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4/6/09

El Socialismo de Simón Bolívar


Feliciano Carvallo [Venezuela] "Procesión de Semana Santa"

Luis Salazar Martínez

 

No conocemos escrito alguno de El Libertador mencionando el socialismo, por lo que debemos abordar el tema en forma indirecta. Tengamos presente la destrucción de que fueron objeto muchos de sus escritos por parte de sus opositores y victimarios; consideraremos pues la presencia de Simón Rodríguez y otros socialistas de la época y las ‘opiniones’ de autores como Carlos Marx, Federico Engels, Joaquín Trincado, principalmente. Así también las posiciones asumidas por personeros estadounidenses ante el proceso independentista y bolivariano.

La influencia de Simón Rodríguez es determinante en la formación intelectual de Bolívar y quizá la fuente primera de su naturalismo-dialéctico y visión socialista en cuestiones ideológicas, porque siendo Rodríguez de tendencia naturalista y cooperativista-socialista, forma a su discípulo con valores similares, a lo que debemos sumar que Bolívar también fue un pragmático de la Naturaleza; el ilustre Maestro en 1828, Arequipa, Perú, afirmaba lo siguiente:

“Las costumbres que forma una Educación Social producen una autoridad pública no una autoridad personal; una autoridad sostenida por la voluntad de todos, no la Voluntad de uno solo, convertida en Autoridad o de otro modo, la autoridad se forma en la educación porque educar es crear voluntades. Se desarrolla en las costumbres que son efectos necesarios de la educación y vuelve a la educación por la tendencia de los efectos a reproducir la autoridad. Es una circulación del espíritu de Unión entre socios, como lo es la de la sangre en el cuerpo de cada individuo asociado pero la circulación empieza por la vida” (Obras Completas de Simón Rodríguez, Tomo I, 1975, pág. 383)

La Educación Social es de contenido socialista en contradicción con la educación privada-religiosa monopolizada por un sector privilegiado de la sociedad (clase social empecinada en la dominación); educación social para formar la voluntad (civil) popular, la soberanía de la mayoría cuya autoridad es ejercida en virtud de la sabiduría, la razón, las luces, la ilustración, el conocimiento de las leyes hacia donde deben avanzar la Educación y la República toda. Habla Rodríguez de la autoridad augusta del pueblo como una de las virtudes sociales más preciadas. Es un enfoque filosófico-metodológico progresista y de avanzada; el poder soberano del pueblo es así indivisible, indeclinable, intransferible e inalienable, parte de la vida misma del ser humano. Es pues el sistema social de orientación cooperativista cuyo trato es “entre socios” para avanzar hacia la Unión de los asociados. Podríamos incluso hablar de una República Cooperativa.

Por otro lado, El Libertador asimiló los ideales de la época del Siglo de las Luces, criterios de los ilustrados de la Enciclopedia que marcaron un hito en la realidad histórica de la humanidad de lo que El Libertador no es ajeno; choque contra la Iglesia y su ideología oscurantista; los revolucionarios ilustrados fueron firmes y consecuentes impulsando la Francmasonería y enarbolando el “materialismo” radical en oposición al idealismo religioso, pero Bolívar no fue materialista ni fue religioso.

Es necesario abrir un breve paréntesis para decir que los utópicos reciben su nombre debido al cómo asumen la lucha vital: sus esfuerzos van dirigidos hacia la adquisición de las luces y el acatamiento a las leyes, la práctica de las virtudes republicanas, que se imitara el ejemplo independentista y los pueblos luchasen por sus derechos; por otro lado que el pueblo llegue a amar las leyes y a los magistrados y, centran su lucha en la cuestión agraria pensando así perfeccionar las sociedades. Carlos Marx y Federico Engels, en el “Manifiesto Comunista” (1848) enfilan sus baterías contra el criterio de lucha de los utópicos, y sostiene que es la lucha de clases la “causa final y la fuerza propulsora de todos los acontecimientos históricos importantes en el desarrollo económico de la sociedad, en las transformaciones del modo de producción y de cambio, en la consiguiente división de la sociedad en distintas clases y en las luchas de estas clases entre sí” (Del Socialismo utópico al Socialismo científico, Editorial Progreso, Moscú, 1887, pág. 14). Bolívar, si bien le tocó en suerte blandir la espada libertadora siempre estuvo consciente de su verdadero papel como conductor de pueblos: “...la amistad tiene en mi corazón un templo y un tribunal, a los cuales consagro mis deberes, mis sentimientos y mis afectos” (16/05/1817), “...ya no se puede mandar, sino por el amor del prójimo y con una profunda humildad” (29/04/1823). En 1825 le confiesa a J. Hipólito Unanúe desde Arequipa: “Yo no me puedo hacer amar personalmente porque estoy haciendo una reforma de usos y costumbres abominables y antiguos”, (Simón Bolívar – Obras Completas, Tomo III, Vol. II, 1ª Parte, Líder Editores, S.A., Caracas, p. 152); y aún el 6/04/1827 sostiene indoblegable que “...el gran poder existe en la fuerza irresistible del amor”.

Saint-Simón, Robert Owen y Charles Fourier, fueron utópicos famosos contemporáneos a El Libertador, cuyos logros y fracasos van de la mano con la obra bolivariana. Para muestra un botón: nuestra alma máter lleva el nombre de Universidad Central de Venezuela gracias a la Reforma de Bolívar pero el proceso bolivariano que vivimos es un fenómeno histórico-social sustentado por personas que quizá ni siquiera han obtenido un título académico.

Podemos comparar lo sucedido a Owen con Bolívar. Owen en 1819, después de cinco años de consecuentes esfuerzos consigue fuese votada la primera ley limitando el trabajo de la mujer y del niño en las fábricas y en 1823 propone un sistema de colonias comunistas para combatir el hambre en Irlanda y comprende bien la necesidad de resolver el enorme problema de la desigualdad de derechos políticos y sociales y hacer respetar la igualdad de derechos y obligaciones para enrumbar a los hombres hacia la verdadera fraternidad. Engels dice que Owen “creó como medida de transición para que la sociedad pudiera organizarse de manera íntegramente comunista, de una parte, las cooperativas de consumo y de producción, y de otra parte, los bazares obreros, establecimientos e intercambio de los productos del trabajo por medio de bonos de trabajo y cuya unidad era la hora de trabajo rendido”; pero su “Avance hacia el comunismo constituye el momento crucial en la vida de Owen. Mientras se había limitado a actual sólo como filántropo, no había cosechado más que riquezas, aplausos, honra y posición social, sino también los gobernantes y los príncipes le escuchaban y lo aprobaban. Pero, en cuanto hizo públicas sus teorías comunistas, se volvió la hoja. Eran principalmente tres grandes obstáculos los que, según él, se alzaban en el camino de la reforma social: la propiedad privada, la religión y la forma vigente de matrimonio. Y no ignoraba a lo que se exponía atacándolos: la proscripción, de toda la sociedad oficial y la pérdida de su posición social. Pero esta consideración no le contuvo en sus ataques despiadados contra aquellas instituciones, y ocurrió lo que él preveía. Desterrado de la sociedad oficial, ignorado completamente por la prensa, arruinado por sus fracasados experimentos comunistas en (Norte) América, a los que sacrificó toda su fortuna, se dirigió a las clases obreras, en el seno de la cual actuó todavía durante treinta años” (Engels. Ídem. pág. 40). Bolívar recibió atentados contra su vida al repartir la tierra entre los indígenas atacando la propiedad latifundista y de los terratenientes feudales y suspender gravámenes sobre la población aborigen y declarar legítima la propiedad de las tierras repartidas. En 1819 propone la libertad de los esclavos en el Congreso de Angostura, separa la religión del ejercicio civil, vive en público concubinato con una mujer casada, fue desprestigiado por los medios de comunicación, ferozmente calumniado, desterrado y proscrito...

Una consideración final para identificar el carácter socialista utópico de Bolívar: traspolando sus ideas con las de Owen en el aspecto socioeducativo. El Maestro Trincado en la página 194 de su “Filosofía Austera Racional” expone: “Owen ha expuesto un principio lógico y de ahí su fe; ha dicho: el hombre sólo obedece a motivos y los únicos que lo impelen al bien o lo apartan del mal, son los premios y castigos de los centros anteriores; pero si se consigue que las remuneraciones del trabajo superen a los frutos de la rapiña, que los goces del hogar jamás puedan ser superados por los goces del libertinaje, entonces las sanciones jurídicas son innecesarias y el hombre espontáneamente ejercerá el bien”. Bolívar en sus artículos publicados entre 1825-26 como Instrucción Pública, desde Lima, Perú, pretende que en la Gran Colombia pueda aplicarse lo mismo que aspiraba Owen: “Los premios y castigos morales, deben ser estímulos de racionales tiernos; el rigor y el azote de las bestias. Este sistema produce la elevación del espíritu, nobleza y dignidad de los sentimientos, decencia de las acciones. Constituye en gran manera a formar la moral del hombre, creando en su interior este tesoro inestimable, pro el cual es justo, generoso, humano, dócil, moderado, en una palabra, hombre de bien”.

Trincado finalmente nos aclara: “Sin duda que ese es un buen principio comunista, pero Owen (y Bolívar también) debía primero haber educado tres generaciones y, además, conocer y tener en cuenta las aptitudes innatas y el grado de progreso de la humanidad y habría podido ver que sólo era hora de cultivar las ideas y preparar el acceso del Comunismo, pero tenía para eso que arrancarle prejuicio en los hombres y la religión de todo el mundo”.