5/8/09

Julio Antonio Mella, eterno revolucionario


Foto: Julio Antonio Mella

Evelio Tellería Alfaro

 

De la breve vida del joven líder comunista Julio Antonio Mella, asesinado en México el 10 de enero de 1929 por esbirros de la dictadura de Gerardo Machado, se puede decir que fue de lucha constante e incansable quehacer revolucionario. Su inolvidable frase “Muero por la Revolución” llevaba en si misma toda la fe y el ímpetu de su acción luchadora con la que despertó multitudes y sumó voluntades en el camino hacia una sociedad justa, sin amo imperialista, ni explotados ni explotadores.

Las aulas de Universidad de La Habana fueron su primer campo de batalla y si bien desde allí emprendió la vida política, no fue el único terreno donde dejó su impronta como organizador y conductor de masas.

Su compañero de luchas, Raúl Roa, lo definió como “atleta olímpico de la Revolución. En el breve lapso de seis años –entre 1923 y 1929- Mella  fue partícipe de hechos sobresalientes en la historia de Cuba como la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la cual fue su presidente; la creación de la Liga Antimperialista de Cuba y el surgimiento del primer Partido marxista leninista en nuestro país.

Un episodio que también revela su  extraordinaria capacidad de trabajo fue la organización del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, en noviembre de 1923.

En la declaración de Deberes y Derechos del Estudiante aprobada en esa reunión, Mella plantea como primer deber del estudiante el de “divulgar sus conocimientos entre la sociedad, principalmente entre el proletariado manual por se éste el elemento más afín al proletariado intelectual, debiendo así hermanarse los hombres del trabajo, para fomentar una nueva sociedad, libre de parásitos y tiranos, donde nadie viva sino en virtud del propio esfuerzo.”

Este pronunciamiento sirvió de principio inspirador para fundar la Universidad Popular José Martí, iniciativa que vinculaba a estudiantes, trabajadores e intelectuales animados por el afán de enseñar y aprender.

En la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, en horario nocturno, funcionó aquella idea que al decir de Mella, las puertas del máximo centro docente de Cuba se abrieron para los humildes “que por su ruda labor diaria para ganar el pan, no pueden recibir las enseñanzas superiores.”

Otro capítulo descollante en la vida de este esforzado paladín fue su vínculo con la clase obrera al establecer fraternales lazos de amistad con hombres como Carlos Baliño, de ideas marxistas, y Alfredo López, máximo dirigente de la Federación Obrera de La Habana, por quién sintió gran admiración y lo llamó Maestro.

De tal modo Julio Antonio Mella arraigó en las filas proletarias y estudiantiles que ni las persecuciones ni el fantasma del anticomunismo pudieron silenciar su ejemplo en las aulas universitarias y en los talleres.

En las calles y en las fábricas, en la Universidad y en el sindicato, en las épocas más duras y de mayor terror, siempre se recordó a este joven alto, impetuoso, lleno de optimismo y sensibilidad humana.

Su legado político también guió a otras generaciones de cubanos que años después llevaron a cabo la gesta que condujo a la plena independencia y soberanía de Cuba.