31/10/07

La Irreverencia de Gramsci


Narciso Isa Conde

Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista de Italia, fue un teórico marxista absolutamente irreverente; tan renovador como el propio Marx, quien previendo ciertas y nocivas adhesiones dogmáticas se atrevió a proclamar: “yo lo que sé, es que yo no soy marxista”.
El pensamiento de Marx no tiene nada que ver con el dogma, aunque han abundado los que se empeñaron en petrificarlo.
No fue este el caso de Lenin. Tampoco el de Trosky.
Y eso es lo que precisamente reivindicó Gramsci cuando le tocó escribir en 1918 respecto a la revolución bolchevique, la primera revolución obrera y popular de orientación socialista que resultó triunfante e inauguró una nueva época en el pasado siglo: la época del tránsito del capitalismo al socialismo.
Tránsito difícil, complejo, accidentado…; cargado de herejía y originalidad, pero tambien de dogmas y negaciones de valores.

Conciente de lo contento que se pondría el “espíritu” de Carlos Marx, este formidable pensador revolucionario italiano, escribió entonces un trabajo titulado: “La revolución contra ´El Capital´”.
A la ligera cualquiera pudo pensar que Gramsci decía una verdad de perogrullo, esto es, que en ese artículo simplemente subrayaba el carácter anticapitalista de la revolución proletaria rusa.

Pero no. Se trató de algo más profundo y atrevido: Gramsci quiso destacar que la revolución bolchevique se llevaba a caso en sentido diferente y contrario a ideas planteadas por Marx en su famosa obra “El Capital”; aunque ciertamente después de elaborar sus tesis fundamentales, Marx llegó a hablar marginalmente de la posibilidad de la revolución en Rusia, pese a su capitalismo atrasado)

Yo quiero que sea el propio Gramsci quien exprese a través de esta columna ese atrevimiento, algo que sonrojó y sigue sonrojando a quienes quisieron –y quieren- hacer del socialismo científico (marxismo ??) una especie de religión; y de Marx, un ser infalible hasta en materia de predicciones, aunque ciertamente el tipo resultó en eso, y en muchas otras cosas más, algo mas que genial.
Pongámosle atención a Gramsci:
“La revolución de los bolcheviques se ha insertado definitivamente en la revolución general del pueblo ruso. Los maximalistas, que hasta hace dos meses fueron el fermento necesario para que los acontecimientos no se detuvieran, para que la marcha hacia el futuro no concluyera, dando lugar a una forma definitiva de aposentamiento -que habría sido un aposentamiento burgués- se han adueñado del poder, han establecido su dictadura y están elaborando las formas socialistas en las que la revolución tendrá finalmente que hacer un alto para continuar desarrollándose armónicamente, sin exceso de grandes choques, a partir de las grandes conquistas ya realizadas [...] La revolución de los bolcheviques se compone más de ideologías que de hechos. (Por eso, en el fondo, nos importa poco saber más de cuanto ya sabemos). Es la revolución contra El Capital de Carlos Marx. El Capital de Marx era, en Rusia, el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la necesidad ineluctable de que en Rusia se formase una burguesía, se iniciase una era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera siquiera pensar en su insurrección, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías. Los hechos han reventado los esquemas críticos según los cuales la historia de Rusia hubiera debido desarrollarse según los cánones del materialismo histórico. Los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado. [...] No obstante hay una ineluctabilidad incluso en estos acontecimientos y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan el pensamiento inmanente, vivificador. No son marxistas, eso es todo; no han compilado en las obras del Maestro una doctrina exterior de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista, lo que no muere nunca, la continuación del pensamiento idealista italiano y alemán, contaminado en Marx de incrustaciones positivistas y naturalistas. Y este pensamiento sitúa siempre como máximo factor de historia no los hechos económicos, en bruto, sino el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se acercan unos a otros, que se entienden entre sí, que desarrollan a través de estos contactos (civilidad) una voluntad social, colectiva, y comprenden los hechos económicos, los juzgan y los condicionan a su voluntad, hasta que esta deviene el motor de la economía, plasmadora de la realidad objetiva, que vive, se mueve y adquiere carácter de material telúrico en ebullición, canalizable allí donde a la voluntad place, como a ella place. [...] Marx ha previsto lo previsible. No podía prever la guerra europea, o mejor dicho, no podía prever la duración y los efectos que esta guerra ha tenido. No podía prever que esta guerra, en tres años de sufrimientos y miseria indecibles suscitara en Rusia la voluntad colectiva popular que ha suscitado. Semejante voluntad necesita normalmente para formarse un largo proceso de infiltraciones capilares; una extensa serie de experiencias de clase. Los hombres son perezosos, necesitan organizarse, primero exteriormente, en corporaciones, en ligas; después, íntimamente, en el pensamiento, en la voluntad... de una incesante continuidad y multiplicidad de estímulos exteriores. He aquí porqué normalmente, los cánones de crítica histórica del marxismo captan la realidad, la aprehenden y la hacen evidente, inteligible. Normalmente las dos clases del mundo capitalista crean la historia a través de la lucha de clases cada vez más intensa… “Todo esto, normalmente. Cuando los hechos se repiten con un cierto ritmo. Cuando la historia se desarrolla a través de momentos cada vez más complejos y ricos de significado y de valor pero, en definitiva, similares. Más en Rusia la guerra ha servido para sacudir las voluntades. Estas, con los sufrimientos acumulados en tres años, se han puesto al unísono con gran rapidez. La carestía era inminente, el hambre, la muerte por hambre, podía golpear a todos, aniquilar de un golpe a decenas de millones de hombres. Las voluntades se han puesto al unísono, al principio mecánicamente; activa, espiritualmente tras la primera revolución.”“Las prédicas socialistas han puesto al pueblo ruso en contacto con las experiencias de los otros proletarios. La prédica socialista hace vivir en un instante, dramáticamente, la historia del proletariado, su lucha contra el capitalismo, la prolongada serie de esfuerzos que tuvo que hacer para emanciparse idealmente de los vínculos de servilismo que le hacían abyecto, para devenir conciencia nueva, testimonio actual de un mundo futuro. La prédica socialista ha creado la voluntad social del pueblo ruso. ¿Por qué debía esperar ese pueblo que la historia de Inglaterra se renueve en Rusia, que en Rusia se forme una burguesía, que se suscite la lucha de clases para que nazca la conciencia de clase y sobrevenga finalmente la catástrofe del mundo capitalista? El pueblo ruso ha recorrido estas magníficas experiencias con el pensamiento, aunque se trate del pensamiento de una minoría. Ha superado estas experiencias… “Las críticas que los socialistas han hecho y harán al sistema burgués, para evidenciar las imperfecciones, el dispendio de riquezas, servirán a los revolucionarios para hacerlo mejor, para evitar esos dispendios, para no caer en aquellas deficiencias. Será, en principio, el colectivismo de la miseria, del sufrimiento. Pero las mismas condiciones de miseria y sufrimiento serían heredadas por un régimen burgués.”“El capitalismo no podría hacer jamás súbitamente más de lo que podrá hacer el colectivismo. Hoy haría mucho menos, porque tendría súbitamente en contra a un proletariado descontento, frenético, incapaz de soportar durante más años los dolores y las amarguras que le malestar económico acarrea. Incluso desde un punto de vista absoluto, humano, el socialismo inmediato tiene en Rusia su justificación. Los sufrimientos que vendrán tras la paz sólo serán soportables si los proletarios sienten que de su voluntad y tenacidad en el trabajo depende suprimirlos en el más breve plazo posible.”` “Se tiene la impresión de que los maximalistas hayan sido en este momento la expresión espontánea, biológicamente necesaria, para que la humanidad rusa no caiga en el abismo, para que, absorbiéndose en el trabajo gigantesco, autónomo, de su propia regeneración, pueda sentir menos los estímulos del lobo hambriento y Rusia no se transforme en una enorme carnicería de fieras que se entre devoran”. (A. Gramsci, Fragmentos del artículo: “La revolución contra El Capital”, tomado del libro: "Introducción al Pensamiento Socialista", de Néstor Kohan, pags 149, 150, 151, 152, y 153, Editora Ocean Sur).
Esa manera heredoxa de pensar al socialismo tiene un hilo conductor en las obras de Marx-Engels-Lenin-Trosky-Rosa Luxemburgo-Sorel-Gramsci-Mariategui-Ernesto Guevara-Schafik Handal, entre otros y otras.
Y es la manera de pensar que ha posibilitado la trascendencia de la creación teórica de estos seres extraordinarios, que pasando por épocas distintas, mantienen una gran vigencia.
Socialismo del siglo IXX, válido para recrearlo en el XX y en el XXI. Socialismo del siglo XX, válido para el rearme del proyecto socialista en pleno siglo XXI
El milagro de la herejía, de la creatividad, de la apertura de mente¡
27 de octubre 2007, Santo Domingo, RD.