28/8/09

Papeles inesperados, de Julio Cortázar




Julio Rafael Silva Sánchez

Especial para "Gramscimanía"

En una muy cuidada edición, cuya portada con predominio del blanco pareciera evocar la sencilla lápida que en el cementerio de Montparnasse, al Suroeste de París, no muy lejos del Sena, cubre el alojamiento definitivo del cronopio mayor, la editorial Alfaguara de Madrid acaba de poner en circulación este hermoso libro: Julio Cortázar, Papeles inesperados (486 páginas), presentado como un homenaje al autor en la recién finalizada Feria del Libro Madrid 2009.

La obra, publicada bajo la acertada revisión de Aurora Bernárdez (su primera esposa, albacea y heredera universal) y Carlos Álvarez Garriga (Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona), contiene una variada y deslumbrante colección de textos inéditos y dispersos escritos por el autor a lo largo de su intenso (y extenso) oficio literario. El libro está organizado en tres grandes bloques (¿temáticos?): Prosas, Entrevistas ante el espejo y Poemas: allí están tres historias de cronopios, once episodios que hubieren correspondido a Un tal Lucas (uno de los libros más políticos del autor, publicado en 1979), once relatos que nunca fueron incluidos en libro alguno, cuatro entrevistas o autoentrevistas, trece poemas inéditos y una serie de artículos sobre temas diversos (crónicas y textos para sus amigos). Aquí nos reencontramos, en elegante mixtura y en fulguración creciente, con el universo de Julio Cortázar: un autor (novelista, poeta, cuentista, ensayista), quien siempre se propuso (¡y vaya que lo logró!) superar el falso dualismo entre razón e intuición, materia y espíritu, acción y contemplación para alcanzar la visión de una nueva realidad, más mágica, más real y más humana.

Prosas: la búsqueda ontológica, el anhelo de contacto y vínculo

Esta primera parte del libro está subdividida (por afinidades) en: Historias: Historias de cronopios; De un tal Lucas; Momentos; Circunstancias; De los amigos; Otros territorios y Fondos de cajón. Todos estos textos prolongan los rasgos distintivos de la escritura de Julio Cortázar, entre los cuales debemos destacar la búsqueda ontológica, la búsqueda de la unicidad mítica, el anhelo de contacto y vínculo. Sus páginas revelan una poiesis en intento de ordenar el caos existencial: ante la apariencia de un orden, un caos ordenado, un fulgor pletórico de alegorías, miríadas de rayos apuntando a un sentido, el Gran Sentido, siempre (y por definición) esquivo, inasible. Así lo apreciamos en este fragmento de Peripecias del agua (de Historias): Basta conocerla un poco para comprender que el agua está cansada de ser un líquido. La prueba es que apenas se le presenta la oportunidad se convierte en hielo o en vapor, pero tampoco eso la satisface; el vapor se pierde en absurdas divagaciones y el hielo es torpe y hosco, se planta donde puede y en general sólo sirve para dar vivacidad a los pingüinos y a los gin and tonic. Por eso el agua elige delicadamente la nieve, que la alienta en su más secreta esperanza, la de fijar para sí misma las formas de todo lo que no es agua, las casas, los prados, las montañas, los árboles. (p. 107)

Entrevistas ante el espejo: pasión intelectual, revolución y experiencia plena

En la segunda parte del libro, cuatro ¿autoentrevistas? ocupan nuestra atención. En ellas la realidad estalla en máscaras que plantean más preguntas que respuestas y favorecen las posibilidades del conocimiento. El autor trata de serle fiel a la idea de una literatura inmersa en la historia contemporánea, una literatura revolucionaria, abierta, crítica, dramática y, al mismo tiempo, llena de ternura y amor y esperanza en el hombre nuevo. Aquí y ahora, su escritura se vuelve social y la acción revolucionaria entra explícitamente en el texto. A pesar de esto, unas entrevistas tan comprometidas políticamente, para insertarse en las grandes constantes cortazarianas, no podían de dejar de incluir pasajes humorísticos, escenas eróticas, experimentos de lenguaje y elementos insólitos, tal vez como lo disfrutáramos en su novela Libro de Manuel (de 1973). Estas entrevistas denotan el ideario estético-ideológico de Cortázar: en ellas hace eclosión la carga potencialmente política y revolucionaria del autor, por ejemplo: al tratar de definir el problema de la literatura y el rol del escritor como agente de cambio social, tal como lo observamos en este fragmento de Entrevista ante un espejo:…Lo que sostuvo y multiplicó la fuerza de la revolución (cubana) en sus primeros años fue el fervor y la confianza del pueblo en sus dirigentes; ahora, a esos impulsos primarios de la sangre y del instinto sucede poco a poco otro tipo de apoyo, el que nace de la reflexión, la discusión y la creciente capacidad para manifestar aceptaciones y discrepancias. (p. 468)

Poemas: lo fantástico como mecanismo de reordenación del mundo

Estos poemas incluidos en la tercera parte del libro reafirman la profunda vocación cortazariana de abolir lo real, de dejar testimonio del estremecimiento ante el instantáneo estallido de otra realidad y del fervor ante la intuición o la certeza de una plenitud que puede ser alcanzada: vocación de ruptura y utopía, como lo observáramos en Rayuela, su novela de 1963, narración plena de atmósferas desquiciadas y alucinantes, suerte de descomunal carcajada concebida como una respuesta a una posible interrogación sobre el sentido del arte, un medio de acceso a una visión más profunda del arte y de la realidad. Ese estremecimiento, ese “modernismo visceral”, con un trasfondo romántico y surrealista, en sincronía con la ruta abierta por Borges, está presente, por ejemplo, en el poema Blues for Maggie: Ya ves // nada es serio ni digno de que se tome en cuenta, / nos hicimos jugando todo el mal necesario // ya ves, no es una carta esto, // nos dimos esa miel de la noche, los bares, // el placer boca abajo, los cigarrillos turbios / cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba, // ya ves, / y yo sigo pensando en ti, // no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa / y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube / y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia. // Nos hicimos jugando todo el mal necesario, / el tiempo pone el resto, los oseznos / duermen junto a una ardilla deshojada. (p. 480)

En todo el libro se ratifica la cosmovisión ya conocida del cronopio: una secreta correspondencia entre lo metafísico, lo fantástico y la estética, siendo ésta una magia que se sabe puramente subjetiva. La estética entendida como la expresión de emociones tal vez ineficaces para mover el mundo de la física, pero sí capaces de mover, de conmover, de modificar al ser. Por eso hemos disfrutado este libro, con la delectación que alguna vez sintiera Gabriel García Márquez (1992) ante las obras de Cortázar, las cuales provocarían un estallido descomunal hace más de cuarenta años: …Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Julio Cortázar., Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo. (García Márquez: 1992: 41)

Referencias bibliográficas

Cortázar, Julio (2009). Papeles inesperados. Madrid: Alfaguara.

García Márquez, Gabriel (1992). “El argentino que se hizo querer de todos”, en Manual de cronopios. Barcelona: Ediciones de la Torre.

Monterroso, Augusto (2002). Recordando a Julio Cortázar. Disponible en: http://www.lainsignia.org/2002/junio/cu/_oo5.htm. Visitado: 12/07/2009

Reinoso, Susana (2009). Papeles inesperados: el último legado de Julio Cortázar. Disponible en: http://www.letraslibres.com/index.php?art=13927. Visitado: 18-07-2009