5/8/09

Notas sobre la muerte de Julio Antonio Mella


Es muy probable que el misterio del asesinato de Mella no se esclarezca nunca. Sin embargo, cabe señalar que Celia Hart, no descartó que, en efecto, el crimen haya sido cometido por los estalinistas

Interesante que Vittorio Vidali, quien fuera enviado por el Stalin a México para “controlar o suprimir” a miembros del Partido Comunista Mexicano PCM “peligrosamente atraídos por el trotskismo”, fuera vinculado con el asesinato de Mella.  En 1927, Vittorio Vidali, sale de Moscú con destino a México vía París y Cuba. En la isla, entra en contacto con el aparato clandestino del PCC.

En un artículo publicado en Rebelión, Celia Hart, nos dice:

“… no dudaría que el Partido Comunista Cubano le haya explicado a Vidali o Contreras lo inoportuno que era este joven para los tenebrosos planes del partido”.

Palmiro Togliatti (secretario del Partido Comunista Italiano por casi 40 años) dijo que:

“Vidali era el hombre de los trabajos sucios, el encargado de la logística de los crímenes estalinistas. Es quien encubrió a los asesinos de Andrés Nin propagando la versión de una fuga organizada por los nazis…".

Mella nunca fue un abierto partidario de Trotsky, pero su lucha en contra de Gerardo Machado era considerada “peligrosa” por Moscú. Apoyar un intento insurreccional en la isla significaba desafiar los intereses económicos estadounidenses, y Moscú no quería que Washington considerara a la Unión Soviética una amenaza a su "patio trasero", según la Doctrina Monroe. Los partidos comunistas, en esta época, trabajaban para impedir sublevaciones armadas en sus respectivos países.

En el IV Congreso de la Internacional Sindical, Mella conoce al comunista español Andrés Nin, quien le expone las tesis de la Oposición de Izquierda sobre la política de colaboración entre las clases impulsada por Stalin y Bujarin. De inmediato, el dirigente comunista argentino Victorio Codovilla exige la expulsión de Nin. Mella comparte la postura de Nin pero no puede apoyarlo, porque se aislaría, ni quiere hacerse cómplice de la expulsión; así, decide mantenerse al margen y Codovilla emprende una campaña contra Mella.

Cuando Mella llega a México, el PCM afrontaba una profunda crisis interna. Entre 1925 y 1926, se había producido una ruptura entre la dirigencia de Xavier Guerrero, David Alfaro Siqueiros y Rafael Carrillo, y el ala derecha del partido que buscaba aliarse con sectores del gobierno de Plutarco Elías Calles, o sea el gobierno que estaba usando a la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) para controlar el movimiento obrero y aplastar los movimientos independientes. 

En el V Congreso del PCM, en abril de 1928, Mella y su grupo llaman a reorganizar la lucha sindical contra la CROM, pero son derrotados por la dirección del partido, que los acusa de intentar una nueva dispersión de las fuerzas obreras. Todo esto sucede en vísperas del IV Congreso de la Internacional en Moscú. En julio de 1928, apoyado por delegados obreros y campesinos, Mella, junto a Diego Rivera gana la votación y los dirigentes de la Internacional Comunista son obligados a permitir el nacimiento de la Confederación Sindical Unitaria de México que se opondría a la oficialista CROM. Esto no fue del agrado de Moscú.

En septiembre de 1928, la derecha del PCM pide la expulsión de Mella por el crimen de trabajar contra la línea del partido. Apoyan la moción Xavier Guerrero, Rafael Carrillo y Vittorio Vidali.

Mella es destituido del Comité Central y aislado. Ante la prohibición absoluta de organizar una expedición a Cuba, suspende su colaboración con el partido y sigue con su proyecto. En diciembre de 1928, un mes antes de su asesinato, durante una acalorada reunión en la calle de Mesones, la última en la que Mella participa, Vidali pierde el control y se acerca al cubano gritándole:

"No lo olvides nunca: de la Internacional se sale de dos maneras, ¡o expulsado o muerto!"

Es obvio que Vidali tenía la misión de “disciplinarlo”, lo cual, por supuesto, no prueba que lo haya matado, pero el asesinato nunca fue aclarado del todo y una investigación que pretende ponerle el punto final, no hace más que aumentar la suspicacia del lector atento.

Julio Antonio Mella fue asesinado la noche del 10 de enero de 1929 en la esquina de Abraham González con Morelos, de dos tiros de revólver 38 (que por cierto era el tipo de arma que Vidali usualmente portaba): la primera bala atravesó el codo izquierdo y el intestino, la segunda perforó un pulmón. 

El juez Alfredo Pino Cámara interroga a Tina Modotti y la sorprende en varias contradicciones: 

- Ella ha declarado que quien disparó (desde un automóvil en la oscuridad) lo hizo mientras ella caminaba tomada del brazo izquierdo de Mella, algo imposible porque la primera bala lo hirió en ese brazo, y no pudo ser un acto sorpresivo porque Mella corría tratando de escapar.

- Hay tres testigos de los hechos: el panadero Luis Herberiche que se encontraba en la puerta de su panadería, y los jóvenes Anacleto Rodríguez y José Flores, que estaban a la puerta de su casa en Abraham González. Los tres afirman que vieron a tres personas, dos hombres y una mujer, avanzando desde Bucareli y discutiendo animadamente, y que uno de los dos hombres sacó una pistola y disparó mientras el otro corría hacia delante. 

- En el careo con Tina, el panadero Luis Herberiche declara:

"No tengo ningún motivo para engañar a la justicia. Soy un comerciante al que no le gusta verse implicado en estos hechos. Siento mucho desmentir a la señora, pero lo que dije es la verdad y lo sostengo"

Tina es tenida como sospechosa, en el supuesto que conocía al asesino o era su cómplice. Pero esto hizo que el caso derivara hacia un motivo pasional, el clásico triángulo, lo cual de alguna manera funcionó como cortina de humo.
La versión según la cual Mella es ultimado por los sicarios de Machado no tiene otra base que la suministrada por los mismos involucrados. Incluso las últimas palabras de Mella son recogidas por la Modotti.

La policía, no obstante, decide descartar las declaraciones de tres testigos en favor de la de la Modotti debido a que era "imposible que unos vecinos hayan podido ver lo que dicen haber visto el jueves un poco después de las nueve, ya que la luna era muy pequeña y baja...". 

Es cierto que la oscuridad dificulta la visión, pero, ¿dejar de ver un automóvil?

Al final, es el propio Presidente de México quien el 16 de Enero (¡sólo 6 días después!) ordena mediante decreto el cierre de las pesquisas. 

¿Quién mató a Mella? 

La versión política se impone: unos fantasmagóricos agentes enviados desde La Habana, a quienes nadie vio y ningún testigo pudo ubicar en la escena del crimen, lo hicieron. 

La policía se deslinda del problema remitiéndolo al extranjero. Los comunistas ya tienen su mártir. Tina Modotti queda libre de sospechas.

En 1941, pocos meses antes de su muerte, Tina Modotti dijo lo siguiente de Vittorio Vidali a Jesús Hernández, que había sido ministro del gobierno republicano:

"...No es más que un asesino, y me arrastró a un crimen monstruoso. Lo odio con toda mi alma. Pero estoy obligada a seguirlo hasta el final. Hasta la muerte...".

De Tina Modotti, nuestra Celia Hart dijo:

"...no le perdono que teniendo la fina sensibilidad de una artista y habiendo sido amada por el hombre más bello, inteligente y revolucionario de su tiempo, se hubiese ligado al oscuro Vidali. Pero Mella y no Vidali es el que está fresco y más vivo que nunca. Vidali permanecerá helado y siempre con mal olor..."

Irónicamente la muerte de la Modotti se produjo en un taxi la noche del 5 de enero de 1942, por "congestión visceral generalizada", como reza el acta de defunción, y no por un "ataque del corazón" como siempre dijo Vidali. La "congestión" sirvió a la prensa para anunciar en primera plana: "ENVENENADA Tina Modotti, TÍPICA ELIMINACIÓN ESTALINISTA".

Nunca se sabrá realmente de que murió Tina. Es muy probable que el misterio del asesinato de Mella no se esclarezca nunca. Sin embargo, cabe señalar que Celia Hart, no descartó que, en efecto, el crimen haya sido cometido por los estalinistas.

Oficialmente, José Agustín López (de quien se dice no tenía ninguna afiliación política) fue acusado del homicidio, pero otros dos conocidos pistoleros, José Magriñat y Antonio Sanabria fueron también considerados sospechosos. Magriñat fue arrestado pero más tarde puesto en libertad. Fue ultimado a balazos en Cuba por los comunistas en 1933, quizá atando un cabo suelto.

El cómo estos hombres de Machado pueden haber operado independientemente en un ambiente tan altamente politizado como el de Ciudad de México de aquel entonces nunca ha sido explicado.

Para añadir aún más al misterio, se dice que Magriñat (al que “ajusticiaron” los comunistas) y Diego Rivera quien había acabado de regresar de Cuba, habían alertado a Mella de que estaba en grave peligro.

Los restos de Julio Antonio Mella fueron incinerados en el Panteón Francés de la capital azteca y después se organizó la despedida de las cenizas en el Anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria, anexa a la Universidad Autónoma de México. Sus cenizas fueron trasladadas a Cuba el 29 de septiembre de 1933.