1/9/09

La intuición del infinito en Giordano Bruno

Dibujo de Giordano Bruno

Máximo Lameiro 

"If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite": William Blake

Sabido es que Giordano Bruno fue quemado en la hoguera un 17 de febrero de 1600, tras un fallo emitido por el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Romana, fallo en el cual se calificaba a Bruno de apóstata, herético, impenitente, pertinaz y obstinado… y expulsándolo del seno de la Iglesia lo entregaba a manos de sus verdugos. Entre las ideas y declaraciones brunianas que motivaban la condena se hallaba la de la pluralidad de los mundos. A los ojos de la Iglesia, sostener la existencia de innumerables mundos significaba plantear dificultades al dogma de la encarnación; puesto que implicaba un cuestionamiento al carácter 'único y definitivo' de la encarnación de Dios en la tierra en la figura de Jesucristo.
No nos detendremos a examinar esa cuestión, pero señalemos al pasar que la posición romana implicaba no sólo una clara incomprensión de la obra de Bruno, sino también una concepción literalizante de las escrituras; lectura que reducía el profundo y universal significado de la encarnación a un único hecho histórico puntual.
Volviendo a la cuestión de la pluralidad de los mundos, lo que nos importa señalar aquí es que esa idea era en Bruno corolario de la noción de un universo infinito. Y a su vez la noción del universo infinito era la consecuencia ineludible de una intuición metafísica fundamental: la intuición del infinito como realidad o si se quiere la intuición del Ser infinito.
Al decir 'intuición metafísica', lo que decimos es que Bruno no hablaba del infinito abstracto que puede oponerse conceptualmente a lo finito, como suele hacerse en filosofía y religión, sino que hablaba del infinito como quien ha tenido una aprehensión auténtica del mismo.
Pues en términos puramente abstractos lo infinito es sólo una noción relativa y negativa opuesta a otra noción relativa pero positiva que es la de finito o finitud. En un contexto exclusivamente racional y verbal , discursivo, pueden argumentarse cosas como que Dios es infinito pero la creación y la criatura por ser tales -es decir creadas- son finitas. Eso suena coherente y lógico; y de hecho en la época de Bruno como en la nuestra mucha gente sería incapaz de dudar de una formulación como esa. Pero esa oposición entre infinito y finito no tiene ningún valor fuera del discurso argumentativo. No es real. Pues, al pensar y hablar así, se considera a lo infinito y lo finito como términos de una relación; lo cual supone degradar a lo infinito al status de lo finito.
Lo que Bruno comprendía y no comprendieron sus jueces es que el infinito concebido como verdad, y no sólo como nombre y concepto relativo, no puede diferenciarse de lo finito porque sino no sería infinito. Y es eso lo que subyace a toda la obra metafísica y cosmológica de Bruno: la intuición de que el infinito no puede ser algo distinto a lo finito pues si así fuera entonces lo finito y su finitud serían su límite, el límite de lo infinito, y entonces el infinito no sería infinito.
Dicho de otro modo, Bruno comprendió -y lo expresó con todas las letras- que el infinito, por ser tal, es decir por carecer de límites, no puede no estar presente en todas partes y todo momento íntegramente.
En su trabajo Sobre el infinito universo y los mundos Bruno escribió:
"...llamo a Dios 'totalmente infinito' porque Él, todo entero, está en todo el mundo y está infinita y totalmente en cada una de sus partes"
El Ser infinito no puede estar ausente del universo porque entonces el universo sería su límite y entonces su infinitud ya no sería infinita. Y por otra parte, tampoco puede estar presente en el universo de modo relativo o parcial porque su misma infinitud sobrepasa toda parcialidad y relatividad. Así, el infinito no puede estar ausente o separado del universo y tampoco puede estar en él de modo parcial o relativo. El infinito está en todo y lo está íntegramente, es decir de modo infinito y absoluto.
Pero esa comprensión conduce a otra: si el infinito está presente en el universo y lo está, como su misma naturaleza lo requiere, de modo infinito, entonces, el universo mismo se infinitiza... "A una causa infinita corresponde un infinito efecto" dirá Bruno.
Cuando la noción relativa y abstracta de infinito es superada por una intuición auténtica, se disuelve por sí misma la oposición entre finito e infinito y la realidad toda se infinitiza. Esta es, a nuestro juicio, la certeza gnoseológica que conduciría a Bruno a sostener, al precio de un horrendo dolor y de su propia vida, la teoría del infinito universo y los innumerables mundos.
Si hay infinito, el universo también es infinito o no es nada. Pero entonces alguien podría preguntar: y si el universo es infinito.. ¿Cómo comprender, entonces, la finitud a nuestro alrededor, finitud que se nos hace patente en el cambio, el paso del tiempo, la generación y la destrucción, el nacimiento y la muerte?
Bruno contestó a esa pregunta por el status de la finitud en un universo infinito utilizando los términos teóricos que le brindó Nicolás de Cusa. Recurrió a las distinciones cusanas de infinitud implícita (complicatio) y explícita (esplicatio), así como a las nociones de potencia y acto, materia y forma (1).
Distinguiendo la infinitud implícita (complicata) de la desplegada o explícita (esplicata) apuntaba a esclarecer que si bien el Principio es uno e infinito y el universo también, los mundos y los seres particularizados que emergen de esa infinitud, en cambio, son innumerables pero no infinitos en todo aspecto. Puesto que la explicitación, la explicatio, impone que cada explicitación particular del Todo exprese o manifieste la infinitud según unos modos del ser pero no de todos ellos. En lo implícito se verifican todas las posibilidades -puesto que no hay límite alguno- pero en la explicitación se verifican unas posibilidades y no otras de acuerdo a las condiciones que la misma explicitación va generando (2).
En el universo infinito, entonces, lo que cambia, lo que se crea y se destruye, es la apariencia, el accidente, la modalidad de explicitación del ser en cada momento pero no el ser mismo. En rigor nada se crea ni se destruye porque todo es infinito. Bruno dijo "…hallaremos que no existe la muerte no sólo para nosotros sino para ninguna substancia"
El universo es infinito pero se explicita bajo unos modos de ser cuya misma explicitación excluye otros. Sin embargo, lo que se excluye de la explicitación no perece ni cambia y se explicitará a su vez a su modo y en su propio orden de explicitación. Como el universo es infinito, los mundos -explícitos- son innumerables.
No tomaremos partido a favor ni en contra de los argumentos de Bruno -que por otra parte hemos simplificado excesivamente- puesto que desde nuestra perspectiva no nos parecen importantes en sí mismos, es decir que no nos interesa su valor demostrativo, sino que los consideramos más bien como extensos símbolos de una única intuición de fondo: la de la perfecta unidad e infinitud presente en todo.
Sea cual sea la expresión y desarrollo que se quiera dar en el plano del pensamiento teórico a esta cuestión, nos parece que la clave de bóveda de la obra edificada por Bruno es la comprensión del infinito como algo que, de ser verdadero y no sólo un nombre relativo, reconduce necesariamente a todo cuanto existe a su propia infinitud.
Para terminar señalemos que esa clave se encuentra también, expresada de distintos modos, en las enseñanzas de diversas tradiciones espirituales, como en la Tawhid islámica, y muy claramente en el Budismo Mahayana cuyo corazón doctrinal está sintetizado en la afirmación de que 'Samsara es Nirvana'. Lo relativo es absoluto.
Notas
1) Los traductores de la obra de Bruno en nuestra lengua no se han puesto de acuerdo con respecto al mejor modo de traducir complicatio y esplicatio. Nosotros en este artículo adoptamos la versión de Angel Vassallo porque nos parece, si bien menos literal que las otras, más ajustada al sentido de la obra de Bruno. En otras traducciones se opta por traducir complicatio por 'complicación' lo cual genera malentendidos, ya que en español 'complicación' tiene una connotación de dificultad y enrevesamiento que es ajena al pensamiento de Bruno y de Cusa.
2) Pero sobre todo, y más allá de las palabras, habría que llegar a comprender que la 'explicitación' aparece como distinta de lo implícito sólo para una mirada limitada, impura o sucia como sugiere Blake en el verso que nos sirve de epígrafe, es decir una mirada condicionada por las condiciones de su propia explicitación. Para el caso humano la limitación proviene de la doble condición corporal y racional que es propia de nuestro modo de explicitación. Pero para una mirada 'limpia', es decir purificada, lo explicitado no es otra cosa que lo implícito mismo. En última instancia sólo hay una infinita y perfecta unidad que no excluye ni la finitud ni la pluralidad. De ahí que Nicolás de Cusa utilizara para referirse a dicha unidad la expresión non aliud, no otro. Lo explícito y finito no es lo 'otro' de lo implícito infinito, es lo mismo y lo único...

Referencias
Existe traducción al español de tres de las obras de Bruno más significativas respecto del tema tratado aquí: De la causa, infinito y uno, traducción del profundo pensador argentino Angel Vassallo, Ed. Losada, Bs.As.
Sobre el infinito universo y los mundos, traducción de Angel Cappelletti, Editorial Aguilar y Ediciones Orbis, España.

La Cena de Cenizas, Ed. Alianza, Madrid.
La obra de Nicolás de Cusa, "La Docta ignorancia", sirvió de inspiración y referencia a Bruno, por lo tanto es muy importante para comprender y apreciar mejor su obra. Hay edición bilingue, latín y español, de la Editorial Biblos, Bs. As.
En cuanto a los comentaristas y estudiosos de Bruno, nos parece muy recomendable el capítulo dedicado al mismo por Rodolfo Mondolfo en su "Figuras e ideas de la filosofía del Renacimiento", Ed. Losada, Bs.As.
En Internet hay un excelente website dedicado a Bruno con materiales originales en italiano y latín y con algunas traducciones también: www.giordanobruno.info
La biografía de White, Giordano Bruno el hereje impenitente, se resiente por el anti catolicismo de barricada de su autor, y es bastante superficial en su apreciación sobre el significado de la obra de Bruno, pero logra recrear un vívido cuadro de época y de las vicisitudes de su vida.