| Leon Trotsky @ Luis Cornejo Arenas |
Noé Jitrik ha escrito una nota, “Íconos y alcohol”,
publicada en Página/12 el pasado 26 de abril, que comienza refiriéndose a mí. No puedo dejar de emocionarme al leer ese primer párrafo
–sensible, imaginativo, poético– que, pensándolo desde otro ángulo, no sólo
habla de mí (y de la amistad, y de la militancia), sino también del mismo Noé.
Quiero decir: habla del rango de sus preocupaciones vitales –o existenciales,
si se prefiere el (como lo llamarían muchos) “arcaísmo setentista”–, y que son,
ni más ni menos, las que hacen al destino de las sociedades contemporáneas y al
de los seres humanos insertos en ellas, viniendo (como venimos) de más de tres
décadas de restauración capitalista neoliberal.
Como escritor y crítico literario agudo que es (y ya sé que
acá no dije nada original), Noé Jitrik observa, analiza, señala, como si por
momentos hablara de un Aleph, algún aspecto llamativo (para el presente) de la
vida y obra de León Trotsky (como Noé mismo lo recuerda, ya escribió sobre la
biografía de Lenin escrita por Trotsky; sobre las actas del “contraproceso” en
México, y ahora de cómo Trotsky pensó en cambiar la vida cotidiana de las
amplias masas, intentando reemplazar la iglesia y el alcohol con el cine);
cuestión que se emparenta con toda una importante tradición del siglo XX, que
es la historia de las profusas relaciones –directas e “indirectas”– de Trotsky
(y también los trotskistas) con los artistas en general, y con los surrealistas
en particular.





















