3/6/09

Marx, antimperialista


El autor está impresionado por una recopilación de artículos periodísticos de Marx sobre la India que ayudan a demoler los mitos sobre el apoyo de Marx a un imperialismo “progresista”

Foto: Karl Marx

Chris Harman  /  SinPermiso

 “El dicho romano divide et impera (divide y domina) era la gran norma por la cual Gran Bretaña ideó mantener su posesión imperial en la India. El antagonismo entre varias razas, tribus, castas, credos y soberanismos fue el inalterables principio vital de la supremacía británica… 200.000.000 nativos controlados por un ejército local de 200.000 hombres mandados por ingleses, y este ejército nativo controlado a su vez por un ejército inglés que cuenta sólo con 40.000 hombres… Cuánto puede durar esta situación con el ejército local se muestra claramente por sus recientes motines.

“Esta es la primera vez que los regimientos Sepoy han matado a sus oficiales europeos; que musulmanes e hindúes, renunciando a sus múltiples antipatías, se han aliado contra su amo común; que estos disturbios que comienzan los hindúes han acabado de hecho situando en el trono de Delhi a un emperador musulmán; que la revuelta no ha sido confinada a unas pocas localidades; y, por último, que la revuelta en el ejército anglo–indio ha coincidido con la insatisfacción general manifestada contra la supremacía inglesa en parte de las grandes naciones asiáticas”.

Así se expresaba Karl Marx sobre el primer levantamiento contra el orden británico enla India, en julio de 1857, conocido como la rebelión Sepoy, conforme eran calificadas las tropas indias, en el diario estadounidense más vendido entonces, The New York Tribune. Éste fue uno de los muchos artículos que escribió sobre la India para el periódico. Iqbal Husein nos ha prestado un servicio buscando en los archivos del New York Tribune los artículos y compilándolos todos, así como aportando algunas notas distinguiendo lo que Marx escribió de los cambios editoriales introducidos por otros en el curso de la publicación (por ejemplo, introduciendo la palabra “hindú” cuando probablemente escribió “indio”).

Los artículos fueron escritos para que Marx se hiciera con el dinero necesario para poder mantenerse él y su familia mientras hacía su investigación en economía y organizaba su actividad política. Estaban especialmente dirigidos a una audiencia que no era, en su mayoría, revolucionaria. Por eso los artículos contenían poco más que una enumeración de acontecimientos y no un extenso análisis político. No obstante, entre los artículos hay algunos que son importantes ejemplos analíticos. Lo que parece percibirse claramente en los escritos es la simpatía de Marx por el levantamiento y su desprecio hacia la ambición e hipocresía de los gobernantes británicos de la India. Así, escribe en septiembre de 1857:

“Las atrocidades cometidas por los Sepoys revolucionarios en India son verdaderamente horribles, espantosos, inefables: ésas de que uno sólo oye hablar en guerras insurreccionales, entre nacionalidades, raciales y, sobre todo, religiosas… Sin embargo… eso es sólo el reflejo en forma concentrada de la propia conducta de Inglaterra en India. Para caracterizar su dominación, basta decir que la tortura es una institución orgánica de su política financiera. En la historia humana existe algo así como el castigo, y una de las reglas históricas del castigo es que el instrumento del mismo no lo forja la víctima, sino el propio victimario…”.

“Para encontrar algo parecido a la atrocidad Sepoy no necesitamos, como algunos diarios londinenses pretenden, remontarnos a épocas medievales… Basta estudiar la primera guerra china, un acontecimiento, como quien dice, de ayer. La soldadesca inglesa cometió allí actos abominables por mera diversión. Sus pasiones no estaban santificadas por el  fanatismo religioso, ni exacerbadas por el odio a una raza conquistadora y dominante… Las violaciones de mujeres, las matanzas de niños, el incendio de pueblos enteros eran deportes caprichosos… registrados por los propios funcionarios británicos”.

Marx registra las atrocidades cometidas por el ejército británico en el intento de sofocar la revuelta india, y deja escrito en la prensa lo que sigue: “Mientras las crueldades de los ingleses son relatadas como actos de vigor marcial, narradas lacónica, rápidamente, sin entrar en detalles desagradables, las atrocidades de los nativos son deliberadamente exageradas… Los dominadores británicos de la India distan por mucho de ser los suaves benefactores sin mácula que ante el mundo se pretenden”. En referencia al uso –oficialmente reconocido por los propios británicos— de la tortura en la exacción de impuestos a los campesinos indios, concluye el artículo: “A la vista de estos hechos, los hombres desapasionados y reflexivos tal vez llegarán a preguntarse, si las gentes no están justificadas en sus intentos de expulsar a unos conquistadores extranjeros que tanto han abusado de sus sometidos”.

Eco de la pasión

Marx mostró cómo diferentes sectores de la clase alta en Gran Bretaña se sirvieron de los impuestos obtenidos mediante tortura para enriquecerse, sin “devolver parte alguna de dichos impuestos a través de obras públicas, más indispensables en los países asiáticos que en ninguna otra parte”. Pero Marx observa a su vez que, más que la población en su conjunto, sólo una clase de Gran Bretaña ha salido ganando con este Imperio. La “ventaja para Gran Bretaña de su imperio indio debe ser limitada a los beneficios y provechos que han obtenido un puñado de individuos británicos”. Pero el coste de mantenimiento del Imperio está siendo pagado “por todos los bolsillos de las gentes de Inglaterra”.

Unas pocas citas no pueden proporcionar más que un leve eco de la pasión que Marx despliega al criticar las pretensiones y horrores del colonialismo británico. Es una pasión que sigue siendo relevante hoy en día. Gente como Niall Fergusson siugue tratando de rehabilitar el imperio en horas televisivas de máxima audiencia, mientras políticas de división y control continúan manteniendo esa lógica demoníaca en Irak. La propaganda sobre “atrocidades” cometidas por “nuestros enemigos” es usada para justificar el bombardeo de pueblos en Afganistán y el Líbano.

Pero los escritos tienen aún otro valor, y es el de refutar algunos mitos creados en torno a las opiniones de Marx, como los que sugieren que Marx apoyaba al colonialismo británico como algo “progresista”. Esto ha sido propagado por gente como el marxista académico Bill Warren que elogia a Marx por ver, supuestamente, el imperialismo como algo inevitable, en la medida que allanaba el terreno para el crecimiento económico capitalista. También es un mito que ha sido difundido por enemigos del imperialismo, como Edward Said, que condena los escritos de Marx por occidentalistas o eurocentristas tomando frases sacadas de contexto.

En dos de los primeros artículos, escritos 4 años antes del levantamiento de 1857, Marx intenta explicar cómo se las han ideado los británicos para establecer su supremacía en la India, manteniéndola con “un ejército indio costeado por la India”. No le cabe duda de que “la miseria infligida por los británicos en el Indostán es esencialmente diferente e infinitamente más intensa que la que el Indostán sufría con anterioridad”, a lo que hay que añadir el “deterioro de una agricultura imposible de sostenerse conforme al principio británico de libre competencia”. Pero esto no explica todavía porqué los británicos fueron capaces de invadir y mantener bajo su control al subcontinente entero.

La explicación de Marx se basaba en lo que pudo descubrir del material estudiado sobre la vida social y económica india existente en lenguas europeas en aquella época. Este material parecía indicar que la sociedad india había experimentado un estancamiento económico durante “miles de años”, más allá del auge o caída de imperios o dinastías. Marx concluía que debía haber alguna característica de la “sociedad asiática” que llevaba a semejante situación estacionaria. Esta característica la situaba en una combinación entre la falta de propiedad privada en el campo, la organización de la artesanía y la agricultura sin el uso de la moneda en unas economías locales cerradas en sí mismas, y la importancia de la irrigación organizada por el estado central. El resultado fue, decía él, que “todas las guerras, invasiones, conquistas, hambrunas… no iban más allá de su propia superficie” o como lo reflejó en una sentencia  pregnante (pero confundente), “India no tiene historia en absoluto, o no conoce su historia”.

De aquí concluye que la conquista británica, si bien brutal, tendría eventualmente un efecto colateral positivo. Derribando la vieja estructura, se abriría por primera vez la posibilidad económica real de cambio social. Movidos por sus sangrientos propósitos, los británicos construirían ferrocarriles para mover tropas e industrias de suministro, y en este proceso afirmarían el terreno para el desarrollo industrial.

Hoy sabemos que Marx estaba equivocado en lo tocante a una sociedad y una economía indias en estancamiento. –Lo sabemos, primordia y precisamente, por la investigación llevada a cabo en los últimos 50 años por historiadores indios influidos por Marx, como D D Kosabi, R S Sharma, Romila Thapar, Satish Chandra e Irfan Habib.— Hasta al menos la mitad del periodo Mughal, a principios del siglo XVII, el avance técnico en la India era bastante parecido al de Europa occidental, y la India todavía se mantuvo por un siglo como el primer exportador de textiles (según el propio Marx reconoce al revisar los registros industriales en la India tras el levantamiento de 1857).

Pero la sociedad Mughal había entrado en crisis cuando los conquistadores ingleses irrumpieron en escena a finales del siglo XVIII. De ahí la falsa impresión de atraso y estancamiento permanentes. Sin ser fallo del propio Marx, su análisis de la sociedad asiática era erróneo. Errónea también era la tendencia ocasional de Marx (y mayormente, acaso, de Engels) a caer en el prejuicio de la época de considerar el carácter “asiático” como fundamentalmente diferente del europeo.

Más importante que todo esto es lo que ignoran quienes afirman que Marx aprobaba el colonialismo. Esto es, la conclusión de Marx sobre lo que tenía que suceder para que el pueblo de la India se beneficiara de los cambios introducidos por la presencia británica. “Los indios no recogerán los frutos de los nuevos elementos de la sociedad esparcidos entre ellos por la burguesía británica hasta que en la propia Gran Bretaña las clases dominantes actuales hayan sido substituidas por el proletariado industrial, o hasta que los propios hindúes se hayan hecho lo bastante fuertes como para sacudirse el yugo inglés de encima”.

Sólo mediante la degradación del lenguaje es posible referirse a quien se interesó por la revolución emancipatoria de la India y mostró tal simpatía por el primer gran levantamiento del país como eurocentrista, orientalista o aun apologeta del imperio.

Chris Harman es redactor de la revista mensual británica Socialist Review. El libro reseñado es: Kart Marx on India, compilado por Iqbal Husein, Tulipa Books, Nueva Delhi.