31/5/09

Ludovico Silva: Marxismo, ideología y revolución


Juan Gris [España] "Guitarra, botella y vasos"

Nelson Guzmán

 

Las metáforas de Ludovico Silva son imprescindibles en el proceso de comprensión teórica de la filosofía venezolana. Ludovico es probablemente el filósofo más lúcido de la modernidad en Venezuela, su prosa presenta la peculiaridad de ser nítida, conversacional y centellante. A diferencia del estilo manualesco soviético, del marxismo academicista y de la manera fragmentaria del althusserianismo, Ludovico acudió a la poesía, a la novela y a los grandes críticos literarios para ilustrar sus razonamientos. La reflexión filosófica del autor antes señalado estuvo permanentemente en autorevisión - de allí que en la segunda edición de la Plusvalía ideológica haya expresado su desacuerdo con muchos conceptos manejados por él mismo. Algunas obras de Ludovico hablarán del materialismo histórico como ciencia (La plusvalía ideológica) en su Antimanual esta categoría será discutida desde otra óptica, se dirá que fue más bien una cosecha del viejo Engels que del mismo Marx. Dentro de esa angustia este filósofo se propuso rescatar a Marx de la osadía de los malos intérpretes. Ludovico se reclama de Marx, pero no del Marx indigesto de los catecismos de la URSS, se reclama de un Marx que - para utilizar un término althusseriano - había realizado una revolución teórica, y en ese esfuerzo realiza un largo recorrido por conceptos fundamentales de la teoría marxista, como serían los de alienación, ideología etc.

La plusvalía ideológica introduce un hito trascendente en la filosofía venezolana y en esto juega un punto importante la claridad y el estilo literario de su autor. La importancia de este texto está encaminada a examinar el mundo de las ideas y la fuerza de éstas en la planificación y desarrollo del proceso social. Los modelos reales de socialismo habían dejado en los labios el rancio sabor a coco de unas sociedades que habían levantado superestructuras que no observaban el más mínimo respeto al individuo. Ludovico consideró como elemento central en el proceso de producción de ideas a los medios de comunicación; éstos tendrán como núcleo de interés: generar opiniones, imponer maneras de ser. La importancia del análisis de Ludovico va a centrarse en el hecho de que la ideología ya no se generará como un proceso mecánico - en la relación base material-conciencia, sino que se considerará el aspecto autónomo de la conciencia. La ideología desde Napoleón saldría al ruedo imponiendo sistemas de ideas, creencias, formas de sentir. El cometido de la ideología sería unificar la acción social, impondría un sentido. Los hombres sabían en que creer, cobraría estatuto un cuerpo teórico que establecería con claridad las leyes y las normas sociales. El interés fundamental de estas disquisiciones teóricas estaría encaminado a discutir el núcleo central sobre el cual se había estructurado la filosofía alemana. La historia estaba allí, ahora sería menester desde el marxismo saber quién generaba la historia, quiénes eran sus actores. A este respecto la Ideología alemana estará en polémica con la noción hegeliana de espíritu absoluto. La idea marxista habría sido establecer sobre quien recaía el primado de gestionar la vida social; fundada esta metodología las consecuencias serían claras, la historia no era el producto del hombre individual, sino de los intereses que allí actuaban. Desde este lugar estaríamos hablando de una sociología del interés, vocablo desarrollado extensamente por Habermas.

Un valor importante - enmarcado en la tradición filosófica - fue definir la obra de Marx como anti substancialista, ni Dios, ni ideas como elementos que hacen posible que la historia sea de una determinada manera. La importancia de la obra de Ludovico Silva es volver susceptible y diáfana la discusión de la larga tradición de la filosofía. Nuestro autor estuvo empecinado en discutir la relación ideología-conciencia. En la década de los sesenta y setenta a los teóricos marxistas preocupó en demasía esta nomenclatura. La idea era establecer que el marxismo era una ciencia, que era una teoría revolucionaria que había dado al traste con toda la parafernalia teórica anterior. Es en este punto donde se sitúa la obra de Ludovico Silva al intentar reivindicar una visión humanista del marxismo. El marxismo para Ludovico no fue sino conciencia revolucionaria, las ideologías no eran sino simples espectros del pasado, se trataba entonces del proceso de la toma de conciencia del proletariado, esta clase presagiaba el futuro. Ludovico intentó redimir a Marx, y presentarnos a un Marx no ortodoxo, a un pensador no enclaustrado en las creencias. El marxismo ludoviquiano es autoconciencia, y en esta postura lanza en ristre estaba dispuesto - nuestro autor - a pasar factura a toda la ortodoxia marxista, esto estaba pasando en Venezuela en una época de plena efervescencia de la fe revolucionaria. A pesar del fracaso de la guerrilla se debía creer en algo, allí estaban a las claras los epígonos de la fe, al desastre político se había llegado seguramente por interpretaciones no adecuadas de la realidad. El marxismo y sus apólogos - en ese momento - se encarnaron como los defensores del futuro y de la ciencia. Ludovico se presenta en lucha contra la univocidad de los factores que determinan la historia, el principio de que la base económica determina la superestructura ideológica-política luce muy grueso para explicar mecánicamente la historia.

La obra de Ludovico no intentó entender la ideología como reflejo de la realidad socioeconómica, sino como expresión de las condiciones histórico-sociales, en ello toma importancia la noción de lenguaje. El arte guardaría la autonomía correspondiente como factor hermenéutico de una realidad que es más compleja definirla que la simple vicisitud base-superestructura, cada quien intentaría en esta época salvar su pellejo sin renunciar definitivamente a sus viejas creencias. A pesar de todo Ludovico guardó su vieja fe en el marxismo como filosofía de la redención. La obra de Ludovico hasta los años ochenta marcaría favorable y desfavorablemente las escuelas de sociología en el país, casi nadie había leído a Marx, entonces allí estaba el Marx de Ludovico, para suplir esa carencia una lectura llena de metáforas, de ingenio y de una forma literaria agraciada, además es bueno decirlo Ludovico tuvo una formación sin precedentes en la literatura, eran épocas de obstáculos epistemológicos, posiblemente en ese momento los marxistas venezolanos andaban como los cristianos medievales “martillo en mano mutilando el sexo de las estatuas”. El lenguaje que reivindicó Ludovico era el del hombre, los Dioses ya no tenían oficios. La subjetividad va ocupar en Ludovico un momento central. Ludovico al igual que Sartre mantuvo una lucha intensa con las concepciones soviéticas del materialismo histórico, esta postura lo llevó a declararse en guerra contra el dogmatismo, y su búsqueda apuntó al encuentro de un instrumento crítico de estudio - la razón y no la fe. Ludovico expone muy bien el problema de la determinación y desde allí en lo fundamental se había construido una forma de saber. La discusión va y viene explicando los problemas de la determinación, de la sobredeterminación y como si fuera poco se pregunta qué se entiende por totalidad, este recorrido obligatoriamente debía tocar los marxismos, el de Sartre, el lukacsiano. En la década de los setenta y ochenta en las Escuelas de Sociología se discutía desde el paradigma marxista, desde sus posturas teórico-metodológicas, sus respuestas eran tautológicas, esas Escuelas habían desarrollado sus premisas para embaucar, para someter, para mejor dominar. En el fondo en la obra de Silva persiste la idea - a pesar de sus loas al humanismo - de que era necesario reivindicar la parte de cientifícidad de Marx, no se estaba discutiendo con un pensador idealista, sino con alguien que había determinado factores concretos con los cuales podía operar la ciencia, estos eran la ideología, la estructura, la lucha de clase, la explotación. El mundo tenía a su base una sustancia material que explicaba su movimiento, la labor del científico consistía en estudiar la probabilidad de que los fenómenos se diesen, no se estaba hablando de verdades absolutas, de síntesis  a priori de los conceptos, o de un Dios creador del mundo.

Otro de los aspectos examinados por la Plusvalía Ideológica es la postura de Sartre, las declaraciones de fe de éste con respecto al marxismo. Para Sartre la ideología existencialista debía tener como misión vigilar la filosofía marxista. El existencialismo tenía una misión, reivindicar el puesto del hombre en la historia, evitar el economicismo. Sartre incorpora otros problemas en el análisis: el absurdo, la autenticidad, la derilection. El sartrismo hereda y desarrolla problemas epistemológicos que le vienen a la filosofía desde otros manantiales teóricos metodológicos, en su caso la presencia de Heidegger en su lenguaje es clara y en esta mezcla de lo humano y lo divino, la filosofía también se vuelve mundo. Las apreciaciones de Lefebvre en torno a Sartre al ubicarlo como un filósofo institucionalista nos parecen desde todo de punto de vista exageradas. La tesis de Ludovico consiste en decir que no es válido utilizar el vocablo ideología en el marxismo. Con esta postura nuestro autor recusa a toda la tradición filosófica marxista, a este respecto el marxismo ha estado plagado de errores. Para Ludovico hablar de ideología es referirse a la falsa conciencia, su análisis es semántico con respecto a la tradición y al uso que este vocablo ha tenido en las obras de Althusser, de Lefebvre, de Sartre. Para Ludovico el marxismo no era una biblia, una fe, un instrumento ideológico. Se trataba de precisar - como lo dijo Althusser alguna vez en épocas de esplendor de esta teoría - que el marxismo era una práctica teórica. Ludovico estaría dedicado a examinar los mecanismos ideológicos de la dominación. Su obra fue un esfuerzo grandioso por defender la autenticidad de la obra de Marx en relación a las malas interpretaciones que se habían realizado de ella. La tesis fundamental es que toda la filosofía es una forma de saber que sostiene y sustenta una manera de pensar – la ideología cuyo interés fundamental es sujetar la conciencia particular al colectivo. Las premisas sobre las cuales crecieron las reflexiones del positivismo, sobre todo en Durhkeim preocuparon de sobremanera al marxismo. Ludovico citará un amplio texto de la Crítica a la razón dialéctica para reseñar la relación entre el hombre, la conciencia individual y los medios, allí se reseña el poder y la fuerza del lenguaje de los aparatos de dominación. La tesis continúa siendo unigénita, no hay reflexión neutra sino sometida a la mediación y al interés de un proyecto de clase, en el caso del marxismo de la burguesía. Ludovico resalta la obra de Sartre para expresar que la serialización de lo práctico-inerte expresado en el discurso mediático tomaría expresión tanto en la sociedad capitalista como las extintas sociedades socialistas. El objetivo era único, establecer una línea común mediática en cuanto a los contenidos y necesidades de los hombres. A nivel mundial, se había creado un lenguaje, este era el de la mercancía, estaríamos inmersos en un mundo ideologizado. El proceso mediante el cual la sociedad capitalista enajena la conciencia no es psicológico, sino histórico. EnTeoría y práctica de la ideología Ludovico nos hablará de una acción del lenguaje sobre el inconsciente, desde allí, en los ámbitos de los procesos simbólicos actúan los mecanismos de poder, se genera la plusvalía ideológica, el proceso de la identidad se volverá un mecanismo colectivo, la práctica del lenguaje apuntaría no a la construcción de una identidad diferenciadora, sino enajenada, el uno llegaría a ser lo otro, desde allí la cualificación de un mecanismo de alteridad.

La Plusvalía Ideológica

Ludovico retomando las tesis de Marx - Contribución a la crítica de la economía política - nos dirá que las ideologías no son las simples ideas con las cuales los hombres estructuran su vida y sus aspiraciones. El proceso de producción de las ideas tendrá unos condicionantes: las relaciones sociales, las ideas fuerzas de una época. De allí que los grandes cambios sociales no emerjan del espíritu de la filosofía, de los actores sociales que motorizan la historia con sus motivaciones individuales. Lo esencial del discurso marxista sería haber descubierto que el sentido de la historia obedecía al interés de clase. De allí que el destino de una época no esté inscrito ni diseñado por una filosofía, por los a priori de un sistema determinado. Para Ludovico uno de los aciertos de la teoría marxista habría sido descubrir que la ideología operaba como cemento. Los iconos y el imaginario del capitalismo tienen un agente-paciente ésta es la estructura de la subjetividad de los hombres que habitan una determinada formación económico-social, esa simbólica será la garantía ideológica de un mundo. Cada sociedad estatuye los criterios de verdad con los cuales ella ha de funcionar; estos no están ocultos substancialmente detrás de los entes, sino que aparecen mediados por la historia. La idea central del análisis sería entonces la captación y postración de la idea de totalidad en este sistema “El capitalista se apodera de una parte del valor de la fuerza de trabajo que en realidad pertenece al dueño de la fuerza de trabajo; del mismo modo, el capitalismo a través del control de las comunicaciones masivas y de la “industria cultural” se apodera de una buena parte de la mentalidad de los hombres, pues inserta en ella toda clase de mensajes que tienden a preservar el capitalismo”[1] A ese proceso de perdida de sí, Marx lo llamará enajenación. La tesis fundamental con que trabaja Marx en estos momentos es la de extrañamiento, los hombres extrañan su valor de uso, su fuerza de trabajo, convirtiéndola así en un valor de cambio; ésta se deprecia en la misma medida en que más produce. Marx estaría examinando la dinámica misma del capitalismo, los hombres en esa modernidad cobrarían definición desde un punto de vista práctico. Esto está introduciendo una diferencia substancial en Marx con todos aquellos modelos como sería el caso del neoconservadurismo que predican la vuelta al pasado, la reivindicación del lenguaje del ser, el bucolismo de la Selva Negra como sería  posteriormente el caso de Heidegger. La sociedad moderna e industrial capitalista había creado un nuevo tipo de hombre sujeto a sus necesidades, la preocupación central sería el progreso, mesurado éste como avance de las técnicas, como creación de una sociedad global y de un modelo ético funcional, lo más importante había comenzado a ser la eficacia. Entonces el orden de la dominación para mantener este proyecto estaba urgido de afinar un lenguaje en donde la escuela, las instituciones sociales en general marcharan a arreglar las discrepancias entre los grupos en la creación de una conciencia histórica acrítica. En la obra de Ludovico a este respecto se muestra cierto radicalismo, confiando en la idea de revolución, Ludovico dirá  “Esas  son también relaciones de destrucción del hombre [se refiere a la alienación], y la única manera de combatirlas, en ciertos casos, es, por cierto, el humanismo armado”[2]

A Ludovico Silva le tocó transitar en el proceso de estudio de la teoría marxista un momento crucial. De un lado enfrentar el odio feroz de todas las teorizaciones distintas al, marxismo y de otro lado la ortodoxia de un marxismo esclerótizado que se asumía como el único paradigma capaz de dar cuenta de la historia, es así que su teorización incorpora las categorías freudianas. Ludovico en algunos aspectos podría coincidir con Marx cuando dice que la modernidad es un proyecto inacabado, no se trata de buscar otra teoría para tomar otros atajos teóricos “Claramente se ve aquí que eso que se ha llamado “desacralización de los textos” clásicos del marxismo no puede consistir en traicionar aquellos textos, sino en todo lo contrario: completarlos con todo aquello que no pudieron Marx y Engels conocer”[3]. En esta afirmación subsiste una gran fe  por parte del autor que venimos analizando en el marxismo. El marxismo es para Ludovico, sin ninguna duda, la teoría de la revolución, y su superioridad con respecto a las otras filosofías es indudable, esa misma convicción la tuvo Hegel. Este filósofo pensó que su sistema cancelaba y resumía todos los intentos de las filosofías anteriores. Ahora bien, ese inacabamiento de la teoría marxista toleraba vocablos provenientes de otros manantiales teóricos, como son las categorías de conciente, inconciente, represión y pre-conciente. El marxismo podía servirse de otras teorías y eso era posible, su carácter de ciencia se lo permitía. El marxismo no tuvo otra tarea que hacer posible la práxis revolucionaria, tornar la conciencia de los hombres conciente de si misma. La pregunta que se nos plantea es la siguiente, ¿tuvo Ludovico fe en esta teoría? Sin duda, Ludovico creyó en la redención del mundo, consideró la posibilidad histórica de estatuir una conciencia emancipada, para ese entonces las descreencias de la filosofía pos-modernista no habían comenzado a tomar fuerza. La industria cultural tenía como encomienda reproducir el orden social, crear una cultura determinada, hacer posible que los medios de comunicación crearan una cultura de la aceptación y de los valores de una sociedad determinada. Esa industria cultural tendría unos operadores extraordinarios, la televisión, la escuela y la propaganda. Los grupos sociales del sector medio, operadores de ese sistema son explotados psicológicamente por una ideología que les impone necesidades, los hombres son esclavos de la ideología que se les impone a su conciencia. De nuevo la tesis de Marx sería la radicalización de la conciencia en la acción. La base sobre la cual se ha estructurado el análisis marxista son las condiciones sociales, Ludovico destacará a este respecto en su libro La alienación como sistema que ya Marx desde Los Manuscritos de Paris de manera incipiente intentaba explicar al hombre por sus relaciones sociales de producción, en este sentido Los Manuscritos constituirían una clara ruptura con la herencia hegeliana en Marx. A juicio de Ludovico el camino hacia donde se encaminaba Marx era la construcción de una sociedad desalienada; allí el hombre dejaría de ser una mercancía. El núcleo central desde donde operó está teoría sería la construcción de la utopía socialista. Marx observaría que el problema de la sociedad capitalista consistía en haber expropiado al trabajador de la posibilidad de realizar un trabajo creador, es por ello que el trabajo resulta una pesadilla. La tesis marcharía hacia la construcción de un humanismo socialista, hacia la reivindicación del hombre en una sociedad liberada. La exposición de Ludovico es conversacional, en sus obras los problemas complejos adquieren cotidianidad. Para Ludovico la intención originaria de Marx fue crear una conciencia emancipada, suministrar una forma de análisis en donde lo concreto mostrara sus determinaciones, veamos unas notas de lectura de Marx “En tanto el hombre no se reconozca como tal y  no haya organizado el mundo humanamente, su comunidad tendrá la forma de alienación: sujeto de esa comunidad, el hombre es un ser alienado de sí mismo. Los hombres son esos seres alienados no en la abstracción, sino en tanto individuos reales, vivientes, particulares. Tales individuos, tal comunidad. Decir que el hombre está alienado de si mismo es decir que la sociedad de ese hombre alienado es la caricatura de su comunidad real , de su verdadera vida genérica; que su actividad se le manifiesta como un tormento, sus propias creaciones como una potencia extraña, su riqueza como pobreza, el lazo profundo que lo une al otro hombre como un lazo artificial  y la separación con respecto al otro como su verdadera existencia: que su vida es el sacrificio de su vida; que la realización de su ser es la perdida de su vida; que en su producción produce su propia nada; que su poder sobre el objeto es el poder del objeto sobre él ; que en fin, siendo dueño de su producción aparece esclavo de su producción”[4]

Una de las ideas de Marx fue desmontar las superestructuras con las cuales se habían edificado las teorizaciones de la filosofía. Dios no sería en su obra el demiurgo de la historia, tampoco correspondería esta fortaleza al espíritu absoluto hegeliano. La historia tenía un asiento: el hombre; éste estaba inserto en determinadas relaciones históricas de producción, allí estaba presupuesta la eterna contradicción capital-trabajo y por tanto la estructura genética explicativa de la sociedad capitalista.

Notas

[1]Ludovico Silva. La plusvalía ideológica, pág. 198

[2] Ludovico Silva. La plusvalía ideológica, pág 206

[3] Ludovico Silva. La plusvalía ideológica, pág. 215

[4] Kart Marx, Texte zu Methode und Praxis II: Pariser Manskripte, d. cit., pp. 171-172. Apud. Ludovico Silva. La alienación como sistema, pp. 62

Bibliografía

Silva, Ludovico. La plusvalía ideológica. Colección Avance, Ediciones de la Biblioteca. UCV

Silva, Ludovico. El antimanual. Monte Ávila Editores

Silva, Ludovico. De lo uno a lo otro. Ediciones de la Biblioteca. UCV

Marx, Carlos. Cuadernos de París. Ediciones Era.