28/4/09

Georges Labica al lado de los pobres



Jon Juanma , artista plástico español

Pedro de la Hoz

El mismo día en que la XVIII Feria Internacional del Libro Cuba 2009 quedaba inaugurada en La Habana, y donde tendría más adelante lugar la presentación de los primeros volúmenes de la colección Biblioteca Marxista por parte de la Editorial Ciencias Sociales, dejaba de existir en París, a los 78 años de edad, Georges Labica.

No es fortuita la relación entre ambos sucesos. Catedrático de la Universidad de París – Nanterre, y autor del polémico ensayo Teoría de la violencia y del necesario opúsculo La obra de Marx un siglo después, este filósofo entendió el legado del llamado Prometeo de Tréveris y de su compañero Federico Engels, nunca como letra muerta ni pasatiempo intelectual, sino como instrumento para la comprensión de la realidad contemporánea y, sobre todo, para su imprescindible transformación.

Cinco años atrás, Labica estuvo por última vez físicamente entre nosotros. Fue uno de los más brillantes ponentes en la Conferencia Internacional Carlos Marx y los Desafíos del Siglo XXI. Era un conocedor de lo que acontecía en Cuba. Entonces reclamó a sus colegas "el deber de enterarse, de informarse y estudiar la situación cubana a la luz de la propia experiencia cubana y no de los ojos europeos". Como un relámpago resonaron otras palabras suyas: "Yo creo que la praxis de las posibilidades revolucionarias está en las masas, porque tengo fe en la iniciativa de las masas".

Uno de sus últimos trabajos, La violencia mundializada, en el verano del 2008, impactó en los medios sociales e intelectuales por su argumentada franqueza. Allí decía lapidariamente:

"Eso que se denomina mundialización o globalización no es otra cosa que el estadio al que ha arribado el capitalismo; estadio estrictamente conforme a su naturaleza, tal como lo habían visto Marx y Engels desde los días del Manifiesto Comunista. Los espíritus se desvanecieron al día siguiente de la caída del muro de Berlín. Sostengo mi tesis contra el mito de esa mundialización feliz, prometida por la ideología dominante, la cual es en verdad una violencia mundializada, respecto a la cual ningún catálogo de medidas salvadoras (incluso "tercermundistas") nos permitirá salir".