hacían desear su conjunto al lector. Le señalaba también el talento de escritor que revelaban los pasajes citados por Trotsky. Ella me respondía con su extrema y habitual modestia que había tomado estas notas solamente en algunas épocas de su vida, con el fin de aliviar la memoria de Trotsky fijando ciertos acontecimientos.

(3) Hay dos ediciones relativamente recientes en castellano, la de Zero (Madrid, 1972), y la de Akal (Madrid, 1979). Pág. 154.

(4) Idem, p. 155

(5) Idem, p. 345

(6) Idem, p. 352.

(7) Idem, p. 357.

(8) Hay dos ediciones en Gallimard, en 1960 y en 1977.

(9) Párrafos citados por Alfred Rosmer en el apéndice de “Mi Vida”, E. Gallimard, p. 618.

(10) “L. Assassinat de León Trotsky”. 


Un libro necesario: “Trotsky y su tiempo”

Estudio de Trotsky en su casa de Coyoacan, México

Pepe Gutiérrez-Álvarez

 

Después de una primera lectura, el que escribe tuvo la oportunidad de estar en la mesa que presentó el libro en Madrid al pesado día 24 de octubre junto con el editor, Gonzalo Sichar,  los amigos André López, Juan Manuel Municio, el propio autor, y Carlos Taibo que como quién dice aterrizó al final después de tomar parte en otro acto en Pontevedra, y que nos obsequió con interesantes reflexiones sobre los límites de determinados trabajos académicos, en el caso la Historia de Rusia, de Robert Service, también autor de biografías de Lenin y Stalin.
Bien mirado, el mismo hecho de que una edición y un acto semejante, eran de por sí reveladores que nos encontramos en una fase social socialmente ascendente, aunque sea todavía en una fase inicial. En las fases reaccionarias, personajes como Trotsky devienen un mero referente historiográfico (medido además por los paradigmas dominantes), o parte del culto de minorías iniciadas, y muchas veces, también ancladas ya que olvidan que sí bien Trotsky puede ser un buen punto de partida, jamás lo será de llegada entre otras cosas porque lo mataron hace 67 años, antes de hecatombes tan determinantes como la IIª Guerra Mundial.

De ahí fue básicamente la línea de exposiciones, estimar hasta qué punto Trotsky seguía todavía vigente. El autor nos recordó que la edición era coincidente  tanto con el 90 aniversario de la Revolución de Octubre y del asesinato de Ernesto "Che" Guevara, no es casual, y se refirió a la campaña mediática contra el Che…También se habló del significado de los esfuerzos por recuperar una Memoria histórica que no es otra que la del pueblo militante olvidado por los pactos de la Transacción.  Vivimos tiempos de efervescencias en los que se trata de recuperar igualmente la Memoria de los clásicos, y en concreto el ejemplo y las ideas de Trotski, alguien que nunca se consideró a a sí mismo  "trostkista" por la misma razón que el estalinismo nunca fue comunista, ni tampoco “leninista”, otro concepto maltratado por la burocracia.

Tampoco esta biografía aparecía en solitario…Trotsky está editado casi al completo por Internet, sus libros no han dejado de circulas por América Latina, y por aquí ya se pueden encontrar en librerías Mi Vida (Ed. Debate), y la Historia de la revolución rusa (Veintisiete Letras), e igualmente tenemos a la mano la edición de Trotskismos, de Daniel Bensaïd, un ensayo de idéntica vocación introductoria escrito con el poderoso aliento de la formación marxista y filosófica del autor, esto sin olvidar las apasionantes memorias de Tariq Ali (Años de lucha en la calle), por no hablar del muy mediocre y oportunista refrito de José Ramón Garmabella, El grito de Trotsky (Debate), obra que pone en evidencia la aplicación de la infame teorías de “los dos osos” (Stalin y Trotsky), así como hasta puede llegar la banalidad periodística ya que su autor “pasa olímpicamente” de todas las investigaciones serias que se han efectuado sobre el asesinato de Coyoacán, comenzando por la magnífica de Pierre Broué al que, por cierto, Antonio Liz dedica el libro. Curiosamente, lo mismo que yo había hecho en mis Retratos poumistas. Esto de las afinidades debe ser algo muy especial porque cuando murió Deborah Kerr, Antonio pensó que yo no tardaría en escribir mi particular evocación en Kaos como así fue.

Dicha afinidad viene de lejos ya que hace años (1979), también escribí una biografía introductoria, Conocer Trotsky y su obra que apareció en la famosa colección de Biografías de la Editorial Dopesa en la que se congregó buena parte de las plumas del 68 hispano…Pero aquello eran otros tiempos.

Cierto que para los que entonces éramos jóvenes, eran tiempos que no dejan de tener su coincidencias con el que se está gestando. Quedaban lejos los años más oscuros del franquismo, el capitalismo estaba en una crisis que parecía irreversible (lástima que no encontró sepulturero adecuado), y el concepto de estalinismo comenzaba ser cada vez más un insulto.  

Por entonces ya se había publicado en México la monumental biografía de Trotsky que le dedicó su (heterodoxo) discípulo Isaac Deutscher, fue durante mucho tiempo especialmente admirada y leída. Se compone de tres tomos que tomaban el título de una cita de Maquíavelo: El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado, y las publicó ERA, México (catalán en Edició de Materials, BCN, 1967), obras que Antonio Liz ha “devorado” como hicimos tantos otros por aquel tiempo. El título de Deutscher venía justificado con una larga cita El Príncipe, de Maquiavelo. De forma más abreviada, Deutscher dedicó otros trabajos suyos a Trotsky, a veces de una manera bastante polémica como es el caso de "Trotsky en el nadir", que aparece en su recopilación Ironías de la historia (Península, BCN, 1972), o más admirativamente en Trotsky en nuestro tiempo, que sirvió de prólogo a la edición norteamericana de la antología, La era de la revolución permanente, que efectuó George Novack, y aunque no fue recogida por su edición española (de Akal que a cambió insertó un prólogo a todas luces circunstancial de Enrique Tierno Galván), aparece en la recopilación de Deutscher titulada El marxismo de nuestro tiempo (ERA, México, 1975). 

Discusiones aparte, no hay duda que medio siglo después, se requería una puesta al día facilitada por la ampliación de toda clase de investigaciones y de reconocimientos llevadas a cabo desde los años sesenta. En los años ochenta tuvo lugar la creación del Instituto León Trotsky en Grenoble, bajo la dirección del historiador francés Pierre Broué. La culminación de esta empresa, a la que Broué ha dado toda una vida como profesional, dio lugar a un trabajo no menos ambicioso y sin duda mucho más minucioso en los datos: Trotsky (Fayard, Paris (1988), con 1105 apretadas páginas, y en las que cada paso, cada argumento, resultan escrupulosamente verificados. Aunque hay mucho que discutir, se trata del trabajo de toda una vida que merece una traducción al castellano como lo merece el conjunto de la obra de Broué del que Sepha prepara Comunistas contra Stalin, un impresionante estudio sobre la lucha que los comunistas de la Oposición de Izquierdas llevaron contra la burocracia.

La mayor aproximación hasta el momento sobre las ediciones de obras de Trotsky es el monumental trabajo de Louis Sinclair, Leon Trotsky, A Bibliography, Universidad de Stanford, 1972). Una extensa recopilación de "retratos" se encuentra en El verdadero Trotsky (Extemporáneos, México, 1975), que reúne, entre otros, textos de André Malraux, Víctor Raúl Haya de la Torre, Julio Álvarez del Vayo, Carlos Rosselli, José Carlos Mariátegui, Curzio Malaparte, Fernando de los Ríos, Ernesto Montenegro, Ciro Alegría, Dwigth MacDonald, Manuel Rojas, Wiston Churchill, Max Eastman y François Mauriac. Algunos de estos trabajos están recogidos en mi edición de El asesinato de Trotsky: antes y después (Fundació Andreu Nin, Barcelona, 1990) También resulta muy útil el trabajo de Heinz Abosh, Crónica de Trotski. Datos sobre su vida y su obra (Anagrama, BCN, 1974, tr. Luis Carroggio)… y por supuesto, El pensamiento de Trotsky, de Ernest Mandel (Fontamara, 1981), que por cierto, está “colgado” en la Web de Revolta Global. Por cierto, l¨Espai Marx también ha “colgado” mi estudio "Trotsky y los trotskismos", que no se editó para dar paso al libro de Bernsaïd. 

El lector interesado encontrará un estudio pormenorizado sobre en la obra de Alain Brossat, En los orígenes de la revolución permanente. El pensamiento político del joven Trotski (Siglo XXI, Madrid, 1976, tr. Dolores Sacristán y José Manuel Muñoz), que incluye tres textos, "La Duma y la revolución", "La tercera Duma", y "Los consejos de diputados obreros y la revolución"). Brossat domina una documentación muy superior a la de Deutscher, y cuenta con una mayor perspectiva para seguir las complejas y frecuentemente contradictorias sinuosidades del joven Trotsky en todos sus tramos: desde el antimarxismo populista al marxismo de la Iskra, del antibolchevismo virulento de 1904 al bolchevismo crítico de 1917. Según Brossat, en esta primera fase, el "trotskismo" camina con una extremidad coja: "es la época del primer desarrollo de la teoría de la revolución permanente, apoyada sobre la genial intuición del perfil de la revolución rusa, y también la época de la política "desgraciada" de Trotsky, metido en los atolladeros del conciliacionismo y del equilibrio, en medio de las dos fracciones de la socialdemocracia rusa".

Para Brossat: "La revolución de Octubre no significa solamente el ascenso de Trotsky a la dimensión histórica. En el plano teórico representa (…) la segunda mutación fundamental, la que le conduce a fundir la teoría de la revolución permanente en el crisol político y organizativo del bolchevismo". Que yo sepa, sus dos obras más "antileninistas" no han sido traducidas al castellano, aunque sí en francés, se trata de: 1) Nos tâches politiques (Belfond, París, 1970), con un "avant-propos" de Marguerite Bonnet, en el que ésta detalla el distanciamiento crítico de Trotsky de esta obra escrita en 1904; también comprende textos de Rosa Luxemburgo y del propio Lenin así como dos artículos de Trotsky de los años treinta sobre la primera; y 2) de Rapport de la délégation sibérienne (Spartacus, París, 1969, de la que existe una reciente traducción al castellano en la editorial castellana que ha tomado el mismo nombre), con prefacio, traducción y notas de Denis Authier. 

Se podía decir de Trotsky lo que Orwell dijo de Dickens, que más que una obra es un planeta. Y este planeta no se puede atravesar sin una guía adecuada, una tarea que cumple el libro de Antonio Liz con minuciosidad y rigor, y al margen de los debates que son inherentes no ya al personaje sino a cualquier sistema de ideas porque no se puede interpretar ni cambiar el mundo sin discutir. Lo explicaba John Reed en su obra, una revolución es algo que hace que hasta los sectores sociales más atrasados se ven obligados a discutir sobre su situación y como cambiarla. 


Visiones sobre Trotsky en los años 30


Foto: Leon Trotsky, Diego Rivera & André Breton

Pepe Gutiérrez-Álvarez

 
En los años treinta, nadie como Trotsky encarna la revolución, sobre todo entre la gente ilustrada de la derecha  que teme que su destierro sea una mera treta, un reparto en la faena entre él y Stalin.

Como el propio Trotsky se encarga de dejar bien claro en su descomunal lucha por la verdad histórica, sigue siendo uno de los nombres de la revolución rusa, de 1905 y 1917,  el compañero de Lenin y creador del Ejército Rojo, una tarea ciclópea exaltada entre otros, por el socialista Julio Álvarez del Vayo, que escribe que esta tarea “es una de las grandes empresas de nuestro siglo e indiscutiblemente su mayor timbre de gloria. Sólo su genio puede explicar el que un desterrado, semita por añadidura, un literato, ponga cima en medio de las mayores dificultades de todo orden a la magna labor de crear un ejército disciplinado de entre los restos de una soldadesca desmoralizada, asombrando al viejo generalato -como confesó en Leningrado un general zarista- y suscitando comentarios elogiosos de sus mismos adversarios... 

Ya uno de sus biógrafos no bolcheviques, Oscar Blun, dijo de él "que acaso sea el primer ministro, de la Guerra que Rusia ha tenido. Pero de mas peso aun, por tratarse de un técnico en cuestiones militares, es la opinión del famoso coronel Max Bauer, antiguo jefe en el Alto Mando alemán y uno de los directores del golpe de Estado de von Kapp. Bauer, que pasa por ser el verdadero espíritu rector del movimiento ultranacionalista alemán, acaba de reunir en un libro, Das Land der roten Zaren (El país de los zares rojos), sus impresiones de un viaje por Rusia. He aquí cómo lo juzga: "León Davidovitch Trotsky es el organizador militar y el caudillo innato. La forma en que creó un ejercito de la nada, organizándolo e instruyéndolo en momentos de dura lucha, es absolutamente napoleónica”... 

Aunque Stalin lo deja marchar creyéndole un “caballo muerto”, la leyenda lo acompaña y su sombra se proyecta mucho más allá de la restringida influencia de la corriente que encabeza. En un trabajo (reeditado en el volumen Inside Europa) con el titulo “napoleónico” Trotsky en Elba, el famoso periodista norteamericano John Gunther, combina por igual la admiración por la persona y la advertencia a los gobernantes, señala: “Trotsky, una persona extraordinariamente magnética podría reunir a su lado a los cinco millones de comunistas alemanes en un par de años si viviera en Alemania; así se lo he oído decir. Lunacharski dijo una vez "Trotsky se paseaba por el mundo como una batería eléctrica y que cada contacto con él produce una descarga". Aún tiene esa cualidad, además de su sorprendente encanto personal. Dejen a Trotsky que transite libremente por un país, dejen que se le vea, déjenle hablar, y su natural hará el resto”. Se pregunta además, ¿qué pesaría si muriera Stalin?. 
Gunther, después de conversar animadamente con españoles sobre “...Trotsky. De la revolución. Nuevamente de Trotsky. Todo parece muy inútil y bastante irreal. Sin embargo, no habían pasado muchos años desde que Lenin y Plejanov, Zinoviev, Radeck y Bujarin revoloteaban en grupos, cerrados y tensos, por mesas de café iguales a ésta, hablando, hablando, hablando; y, probablemente, a la policía del zar le resultaba demasiado divertido”, añade más adelante: “En ningún país los trotskistas son lo suficientemente fuertes como para desafiar directamente a la organización estalinista pero en Grecia, Checoslovaquia, Alemania y, especialmente en España, su poder va en aumento”.

Esto no son meras reflexiones, es algo que ha calado en la reacción que tiene claro que no a permitir la “inocencia” de Nicolás II, ni mucho menos la de un débil Alexander Kerensky.

Otro analista de primera de la época, el muy interesante liberal-socialista italiano Carlos Rosselli (voluntario en España y asesinado como su hermano por los esbirros de Mussolini), escribirá por su parte: “¿Ha existido alguna vez en la historia un exiliado más victorioso?. Una después de otra se cierran a su paso todas las fronteras, sean proletarias o burguesas. Las clases gobernantes están dominadas por un profundo espanto debido a esa victoria que Trotsky lleva consigo: la Revolución de Octubre, donde su nombre será recordado en los siglos junto al de Lenin. Es sorprendente que la frontera más severa sea la que impone su revolución. El héroe de Octubre es demasiado dinámico. Durante los momentos de quietud, en Rusia no hay lugar para él. Es un genio que debe admirársele en secreto y a la distancia; de cerca es demasiado incómodo y peligroso... Trotsky es infinitamente más grande que Stalin; pero este último ha logrado administrar sabiamente la revolución, aunque para ello haya tenido que empequeñecerla y embalsamarla, mientras que Trotsky la habría arrojado a la destrucción con una iniciativa napoleónica. Si para Rusia llegaran días difíciles, quizás Trotsky seria invitado a regresar. Entonces será la apoteosis. y Trotsky espera subordinando su pensamiento y su actividad a ese regreso”.

Después de una entrevista con el personaje, Rosselli, escribe: “¿Impresiones?. Un cerebro admirablemente organizado, cristalino. Sus argumentos, como en sus libros y en ese macizo trabajo que es la Historia de la Revolución, surgen apretados, en cascadas, con desarrollos elegantes y con el concurso de un estilo muy personal. Su voluntad es imperiosa; su personalidad potente, ¿y el hombre?. El hombre ha desaparecido en el personaje. El hombre es poco humano, La naturaleza ha dotado a Trotsky de todos los dones de una manera inaudita, con excepción del socrático. Está demasiado seguro, fuerte y perfecto, para poder comprender a los demás. Mientras su yo interior: por la juventud, de su espíritu, se encuentra en continua transformación, su yo social se presenta rígido...Trotsky es prisionero de su pasado, de la historia polémica con Stalin”. 

Y concluye su retrato con las siguientes pinceladas: “Trotsky es la revolución victoriosa. De la misma manera que las revoluciones devoran sin piedad a sus hombres, Trotsky se vale fríamente de todo y de todos para alcanzar la meta, Dispensa su interés y sus simpatías en exacta relación con la utilidad que puede obtener...El mejor biógrafo de Trotsky, Max Eastman, en su libro que es una joya de penetración psicológica y una justa exaltación de su genio, observa que lo que le ha impedido llegar a ser un gran jefe (más exacto sería decir "un conductor de pueblos", porque Trotsky es un gran jefe), es su excesiva confianza en sí mismo, o más bien dicho, la suficiente percepción del sentimiento ajeno, ese sentido inmediato, inconsciente, en que consiste la misteriosa seducción del jefe...Esta limitación suya no es, como pretenden sus detractores, el fruto de una desenfrenada ambición. Trotsky sacrificó toda su vida a la revolución; la juvenil rebelión al padre rico -que a los ochenta años, expropiado de sus numerosos bienes por los soldados del hijo, se convierte al comunismo-, es magnífica; su nuevo estilo, soberbiamente soportado, revela en él un carácter de acero...La limitación es debida más bien a la extraordinaria fuerza de abstracción de un pensamiento que se desarrolla en su interior de manera tan coherente y completa como para no tener necesidad de contribución ajena...En una palabra Trotsky por sus ideas su técnica su voluntad, no tiene necesidad de los demás hombres considerados individualmente. tiene necesidad de un pueblo, de un drama social, de una revolución. Pero dudamos que los pueblos de Occidente encuentren en él a su hombre”,

Décadas después, al debatir sobre la guerra y la revolución española, era muy común oír decir que aquí “no tuvimos un Lenin y un Trotsky”. Con mayo seriedad, autores como Perry Anderson veían una profunda incorrespondencia entre la capacidad y la cultura del movimiento obrero, y la debilidad teórica y programática de sus “Estados mayores”. Un detalle que explica que la iniciativa en la crisis española correspondiera a su franja más brutal y corrupta, pero también más “consecuente” y despiadadamente decidida, como ya había ocurrido en Italia en 1920-1924 y en Alemania.     

En su artículo, John Gunther define a Trotsky como “un aportador permanente de la historia”, o sea alguien que no se queda detenido desde el momento que entiende que la revolución de Octubre, con ser el ejemplo más fehaciente de cómo lograr que una crisis social pase a ser una revolución victoriosa –la primera en la historia en una historia socialista ya soñada por los griegos-, no por ello olvida que se trata del “primer eslabón” de la cadena imperialista.
Como “aportador” marxista, la contribución más reconocida de Trotsky fue sin duda la teoría del “desarrollo desigual y combinado y la doctrina acorde de la «revolución permanente”. Con la teoría de la “revolución permanente” desafió la opinión de que un prolongado período de desarrollo capitalista debe seguir a una revolución antifeudal, durante la cual gobernaría la burguesía o cualquier otra combinación de fuerzas sociales (por ejemplo, la “dictadura revolucionaria y democrática de los obreros y campesinos”) como sustitutivo. Por otros caminos, Lenin adoptó en las Tesis de abril de 1917 una línea semejante a estas concepciones (por eso fue tildado de “trotskista”) y las puso en práctica en la Revolución de Octubre en contra de la línea tradicional del Partido Bolchevique, defendida en la época por Kamenev, Zinoviev y Stalin…Este esquema tendría una lectura ampliada en el exilio, en el sentido que la conquista del poder solo es el comienzo de un proceso revolucionario que únicamente podrá abordar con seriedad la instalación del socialismo desde la acción combinada de al menos algunos países avanzados.  

Otra de las características del pensamiento de Trotsky es el rechazo de las falsas pretensiones que hacen del marxismo un sistema universal que proporciona la clave de todos los problemas. Se opuso a los charlatanes que adoptaban el disfraz de marxismo en las esferas tan complejas como la “ciencia militar”, y combatió los intentos de someter la investigación científica, la literatura y el arte en nombre del marxismo, ridiculizando el concepto de “cultura proletaria”. Subrayó el papel de los factores no racionales en la política (“En la política no hay que pensar de forma racional, sobre todo cuando se trata de la cuestión nacional”) y desechó las grandes generalizaciones cuando se olvidaban de lo más concreto, de los individuos. Lector voraz y políglota, marxista de gran cultura en la tradición de Marx y Engels, ensayista, crítico literario, historiador, economista, etc., Trotsky se granjeó muchos enemigos entre aquellos cuyo marxismo combinaba la estrechez y la ignorancia con una propensión a plantear exigencias fantásticas, revestió tales características que hicieron exclamar a Marx: “No soy marxista”. 

Su evolución personal desde finales del siglo XIX hasta sus últimas aportaciones sobre la Segunda Guerra Mundial está marcada por continuas rectificaciones y audacias que a veces entran en abierta tensión con sus esquemas militantes, obsesionados por dar respuesta a una situación política trágica que desborda, con mucho, la extrema debilidad organizativa del movimiento que contribuyó a crear. Hay múltiples Trotsky: normalmente volaba como un águila, pero en ocasiones lo hacía también mucho más bajo, una diferencia que estaba muy determinada por la proximidad o la lejanía del tema que abordaba, un factor perfectamente verificable por sus torpezas y debilidades, manifiestas claramente en sus escritos españoles, por lo general, muy poco conocido en su época. Esto explica que el que sigue siendo su más reconocido biógrafo, Isaac Deutscher, apenas dedique unas pocas líneas –relacionadas sobre todo con la proyección española de los “Procesos de Moscú”- a la guerra española en el último volumen de la célebre trilogía, el titulado, Trotsky, el profeta desterrado. 

Tribuno comparado con Danton y con Jaurès sobre el que John Reed (Diez días que conmovieron el mundo) y Nikolai Sujanov (Historia de la revolución rusa)  dejaron cumplida cuenta de sus intervenciones en las asambleas multitudinarias, Trotsky fue un escritor magnífico cuya obra sobrepasa ampliamente la de muchos profesionales. Sus libros, artículos, documentos políticos y cartas fueron editados —y se siguen editando— en casi todas las lenguas, y sus selecciones específicas sobre Francia, Alemania, China, Gran Bretaña, España, Estados Unidos, América Latina, Italia, etcétera han ocupado gruesos volúmenes, inaugurando así un poderoso aporte trotskiano a las diversas tradiciones teóricas marxistas nacionales. Pero este jefe militar que leía Mallarmé en el tren blindado de la guerra civil, fue también un intrépido periodista en los Balcanes...  

Derrotado por el aparato burocrático amasado por el acentuado atraso ruso (a continaución de una suma de guerras y del cerco internacional), y las dramáticas derrotas revolucionarias de principios de los años veinte (Alemania, 1918-1923, sobre todo), Trotsky se negó a utilizar el Ejército Rojo para imponer sus poderosos argumentos. Una vez en el exilio, fue víctima de la más formidable tentativa de denigración que al decir de Manuel Sacristán desde los tiempos de Catilina (Trotsky habría apreciado la famosa frase de éste en el Senado, cuando le dijo a Cicerón que mientras los patricios tenían una cabeza sin cuerpo, la plebe tenía un cuerpo sin cabeza). Sobre todo desde su asesinato, Trotsky fue convertido en una «no persona», por utilizar una de las palabras del neolenguaje codificado por Orwell. Sin embargo, porgresivamente su ejemplo y sus ideas volvieron a interesar a las nuevas generaciones «contestatarias» del 68, y lo volverán a hacer en nuevos epicentros de la recomposición social como México, Francia, Italia o Brasil. Su peso en el movimiento que lleva su nombre es obviamente descomunal. Sin embargo, Trotsky nunca trató de imponer su “autoridad providencial”, sino mediante debates abiertos; lo que impedió la tentació de hablar en su nombre elevado a la categoría de canon, sustituyendo con la autoridad del clásico las exigencias del análisis concreto de la realidad concreta. 

Su medida biográfica es la de un ”gigante” (el último de la tradición marxista, al decir de Víctor Serge, uno de los muchos anarquistas o semianarquistas que lo admiraron, y criticaron). Por más que se puedan poner reparos a algunas de sus actitudes (acuciadas por situaciones límite, por la medida de sus propias exigencias) y reconocer cierta prepotencia e intolerancia, también es cierto que los numerosos testimonios de quienes trabajaron con él (y que en no pocos casos evolucionaron en otra dirección) dan fe de una poderosa humanidad en la que se incluyen fuertes dosis de romanticismo.

¿Hasta qué punto este legado mantuvo una actualidad en el curso de una historia tempestuosa en la que los poderosos conseguirían ganar las principales batallas?. 

El problema se plantea desde el momento en que Trotsky levanta la bandera de una alternativa comunista al estalinismo, y se hace mucho más ardua en el momento de su asesinato. De ello se hará eco lúcido el escritor y abogado nicaragüense Adolfo Zamora, quien en el prólogo de una edición popular mexicana de los últimos escritos de Trotsky que, con el título de Los gángster de Stalin, aparecido un mes después del asesinato del fundador de la IV Internacional, escribió con evidente furor: “[…] Stalin razona ahora: sin Trotsky, la Cuarta Internacional no podrá emprender nada. Como buen burócrata antes y como buen déspota ahora, Stalin se equivoca. Trotsky, en los días de su destierro, solo, perseguido, poseía todo el poder de la idea revolucionaria, era el principio de un nuevo impulso de la clase obrera. Stalin, con su inmenso aparato, su poderío momentáneo y su GPU, sólo representaba el reflujo histórico de efímera existencia. La nueva internacional, creada por el genio de Trotsky, ha alcanzado ya una etapa de desarrollo que la capacidad para hacer frente a las grandes tareas revolucionarias que le reserva el próximo futuro de la humanidad […]”. 

Al acabar la IIª Guerra Mundial, Trotsky pudo ser recordado como una suerte de Aníbal por un pletórico Jean-Paul Sartre, mientras que Stalin victorioso, gozaba de un prestigio casi ilimitado. Tanto es así que no fueron pocos los antiguos cenetistas que se aproximaron al PCE, y no faltaron poumistas que empezaron a creer que al fin de cuentas habían sido los métodos de Stalin los que habían logrado vencer al fascismo. Todo fue cambiando hasta el extremo de que Stalin es actualmente execrado por todas partes, y el nombre de Trotsky va asociado a todos los grandes debates sobre el socialismo, incluyendo los pocos que han tenido lugar en China, los que se están desarrollando en Rusia o en los países antes llamados socialistas, en Cuba, y por supuesto, en Venezuela. Trotsky nunca fue un “hombre providencial” (aunque algunos adictos lo hayan querido para refrendar su propia autoridad como “verdadero intérprete”), pero sí un clásico en el sentido más genuino del término, alguien sobre el que hay que volver una y otra vez para analizar y comprender algunos de los grandes temas del siglo pasado...

Trotsky y la oposición de izquierda


Foto: Leon Trotsky, Frida Kahlo & amigos en México

Javier Méndez-Vigo Hernández


“Sus enemigos les han bautizado  “trotskistas”, pero ellos mismos se denominaban  “bolcheviques- leninistas”, se sentían y se querían los verdaderos continuadores del partido bolchevique  de Lenin y Trotski”: [Pierre Broué.- Communistes contre Staline]

Fueron compañeros, camaradas revolucionarios con puestos políticos en el Estado soviético, que después de la muerte de Lenin siguieron fieles a los principios de la Revolución de Octubre y que la mayoría de ellos pagaron dicha fidelidad con la vida. Su historia es la historia de unos ideales que nunca fueron mancillados y que cuando fueron derrotados por la contrarrevolución staliniana llevaron (algunos) a pensar que no tenían nada que hacer. Tal es la heroica tragedia que queda patente en la despedida de A. A. Joffe, el amigo personal de Trotsky: “Si  me está permitido comparar una gran cosa con una pequeña, diría que el acontecimiento histórico de más alta importancia a constituye vuestra exclusión y la Zinoviev, una exclusión que debe abrir inevitablemente un período termidoriano en nuestra revolución, y el hecho que después de veinte y siete años de actividad en puestos responsables, no meda otra cosa que hacer que pegarme un tiro en la cabeza, estos dos hechos ilustran una sola y misma cosa: el régimen de nuestro partido”  [Pierre Broué.- Trotsky]

¿Quiénes eran estos camaradas? Viejos Bolcheviques, como se les reconoce históricamente. Camaradas que por el mero hecho de estar juntos podían constituir una fracción. Ya que realmente no les unían intereses personales, sino que tenían los mismos intereses políticos y analizaban de la misma forma política los acontecimientos. Destaca Joffe al que Trotsky conoció en Viena, o Rakovsky un búlgaro que fue militante francés y después ruso y antiguo presidente rojo de Ucrania durante la guerra civil.

Destacan también E. A. Preobrazensky, que fue secretario del Partido en 1920-21. Rosmer que continuaba en Francia. Victor Borissovich Eltsin que fue comisario político en el Ejército Rojo... Todos ellos con puestos de responsabilidad en el Estado soviético.

Los Orígenes

A las puertas del III Congreso de la Internacional el buró político del PC ruso, con la entrada de Kamenev se conforma en dos “fracciones” representadas, una por Zinoviev y Bujarin y la otra, por Lenin, Kamevev y Trotsky. Es la época también de la X Coferencia del PC ruso en la que se intentaba llegar a un compromiso sobre la cuestión Alemana.

Gracias a todo este debate en la Conferencia y el desarrollado en el III Congreso de la Internacional, Trotsky en 1921 llega a ocupar el primer rango de la Internacional y a lo largo de 1921 y 1922 lleva a cabo la política del  “Frente único”. Era la época en la que el boque Lenin – Trotsky estaba bien compacto tanto en los aspectos internacionales como internos (Georgia).

Pero en 1923, con la ocupación del Ruhr por las tropas franco- belgas exigiendo armas y el pago de “reparaciones” se despiertan los sentimientos revolucionarios en Alemania. Moscú llema al apoyo de la  “revolución alemana”. Es la época en la que Preobrazensky reedita la carta de los Cuarenta y seis bolcheviques que va dirigida al CC. Pero es también la época en la que el proceso revolucionario en Alemania tendrá consecuencias en el  PC ruso.

Ya en 1923 Stalin se encontraba al frente del secretariado del Partido, que en su XII Congreso vive la victoria de aquél y de Zinoviev sobre Trotsky. Pero a pesar de que éste es elegido junto a Zinoviev como titular del buró político, Trotsky ya ve aspectos que pueden llevar a un conflicto, como puede ser el control político por parte del secretariado. Así que en su carta del 8 de Octubre lo confirma

 “La burocratización del partido se ha desarrollado en proporciones desconocidas, por el método de la selección de los secretariados [...]. Se han creado largas capas de militantes entrados en el aparato de gobierno que renuncian completamente a sus opiniones propias sobre el partido (o al menos expresarlas abiertamente), como si la jerarquía burocrática fuera quien creara la opinión y las decisiones del partido. Por debajo de estas capas, absteniéndose de tener una opinión sobre ellas, se encuentran las amplias capas del partido para que las que cualquier decisión tiene la forma de una orden... [Pierre Broué.- Trotsky]

En todo este debate no interviene Lenin, que se encontraba ausente por enfermedad. Trotsky escribe en esta época su  Curso Nuevo, donde vuelve a hablar del peligro de burocratización del Partido casi con las mismas palabras que en la Carta citada. Es a partir de dicho debate que se conforma laOposición. Y es precisamente esta obra de Trotsky la que viene a formar ideológicamente a aquella.

El  Pravda abre una discusión pública. A partir de aquí se desarrolla una dura batalla de cara a la XIII Conferencia del Partido.  Y a pesar de que los Opositores consiguen derrotar en algunos lugares a la troika (Zinoviev- Kamenev- Stalin) aprobando resoluciones en su contra; el aparato comienza a actuar, como bien cuenta Broué: “Este debate es lucha de militantes, convencidos y honestos, contra los tramposos. Los golpes bajos, en efecto, se multiplican: revocación de Andréi Andréiévitch Konstantinov, veinte y tres años, que organizaba en Pravda las discusiones sobre la base del derecho igual a la expresión; eliminación de la mayoría de los miembros de las Juventudes Comunistas ganados por la Oposición, diseminados en Siberia; falsificación por Nazaretian, del secretariado de Stalin, y sanción de los demandantes; condena de dos años de prisión del joven oficial S. E. Dvorets, que habría insultado y amenazado a Zinoviev en el curso de la discusión” [Pierre Broué.- Communistes contre Staline]

La situación se agravaba cuanto más se acercaba la XIII Conferencia, ya que el aparato (como bien dice Broué) tenía suficiente margen de maniobra para organizarse en fracciones; mientras que la Oposición tenía que evitar precisamente esto para que no fuera acusada de  “fraccionalismo”. A pesar de esto en determinados sitios la Oposición llegó a ser hegemónico.

Tal ocurrió en Moscú donde (siguiendo a Broué) se nos confirma que se tenía la mayoría en 40 células (unos 6954 miembros) frente a 32 (2790), también se tenía la mayoría en el Ejército Rojo, el 30% de las células obreras. Sin embargo, la Oposición sólo obtuvo 3 delegados del total.

Por consiguiente, en la XIII Conferencia la Oposición es destrozada y calumniada por un Stalin seguro de su victoria. La Conferencia condena a la Oposición como una  “desviación” pequeño- burguesa y menchevique....

La Oposición en 1924-1925

En 21 de Enero de 1924 se produce el fallecimiento de Lenín, sin que pudiese llevar a término su  “último combate”. La noticia coge a Trotsky de viaje. Broué (en su Trotsky) cuenta como Stalin le engaña. Ya que al enterarse de la noticia Trotsky envía un telegrama a Moscú anunciado su intención de volver inmediatamente a los funerales. La respuesta que recibe es la de que continúe el viaje ya que no iba a tener tiempo de llegar. Sin embargo los funerales no se realizan el domingo 26, sino el lunes 27 de Enero. Fecha en la que Trotsky si hubiera podido asistir.

Se inicia así una nueva etapa. En el funeral, ante el cadáver embalsamado de Lenin, Stalin pronuncia una oración fúnebre que da cuerpo a una religión: el  “leninismo”. Fenómeno inconcebible para los viejos bolheviques –incluido Lenin-. Se inicia un culto religioso y se convierte un pensamiento vivo y contradictorio en un dogma.

Trotsky, cuando se reincorpora, se dedica a educar a las nuevas generaciones. Recoge de nuevo la pluma para escribir contra una nueva ideología que se estaba forjando. Se enfrenta al concepto de  “cultura proletaria” base de la absurda teoría del  “realismo socialista”. Para los partidarios de la  “cultura proletaria”, cada clase social dominante ha encontrado su propia cultura. Así que en su libro  Literatura y Revolución dedica un capítulo entero para explicarse

 “Sería extremadamente ligero dar el nombre de cultura proletaria a las realizaciones, incluso las más válidas, de representantes de la clase obrera. La noción de cultura no debe ser cambiada en moneda de uso individual... La cultura es la suma orgánica de conocimientos y de saber- hacer que caracteriza a toda la sociedad o al menos a su clase dirigente. Abraza y penetra todos los dominios de la creación humana y los unifica en su sistema”  [ Pierre Broué.- Trotsky]


Trotsky avanza, da un paso adelante y reconoce el papel del arte. Lo que le permitirá, ahora y en el futuro, aceptar las nuevas vanguardias- incluso a nivel filosófico, con el psicoanálisis. Frente al stalinismo defenderá y colaborará con aquellas (el Manifiesto surrealista, junto a A. Breton), o sus diálogos con el cubismo (vanguardias que serían definidas por el stalinismo como arte burgués). Y esto es así ya que para Trotsky  “el arte se abre por él mismo su propia ruta. Sus métodos no son los del marxismo”.

1924 es el año en el que también sale a la luz las Lecciones de Octubre, donde Trotsky  “pinta a grandes trazos las luchas internas del Partido bolchevique antes de la llegada de Lenin”. Salen a la luz el enfrentamiento de los viejos bolcheviques ante las Tesis de Abril de Lenin.

Será precisamente las Lecciones de Octubre la que desencadene el enfrentamiento y la crítica por parte de la  troika hacia Trotsky. Así Kamenev, en una conferencia sobre 1917, arremete contra la versión de Trotsky
“Lo digo con una amargura que compartirá todo el partido, pero es necesario decirlo: Trotsky ha devenido el elemento conductor de la pequeña- burguesía en nuestro partido. Todo su pasado, todas sus manifestaciones recientes, lo prueban. Ha devenido el símbolo de todo lo que, en el país, es opuesto al partido” [Pierre Broué.-Trotsky]

Así el 21 de noviembre una moción del Comité de Moscú basada en Kamenev sirve de modelo para arremeter contra Trotsky. Por otro lado Stalin endurece la postura. A partir de este momento Stalin y Zinoviev comienzan a utilizar el término de  “trotskismo” para referirse a las desviaciones de Trotsky con respecto a  “dogma leninista”. Stalin y el aparato tergiversan la postura de Trotsky anterior al 17, para incidir en las diferencias (que nunca fueron estratégicas) entre Lenin y Trotsky.

Mientras tanto, ¿qué sucede con la Oposición? La Oposición siguiendo los consejos de Trotsky y a raíz de los acontecimientos de 1923 espera, no quiere provocar ni comprometerse. Ahora bien, en la lucha de clases las cosas no suceden tal como uno quisiera. Los acontecimientos se precipitan, a pesar de la condena del  “trotskismo”, que permite a la troika eliminar a Trotsky del Comisariado del pueblo.

Se produce el triunfo del  koulak, verdadero beneficiario de la Nep y al vez hay un renacimiento del mercado. El koulak lleva camino de convertirse en los verdaderos dueños del campo; empleando a cerca de 5 millones de trabajadores agrícolas. Y a partir de 1925 el koulak dispone ya de medios de presión sobre el gobierno. 

La Oposición (bolcheviques-leninista) se encuentra escondida, ante el dominio de los hombres de Zinoviev, en este momento aliado de Stalin y enemigo de Trotsky. Donde realmente tiene poder la Oposición es en Moscú. Allí  “sin el fraude, habrían debido, arrasar la mayoría de los delegados en la conferencia que ha condenado el  “trotskismo”. 
La Oposición de Izquierda detenta en Moscú importantes posiciones. A. Krasnaia Presnia, dirige la sección de las JC y un círculo de discusión con tres estudiantes. Dirige igualmente el círculo JC de Khamonitchvsky y la célula de la fábrica Proletary Troud por Tarkov.

Pero no podemos olvidar que los componentes de la Oposición de Izquierdas son también hombres de Estado. Si seguimos a Broué [Communistes contre Staline], nos encontramos con que además de Trotsky (compañero de Lenin, fundador del Ejército Rojo, dirigente de la Internacional) nos encontramos con Rakovosky que se encontraba a la cabeza de Ucrania.

 “Cuando la Oposición se constituye, dos ministros forman parte: I.N. Smirnov es comisario del pueblo en Correos y Telégrafos, y A. G. Beloborodov ministro de interior de la RSFSR. Este último, antiguo metalúrgico, electromecánico, había ejecutado la orden de matar a la familia real y nunca se glorificó. Su mujer, Faina Viktorovna Iablonoskaia, profesora de historia, estaba ligada a Natalia Ivanovna Sedova.

Los tres secretarios que han dejado en 1921 el sitio a Stalin y sus hombres, Preobrazensky, Sérébriakov y Krestinsky, están también. Añadamos a Iori Piatakov, joven héroe de la guerra civil, que no había tenido miedo en contradecir a Lenin durante la guerra y que había devenido un gran economista y el verdadero padre de la industrialización soviética....” [Pierre Broué.- Communistes contre Staline]

Se abre el debate sobre el Koulak; es el momento en que se confrontan dos posturas. El debate se centraba sobre si había que ampliar la Nep y por tanto realizar más concesiones al koulak o bien someter los intereses del Koulak a la industrialización. Preobrazensky introduce en un debate académico “La ley fundamental de la acumulación socialista”. Haciendo una comparación con la ley de la  acumulación primitiva capitalista defiende que  “un Estado atrasado que se compromete hacia el socialismo debe explotar – en el sentido económico del término- al campesinado y a los artesanos en beneficio de la industrialización, y dirigir la economía desde el punto de vista, no del consumidor, sino del productor”.

Por su parte Bujarin, desde el Pravda ataca la comunicación de Preobrazenski, presentándola como la base económica del trotskismo y por tanto del antileninismo, acusándole de subestimar al campesinado. Es más hace ver que la conceptualización de la  acumulación socialista hay que entenderla como la defensa de una  “dictadura de la industria”.

Stalin por su parte estaba fraguando la teoría sobre  “el socialismo en un solo país”. Aunque en abril de 1924 se contentaba con decirnos que “para el triunfo del socialismo, la organización de la producción socialista, no son suficientes los esfuerzos de un solo país, particularmente de un país rural por excelencia como Rusia” En diciembre de 1924 asegura que una de las conquistas esenciales de Octubre es que la dictadura del proletariado resulta en Rusia   “de la victoria del socialismo en un solo país con capitalismo poco desarrollado”.

Despertar brutal (1925-1926)

Durante todo 1925 se produce el enfrentamiento dentro de la troika. Además  a finales de 1924 la tendencia pro- koulak gana terreno

 “El koulak, dueño del trigó comenzó a tener exigencias políticas y el poder cedió, ya que se apoya sobre él y los teóricos de esta no- Nep, los discípulos de Bujarin, piensan que es él quien dicta ahora el ritmo de la industrialización y, más generalmente, de la construcción del socialismo  “al paso de la tortuga” [Pierre Broué.- Communistes contre Staline]

De nuevo es una apuesta por el koulak que se encuentra marcada por las concesiones a sus reivindicaciones, lo que en la práctica supone una ampliación de la Nep, y que es atribuible a la influencia de Bujarian y sobre las que tienen sus reserves tanto Zinoviev como Kamenev. 

A partir de 1925 los incidentes se multiplican entre las Zinoviev y Kamenev por un lado y entre Stalin o entre Stalin y Bujarin por el otro. Se vislumbra una nueva alianza, esta vez con Bujarin y por consiguiente esto supone que Stalin apoye la nueva neo-Nep. La ruptura entre Zinoviev /Kamenev y Stalin va a influir en el desarrollo del XIV Congreso del PC ruso.

Broué es su Communistes contre Staline señala siete conflictos entre la dirección de Leningrado (Zinoviev – Kamenev) y la dirección nacional (Stalin – Bujarin):

1.    Un vivo desacuerdo sobre la cuestión de la exclusión de Trotsky del partido, reivindicada por el comité provincial de Leningrado, pero rechazada por Stalin- Bujarin.

2.    El violento ataque llevado a la conferencia regional de Leningrado por el zinoviesta Sarkis contra Bujarin, acusándole de  “desviación sindical” y donde Stalin denunciaba un atentado a la libre discusión entre camaradas.

3.    Una ofensiva del Centro contra la organización del KOMSOMOL de Leningrado.

4.    La decisión de los zinovievistas de fundar en Leningrado una revista teórica – Bolchevik-, en la que Stalin veía un futuro fraccional.

5.    Una feroz crítica zinovievista de la consigna de Bujarin a los koulaks:  “Enriqueceos”, y un vivo incidente relativo a una carta a este respecto de Kroupskai (la viuda de Lenin) a Bujarin que no había sido publicada.

6.    El artículo de Zinoviev,  “Filosofía de una época”, que denunciaba la amenaza del koulak y recordaba el igualitarismo proletario

7.    En el pleno del CC, fue la denuncia del zinovievista de alto rango, acusado de haber hablado- pero en privado- de  “degeneración termidoriana” del Estado obrero, y que debió abandonar el puesto.

La explosión del conflicto se produce poco antes del XIV Congreso, a lo largo de las Conferencias de Leningrado y de Moscú. En Leningrando Zinoviev intentó calmar la situación llamando a la unidad del Partido, incluso hace adoptar una resolución de apoyo a la línea del CC, reivindicando la  “unidad leninista”.

Sin embargo, en la Conferencia de Moscú Bujarin realiza un ataque muy duro y virulento contra Zinoviev; por su parte Molotov llega a comparar la Oposición de Zinoviev a la Oposición de 1923. La resolución final es apoyada incluso por Kamenev y supone un ataque en toda regla a Leningrado (Zinoviev).

¿Y Trotsky? Que se abstiene en esta batalla. Aquí Broué critica las tesis de I. Deustcher que en su biografía de Trotsky le acusa de no haber actuado en esta ocasión. Trotski sin embargo, a finales de 1925 (en diciembre) analiza las divergencias ocurridas a lo largo del año y constata que 

 “El partido o más bien su capa superior, sus miembros bien informados, han devenido los testimonios y los semi- participantes en una lucha de aparato extremadamente feroz sobre las cuestiones claves de la relación del proletariado y el campesinado”

Trotsky no se separa de la clase. Su análisis siempre tiene como horizonte al proletariado del que pretende no separarse. Por eso confirma que el conflicto proviene de la  “orientación general de las dos clases fundamentales el proletarido y el campesinado”, de su deseo de establecer sus relaciones

A finales de diciembre Trotsky junto con dos camaradas de la Oposición de 1923 vota en contra del cambio de dirección de la Leningradskaia Pravda, en el CC. Y el 5 de enero de 1926 vota en contra de las propuestas de Stalin, que no son más que represalias contra la Oposición de Leningrado. Es el comienzo de su depuración.

El Centro y el aparato comienza a implantar en las principales fábricas de Leningrado los “comités de iniciativa” que le van a permitir silenciar a los opositores y organizar manifestaciones de “base” en apoyo del Centro. Todo pasa a manos de Stalin- Bujarin. Ahora bien, este triunfo mediante los comités demuestra “que fue un conflicto dentro del aparato y que los zinovievistas no tenían ninguna base en las fábricas desde que perdieron el aparato”. 
La Oposición Unificada

Dentro de la Oposición de Izquierdas se producen al mismo tiempo diferencias en cuanto al problema de las alianzas. Por un lado Karl Radek y Antonov- Ovseenko son partidarios de una alianza con la mayoría del comité central, mientras que Sérébriakov trabajaba por una alianza con los de Leningrado que habían devenido militantes ordinarios. Se dan hechos concretos, en el comité central de abril Trotsky apoya una enmienda de Kamenev a la resolució de Rykov que trataba sobre problemas económicos. Por otra parte Stalin publicaba Cuestiones sobre el leninismo, donde polemizaba contra Zinoviev respecto a la política sobre el koulak. Pero en este escrito también se recuperaba las tesis sobre  “el socialismo en un solo país”. Según Broué estos acontecimientos contribuyeron a un acercamiento entre ambas oposiciones.

Por consiguiente, después del XIV Congreso se inicia el proceso de unificación. Pero cuando se incia dicha unificación tanto Kamenev como Zinoviev está dispuestos a reconocer sus errores pasados. Así Zinoviev al hablar sobre la Revolución reconocía su error en el 17 y además dice

 “Considero mi segundo error como más peligroso que el de 1917 [...] Ahora, no puede haber ninguna duda de que el núcleo fundamental de la Oposición de 1923, como lo ha demostrado la evolución de la fracción dominante, ha puesto en guardia correctamente contra la desviación de la línea proletaria y el crecimiento amenazante del régimen del aparato” [Pierre Broué.- Communistes contre Staline]

Por su parte, Trotsky se esforzaba en no herir los sentimientos de sus nuevos aliados. Por esta razón, conjuntamente con ellos debe buscar una fórmula que amaine las críticas que aparecen en las Lecciones de Octubre. El resultado es que después de las declaraciones de Zinoviev, Trotsky puede llegar a decir

 “Es incontestable que he ligado, en mis  “Lecciones de Octubre”, las desviaciones oportunistas del partido a los nombres de Zinoviev y Kamenev. Como lo ha demostrado la experiencia de la lucha ideológica llevada, en el seno del comité central, esto era un error grosero. Dicho error se explica por el hecho de que no había tenido la posibilidad de seguir la lucha ideológica en el interior del  “grupo de los siete” y de darme cuenta a tiempo que las desviaciones oportunistas habían sido provocadas por el grupo dirigido por el camarada Stalin contra los camaradas Zinoviev y Kamenev” [Pierre Broué.- Trotsky]

Se avanzaba, por tanto hacia la unificación. ¿Quién la forman? Además de Trotsky, Zinoviev y Kamenev nos encontramos con Kroupskaia, viuda de Lenin y que siempre estuvo con Zinoviev. Pero también tenemos a I. Tenissovitch Smilga que fue el benjamín del comité central y el cómplice de Lenín en su lucha por imponer al comité central la decisión de la insurrección. Economista y que durante la guerra tuvo conflictos con Trotsky. Más tarde fue uno de los dirigentes de la economía.

Pero la unificación no se hace sin reservas; pero a pesar de lo cual Trotsky la justifica ya que la Oposición estaría desde el momento de la unificación en los centros proletarios más grandes (Leningrado y Moscú) La unificación se realiza ante la presencia de dos representantes (Preobrazensky y Smilga) de ambos núcleos.  Es precisamente a esta Oposición Unificada a la que se le conocerá como la Oposición de Izquierdas. Y dicha Oposición elabora su primer texto común apareciendo como una verdadera tendencia. Un texto firmado por trece responsables, cinco de ellos del representantes en el comité central (Evdokimov, Kamenev, Piatakov, Trotsky y Zinoviev). Por esto mismo el texto será reconocido como la  “declaración de los treces”. El texto es un texto político que viene a decir lo siguiente: “Parte de la afirmación según la cual la causa de las crisis que sacuden el partido y lo fraccionan se encuentran en el burocratismo que cierra la boca de los militantes y los conduce a callarse por miedo a las sanciones. La causa del desarrollo del burocratismo se encuentra en la imposibilidad de aplicar de otra manera una política que apunta a reducir en la sociedad el peso específico del proletariado.

Los ejemplos más claros de dicha política, prosigue la declaración, son suministrados por la actitud del comité central y su política de bajada de los salarios de hecho, de freno de la industrialización y de concesiones a las capas más acomodadas del campo.

Siguiendo un análisis de las  “deformaciones burocráticas en el Estado obrero”  y el recuerdo de la advertencia de Lenin sobre la necesidad de la defensa de los trabajadores frente al Estado, tarea de los sindicatos. El texto muestra paralelamente las deformaciones burocráticas del aparato del partido y describe sus consecuencias en la vida cotidiana de los obreros y campesinos como de la juventud.

Pasando al plano internacional, la declaración pone en guardia contra la elección de aliados oportunistas en el plano internacional en la lucha contra el imperialismo y la intervención militar, y señala la necesidad de un desplazamiento de la línea política de la Internacional comunista- indisolublemente ligada al régimen interno que le es impuesto” [Pierre Broué.- Trostky]

Una vez presentada la Oposición de Izquierdas sus militantes reciben –en septiembre de 1926 la orden de dar a conocer sus propuestas políticas, ya que se avecinaba la XV Conferencia del Partido.

Si embargo el aparato del Partido -la fracción de Stalin- Bujarin no se iba a quedar quieta y comienza la  represión contra la Oposición. En un primer momento realizan una táctica ya planteada en otras ocasiones la de sacar del país en  “misión diplomática” a algún dirigente de la Oposición. Pero esta vez iban a tener que cambiar a la larga. La primera medida fue la de trasladar a Kamenev al Japón, pero él rehusa marchar. Por consiguiente la dirección del Partido iba a ser más violenta. Por su parte en la Oposición comienzan a aparecer posiciones (los decistas) que ya plantean una organización independiente, es decir un  “nuevo partido”

En el mes de octubre los 5 miembros de la Oposición que pertenecen al comité central dirigen una carta a la dirección del Partido asegurando que  “quieren liquidar el conflicto y sentar las bases de un trabajo en común”. Pero Stalin no va aceptar, lo que pretende es una capitulación sin reservas. El 17 de octubre en el Pravda aparecen las condiciones que quería imponer el aparato: “declaración de sumisión sin condiciones a todas las decisiones de los organismos; reconocimiento del carácter inamisible de la actividad fraccional llevada a cabo después del XIV Congreso; reconocimiento de que la Oposición ha violado en Moscú y en Leningrado las decisiones sobre la inadmisibilidad de una discusión; el fin de todas las actividades fraccionales”.

El comité central del 23 de Octubre adopta las tesis de Stalin que consistían en califica a la Oposición como una “desviación socialdemócrata” y volvía a recoger las acusaciones contra los dirigentes de la Oposición de 1923. Por lo tanto ya se adivinaban cuales iban a ser las decisiones de la XV Conferencia del  Partido. Tanto Trotsky como Zinoviev son excluidos del Buró Político.

Stalin ya tiene las manos libres para imponer su teoría sobre el  “socialismo en un solo país”. Es lo que hará en la XV conferencia a la que sólo asistirán burócratas designados. Pero Stalín no puede prohibir la entrada de Trotsky, Zinoviev y Kamenev que todavía son miembros del comité central.

En dicha Conferencia Trotsky rechaza todas las acusaciones referidas a su persona. Sin embargo es claro y no renuncia a sus posiciones políticas, se reafirma en su afirmación de que “un verdadero triunfo de la economía socialista” sólo será posible en Rusia después del triunfo del proletariado en los países más importante de Europa. Trotsky recoge la antorcha de Lenin y de todos aquellos revolucionarios, como Rosa y su compañero de que el socialismo sólo es posible a nivel internacional. Pero además, dirigiéndose a Bujarin y a Stalin arremete contra la teoría stalinista: “Pretendo que no existe razón teórica o política de creer que realizaremos el socialismo más fácilmente con el campesinado si el proletariado europeo no conquistara el poder. [...] Creo todavía hoy que la victoria del socialismo en nuestro país no es posible más que al mismo tiempo que la revolución victoriosa del proletariado europeo. Esto no quiere decir que nuestra edificación no sea socialista y que no podamos, que no debamos acelerar dicha edificación con toda nuestra energía.” [Pierre Broué.- Trotsky]

Después de este debate en la XV Conferencia la situación es clara: la Oposición es derrotada pero no amordazada. Trotsky al día siguiente de la Conferencia vuelve a analizar la situación, vuelve a la  “revolución rusa”. Ve el peligro fundamental ya que se está produciendo la separación entre el campesinado y el proletariado, precisamente la alianza que permitió el triunfo de la Revolución. En dicha separación ve una posible  “restauración” del capitalismo ya que “el campesinado, bajo la forma de clase precapitalista, ha sido resucitada por la Nep; el capital comercial al que ha dado nacimiento crea un peligro político que se expresa por los almacenamientos y por el rechazo de los repartos” 

La Cuestión China

En el invierno de 1926-1927 pareciera que la Oposición Unificada hubiera muerto, ya que su actividad pasa por un verdadero eclipse después de la XV Conferencia. Además: “No tenemos, en este período, prácticamente ningún testimonio directo de miembros de la Oposición. Tenemos, en revancha, el de renegados, publicados o citados en la prensa, y, por esta simple razón, sujetos a garantía, ya que son de hecho denuncias” [Pierre Broué.-Trotsky]

A pesar de lo dicho la Oposición sigue con sus debates y actuando. Pero la represión lleva al reemplazo de algunos de sus responsables. Se produce también la ruptura de los desistes con la Oposición. 

La tensión crece dentro de la Oposición cuando Radek y Piatakov se alían a los zinovievistas para prohibir a Trotsky que reclame la salida del Kuomintan y que propugnara para China un perspectiva basada en la teoría de la  “revolución permanente” Ya que según Broué tanto Radek como Piatakov se habían vuelto pesimistas por lo que  “se oponen a la ruptura del PCC con el Kuomintan, preconizada por Trotsky”. Los acontecimientos de China iban a producir un seísmo político que por otra parte iba a reactivar a la Oposición unificada.

 “Ahora bien el destino de China se juega en la primavera de 1926 donde aparece muy claramente ante todos los observadores serios que el jefe del Kuomintan, el general Chian Kai- chek, miembro de honor del presidium de la KOMINTERN, no espera más que una ocasión para aplastar en sangre el movimiento obrero y campesino chino así como a la revolución ascendente” [Pierre Broué.- Communistes contre Staline]

K. Radek había advertido en abril de 1926 la existencia de la posibilidad de un golpe de Estado dentro del Kuomintan. Stalin se mofó de tal observación. Hay que partir del hecho de que Stalin estaba aplicando una política dentro del PCC, siguiendo de una manera mecánica la vieja fórmula algebraica de la  “dictadura democrática de los obreros y campesinos” , tanto Stalin como Bujarin aseguraban que Kuomintan era un  “partido obrero y campesino” y que dentro de las perspectiva del  “bloque de cuatro clases” Chian Kia- chet representaba la  burguesía nacional. Por su parte dicha burguesía (Chian Kia- chet) tenía otras perspectivas
“Chian Kai- chet, él, sabía que la alianza no será eterna y que no habrá constituido más que una etapa hacia el poder y una reconciliación que espera en hacerse pagar por el imperialismo. La campaña del Norte es el pretexto para “acosar a los rangos” y para subordinar las organizaciones obreras y campesinas al gobierno y al ejército. Chian Kai- chet deja al señor de la guerra de Shangai ahogar en sangre una insurrección obrera a la que tendía los brazos. Entró finalmente como  “vencedor” en gran puerto, y organiza minuciosamente su golpe de fuerza con la ayuda de los banqueros extranjeros...” [Pierre Broué.-Trotsky]

Stalin- Bujarin no retroceden es más apoyan la entrada de ministros comunistas el gobierno del Kuomitan para “hacer respetar el orden a los obreros y campesinos”. ¿Qué opina la Oposición? Trotsky se opone desde el principio a la entrada de ministros comunistas en gobierno de este tipo. Pero hay que partir del hecho de que en este momento él se encontraba en minoría dentro de la Oposición.

Trotsky sólo se decide a intervenir públicamente -es decir a finales de marzo de 1927- cuando recibe el apoyo de sus camaradas, principalmente el de Radek. Este ya cuestionaba la política de Stalin- Bujarin con respecto a China. Por su parte Trotsky no recibe un apoyo completo ya que Radek y sus camaradas se lo dan con un determinado límite: “no debe cuestionar las relaciones del PCC con el Kuomintan y precisar de que la revolución China se trata de una "revolución nacional- democrática”.  Trotsky no lleva a cabo una crítica basada en sus propias tesis, ya que acepta la disciplina que le impone la Oposición.

¿Qué diferencia con la burocracia representada por Stalin- Bujarin? Dicha fracción vuelve a tratar la situación de una forma   “administrativa” y el 11 de abril de 1927 destituyen a Radek como rector de la Universidad de Sun Yat-sen.

La cuestión china, sobre todo a partir del desastre de Shangai motiva a muchos militantes y se convierte en un motivo para recuperar el trabajo en la Oposición. Hay que tener en cuenta que dicha cuestión deviene esencial  a lo largo de 1927, precisamente a las puertas del XV Congreso del PC. Un congreso que va a ser preparado por la Oposición y ante el cual presentarán una Plataforma en donde al hablar de la cuestión china nos dirán: “La derrota de la revolución china modificó la actual correlación de fuerzas en provecho del imperialismo, aunque claro está que sólo transitoriamente. Inevitablemente han de producirse en China nuevos conflictos revolucionarios, una nueva revolución. La situación general lo garantiza así.

Los líderes oportunistas se esfuerzan por explicar su fracaso por la llamada  “correlación objetiva de sus fuerzas”. Olvidan que todavía ayer predecían una rápida revolución socialista en China sobre la base de esa misma correlación de fuerzas.

La causa decisiva del infortunado resultado de la revolución china en la fase actual fue la política fundamentalmente equivocada de la dirección del Partido Comunista Ruso y de toda la Internacional. El resultado neto de esta política fue que en el momento decisivo no había en China un verdadero partido bolchevique. Acusar solamente ahora a los comunistas chinos es superficial y despreciable.

En China tuvimos un experimento clásico de la aplicación táctica menchevique de la revolución democrático- burguesa. Por eso el proletariado chino no sólo no ha alcanzado un victorioso “1905” (Lenin), sino que ha desempeñado ahora el mismo papel que desempeñó el proletariado europeo en 1848. [Trotsky.- La situación en Rusia después de la revolución]

La “cuestión china” evidentemente se convierte en tema central en el debate internacional; pero el debate también se une a la cuestión del  “comité sindical anglo- ruso”, una alianza que se realizó en 1923 entre los sindicatos soviéticos y los sindicatos ingleses. Pero en 1926 se produce una  “traición” ( a los ojos de Trotsky) por parte del consejo general de los sindicatos. El mismo Trotsky en su libro sobre los sindicatos nos dice: “La desastrosa experiencia del Comité Anglo- Ruso se debe enteramente a que se pisoteó la independencia del Partido Comunista Británico. Para que los sindicatos soviéticos pudieran mantener el bloque con los rompehuelgas del Consejo General (¡supuestamente por intereses de Estado de la URSS!), debía privárselo de toda independencia. Para lograrlo, se disolvió prácticamente el partido en el llamado Movimiento de la Minoría, oposición de izquierda en el seno de los sindicatos”. [Trotsky.- Acerca de los sindicatos]

El Consejo General había traicionado la huelga de los mineros, por esto mismo propone abandonar el comité. Por su parte Stalin- Bujarin rechazan tal propuesta ya que consideran el Comité Anglo- Ruso como un  “triunfo” diplomático. Sin embargo serán los sindicatos ingleses que al apoya la política antisoviética del gobierno conservador británico los que decidirán salirse de dicho comité.

La Oposición ya habla, desde este momento, de dos líneas en la URSS. Una dominada por el desarrollo de las fuerzas productivas que aspiran a unareestructuración del capitalismo y que viene propiciada por el ascenso del koulak, lo que propicia un debilitamiento a nivel internacional de la Unión Soviética.

La Oposición precisa que a esta política es necesario oponer una  “política proletaria”. Una política que exige “la mejora de las condiciones de vida materiales, política y culturales de la clase obrera”.

El aparato no tiene más que la salida administrativa y encuentra diversos pretextos para lanzar una nueva ofensiva en contra de la Oposición. Así  en mayo se prohíbe la entrada en la sesión del ejecutivo de la Internacional a Zinoviev. Trotsky protesta en vano. Es también la etapa en que Kroupskaia rompe con la Oposición, pero en ningún momento denuncia a ninguno de sus miembros. La represión stalinista sigue su curso, numerosos dirigentes de la Oposición (Preobrazensky, Piatakov, Kamenev, Safarov...) son enviados a misiones diplomáticas. El mismo I. T. Smilga, viceprimerministro de Gosplan es nombrado presidente del Banca de Extremo Oriente.

Y ya en Agosto se propone la exclusión del comité central tanto de Zinoviev como de Trotsky, aunque todavía les dejan una puerta abierta que pasa por la  condena de la acusación de Thermidor, y el fin de la escisión y de toda política fracional. Condiciones que en última instancia suponía una capitulación incondicional.

Broué (en su Trotsky) relata las maniobras de Stalin para conseguir sus propósitos con respecto a Trotsky y Zinoviev. Así en una solución de la comisión de control de agosto se señala que la contestación de la Oposición era poco satisfactoria. Hay que tener en cuenta que la Oposición había contestado a la propuesta de la fracción de Stalin- Bujarin con una declaración (la Declaración de los trece) en la que rechazan las acusaciones y donde piden además que sean readmitidos todos aquellos que acepten la disciplina con la   “garantía de que pudieran defender sus puntos de vista”. Por consiguiente inmediatamente Trotsky y Zinoviev fueron excluidos.

Pero ocurre una sorpresa y  es la aparición en el Boletín comunista de Souvarine aparece una “Carta a Moscú” en la que se señala la moderación de Ordjonikidzé (que fue el que presentó la relación a la comisión de control), y su resistencia a la exclusión. Es más dicha carta venía afirmar que la exclusión fue votada en ausencia de Ordjonikidzé.
Por consiguiente el desarrollo del siguiente pleno fue violento, donde Stalin ya habla de  “guerra civil” para separar a los cuadros. El pleno acaba siendo un fracaso para Stalin.

A su vez la Oposición conoce un debate profundo mientras se está preparando el XV Congreso del PC. Vuelve a aparecer la posibilidad del  “segundo partido”. El mismo Zinoviev reconoce que es posible llegar a ser excluido del Partido, pero que el deber de un  “excluido” es continuar su trabajo, no orientarse a la formación de un  “segundo partido”, sino continuar trabajado por un desplazamiento del partido hacia la línea proletaria.

La oposición, una vez terminado el debate y preservada la unidad con Zinoviev se dedica a preparar un documento de cara al XV Congreso. Documento que lleva por título Plataforma de la Oposición. La Crisis del partido y los medios de superarla. Un documento donde se analizaba la situación de la Unión Soviética. Trotsky escribió el capítulo sobre la industrialización, Zinoviev y Kamenev escriben conjuntamente los dos capítulos sobre la Internacional. Un documento donde se análisis se realiza desde el punto de vista de clase. Así cuando habla de la  situación de la clase obrera se afirma

 “El factor decisivo para apreciar el progreso de nuestro país por el camino de la construcción socialista debe ser el desarrollo de nuestras fuerzas productivas y el predominio de los elementos socialistas sobre los capitalistas, unido a un mejoramiento de todas las condiciones de existencia de la clase obrera. Este mejoramiento debe manifestarse en la esfera material (número de obreros empleados en la industria, elevación de los salarios reales, carácter del presupuesto obrero, condiciones de vida, asistencia médica, etc.), en la esfera política (partido, sindicatos, soviets, juventudes comunistas) y, finalmente, en la esfera cultural (escuelas, libros, periódicos, teatros). El esfuerzo por retrotraes a un segundo plano los intereses concretos esenciales del obrero y contrastarlo bajo el desdeficioso epíteto de “socialismo corporativo” con el interés histórico general de la clase trabajadora es teóricamente falso y políticamente peligroso” [Trotsky.- La situación en Rusia después de la Revolución]

La publicación de la Plataforma lleva a la fracción de Stalin a recurrir a métodos más radicales. Por un lado la Plataforma nunca será publicada en el Partido. Y la prohibición se realiza con la excusa de que era un trabajo fraccional y de que as fracciones estaban prohibidas. En realidad se estaba produciendo el último asalto por parte de Stalin el cual no iba a permitir ningún tipo de discusión en el XV Congreso del Partido. En cualquier momento tenía que producir una  “provocación” por parte de la fracción de Stalin

Así la noche del 12 al 13 de septiembre de 1927, un grupo de agentes del GPU indaga en un local y realiza varias detenciones. Al día siguiente un comunicado del GPU (ver Communistes contre Staline) da la clave de dicha provocación. Dicho comunicado explica habían sido puesto sobre la pista de un  “sin partido” cuyo nombre era Chtcherbakov que se había dirigido a un  “oficial de Wrangel” (antiguo patrono de los Blancos a final de la guerra civil) para procurale un duplicador.

A partir de este hecho comienza una nueva represión del aparato stalinista a pesar de las protestas de la Oposición por la provocación. Cuando en realidad el antiguo oficial de Wrangel es un agente de total confianza del GPU y más tarde del mismo Stalin.

Ya en Octubre Stalin vuelve a relanzar la ofensiva para obtener esta vez la exclusión de Trotsky y Zinoviev del comité central lo cual consigue y excluye de todos sus rangos tanto a Trotsky como a Zinoviev En este mismo comité central Trotsky habla, realiza un discurso ante la medida de exclusión y viene a decir

 “La tarea inmediata que se ha impuesto Stalin es dividir al partido, suprimir la Oposición, acostumbrar al partido al método de la destrucción física. Por unos momentos el régimen de Stalin ha interrumpido su sistema de utilizar los puñetazos, el lanzamiento de libros y piedras, los barrotes de la cárcel, etc., contra los miembros de la Oposición; pero es inevitable que se vuelva a lo mismo. ¿Por qué los Yaroslavskys, los Shverniks, los Goloshchokins y otros va a ponerse a discutir con la Oposición sobre las estadísticas del Gobierno cuando pueden arroja un grueso volumen de esas estadísticas a la cabeza de un oposicionista? El estalinismo encuentra en este acto su más desenfrenada expresión. Vuelvo a repetir que estos métodos fascistas no son otra cosa que la ejecución inconsciente y ciega de los designios sociales de otras clases. El fin que se persigue es suprimir la Oposición y destruirla físicamente. Ya hay voces preparadas a gritar:  “Expulsemos a  mil  y fusilemos a un centenar para que reine la paz en el partido”. Estas voces proceden de hombres aterrados y dignos de lástima, aunque también diabólicamente ciegos. Es la voz del Termidor. Los peores elementos, corrompidos por el poder, cegados por el odio burocrático, están preparando el Termidor con toda su energía. Para ello tienen necesidad de dos partidos. Pero su violencia saltará en pedazos si tropieza con una trayectoria política certera. Por devoción a esta trayectoria mantiénese firme el denuedo revolucionario de las filas de la Oposición. Stalin no creará dos partidos. Nosotros le decimos al partido con toda franqueza: la dictadura del proletariado se halla en peligro. Y creemos firmemente que el partido, que su núcleo proletario, advertirá, comprenderá y afrontará este peligro. El partido se ha estremecido ya profundamente. Mañana se estremecerá hasta lo más hondo” [Trotsky.- La situación en Rusia después de la Revolución]

El aparato stalinista no conoce la democracia ni por consiguiente la libertad de expresión, por esto mismo no podía quedar contentos con esta victoria, necesitaban algo más.Era preciso borrar a Trotsky del Partido Comunista. El siguiente paso se producía el  14 de noviembre de 1927, en una reunión común del comité central y de la comisión de control del Partido se toma la decisión de expulsar del Partido Comunista tanto a Zinoviev como a Trotsky. Stalin conseguía por fin su objetivo. ¡Diez años después de la Revolución de Octubre!

El 16 de noviembre del mismo año A. A. Joffe toma la decisión de suicidarse dejando una carta de despedida con la que comenzábamos el artículo y donde continuaba diciendo a Trotsky

 “Siempre habéis tenido razón en política desde 1905 y Lenin también lo ha reconocido. A menudo os he contado lo que le he oído decir yo mismo: en 1905, eras tu, no él, quien tenía razón. En la hora de la muerte, no se miente, os lo repito todavía hoy.

Pero tu a menudo has dejado la posición justa a favor de una unificación, de un compromiso del que habéis subestimado el valor. Era un error. Lo repito: en política, siempre habéis tenido razón, y ahora más que nunca tenéis razón. Un día el Partido lo comprenderá y la historia se verá obligada a reconocerlo” [Pierre Broué.-Trotsky]

Es el homenaje, poco antes de morir al amigo, al compañero al camarada que ha de continuar la lucha. Es la trágica despedida de un viejo bolchevique que ha perdido y que ya no quiere continuas y antes de irse sin renegar de nada quiere dejar su testimonio a la historia.

La lucha va a continuar, y la Oposición y el mismo Trotsky van a conocer desde el destierro hasta la represión física. E incluida la prisión  Y en este desarrollo de la lucha contra la burocracia aparecerá una nueva generación de bolcheviques que se unirán a la Oposición.

Bibliografía
Pierre BROUÉ.- Trotsky. Fayard. París 1988

- Communistes contre Staline. Fayard. París 2003

Leon TROTSKY.-  La situación en Rusia después de la Revolución. Distribuidora Baires. Buenos Aires 1973

-  Acerca de los sindicatos. Fundación Federico Engels. Madrid  2000