4/5/09

Ken Saro-Wiwa: Juicio a la Economía Mundial


Ilustración: Ken Saro-Wiwa

 Mailer Mattié

La dictadura militar de Sani Abacha en Nigeria, instaurada en 1993 tras las elecciones que habían dado el triunfo a Moshood Abiola, asesinó el 10 de noviembre de 1995 al escritor Ken Saro-Wiwa [*], líder del Movimiento para la supervivencia del pueblo ogoni (MOSOP). Con él murieron también Baribor Bera, Saturday Doobee, Nordu Eawo, Daniel Gbokoo, Barinem Kobel, John Kpuinen, Paul Levura y Felix Nuate. Acusados falsamente del homicidio de cuatro ancianos, el objetivo del gobierno era poner fin a la resistencia organizada en el Delta del Níger, convertida en masivas protestas contra la petrolera anglo-holandesa Royal Dutch Shell por sus actividades que afectaban gravemente la vida de las comunidades y el medio ambiente. La familia de Ken Saro-Wiwa ha logrado finalmente llevar a juicio a la Compañía, dado que existen serios indicios de su colaboración directa en los delitos perpetrados por el gobierno de Abacha. La acusación hace referencia a crímenes contra la humanidad, en base a la definición del Tratado de Roma de 1998 y el Estatuto de la Corte Penal Internacional. El juicio tendrá lugar a partir del mes de abril en la ciudad de Nueva York.

Tragedia en el Delta del Níger

La explotación de los hidrocarburos comenzó en Nigeria en 1958, dos años antes de su independencia de Gran Bretaña. Actualmente es el primer productor de petróleo del continente africano y el sexto a escala mundial. Es también el país más poblado de África con 131 millones de habitantes y una de las 20 naciones más pobres y endeudadas del planeta. Exporta casi exclusivamente gas y petróleo, importa la mayor parte de los alimentos que consume y la esperanza de vida de sus habitantes es de 43 años. En una nación minada por la miseria y la corrupción, se estima que las petroleras han obtenido beneficios cercanos a los 250 mil millones de dólares,

El sesenta por ciento del petróleo nigeriano proviene de la región del Delta del Níger, territorio habitado por diferentes pueblos como los ogonis, los ijows y los orobos que tradicionalmente vivían de la agricultura y la pesca. El vertido de tóxicos ha contaminado las tierras antiguamente fértiles y ha destruido los sistemas fluviales que tienen una extensión de 17 mil Km.2 La catástrofe medioambiental incluye un elevado índice de contaminación atmosférica, producto de la quema permanente durante medio siglo de residuos de gas. En Port Harcourt, la principal ciudad de la zona, más de un millón de habitantes conviven en medio de la violencia cotidiana, la pobreza, el desempleo y la falta de servicios públicos elementales como agua, educación y electricidad.

A principios de los años noventa comenzaron las protestas contra las petroleras. En 1991 Ken Saro-Wiwa abandonó sus actividades profesionales y creó el MOSOP para canalizar la lucha pacífica de su pueblo. Los objetivos eran exigir autonomía y participación política, control sobre los recursos económicos en territorio ogoni, respeto a su cultura y protección del medio ambiente, considerada además una prioridad la expulsión de la compañía Shell de la región del Delta. Las comunidades ogoni (Babbe, Gokana, Ken Khana, Kan de Nyo y Tai), integradas por unas 500 mil personas y orgullosas de su historia de resistencia durante la colonización británica, estaban siendo despojadas de sus medios de vida y soportaban una violencia constante. En 1992 los ogonis reclamaron al gobierno y a la Shell el pago de 6 mil millones de dólares por los derechos de explotación de sus tierras, asimismo una indemnización de 4 mil millones adicionales por los daños ocasionados a la población y el medio ambiente. En 1993 una manifestación de 300 mil personas provocó la suspensión de las actividades de la petrolera, suscitándose en consecuencia una brutal intervención militar. Se estima que la represión dejó un saldo de 3 mil muertos y cientos de personas sufrieron torturas. Ken Saro-Wiwa fue encarcelado en 1994, sometido a juicio sin garantías y posteriormente ejecutado en la horca junto a sus compañeros.

El fin de la dictadura en 1998 tras la muerte repentina de Abachi a los 52 años, sin embargo, no supuso cambio favorable alguno para las poblaciones del Delta del Níger. Los acontecimientos indican que la situación inclusive se ha agudizado durante los últimos años, en medio de una permanente inestabilidad política. Miles de aldeas han sido destruidas ocasionando el desplazamiento de 80 mil personas, las continuas protestas son salvajemente reprimidas y el enfrentamiento ha implicado en algunas zonas secuestros y asaltos a instalaciones industriales dirigidos por el Movimiento para la emancipación del Delta del Níger (MEND). Además de la Shell, operan en la región la Corporación Nacional Petrolera Nigeriana, Exxon-Mobil, Chevron-Texaco y AGIP.

Mitos y supersticiones de la economía total

La cuestión predominante en la historia contemporánea, como ha afirmado el escritor estadounidense Wendell Berry, es precisamente el poder que han alcanzado las corporaciones económicas para decidir la vida de la gente y disponer de los recursos de las naciones; su actuación como fuerzas e instrumentos económicos ajenos por completo a los lugares que destruye y a las personas que arruina, igual que sucedía con los viejos poderes coloniales. Actitud amparada, además, en un conjunto de supuestos que el mismo Berry ha denominado supersticiones de esa economía total. Dichos mitos son los siguientes: 1) La cultura es un tema ajeno a los asuntos económicos, por tanto las relaciones de las personas con sus lugares y con sus bienes a fin de preservarlos carecen de valor; 2) no existe conexión entre democracia política y democracia económica, en consecuencia no hay conflicto entre libre mercado y libertad política; 3) es positivo para la economía que la subsistencia de una nación dependa de otros países, siendo marginal la destrucción de la capacidad que poseen las comunidades para producir bienes que satisfagan sus necesidades; y 4) la violencia y la guerra son medios legítimos al servicio de la economía para apropiarse de los recursos que requiere el desarrollo. La economía total, pues, extrae sus beneficios de la destrucción de las culturas, la devastación de la naturaleza y la desintegración de naciones y comunidades. Es decir, obtiene –en palabras de Berry- riqueza simbólica artificial mediante la destrucción de la riqueza real del mundo. Un ideario, sin duda, que sustenta la actuación de las empresas petroleras, justificando los severos problemas que ocasionan simplemente como costos ineludibles de hacer grandes negocios. “Shell está siendo también juzgada –escribió Ken Saro-Wiwa poco antes de morir- y llegará el día en que la guerra ecológica que la empresa ha empezado en el Delta será llamada a justicia y sus crímenes serán pagados”. Inevitablemente, además, las creencias y los fundamentos que los guiaron.

Nota

[*] Entre sus libros: Tambari (1973); Tambari in Dukana (1973); Songs in a time of war (Poemas, 1985); A forest of flowers (Relatos, 1986); Prisioners of jebs (1988); Similia: Essays on anomic Nigeria (1991) y Genocide in Nigeria: The ogoni tragedy (1992).

Mailer Mattié es una economista venezolana. Autora de “Los bienes de la aldea. Subsistencia y diversidad” y “La economía no deja ver el bosque”,  Artículos 2002-2006.