11/6/09

Nietzsche y el Comunismo


Werner Horvath [Alemania] Friedrich Nietzsche – Las tres transformaciones

Nicolás González Varela   /  Rebelión

 

1. Un arúspice de la contrarrevolución

En un artículo anterior tratamos de sumarnos a este intento de lectura crítica, de “situar” en las coordenadas histórico-políticas las primeras obras de Nietzsche, hablábamos de El Nacimiento de la Tragedia desde el Espíritu de la Música de 1872 y de textos coetáneos. La tarea era entender al filósofo comototus politicus y pensar junto con los textos (manuscritos y correspondencia) que la etapa comprendida entre los años 1869-1879 podía entenderse como el intento y la frustración de llevar a la práctica una plataforma política reaccionaria, antimodernista y esencialmente anticomunista. Sostenemos que los textos escritos por Nietzsche desde Die Geburt… hasta las Consideraciones Intempestivas podían comprenderse comowagnerian Streitschriften, escritos de combate político wagneriano e inclusos líneas prácticas de aplicación de un verdadero programa aristócrata y reactionnaire.

Aunque El Nacimiento de la Tragedia, el primer libro de Nietzsche, no reflexiona sobre política per se, ya que los elementos de la fundamentación socio-política fueron eliminados por consejo de los Wagner al ser demasiado reaccionarios, es indudable supathos político anidando entre líneas. Ciertos anacronismos sorprendentes para un filólogo, ciertos tiempos verbales en presente del indicativo, el uso de un sospechoso “nosotros” partidario, señalan sin dudas que el libro es una invitación a la reflexión de los problemas alemanes y europeos actuales: es un libro-anzuelo. Quedan en este palimpsesto los restos de las reflexiones del manuscrito escrito en Lugano sobre el estado, la lucha de clases, la plusvalía y la cuestión obrera. Temas que ya analizamos en artículos anteriores. Pero hay dos irrupciones abruptas, desenfrenadas, violentas, incluso para la hermenéutica de la inocencia del Nietzschéisme, en el seductor discurso wagneriano sobre la Artistenmetaphysik. La primera es en el capítulo XVIII. Después de diagnosticar que todo nuestro mundo moderno está enfermo y prisionera en la red de la cultura socrática, hace un paralelismo entre la muerte de la tragedia griega y la crisis revolucionarias. 

Nietzsche afirma que no debemos ocultarnos más lo que oculta el Sokratismus moderno: “¡Un optimismo (Optimismus) que se imagina no tener barreras! ¡Ahora debemos no asustarnos si los frutos de ese optimismo maduran, si la sociedad, acedada hasta en sus capas más bajas por semejante cultura, se estremece poco a poco bajo hervores y deseos exuberantes, si la creencia en la posibilidad que tal cultura universal del saber se trueca, poco a poco, en la amenazadora exigencia de semejante felicidad terrenal alejandrina, en el conjunto de un deux ex machinaeuripídeo! Nótese esto: la cultura alejandrina necesita de un estamento de esclavos (Sklavenstand) para poder tener una existencia duradera; pero, en su consideración optimista de la existencia, niega la necesidad de tal estamento, y por ello, cuando se ha gastado el efecto de sus bellas palabras seductoras y tranquilizadoras acerca de la ‘Dignidad del Hombre’ (Würde des Menschen) y de la ‘Dignidad del Trabajo’ (Würde der Arbeit), se encamina poco a poco hacia una aniquilación horripilante (grauenvollen Vernichtung). No hay nada más terrible que un estamento bárbaro de esclavos (barbarischen Sklavenstand) que haya aprendido a considerar su existencia como una injusticia (Existenz als ein Unrecht) y que se disponga a tomar venganza no sólo para sí, sino para todas las generaciones.” Nietzsche llama a estas situaciones revolucionarias, como las que vivió en Basilea (las huelgas salvajes de 1868/69) o las que pudo seguir detenidamente como la Commune de París (1871), como “amenazadoras tempestades” (drohenden Stürmen) al eternamente igual orden aristocrático de la Naturaleza. Pero aún así es posible interpretar entrelíneas el claro mensaje político del filólogo.

Otra irrupción sucede en el capítulo XIX: hablando de la ópera moderna (¡en un libro sobre la tragedia griega!) Nietzsche concluye que la génesis de este tipo de arte degenerado “reside en la satisfacción de una necesidad totalmente no-estética, en la glorificación optimista del ser humano en sí (optimistischen Verherrlichung des Menschen), en la concepción del hombre primitivo como hombre bueno y artístico por naturaleza: ese principio de la ópera se ha transformado poco a poco en unaexigencia amenazadora y espantosa, que, teniendo en cuenta a los movimientos socialistas del presente (sozialistischen Bewegungen der Gegenwart), nosotros no podemos ya de dejar oír. El ‘Subhombre bueno’ (gute Urmensch) quiere sus derechos. ¡Qué perspectivas paradisíacas!”. ¡El pobre quiere derechos! ¡Qué escándalo, nos dice Nietzsche! Y este reclamo de masas se inscribe en todo: en la lógica, el estilo, en la prensa, en la ópera, en la misma filosofía y, como veremos, en la educación burguesa. El proletariado moderno, como los ilotas, pertenecen a una subclase de hombres que tiene su lugar inamovible en elOrdnungnatural. Orden del que sólo intenta elevarse gracias a que le han “enseñado” (tribunos anarquistas, publicistas socialistas, periodistas comunistas, sindicatos, partidos progresistas) a considerar su Existenz als ein Utrecht. 

Si nos remitimos a la evolución filosófica escolar de Nietzsche no debemos nunca dejar de lado su paralelo y sumergido desarrollo propiamente político. Ya vimos su temprano fervor adolescente por las guerras antinapoleónicas, su idolatría por Napoleón III y el Bundeskanzler Otto von Bismarck su repugnancia por el Iluminismo y la Gran Revolución Francesa, su profesión de fe nacional-liberal prusiana y participación en la campaña electoral de 1866, su chauvinismo en la Guerra Franco-Prusiana (1870/1). Pero lentamente Nietzsche comienza a decepcionarse del IIº Reich: descorazonante es para conservadores y reaccionarios el cuadro que empieza a presentar Prusia y la nueva Alemania a fines de 1871. La artificiosa y antinatural ingeniería social de los Junkers (política de revolución “desde arriba”, la vía prusiana al capitalismo) implicaba un “Iluminismo popular” que amenazaba con abrir la puerta no sólo a la decadencia, sino a la misma revolución. El fantasma del comunismo recorría las reformas sociales y las nuevas instituciones parlamentarias guillerminas. Pese a la intrincada situación interior y a la vigorosa oposición conservadora en el Reichstag (los conservadores llegaban al insulto personal) Bismarck promulgó una legislación social extraordinaria para la época, modélicamente populista, incluso en comparación con EEUU. Decretó, bajo inspiración del pensamiento social-cristiano y la izquierda liberal, un seguro por accidentes de trabajo, seguro de enfermedad, invalidez y vejez. Por primera vez amplias clases de trabajadores tenían cubierto el riesgo a lo largo de su vida y una vejez más o menos digna. Además suprimió el derecho patrimonial de la nobleza terrateniente e impuso un Código Civil inspirado en el napoleónico. Esto era acompañado de una política represiva contra la naciente y cada vez más poderosa socialdemocracia inspirada en Engels y Marx. Hasta los nacional-liberales alemanes, asustados, afirmaron que Bismarck se estaba deslizando por la pendiente que conducía al comunismo. 

Nietzsche que sigue atentamente los sucesos políticos lo tiene muy claro: esta Weltanschauung antihelénica y antigermánica lentamente se apodera del IIº Reich, una política delressentiment, que se expresa a través del sufragio universal, las ficciones alucinatorias (Dignidad del Hombre, Dignidad del Trabajo, Felicidad para Todos, progreso indefinido) y con esa institución de indudable tufo hegeliano llamada “educación popular” (Volksbildung). Después de la batalla de Sedán se abría para los reaccionarios alemanes un horizonte despejado y de esperanza. Guiado por una Prusia hegemónica, los sectores más conservadores y recalcitrantes de la derecha comienza a inquietarse por el espectáculo populista que se despliega a sus ojos: el Volksaufklärung, “Iluminismo populista” de Bismarck. El tibio “socialismo de estado” guillermino construye una insensata superestructura democrática, tiende hacia las despreciables formas republicanas, se transforma en un medio e instrumento de movilidad y promoción social, cuyo mascarón de proa más visible y dañino es la instrucción popular burguesa, laVolksbildung. Es el Sokratismus en su quinta esencia. Nietzsche tendrá oportunidad de combatirlo desde una tribuna pública en la misma Basilea. Como señala su biógrafo Janz “en esta conferencias Nietzsche presenta sus reivindicaciones crítico-culturales, que también contienen una buena dosis de crítica social.” Las Vortgrage serán, sobre el marco general esbozado en El Nacimiento de la Tragedia, la parte práctica del programa. 

“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma …”: la famosa primera frase del Manifiesto Comunista de Engels y Marx sería una excelente descripción del anticlímax que se apoderaba de muchos pensadores conservadores y reaccionarios europeos luego de la Commune de Paris (1871). En el caso de Neitzsche no necesitamos circunscribirnos al libro El Nacimiento de la Tragedia, a los fragmentos póstumos o a su correspondencia. Nietzsche sostenía estas ideas adelante del mismo público sin pudor.

El pathos reaccionario y antimodernista colorea textos preparatorios del libro, correspondencia, fragmentos póstumos e incluso una intervención política pública (la última de su vida). Anteriormente Nietzsche había dado una conferencia pública, se trataba de un breve estudio sobre las condiciones religiosas de los emigrantes alemanes en los Estados Unidos de América, titulado Die kirchlichen Zustände der Deutschen in Nordamerika (1865). Ahora las circunstancias históricas han cambiado: ha nacido la gran Alemania en forma imperial, se ha producido laCommune de París que lo había conmocionado profundamente: “ aquella tendencia (Hang) hacia la ‘Commune’, hacia la forma más primitiva de la sociedad (primitivsten Gesellschafts-Form), por otro lado usual en todos los socialistas de Europa…”; además ahora es un catedrático y podía expresar sus “augurios” a la elite de la conservadora Basilea. Su biógrafo más importante, Curt Paul Janz, nos dice que con estas conferencias sobre educación Nietzsche, después de haber publicado su primer libro El Nacimiento de la Tragedia, toma “definitivamente el derrotero en el que lo habremos de ver hasta el final de su vida.” Nada más ni nada menos. Así que estos discursos marcan el giro hacia un pathos que en su esencia jamás abandonará. De tal manera que tanto en esencia como en motivos y argumentos el Nietzsche político jamás abandonará esta línea de combate. Las conferencias son las medidas prácticas no expresadas enEl Nacimiento de la Tragedia, y su objetivo es la educación del pueblo alemán. Cuando fueron editadas en formato libro, Nietzsche le agregó un Vorrede y una aclaración al lector. En el Vorrede nos advierte que el tema a tratar es tan serio e importante como inquietante. Al sorprendido público suizo le anuncia que el no hablará del sistema educativo de Basilea sino del de la nueva y victoriosa Alemania. Y el objetivo final es “una renovación, un rejuvenecimiento y una purificación del Espíritu Alemán (Deutsche Geist)…” El objeto polémico de saneamiento y profilaxis es el IIº Reich, el iluminismo popular de Bismarck, su política educativa y su sistema de educación general y popular.

Nietzsche se autodenomina profeta, heraldo y portavoz de una buena nueva. Utilizará una figura retórica que repetirá: se presenta al auditorio como un profeta inactual, como un arúspice romano, que no hace meros proyectos utópicos, sino que profetiza el futuro inspirándose en el análisis concreto de la situación concreta: “permítaseme adivinar el porvenir basándome exclusivamente, como un augur romano, en las vísceras del presente: en este caso equivale sencillamente a prometer una futura victoria a una tendencia cultural ya existente.” No es casualidad que a sus lectores (y oyentes) los denomina “combatientes, quienes están henchidos de esperanza.” Para convocarlos a esta lucha milenaria contra la decadencia Nietzsche trae a colación al “gran Schiller”, el Schiller teutómano y henchido de galofobia, el Schiller sesgado y limitado a su Wilhelm Tell, la rebelión de los cantones de lengua alemana contra los Habsburgo. Nietzsche es el heraldo y portavoz antimodernista, que se enfrenta a los métodos modernos (en estética, en filología, en educación) que portan en su seno “el rasgo de la antinaturaleza…” Su diagnóstico de la situación es que existen en el IIº Reich dos tendencias aparentemente contrapuestas de acción (igualmente perjudiciales, vagamente identificadas con el liberalismo y los viejos reaccionarios): “una la tendencia hacia la máxima extensión de la Cultura; otra la tendencia a disminuirla y debilitarla.” Contra esta falsa antítesis, Nietzsche anuncia la única tendencia (Hang) verdadera y real que se basa en la ley necesaria de la Naturaleza: “la tendencia a la restricción y conservación de la Cultura, como antítesis de su máxima extensión posible (políticas liberales y democráticas), y la tendencia al refuerzo y a la autosuficiencia de la Cultura, como antítesis a su debilitación (conservadora).” En cambio lo que podrían conseguir las dos tendencias que pujan en el estado por imponer su predominio es “fundar una Cultura falsa.” Una novísima tendencia, que pretende superar tanto al liberalismo caduco como al anacrónico conservadurismo y de la que el propio Nietzsche se autodenomina profeta y augur. 

Este radicalismo aristocrático (o más bien revolucionario reaccionario, por paradójico que suene) aunque aparentemente esté en franca minoría y no se le aprecie, ni se le honre, no obstante, señala Nietzsche, finalmente “vencerá, como yo creo con plena confianza, ya que tiene de su parte el mayor y más potente aliado: la Naturaleza (Natur)…Todos los métodos modernos de educación llevan en su seno el rasgo de la Antinaturaleza, y que los defectos más fatales de nuestra época están relacionados precisamente con esos métodos antinaturales de educación.” La causa nietzscheana tiene de su lado la verdad, la “ley necesaria del orden de la Naturaleza”, las intenciones eternamente iguales de la jerarquía natural de las cosas. Nietzsche no se anda con medias tintas: “la restricción de la Cultura a pocas personas es una Ley necesaria de la Naturaleza y, en general, una verdad…”

La Advertencia, titulada “Prefacio que debe leerse antes de las conferencias a pesar de que no se refiere exactamente a ellas”, es un dispositivo de distinción clasista, Nietzsche nos lo recuerda con la figura retórica de un “blasón gentilicio que recuerde, a quien se acerque, a qué hacienda está a punto de entrar…” En ella primero, como en muchos de sus libros, despliega su filosofía de la lectura elitista. Identifica a su lector ideal-potencial, que deberá tener tres cualidades “deber ser tranquilo y leer sin prisa,, no debe hacer intervenir constantemente a su persona y a su ‘Cultura’,… y no tiene derecho a esperar, casi como resultado, proyectos.” Su conferencia (y libros) se dirigen a los “hombres serios” (en contraposición al optimismo del homo bourgeois), que están “al servicio de una Cultura completamente renovada y purificada…” Estos hombres serios cuando leen “conocen todavía el secreto de leer entre líneas…” y son los que cargan “con los dolores y las corrupciones del Espíritu Alemán…” Nietzsche se dirige a estos “pocos hombres”, como lo aclara, para enseñarles un “sentimiento enardecido por el elemento específico de nuestra barbarie alemana actual…”. Y se dirige para empujarlos a una acción política, para acicatear su inercia: “¡Leed al menos este libro para destruirlo a continuación con vuestra acción y hacerlo olvidar! Pensad que este libro está destinado a ser vuestro heraldo…” Las Über die Zukunft unserer Bildungs-Anstalten pueden ser consideradas, como veremos, una aplicación práctica del programa reaccionario del Partei Wagner, parcialmente prefigurado en el gran marco teórico del libro El Nacimiento de la Tragedia, y su objeto polémico de ataque no es otro que el Comunismo.

2. Preocupación por la Retórica

 “Sobre el porvenir de nuestras instituciones educativas” o la parte práctica del programa reaccionario: en la primera parte de este artículo habíamos comenzado a analizar a Nietzsche como conferenciante y tribuno político durante sus diez años de profesor ordinario de filología en Basilea. Se trataba de cinco conferencias sobre el porvenir del sistema educativo alemán, las Vortrage, que venimos analizando en sucesión cronológica, del 16 de enero al 23 de marzo de 1872.

Nietzsche, muy preocupado por la retórica (un tema político que ya trataremos más adelante), intenta un experimento en la forma literaria, que no tuvo una solución muy feliz. Las conferencias se asemejan a una suerte de diálogo platónico entre unos estudiantes y un filósofo eremita, yuxtaposición híbrida entre Richard Wagner y Arthur Schopenhauer, sus “maestros importantes”. Este dramatis personae le permite intercalar pensamientos de ambos en el contexto de su lucha contra la democratización de la educación. Se nota la falta reelaboración seria y el resultado es contraproducente y paródico. 

Otro rasgo es su empeño biográfico, donde aparentemente muchas situaciones retratadas son sucesos sacados de su propia vida (aunque muchos serán románticamente inventados, como el duelo a pistola, rasgo común en sus diferentes autobiografías). En cuanto a las tesis Nietzsche las expone con claridad, rigor y dureza externa, sin cortapisas, tanto que el historiador conservador (amigo, padrino académico y presente en el auditorio) Jacob Burckhardt escribió impresionado “¡Tenía que haber oído las cosas que dijo Nietzsche!... allí había un hombre de gran temple, que lo conoce todo de primera mano y lo sabe comunicar.” Aunque el ataque aparente era la institución secundaria alemana, el Realgymnasium prusiano, creado durante la Reforma protestante en el siglo XVI y originariamente creado para los niños más inteligentes y cultos entre las clases dominantes, su ataque era globalmente contra la Modernidad burguesa.

La primera aclaración de Nietzsche es en cuanto a lo referente lo que significa formarse y educarse según las leyes necesarias de la Naturaleza, ese Ordnung eterno, justo e inmutable: “ningún hombre tendría inclinación por formarse si supiera lo increíblemente pequeño que es, en definitiva, el número de personas que poseen una auténtica formación cultural (der wirklich Gebildeten) y que por fuerza tiene que ser así. A pesar de ello, no será posible ni siquiera a ese número pequeño de personas verdaderamente cultas desarrollarse, si se dedica la formación cultural a la gran masa (große Masse), decidida a ello exclusivamente por un engaño seductor y, en el fondo, impulsada a ello contra su propia naturaleza”. 

El canto de sirenas a las masas proviene de la publicística liberal y comunista, esos “¡Funestos corruptores, que han aniquilado el estado de inocencia del esclavo (Unschuldsstand des Sklaven) mediante el fruto del árbol del conocimiento!” (Nachlass). El formación sólo tiene sentido de razón de estado (Nietzsche utiliza un término bien althusseriano, Bildungsapparat) si busca, genera y resguarda a los mejores, a la figura aristocrática del Genio (Genius): “el verdadero secreto de la formación cultural debe encontrarse… en el hecho de que innumerables hombres aspiran a la formación cultural y trabajan con vistas a ella, aparentemente, pero en realidad sólo para hacer posibles a algunos pocos hombres (um einige wenige Menschen).” Su biógrafo Janz llama piadosamente a este pathos reaccionario de la conferencia una suerte de “ética de la aristocracia intelectual”, pero su extremismo clasista y selectivo sorprende: “las características más despreciables de nuestra época, que pretende poseer formación cultural, es democratizar los derechos del Genio (demokratisiert die Rechte des Genius) para eludir el trabajo cultural propio y la miseria cultural propia… Cuando es posible, todos prefieren sentarse a la sombra del árol que ha plantado el Genio. Ellos quisieran substraerse a la dura necesidad de trabajar para el genio (Man möchte sich jener schweren Notwendigkeit entziehn, für den Genius arbeiten zu müssen), con el fin de hacer posible su aparición.” Estas son repeticiones de sus tesis más extremistas de su escrito Der griechische Staat, el texto sacado finalmente de El nacimiento de la Tragedia por consejo de Wagner. 

Para Nietzsche la polis de Atenas, el ideal del neohumanismo alemán, en contraposición con el Staat dórico (Esparta), era una decadente y degenerada Ochlokratie, incompatible con la generación de genios. El Genio sólo puede generarse y expresarse en un estado autoritario estilo dórico: ““La ‘dignidad del trabajo’ (Würde der Arbeit) es una idea moderna ilusoria (moderne Wahnvorstellung) de los más tonto. Es un sueño de esclavos (raum von Sklaven). Todos se atormentan por seguir vegetando miserablemente… El Estado (ideal) surge del modo más cruel mediante la sumisión y la generación de una especie de zánganos (Drohnengeschlechts)… el estado ha de preparar la generación y la comprensión del Genio (Genius)… 

La situación respecto al lenguaje es análoga: el lenguaje es una criatura de los seres más geniales, para el uso de los seres más geniales, mientras el Pueblo (Volk) lo usa para cosas más nimias y, por decirlo así, sólo utiliza los desperdicios… debe afirmarse la necesidad de los esclavos (Nothwendigkeit der Sklaven) para el interés de una Cultura. Hay que luchar contra la opinión de que el objetivo de la Humanidad está en el futuro, por ejemplo, una completa negación en masse. La Humanidad no existe por sí misma…” El objetivo de la próxima revolución conservadora será recomponer la verdadera (y natural) imagen trágica y pesimista que poseía la verdadera esencia helénica (dórica) y su adecuada expresión en el mismo estado. El estado que “es, en cuanto a su fin supremo (etzten Zweck), una institución de defensa y de cuidado (Schutz- und Pflegeanstalt) para los individuos, o sea: para el Genio (Genius)”. Ya Nietzsche había desarrollado esta idea en su Nachlass con la dureza que le caracteriza: “Große Genies sind den Alltagsfliegen unfaßbar und recht eigentlich unberechenbar” (Los grandes genios son inalcanzables y verdaderamente imprevisibles para las moscas comunes; Nachlass, 2, 20). Y la amenaza final a la Kultur germánico-trágica será la tentación burguesa de otorgarles una formación educativa y cultural a estas moscas comunes.

Efectos perversos y ley del valor: costos del dominio del capital: Llegado a este punto Nietzsche realiza un intento de entender el surgimiento de la educación (y del bienestar general) introduciendo sorpresivamente la dimensión de la Economía Política, conocida en Alemania en el siglo XIX con el nombre de “Economía Nacional”. Sabemos el interés de Nietzsche por esta nueva ciencia surgida con el ascenso del capitalismo, como señalamos en otro artículo. La tendencia liberal (que deriva inevitablemente hacia el comunismo) de extender y difundir lo más posible la formación cultural procede de la misma lógica interna de la Ley del Valor: “creo haber notado de donde procede esa tendencia…esa extensión va contenida en los dogmas preferidos de la Economía Política de nuestra época (national- ökonomischen Dogmen der Gegenwart).

Conocimiento y Formación Cultural (Erkenntnis und Bildung) en la mayor cantidad posible –producción y necesidades en la mayor cantidad posible – (daher möglichst viel Produktion und Bedürfnis), Felicidad en la mayor cantidad posible: ésa es la fórmula poco más o menos… el objetivo último de la Formación Cultural es la ‘Utilidad’ (Nutzen)… más concretamente la ‘Ganancia’ (Erwerb), un beneficio en dinero que sea el mayor posible (den möglichst großen Geldgewinn).” Nietzsche se posiciona irónicamente contra la corriente de economía política alemana inspirada por Friedrich W. G. Hegel y Friedrich List, la llamada Historische Schule der Nationalökonomie. Las ideas básicas de esta corriente, una ideología del desarrollo que se identificaba con los intereses de la naciente burguesía del Oeste y Sur de Alemania, era el crecimiento de la industria de bienes, alto proteccionismo y rol fundamental e intervencionista del estado. Una de las piedras de toque del sistema para lograr una Alemania industrial era lo que llamaban la “educación industrial” a la fuerza de trabajo para acelerar la productividad media, lo que significaba una modificación radical del sistema educativo y masificación de la oferta de formación profesional. Aunque hoy parezcan ideas inocuas, en el contexto alemán de 1860 tenían un toque casi revolucionario: de una de sus ramificaciones incluso surgió una corriente llamada Katheder Sozialismus, “Socialismo de Cátedra” (que se enfrentaría al mismo Marx). 

La Nationalökonomie se oponía a los poderosos intereses de la aristocracia Junker, en especial los prusianos, que basaban su riqueza en el latifundio y la exportación de granos a Inglaterra; por el otro a la vieja burguesía comercial de los puertos del Norte (que basaba su poder en el libre comercio). Por supuesto: las viejas clases dominantes atacaron con saña y todos los medios a su alcance este reformismo burgués intolerable. Uno de los economistas principales de la escuela, Bruno Hildebrand, se vio obligado a emigrar a Suiza perseguido por el gobierno reaccionario de Hasse debido a su compromiso con la revolución de 1848 y dio clases, contemporáneamente a Nietzsche, en las universidades de Zürich y Berna. Su vida pública fue muy influyente, creando el primer servicio de estadísticas de Suiza y escribía notas de economía y sobre la cuestión social en diarios que Nietzsche podría haber leído. 

En otro artículo analizamos los conocimientos y el gran interés de Nietzsche en Basilea por la política social y la economía política, llegando incluso a tomar clases teóricas. Ahora polemiza “entre líneas”, dispara por elevación y sabe contra quien dirige su martillo, su posición se coloca sin duda del lado de los enemigos del reformismo burgués bismarckiano. La utilitaria lógica de la Nationalökonomie (para Nietzsche basada en la teoría del valor subjetivo: la producción como creación de utilidad) penetra todos los campos. La forma-valor burguesa como tendencia (Richtung) es una moral “aquí triunfante”, pero decadente y mortal. Esta Cultura moderna “rápida”, rasche Bildung, como le llama con cinismo, disuelve los valores elitistas y aristocráticos: “por eso el auténtico problema de la Formación consistiría en educar a cuantos más hombres ‘corrientes’ (courante Menschen) posibles… cuantos más numerosos sean dichos hombres ‘corrientes’, tanto más feliz será un Pueblo. Y el fin de las escuelas modernas deberá ser precisamente ése: hacer progresar a cada individuo en la medida en que su Naturaleza le permite llegar a ser ‘corriente’, desarrollar a todos los individuos de tal modo, que a partir de su cantidad de conocimiento y de saber obtengan la mayor cantidad posible de felicidad y ganancia (Glück und Gewinn).” Aquí tanto el concepto de courante Menschen como el de gute Urmensch (Subhombre bueno, en alusión aelíptica a Rousseau) prefiguran a los futuros subhombres del Nietzsche maduro. La rasche Bildung burguesa (de indudable procedencia socrático-latina) produce un efecto perverso no deseado: “que la Humanidad tiene necesariamente un ‘Derecho a la Felicidad’ terrenal (Anspruch auf Erdenglück): para eso es necesaria la formación…” Las propias necesidades de subsunción real de todos los ámbitos sociales a la ley del valor (incluida la forma republicana de dominio), advierte el profeta Nietzsche, genera que poco a poco nos encaminemos hacia una aniquilación horripilante (grauenvollen Vernichtung). Los efectos sociales no deseados, perversos, de composición (¡la dialéctica en Marx!) que produce la forma-valor burguesa hace surgir “el grande, incluso enorme, peligro de que en un momento determinado los hombres ‘corrientes’, la gran masa (die große Masse) salte del escalón intermedio y se arroje directamente sobre esa felicidad terrenal. Eso es lo que hoy se llama ‘Cuestión Social’ (soziale Frage)… la educación universal para todos es la barbarie. (Die allerallgemeinste Bildung ist eben die Barbarie)” 

Primeramente Nietzsche vuelve sobre el tema obsesivo de la soziale Frage, la amplía cuestión que ocupaba la agenda de las clases dominantes en la Europa del ‘900. En segundo lugar el joven filólogo le advierte el peligro a la elite conservadora de Basilea de las consecuencias suicidas de los dogmas del liberalismo. No es casualidad que esta teoría de los efectos perversos e indeseados del dominio burgués aparezca en el texto. El mayor crítico de las reformas liberales (y de las revoluciones burguesas) fue sin dudas el conservador Alexis Charles Henri de Tocqueville. Autor muy leído y alabado por Nietzsche que confesaba en carta a su amigo Overbeck haber “pasado por la escuela de Tocqueville y Taine” (B III, 5, p. 28) Tocqueville sostenía que la tendencia a la igualdad (un dogma liberal) favorece la comparación envidiosa: los individuos, cuanto menos desiguales son, tanto más desdichados se sienten. 

El teorema de Tocqueville incluso afirmaba, bajo su experiencia en el ciclo revolucionario francés y americano, que pese a una mejoría en las condiciones económicas la protesta, pesadumbre y el sentimiento de fracaso pueden aumentar. Tocqueville es el que había ya comparado, en una figura retórica que gustaba a Nietzsche, las revueltas proletarias de 1848 como nuevas “guerras serviles”, comparando obreros modernos con ilotas. También Tocqueville instituirá una relación íntima entre idea política y ámbito epistemológico. Y la idea que los regimenes políticos pueden suicidarse por contradicciones no intencionales, también es una idea tocquevillenne y, en general, es un topos de la publicística conservadora y reaccionaria la época nacida como reacción a las revoluciones de 1848 y luego a la Commune de Paris en 1871 (de Renan a Taine). Ahí están los historiadores políticos que Nietzsche utiliza y con los que entabla incluso amistad: Burke, Burkhardt, Tocqueville, Taine, von Ranke; autores con un empeño fundamental: análisis reaccionario de la Revolución Francesa y liquidación de su legado político-teórico. Nietzsche continúa con su razonamiento: “Por consiguiente, cuando el ‘grito de guerra’ de la masa (Feldgeschrei der Masse) exige Educación Popular, yo suelo distinguir si lo que ha provocado dicho ‘grito de guerra’ ha sido una tendencia exagerada a la ganancia y a la posesión (Erwerb und Besitz)…” 

La relación entre la modernización (¡Nietzsche llega a critica incluso la leva masiva en el ámbito militar! al estilo jacobino) y la extensión de la instrucción a toda la fuerza de trabajo era una evidencia que había sido señalada con fuerza por el padre del liberalismo el economista/filósofo moral Adam Smith, quien decía que un analfabeto no puede ser ni siquiera un buen soldado (WN, libro V, cap. I) y ese ya era un motivo estratégico para que el estado intervenga activamente y promueva la difusión obligatoria e universal de la instrucción. A Nieztsche esto le parece un despropósito suicida que lleva a consecuencias y efectos mortales para las clases dominantes: si la expansión universal generada por la misma ley del valor del capitalismo impone formación educativa-cultural a las masas y que todo depende de resultados escolásticos, puramente meritocráticos, ya “ningún privilegio puede ser justificado”, ningún Ordnung natural. Se abre la puerta el peor horizonte posible: la soziale Frage, la temible “Cuestión Social”, los ilotas levantando Communes. 

Como reflexionaba en su Nachlass: “¡Época funesta, en la que el esclavo ha sido estimulado para reflexionar sobre sí y más allá de sí! ¡Funestos corruptores, que han aniquilado el estado de inocencia del esclavo (Unschuldsstand des Sklaven) mediante el fruto del árbol del conocimiento! Para que esos seductores sobrevivan deben ahora entretenerse con tales mentiras evidentes (durchsichtigen Lügen), tal y como son reconocibles para quien mira con más profundidad en los supuestos 'derechos iguales para todos' ('Gleichberechtigung Aller'), en los 'Derechos Fundamentales del Hombre' ('Grundrechten des Menschen'), del género humano, en la dignidad del trabajo…Para que exista el suelo que permita un mayor desarrollo del arte, es preciso que la gran mayoría (Mehrzahl) esté sometida al servicio de una minoría (Minderzahl), como esclavos a la necesidad vital, y sobre los límites de la necesidad individual. A expensas de esta mayoría y gracia a su plustrabajo (Mehrarbeit) aquella clase privilegiada (bevorzugte Klasse) debe ser sustraída de la lucha por la existencia…" 

Allgemeine Bildung: un estadio preparatorio al Comunismo: en la segunda conferencia, dada el 6 de febrero de 1872, Nietzsche profundizará su diagnóstico y prognosis. Pero antes podemos seguir el derrotero secreto de los pensamientos nietzscheanos gracia a sus valiosos manuscritos póstumos, el Nachlass. Allí se encuentran guiones, reflexiones y apuntes complementarios a las públicas Vortrage. Los textos esotéricos son más radicales aún que las propias conferencias. En el cuaderno 8 (U I 5A), del invierno de 1870/71 y otoño de 1872, Nietzsche anota: “La ‘Formación General’ (Allgemeine Bildung) no es más que un estadio previo del Comunismo (ein Vorstadium des Communismus): por esta vía la formación se debilita tanto que ya no puede prestar ningún privilegio (Privilegium)… La formación más general, es decir: la barbarie (die Barbarie), es precisamente el presupuesto del Comunismo (die Voraussetzung des Communismus)… Por consiguiente, el impulso hacia una más vasta generalización de la Formación tiene sus fuentes en una completa mundanización (völligen Verweltlichung), en una subordinación de la Formación como medio, a la Ganancia (Erweb) y a la felicidad terrena entendida toscamente.”

Nietzsche trata de analizar lo que considera las fuentes (Quelle) de esta tendencia suicida en universalizar la educación y se detiene en una de ellas, la que llama la fe en las masas: “La tercera fuente es la fe en la masa (der Glaube an die Masse), y la falta de fe en el genio (Genius)… un pueblo recibe con sus Genios el verdadero Derecho a la Existencia (as eigentliche Recht zur Existenz), su justificación; la masa (Masse) no produce al Individuo, al contrario, le repugna (die widerstrebt ihm). La masa (Masse) es un ‘bloque de piedra’ (Steinblock) difícil de tallar, el Individuo necesita un trabajo enorme para sacar de la masa algo humano… Ahora sólo es necesario ser servidores de la masa (Diener der Masse), in specie los servidores de los partidos políticos.” 

Un poco más adelante, en el fragmento 60 anota: “Tengo la presunción de que antes o después la Eterna Naturaleza (die ewige Natur) mantendrá sus derechos.”; en el fragmento 70 escribe angustiado: “Demasiados maestros y demasiadas escuelas.”; en una guía para la conferencia anota como motto la aristocrática frase de Horacio: Odi profanam vulgus et arceo (“Odio a la masa profana y me aparto de ella”) y en griego “La mayoría son malos”, frase de su amado poeta aristocrático Theognis; en el fragmento 93 anota bajo el título Carácter de la Formación actual: “Marchar en fila. Aversión hacia el Genio. El hombre ‘sociable’= Socialismo (In Reih und Glied. Abneigung gegen den Genius. Der “sociale” Mensch. —Der Socialismus.)… Atrofia del Arte. ‘Cultura Parlamentaria’ (‘Reichstagsbildung’.)… La visión seria del mundo como única salvación ante el Socialismo (Die ernste Weltbetrachtung als einzige Rettung vor dem Sozialismus.)… No a nuevas universidades. Construcción del verdadero Espíritu Alemán (Herstellung des wahren deutschen Geistes).” Incluso con el fervor de su militancia wagnerianne, Nietzsche desarrolla un plan organizativo para enfrentarse a esta amenaza que se corporiza en el IIº Reich: planifica ciclos de conferencias y talleres pensados para once semanas con dos conferencias por cada una (las ciudades elegidas van desde Berlín a Viena y Budapest). El lenguaje es de barricada, un combate ideológico-político mortal: se habla de “Lucha”, de formas de resistencia en “Talleres de lucha contra el presente” (Werkstätten des Kampfes gegen die Gegenwart), formas extremas de anacoretismo, de eudemonismo de los mejores, todo para renovar la “Esencia alemana” (deutschen Wesens) amenazada por el populismo de Bismarck. Las conferencias tienen un objetivo político y militante bien concreto: “La verdadera meta=el arsenal para la lucha contra el presente.” 

En el cuaderno numerado 9 de 1871 Nietzsche sigue desarrollando sus conferencias y volviendo a rehacer su guión anota como clausura de sus lecturas: “Propuestas (contra el Socialismo) (Vorschläge –gegen den Socialismus).” Para, a continuación ampliar la idea: “El Socialismo (Socialismus) es una consecuencia de la incultura general (allgemeiner Unbildung), de la Educación Abstracta (abstrakter Erziehung), de la pobreza espiritual (Gemüthsroheit).” El socialismo es resultado directo o bien de la brutalidad espontánea de los hombres courants, meros subhombres, pero también de la educación abstracta de la Ilustración (de indudable sello galo) y de la pobreza de naturalezas inferiores. Ya en la segunda conferencia Nietzsche para explicar cómo sería el camino ideal de una formación educativa acorde con el gran espíritu alemán (ya que la liberal basada en la figura del hombre libre conduce a la anarquía) lo compara con el servicio militar del ejército que ha derrotado a la cuna de la Ilustración y la revolución: “Quién desee esforzarse seriamente… pasará por las mismas experiencias de quien, ya de adulto, sea soldado…nuestro bachillerato no está en condiciones de enseñar Cultura auténtica y rigurosa, que es ante todo obediencia y hábito.” 

Y Nietzsche avisa que aunque se ha derrotado a la pérfida Francia, su hegemonía cultural revolucionaria amenaza la verdadera esencia alemana, aquí la galofobia es radical contra la cultura cosmopolita: “El Espíritu Alemán es hostil a dicha Cultura… la influencia más fuerte es la ejercida por la civilización francesa, antigermana (ungermanische Zivilisation der Franzosen) en lo más profundo de su ser (…civilazción nacida de la naturaleza neolatina… (por ello) con tanta mayor razón debemos mantenernos apegados al Espíritu Alemán (deutschen Geist), que se manifestó en la Reforma, en la música alemana y que ha demostrado –con la extraordinaria audacia de la filosofía alemana y con la fidelidad del Soldado alemán (Treue des deutschen Soldaten) experimentada en los últimos tiempos– esa fuerza resistente, hostil a cualquier apariencia, de que podemos esperar todavía una victoria sobre la pseudocultura de la ‘Época Actual’ (Jetztzeit).” Aquí aparece una dicotomía típica de Nietzsche (en realidad hay que remitirse al mismo Wagner): la contraposición Zivilisation enfrentada a Cultur; al nexo misterioso, ontológico e ineludible entre el Espíritu Alemán, encarnado en Prusia, y el ideal heleno, contrapone negativamente lo romano, lo neolatino (la evolución natural y fisiológica del Sokratismus), cuya herencia morbosa recae en la figura concreta de Francia. Tras los dos pueblos existe un abismo que separa, sin posibilidad de síntesis, la Civilización de la verdadera Cultura. Emergen las dos contraposiciones ideológicas de la guerra franco-prusiana bajo el difraz de una filosofía de la historia fisiológica que Nietzsche, sin traumas, traslada incluso a la antigüedad clásica: “Podría imaginarme que se ha hecho la guerra (contra Francia), de parte alemana, para liberar la Venus del Louvre, como una segunda Helena…” (Nachlass, 7, 88) La galofobia es brutal: “Todo lo que ahora llamamos ‘Civilización’ (Civilisation), formación (Bildung), cultura (Cultur) deberá algún día comparecer ante el infalible juicio de Dioniso…” y agrega: “la Germania debe liberarse de una vuelta y para siempre de una Civilización Neolatina (romanische Civilisation)” y expulsar “el elemento neolatino.”

Francia es el paradigma a destruir de la democracia como “racionalismo que vence y lucha contra en Instinto…”; Alemania (Prusia como unificadora orgánica) es “el auténtico oráculo del Arte.” La lucha implacable contra la Modernidad representada por la subversiva Francia (y los Estados Unidos) es en el mismo acto la recuperación de la germanidad auténtica, para lo que es necesario planificar, como señala en su Nachlass, “oficinas de lucha contra el presente.” Y siempre mantener el alerta sobre la distinción “entre aquellos que es Alemán y aquello que es Pseudoalemán (Afterdeutsch)” (VII, p.256). Para ello el Espíritu Alemán, cuya encarnación pervertida es en esos momentos el IIº Reich, es “el Salvador (Retter)”, la única “fuerza redentora (erlösende Kraft)”.

La constante metáfora literaria prusiana no es rara en esta época en Nietzsche, no debe sorprendernos ya que el filósofo creía que el ejército alemán era “el único poder político productivo hoy en Alemania”, e incluso indispensable para sus reflexiones: “Mi punto de partida es el Soldado prusiano (der preussische Soldat): aquí hay una verdadera convención, aquí se da coacción (Zwang), seriedad (Ernst) y disciplina (Disciplin), también respecto a la forma… su posición sobre la Historia es empírica y, por eso, firmemente vital, no erudita. Es, para algunas personas, casi mítica. Parte de la disciplina del cuerpo y de la fidelidad más escrupulosa al deber (Pflichttreue)”. 

En la segunda conferencia vuelve a proyectarse esta visión, ya que el sistema de formación popular (recordémoslo una vez más: universal, gratuito y obligatorio) de Bismarck: “no está en condiciones de enseñar la Cultura auténtica y rigurosa, que es ante todo obediencia y hábito…”. La única salida para “hacernos encontrar a los Germanos de nuevo el camino correcto que conduce a la Antigüedad” no es otro que el que transmiten los Alciónicos, los que señala la metafísica de los Genios, esos espíritus libres por aristocráticos designados por el orden de la Naturaleza: “me refiero al valor de esos hombres como grandes Caudillos y Maestros magistrales (großen Führer und Lehrmeister) que preparan la Cultura clásica…” La causa de esta decadencia en el actual y victorioso IIº Reich no es otra que la nefasta influencia extranjera, la implantación de elementos que infectan la verdadera esencia de lo germano: “el fracaso del intento de hacer entrar el Bachillerato en el grandioso movimiento de la Cultura clásica se ha debido al carácter no-alemán (undeutschen), podemos decir extranjero (ausländischen), cosmopolita (kosmopolitischen), de esos esfuerzos culturales, es decir: la creencia de que es posible quitarse de debajo de los pies la ‘Tierra de la Patria” (den heimischen Boden) y permanecer todavía erguido, en resumen, a la ilusión de poder saltar directamente, sin utilizar puentes, a ese alienado mundo helénico por el hecho de haber renegado del ‘Espíritu Alemán’, o en general del ‘Espíritu Nacional’ (deutschen, überhaupt des nationalen Geistes).” (BA, II, p. 211). Y la teutomanía regresa con fuerza: “la influencia más nefasta (al Espíritu Alemán) es la ejercida por la antigermánica Zivilisation francesa, antialemana en lo más profundo de su ser (im tiefsten Fundamente ungermanische Zivilisation der Franzosen).” 

No se puede transplantar una forma extraña (cuyo fundamento fisiológico esta enraízado en una naturaleza románica) con lo verdaderamente alemán, ya que, nos recuerda de nuevo Nietzsche, “el vínculo que ciñe realmente a la naturaleza alemana más interior al Genio griego es algo bastante misterioso y difícil de captar.” A la degenerada Cultur derivada de la Ilustración francesa, cuyos hijos dilectos son liberalismo, socialismo, comunismo y anarquismo, Nietzsche la denomina con una bella matáfora reaccionaria: “el rio de la barbarie (Strome der Barbarie).” Al mismo tiempo Nietzsche tienen claro el componente de lo que llama la filosofía más seria: (“serio” así como “alto” en Nietzsche es parte del carácter esencial del Germano) nada menos que la amalgama de “Kant y el Ejército alemán” (Gleichzeitig die ernsthafteste Philosophie: Kant und das deutsche Heer.) (Nachlass, 9, 31). 

No es raro: muchos admiradores que se acercaban a conocerlo a Basilea quedaban impresionados por su aspecto exterior de militar prusiano, como lo relata su biógrafo Janz. Y ya hablamos de su profunda admiración en la época por Bismarck, sus apoyos militantes a los candidatos pro prusianos en las elecciones de 1866 o sus amistades íntimas con la familia del general von Möltke, artífice de la derrota de la pérfida, subversiva y socrática Francia.

3. Contra la dialéctica

Epidémicas Saturnales de la Barbarie: la emancipación de la multitud

Ante el auditorio suizo Nietzsche dará su última conferencia en público de toda su vida a lo largo del año 1872. No deja de recordarle a su selecto auditorio, una y otras vez, la prognosis de la hecatombe final gracias a la nueva Volksbildung, instrucción educativa popular, que Bismarck estaba llevando a cabo en el IIº Reich después de derrotar al pérfido Esprit de Francia. Su premisa aristocrático-fisiológica retorna en su discurso: “…la Naturaleza (Natur) como tal destina a un desarrollo cultural auténtico sólo a un número extraordinariamente pequeño de hombres, y que para promover felizmente el desarrollo de ellos, es suficiente también un número limitado de hombres, en tanto que las escuelas actuales, están destinadas a las grandes masas (Massen)…” Y más adelante lo formula con claridad que “la formación cultural y educativa auténtica” es “la partidaria de la Naturaleza aristocrática del Espíritu (der aristokratischen Natur des Geistes).”

El IIº Reich guillermino, que despertó tantas esperanzas con la derrota de la tierra de la subversión, está ahora en peligro, ya que los objetivos iluministas consisten “en emancipar a las masas del dominio de los ‘Grandes Individuos’ (die Emanzipation der Massen von der Herrschaft der großen Einzelnen), y en general tienden a destruir la ordenanza más sagrada del Reino del Intelecto (die heiligste Ordnung im Reiche des Intellektes), es decir: la sujeción de la masa (Dienstbarkeit der Masse), su obediencia sumisa (ihren unterwürfigen Gehorsam), su ‘Instinto de Fidelidad’ al servir bajo el cetro del Genio (ihren Instinkt der Treue unter dem Zepter des Genius).” (BA, III, p. 216-7) Nietzsche describe la creciente amenaza revolucionaria que se incuba en la Volksbildung: “las multitudes… han nacido para servir, para obedecer (zum Dienen, zum Gehorchen) y cualquier instante en que se agitan sus pensamientos serviles o débiles o con las alas tullidas, confirma de qué arcilla los ha formado la Naturaleza o qué marca de fábrica ha impreso en dicha arcilla. Nuestro objetivo no puede ser la Cultura de masas (Bildung der Masse), sino la Cultura de individuos, de ‘hombres escogidos’ (ausgerüsteten Menschen), equipados para obras grandes y duraderas…”

A los efectos suicidas y no deseados de educar universalmente a las grandes masas, las situaciones revolucionarias en Europa y en Estados Unidos, Nietzsche las llama con cinismo “epidémicas Saturnales de la Barbarie”. El populismo autoritario de Bismarck está conduciendo a una catástrofe: “el Estado moderno más fuerte, Prusia, se ha tomado tan en serio ese Derecho a mantener una suprema tutela sobre la formación de las masas en la cultura y en la escuela, que ese peligroso principio así adoptado, dada la osadía que caracteriza a dicho Estado, adquiere un significado universalmente amenazador y peligroso para el verdadero Espíritu Alemán (wahren deutschen Geist).” Entre líneas aparece en las conferencias el gran enemigo ideológico en el IIº Reich de las corrientes reaccionarias: el objetivo primordial, que no es otro que Hegel y su Tendenz. Nietzsche responsabiliza a la herencia hegeliana de este desvío mortal de Prusia hacia la ilustración democrática, hacia la demagógica Volksbildung: “el Estado se muestra como un mistagogo de la Cultura (Mystagoge der Kultur), y, al tiempo que persigue sus fines, obliga a todos sus servidores a comparecer ante él con la antorcha de la formación y educación estatal para todos en las manos (der Fackel der allgemeinen Staatsbildung)... la tendencia afín a ése estado, comprendida poco a poco, de una filosofía favorecida tiempo atrás por el Estado y destinada a promover los fines del Estado, o sea: la tendencia de la filosofía hegeliana (die Tendenz der Hegelschen Philosophie); más aún: quizá no fuera exagerado sostener que Prusia, al subordinar todos los esfuerzos culturales a los fines del Estado, se ha apropiado con éxito de la parte en que la herencia de la filosofía hegeliana es prácticamente utilizable: la apoteosis del Estado, por obra de dicha filosofía, llega su apogeo indudablemente en esa subordinación.” (BA, III, p. 226).

Sabemos que Nietzsche ocupa un lugar preponderante entre los llamados “antihegelianos” en la historia de la filosofía, junto a Kierkegaard, Schelling y Schopenhauer. Nietzsche es un caso curioso de un rabioso antihegeliano que desconocía por entero la obra de Hegel, al que jamás estudió con seriedad y profundidad.

Condenar a Hegel

Aunque no ha comprendido ni siquiera la elemental división hegeliana entre Entendimiento y Razón, aunque no ha leído ni la Fenomenología del Espíritu, ni la Lógica, ni la Enciclopedia, ni su Filosofía del Derecho, Nietzsche intuitivamente apunta sus armas contra el Hegelianismus qua corriente político-ideológica. Sabemos a ciencia cierta que su única lectura de un texto de Hegel son las Vorlesungen über die Philosophie der Geschichte, las lecciones sobre filosofía de la historia editadas en 1837, ejemplar que se conserva en su biblioteca personal, pero que recién las leerá muy superficialmente en 1873, mucho después de estas conferencias.

Su único concimiento en esta época era de segunda y tercera mano: las diatribas antisemitas de su “gran maestro” Richard Wagner, los insultos parafilosóficos de Arthur Schopenhauer y lo que pudo encontrar en el manual de historia de la filosofía de Kart Fortlage, el de historia del materialismo del socialista Lange y en los escritos de los neokantianos.

Una segunda vertiente que influenció a Nietzsche es la filosofía política de la Restauración: las críticas a Hegel desde la derecha de historiadores conservadores como von Ranke y su amigo y padrino académico en Basilea Jacob Burckhardt. Burckhardt, a cuyas clases asistió personalmente con entusiasmo en 1870-1 durante su estadía en Basilea, intentó una síntesis entre la herencia del “Pesimista de Frankfurt” Schopenhauer y el concepto de “Vida” como pulsión irracional (Leben), pero en el excéntrico historiador conservador “Vida” designa las bases de la totalidad histórica pero no los fundamentos de comprensión, legitimación y explicación de lo histórico.

Un giro extremo que realizará Nietzsche: Leben se convertirá en el criterio de un juicio normativo de y sobre la historia, de sus ventajas y de sus incovenientes. Para Burckhardt, en continuidad con Hegel, el Espíritu en su continuidad no puede reducirse ni replegarse sobre la Vida. El Espíritu en su continudidad no puede ser “reducido” o reconducido a la naturaleza para encontrar su sentido último. La irracional y reaccionaria “Voluntad de Vivir” (en palabras de Nietzsche: “de la vida en tanto Poder oscuro, motor insaciable y ansioso de sí mismo”) es la sustancia metafísica del acontecer universal y medida de todas las cosas. Una inspiración adicional se la suministra el manual de historia del materialismo de Friedrich Albert Lange, el socialista-liberal, titulado Geschichte des Materialismus und Kritik seiner Bedeutung in der Gegenwart (“Historia del Materialismo y crítica de su significado en el presente”, 1866), del que ya hablamos.

Lange critica a Hegel desde el neokantismo y reafirma que el conocimiento humano es limitado, lo que abría la puerta a la posibilidad de la existencia de lo incognoscible, de lo irracional y del mito. Lange también le permite conocer, a través de su exposición, a Feuerbach, Stirner y su futuro enemigo David Strauus, al que le dedicará la primera diatriba de las Consideraciones Intempestivas.

Otra fuente de argumentos contra Hegel es el propio climax ideológico del partido del orden, los círculos conservadores y reaccionarios, para quienes Hegel y sus discípulos, los llamados con desprecio affranchis, eran la encarnación del mismo Satanás. El Hegelianismo, y Nietzsche tan preciso en el uso léxico y semántico utiliza no el nombre del filósofo sino sintomáticamente el de su corriente, sólo había tenido éxito en un exiguo ambiente de intelectuales y las autoridades ya después de su muerte preparaban la contraofensiva teórica y práctica.

Hegel murió en silencio, pero había escrito un artículo que había sido censurado por el rey, sus últimas palabras se referían a otorgar al pueblo una constitución más digna y de limitar el poder a los terratenientes prusianos. Se le atribuía al Hegelianismus, no sin razón, la responsabilidad de las doctrinas subversivas que pululaban (liberales de izquierda, republicanos masones, socialistas saitsimonistas, comunistas et altri). El rey, la corte, los Junkers, el ejército, la burocracia, el gobierno en su totalidad se proponían sepultar su doctrina en el olvido, expulsar de las instituciones a sus discípulos y seguidores y borrar toda influencia desacreditando su filosofía trayendo a Berlín a su enemigo declarado, al más famoso, al más prometedor y al más reaccionario: a Schelling. No lo lograron.

Y ahora el IIº Reich, bien lejos de recuperar la verdadera esencia trágica germana, como reclama Nietzsche, encarna el “Socratismo científico” y peor aún: el iluminismo populista bajo la influencia oculta de un Hegel mal extirpado. El numen tutelar del voto universal (masculino), de la multiplicación de escuelas, institutos y universidades, la formación supernumeraria de lectores y funcionarios inteligentes no es otro que Hegel el oscuro.

La categoría central que está en juego es la concepción de la forma estado hegeliana y de la idea de “Eticidad” (Sittlichkeit), condenada en las conferencias como “esa visión del estado como organismo ético absolutamente completo” (BA, 3, I, p. 711), como una morbosa “apoteosis del Estado” en irreconciliable contradicción con el “auténtico Espíritu Alemán” (BA, 3, I, 708-10) o en su Nachlass como “concepto exagerado de Estado” (VII, p. 412). El durísimo juicio de Nietzsche contra Hegel, que llega al argumento ad hominem, es un topos común a las corrientes ideológicas nacional-liberales, conservadoras y reaccionarias en Alemania durante esos años. El concepto de eticidad, dirá el filósofo vitalista Wilhem Dilthey en 1872, es extraño al Espíritu Alemán y no sería más que el eco ruinoso del ideal de Rousseau y los jacobinos, la imposición de la figura del Citoyen, que reivindica la intervención de la esfera política en las relaciones de propiedad económico-sociales; el historiador conservador, pro imperialista y antisemita Heinrich von Treitschke, a quien Nietzsche le envíaba todos sus libros (que acuño el slogan muy popular: Die Juden sind unser Unglück!; “¡Los judíos son nuestra desgracia!”), contrapone al pathos hegeliano de la eticidad (importado del pueblo francés que lo sufre como una locura hereditaria) el concepto de libertad de los germanos, centrado en el derecho absoluto de “las grandes personalidades”; el filósofo-teólogo conservador Rudolf Haym (en la revista Grenzboten, muy leída por Nietzsche) habla de su repugnancia hacia Hegel al hacer entrar en contradicción el principio germánico-protestante de la libertad (basado en el ideal helénico trágico).

Ni hablar del odio visceral hacia Hegel de su maestro y educador Schopenhauer: en su obra El Mundo como Voluntad y Representación, le llama diesen geistigen Kaliban, ese Calibán Espíritual (que representa el materialismo vulgar); su obra es calificada como Scharlatanerei, charlatanería sobre el Conocimiento Absoluto; de filisteísmo metódico; teoría miserable; allgemeinen Mystifikation, mistificación generalizada; pseudopensamiento insano; Gallimathias der Kopf, galimatías cerebrales; broma de idiotas, Narrenspossen… Schopenhauer ataca no sólo a Hegel (tenía profundas diferencias personales) sino a toda su escuela: se rie con ironía de los Junghegelianer, la escuela revolucionaria de los jóvenes hegelianos (que integraba el mismo Marx), a quienes hace equivalentes a los socialistas en Inglaterra y a los que califica de estudiantes perdidos cuyas ideas llevan al bestialismo. El insulto filisteo, Philister en alemán, tuvo una connotación racista durante el ‘900 que se pierde al traducirla al español; lo introduce Schopenhauer para indicar un persona sin necesidades espírituales, a la que sólo la mueve lo material, la codicia, el inetrés de corto plazo y se utilizaba para denominar a las personalidades de la cultura alemana de origen judío.

Más allá del estatalismo excesivo o del optimismo en el progreso o la legitimación de la Gran revolución Francesa, el ataque contra Hegel es por la sospecha de justificar filosóficamente la Modernidad.

Ya en Richard Wagner, del cual Nietzsche había leído y estudiado sus panfletos político-filosóficos, judaísmo y modernidad burguesa (que incuba el comunismo) van de la mano, y su crítica se direcciona especialmente contra los hegelianos a quienes combate llamándolos “hebreos-liberales-modernos”; su lucha antihegeliana es definida por sí mismo como un combate perpetuo “contra la victoria del moderno mundo judío” (Modern de 1878, p. 58 y 60). Otro autor seguido con atención por Nietzsche, Paul de Lagarde, afirmaba que el Pueblo judío puede definirse, por sobre todas las cosas, como aquel que se encuentra totalmente identificado con la “Cultura moderna”; agrega que las ideas hegelianas del estado como fin en sí mismo, así como que el hombre “alcanza la verdadera realidad Espíritual mediante el estado” son visiones extrañas a la auténtica “Esencia Alemana”. Criticando al discípulo más brillante y famoso de Hegel, Eduard Gans, de origen judío, Lagarde le llama “apóstata de la Germanidad” y en clara alusión a los hegelianos señala que ellos “nunca podrán comprender la raza (Art) alemana.” No es casualidad que en la defensa de su libro El Nacimiento de la Tragedia, su amigo el aristócrata von Gesdorff, al defenderlo de las críticas del eminente filólogo von Willamowitz, acusara a éste “con su dialéctica a la Lessing” forma parte de la “judería literaria de Berlín” (B, II, 4, p. 9).

Contra la dialéctica como álgebra de la revolución

Nietzsche no se reprime en este punto: ya desde sus años juveniles condena a Hegel in toto a causa de su “pedestre visión optimista del mundo” (VII, p. 595), de su cosmovisión apolínea o lo ataca por elevación, a través de su discípulo más popular en la época, el poeta-publicista revolucionario judío Heinrich Heine. El mismo Heine con quién coincidiría con Engels y Marx en el proyecto de los Deutsch-Französische Jahrbücher en 1844 y que participaba en la vida política de los emigrantes alemanes en París escribiendo en el diario comunista Vorwarts! Nietzsche lo desprecia sin remordimientos. A propósito de una estrofa de un poema del hegeliano Heine de su famoso libro Deutschland. Ein Wintermärchen (“Alemania. Un cuento de invierno”, 1844, c. 1, pp 35-36, estrofa 281), prohíbido en el Reich, Nietzsche le contesta desde la otra orilla: “Contra la despreciable frase judía de que el Cielo está en la Tierra” (Nachlass, 5, 103, p. 135) El político e historiador conservador Treitschke, del que ya hablamos, en la misma época acusaba a Heine de ser “un avanzado intelecto hebreo desarrollado en la escuela de Hegel”; otro autor que influenció profundamente a Nietzsche, el socialista antisemita Dühring, acusaba a Heine de estar formado en la “maldita filosofía abstrusa de Hegel” que produce sofistas, un atributo natural de la intelectualidad hebrea, pletórica de “hábitos hegelianos”; finalmente volvemos a citar al “gran maestro”, al Genio por antonomasia según el propio Nietzsche, Wagner, quién no sólo condena el léxico del hegelianismo como una “jerga dialéctico-hebrea (dialektischer Judenjargon)”, sino que además subraya que en el ámbito de la “agitación judía” contra su obra musical, los ataques más insidiosos son de aquellos “que conocen la dialéctica hegeliana”.

La dialéctica iniciada por Sócrates en forma de mayéutica y llevada su madurez y sofisticación por Lessing (a quién Nietzsche descalifica como “el erudito ideal”) y Hegel es sinónimo de modernidad, de optimismo judío, de cultura hebrea, genera el prototipo del hombre teórico, irremediablemente “sordo” al mito y al instinto, y no sólo extraño y alienado de la verdadera Esencia Alemana sino que constituye su antítesis absoluta, como señala en su ensayo Richard Wagner en Bayreuth (WB, 9; I, p.485)

En sus manuscritos inéditos también escribe una advertencia que le hizo Wagner contra la llegada de un “germanismo judío” (Nachlass, I, 51, p. 72) o más adelante señala el irreconciliable conflicto entre “visión del mundo hegeliana y visión del mundo del período clásico” (ibídem, 3, 8, p. 95)

De nuevo emerge en esta época la oposición sin posibilidad de cancelación entre la Germanidad de un lado y el Sokratismus-Hegelianismus (en realidad una mutación de la cultura hebrea) del otro. En el libro sobre David Strauss (por cierto: que había sido un joven hegeliano), la primera Consideración Intempestiva, Nietzsche afirma que “los hegelianos y su contrahecha descendencia son los más atroces corruptores de lo Alemán.” (DS, 12; I, p. 228) Las diferencias con Hegel no podrían ser más extremas e insalvables: Hegel valora a ¡Sócrates! como el que introdujo el principio que el intelecto o razón rige en el mundo y que inició en la historia del pensamiento la Moralidad (Moralität) “que es la vuelta del Espíritu sobre sí, la reflexión, la fuga del Espíritu dentro de sí, que no existía; esto solo comenzó con Sócrates.” (VPG, II, p. 72)

En los fragmentos inéditos Nietzsche realiza una discusión sobre algunas citas sueltas de Hegel tomadas del manual de historia del neohegeliano Karl Fortlage, Genetische Geschichte der Philosophie seit Kant (1852), donde hay un capítulo llamado sugestivamente “La relación entre la Filosofía y el Socialismo”. De allí toma textos de Hegel de la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, los parágrafos 548 y 549, que aparecen en la tercera parte, y corresponden a la Filosofía del Espíritu, segunda sección “El Espíritu Objetivo”. Se trata de una extraordinaria condensación realizada por Hegel en pocas páginas de su obra más política y polémica, La Filosofía del Derecho. Es además la única exposición completa del sistema hegeliano que su autor publicó por escrito. Es casi una de las pocas veces que Nietzsche discute directamente y enfrenta a Hegel textualmente en las áreas más políticas de su pensamiento: en su concepto de historia universal, en su idea de estado, en su método dialéctico y no es casualidad.

Nietzsche se opone a la idea hegeliana de una historia del mundo (Weltgeschichte), una historia cosmopolita en la cual los espíritus particulares de los pueblos no son más que momentos, estaciones perecederas, una historia universal donde reina la Razón, que tiene un fin y que es la libertad.

Para Nietzsche Alemania tiene un rol clave en al regeneración y retorno de lo griego trágico ¡cómo podría ser un momento a superar en la historia! La historia universal hegeliana, en su dialéctica infinita de progreso hacia la libertad, le parece Absurd, absurda. Que el mundo de la Humanidad sea en su transcurso la exhibición del devenir de la Idea de Libertad le sugiere un truco de sofística. Además le escandaliza la idea del estado de Hegel como un fin en sí mismo, como mediador entre los egoísmos y pasiones individuales de la sociedad civil, como árbitro en el sistema de necesidades de la economía. La sola mención a que el Estado es lo racional en sí y para sí a través de una constitución interna que lo transforma en juez de la moralidad privada e individual es insoportable: “Pero el Estado es sólo medio para asegurar la conservación de muchos individuos: ¡cómo puede ser él el fin!” Retorna la idea de Nietzsche sobre la forma estado como contratendencia a la decadencia iniciada por el Sokratismus: “Entendemos por Estado, únicamente como ‘grilletes de hierro’, que aprietan el proceso social (wie gesagt, unter Staat nur die eiserne Klammer, die den Gesellschaftsprozeß erzwingt)”. Si el estado no se basa en el descubrimiento y generación de genios, la aristocracia espiritual designada por el orden jerárquico de la naturaleza, la construcción hegeliana es más y más decadencia: “La esperanza está en que al asegurar la conservación de muchos fracasados (vieler Nieven), también sean protegidos aquellos pocos hombres en los que culmina la Humanidad. De lo contrario no tiene ningún sentido mantener a tantos hombres miserables (elende Menschen). La historia de los Estados es la historia del egoísmo de las Masas (Egoismus der Massen) y del ciego deseo de querer vivir: sólo por los Genios (Genien) se justifica en alguna medida esta aspiración, en cuanto que les permite existir.” (Nachlass, 29, 73, p. 480)

El Hegelianismus como tal resume judaísmo: ya en la época de la resistencia contra Napoleón, el mismo Hegel en vida era llamado el “filisteo par excellence”, con el evidente acento judeófobo del tal insulto. Para reaccionarios y conservadores alemanes, las afinidades electivas de Hegel con el judaísmo estaban fuera de dudas. Nietzsche incluso llega a lanzar la hipótesis al reconstruir la figura moderna del intelectual subversivo, que el origen de esta tradición morbosa no sólo no es griega, ni cristiana, sino en última instancia hebrea: “El hebreo es dialéctico, y Sócrates lo era. Y tiene en sus manos un instrumento terrible: se refuta al adversario comprometiendo el intelecto –se lo somete a un interrogatorio, dejándolo inerme– se obliga a la víctima a la obligación de demostrar que no se es un idiota.” (NF, XIV, p.414)

Judaísmo es racionalismo, es Socratismo, y esto significa “democracia… que vence y lucha contra el Instinto” (Nachlass, 2, 1, p. 85) o bien “victoria del Pueblo Judío sobre la voluntad debilitada de la cultura griega.” (Ibídem, 3, 73, p. 108) o que la idea de extender una educación universal a todo el pueblo es “Influjo de Hegel.” (Ibídem, 8, 57, p. 212). El hegelianismo para Nietzsche es el último y más evolucionado fruto de la Aufklärung y el resultado cultural es una superestructura épica (de ninguna manera heleno-trágica, esencialmente no alemana): “La Ilustración desprecia al Instinto, cree sólo en razones… Nuestra cultura épica se manifiesta en nuestra ciencia de la naturaleza, en nuestro realismo y en nuestros novelistas. Su filósofo es Hegel.” (Ibídem, 5, 46, p. 125). Nietzsche también denomina muchas veces a esta cultura moderna, épica, sensual, antigermana como “cultura parlamentaria”.

La condena de la Dialektik como distorsión judaica, la acusación de denominar peyorativamente “dialécticos judíos” a la intelectualidad crítica y subversiva cumplirán un rol importante en el curso de la campaña desencadenada en el IIº Reich contra el judaísmo alemán. Y la dialéctica reconduce una y otra vez a Hegel sin mediaciones. Y Hegel reconduce a la ideología francesa, al saintsimonismo, a las ideas socialistas, al comunismo.

O sea: contra la peregrina idea del Nietzschéisme, sintetizada en el libro de Deleuze en el capítulo V, “El superhombre: contra la dialéctica”, donde llega a sostener que “tenemos plenos motivos para suponer en Nietzsche un conocimiento profundo del movimiento hegeliano, desde Hegel hasta el propio Stirner” aquí no hay discusión filosófica posible (no podría haberla dado el bajísmo conocimiento de Hegel). La afirmación de Deleuze que “la obra de Nietzsche va dirigida contra la dialectica” tiene sentido sólo si la entendemos como orientación eminentemente política, una Kritik global al hegelianismo como Tendenz político-filosófica plebeya y revolucionaria. Y no sabemos cómo podría uno oponerse a una filosofía, criticarla y superarla sin al menos haberla estudiado en profundidad y comprenderla. Además la propia presentación de Deleuze de la dialéctica de Hegel es una distorsión y simplificación que demuestra su propia ignorancia: reducir el núcleo de la dialéctica hegeliana a la “negación externa” es no haberla comprendido en absoluto.

Volviendo a Nietzsche, su ataque antihegeliano era y será medularmente una crítica política reaccionaria, como se repetirá en el futuro. Y Nietzsche era plenamente consciente de ello, ya que la Tendenz hegeliana en el caso específico de la educación y el rol del Estado tiene inmediata consecuencias revolucionarias imprevisibles. Como reflexiona en sus íntimos manuscritos: “Si las clases trabajadoras (Arbeiterstände) consiguen comprender que a través de la Formación educativa-cultural y de la Virtud (Tugend) pueden hoy fácilmente superarnos, entonces será nuestro final.” (Nachlass, 29, 216, p. 513)

Diccionario Básico de Categorías Marxistas


Jason Galarraga [Venezuela] Muro palermitano

Néstor Kohan

 

Debido a que el pensamiento de Carlos Marx y sus discípulos constituye una obra abierta, el marxismo integra diversas tradiciones ideológicas, filosóficas y políticas. No existen en su seno definiciones únicas y taxativas, como erróneamente planteaban los antiguos manuales soviéticos de divulgación (u otros similares inspirados en ellos). Cada tradición marxista reinterpreta el legado de Marx y sus categorías de diverso modo. Este libro, Marxismo para principiantes, sus textos, diálogos y dibujos, así como también este diccionario básico, no constituyen una excepción. Expresan una interpretación posible del marxismo. Existen otras.

* Acumulación: Reinversión del plusvalor en el proceso productivo y aumento de la escala de producción. Se caracteriza por la centralización de los capitales y la concentración del plusvalor. La acumulación es una reproducción ampliada del capital.

* Alienación [= enajenación]: Proceso histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los utiliza como sinónimos, etimológicamente “alienación” tiene un origen psicológico y “enajenación” económico. Hegel define “alienación” como “otro distinto de sí mismo”. En Hegel su contenido no es negativo. En Marx, sí. Además de una pérdida, expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos pertenece.

* Bonapartismo: Categoría política empleada por Marx a partir del ejemplo histórico de Luis Bonaparte, quien encabezó un golpe de Estado en Francia en 1851. Hace referencia a un tipo de liderazgo político que aparenta ser “equidistante” en la lucha de clases. Es una forma de dominación política donde el ejército, la burocracia y el Estado —durante una crisis aguda— se independizan parcialmente de la burguesía. Ésta se separa de los partidos políticos tradicionales y pasa a ser representada por el ejército o por algún liderazgo carismático. Para Marx tiene un contenido negativo.

* Burguesía: Clase social que agrupa inicialmente a mercaderes y banqueros, más tarde a capitalistas industriales. Nace en Europa occidental en el siglo XI y desde allí comienza a expandirse. Alcanza su predominio económico a partir de la revolución industrial en Inglaterra y su completa dominación política desde la revolución francesa de 1789 en adelante.

* Burocracia: En el capitalismo, es una forma de dominación política donde predominan los funcionarios. Aparenta ser instrumental y neutral pero tiene siempre un contenido político reaccionario. Ejerce su poder tanto en el Estado como en las empresas privadas. En las revoluciones socialistas y proletarias que se burocratizaron (durante el sigo XX), se convierte en una casta represiva y privilegiada que oprime a la clase trabajadora.

* Capital: No es una cosa eterna ni un “factor económico”. No siempre existió: es histórico. Es una relación social de producción. Es valor que se valoriza (se acrecienta) explotando trabajo ajeno. Es dinero que se independiza, cobra vida y se vuelve un sujeto autónomo, ejerciendo su poder de mando sobre los trabajadores. Es trabajo muerto y pretérito que vuelve a la vida oprimiendo al trabajo vivo de la clase obrera. Es un vampiro que se alimenta de plusvalor.

* Capitalismo: Sistema social de explotación y dominación. Tiene alcance mundial. Está en permanente expansión. Vive conquistando territorios sociales y geográficos. Recorre diversas fases históricas.

* Clases sociales: Grandes conjuntos de seres humanos que comparten un mismo modo de vida y una misma condición de existencia. Se diferencian, se enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por sus intereses, su cultura política, su experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase (de sí mismos y de sus enemigos). Las clases explotadoras viven a costillas de las explotadas, las dominan y las oprimen, por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la historia.

* Colonialismo: Fase histórica del capitalismo donde las grandes metrópolis conquistan territorios que denominan colonias. El neocolonialismo mantiene ese dominio, aceptando solamente la independencia formal de las colonias.

* Comunismo: Corriente política revolucionaria que aspira a transformar todo el mundo. Marx no la inventa. En la década de 1840 —cuando él la conoce— evocaba la idea de lacommune, unidad de gobierno autónomo. Sugería la noción de communauté, propiedad común de las cosas. Como entonces se llamaba “socialismo” a las teorías de los intelectuales y “comunismo” a los grupos de obreros revolucionarios, Marx y Engels adoptaron este último. En tanto movimiento político, para Marx el comunismo es una corriente que intenta defender el punto de vista crítico radical de los trabajadores contra el capitalismo. Como proyecto de nueva sociedad, Marx lo define como una forma social sin explotación ni dominación, donde los productores libremente asociados —sin la violencia del Estado— deciden qué, cómo, cuánto y para qué producir y consumir. Según Marx, en la sociedad comunista del futuro, cada individuo será complemente libre y deberá entregar a la sociedad todo lo que sus capacidades le permitan. A cambio obtendrá todo lo que necesite.

* Concepciones del mundo: No existe una, sino muchas. Constituyen visiones integrales del ser humano, que presuponen un punto de vista totalizante sobre la sociedad, la historia y el sentido de la vida. Cada una forma un conjunto articulado, sistemático, crítico y coherente de ideas, conceptos, valores y normas de conducta práctica que nos guían en nuestra vida cotidiana.

* Concepción materialista de la historia: Nueva concepción inaugurada por Marx y Engels. Base de la necesaria y aún pendiente (re)unificación de todas las ciencias sociales. Su idea central es que toda la historia no es más que la historia de la lucha de clases. No hay evolución automática. La clave de la historia está en el conflicto, en las rebeliones y en las revoluciones. Para diferenciar una época de otra, hay que atender al tipo de relaciones sociales que predomina en cada período. El “materialismo” de esta concepción remite a la centralidad de las relaciones sociales, por contraposición al “Espíritu universal” de la filosofía de la historia de Hegel. Para Marx, no hay instituciones eternas. Todas son históricas. La sociedad constituye una totalidad de relaciones de producción y reproducción, materiales e ideológicas. En tanto totalidad, la sociedad no una sumatoria mecánica de parcelas sueltas o factores yuxtapuestos: el “factor” económico, el “factor” político y el “factor” ideológico. La teoría de “los factores” es ajena al marxismo.

* Conciencia de clase: Identidad cultural y comprensión política, pensada, vivida y sentida por cada grupo social sobre sus intereses a largo plazo. No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha.

* Contradicción: Categoría fundamental de la lógica dialéctica. Su extremo opuesto es la identidad. Algo es idéntico cuando no puede distinguirse una diferencia. Si existen distinciones, la identidad se transforma en diferencia. Si la diferencia se profundiza, hay contrariedad y contraposición. Si la oposición se agudiza, la contrariedad se transforma encontradicción. En ese caso, los polos opuestos ya no son sólo diferentes sino contradictorios y antagónicos (no pueden conciliarse). Ejemplos: la relación social de “capital” encierra la contradicción antagónica entre empresarios y trabajadores. La crisis del capitalismo constituye la explosión de múltiples contradicciones antagónicas. El cambio y el movimiento de la historia son producto de esas contradicciones.

* Crisis orgánica: Crisis estructural de largo aliento —distinta de cualquier crisis de coyuntura—. Combinación explosiva de la crisis económica y la crisis política. Debilitamiento de todo un régimen político. Pérdida de consenso y de autoridad en la población del conjunto de la clase dominante y sus instituciones políticas. 

* Determinismo: Corriente de pensamiento que asigna a las regularidades de la sociedad un carácter ineluctable, necesario y apodíctico. Tiende a asimilar las leyes históricas con las leyes naturales. Interpreta las leyes que estudia El Capital —leyes de tendencia— como si fueran “leyes de hierro”, que se cumplen sí o sí, independientemente de la lucha de clases.

* Dialéctica: El pensamiento dialéctico está presente en diversas culturas (China, India, Persia, Mesopotamia, Egipto, Aztecas, Mayas, Incas, etc.) desde los orígenes de la humanidad. En Grecia nace con el filósofo Heráclito de Éfeso [540-480 a.C.]. Para él, el universo está en permanente contradicción y devenir. Según Marx, la dialéctica plantea la unidad inseparable entre la realidad objetiva y el sujeto que piensa y actúa sobre esa realidad. No se pueden escindir la teoría de la práctica, el decir del hacer, la realidad del pensamiento, ni el conocimiento de la acción. La dialéctica de Marx es crítica y revolucionaria porque considera y aborda toda realidad como histórica y perecedera. No se arrodilla ante ninguna institución ni le teme al antagonismo de la contradicción.

* Dinero: No es una cosa ni un objeto “mágico”. Constituye una relación social de producción. Representa el equivalente general en el cual se refleja el mundo entero de las mercancías. Como equivalente, el dinero se independiza de la relación social de valor y se vuelve autónomo. Se convierte en un sujeto dotado de vida propia. Se transforma en un fetiche. Su poder no es más que el poder social de las clases poseedoras. Siguiendo a W.Shakespeare, Marx lo define como “la puta universal” porque el dinero no reconoce diferencias. Todo le da lo mismo.

* Dogmatismo: Culto ciego a la obediencia. Cerrazón. Negación de todo pensamiento crítico. Canonización de un texto como si fuera “sagrado”. El dogmatismo le ha hecho un daño enorme al marxismo.

* Dominación: Proceso de sujeción y subordinación de una clase social sobre otra que se ejerce colectivamente y también en el terreno de la subjetividad. La dominación presupone relaciones de poder y explotación, de imposición de la voluntad del opresor sobre los pueblos oprimidos, las clases explotadas y las masas sojuzgadas.

* Ecologismo: Corriente político-ideológica que cuestiona las bases de sustentación de la moderna sociedad industrial, el agotamiento de sus fuentes energéticas, la destrucción sistemática del medio ambiente y la irracionalidad de una relación con la naturaleza concebida como puramente instrumental. Como movimiento social es muy heterogéneo. El marxismo hace suyos los reclamos ecologistas, integrándolos en una perspectiva crítica mayor. Sólo se podrá lograr una nueva manera de vincularse con la naturaleza cuando se ponga fin —mediante una revolución mundial— a la lógica del lucro, el valor, la ganancia y la acumulación capitalista.

* Economicismo: Corriente política que reduce la lucha popular únicamente al reclamo por reformas económicas y reivindicaciones mínimas. Desprecio de todo debate teórico e ideológico. Sospecha a priori sobre toda actividad intelectual. Reducción del marxismo a una vulgar teoría que todo lo reduce al “factor económico”. El economicismo ha hecho estragos en la tradición marxista.

* Estado: No existe una única definición. Para el liberalismo burgués es “la nación jurídicamente organizada”. Sin distinciones de clases, nos representaría “a todos por igual”. Para el marxismo es la cristalización institucional de determinadas relaciones sociales de fuerza: por eso defiende a unos contra otros y tiene un contenido de clase. El ejercicio permanente del poder del Estado (más allá de quien sea el presidente y cuál partido esté en el gobierno) tiene un contenido de clase que se lo otorga el sector social que tiene el poder. No está sujeto a elección, no se vota. La única manera de cambiar el contenido de clase de un Estado es mediante una revolución. El poder del Estado viene acompañado de instituciones hegemónicas.

* Eurocentrismo: Ideología que ubica en la historia y la cultura europeo occidental el ombligo absoluto del mundo. Cualquier desarrollo social o cultural distinto o coexistente al de Europa occidental —y al de su hijo predilecto, los Estados Unidos de Norteamérica— es catalogado por esta ideología como “barbarie”. El eurocentrismo ha infringido un gran daño a la tradición marxista.

* Evolucionismo-etapismo: En su significado marxista (distinto al de Charles Darwin), hace referencia a una concepción de la sociedad que postula la férrea sucesión evolutiva de rígidas etapas, sin saltarse ninguna. También se lo conoce como etapismo. El evolucionismo suele estar asociado a la idea de “progreso”. El desarrollo social es concebido como lineal, moviéndose siempre de lo peor a lo mejor y en una sola dirección. La concepción histórica de Marx no es evolucionista ni etapista.

* Explotación: Dominación de una clase social sobre otra a partir de la apropiación del trabajo impago, del tiempo de trabajo excedente y del plusvalor. En el capitalismo, aunque la clase trabajadora logre salarios “altos”, sigue siendo explotada.

* Feminismo: Corriente político-ideológica que cuestiona radicalmente la dominación de la sociedad patriarcal, el machismo, la escisión entre lo público y lo privado y la construcción histórica de la subjetividad que fija “roles” preestablecidos según los géneros. Como movimiento social resulta sumamente heterogéneo. Las vertientes feministas marxistas abordan al mismo tiempo la dominación patriarcal y la opresión de la clase trabajadora, sin confundir pero tampoco sin escindir el género y la clase.

* Fetichismo: Proceso derivado de las relaciones sociales mercantiles capitalistas. Se genera a partir de la sociabilidad indirecta del trabajo humano cuando éste se produce en condiciones de mercado. Si hay fetichismo no hay control racional de la producción ni planificación. El fetichismo genera la personificación de las cosas —vueltas autónomas y hostiles contra sus creadores— y la cosificación de los seres humanos.

* Filosofía: Disciplina milenaria que se caracteriza por formular preguntas críticas y radicales acerca del sentido de la vida, el ser humano, la sociedad, la historia y el papel del sujeto en ella. Marx produce en el seno de esta disciplina una revolución al reclamarle que rompa el círculo vicioso de su discurso para ir más allá de sí misma: hacia la transformación de la sociedad y la unidad con la clase trabajadora. La vitalidad de la filosofía que rechaza toda complicidad con el sistema no está en los pizarrones académicos sino en la calle y en la lucha de clases.

* Filosofía clásica alemana: Se inicia con Immanuel Kant [1724-1804], continúa con Johann Gottlieb Fichte [1762-1814] y Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling [1775-1854] y culmina con Georg Wilhelm Friedrich Hegel [1770-1831]. La lógica dialéctica de Hegel —que concibe todo en perpetuo devenir y constante contradicción— constituye la máxima expresión teórica de la revolución burguesa europea. Sus herederos no son los tristes profesores de filosofía sino los trabajadores revolucionarios.

* Filosofía de la praxis: Concepción filosófica de Marx y de sus continuadores más radicales que intenta descentrar y superar el punto de vista contemplativo, tanto del idealismo como del materialismo. Su clave reside en la actividad humana transformadora y en la unidad de la reflexión teórica y la práctica política radical.

* Formación económico-social: El modo de producción capitalista nunca se encuentra en forma pura en la sociedad. Está combinado con diversos tipos de relaciones sociales. Esa combinación se denomina “formación económico-social”. Ésta permite comprender qué posee de específico e irrepetible cada sociedad y qué tiene de común y genérico junto con las demás. Este concepto permite articular lo general y lo particular del capitalismo, la lógica y la historia, el género y la especie, lo común y lo irrepetible.

* Fuerza de trabajo: Es el término con que Marx designa a la capacidad humana de trabajar (para diferenciarla del “trabajo” a secas). En el capitalismo es una mercancía muy “especial”. Es la única que crea valor y que además genera más valor que lo que ella misma vale.

* Fuerzas productivas: Dimensión de la historia conformada por los instrumentos tecnológicos del trabajo, las destrezas laborales y, lo principal, el sujeto social que ejerce el trabajo sobre la naturaleza y la sociedad. Marx siempre las analiza en unidad con las relaciones sociales de producción, por eso no constituyen una variable independiente.

* Globalización: Nueva fase del imperialismo capitalista, caracterizada por la universalización productiva, mercantil y financiera, la revolución tecnológica y la expansión de las comunicaciones. Hasta ahora estuvo dominada por el capital. Los trabajadores y la juventud de todo el mundo luchan por una globalización de las resistencias anticapitalistas.

* Hegemonía: Proceso de dirección político cultural de un segmento social sobre otro. Generalización de los valores culturales propios de una clase para el conjunto de la sociedad. Hegemonía = cultura, pero con el agregado de relaciones de dominación y de poder. La hegemonía burguesa combina el consenso con los sectores aliados y la violencia con los enemigos. Los trabajadores luchan por una contrahegemonía de carácter socialista.

* Historia: Proceso contingente y abierto, resultado de la praxis humana. Aunque la historia posee regularidades —estudiadas por la concepción materialista de la historia— no tiene un final cerrado ni una dirección unívoca determinada de antemano. Su futuro depende del resultado de la lucha de clases. Podemos ir hacia el socialismo o podemos continuar en la barbarie. El marxismo intenta analizar la historia pasada desde “abajo”, no desde la mirada de los dominadores y triunfadores, sino desde la rebeldía de los pueblos sometidos y las clases explotadas.

* Humanismo: Concepción que pone en el eje de sus reflexiones a los seres humanos (en lugar de la naturaleza, Dios, el mercado, el dinero o el capital). El marxismo es heredero de los antiguos humanismos (por ejemplo el griego o el renacentista, en el caso europeo). Pero para Marx el sujeto ya no es el burgués individual sino un sujeto colectivo: los trabajadores. Marx diferencia el humanismo abstracto, que presupone un individuo ajeno a la historia, del humanismo revolucionario. Éste tiene por objetivo acabar con la alineación y liberar al ser humano de sus productos enajenados a través de la praxis.

* Idealismo: Antigua corriente filosófica. No tiene nada que ver con “tener ideales”. El idealismo afirma que el fundamento último de la realidad es “la Idea”, “Dios” o “El Espíritu”. En última instancia, implica una visión contemplativa del universo.

* Ideología: En el marxismo “ideología” tiene dos significados distintos: [1] concepción del mundo que implica una determinada perspectiva de vida ligada a los intereses de las clases sociales, una escala de valores, junto con normas de conducta práctica. [2] Falsa conciencia, obstáculo para el conocimiento de la verdad, error sistemático, inversión de la realidad por compromisos con el poder establecido. El marxismo es una concepción ideológica del mundo vinculada a los intereses de los trabajadores (significado [1]) que cuestiona toda falsa conciencia ideológica de la burguesía (significado [2]).

* Imperialismo: Fase del sistema mundial capitalista. Se caracteriza por la fusión de los capitales bancarios e industriales, el predominio del capital financiero, el reparto del mundo en áreas de influencia, el armamentismo, la agresividad política de las grandes potencias, la generalización de los monopolios y la amenaza de guerra permanente. Recorre diversas fases históricas. La actual globalización capitalista es apenas la ultima fase conocida del imperialismo.

* Libertad: Tiene distintos significados. Para el liberalismo burgués, ser libre es poseer propiedad y no encontrar obstáculos o interferencias para su disfrute. Ser = tener. “La libertad llega hasta donde llega la propiedad privada”. Para Marx, en cambio, la libertad no puede depender de la propiedad privada. El ser humano es auténticamente libre cuando es genuinamente autónomo, cuando no está forzado a venderse como una mercancía. El capitalismo anula la autonomía de las personas para otorgársela al mercado y a las cosas, transformadas en sujeto (fetichismo). La verdadera libertad sólo puede estar más allá de la cosificación, más allá de la necesidad material, más allá del tener y más allá del trabajo forzado. En el tiempo libre, en el ocio creador. Según Marx, el comunismo es un proyecto de sociedad donde la libertad de todos y todas es condición de la libertad de cada uno. Nadie puede ser genuina y auténticamente libre cuando la mayoría debe venderse en el mercado para sobrevivir.

* Liberalismo: Corriente ideológica que acompaña el ascenso y el auge político de la burguesía hasta que ésta llega al poder. En sus inicios y durante su apogeo del siglo XVIII europeo, se caracteriza por combatir la reacción absolutista, difundir el pensamiento libre, promover el libre comercio y las libertades públicas. Cambia radicalmente cuando la burguesía llega al poder y entran en escena la clase obrera y el socialismo. Entonces se vuelve reaccionario. Hoy en día, el neoliberalismo sólo contiene de aquella ideología la defensa del libre comercio. Pero se ha tornado absolutamente conservador, partidario de gobiernos despóticos, opositor a todo pensamiento libre y enemigo de las libertades públicas. Por eso promueve el control y la vigilancia permanente de los individuos.

* Lucha de clases: No es un enfrentamiento entre individuos aislados (por enemistades o envidias personales). Es un conflicto histórico entre grandes conjuntos de personas: las clases sociales. Esta confrontación divide a la sociedad en opresores y oprimidos: esclavistas y esclavos, patricios y plebeyos, señores feudales y siervos de la gleba, terratenientes y campesinos, burgueses y trabajadores. Esta contradicción impulsa el desarrollo de la historia.

* Marxismo-marxiano-marxista: El marxismo es una teoría crítica de la sociedad capitalista que promueve en todo el mundo una práctica política de emancipación, rebeldía, resistencia, liberación y revolución. Presupone una concepción del mundo y de la vida, de la historia y del sujeto, expresada desde el punto de vista de las oprimidas y los explotados. Como teoría crítica constituye un saber abierto. Es científica, filosófica, ideológica, ética y política al mismo tiempo. El término marxiano es más “técnico”. Hace referencia a los textos escritos exclusivamente por Karl Marx. El término marxista alude a los escritos, al pensamiento y a las tradiciones políticas no sólo de Marx sino también de sus seguidores y partidarios posteriores, hasta hoy en día.

* Materialismo: Antigua corriente filosófica. No tiene nada que ver con el “culto al dinero y a los bienes terrenales”. El materialismo afirma que el fundamento último del Universo es “la Materia”. Uno de los primeros filósofos materialistas es, en Grecia, Demócrito [460 a.C.-370 a.C.]. Al poner el énfasis en la realidad objetiva, independiente de la praxis del sujeto, ajena a la historia y a las relaciones sociales, el materialismo filosófico se vuelve especulativo, contemplativo y pasivo. Separa tajantemente al objeto del sujeto: se queda sólo con el objeto, sólo con la materia, sólo con la naturaleza. El “materialismo” marxiano está centrado en la historia, la sociedad y los sujetos. A Marx le interesa la materialidad... de las relaciones sociales. La “materia” de la que habla el marxismo es una materia... estrictamente social y construida históricamente: las relaciones sociales de producción. ¡No es la materia físico-química de las ciencias naturales!. Para la filosofía marxista de la praxis no hay materia objetiva sin sujeto, ni sujeto sin materia objetiva.

* Mediación: Categoría fundamental del pensamiento dialéctico. Expresa el nexo, el vínculo y el pasaje entre dos momentos del desarrollo y el movimiento. Al estudiar la sociedad, lo más difícil es explicar las mediaciones entre la economía y el poder, entre la acción reivindicativa y la política, entre los movimientos sociales y la revolución socialista. Cuando el marxismo soslaya las mediaciones se transforma en un vulgar mecanicismo, donde todo se reduce a un esquema simplista de “una causa... un efecto”.

* Mercancía: Forma social que adquieren los productos del trabajo humano en la sociedad mercantil capitalista. Un objeto es mercancía si además de tener valor de uso (utilidad) posee valor. Sólo es mercancía lo que se produce para vender, no para consumir directamente. En la mercancía están encerradas las potenciales contradicciones antagónicas del capitalismo.

* Metafísica: Toda concepción del mundo, puramente especulativa, desvinculada de la historia y de la práctica, que se postula como si estuviera al margen del tiempo y el espacio. En toda metafísica predomina una interpretación del mundo, no su transformación. La metafísica se caracteriza por sus pretensiones de (falsa) universalidad.

* Método: Conjunto de reglas lógicas que guían el pensamiento y la práctica.

* Método dialéctico: Para Marx, este método plantea la unidad de la investigación histórica y de la exposición lógica de los resultados obtenidos, siguiendo la línea: concreto-abstracto-concreto. El conocimiento parte de las contradicciones de la sociedad real. Luego la teoría abstrae, construye categorías, hipótesis y conceptos, y finalmente vuelve nuevamente a la sociedad, para intervenir en sus contradicciones mediante la praxis. Según Marx, la lógica dialéctica de conceptos y categorías está estrechamente vinculada a la historicidad de la sociedad. La lógica dialéctica de la exposición teórica —El Capital— expresa y resume a la historia de la sociedad —el capitalismo—. La clave del método dialéctico está en concebir la sociedad como una totalidad y el desarrollo histórico a partir de las contradicciones.

* Modernidad capitalista: Época histórica atravesada por la urbanización e industrialización aceleradas, grandes medios de comunicación, procesos de secularización religiosa, desacralización de valores trascendentes, desencantamiento del mundo y predominio despiadado del valor de cambio. Según Marx tiene un carácter contradictorio. Por un lado genera “progreso” y posibilidades de emancipación individual y colectiva; por el otro barbarie, vandalismo, conquista, sojuzgamiento, opresión, genocidio y explotación. El racionalismo liberal sólo atiende al primer aspecto. El posmodernismo sólo al segundo. Marx ve ambos.

* Modo de producción: Conjunto articulado de relaciones sociales de producción. Los diversos modos de producción permiten periodizar la historia humana. Según la teoría marxista de la historia, cada uno de ellos expresa las relaciones sociales en su máxima pureza y en su concepto esencial. En las sociedades empíricas y concretas, las relaciones sociales nunca se dan puras, están combinadas con relaciones de otros modos de producción (siempre hay uno que predomina sobre los demás).

* Neoliberalismo: Fase globalizada del imperialismo capitalista. Ideología que acompañó la ofensiva capitalista a nivel mundial desde 1973 —golpe de Estado en Chile—, pasando por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, hasta 1994 —alzamiento zapatista en México—. Promueve la libre circulación del capital, las privatizaciones, el desmantelamiento de los derechos sociales, la reducción de los gastos en educación y salud, la represión a la clase obrera, el conservadurismo cultural, el machismo, la xenofobia, la vigilancia y el control permanente de los individuos, el racismo y la militarización de todo el planeta. Entra en una fase de crisis a fines de 1990 a partir de las rebeliones contra la globalización capitalista en diversas ciudades del mundo.

* Plusvalor o plusvalía: Fracción del valor producido por la fuerza de trabajo que es apropiada gratuitamente por el capitalista. Constituye el origen de la explotación. Representa un trabajo impago. Se produce en un tiempo de trabajo excedente. Es la fuente de vida del capital. Se divide y reparte entre diferentes capitalistas: como interés (bancos); ganancias (industriales) y rentas (terratenientes).

* Praxis: Actividad humana que transforma la sociedad y la naturaleza transformando, al mismo tiempo, al sujeto que la ejerce. Ya sea en la política, en el arte, en la ciencia o en el trabajo productivo. Como concepto, expresa la unidad de la teoría y la práctica. Es la categoría fundamental de la filosofía de Marx.

* Producción-mercado-consumo: La producción es el ámbito donde se generan las mercancías. Allí se produce la explotación (“invisible” a la conciencia inmediata). El mercado es el lugar de la distribución y el intercambio de mercancías. Es lo más visible en el capitalismo. El consumo es el espacio donde las mercancías llegan a los consumidores. Según Marx, aunque todos estos momentos están relacionados, el que marca el ritmo del conjunto es la relación de producción.

* Reformismo: Corriente política que busca parches y remiendos para el capitalismo, reclamando reformas y migajas para el trabajador, pero sin cuestionar al sistema en su conjunto. Combate los efectos “no deseados” del sistema, no sus causas. Propone cambios graduales. Rechaza la confrontación con el poder. Limita la lucha a lo inmediato y puntual, sin apuntar a la totalidad.

* Relaciones sociales de producción: Vínculos sociales que se establecen entre los seres humanos para producir y reproducir su vida material y cultural. Los diversos tipos de relaciones de producción permiten diferenciar una época histórica de otra. En las sociedades de clases, toda relación de producción es al mismo tiempo una relación económica, una relación de poder y una relación de fuerzas entre las clases. Las relaciones de producción capitalista expresan la contradicción antagónica entre los propietarios de dinero y los de fuerza de trabajo. No hay conciliación posible entre ambos.

* Reproducción: Mantenimiento y producción continuada de las relaciones sociales. Puede ser simple —en la misma escala— o ampliada. En este último caso, es sinónimo de acumulación. En el modo de producción capitalista la reproducción nunca es automática. Presupone siempre mecanismos hegemónicos y ejercicio de la fuerza material (o su amenaza).

* República parlamentaria: Forma específicamente moderna de dominio político burgués. Cuenta con una serie de instituciones y mecanismos flexibles que le permiten ejercer y reproducir un poder político de clase: las cámaras legislativas, la autonomía relativa de la burocracia, la prensa organizada en las grandes urbes, los partidos políticos de masas, el “libre juego” entre sindicatos obreros y corporaciones empresarias, las alianzas y fraccionamientos políticos, las elecciones periódicas (donde siempre se elige entre dos caras de la misma moneda...) etc., etc. Según Marx, es una forma de dominación política anónima e impersonal, que representa al conjunto de la burguesía. Por eso resulta mucho más eficaz para ejercer el dominio sobre los trabajadores que una dictadura o una monarquía.

* Revolución bolchevique: Primera revolución socialista triunfante en la historia de la humanidad. También es conocida como “revolución de octubre”. Se produjo en 1917. Fue dirigida principalmente por Lenin, y también por Trotsky. Antes de que se burocratice, logró influencia mundial. Marcó a fuego todo el siglo XX: desde la política hasta el cine y la pintura. Para frenar y contrarrestar su influencia en occidente, Henry Ford y John Maynard Keynes planearon reformas al capitalismo. Con su revolución, Lenin consiguió muchas más reformas para los obreros del mundo que todos los reformistas juntos.

* Revoluciones burguesas: Se producen en el norte de Italia (siglo XV y XVI). Luego en los Países bajos (1579), en Inglaterra (1645-1649 y 1688-1689), EEUU (1776) y Francia (1789). Al generalizar la ideología del liberalismo, la revolución francesa se convierte en el paradigma clásico de revolución burguesa. Ésta separa la Iglesia del Estado, construye el Estado-nación, el mercado interno y el Ejército “nacional” (burgués). Inaugura la dominación política de la burguesía y el reinado absoluto del dinero y el valor de cambio.

* Revolución socialista: Se propone crear una sociedad futura de hombres y mujeres nuevos, liberados de la explotación económica pero también de la dominación política de la subjetividad, de la alienación y el fetichismo mercantil, de la burocracia, del patriarcalismo, del racismo, del etnocentrismo y de la xenofobia. Es un proyecto centralmente político, pero también ético y cultural. 

* Sentido común: Ámbito espontáneo de nuestras opiniones cotidianas. Es caótico y contradictorio. Nunca es ajeno a las ideologías. Es un campo de batalla entre diversas concepciones del mundo y escalas de valores. El marxismo aspira a reforzar en su seno las opiniones progresistas y a combatir las reaccionarias. La filosofía de la praxis intenta superar su espontaneidad para lograr una concepción del mundo crítica y coherente.

* Sociedad civil: Tiene muchos significados. En Hegel hace referencia a las instituciones del mercado y también a algunas instituciones políticas, como la policía y la administración de justicia. En Marx alude al conjunto de las relaciones sociales de producción de la sociedad capitalista. En Gramsci remite a las instituciones políticas que no son estrictamente ni económicas (no pertenecen al mercado) ni estatales (no son necesariamente parte del Estado): escuela, universidad, medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, sociedades de fomento, iglesias, etc. Estas instituciones tienen por finalidad generar consenso y construir la hegemonía. Gramsci también denomina a la sociedad civil “Estado ampliado”.

* Teología de la liberación: Corriente filosófica y teológica que intenta fusionar al marxismo con el cristianismo revolucionario. Aunque originariamente tuvo ideólogos franceses, la mayor parte de sus seguidores son latinoamericanos. Retoma el humanismo de Marx (así como también del Che Guevara o de Camilo Torres) y los interpreta desde el mensaje profético del cristianismo.

* Tiempo de trabajo socialmente necesario: Dimensión cuantitativa de la teoría del valor. Cantidad de trabajo abstracto. Constituye la medida social —no individual— del valor de las mercancías.

* Trabajo: Proceso de intercambio y mediación entre el ser humano y la naturaleza, inserto en relaciones sociales. Cuando es libre, Marx lo concibe como una actividad vital humana orientada a un fin que modela según las leyes de la belleza. Pero en la sociedad capitalista no es libre, es forzado, está alienado y enajenado. Se convierte en una tortura y en una obligación impuesta por la dominación capitalista. El capitalismo de nuestros días obliga a una parte de los trabajadores a desgastar su vida trabajando el doble, y a la otra, la condena al desempleo, en lugar de repartir el trabajo entre todos, reduciendo el trabajo necesario de reproducción y aumentando el tiempo libre de ocio y disfrute para el conjunto.

* Trabajo abstracto: Trabajo social global que en la sociedad capitalista genera valor. Dimensión cualitativa de la teoría del valor, estrechamente ligada a la teoría del fetichismo. Característica que asume el trabajo humano cuando su sociabilidad es indirecta y está mediada por el mercado y el equivalente general. Principal descubrimiento teórico de Marx en su crítica de la economía política.

* Valor: No es una cosa ni una propiedad intrínseca de las cosas. Es una relación social de producción. En ambos polos de la relación vincula a poseedores de mercancías. Cuando los productos del trabajo se generan dentro de relaciones de valor, se producen para ser vendidos en el mercado. Marx distingue históricamente diversas relaciones de valor. Desde la más simple (el trueque) hasta la más desarrollada (el dinero).