28/6/09

Trotsky: Sobre una entrevista de André Malraux


Foto: André Malraux

León Trotsky   /   La Lutte Ouvriére, 9 de abril de 1937

 

La entrevista de André Malraux en "El Nacional" sobre España, Francia, los procesos de Moscú y André Gide, tiene un carácter completamente oficial, lo mismo que su viaje a Nueva York, como puede suponerse.

Cuando Malraux rinde homenaje a la valentía ya la política perspicaz del gobierno del presidente Cárdenas con respecto a la revolución española, no tengo, ciertamente, ninguna objeción que hacerle en ese sentido. No puedo sino expresar mi pesar porque la iniciativa de México no haya encontrado apoyo alguno. Las duras palabras concernientes a León Blum tienen un carácter mucho más equívoco. No soy yo quien va a defenderlo. Pero en todas las cuestiones que conciernen a España, Stalin ha seguido y continúa siguiendo una política completamente semejante a la de Blum. Parece que la responsabilidad por las consecuencias de esta política que practican en Moscú esté hecha para caer solamente sobre Blum. Sin embargo, la misión de Malraux no consiste en una clarificación de estas cuestiones. Como otros diplomáticos, y sobre todo los "oficiosos", Malraux habla lo menos posible de lo que más le interesa.

 Nueva York es actualmente el centro del movimiento, por la revisión de los procesos de Moscú. Este es, digámoslo de paso, el único medio de evitar nuevos asesinatos judiciales. No es necesario explicar cuánto alarma este movimiento a los organizadores de las amalgamas de Moscú. Están dispuestos a recurrir a cualquier medida para detener este movimiento. El viaje de Malraux es una de estas medidas.

En 1926, Malraux se encontraba en China al servicio del Komintern-Kuomintang, y es uno de los que comparten la responsabilidad del estrangulamiento de la revolución china. En sus dos novelas, Malraux, sin quererlo, ha dado un cuadro revelador de la política del Komintern en China. Pero no supo extraer las consecuencias necesarias de sus propias experiencias.

Malraux, como André Gide, forma parte de los amigos de la URSS. Pero hay una enorme diferencia entre ambos, y no sólo en la envergadura del talento. André Gide es un carácter absolutamente independiente, que posee una gran perspicacia y una honestidad intelectual que Ie permite llamar a cada cosa por su nombre. Sin esta perspicacia, se puede balbucear sobre la revolución, pero nunca servirla.

Al contrario que Gide, Malraux es orgánicamente incapaz de independencia moral. Sus novelas están todas impregnadas de heroísmo, pero él mismo no posee esta cualidad en el menor grado. Es oficioso de nacimiento. En Nueva York, lanza un llamamiento a olvidarlo todo, menos la revolución española. Sin embargo, el interés por la revolución española no impide a Stalin exterminar decenas de viejos revolucionarios, Malraux mismo abandona España para llevar a cabo en Estados Unidos una campaña de defensa del trabajo judicial de Stalin-Vichinski. Hay que añadir a esto que la política del Komintern en España refleja perfectamente su política fatal en China. Tal es la verdad sin veladuras.