2/6/09

György Lukács: Bibliografía en castellano


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Velázquez, María del Carmen, "Potencialidad actual del arte: praxis estética y praxis política". En: Antonino Infranca y Miguel Vedda (eds.), György Lukács: Pensamiento vivido. Bs. As.: Facultad de Filosofía y Letras (UBA) / CeDInCI, 2003.

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Georgy Lukács sobre la cuestión judía


Marc Chagall [Bielorrusia] "Judío rezando"

Zoltan Tarr

 

El concepto de "cuestión judía" no fue introducido por Adolf Hitler, sino por Karl Marx, quien en su panfleto de juventud Sobre la cuestión judía (1843/44) escribió la conocida frase final: "La emancipación social del judío es la emancipación de la sociedad respecto del judaísmo". El problema, sumamente complicado, acerca de "quién es judío" fue ya frecuentemente discutido. Incluso una fugaz visión de conjunto llenaría por sí sola una conferencia. Max Weber escribió: "La ‘nación’ es un concepto que, si se considera como unívoco, no puede nunca ser definido de acuerdo con las cualidades empíricas que le son atribuidas", y continuó: "El problema de si podemos considerar a los judíos como una nación es antiguo. La respuesta ha sido casi siempre negativa, pero en todo caso de manera diversa según el modo [...]" (Weber, 1972, págs. 528-529 [Weber, 1964, págs. 679-680)[1]. En el Fischer Lexikon Staat und Politik [Enciclopedia Fischer sobre Estado y política] (1957) leemos:

El concepto de cuestión judía comprende problemas políticos, sociales, económicos, teológicos y -en tanto no se lleve a cabo una completa emancipación- jurídicos, los cuales fuera del Estado de Israel resultan de las relaciones de los miembros de este grupo minoritario, denominados "judíos", con el resto de la población (Fraenkel & Bracher, 1957, pág. 140).

La cuestión debe ser considerada histórica y sociológicamente. Por ejemplo, la cuestión judía para Marx significaba la emancipación de los judíos. La pregunta queda abierta: ¿cómo entender la definición?, y además, ¿qué hacer después de la emancipación? La cuestión judía a comienzos del siglo XX en Berlín y Budapest, según encuestas realizadas, nos conduce a la pregunta: ¿asimilación, simbiosis o fusión?

Para nuestro tema actual: ¿cómo se respondió a la pregunta por la cuestión judía a comienzos del siglo XX en Hungría? La cuestión estaba sin duda vinculada con el tema de las nacionalidades/minorías étnicas; sin embargo, fue tratada en forma separada. La revista de sociología 20. század [Siglo XX] organizó dos encuestas entre destacados intelectuales e investigadores sociales: una sobre la cuestión judía (1917), y otra sobre la cuestión de la nacionalidades (1918). ¿Por qué fueron necesarias encuestas separadas? Ambos problemas pueden ser entendidos como diferentes. Las minorías étnicas eran grupos populares con una lengua propia y aspiraciones de autonomía. Los judíos hablaban húngaro y alemán (¡no jiddisch!) y, por lo tanto, no eran considerados una minoría étnica. Tampoco en las estadísticas eran registrados como tal minoría. Además, los judíos tampoco formularon ninguna aspiración a un Estado propio en la región del Danubio. El propio Lukács aportó una interesante contribución sobre la cuestión de las nacionalidades, pero ninguna sobre la cuestión judía.

La ocasión para la encuesta arriba mencionada fue un libro de Peter Agoston A zsidók utja [El camino de los judíos] (Nagyvarad, 1917). El autor no era judío, sino que provenía de una familia suaba. Era una persona prominente en los círculos intelectuales judíos de Nagyvarad/Oradea, y tuvo un papel importante en la 2ª generación de la reforma (cf. Horváth, 1966). Un observador sionista denominó a Agoston en 1917 "un autor masón, progresista y, por eso, cuasi judío". Agoston era un socialista y atacó al capitalismo (judío), pero a través de su estilo daba la impresión de ser antisemita y generó el alboroto que dio ocasión a la encuesta.

Después de estas observaciones preliminares, pasamos ahora a Lukács. El tema "Lukács sobre la cuestión judía" es un importante aspecto en la obra del filósofo húngaro Georg Lukács (1885-1971), que abarca setenta años. Durante esos setenta años Lukács sobresalió como crítico burgués de la cultura, como comunista revolucionario, o bien como pensador marxista. Si se observa esta evolución en su contexto histórico, Lukács aparece como filósofo del movimiento marxista-socialista europeo. Coincido con Leszek Kolakowski cuando escribe:

La personalidad de Lukács y su papel en la historia del marxismo son, y sin duda serán por mucho tiempo, materia de una viva controversia. Sin embargo, se le considera en general como el filósofo marxista más destacado durante el período de la ortodoxia estalinista. En realidad, podemos ir aún más lejos y decir que fue el único filósofo marxista en aquella época […] (Kolakowski, 1983, pág. 249)[2].

No obstante el número casi incalculable de literatura secundaria sobre Georg Lukács, no hay hasta el momento ningún trabajo serio que haya examinado el tema "Georg Lukács sobre la cuestión judía" (cf. Lapointe, 1983). El propio Lukács hizo solo breves observaciones sobre este aspecto de su vida en entrevistas y esbozos autobiográficos. Ya el joven Lukács escribió: "Sócrates, el hombre, desapareció tras su filosofía", y el viejo Lukács observó: "Un erudito debe, como persona, desaparecer tras su obra".

Cuando le preguntaban por su "época religiosa", Lukács por lo general no respondía: él decidió no acordarse más. ¿Represión? Hay, sin embargo, conjeturas que nos autorizan a ocuparnos de este aspecto biográfico. George Steiner, el teórico de la literatura judío oriundo de Viena, y que conoció personalmente a Lukács, escribió:

Lukács tenía raíces profundas. Era elusivo en referencia a su propio judaísmo, pero un judío hasta la médula […] él es miembro de la constelación trágica -Ernst Bloch, Walter Benjamin, Adorno, Herbert Marcuse- de judíos abstraccionistas, poseídos por una furia mesiánica por la lógica, por el orden sistemático en la condición social del hombre (Steiner, 1982).

Como es sabido, luego de una visita en 1922 a Lukács en Viena, Adorno escribió a Sigfried Kracauer: "Mi primera impresión fue grande y profunda, un pequeño, delgado, torpe, rubio judío oriental (¡sic!) con una nariz talmúdica y unos maravillosos, insondables ojos […]" (cit. en Wiggershaus, 1986, pág. 92).

Las interpretaciones de la obra lukácsiana van en diferentes direcciones. Algunas lo ven como un erudito alemán, porque la mayor parte de sus escritos aparecieron en Alemania, en alemán y sobre temas alemanes. Las interpretaciones húngaras más recientes intentan recobrarlo para la vida intelectual húngara. Aacentúan las raíces húngaras de Lukács y describen su participación en la vida cultural y política de Hungría. La así llamada cuestión judía fue tabú en Hungría entre 1949 y 1989, y con ello también el orígen judío y determinados aspectos de la obra lukácsiana.

Después de 1989[3] los investigadores húngaros intentaron equipararse con la investigación occidental. Sin embargo, para aquellos que se interesan por la historia y la sociología del judaísmo, Lukács no es un tema, puesto que él se convirtió sucesivamente, en primer término del judaísmo al cristianismo y más tarde al bolchevismo. Si se sigue el consejo de Lukács ("Opino que mi evolución ha ocurrido paso a paso, y creo que si uno se ocupa de ella, debería entonces proceder preferentemente en forma cronológica, porque en mi vida las cosas están muy fuertemente conectadas"), debemos comenzar entonces con los hechos (Lukács, 1981, pág. 39).

En los esbozos autobiográficos, que Lukács escribió en los últimos meses de su vida, figura la siguiente frase sobre la infancia y la escuela: "De una familia puramente judía…" En una entrevista con István Eörsi, Lukács fue interrogado sobre esta declaración. Lukács contestó:

Las cuestiones religiosas eran para las familias de Leopoldstadt completamente indiferentes. En consecuencia, la religión nos interesaba, en realidad, solo en tanto que ella era una parte del protocolo hogareño, que tenía un papel en el casamiento y en el desarrollo de otras ceremonias. No sé si he contado ya esta anécdota, mi padre al comienzo del movimiento sionista dijo que él quería ser cónsul en Budapest durante la constitución del Estado judío. En una palabra, entre nosotros reinó una completa indiferencia frente a la religión judía (ibíd.).

¿Qué significaba, desde un punto de vista histórico-sociológico, esta "familia puramente judía" a comienzos del siglo XX en Budapest? Los abuelos paternos de Lukács vivieron en la ciudad de Szeged, al sur de Hungría. El abuelo Jakob Löwinger era techista, y estaba casado con una tal Julia Pollak. Ellos probablemente formaron parte de aquella ola de inmigrantes judíos que ya antes del Acuerdo con Austria de 1867[4]habían llegado a Hungría, y, económica y políticamente, deseaban asimilarse en el sistema social existente. En las biografías de Lukács siempre se menciona un "talmudista" en la familia, quien no se habría ocupado de su familia, sino solo de la "Escritura". Lukács habría dicho que él seguramente heredó de ese tío su inclinación filosófica (cf. Hermann, 1985, pág. 9). El padre de Lukács, József Löwinger, fue primero un empleado bancario que estudió en forma autodidacta idiomas, economía e historia. A los 18 años se convirtió en corresponsal en jefe en un banco de Pest, y con 24 años ya en director de una filial bancaria de Pest. A comienzos de los años ochenta se casó con Adele Wertheimer, de Viena.

Un aspecto importante de la asimilación fue que la forma de vida y pensamiento de los alemanes y judíos que habitaban en Hungría era mucho más apta para el desarrollo capitalista que la de la nobleza húngara. Pero más allá de eso, no era posible asimilarse por completo al ser húngaro, sino solo a determinadas clases y estratos. Jacob Katz, quien nació en Hungría y vivó luego en Israel, escribió en su tesis: "Los judíos no se asimilaron al ‘pueblo alemán’, sino a cierto estrato de él, la clase media que acababa de emerger" (cf. Katz, 1984). József Löwinger estaba convencido de la posibilidad de la asimilación completa, hizo magiarizar su apellido y pasó a llamarse, por tanto, Lukács[5]. En 1899 le fue concedido el título de nobleza por el emperador Francisco José, como Szegedi Lukács. Los escritos de juventud de Lukács, como El alma y las formas (1911), fueron publicados bajo el nombre von Lukács. El bautismo fue el siguiente paso en el proceso de asimilación. En 1907 la familia se convirtió a la religión evangélica luterana. (Como ya lo señaló Heinrich Heine: este era el "boleto de entrada" a la civilización occidental). En el curso de una conversación entre Lukács padre y Bernat Alexander, en ocasión de la postulación frustrada de Georg a la Universidad de Budapest, Alexander habría señalado que la religión era más importante que la aptitud. A lo cual el padre de Lukács dijo: "pero Gyuri no es más judío", es decir que él había sido bautizado.

Creo que las instancias encargadas de la designación de Lukács tenían ideas parecidas a las de aquellos que se opusieron a la designación de Simmel en Heidelberg. Como es sabido, en la famosa carta del historiador Dietrich Schäfer al ministro Böhm se lee: "Si el Prof. Simmel está bautizado o no, no lo sé, tampoco intenté averiguarlo. Pues él es un israelita de cabo a rabo, en su apariencia externa, en su comportamiento y su mentalidad [...]" (cit. en Gassen & Landmann, 1958, pág. 26).

Lukács asistió al bachillerato evangélico luterano, y lo recordó de la siguiente manera:

En el bachillerato evangélico Leopoldstadt era la aristocracia. Nunca tuve allí un papel como judío, sino como un joven de Leopoldstadt, que en esta escuela era considerado un aristócrata. Por lo tanto, no surgieron las cuestiones sobre el judaísmo. Que soy un judío, siempre lo supe, pero esto jamás tuvo una influencia esencial en mi evolución... Tomé mi judaísmo como un hecho de nacimiento, y con eso el asunto quedó resuelto... Naturalmente en la Hungría de entonces se hacían diferencias entre un judío y un no judío... En la generación siguiente, ya después de la dictadura [1919], fue una cuestión mucho más difícil. Antes de la dictadura no tuvo un papel serio (Lukács, 1981, págs. 45-46).

El primer escrito del bachiller de 17 años, una reseña de teatro del año 1902, contiene una toma de posición muy consciente sobre el judaísmo y sobre la personalidad judía. En la obra de teatro A föld [La tierra], se trata una importante cuestión social de la Hungría de entonces, la cuestión de la tierra. Lukács elogia que el autor con su obra haya proporcionado el drama típico de la Hungría contemporánea. Sin embargo, lo esencial en la crítica de teatro de Lukács pasó por el aspecto judío. Lukács opinaba que la representación de diferentes tipos de campesinos era aceptable, pero la representación de los judíos, malograda. Si el autor mismo no conoció a ningún judío, entonces él solo habría necesitado leer el editorial de un diario no judío para saber que el judío es un usurero y un chupasangre sin carácter, y no se mostraría en su obra cómo, al comprar la tierra, perdió dinero. Y nadie en el teatro se rió de eso, observa Lukács. Continua este: "El judío puede ser insensible, usurero, etc.; no necesita serlo absolutamente, en todo caso tiene los rasgos: perspicaz, austero, y de ninguna manera tonto, incluso al contrario en cuestiones de dinero [...]" (Lukács, s/f).

Como es sabido, en Hungría los judíos estaban fuertemente representados en las ciudades. En Budapest, más del 50% de los grandes industriales, comerciantes, los principales financistas, los médicos y abogados en 1910 eran judíos; sin embargo, su porcentaje de la población en Hungría ascendía aproximadamente a un 5 %. Hacia fines del siglo tuvo lugar la conquista de la tierra. Paul Szende escribió en 1920: "el 15 % de los grandes hacendados y terratenientes son judíos" (Szende, 1920).

Los años de peregrinaje de Lukács: 1911-1945[6]

Después de los planes fracasados para una carrera universitaria en Budapest, Lukács fue primero a Florencia y luego a Heidelberg, para trabajar con la ayuda de Max Weber y el generoso apoyo financiero de su padre (10.000 marcos imperiales anuales) en su trabajo de habilitación. Su padre escribió en 1909:

Tú mismo dices que te concedo generosa libertad en tu desarrollo. Lo hago a conciencia, porque confío ilimitadamente en tí y te quiero inmensamente. Estoy dispuesto a hacer cualquier sacrificio para verte grande, reconocido, célebre; será mi mayor dicha que se diga sobre mi que soy el padre de Georg Lukács (carta de József Lukács a Georg Lukács del 23/08/1909; en: Fekete & Karádi, 1981, pág. 148).

Con esto la situación de Lukács se asemeja a la de muchos judíos procedentes de un hogar de la gran burguesía; como escribió Hannah Arendt:

Benjamin [...] era un exponente típico de toda la clase de intelectuales judeo-alemanes [...]. La condición era la mentalidad de los padres, que siendo hombre de negocios exitosos no estimaban mucho sus propios éxitos y soñaban con que sus hijos estuvieran llamados a algo más alto [...] (Arendt, 1989, págs. 216-217).

Durante sus "años de peregrinaje" el interés de Lukács por las cosas judías se intensificó. Se encontró en varias ocasiones con Martin Buber, tuvo correspondencia con él y escribió una reseña sobre publicaciones de Buber: La leyenda del Baalschen yLa historia del rabí Nachmann, donde se dice:

El mayor mérito de estos libros radica en que ellos ponen fin al prejuicio -aparentemente fundado- de que las fuentes metafísicas del judaísmo estarían agotadas en los tiempo modernos; por lo tanto el judaísmo solo podría producir pensadores "agudos", "ingeniosos", pero no sería capaz de crear genios originales, creativos (Lukács, 1982, págs. 186-187).

El amigo de Lukács Béla Balázs menciona que en el pensamiento de Lukács se produjo un giro, que define de la siguiente manera:

La nueva filosofía del mesianismo de Gyuri. El medio homogéneo como destino de salvación [...]. Su gran transformación hacia la ética será el centro y la meta de su vida [...] ¡Gyuri descubre al judío en él! La búsqueda de sus antepasados. La secta de los Hassidim. Baalschem. Encontró ahora también a sus ancestros y a su raza (Balász, 1982, págs. 613-614).

La tentativa de una carrera universitaria en Alemania también fracasó. El decano de la Universidad de Heidelberg escribió a Lukács: "Me permito comunicarle que la Facultad de Filosofía, bajo las circunstancias actuales, no puede admitir a un extranjero, especialmente un ciudadano húngaro, para la habilitación" (07/12/18) (cf. Sauder).

Sabemos por Marianne Weber, Paul Honigsheim y Karl Jaspers que Weber estaba fascinado por los estudiantes orientales. Marianne Weber escribe: "Del polo opuesto de la concepción del mundo vinieron también algunos jóvenes filósofos orientales, que se hicieron conocer en esa época, sobre todo el húngaro Georg von Lukacz (¡sic!), y que trabó íntima amistad con Weber". En el llamado Círculo de Weber "solo algunos invitados, como Gundolf o Lukács, poseen tal maestría en la expresión de su mentalidad que llegaron a puntos de cristalización independientes" (Marianne Weber, 1984, pág. 76). Karl Jaspers se manifestó sobre la impresión que le produjeron Lukács y Bloch,

Lukács era considerado por algunos como una especie de santo... Bloch era más bien un joven elemental, muy sincero, que despertó simpatías a través de su calor y su espontaneidad. En Heidelberg se hablaba de ambos. El filósofo Lask hizo el chiste: ¿Quiénes son los cuatro evangelistas? Mateo, Marcos, Lukacz y Bloch... (Marcus Tarr, 1982, pág. 150).

En 1918 Lukács respondió en Budapest a una encuesta con la enumeración de los libros que habían ejercido una influencia decisiva hasta ese momento en su vida. Lukács escribió: "El primer libro con una influencia persistente en mí fue la Ilíada [...] que leí a los diez años [...]. Otros libros que leí de niño no produjeron una impresión profunda, con excepción del Génesis, que leí a los 13 años y que causó una crisis religiosa en mí" (Lukács, s/f, pág. 756).

A fines de noviembre de 1918, Lukács regresó a Budapest y se afilió al recientemente fundado Partico Comunista; se convirtió en subcomisario de Instrucción Pública en la República de los Consejos, que estaba bajo la conducción de intelectuales judíos, a semejanza de la República de los Consejos en Baviera. Max Weber, testigo presencial, dijo en 1919 que era una lástima que "en aquella época tantos judíos estuvieran entre los líderes revolucionarios". La irritación de la población contra los revolucionarios y sus "jefes judíos y extranjeros era grande", refirió también Marianne Weber.

Thomas Mann escribió: "Múnich, como Baviera, regida por literatos judíos. ¿Durante cuánto tiempo se tolerará esto? [...] ¡Esta es la revolución! Se trata casi exclusivamente de judíos" (Mann, 1979, pág. 63).

En 1919, después del fracaso de la República de los Consejos en Hungría, siguió para Lukács la emigración hacia Viena, y los años de peregrinaje de Georg comenzaron. El llamado Círculo de los Domingos de intelectuales judíos en torno a Lukács en Budapest fue reconstruido en Viena. Lukács se ocupaba de literatura y política y escribió cerca de 50 artículos, reseñas e Historia y conciencia de clase -su magnum opus-, con el ensayo "La cosificación y la conciencia del proletariado", sobre el tema de la alienación: un tema muy arraigado en la tradición judía. No es casualidad que de todas las interpretaciones de Marx, el tema de la alienación haya sido tomado principalmente por intelectuales judíos. Max Weber und Karl Marx, de Karl Löwith, tiene un capítulo con el título "La interpretación marxiana del mundo capitalista-burgués en términos de la ‘autoalienación’ humana" (cf. Löwith, 1932). Jacob Taubes, en su tesis ymagnum opus Abendländische Eschatologie [Escatología occidental] (1947), fue influido por Historia y conciencia de clase. Él había invitado a Lukács a Zúrich, y la última carta de Lukács estuvo dirigida a Taubes. Lukács fue bien recibido también en los círculos de intelectuales judíos socialistas de Nueva York en los años sesenta y setenta. Joseph Maier, amigo de Max Horkheimer, escribe en su artículo "Georg Lukács y la Escuela de Frankfurt: un caso de mesianismo secular": "Lukács compartía con los escritores de la Escuela de Frankfurt, por sobre todo, una filosofía sistemática de la historia, en cuanto historia de realización y salvación"; y Maier postula "la posibilidad de remontar la inspiración de Lukács y de los escritores de la Escuela de Frankfurt al misticismo y al mesianismo judíos" (cit. en Marcus/Tarr, 1989, págs. 58-59).

Cuando Lukács, en su exilio vienés, redactó el programa político de la llamada dictadura democrática, lo denominó "Tesis de Blum". Blum, un típico nombre judío, era su seudónimo. (El héroe judío en la novela Ulises de James Joyce se llama también Bloom y proviene de Hungría). Durante su exilio en Viena, Lukács se encontró con Theodor Adorno y Thomas Mann, cuya esposa Katia escribió en sus memorias sobre el encuentro:

Naphta no existió. Naphta es, tal como es, un personaje inventado. Pero en el año 1922 estábamos en Viena. Nos alojamos en el Hotel Imperial, y allí nos visitó Georg Lukács, quién vivía exiliado en Viena, ... cuando él me leyó el capítulo sobre Naphta con la descripción de su persona, dije: ¿Realmente has pensado allí en Lukács? ... Naphta me recuerda a él ... No tuve para nada esa intención, pero bien puede ser que tuviera presente a Lukács.. (Katia Mann, 1974, págs. 81-82)

Véase también la carta de Mann al Dr. Seipel:

Conozco también al propio Lukács. Una vez en Viena, durante una hora, me desarrolló largamente sus teorías. Mientras hablaba, tenía razón. Y si más tarde quedó la impresión de una abstracción casi ominosa, también quedó la impresión de la pureza y la nobleza intelectual (Mann, 1968, pág. 172).

1933-1945 Exilio en Moscú y regreso a Hungría

Simultáneamente a los procesos públicos de 1936 en Moscú, tuvo lugar una reunión privada de escritores alemanes en septiembre de 1936[7]. Lukács habló sobre la vida de los emigrados como una situación de desconexión con las grandes masas en la Unión Soviética (cf. Müller, 1991, pág. 196).

Después de su regreso a Budapest a la edad de 60 años, Lukács se entregó a una actividad febril. Fue miembro del Parlamento, profesor en la Universidad, miembro de la Academia de Ciencias, y tuvo un papel activo en la bolchevización de la misma. Sin embargo, Lukács escribió a su amigo Míjail Lifschitz que él regresó a Budapest con la idea de trasladarse luego a Viena (cf. Lifsic & Sziklai, 1989). Surge la pregunta: ¿se sintió Lukács finalmente en casa, o permaneció también como un extranjero en Budapest? En 1949 él habría dicho en Weimar: "Si tuviera en Budapest un alumno que me entendiera, entonces sería optimista […]"[8]. Sin embargo, todavía ahora permaneció como promotor de la literatura clásica (Goethe, Mann) contra el Kitschsocialista soviético; pero también fue responsable de la supresión del modernismo en literatura (Kafka, Joyce, Proust), en filosofía (de Heidegger a Wittgenstein) y en el arte plástica.

Hoy es importante para nosotros no perder de vista su disputa con los intelectuales burgueses radicales sobre el fascismo húngaro. Fueron presentadas dos concepciones diferentes de la burguesía húngara, que estaban ligadas a la cuestión judía. Lukács vió el problema central en la dictadura y la corrupción del capital, y de allí se derivó su evaluación del fascismo: para muchos otros, el antisemitismo era el núcleo de la contrarrevolución y la causa del consiguiente fascismo. Para el marxista Lukács, la dictadura del gran capital estaba en el centro del fascismo emergente, y de esta manera quedó en consonancia con la definición de Dimitrov. En consecuencia, Lukács no pensó el combate del antisemitismo como la tarea primaria, sino como un fenómeno concomitante. Según Lukács, quien quiere la democracia en Hungría, y por cierto una democracia sin antisemitismo, debe ayudar a quebrar la dictadura (judía) de Fellner-Ullman (cf. Lukács, 1948, págs. 192 ss.)

Hace poco el historiador István Deák escribió:

en Budapest, los dueños de las fábricas y los banqueros, que eran judíos, obtenían enormes ganancias por la producción de armas para los ejércitos alemán y húngaro (durante la Segunda Guerra Mundial). Cada vez que Hitler exigía a Horthy que tomara medidas drásticas contras los 800.000 judíos húngaros, Horthy respondía que eso provocaría el colapso de la industria armamentística húngara. Cada vez que el gobierno húngaro planeaba una resistencia más laxa a las demandas alemanas, los líderes judíos húngaros presentaban un pedido de mayor colaboración con el fin de salvar a la comunidad judía (cf. Deak, 1996, págs. 85-86).

Continúa Deák: "En la actualidad, a nadie le gusta hablar de este tema, pero debe decirse aquí que el interés inmediato de los judíos, concretamente la supervivencia, no era necesariamente idéntico al interés de los Aliados, que era derrotar a Alemania".

En 1967 Lukács fue visitado por intelectuales de Alemania occidental (Abendroth, Holz y Kofler), y consultado sobre política, literatura y filosofía. Entre otras cosas también sobre la cuestión judía. Lukács dijo:

… hay ahora en Semprun [autor de la novela El gran viaje] algo que yo resaltaría con mucho gusto, porque se refiere a un caso de aquel terrible suceso del fascismo, es decir la cuestión judía … yo tengo por falso que hoy en Alemania persista la tendencia a reducir la superación del fascismo a la cuestión judía. Este es solo un episodio, y Semprun ha representado el asunto hermosa y muy valientemente, también como autocrítica del judaísmo; a saber, hay en ella un judío comunista alemán que llega a Francia, lucha entre los partisanos franceses, como partisano cae, y respecto de eso Semprun escribe: "No quiero una muerte judía". Es decir, la muerte judía fue esto, que cientos de miles y millones fueron arrojados en las cámaras de gas, sin el menor intento de resistencia… (Pinthus, 1967, pp. 54-55)

Para terminar, queda abierta la pregunta, que no puede ser unilateralmente contestada, por si Lukács fue un marxista consecuente, un "judío no-judío" (Isaac Deustcher), o un representante del "mesianismo secularizado" (Joseph Maier), o si se trató de un caso de autoodio judío, como lo definió Ernst Bloch:

Hay un antisemitismo imitado por los judíos, para darse una coartada. Pero en Marx, Weininger, Kraus no se recuerda a Luegger, sino a Isaías, la antigua polémica de los profetas contra la apostasía y la usura, y contra la hija de Sion. Tal odio judío en el judío puede ser una señal de que él es un auténtico judío (Marcus Tarr, 1982, pág. 178).

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Notas

* "Georg Lukács zur Judenfrage". Trad. de Esteban Ruiz. Publicado por gentil autorización del autor.

** Nació en Hungría; vive en los EE.UU. desde 1967. Se doctoró en Sociología y Ciencias Políticas en 1974 con una tesis sobre "The Social Theories of Max Horkheimer and Th. W. Adorno". Ha dictado clases en la Graduate Faculty of Political and Social Science della New School for Social Research (1980-1985), Kenyon College (1993), Skidmore College (USA) (1994) y, antre 1997 y 2002, ha ofrecido cursos en la Universidad de Budapest, Szeged, Miskolc, Múnich y Leipzig. Es miembro de la "American Sociological Association" y de la "American Political Science Association". Entre sus publicaciones más recientes se encuentran: Weber and Toennies. Comparative Sociology in Historical Perspectives (Transaction Books, New Brunswick y Oxford, 1995; co-editor); "Ethnicity, Nationality and Nationalism in Early Austrian-Hungarian Social Science", en: Marcus, J. T. (ed.), Surviving the Twentieth Century (Transaction Publishers, New Brunswick y Oxford, 1999); "Adorno et al. Studien zum autoritären Charakter", en Sven Papcke/ Georg Oesterdiekhoff (eds.), Schlüsselwerke der Soziologie (Westdeutscher Verlag, Opladen, 2001)

[1] La traducción ha sido levemente modificada.

[2] La traducción ha sido levemente modificada.

[3] En el original: "Nach der 1989 Wende…"; Wende [cambio, giro] es la expresión habitual para designar la caída del llamado comunismo real (NdT).

[4] Acuerdo entre el Imperio de Austria y el Reino de Hungría a partir del cual ambos Estados, bajo la órbita de los Habsburgo, formaron una monarquía dual con un monarca común: Francisco José. (NdT)

[5] Magiares, grupo étnico de Europa del Este, correspondiente a los actuales pobladores de Hungría. El autor verbaliza el adjetivo: magyar, magyarisieren. (NdT)

[6] En el original: "Lukács’s Meisters Wanderjahre...", el autor alude a la conocida novela de formación de Goethe Años de peregrinaje de Wilhelm Meisters. (NdT)

[7] . El autor se refiere a los Procesos de Moscú (1936-38), contra Nicolai Bujarin y otros. (NdT)

[8] Comunicación personal del Prof. Dr. Knut Borchardt, Múnich. 


Ser o No Ser: ¿Obama se decide?



Base Naval norteamericana de la bahía de Guantánamo, en territorio cubano

Elsa Claro  /  CubaDebate

Pronto o tarde se están disparando acusaciones de grueso calibre contra Barak Obama, quien, cuando menos, es juzgado de ambivalente, sobre todo en lo referido a sus propósitos de realizar cambios sobresalientes en la readquisición del tan fanfarroneado paradigma sobre liderazgo en derechos humanos, algo que olvidaron al ejecutar lo designado como lucha contra el terrorismo. El rotativo vienés Der Standard, lo enfoca de este modo: “Estados Unidos debe cerrar el campo (de Guantánamo) y acoger a los prisioneros (…) No puede derivar la responsabilidad hacia otros países (…) Hasta ahora, ha intentado darle el gusto a todos en el debate: acabamos con los métodos de Bush, pero los responsables quedan impunes; cerramos Guantánamo, pero los tribunales militares prosiguen...”

Otro enfoque pertenece al director ejecutivo de la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses, Anthony Romero, quien alude al desencanto de muchos  al ver que Obama y el Partido Demócrata no se prepararon para contrarrestar la campaña de miedo orquestada por los republicanos, destinada a permitir que las repulsivas políticas de los 8 años recién pasados se mantengan. 

"Celebramos el compromiso de Obama con la Constitución, el imperio de la ley y el inequívoco rechazo a la tortura. Pero, a diferencia del presidente, creemos que continuar con las defectuosas comisiones militares y crear un nuevo sistema de detención indefinida sin acusación formal es inconsistente con los valores que expresó tan elocuentemente…” opina Romero.

El asunto estriba en que si bien rechaza el empleo del suplicio para obtener cuestionables informaciones, el mandatario se niega con similar fortaleza a crear una especie de comisión de la verdad que investigue y eventualmente exija responsabilidades a todos cuantos permitieron vituperables  métodos contra personas sobre las cuales ni siquiera existían evidencias mínimas de culpa. 

Baste de ejemplo, entre muchos que vienen saliendo a la luz pese al intento por acallarlos,  el denunciado por un grupo humanitario de Afganistán, asegurando que un prisionero de esa nacionalidad, Mohammed Jalad, tenía tan sólo doce años cuando fue encarcelado en Guantánamo donde está internado desde hace más de seis, víctima de repetidas torturas. Su caso -muy difícilmente aquel niño pudo ser un terrorista-  pudiera añadirse al de unos 525 detenidos liberados tras resultar imposible obtener pruebas sobre sus hipotéticos vínculos con alguna organización extremista. 

Los senadores norteamericanos que se han negado al cierre de ese penal creado en el sur oriente cubano, argumentaron que llevar hacia suelo estadounidense a individuos tan ¿amenazantes?  constituye un desafío a la seguridad del país. La duplicidad expositiva que se le achaca a Obama parece haberle proporcionado a la cámara alta, un pretexto pues el jefe de estado abordó el asunto planteando que debía encontrarse un “marco legal para aquellos que no pueden ser juzgados” y  pudieran ser “un peligro a la seguridad nacional”.
Los señores senadores de ambos partidos magnificaron los hipotéticos riesgos que supondría dejar en las calles norteamericanas a personas a las cuales les endosaron lo que no se les probó nunca, pero a que ninguno de los antes liberados se quedaron en EE. UU. Pues marcharon a sus puntos de origen. 
Parece que de la misma manera en que Richard Cheney mintió al mundo diciendo que de Iraq habían salido los terroristas que atentaron contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre 2001, en uno de varios intentos para justificar la invasión de ese país, y nada le ha ocurrido aunque se regodee ahora aceptando que antes dijo tremendo embuste, hay investigaciones, reportes y quién sabe cuántas certificaciones demostrando que   la aplicación de torturas y distintos atropellos siempre estuvieron fuera de la ley y por tanto ahora ni se deben practicar ni tampoco tolerarlos. Antes bien requieren ser castigados.
Pero las nociones de que las garantías internas se obtienen al margen de los principios,-criterio aplicado por el propio Cheney- sigue vigente en el mandato Obama cuando hace concesiones o titubea hasta con respecto a sus mejores compromisos.  

El destacado politólogo Noam Chomsky aseveraba recién que las revelaciones actuales sobre torturas y qué se debe hacer sobre ello apuntan una vez más al eterno conflicto entre "lo que representamos" y "lo que somos". Es decir, las palabras deben corresponderse con los hechos o no se consuman.

Desde que el general Taguba rindiera su informe antes de retirarse del ejército, se supo que aparte de las tétricas fotos difundidas sobre una parte de los abusos cometidos en Abu Graib existían pies de película y centenares de fotos con testimonio innegable de lo hecho en esa prisión y en otras del propio Irak o en Afganistán. Acaba de confirmarse que las peores no fueron dadas a conocer. 

Algunas organizaciones estadounidenses pidieron que se publiquen, pero el jefe de estado solicita a un  Tribunal de Apelación de Nueva York que paralice la divulgación de esas fotografías  porque “Temo que tenga consecuencias para la seguridad de nuestras tropas”.  

Obama le da base a su demanda partiendo de las valoraciones hechas por Raymond Odierno y David Petraeus, altos mandos militares a cargo de las fuerzas que en las dos naciones ocupadas  cometieron los execrables actos. Según el mismo Petraeus  son “…imágenes, en las que se ve a militares estadounidenses maltratando a presos” (incluso violándoles)  y mostrarlas implicaría el posibilidad de que las tropas en ambos países fueran atacadas.

El debate está instalado en EE.UU. en torno a la exhibición de ese testimonio gráfico y en lo relativo a si los detenidos en Guantánamo deben someterse a juicio regular en tribunales estadounindeses o mantener la ficción de cortes militares sin garantías para los reos.

Un pequeño pueblo de Montana se ofreció para recibir a esos prisioneros si en definitiva Obama cumple su  promesa de clausurar la mal afamada instalación que se convirtió en símbolo de la escasa probidad del gabinete Bush que se derramará sobre el nuevo inquilino de la Casa Blanca mientras él no se deshaga de tan pésimos influjos y los culpables sigan ilesos.

Sucede que  en Hardin, el condado más pobre de ese estado norteamericano,  hace poco construyeron una cárcel pensando que les ayudaría a lograr cierta reactivación económica, pero aún no recibieron allí ningún huésped.
En la disyuntiva y junto con Obama, están los demócratas sumados en este tema a las tesis republicanas y, por supuesto, el esqueleto que hueso a hueso se fue creando por el sistema y sus sustentadores, para darle músculo y fuerza a un modo sumamente egoísta de enfocar la vida propia y sobre todo, la ajena.

La OEA, una creación neocolonial y sus complicidades impunes


Amelia Peláez [Cuba]  "Naturaleza muerta con pitahaya", 1942

Stella Calloni  /  Cubadebate


Desde su creación en 1948, la Organización de Estados Americanos (OEA) es una institución ausente en la defensa de los derechos de los pueblos sometidos a estrategias de dominación a lo largo del siglo XX y fue cómplice de los sucesos más cruentos que dejaron miles de víctimas en el continente.

A lo largo de 60 años permaneció como una institución fantasma ante la tragedia latinoamericana cumpliendo el indigno papel de Ministerio de Colonias actuando bajo los mandatos de la virtual metrópoli colonial, que nos impuso la dependencia con violencias diversas.

Ahora atraviesa una de sus mayores crisis, que en realidad comenzó a profundizarse ante su total inoperancia en 1982, en la llamada Guerra del Atlántico Sur, la gota que desbordó el vaso después de no haber dado respuestas a las injusticias que vivió la región en los años 60-70.

En realidad desde su nacimiento, la OEA estaba marcada. Sus antecedentes fueron diseños de Washington como la Primera Conferencia Internacional Americana en 1890, la Unión Internacional de Repúblicas Americanas, y su secretaría permanente; la Unión Panamericana de 1910, hasta la conformación del organismo actual en los días tumultuosos y trágicos que vivió Colombia, después del asesinato del líder popular y candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948.

Este asesinato fue una de las primeras actividades de la Central de Inteligencia (CIA)creada en 1947 en Washington, la misma que había enviado sus cuadros a la reunión de Bogotá, donde cancilleres de 21 países corridos por el miedo, acosados por una campaña de prensa feroz -porque el terrorismo mediático no es nuevo- terminaron firmando la Carta de la OEA que Estados Unidos necesitaba.

La muerte de Gaitán sirvió a Washington para imponer su agenda disfrazada en objetivos que nunca respetaría como fortalecer la paz, consolidar democracias, promover los derechos humanos, desarrollos sostenibles y desarrollo social y económico, entre otros buenos deseos que nunca se cumplieron.

Su creación obedeció a necesidades estratégicas de Estados Unidos como lo revelarían después diversos documentos desclasificados y recopilados por el abogado y escritor colombiano Apolinar Díaz Callejas en 1988.
La hegemonía estadounidense, quedó establecida en la política exterior de ese país después de la Segunda Guerra Mundial y esos trazados significaron el atrapamiento de América Latina en los juegos de un poder imperial que tempranamente había confesado que “América era para los americanos(norteamericanos)”.

En la IX Conferencia Panamericana en Bogotá, la delegación estadounidense estaba encabezada por el general George Marshall, secretario de Estado del gobierno de Harry Truman, quien traía dos planteos básicos de la “Guerra Fría”: la lucha contra el comunismo y la “seguridad continental” que se convertiría luego en Doctrina de Seguridad Nacional y contrainsurgencia en los años 60, Seguridad Hemisferica y Guerra infinita en los 2000.

No venían a unir a América sino a tomarse la región. Un año antes habían logrado imponer el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) o Tratado de Río, que sólo sirvió para amparar el intervencionismo y legitimar lo actuado por los gobiernos estadounidenses.

El trabajo de Marshall y sus equipos estaban destinados a acusar el asesinato de Gaitán al comunismo, a la Unión Soviética, a los que nunca hubiera interesado la desaparición del líder liberal de inspiración socialista.

Una serie de telegramas y cartas dirigidas por Marshall al presidente y sus colaboradores, rescatados en los documentos desclasificados por Díaz Callejas, dan cuenta del cuidadoso armado que se realizó en Colombia con la complicidad del presidente Mariano Ospina Pérez, los amigos de Estados Unidos y los medios.
La histeria anticomunista debía servir para vencer las resistencias de algunos de los 21 países asistentes, que las había. Incluso ante los acontecimientos se llegó a debatir la llegada de tropas de Estados Unidos y el jefe de la delegación de Venezuela, el ex presidente Rómulo Betancourt, se plantó contra esa posibilidad y amenazó con retirarse de la reunión.

En realidad luego hubo trasiego silencioso de tropas del Comando Sur entonces establecido en Panamá y aviones militares llegaron hasta los aeropuertos colombianos, para “seguridad de los delegados”.

La serie de telegramas intercambiados por Marshall y su gobierno demuestran que, a pesar de la incredulidad de periodistas y medios de Estados Unidos sobre la versión de una conspiración comunista para asesinar a Gaitán, la delegación estadounidense encontró buen apoyo en medios colombianos relacionados con la embajada.

Acusaciones sin evidencia alguna, como reconocen funcionarios de Washington fueron, sin embargo publicadas en medios colombianos bajo control estadounidense.

La campaña sirvió para que Marshall y sus delegados convencieran a la mayoría de aprobar la resolución de la IX Conferencia Internacional Americana contra el comunismo con un objetivo básico en función de la “guerra fría”.

La declaración “para preservación y defensa de la democracia en América”, llamó a tomar medidas urgentes para evitar que “agentes lal servicio del comunismo internacional pretendan desvirtuar la auténtica y libre voluntad de los pueblos de este continente”.

Se destacaba la “naturaleza antidemocrática e intervencionista del comunismo internacional” y cualquier “totalitarismo incompatible con la concepción de la libertad” y por supuesto con los consabidos “postulados de la dignidad humana y la soberanía de las naciones” que precisamente Estados Unidos jamás respetó.
Cinco años después, en 1954 este país invadió Guatemala y se entendió por qué y para qué se habían firmado esos compromisos que servirían para respaldar la política intervencionista de Washington.

La imagen solitaria del canciller de Guatemala Guillermo Toriello en 1954 cuando denunció primero los planes de intervención de Estados Unidos sobre su país, luego la intervención misma y defendió los derechos de su pueblo, es hasta hoy un símbolo de la soledad en que la OEA dejó a América Latina.

¿Quién demanda a la OEA por los más de 200 mil muertos en Guatemala desde la invasión de 1954 hasta los años 90, entre ellos casi 90 mil desaparecidos?

¿Y las invasiones a Cuba en 1961, Santo Domingo 1965 y Haití y la siembra de dictadores en Centroamérica y toda la región?. ¿Responderá la OEA por las miles de víctimas en todos nuestros países y en Colombia que desde 1948 no tiene paz?

La OEA no estuvo para detener la mano de los mercenarios en Nicaragua, ni los invasores en Granada(1983) o Panamá (1989) ni actuó cuando la flota británica vino a retomar las Islas Malvinas, a tanta distancia de sus costas y reconocidamente argentinas.

En aquellos años de la Guerra Fría- que en realidad nunca acabó- Washington no podía permitir un cambio en las estructuras sicioecónomicas de la dependencia que implantó en el continente, desde la puesta en marcha de la doctrina Monroe en 1823. Esto abrió el camino del expansionismo del “destino manifiesto” y el apoderamiento de nuestros territorios. Luego fueron otros planes como la siembra de las dictaduras de la seguridad nacional.

En los años 90 fue la catástrofe del neoliberalismo globalizante y en los años 2000 se trazó un proyecto de recolonización encubierta, una invasión silenciosa, donde los militares-sus tropas- están agazapados, mientras abundantes funcionarios de inteligencia, espías y equipos de Baja Intensidad ofrecen ayudas, crean Organismos No Gubernamentales y Fundaciones de buenos nombres y malos antecedentes y objetivos.

En abril de 2002 un golpe cívico militar en Venezuela fue derrotado por el pueblo en las calles, pero los funcionarios de la OEA, ni siquiera hablaron de golpismo.

Como tampoco hicieron nada ante cada golpe en el siglo XX. En noviembre de 2005, en Mar del Plata Argentina, los países del Mercado Común del Sur sepultaron el sueño colonial del Area para el Libre Comercio de las Américas(ALCA), que en 1994 había propuesto el ex presidente William Clinton, como un proyecto recolonizador en tiempos del neoliberalismo rampante, que les aseguraba las reglas del juego necesarias. Entonces encargó a la alicaída OEA la organización y administración de estas reuniones. Duró once años el proyecto y de nuevo en 2005 la OEA quedó con las manos vacías.

Sin prestigio alguno, repudiada por los pueblos latinoamericanos, la OEA nació como un árbol torcido y torcida y denigrada está ahora en el siglo XXI intentando liderar países que ya no le obedecen. Otras instituciones propias regionales hicieron lo que se debía hacer y tienen ahora protagonismo real.

Los funcionarios burocráticos de la OEA tampoco llamaron golpe a lo sucedido en Bolivia en agosto-septiembre de 2008 y quedaron paralizados ante la masacre de Pando en septiembre de 2008, cuando las autoridades de ese departamento boliviano que participaban en el golpe contra el gobierno de Evo Morales, decidieron “escarmentar” a campesinos desarmados. Mataron despiadadamente a más de 20 personas, entre ellos niños, dejando heridos y torturados. Entonces emergió la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur)por decisión de varios gobiernos y envió una misión de alto nivel a investigar los hechos, abriendo el camino a la justicia. Como en mayo de 1980 había sucedido en el Río Sumpul frontera entre Honduras y El Salvador, donde el ejército hondureño dispuso la expulsión y entrega a su par salvadoreño de campesinos d eesta nacionalidad refugiados. En muy pocas horas el ejército salvadoreño, formado, financiado y asesorado por Estados Unidos, mató a más de 600 personas, en una cacería brutal. Todavía no hay justicia, pero la OEA tampoco estuvo.

Esta organización jamás paró la mano de un golpe duro o suave, ni intentó detener el genocidio del siglo XX y siempre brindó en la mesa de los dictadores y de los dueños del poder real.

En marzo de 2008, varios gobiernos latinoamericanos no obedecieron órdenes de Washington cuando sucedió el brutal bombardeo sobre un campamento de negociación por la paz, en Sucumbio, Ecuador, por parte del ejército colombiano, con apoyo de asesores de Estados Unidos e Israel. El objetivo de la OEA era imponer, durante la reunión convocada ante esos hechos, una claúsula que anulara las soberanías en función de la guerra infinita contra el terrorismo. No pasó y resultó en una de las grandes derrotas de la OEA en los últimos tiempos.

Ahora hay una verdadera rebelión de países latinoamericanos pidiendo que se levante la cláusula que se usó para expulsar a Cuba de la OEA y que ese país decida si quiere participar. Cuba está en el centro del debate en la próxima reunión en San Pedro Sula Honduras. Las posiciones por un cambio definido en la política de Estados Unidos hacia Cuba, ponen en una situación límite a la OEA. La voz del secretario general de ese organismo José Miguel Insulsa insinuando condiciones para que Cuba reingrese a la OEA apareció como una acción extemporánea y vacía.

El comandante Fidel Castro, en una de sus últimas reflexiones se pregunta si “debe existir la OEA”. Y en su respuesta recuerda los 60 años de infamias vividos por esa institución de los que Cuba no participó.

En realidad además de estas exigencias los países de América latina, demandan como un acto de mínima justicia, el levantamiento del bloqueo criminal contra el pueblo cubano, pero sin condiciones.

La OEA enfrenta su momento más grave. Si no cambia su estructura, si continúa siendo una creación colonial para solapar cuestiones coloniales y amparar las injusticias de una despiadada metrópoli imperial, los países de América Latina, no pueden seguir convalidando la farsa que tanto cuesta a pueblos desguarnecidos cuando aún la independencia verdadera se pelea en las calles y en los caminos de nuestra región.

Guerra senza limiti: Sembrerebbe strano parlarne adesso


Marco Caamaño [Chile] "Guerra de Arauco"

Giuseppe Genna


Il libro in questione è uscito nel 2001 e sembrerebbe strano parlarne adesso. E' che, in realtà, pur uscito anni fa, il manuale geopolitico steso dai colonnelli cinesi Qiao Liang e Wang Xiangsui risale al 1996. E ancora se ne parla. Perché? Perché è il testo in cui si rivela la piena potenza del concetto politico più à la page degli ultimi vent'anni: l'idea di "guerra asimmetrica". Però, forse, vale la pena di ragionarci non soltanto in termini geopolitici. C'è un arco voltaico che scatta, sempre e meccanicamente, tra retorica del Potere e retorica letteraria. Guerra senza limiti comprova l'effettività questo legame che, tra l'altro, non è per niente inindagato (anzi...) né costituisce una tesi personale. E' possibile che questo testo, che ha fatto tremare le sezioni continentali della Cia negli ultimi anni, sia un manuale di geopolitica e un manuale di letteratura?

Secondo la profezia, alla fine del tempo tutto compenetra tutto. Siamo alla fine del tempo poiché, in effetti, la fine del tempo è sempre e la mente riesce a fermare il flusso (non ci riesce stabilmente, ma sa come interromperlo). E’ possibile dunque interpretare il nostro presente con le categorie dell’apocalisse? E, se lo si fa, in che modo e con quali risultati? Vorrei provare a mettere a fuoco quest’occasione che sempiternamente si presenta agli scrittori, agli artisti, agli intellettuali; non ai critici, purtroppo per loro, il che li relega, secondo la prospettiva che vorrei indicare, in un ruolo di secondo piano – tenendo presente che il secondo piano non è neanche lo sfondo.

Per quanto l’avvio possa sembrare abborracciato, esso nasce da una lunga frequentazione con àmbiti extraletterari, che ho notato avere un effetto bizzarro su colleghi scrittori e su intellettuali ormai reclusi in minimi steccati: tutti arricciano il naso. La riflessione sulla cultura apocalittica del presente (che è riflessione sull’apocalisse della cultura presente) nasce da una lettura folgorante, perlomeno esotica, del tutto eversiva rispetto al panorama in cui si muove la nostra intelligenza nazionale. Il libro in questione è Guerra senza limiti – L’arte della guerra asimmetrica fra terrorimo e globalizzazione, edito da Goriziana, a cura del generale Fabio Mini. Lo hanno scritto due militari cinesi (l’esotismo finisce qui), Qiao Liang e Wang Xiangsui. Non sono alti gradi dell’esercito di Pechino, e tuttavia la storia quasi evangelica della traduzione di questo testo dà conto di come questi due grassocci e azzimati membri dell’esercito abbiano letteralmente terrorizzato gli Stati Uniti: quattro versioni del libro, di cui due interne (una d’ambasciata, l’altra della Cia) hanno alimentato una leggenda che rientra nei canoni poetici dell’occidente e che afferisce al paradigma del manoscritto disperso. I due laicissimi taoisti di regime hanno messo in nero su bianco le loro formidabili riflessioni nel lontano 1996: cinque anni, oggidì, sembrano equivalere a un’era geologica – e non soltanto grazie ai ritmi dell’economia globale. Ebbene, nel 1996 gli impronunciabili autori vergavano una sorta di profezia, che serviva loro a modello di spiegazione della teoria, ormai acclarata, della guerra non convenzionale. Nulla meglio di quest’affermazione autografa spiega che cosa sia il concetto di guerra non convenzionale: “Siamo persuasi che alcune persone si sveglieranno di buon’ora scoprendo con stupore che diverse cose apparentemente innocue e comuni hanno iniziato ad assumere caratteristiche offensive e letali”. Non interessa qui discutere di che cosa sia la guerra senza limiti, bensì che cosa comporti. Chi voglia conoscere l’effettività delle profezie multistrategiche e geopolitiche dei colonnelli cinesi può acquistare e leggere il libro, sorprendendosi dell’acutezza delle analisi e della forza penetrante delle visioni, culminanti in un passo decisamente inquietante: “Con il nuovo secolo i soldati devono chiedersi: che cosa siamo? Se Bin Laden e Soros sono soldati, allora chi non lo è? Se Powell, Schwarzkopf, Dayan sono politici, allora chi è un politico? Questo è il quesito fondamentale del globalismo e della guerra nell’era della globalizzazione”. Una chicca? A pagina 126, tenendo presente che gli autori scrivono nel ’96: “Che si tratti dell’intrusione degli hackers, di una grave esplosione al World Trade Center o di un attentato dinamitardo di Bin Laden, tutti questi eventi eccedono di gran lunga le bande di frequenza comprese dall’esercito statunitense”. Se si rammenta l’hackeraggio temporaneo dell’aeroporto Kennedy l’11 settembre, la profezia sembra essersi realizzata con scientifica precisione.

E tuttavia non è con uno sguardo simile che vorrei rileggere il manuale ultrapolitico di Liang e Xiangsui. Al contrario, desidero mettere in rilievo come due colonnelli cinesi, discettando di guerra non convenzionale, arrivano a delineare nitidamente i tratti di un nuovo umanesimo. Mentre scrivono di guerra, formulano straordinarie ipotesi letterarie. La constatazione è ovvia: perfino Debord aveva utilizzato Von Clausewitz ai fini di una critica che risultava indifferentemente estetica e politica. Se la guerra è la continuazione della politica, la politica è l’anticipazione della guerra. Poiché esistono strategie e politiche letterarie, incominciamo a intuire la pesantezza di alcune scelte che, con la guerra, sembrerebbero non avere nulla a che fare. Invece, hanno a che fare eccome: ci muoviamo – sembrano suggerire i colonnelli cinesi – in un campo di battaglia molto vasto e atmosferico, che include la creazione artistica tanto quanto la lotta tra generazioni. Non soltanto i due kapo di Pechino sottotitolano inerendo all’”arte della guerra asimmetrica”, ma si rifanno allo stupore, alla sorpresa, al risveglio del mondo dal sogno della sicurezza. Conosciamo da tempo gli effetti meno borghesemente rassicuranti della letteratura: sono i medesimi evocati dai colonnelli cinesi. E’ paradossale, ma non inatteso, che si rovesci lo stile della guerra in stile letterario: era già accaduto l’opposto, in passato, e tra realtà e finzione avevamo assistito a un’osmosi pressoché identica. Non è tanto impressionante il fatto che nelle prime due pagine del loro libro gli autori citino Byron, Spengler e Heidegger; è piuttosto impressionante che non lo facciano da tempo, con tanta veridicità, gli scrittori e gli intellettuali. Un inveramento sospetto della cultura viene effettuato dalla geopolitica e dalle discipline che concernono l’intelligence. Potevamo aspettarcelo? Sì: basterebbe attutire il proprio olfatto e non percepire puzza intorno alle scelte di massa, per rendersi conto che la letteratura ad ampio target (un termine mutuato dal gergo bellico) ruota da tempo intorno alla suspence, all’intelligence, alla spy story, alla scoperta tecnologica aggressiva. Simili allegorie sono tanto istruttive quanto pericolose, e in modi tutt’altro che allegorici.

Siamo purtroppo immunizzati da tempo al rumore di fondo sollevato dai media e, più in generale dal mondo. C’è una risposta a questo rumore che gli scrittori e gli intellettuali italiani tardano a formulare: bisogna riconoscere che questo rumore ha dei ritmi e una retorica che non nascono dal nulla – sono ritmi e retorica mutuati dalla letteratura. Il passo successivo è già una categoria dell’apocalisse: se ritmi e retorica costituiscono la membrana osmotica tra letteratura e mondo (il che significa anche geopolitica e intelligence, non soltanto televisione e pubblicità), allora diviene possibile praticare un autentico assalto al mondo facendo perno sulla letteratura. E’ abbastanza curioso che David Foster Wallace, in quel capolavoro che è Infinite Jest, accenni all’elezione di George Bush III prima ancora che George Bush Jr. venisse eletto: curioso, certo, ma anche esemplificativo di quanto l’arte è in grado di intervenire concretamente nel discorso monologico del mondo.

A conferma di questa lettura obliqua del libro di Liang e Xiangsui, vorrei convocare gli autori stessi. Essi infatti evocano differenti opzioni di grammatica dell’arte della guerra asimmetrica. Danno per dimostrato il deficit di gap: più ristretto è il gap tecnologico dei contendenti, più clamoroso sarà il successo del contendente più tecnologizzato; se il gap è ampio, invece, si rischia la patta. I conflitti in Vietnam, ma soprattutto l’incredibile strascico decennale della guerra all’Iraq depongono a favore dell’ipotesi. Lo sanno bene i medi giocatori di scacchi: se l’avversario non sa giocare, salta la grammatica, diventa più difficile vincere in poche mosse. A quale arma supplettiva ricorrono le realtà meno attrezzate a un conflitto? La risposta dei colonnelli cinesi è: la combinatoria. Chi è sfavorito, chi non dispone di grandi mezzi, chi si sente aggredito dal più forte rimedia con quella che Baudelaire (sulla scorta di Aristotele) avrebbe chiamato fantasia: un’arte combinatoria che affida ai legami proiettivi da istituirsi la vocazione alla creatività che sfugge a ogni tecnologia. Gli elementi sono dati, l’intuizione non ha prezzo: letteralmente l’intuizione non ha mercato. La cinematografia americana soccorre in questo punto. Basterà ricordare l’incredibile parabola a cui è sottoposto il Robert Redford de I tre giorni del Condor: lavora per un ufficio coperto della Cia, scrutando libri per estrarre idee e segreti dell’intelligence e viene catapultato in una vicenda romanzesca che lo costringe a simulare il comportamento di un agente segreto. Questo rovesciamento conforta: la tradizione italiana è maestra della combinatoria, così come dell’emblematica – ed è un insospettabile straniero a insegnarcelo, il Walter Benjamin delDramma barocco tedesco. Emblematica e combinatoria divengono chiavi di interpretazione della guerra di nuova specie, così come divengono prospettive fondanti della letteratura di nuova specie. Una delle conferme più virtuose per la letteratura non pertiene a ciò che finora abbiamo considerato letteratura. Se un colonnello cinese mi venisse a domandare chi è il massimo scrittore italiano, gli risponderei che è Gilberto Squizzato. La problematicità implicita nella risposta consiste nel fatto che Gilberto Squizzato è un regista, non uno scrittore. Autore del recente e seguitissimo miniserial Il tunnel, trasmesso da RaiTre e incensato addirittura da Godard, Squizzato è autore dei dialoghi più vertiginosi che l’Italia abbia prodotto dai tempi di Pasolini; è creatore di storie sacre ricche di una metafisica orizzontale, artificiale, intensamente meditatrice sull’assenza di realtà nel contemporaneo; è imbastitore di allegorie che ricordano la tradizione più gloriosamente barocca passata attraverso le fauci di William Vollmann; è un eversivo terrorista che tritura il meccanismo di rappresentazione televisiva, facendo fuoriuscire la tv dalla tv, esattamente come la letteratura è uscita dalla letteratura e la guerra dalla guerra. 

Per ora è molto agevole mettere il silenziatore a gente come Squizzato, così come è assai semplice per Bush Jr. occupare l’Afghanistan; il problema, tuttavia, è che Bush Jr non si rende conto che la Jihad non è questione di Stati, bensì d’interstizi, di atmosfere, di potenze in crogiolo. Incatenare la volontà di un terrorista non è semplice quanto incatenarne i polsi. Il monito dei colonnelli cinesi all’Occidente coincide perfettamente col monito che lancio io agli intellettuali del mio Paese.

Sembra un racconto minore di Kafka o una tautologia di Walser: due colonnelli cinesi ribaltano l’occidente. Invece è vero: è uno dei segnali che il rivolgimento in atto deriva molta parte della sua natura da un’esplosione estetica. “I confini tra soldati e non soldati sono ora abbattuti”: è una premessa spaventosa e necessaria, che suona quale campana a morto per una comunità intellettuale sorda alla vita, insensibile alla creatività e, ciò che più conta, alla creazione. A questa comunità intellettuale, che crede che la lingua sia stile, che la struttura sia bisturizzabile, che il ritmo non esista se non in quanto prosodia, che il mondo sta tutto dentro la letteratura e la letteratura non sta nel mondo, è possibile consigliare la fondazione del nuovo umanesimo (che coincide, una volta ancora, con l’antico umanesimo) insegnato da due colonnelli cinesi che sembrano usciti da un racconto di Cortázar.

Guerra senza limiti. L’arte della guerra asimmetrica fra terrorismo e globalizzazione


Qiao Liang e Wang Xiangsui - Libreria Editrice Goriziana, Gorizia, 2001

L’editrice Goriziana ha pubblicato, per la collana “le guerre”, un’opera di estremo interesse ed attualità. Ciò in parte potrebbe stupire, se è vero che “Guerra senza limiti” è un libro concepito nel 1996 e pubblicato nella versione originale in lingua cinese già nel 1999. 

Eppure i suoi contenuti, come si vedrà, sono capaci di fornire spunti di analisi e discussione per nulla datati.

Diversi commentatori hanno sottolineato come nel testo, scritto dai due colonnelli superiori dell’Aeronautica cinese, Qiao Liang e Wang Xiangsui, ci fossero anticipazioni che avrebbero potuto mettere in guardia contro il fenomeno del nuovo terrorismo.

Proprio per tali anticipazioni il libro ed i suoi autori sono stati visti dalla società americana, dove ha comunque riscosso un enorme interesse specie nei circoli militari, come reazionari, antioccidentali e persino filoterroristi.
Infatti, descrivendo il metodo della guerra asimmetrica, affermano i due Autori che è ormai inutile continuare a spendere miliardi di dollari per armamenti e scudi spaziali di difesa quando ormai il pericolo di un attacco non è più legato ad un’azione militare tradizionale ma può avvenire anche da parte di singoli gruppi con investimenti di poche migliaia di dollari. Ed in questa chiave gli attentati a New York di Bin Laden sono stati visti come la conferma che i colonnelli avevano ragione.

Comunque la si pensi in proposito, si tratta di una lettura sicuramente da non perdere per chi vuol riflettere su come la guerra sia cambiata e quali caratteristiche siano presenti nel conflitto di oggi.

L’edizione italiana, come ci spiega nella brillante ed esauriente prefazione il Generale Fabio Mini, si basa, forzatamente, sulla traduzione effettuata dal Foreign Broadcast Information Service (FBSI), il servizio della CIA che raccoglie, traduce e divulga rapporti e materiale informativo in tutto il mondo.

Forzatamente, perché come afferma il Generale Mini “esso è l’unico disponibile in lingua occidentale e poi perché i meriti o i danni della propaganda o della controinformazione che possono aver alterato la versione originale sono poi quelli che ci riguardano da vicino”.

Gli Autori hanno adottato come base di partenza per le loro analisi quella guerra che considerano la madre del cambiamento del concetto stesso di guerra: il conflitto del Golfo del 1991.

Analizzano quindi gli enormi sviluppi tecnologici della information warfare. Ma non solo. La loro attenzione spazia anche sul processo di globalizzazione del commercio mondiale e sugli aspetti legati al mondo finanziario, in special modo la crisi finanziaria asiatica del 1996 che viene definita dagli autori un vero e proprio atto terroristico.

È dalla Guerra del Golfo del 1991, come si diceva, che a giudizio dei due militari cinesi, “è la guerra stessa ad essere cambiata. ... Ci riferiamo non ai cambiamenti negli strumenti, nella tecnologia, nelle modalità o nelle forme della guerra. Ciò che intendiamo è la funzione della guerra.”

Analizzano inoltre le varie accezioni riferibili al termine guerra: nuova guerra, guerra totale, guerra limitata e guerra senza limiti.

È proprio questa forse la vera importanza che il libro riveste. Nonostante gli onori della cronaca per le previsioni che a distanza di due/tre anni si sono rivelate esatte, il pregio maggiore è la presa d’atto di ciò che è già successo, l’elaborazione in forma analitica e la proposizione di scenari.

Se poi appare addirittura preveggente, afferma il Generale Mini “è soltanto perché in Occidente si è stati abbastanza ciechi e sordi da non vedere e sentire i segnali che il mondo orientale ci mandava”.

Ma cosa hanno saputo scrivere di talmente importante e preveggente i due colonnelli cinesi nel lontano 1999, cerchiamo di estrapolarlo dal loro testo.

Punto di partenza è l’intenzione di far capire ai governanti e ai generali cinesi che la guerra è cambiata. Per questo essi affermano “la guerra non è nemmeno più guerra”, quanto piuttosto uno scontrarsi in “campi” diversissimi: nel mondo della comunicazione attraverso l’uso di Internet, o fronteggiandosi culturalmente attraverso i nuovi mass media, attaccare e difendersi in transazioni di cambio a termine. I due Autori proseguono descrivendo tutta una serie di realtà che fino ad oggi non sono mai state considerate come “guerra”.

Le loro deduzioni li portano ad affermare che tutto è già cambiato, quindi bisogna continuare a verificare un nuovo tipo di metodo di combattimento in un contesto variamente incerto.

Evidentemente è loro cura offrire delle risposte a tutto questo.

Essi affermano che non si dovrà trattare di quel genere di ricetta che cura solo i sintomi e non la malattia, “quanto piuttosto di un modo ibrido di imparare quanto più possibile dai successi altrui e di guadagnare vantaggio per poter ottenere una moltiplicazione dei risultati”.

Infine sistematizzano e danno un nome alla loro teoria “questo è il sistema della combinazione”
Rivolgendosi al mondo istituzionale, scrivono “ignorano che non è la loro capacità di capire o meno le combinazioni a rappresentare la soluzione del problema. Ciò che veramente conta è capire quali elementi associare al fine di migliorare le combinazioni, e come combinarli”.

I nuovi strateghi dovranno tener conto di ciò “se si è pensato o meno a combinare terreno e non/terreno, guerra e non/guerra, forze armate e non”, il che significa, più specificatamente, combinare l’aviazione formata da velivoli che non possono essere intercettati e missili cruise con i killer della rete, la deterrenza nucleare con le guerre finanziarie e gli attacchi terroristici.

Ecco quindi che trovandosi ad affrontare questo concetto di guerra completamente nuovo, l’idea di guerra alla quale la gente si è abituata sarà stravolta. E anche alcuni dei modelli di guerra tradizionali, come la logica e le leggi ad essa relative, saranno messe in discussione.

Ma tutto ciò è stato scritto non solo per i generali cinesi.

Il messaggio contenuto nel libro vuol esse uno stimolo di riflessione anche per gli americani. Proprio rivolgendo la loro attenzione a questo popolo i due colonnelli affermano: “esso non è adeguatamente preparato ad affrontare questo genere di nemici dal punto di vista psicologico, in termini di provvedimenti, in particolare per quel che riguarda il pensiero militare e i metodi operativi che ne derivano. Ciò in quanto gli americani non hanno mai considerato mezzi contrari alla tradizione e di adottare sistemi operativi diversi dai mezzi militari.