29/4/09

Antonio Gramsci y el Sistema Jurídico


Sam Francis [Estados Unidos] " s/t
Duncan Kennedy [*]


Antonio Gramsci está asociado a la palabra “hegemonía”. Eso es lo que lo hace una figura crucial en la teoría marxista del siglo XX. El término “hegemonía” está muy cerca de nuestro concepto de “ideología”. Es la idea del ejercicio de la dominación a través de la legitimación política, antes que por la fuerza. “Hegemonía” es la idea de la obtención del consentimiento de los gobernados. Es el concepto de que, para entender el Estado industrial moderno, uno tiene que en-tender su poder ideológico para generar el consentimiento de las masas a través de la creación de instituciones, organizaciones y patrones sociales que parecen legítimos para el pueblo. Prácticamente no se le prestaba atención en la teoría marxista de la política, el Estado, o la economía después de la muerte de Marx, al rol que la ideología, el consentimiento, la generación de legitimidad, o en una sola palabra, la hegemonía, juega en el ejercicio del poder por la burguesía. Entonces, Gramsci sostiene el resurgimiento de la idea de que los marxistas pueden pensar seriamente, trabajar duro, estar profundamente interesados y tratar de descubrir los mecanismos por los cuales la gente es persuadida, más que brutalmente coercionada a aceptar un régimen capitalista. Su nombre es un grito de guerra para la gente que es rechazada o antagonizada por las variantes del marxismo que no le dan ninguna importancia a lo que la gente piense. Si no te gustan las variantes del marxismo donde todo el énfasis está puesto en la estructura económica, o en el uso instrumental de la violencia para alcanzar las metas de grupos particulares, entonces tendés a enarbolar a Gramsci como una bandera.

Una de las cosas que lo hacen bueno para este propósito, es que fue una de las figuras más importantes y centrales del marxismo europeo occidental, del marxismo afuera de la Unión Soviética después de la Revolución Rusa, que puedas encontrar. Nadie puede acusarte de ser un simple anti-marxista, utopista, desviacionista, si estás centrando tu interés en la ideología en el nombre de Antonio Gramsci. Hay otra gente en la teoría marxista del siglo XX que cumple la misma función, que permite a un marxismo moderno, un marxismo de los `70 u `80 sentirse respetado hablando de ideología. Hay gente como George Lukács y Karl Korsch. Pero su status dentro del movimiento comunista fue mucho más problemático, por lo que no son tan bue nos para defenderse del cargo de renegados como Gramsci. Ese es un aspecto implícito en todas las discusiones sobre Gramsci. Gramsci es también un escritor maravilloso. Tiene un estilo hermoso, para nada en la línea de la tradición pomposa del marxismo europeo y la teoría social no-marxista. Su trabajo es conmovedor y atrapante; y apela a nuestro costado estético, lo que no encuentra mucha expresión dentro de la ortodoxia marxista contemporánea, o neo-ortodoxa, o lo que sea. Como casi todo eso es tan feo, es una delicia particular encontrar algo tan hermoso dentro de esa tradición.

Gramsci también sugiere distintos tipos de análisis. Esto es, su énfasis en la hegemonía sugiere una manera de proceder si quieres entender el sistema, si quieres entender por qué la burguesía capitalista, el Estado burocrático de bienestar subsiste año tras año, por qué no ha sido destronado. Gramsci argumenta que hay algo más que la guardia nacional. Incluso sugiere qué es eso más que hay, con esta noción de ideología, y las de consentimiento y hegemonía. Sus escritos están llenos de ideas fragmentarias sobre cómo funciona esto. Y es cómo todo funciona lo que es el gran misterio. Está muy bien decir “no es solo la guardia nacional lo que previene una revolución. No son solo el FBI, o la CIA, hay algo más que eso”. Todos están de acuerdo en que hay algo más que eso. Pero si quieres descubrir qué es eso más que hay, entre los marxistas contemporáneos y el pensamiento no marxista, la izquierda, la derecha y el centro, y el pensamiento radical y no radical, hay increíblemente poca discusión seria y sostenida sobre lo que podría significar una idea como la de hegemonía ideológica. Todos lo sentimos. Es un aspecto recurrente de nuestras vidas que nos sintamos atrapados entre sistemas de ideas que nos parecen falsos, pero de los cuales no podemos escapar. Constantemente lidiamos, todos nosotros, con otros que parecen haberse vuelto en contra de sí mismos por las cosas que creen, cosas que nosotros pensamos que en algún sentido han sido distorsionadas con malos reduccionismos. Una razón por la que es duro, y por la que la gente no quiere hablar de eso, es que suena increíblemente elitista involucrarse en una discusión en la que la premisa es que la persona a la que quieres ayudar está equivocada, errada, o ha sido confundida por un complicado sistema ideológico.

Dentro del liberalismo, la norma es esa: que nunca tienes que hablar de falsa conciencia, que no hay absolutos, que nadie sabe la verdad, y en consecuencia no puedes usar como complicada hipótesis explicativa, y no deberías ni pensar en la idea de que una de las cosas que podría estar sucediendo es un gigantesco lavado de cerebro. Dentro del marxismo, el sustituto para la premisa liberal es el concepto de análisis científico de clases. No necesitas referirte a la cuestión sobre lo que está pensando la gente, o las complejidades de sus ideologías, porque tienes un cuerpo sistemático de conocimiento quasi o, yo diría, pseudo-científico de la economía para el análisis de clases, el que se supone que te va a decir qué es lo que va a pasar, y cómo hacer que pase.

Eso nos releva el problema de tratar con la dimensión subjetiva de la conciencia en un estado dominado por una clase capitalista. Entonces Gramsci es una invitación. Es una invitación a pensar sobre esa dimensión de tu propia experiencia. Para mí, eso lleva directamente a lo que uno podría llamar experimentos gramscianos. Lo que estoy por sugerir no se encuentra en Gramsci. Pero creo que el trabajo de Gramsci es muy sugestivo sobre nuestra situación como radicales envueltos en la profesión jurídica, y sugestivo en maneras sobre las que nunca escucharás decir nada en absoluto a la parte del marxismo que insiste con las distinciones del tipo estructura/superestructura que son mecánicas o absolutas. Hay una variante en la teoría de la estructura/superestructura en la que uno dice, “Por supuesto que la superestructura no es lo mismo que la estructura. Es sólo en el último análisis cuando se reduce a la estructura”.

Bueno, Gramsci rechaza este concepto explícitamente. Él es un totalizador de la estructura / superestructura. Usa un concepto que llama “bloque histórico”, que sugiere que el significado de una formación económica particular y de una particular serie de relaciones entre fuerzas económicas está incrustada en una serie de ideas ideológicas, económicas, sociales, políticas, culturales, y viceversa. No es posible entender o incluso imaginar la constelación concreta de fuerzas económicas sin un contexto ideológico. Forman un único todo indivisible, y el intento de separar los en una parte estructural y otra superestructural, según Gramsci, es algo que está destinado a fracasar e incluso a pervertir el pensamiento estratégico. Él pensó que esto iba a pervertir el pensamiento estratégico porque la gente no puede abarcar las implicaciones de la idea de hegemonía, si cree que la hegemonía es sólo una función de la tecnología, de la estructura económica, o de lo que sea.

¿Qué es lo que éste tipo de análisis sugiere para el sistema jurídico? En términos gramscianos, el sistema jurídico es un bloque complicado, esto es, que involucra por un lado, un elemento del uso de la fuerza, de la violencia, de la coerción directa y opresión inmediata de las personas contra otras personas. Una de las funciones del sistema jurídico es organizar y hacer eficiente y viable el ejercicio directo de la fuerza y la violencia de algunas personas sobre otras personas. Por ejemplo, la protección de la propiedad. Un significado absolutamente elemental y profundo, o la función de aquello en lo que todos nos vemos involucrados, es que el sistema legal ayuda a organizar el despliegue de armas para evitar que la gente socialice los medios de producción. Pero esto es solo una parte. También tiene una función hegemónica. El acercamiento gramsciano sugiere que no lo vas a entender hasta que no hayas iniciado alguna clase de investigación de su función hegemónica.

Gramsci no nos es de mucha ayuda directa, ya que él no habla demasiado sobre el derecho. Hay sólo dos párrafos en la traducción al inglés de “Cartas desde la Cárcel” [1] sobre el derecho, y se leen como la lucha de un estudiante de derecho de primer año con el problema de la separación de poderes. Pero Gramsci sí habla sobre otros aspectos de la hegemonía; por ejemplo, sobre teoría política, y sobre cosas como la relación entre la ciudad y el campo en el desarrollo de la conciencia de clase. También tuvo ideas sobre la Iglesia Católica. Estaba enorme mente interesado en la función hegemónica del catolicismo romano, en la iglesia como cuerpo de ideas, y también como una organización social y política concreta de curas y del clérigo laico apoyando el status quo. Él tomó la idea del opio del proletariado muy en serio, y trató de des cubrir cómo funcionaba. Es una clásica idea marxista, en la que, si eres un verdadero materialista, no te vas a interesar demasiado.

El sistema jurídico como sistema hegemónico opera a diferentes niveles y para diferentes grupos. Una manera de entenderlo es como un único cuerpo de creencias, prácticas, técnicas y conocimientos que juegan distintos papeles en las vidas de las diferentes clases socia les. Es parte de las vidas de las personas que tienen un poder político enorme, principalmente como un instrumento. Ellos lo pueden usar y lo ven como un instrumento del ejercicio directo de la dominación. Pero también es una parte importante de las vidas de una vasta masa de operadores jurídicos, a los que Gramsci hubiera descrito como intelectuales del derecho: tanto el bar [2] y toda la otra gente que está directa o periférica mente involucrada en la administración del sistema, incluyendo a jueces, funcionarios y empleados judiciales. Y también es parte de la vida de las masas. No cumple las mismas funciones para todos estos grupos. La totalidad de la gente que está involucrada con el sistema jurídico como intelectuales del derecho, de alguna u otra forma (y esto realmente incluye las familias de los abogados pudientes, quienes crecieron bastante mezclados en todo esto) constituye una importante clase social de apoyo al orden existente. Es tanto que la clase de los abogados como clase es mecánicamente importante para la perpetuación del capitalismo, como que su apoyo político al capitalismo es un elemento importante para la supervivencia de éste último.

El comportamiento jurídico y el pensamiento jurídico, con su prestigio y proclama de universalidad y racionalidad, tienen un efecto importante, el tipo de argumento gramsciano entraría en mantener la hegemonía de la clase dominante sobre este influyente sector profesional, técnico, intelectual que ad ministra el sistema jurídico. El sistema jurídico mantiene la estructura social del estado capitalista. Requiere operadores jurídicos y tiene que tener alguna manera de mantener su lealtad. Entonces, mirando a su función ideológica para las masas, el argumento sería simplemente que, como otros elementos en la estructura de la hegemonía, la función del pensamiento jurídico es ésta: todo tipo de personas de las clases sociales más altas están constante mente taladrando y apremiando en la cabeza de la gente de las clases más bajas, que todas las cosas que la gente de abajo quiere no las puede tener porque son ilegales. Muy simple. Si eres un trabajador, es una foto del universo, de la vida, en la que gente que es temible pero también autoritaria te dice que no puedes tenerlo porque es ilegal. Es realmente eso. La idea de lo que es legal y lo que es ilegal es un elemento de poder en la conciencia de masas y si puedes manipular esta idea con habilidad, puedes usarlo para ejercer gran poder sobre la gente que cree en esto.

El análisis gramsciano terminaría diciendo que lo que uno puede saber como radical es que esto no tiene ningún sentido. El pensamiento jurídico no tiene las cualidades que serían necesarias para convertirlo en una teoría real que legitime el sistema para los trabajadores profesionales que lo usan, y su uso es una mentira y una mistificación para las masas de gente a las que constantemente se les dice que lo que quieren hacer es ilegal. Y eso, en cambio, sugiere que aparte de ayudar a los pobres que están siendo explotados, dándoles un poco de espacio, además de tratar de generar organización fuera de esas luchas alrededor de los objetivos de los pobres, hay una función para los abogados radicales que va más allá de solamente ayudar a las víctimas inmediatas del sistema. Hay una forma vital de interacción entre los intelectuales del derecho que son aboga dos, jueces, y otros tipos de operadores jurídicos y gente de la clase trabajadora, que simplemente se trata de desmitificar sistemáticamente el razonamiento jurídico como algo que de alguna manera puede ser usado como un argumento en favor o en contra de hacer cualquier cosa.

Esto es terriblemente sugestivo, porque, por supuesto, todos usamos constantemente la ideología jurídica del tipo más claramente inválido para organizar la actividad. Esto es, los radicales apelan audaz y constantemente a ideas de derechos sobre los que la gente como Marx pensó que eran la quintaescencia de la falsa conciencia de la burguesía. Entonces hay un sentido en el cual nuestra actividad cotidiana arroja una línea ideológica que es profundamente anti radical. Esto sugiere que el radicalismo no es más que darle sus derechos a la gente. Uno tiene que aceptar que la con ciencia de los derechos es un aspecto fundamental de la conciencia de masas en los Estados Unidos. Es un aspecto fundamental de la actividad política de cualquiera. Lo que el análisis gramsciano sugiere es que uno de los caminos para salir del problema reformismo/revolución en todas esas actividades jurídicas es tratar de desarrollar, al nivel de de la comunicación consciente con otras personas, la extensión en la que van a dejar que sus objetivos sean pervertidos por la falsa conciencia hegemónica generada por el derecho. Esa es una manera en la que Gramsci juega directamente en las discusiones tácticas o estratégicas. Pero, debo admitir, es Gramsci desde la mira da de un partisano. Su función principal, yo creo, es iniciar a la gente en debates tácticos y estratégicos de un tipo que no es probable que se dé sin la clase de diversidad que él representa dentro de la teoría marxista.

Notas
1. “Prision Notebooks”, en inglés.
2. N. del T.: “bar” es el modo llamar a la organización profesional de los abogados en E.E.U.U., similar a las asociaciones de abogados o colegios de abogados que existen en varios países
[*]
Duncan Kennedy (1942): Profesor en la Universidad de Harvard desde 1976. Junto con Karl Klare y Roberto Unger entre otros, fundó el Critical Legal Studies (CLS o Crit, estudios críticos del derecho), movimiento dentro del pensamiento jurídico que si bien utiliza métodos similares a los de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, se reivindica continuador del Realismo Jurídico norteamericano. Este movimiento se caracteriza por ser un conjunto de trabajos sobre temas jurídicos diversos, con enfoque interdisciplinario y la propuesta de criticar la dogmática jurídica dominante partiendo de la premisa de que tanto la teoría como la práctica del derecho son políticas.