29/7/09

La dolorosa separación de Occidente de la “subalternidad de los otros”…


Enrico Armas (Venezuela) Espacio de un caballo

Michael Liebig   /   Adital

 

…o el camino hacia la modernidad…

La bancarrota del sistema bancario estadounidense no es lo único que agobia al resto del mundo. Otra carga igual es la bancarrota geopolítica del gobierno de Bush: Irak, Irán, el Medio Oriente y Afganistán. Alemania se ve afectada de forma inmediata por la situación de Afganistán, porque hay casi 4.000 soldados alemanes estacionados en ese país. Su despliegue dura ya siete años y no ha dejado de crecer, con más tropas y equipo, desde 2006. En su zona de operaciones en el Norte de Afganistán, el Bundeswehr se ha concentrado desde un principio en acciones militares-civiles, pero esto no evita que, desde 2005, la seguridad de Afganistán se haya deteriorado día a día.

La línea oficial del gobierno alemán es: "¡Tenemos que mantenernos firmes!" aun cuando extraoficialmente ya no se niega que la situación afgana está empeorando. Sin embargo, el debate sobre el despliegue en Afganistán sigue obstaculizado por la afirmación de que "no podemos traicionar al pueblo afgano" y "tenemos que cumplir con nuestras obligaciones con nuestros aliados." Una excepción es la de Helmut Schäfer, quien fuera Ministro de Estado del Ministerio Alemán de Relaciones Exteriores. El 14 de mayo, en un acto sobre las relaciones exteriores estadounidenses realizado en Mainz, Schäfer dijo que las intervenciones militares occidentales en Afganistán están metidas en un callejón sin salida. Si la protección de los derechos de las mujeres afganas significa matar más y más mujeres y niños con bombardeos aéreos, uno debe detenerse un momento y cuestionar la estrategia en su conjunto. Llegó ya el momento de pensar con seriedad sobre la salida "decente" de Afganistán, dijo Schäfer.

Lo que se ha "disimulado"

Esta afirmación la comparten en Alemania los que conocen Afganistán no solo por los informes y las cortas visitas oficiales a este país. Por ejemplo, el coronel retirado Jürgen Hübschen, quien es asesor de seguridad de una bien conocida organización no gubernamental humanitaria que trabaja, entre otros lugares, en Afganistán. El coronel Hübschen acaba de publicar las impresiones de su última visita en el sitio solonline. O el doctor Reinhard Erös, director de la ONG "Ayuden a los niños de Afganistán." Él conoce el país y su pueblo -y también a los que tienen vínculos con el Talibán. El doctor Erös goza de la confianza de los afganos porque desde los años ochentas, cuando era oficial médico del Bundeswehr, presentó la propuesta personal de brindar ayuda humanitaria en Afganistán. En una entrevista con la Deutschlandfunk el pasado 29 de mayo (LINK), Erös dijo: "La pregunta no es si nos vamos a retirar, sino cuándo. No podemos permanecer por los siguientes 100 años. Así que tenemos que salir de todos."

Aquí, un médico que conoce Afganistán, toca el problema central, el que los políticos occidentales no quieren debatir. La situación de Afganistán, sin embargo, habrá de forzar este debate, el cual deberá incluir las nuevas marcas de las referencias geopolíticas, sin limitarse a ellas. Por ejemplo, la sorprendentemente falsa suposición de que los problemas de Afganistán se deben "resolver" sin involucrar a Pakistán. Esto raya en el absurdo, cuando, luego de ocho años de operaciones militares en Afganistán, el gobierno estadounidense está optando por una estrategia "Afpaq." Todavía más absurdo es que, en esta inclusión de Pakistán, los estadounidenses cometen los mismos errores que en Afganistán -limitarse a un procedimiento militar. Por supuesto, no habrá una solución para Afganistán sin la participación constructiva de su vecino Irán; y esto mismo vale para la India. Sin duda, un marco regional multilateral para la estabilización de Afganistán debe ser el paso más importante en la dirección correcta, aunque no sería suficiente.

La reeducación occidental de los "otros&quot"

Occidente, en primer lugar, tiene que revisar las raíces de sus propios supuestos. El axioma central que se debe cuestionar es el de:

"Occidente" tiene el derecho y la obligación de instruir a los "otros" pueblos y Estados -supuestamente "atrasados" y (todavía) "irracionales" para guiarlos por el camino de la "era moderna," inclusive por la fuerza, de ser necesario.

Este derecho y obligación atribuido sin consultar a nadie se deriva de una "superioridad civilizadora" evidente por si misma de "Occidente." "Esta "superioridad" se manifiesta en los principios occidentales de democracia, derechos humanos y economía de mercado. Los pueblos y Estados "pre-modernos" fuera del espacio civilizador euroatlántico se tienen que reeducar en esos principios.

Dos aclaraciones para evitar malos entendidos:

Primero, no se trata aquí de poner en duda los principios de la democracia, de los derechos humanos y de la economía de mercado en Occidente. El problema es la voluntad de insistir en el derecho imponer esos principios a los "otros." Esto significa la pretensión de que para la difusión a escala mundial de los principios occidentales todo (o casi todo) se justifica, inclusive la fuerza militar.

Segundo, la Carta de las Naciones Unidas limita el derecho de los Estados a emplear la fuerza militar contra otros Estados a sólo dos circunstancias: la defensa de un ataque y la declaración del Consejo de Seguridad de que un Estado amenaza la paz mundial. Este último pude ser si a) un Estado comete genocidio u otros crímenes contra la humanidad, y b) que las Naciones Unidas lo señalen expresamente. Si no se cumplen ambas condiciones, el empleo de la fuerza militar de un Estado contra otro es una violación del derecho internacional.

Las "teoría subalterna" y la "teoría post colonial"

En su forma más general, el axioma, el resultado de lo que vemos en Afganistán, se puede resumir en la oposición binaria del "líder occidental" y del "subalterno no occidental" en las relaciones internacionales.

La categoría "subalternidad" fue creada por investigadores indios de temas sociales por allá de los años ochentas. El término lo adoptaron del filósofo marxista italiano Antonio Gramsci, para tener el concepto de las experiencias coloniales y post coloniales. Los "grupos de estudio de los estados subalternos del Sur de Asia" no abordaron el colonialismo y el imperialismo tan sólo en el sentido del poderío de dominación "empedernida" -política, militar y económica-, sino que también estudiaron la dimensión socio-cultural, es decir, los patrones mentales y de comportamiento. La hegemonía de Occidente -abiertamente colonial/imperial o alternativamente "liberal"-, por un lado, y la subalternidad del "no occidental", por el otro lado, comunican y refuerzan su identidad una a la otra.

Vinculada a la "teoría de la subalternidad" y en cierta forma mezclada con ella, la "teoría post colonial" se creó desde el fin de la guerra fría. Su concepto central es que con el fin oficial del colonialismo en los años setentas, los patrones mentales y de comportamiento de la era colonial de 400 años no podían desaparecer súbitamente -ni en los antiguos "gobernantes coloniales" ni en los "nativos" que habían obtenido su independencia. La teoría del post colonialismo tiene un alcance histórico muy vasto y no adopta una negación tajante de los logros de la modernidad europea, sino que pone el énfasis en la formación de identidad mutua con la comunicación de la modernidad europea y la "civilización de los otros" ya suprimida.

La teoría post colonial aborda las contradicciones internas de la modernidad europea, que con la Ilustración proclamado derechos humanos universales e inalienables, pero que al mismo tiempo niega los derechos humanos de la mayoría de la raza humana. Es típica la posición sobre la esclavitud de los principales representantes de la Ilustración francesa, por ejemplo, Rousseau o Montesquieu, o de los fundadores de Estados Unidos. Chauvinismo, colonialismo y racismo pertenecen intrínsecamente a la modernidad euro-atlántica, como lo demuestra ad nauseam la historia del siglo XIX y XX.

Cabría recalcar de nuevo que las teorías post colonial y del subalterno no parten del "ajuste de cuentas" retrospectivo con el colonialismo, sino que se concentran en los patrones mentales y de comportamiento latentes, pero persistentes, de Occidente y del "resto." Ambas teorías son fluidas y vinculan varios moldes conceptuales, cabría agregar.

La matriz post colonial luego de 1989

Que el "lado oscuro" de la modernidad occidental persiste hasta el presente se demuestra por el auge neo imperial de la era de Bush, que no fue una "desviación" por azar. Luego de ser colonia, los Estados Unidos post coloniales se han convertido en el primer ejemplo de los patrones mentales -y de actos- neo coloniales. Los rasgos principales del mapa mental estadounidense son los conceptos del "excepcionalismo estadounidense" y el "destino manifiesto," que separan radicalmente a Estados Unidos del "resto."

 Con el desplome de su principal competidor político mundial, la Unión Soviética, la "tendencia hacia la reeducación del mundo" se alimentó con plenitud. Primero, con el presidente Bush padre y Clinton, la reeducación mundial se realizó de una forma paternalista -es decir, de forma indirecta, conducida con presiones e incentivos en los campos de la política, la economía y la cultura. Pero cuando un Estado se resistía, se le imponía la "imagen de enemigo" e inclusive se les atacó militarmente, como sucedió en la guerra de Kosovo en 1999.


Debido a la creciente debilidad económica interna de Estados Unidos, desde 2000, la continuación de la estrategia "paternalista" se hizo cada vez más difícil. El gobierno de Bush hijo empleó los ataques de 11 de septiembre para cambiar abiertamente a una estrategia militarista abiertamente neo colonial contra los "Estados forajidos." Afganistán e Irak fueron conquistados y se preparó el ataque a Irán. La justificación de la invasión de Afganistán, que no era más que un pretexto, se podía haber aplicado también a Arabia Saudita. En el caso de Irak no tuvo empacho en mentir descaradamente.

Lo cierto es que los patrones mentales y de conducta postcoloniales siguen presentes en Europa, a pesar de los traumas de la primera mitad del siglo XX y del subsiguiente aprendizaje, se hizo evidente en la paradójica respuesta de Europa a la estrategia mundial de Estados Unidos desde 1989: Europa se comportó en gran medida como un "subalterno" con respecto a la estrategia estadounidense hacia los "otros subalternos." Dicho comportamiento se llama "híbrido" en la teoría de los subalternos.

Entre 1996 y 2005, las teorías de Robert Cooper se pusieron de moda en Europa. Cooper proclamaba que la Unión Europea tenía que redefinirse como un "imperio post moderno" -claro está que en calidad de socio menor de Estados Unidos. En esta nueva función, Europa tendría que emplear los métodos más rígidos del pasado "contra" los estados pre modernos que se negaran a someterse a las normas occidentales. En 1998, Tony Blair propuso el "intervencionismo liberal" contra los enemigos de los principios occidentales.

Europa tomó parte en la guerra de Kosovo en 1999, la cual se libró también desde un punto de vista post colonial. Es innegable que los Balcanes están en Europa, pero los "Balcanes" son al mismo tiempo una estructura mental que representa la pre modernidad, el atraso y la irracionalidad y son por ello "diferentes a Europa" y poseen la calidad de los "otros." Europa participó en la ocupación militar de Afganistán. La mayoría de los gobiernos europeos apoyó inclusive la guerra de Irak -por lo menos al principio. Esto todavía no se asimila por completo en Europa.

Hacia una modernidad entrelazada de forma múltiple y a escala mundial

Afganistán puede convertirse en el catalizador de la interpretación europea del pasado y eso no tiene nada más que ver con las dos décadas pasadas. La intervención militar occidental en Afganistán demostró que la imposición extranjera del "modelo occidental" en un país no occidental no funcional. No funciona a pesar de que Afganistán es un país débil, agotado por décadas de guerra. El problema, no obstante, va más allá de Afganistán.

El problema fundamental es la necesidad de abandonar la dicotomía tan profundamente enraizada de la modernidad euroatlántica "superior" y la subalternidad de los "otros." El cambio urgente de forma de pensar no significa el rechazo o hacer relativa la modernidad euroatlántica. Significa la evolución y la transformación de la modernidad euroatlántica en el triple sentido hegeliano del "Aufhebung" -superar, preservar y avanzar. Este nuevo pensamiento civilizador no es tan sólo un ejercicio intelectual, sino el medio para reconocer las realidades mundiales.