16/4/09

Biografía de Antonio Gramsci



José María Laso Prieto


Gramsci, Antonio (1891-1937). El 22 de Enero de 1991, se cumplió el centenario del nacimiento de Antonio Gramsci, una de las más relevantes figuras de la cultura y la política italiana del siglo XX. Por su prematuro fallecimiento en 1937, casi han coincidido las conmemoraciones del cincuentenario de su muerte y del centenario de su nacimiento. Con motivo de la primera efemérides, se publicaron en diversos países libros y artículos conmemorativos en los que se argumentaba la vigencia de su pensamiento. Sin embargo, a partir de 1990, se produjeron acontecimientos históricos que potenciaron la vigencia y actualidad de las elaboraciones y concepciones políticas y teóricas de Gramsci. Concretamente, esta es la tesis del filósofo y sociólogo Adam Schaff al sostener que el fracaso del denominado "Socialismo real", en los países de Europa Central y Oriental, constituye la mejor confirmación de la certera previsión de Gramsci sobre la imposibilidad de construir una sociedad socialista sin haber logrado previamente el consenso ampliamente mayoritario de la población. Consenso que sólo se puede lograr actuando en el campo de la cultura para conseguir la hegemonía intelectual y moral del nuevo bloque emergente. La aportación específica de Gramsci, en el campo de la previsión científica, de las condiciones para la transformación social, la sitúa muy bien Adam Schaff, al precisar que "Mientras que Marx subrayaba la importancia de las condiciones objetivas de la revolución, Gramsci desarrolló, en un periodo posterior, aprovechando la experiencia de la revolución soviética, la teoría del consenso como teoría subjetiva de la revolución socialista. Sin el acuerdo de la sociedad, no se puede realizar con éxito la revolución ni mucho menos verificar el dominio de la clase obrera como hegemonía moral y política(y no como imposición violenta). Este consenso debe lograrse mediante el trabajo ideológico. De ahí el importantísimo papel que Gramsci atribuye a la intelectualidad en su teoría de la revolución socialista".

En otro plano, Gramsci estudió filología y lingüística en la Universidad de Turín. Después de una precoz colaboración en la prensa socialista, fundó la revista "L Ordine Nuovo "que llega a constituir un hito en el nivel teórico del marxismo italiano. Con gran entusiasmo, y no menor rigor, Gramsci se esforzó porque "L Ordine Nuovo" aportase al pensamiento y a la "praxis" marxista la altura necesaria para que pudiesen alcanzar su plena efectividad revolucionaria. De hecho, su labor periodística constituyó un serio intento de reforma intelectual y moral, inspirada en el precedente idealista de Benedetto Croce, para fundamentar en el marxismo una gran labor de esclarecimiento y crítica de los basamentos sociológicos de la cultura nacional italiana.

No menor importancia revistió su actividad como dirigente político, ya que se convirtió en el teórico y organizador de los Consejos de fábrica que por entonces florecieron en Turín. Posteriormente, tras un periodo de intensa militancia en el movimiento socialista, Gramsci encabezó el núcleo fundacional del Partido Comunista Italiano. Instaurado el régimen fascista, Gramsci fue detenido, no obstante la inmunidad parlamentaria que gozaba como diputado, y condenado a más de veinte años de prisión. En tan difíciles condiciones, redactó sus célebres "Quaderni del Carcere" que le consagraron como una autoridad teórica del movimiento obrero internacional.

Superada su etapa crociana inicial –pero con consecuencias enriquecedoras de su pensamiento que subsistirán en el conjunto de su obra– Gramsci concibe precozmente al marxismo como una auténtica ruptura con toda ilusión especulativa. Tal orientación podría ser sintetizada en la célebre fórmula gramsciana de que "todo es política". Empero si en Gramsci, no obstante sus preocupaciones teóricas y el elevado nivel con que abordó las más complejas tareas intelectuales, la actividad del militante revolucionario ocupa un primer plano, no por ello incurre en un practicismo político estrecho. Por el contrario, como señala el profesor Manuel Sacristán, "Toda la obra de Gramsci queda estructurada por la finalidad de determinar un renacimiento del marxismo y de elevar su concepción filosófica, que por necesidades de la vida práctica se ha venido vulgarizando, a la altura que debe alcanzar para la solución de las tareas más complejas que propone el actual momento histórico: es decir, elevarlo a la creación de una cultura integral. Según el profesor Sacristán, "Gramsci cumplirá esta tarea, de acuerdo con la inspiración básica de Marx, no eliminando del marxismo el concepto central de práctica, sino proporcionando la más profunda concepción de ésta que se ha alcanzado en la literatura marxista. Por encima del accidental origen de la expresión, Gramsci es realmente el filósofo de la práctica".(1)

Para Gramsci, la "filosofía de la praxis", no se daba todavía bajo una forma propiamente "filosófica", en el sentido de un sistema coherente y organizado. Surgió en forma de aforismos y criterios prácticos, debido a que su creador –Marx– no pudo elaborarla por haberse concentrado en otros problemas. Polemizando con Benedetto Croce, que reducía el marxismo a una metodología histórica –Gramsci postulaba una premisa teórica: "la filosofía de la praxis está por elaborar, lo que no significa que no exista potencialmente, sino, por el contrario, que incumbe a los seguidores de Marx y Engels desarrollar lo que éstos han dejado en germen"(2).

En consecuencia, Gramsci aporta su propia contribución. A la pregunta ¿Qué es la filosofía?, responde negando la existencia de una "filosofía en general, "para afirmar la existencia de diversas filosofías, o concepciones del mundo, entre las que se debe de optar. Combatiendo las concepciones elitistas de la filosofía, Gramsci considera que ésta no debe reservarse exclusivamente a "filósofos profesionales" ya que, en la medida que se trata de una actividad intelectual, practicada generalmente, "todos los hombres son filósofos".

El énfasis historicista de Gramsci hace adquirir a su pensamiento especificidad propia en el seno del marxismo. Como indica el profesor Gustavo Bueno, "el materialismo histórico, bajo la influencia de Engels, habría experimentado constantemente un tendencia a desplazarse hacia el materialismo dialéctico (en el sentido naturalista) como compensación a ese desplazamiento podrían entenderse gran parte de las interpretaciones "voluntaristas", "subjetivistas", o "metafísicas", consistentes en subrayar los momentos del "espíritu subjetivo" y del "espíritu absoluto"(marxismo cristiano, marxismo moral, etc). Gramsci representaría la interpretación de esa vuelta al revés de Hegel –Croce– en el sentido del desplazamiento del "centro de gravedad" de la historia al lugar ontológico que, en el sistema hegeliano, se designa como "espíritu objetivo". Con ello la filosofía deja de ser un estéril manejo de conceptos para pasar a ser tanto acción como concepción.

La identificación filosofía-política-historia constituye el núcleo de la concepción gramsciana de la filosofía. Para Gramsci, en efecto, la política es el primer momento donde la filosofía se halla en la fase simple y elemental afirmación. En consecuencia, la filosofía concebida como "reflexión crítica", es también política, es decir, acción permanente", y, en ese sentido, su identificación con la política significa realización concreta y necesaria de una teoría o de una concepción del mundo.

Sin embargo, Gramsci no se desentendió de las ciencias naturales ni de los problemas epistemológicos generales. Al igual que Lenin, profundizó en la problemática de la física contemporánea para fundamentar científicamente la noción de objetividad y así contribuir a resolver el arduo problema de la relación entre ciencia y filosofía. La misma finalidad persigue cuando se plantea el problema de la denominada "realidad del mundo externo", estudia la relación entre ciencia e instrumentos científicos o profundiza en la elaboración del concepto de ciencia. "Lo que interesa a la ciencia es no tanto... la objetividad de lo real, cuanto el hombre que elabora sus métodos... que rectifica constantemente sus instrumentos materiales... y lógicos –incluidos los matemáticos– lo que interesa en la cultura...la relación del hombre con la tecnología. Incluso en la ciencia, buscar la realidad fuera del hombre no es sino una paradoja.(3). Así trataba Gramsci de basar en sólidos fundamentos epistemológicos la Weltanschauung que haga del marxismo una auténtica filosofía.

No obstante el esfuerzo teórico de Gramsci no constituía una pretensión asépticamente especulativa. Su precoz instinto político la hizo percibir que el cientificismo, tras el que se ocultaban las posiciones revisionistas de los dirigentes de la II Internacional tenía no sólo raíces sociales objetivas sino también fundamentos gnoseológicos de claro signo positivista De ahí su triple lucha contra las impregnaciones que en el seno del marxismo habían alcanzado el positivismo, el determinismo económico y el reduccionismo sociologista. Sin por ello descuidar la necesidad de un "ajuste filosófico de cuentas" con el idealismo de Benedetto Croce, soporte ideológico fundamental de la burguesía italiana. Tal es el origen de la atención especial que dedicó a la relación entre base (infraestructura) y superestructura, a la función del bloque histórico y a su interconexión entre ambos planos de la formación histórica. Su exhaustiva investigación del papel de los intelectuales como "funcionarios de las superestructuras" y la distinción –ya clásica– entre "intelectual tradicional e intelectual orgánico", completa una faceta de la aportación teórica gramsciana de indudable trascendencia filosófica. Reviste también importancia su diferenciación entre "ideologías históricamente orgánicas" e "ideologías arbitrarias", así como el conjunto de su amplio trabajo acerca de la cultura.

Actualmente asistimos a un movimiento mundial de revalorización del pensamiento político y filosófico de Gramsci. A ello contribuyen los congresos internacionales de estudios gramscianos –que periódicamente organizó el Instituto Gramsci y que posteriormente han continuado desarrollando otras entidades–, la edición de sus obras en los más diversos idiomas, y el hecho de que exista general coincidencia en considerar que los análisis de Gramsci representan la única verdadera tentativa marxista de explicitar las modalidades de la vía al socialismo en las condiciones del capitalismo avanzado. Por otra parte, tales análisis son los que mejor explican las causas del hundimiento final del sistema del denominado "socialismo real". Ese es el origen de la vigencia del pensamiento de Gramsci. O, más precisamente, de su creciente actualidad a medida que la problemática contemporánea se centra cada vez más en la temática que constituyó su preocupación fundamental.

N O T A S:

(1)       Cita transcrita del prólogo de José María Laso a la obra "Leer a Gramsci" de Robert Maggiori y Dominique Grisoni. Editorial Zero. Madrid, 1974. Página, 11.

(2)       Ibídem, pág. 218.

(3)        Antonio Gramsci, "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Visor. Buenos Aires, 1971. Pág. 63. Las obras de Gramsci fueron publicadas inicialmente por la Editorial Einaudi de Turín. En una primera fase aparecieron "Lettere dal carcere"(1947), "Il materialismo storico e la filosofía de Benedetto Croce"(1948), "Gli intellettuali e l organizacione della cultura (1949), "Letteratura e vita nazionale"(1950), "Passato e presente(1951), "L Ordine Nuovo" (1954), "Scriti giovanile"(1958), "Sotto la mole"(1960). Una edición crítica de las Obras Completas de Gramsci, realizada por un equipo del Instituto Gramsci, dirigido por Valentino Gerratana se publicó, editado por Einaudi, en 1975. El mismo año se publicó en México la versión castellana por ediciones ERA. En español, se editaron inicialmente: "Cultura y literatura". Barcelona, 1967. "Introducción a la filosofía de la praxis" Barcelona, 1969. "La política y el Estado moderno "Barcelona, 1971. "Antología" (Selección y notas de Manuel Sacristán), Madrid, 1974.

Sobre Gramsci, se han publicado en España, entre otras, las siguientes obras: A.R. Buzzi, "La teoría política de Gramsci". Barcelona, 1969. Dominique Grisoni y RobertMaggipri, "Leer a Gramsci" Madrid, 1974. José María Laso Prieto, "Introducción al pensamiento de Gramsci". Prólogo de Gustavo Bueno. Madrid, 1973. P. Lombardi, "Las ideas pedagógicas de Gramsci". Barcelona, 1973. J.M. Piotte, "El pensamiento político de Gramsci". Barcelona, 1973. Juan Trías (Coordinador) José María Laso y otros "Gramsci y la izquierda europea". Fundación de Investigaciones Marxistas. Madrid, 1992. Rafael Diaz-Salazar, "El proyecto Gramsci". Prólogo de Francisco Fernández Buey. Editorial Anthropos. Madrid, 1991. Maria Antonietta Macciocchi, "Gramsci y la revolución en Occidente" México , 1976. Angelo Broccoli, "Antonio Gramsci y la educación como hegemonía". Editorial Nueva Imagen. México, 1977. Francisco Fernández Buey, "Actualidad del pensamiento político de Gramsci". Editorial Grijalbo. Barcelona, 1977. Hugues Portelli, Gramsci et la question religieuse". Editions Anthropos, París, 1974. Aguilera


Crisis de la izquierda europea



Enrique Curiel

 

El panorama no puede ser más desolador. En una aparente paradoja, que nos obliga a reflexionar sobre la incapacidad de reacción de la izquierda ante una crisis sin precedentes, las fuerzas críticas con el capitalismo ultraliberal, que deberían abanderar propuestas reformistas y aglutinar a electorados golpeados por la hecatombe económica, aparecen divididas, debilitadas, desideologizadas y abocadas en sus países y en Europa a una previsible derrota estratégica.

Los cuatro grandes partidos más influyentes de la izquierda europea ofrecen un espectáculo lamentable. En Italia, el dominio de Berlusconi, reconvertido en líder de un partido único de la derecha mas regresiva de Europa, se explica y retroalimenta por la autodestrucción de la izquierda más potente desde 1945 hasta los años 90. El viejo y sabio Partido Comunista Italiano, el Partido de Enrico Berlinguer y Antonio Gramsci, se ha mostrado incapaz de transformarse y agrupar en su entorno a una potente fuerza democrática, progresista y reformista, que fuera capaz de orientar y resultar hegemónica frente a las rancias propuestas de la Liga Norte, la Alianza Nazionale de Fini y el populismo del corrupto Berlusconi. ¿Qué ha pasado en Italia? ¿Cómo se ha desvanecido la izquierda? ¿Por qué la pugna y la división interna del Partido Democrático?

El enfermo no tiene mejor aspecto en Francia. La división del Partido Socialista en dos tendencias de similar potencia, su incapacidad para superar el cisma interno y la muerte anunciada del Partido Comunista, han dejado a la izquierda francesa al albur de las maniobras en la oscuridad ideológica de Sarkozy que pretende materializar una suerte de postmodernismo político proclamando el fin de las ideologías e incorporando a sus gobiernos a personajes de la izquierda social y cultural con al pretensión de desmoralizar a las fuerzas progresistas. “Sarko” o “Sarko”. Esa es la cuestión.

En Gran Bretaña, el “nuevo laborismo” de Blair y su alianza incomprensible con Bush, arrastran al Labour Party a la oposición en las próximas elecciones generales a pesar de los esfuerzos del actual Prime Minister.

Y, por fin, Alemania. El potente S.P.D., tras un Congreso y una renovación de liderazgo que generó una profunda fractura interna, intenta liberarse desesperadamente del “abrazo del oso” protagonizado por la C.D.U de la inteligente Angela Merkel ante las elecciones generales del mes de septiembre. La “grose koalition” entre los democristianos de la CDU y los socialdemócratas ha beneficiado a la canciller Merkel y, pese a la recesión económica, el partido conservador encabeza los sondeos.

Ahora, Franz Müntefering, líder del SPD, se distancia de los democristianos proponiendo una nueva Constitución adaptada a los alemanes de ex Alemania del Este, o R.D.A., que desde la reunificación, tras la caída del Muro de Berlín, nunca se han sentido realmente partícipes de la Alemania unida. Les ha tocado pagar los platos rotos de los desequilibrios sociales y económicos y no es extraño que La Izquierda de Oskar Lafontaine tenga en la antigua Alemania comunista los mayores apoyos electorales.

Así están las cosas. Es verdad que la izquierda gobierna en España y Portugal, aunque el futuro también resulta incierto. Por lo demás, si nos acercamos a la situación en Grecia u otros países con tradición progresista, tampoco la perspectiva resulta muy alentadora. La cuestión es, ¿dónde está la Internacional Socialista? ¿Para cuando un análisis profundo y riguroso de lo que está pasando? ¿Por qué se ha producido este desastre económico y social? ¿Por qué no se impulsan iniciativas políticas e ideológicas para explicar que la causa del desastre está en el ultraliberalismo y en el capitalismo “real”? ¿Se elaborará un Manifiesto de la Izquierda Europea  para las elecciones del 7 de junio? Es preciso explicar lo ocurrido. La izquierda no puede ni debe olvidar la pedagogía política. Otra cosa es que no tengamos respuestas o estemos totalmente desorientados y desconcertados.

Parálisis, desvanecimiento político, desideologización, incremento de la extrema derecha xenófoba, planes y directivas inadmisibles sobre la inmigración e impotencia frente a la crisis. Así no podemos seguir. Pero no parece que nadie atienda las demandas  de unas clases sociales que soportan la crisis generada por la derecha liberal. La pregunta es, ¿hay alguien por ahí que nos escuche?